YOM KIPPUR (VI): Kol Nidrei – Vidui – Neila – Izkor

Consiste en la anulación de todos los votos y promesas, etc. a hacerse en el año entrante (y de acuerdo a algunos, también del año anterior).

Su solemnidad emana del hecho que éste es el rezo introductorio al día más sagrado del año. La tradicional melodía del Kol Nidrei que se entona entre los ashkenazím expresa justamente ese temor reverencial del súbdito que ingresa temeroso al palacio real para volcar frente al Rey su corazón e implorar Su perdón.

Antes de la puesta del sol se abre el Arca Sagrada (Arón Hakodesh), dos feligreses honorables y piadosos extraen cada uno un Sefer Torá -Rollo de la Torá- y se colocan a ambos lados del oficiante (Shaliaj Tzibur), constituyendo así un Tribunal terrenal junto al Tribunal Celestial representado por los Sifrei Torá y el Arca abierta. Entonces se comienza con “Al daat Hamakom… ” (“Con el consentimiento Divino…”), otorgando permiso para rezar junto a los transgresores. En su raíz, esta proclamación se instituyó para permitir rezar a los marranos (que exteriormente habían renegado de su judaísmo) junto a toda la congregación. Luego de recitar los versículos que siguen a Kol Nidrei, y que enfatizan el perdón Divino, se pronuncia la bendición de “Shehejeianu “, en la que se agradece al Creador por habernos dado vida y permitido llegar a este día de Iom Kipur. Entre las comunidades sefaradíes se canta, antes de Kol Nidrei, la profunda poesía “Lejá Kelí Teshukatí…” (Hacia Ti, mi Di-s, son mis ansias…”), que manifiesta un profundo apego hacia el Creador y Su servicio, y contiene también una confesión por aquellas cosas en las que el hombre puede haber caído.

“Baruj Shem Kevod Maljuto leolam vaed”

El versículo de “Baruj shem kevod maljutó leolam vaed” -“Bendito sea el nombre de la gloria de Su reinado, eternamente”- que sigue al Shemá Israel, se recita en todas las oraciones de Iom Kipur en voz alta, a diferencia de todo el año cuando debe decírselo sólo en voz baja. El motivo es que “Baruj Shem…” es el canto a Di-s propio de los ángeles (Talmud), y sólo en Iom Kipur estamos en tal nivel como para proclamarlo en voz alta.

Vidui – Confesión de Iom Kipur “Al Jet…”

La confesión en voz audible es uno de los elementos de la Teshuvá (arrepentimiento y retorno), tal como lo expresa el versículo “Y confesarán sus pecados”, y también dice (Provebios 28:13) “Con aquél que confiesa y abandona (el pecado) se tendrá misericordia”. Por supuesto, la confesión ayuda sólo a aquél que se arrepiente con la sinceridad del corazón y decide no volver a incurrir en el pecado. Entre las finalidades del Vidui: Cuando el hombre habla de algo, toca más profundamente sus sentimientos que cuando sólo piensa en ello. Por medio del Vidui, el reconocimiento de la falta cometida será más claro, y el dolor por la caída más profundo, lo que hará que también la Teshuvá sea más firme.

Asimismo, el alma y espíritu del pecado es el placer que ocasiona, mientras que la acción en sí constituye su cuerpo. Por medio del dolor y arrepentimiento se limpia y borra el alma del pecado, mientras que por medio de las palabras de la confesión se anula su cuerpo.
El Vidui consta de “Ashamnu … “-“Hemos pecado con culpa…”- y el “Al jet…” (“Por el pecado…”); éste último es propio del día de Iom Kipur. Ambos se recitan en todos los rezos, con excepción de “Al jet” en Neilá, cuando se omite. Están compuestos con todas las letras del “Alef-Bet” (abecedario hebreo) y abarcan todos los pecados más comunes posibles. Sin embargo, todo pecado no incluido en esta plegaria en el que uno haya incurrido, debe ser incluido en su rezo, y confesar así su transgresión.
Que no piense uno ¿Cómo he de detallar mis pecados en un lugar y día sagrados, parado frente al Rey de los reyes? ¿Cómo he de tener la osadía de expresar las aberraciones cometidas? ¿No sería mejor callar? No, pues no es semejante la conducta del Creador a la del hombre de carne y hueso. El hombre ve lo externo, y se inclina por la belleza exterior, mientras que el Creador observa el corazón y ama la pureza interior, aunque para ello sea necesario “ensuciarse” exteriormente -Con la publicación del pecado-.
Dijeron nuestros Sabios: “Días fueron creados, pero a El le pertenece uno” (Salmos 139:16) -“éste es el día de Iom Kipur para Israel”. “Para el Santo, bendito sea, fue una alegría entregar este día a Israel … se compara a un rey de carne y hueso que cuando sus hijos y siervos sacaban los desperdicios de la casa real y los arrojaban frente a ella… el rey se llenaba de regocijo y alegría… y no sólo esto, sino que cuando perdona los pecados de Israel, no sólo no se entristece sino que se alegra sobremanera…”.

