Parashá Matot (Tribus) – Masé (Marchas). 26 TAMUZ 5769 (18 de Julio de 2009).COMENTARIOS.

Primer comentarioLos Obstáculos fortifican

Las tribus de Israel son llamadas en la Torá con dos nombres: SHBATIM y MATOT, cuya significancia simple es: ramas de un árbol. Shebet se refiere a una rama frágil, que aún está unida al árbol, mientras que Maté es un palo fuerte hecho de una rama que ya ha sido cortada. Ambos nombres nos muestran dos situaciones del Pueblo de Israel: el “árbol” del cual han sido extraídas las almas de los iehudim, es su Fuente Original, Hashem.
Cuando la relación entre las almas y Di-s está revelada éstas son llamadas Shbatim, pero cuando esta unión está oculta y desde un punto de vista externo no se ve, los iehudim son llamados Matot.

Relación limitada

En general la primer situación (shebet) se relaciona con el alma cuando ésta aún no ha descendido a este mundo y no se ha envestido en un cuerpo.

Está allí en un ámbito totalmente espiritual y elevado, apegada totalmente a Di-s, tal como la rama lo está al árbol. Pero después que el alma desciende a este mundo, dentro de un cuerpo físico, ya no siente su relación intrínseca con la Fuente, es decir, Di-s. Inclusive puede existir un sentimiento de desconexión, ya que el cuerpo y los instintos físicos luchan contra el alma y tratan de obstaculizar su relación con Hashem, pareciéndose a un Maté (palo)que fue cortado del árbol.

Afirmación y fortaleza

Analizando lo antedicho notamos que cuando la rama aún está unida al tronco se encuentra débil y blanda, y aparentemente luego de ser cortada adquiere mayor vigor y fortaleza, incomparable a su estado anterior. Y esto es, en realidad, el motivo del descenso del alma a nuestro mundo material, ya que justamente a través del aparente desprendimiento de la Fuente Divina, el alma revela un vigor y fortaleza colosales llegando a un nivel más elevado aún, ya que los obstáculos y el instinto del mal despiertan al “Maté” del alma que se empecina en permanecer unida a pesar de todo a Hashem, haciendo que su lazo con Él sea mucho más profundo.

El propósito de la destrucción

Todo esto es aplicable a nuestros días también. En la época en que el Beit Hamikdash (Gran Templo de Jerusalem) estaba en pié, la Santidad iluminaba en forma revelada, reflejando la situación de Shebet. Pero luego de la destrucción, cuando el pueblo judío fue llevado al duro exilio donde reina una intensa oscuridad, nos parecemos al Maté, teniendo que sacar a la luz todo nuestro potencial interior, para poder enfrentar todos los impedimentos y pruebas de esta época que nos toca vivir. Encontramos una señal de esto en el hecho que esta Parshá es leída en “las tres semanas de duelo” que se extienden del 17 de Tamuz a Tishá beAv, quedando a la vista el verdadero sentido del galut (exilio), es decir, ¡lograr que emerja el Maté de nuestra neshamá, llegando a la revelación completa del Honor de Di-s, con la llegada del Mashíaj.

(Likutei Sijot, tomo 18, pag. 382. De las Enseñanzas del Rebe de Lubavitch)

Segundo comentario - Cuando hablamos por demás

“¿Estás seguro que tenés ganas de venir a pasear?” – pregunta Jaim. “Te juro que sí!” – responde Rafael con seguridad, tratando de dejar tranquilo a su interlocutor quien lo cree titubeante. ¿Escuchó Ud. alguna vez esta clase de conversación? ¿O este estilo de expresarse? Bien, es muy común que la gente se manifieste de este modo. Dada la creciente pérdida de credibilidad que creemos tener a ojos de los demás, pensamos que es conveniente reforzar nuestras declaraciones con el apoyo del “te lo juro” o de algún sinónimo. Esto no es nuevo ni privativo de nuestro idioma o de nuestra cultura. (En el idioma hebreo cotidiano se suele escuchar con frecuencia los términos “bejaiai” o “bejaieja”, que equivalen a decir “te lo juro por mi vida o – por las dudas – por tu vida”).

En el Talmud se debate ampliamente acerca del valor legal de las declaraciones que son obviamente exageradas o que surgen en momentos de apuro. La fuente de todo este tema está en la lectura de esta semana , en la cual se habla de la prohibición de “profanar” las palabras que salen de nuestra boca por el incumplimiento de nuestras promesas. La Torá nos enseña que nadie, por más sabio y santo que fuere, puede anular lo que dijo por si mismo, sino que depende de un tribunal experto, que es aquel que tiene la autoridad, luego de un minucioso análisis de las circunstancias bajo las cuales se había realizado el voto en primer término, más las razones por las cuales el declarante desea cancelar lo que ha dicho, para decidir si dicho voto puede ser anulado.

Si bien la Torá es muy breve al ocuparse de este tema, hay varios tratados completos en el Talmud que polemizan acerca de los detalles de esta ley que se denomina “Hatarat Nedarim” (revocación de los juramentos), y que la gente asocia habitualmente con uno de los preparativos para Rosh haShaná. El propio Kol Nidré (rezo inicial de Rosh Hashaná) está relacionado con la revocación de los juramentos asumidos durante el año en curso, si bien los Sabios ya nos hacen saber claramente que, tanto Hatarat Nedarim como el Kol Nidré, tienen ciertas limitaciones por las cuales una persona no debe basarse en ellos para descalificar sus compromisos sin previa consulta rabínica. El hecho que la Torá defina el no cumplimiento de las obligaciones contraídas por medio de un voto como una “profanación” de manera análoga a la violación de la palabra Di-vina es en si, digno de destacar. Pues, si bien los seres humanos no somos quienes definimos qué conducta es buena para nosotros y cuál no, D”s nos confió un fuero propio, en el cual estamos obligados a obedecer lo que hemos decretado mediante nuestra palabra.

Al mismo tiempo, y en las fuentes recién mencionadas (Nedarim 22.), los Sabios nos hacen saber que quien asume un voto, es considerado como si hubiese construido un altar (en la época y en el lugar en donde está prohibido hacerlo), y quien lo mantiene en pie, es como si trajera sacrificios sobre él, lo que torna peor su actitud (pues, si bien piensa que está obrando con santidad por prohibirse cosas permitidas, en realidad está actuando como si las leyes de D”s no fuesen lo suficientemente adecuadas – Ra”n).

El Talmud aclara, a su vez, que cuando hablamos de promesas, no es necesario haber utilizado esta expresión (“promesa” o “juramento”), sino que nos basamos en la manera habitual de expresarse de la gente, para requerir que, en caso que fuese posible, la declaración deba ser anulada. (Ver el Shulján Aruj, Ioré Deá 206:5 y 237:4, con los comentaristas). No sólo eso, sino que existen instancias en las cuales por el mero hecho de haber seguido un Minhag Tov (cierta costumbre adecuada) pero no obligatorio por ley, no se puede abandonarla, sin previamente haberla abolido frente a un Tribunal competente. (Ver Shulján Aruj, ibid 214:1) Antes de seguir con el tema de las promesas, nos debiera alarmar el hecho mismo que el valor de la palabra fluctúe de modo tal que en nuestros tiempos “se cotice en baja”, posiblemente porque hablamos tanto que no se distinga el mérito de la palabra. Dicha sea la verdad, por más que la persona agregue las palabras “te lo juro”, esto no le suma valor real a la declaración de una persona a quien creemos poco creíble. Y, si realmente es verosímil, pues entonces no requiere este sostén artificial. Antes de pasar de tema quiero dejar en manos de cada lector la autoevaluación de la exactitud de las cosas que va asegurando en el día. Luego, debemos dedicar una líneas a la prohibición de jurar en vano, que también consta en la Torá, y que, tristemente, es ampliamente ignorada aun en círculos observantes. Esta prohibición en si, se divide entre lo que es “shvuat shav” (un juramento innecesario, por el cual la persona jura ratificando lo que es evidente, lo imposible de llevar a cabo, lo que no depende de uno mismo para que se cumpla, lo que contradice una realidad incambiable), y “shvuat sheker” (una declaración no-veraz de lo que uno u otros hicieron o dejaron de hacer). (Ver Shulján Aruj, ibid 236)

El Jafetz Jaim era muy meticuloso en controlar los libros que vendía para corroborar que no tuvieran hojas en blanco o mal impresas. Por lo tanto, revisaba cada volumen que saliera a la venta. Cuando una vez le pidió a su hija Feigue Jaia (que tenía 10 años) que lo ayudara a revisar unos libros del Mishná Brurá, ella justo quería salir a jugar con las amigas. Antes de salir, le dijo al papá que cuando volviera controlaría “10 juegos de libros”. Cuando regresó a casa, la niña encontró preparados los 10 juegos de Mishná Brurá (60 libros en total). Cuando le preguntó al padre, este le respondió que era la cantidad a la cual se había comprometido. “A Mensch darf wissen az a Wort is a Wort” (una persona debe saber que la palabra es palabra). Al leer la Meguilá de Eijá en Tish-á beAv encontramos que en varios capítulos los versículos comienzan sucesivamente según el orden de las letras del abecedario hebreo, salvo una excepción. La letra Pé está antes que la Ayin. Los Sabios nos transmitieron que pusieron su boca (= Pé) antes que sus ojos (=Ayin), es decir, que no calcularon el daño que causaban con sus palabras indebidas. Y ahora nos queda por formular la pregunta: ¿existe alguna situación en la cual sí son positivas las promesas? La respuesta es un rotundo: “sí”, si bien no deja de constituir una poderosa medicina que puede curar a quien realmente está preparado para administrarla correctamente, pero que, a su vez, tiene contraindicaciones para quien no está lo suficientemente aprestado para emplearla (a quien se refiere la comparación anterior de los Sabios con aquel que “construye el altar…”). ¿Para qué sirven, entonces, las promesas? El R. I.D.Salomon shlit”a lo explica en su libro “BeAyin Iehudit”. Todas las personas tenemos momentos de debilidad espiritual. Es por eso que no actuamos en toda coyuntura a la altura que suponemos debiera caracterizarnos. Esto es más evidente que nunca para aquel que hace un análisis objetivo de su propia conducta cuando se acerca Iom Kipur. En aquel momento de reflexión, uno querría mantener esa objetividad e integridad durante el resto del año para que no volver a errar, si bien sabe que es muy difícil sostener ese nivel. Lo mismo acontece con cualquier otra circunstancia análoga que ocurriera a una persona en el momento en que se le muestra con evidencia el resultado nefasto de una actitud viciosa. ¿Cómo hacer para conservar aquel grado de claridad de visión? A tal fin, la Torá le dio a la gente la posibilidad de poder limitar la propia libertad de actuación con el objetivo de circunscribir su acción en el sentido correcto sin caer nuevamente en la tentación. La promesa que asume en tal situación no necesita ser eterna. Puede ser provisoria para canalizar su conducta restringiendo las facultades en forma voluntaria, para luego reanudar su vida de manera habitual. Sin embargo, para que la promesa tenga el efecto deseado, debe existir una premisa ineludible. La persona debe respetarse a si mismo, y por ende a su palabra. De otro modo, su voto no le ayudará en absoluto. La libertad es una de las cesiones Di-vinas de mayor alcance. Mediante ella, los judíos fuimos capaces de elegir el someternos a las leyes de la Torá. Por la misma vara, tenemos la oportunidad de exigirnos más, no por creernos superiores a la Sabiduía de D”s, sino – por el contrario – para obedecerla mejor. De todos modos, nuevamente vemos cómo el atributo del habla nos puede elevar. Sepamos cuidarlo.

Rab. Daniel Oppenheimer

Tercer comentario - Kidush Hashem

Esta escrito en Bamidbar 32: “Y un gran ganado tenia la gente de Reuben y la gente de Gad y vieron la tierra de Iazer… He aqui un lugar de ganado, dijeron: “si hemos hallado gracia en Tus ojos, sera entregada esta tierra para Tus siervos… No nos hagas cruzar el Jordan”, y dijo Moshe a la gente de Gad y a la de Reuben: “¿vuestros hermanos saldran a la guerra y ustedes residiran aqui?” Moshe Rabenu acepto que con la condicion de que participaran de la conquista de Israel, podrian despues residir en la Tierra de Iazer. De todo este relato surge una pregunta: Moshe toma una decision sin consultarle a Hashem. ¿Como es esto posible?

Segun el Rab Dessler, aquella generacion involucrada en este relato poseia un nivel muy alto de apego a D”s, por eso la llamaban “Dor Dea” (la generacion del conocimiento). El conocimiento respecto a Hashem lo tenian bien incorporado, estaban apegados a el constantemente. Es de extrañarse que esta eleccion de la tierra de Iazer no les fuera considerada un pecado.

Tambien debemos comprender como esa aspiracion no les provoco un poco de alejamiento. Todo el servicio del hombre al Creador consiste en aumentar la santificacion del Nombre de Hashem y toda la creacion esta para servir al hombre para ser los instrumentos para servirLo y asi santificarLo, como esta escrito en el Profeta Ieshaia: “Todos los llamados de Mi nombre, por Mi honra los cree, los forme” y tambien escribieron los cabalistas, que la servidumbre a D”s consiste en salvar las chispas de Kedusha (santidad) que hay en el exilio dentro de la impureza. Cada individuo tiene que redimir chispas especiales, nos referimos a aquellas cautivas por la impureza.

Vamos a explicarlo segun nuestro nivel de entendimiento. Todo lo oculto que hay en la Creacion, el hombre a traves de su eleccion lo puede transformar en la revelacion de la honra de Hashem. Cada detalle y detalle que hay en la Creacion tiene escondida la posibilidad de santificar el Nombre de D”s. El individuo sacara lo puro de lo impuro cuando lo emplee como instrumento para servir a D”s. Todo lo mundano debe ser aprovechado solo en la medida necesaria para servir a Hashem y no mas. Hay en esto una revelacion de Su honra y santificacion de Su Nombre. Incluso el instinto malo fue creado para que por su intermedio santifiquemos el Nombre de D”s, cuando el hombre no se deja seducir, sino que rompe su voluntad y sus deseos. Esta escrito que la impureza se alimenta de las chispas de kedusha que hay en ellas, pues la impureza solamente esta cuando es un instrumento, para que sean rescatadas las chispas de kedusha. Si no tiene ese objetivo, desaparece. Si el ser humano pierde la oportunidad y no santifica el Nombre de D”s a traves de sus instrumentos, no supo aprovechar el ocultamiento y la impureza para santificar el Nombre de D”s, sino para complacerse a si mismo, entonces estas chispas se anulan y estan como muertas en el exilio, y el hombre perdio su parte en el servicio a D”s.

Cada ser humano tiene un temperamento diferente y cada uno tiene una parte determinada en su santificacion a D”s; de acuerdo a ello son las pruebas que se le presentan. El contenido de la persona es la santificacion de Hashem que le toco. Esa es su alma sagrada, ese es su fuero interno, espiritual. El hombre debe rescatar todas las chispas de su alma y aprovecharlas para servir a Hashem.

Rab Moshe M Hoffer

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