Los rezos de Iom Kipur

Es el único día del año en el que se rezan 5 oraciones: Arvit, Shajarit, Musaf, Minjá y Neilá. En el día de Iom Kipur cada uno debe permanecer todo el día en el Templo sumido en el rezo y el arrepentimiento. Los rezos de Iom Kipur son muy ricos y profundos, y toda persona que comprende su sentido se verá conmovida e incentivada a acercarse al Creador y mejorar su conducta.

Seder Avodá:

Como fuera mencionado arriba, Iom Kipur era el único día del año en el que el Cohen Gadol -Sumo Sacerdote- entraba al Kodesh HaKodashim, el lugar más sagrado del mundo, en el Beit Hamikdash de Jerusalem. Todos los, servicios que se llevaban a cabo en el día de Iom Kpur en el Beit Hamikdash conforman la conocida AVODA (servicio) de Iom Kipur. Desde la destrucción del Beit Hamikdash a causa de nuestros pecados, las oraciones cumplen con la función que otrora cumplían las ofrendas en el Templo. Es por ello que uno de los puntos culminantes del Musaf de Iom Kipur es el que relata el servicio de este día en el Templo y la entrada al Kodesh HaKodashim, pues evoca y vuelve a revivir ese gran momento de elevación que tenía lugar en el Beit Hamikdash.

Durante los párrafos que comienzan “VehaKohanim…” (“y los sacerdotes… “) -que se entonan con una tradicional melodía de fervor y reverencia- nos arrodillamos al suelo cómo única excepción en el año (fuera de] arrodillarse en “Aleinu Leshabeaj” de este día y de Rosh Hashaná).

Lectura de la Torá:

En el servicio matinal -Shajarit- se leen los párrafos de “Ajarei Mot”, en el libro de Vaikrá (Levítico) en los que se relata el Servicio de Iom Kipur en el Templo. En Minjá, por la tarde, se lee, también en “Ajarei Mot”, las leyes que hacen a las relaciones maritales prohibidas.

Un carácter especial reviste la Haftará (Sección de los Profetas que se lee al concluir la lectura de la Torá) de Minjá de Iom Kipur donde se lee lo ocurrido con el profeta Ioná -Maftir Ioná-. Entre las razones de la lectura de este párrafo de los profetas en Iom Kipur: para enseñar que el hombre no puede escapar a la misión y el veredicto Divino, y a su vez mostrar cómo un pueblo, después de estar sumido en la corrupción espiritual, retorné a Di-s con todo su corazón, su arrepentimiento fue aceptado y su sentencia anulada.

Neila

Es la quinta y última plegaria del día. Se dice sólo en Iom Kipur. “Neilá” significa “cierre”, y se llama así pues se recita al final del día de Iom Kipur, en momentos antes de cerrarse “los portones de la aceptación y la misericordia”. En ese momento es el “sello final” del juicio de Iom Kipur, por ello, en lugar de implorar “¡inscríbenos … !” (-Kotveinu-) para la vida, etc., pedimos “¡séllanos … !” (-jotmeinu-).

Es la última oportunidad del día para hacer Teshuvá.
La exégesis jasídica hace hincapié en que “Neilá” significa también “cerrar” en el sentido de que el judío llega a un nivel de unión con el Creador al que ninguna criatura puede llegar – o sea que el judío, en la intimidad de su alma, se “cierra” a solas con el Creador. Es por ello que, milagrosamente, todos “despiertan” en su última oportunidad de implorar la clemencia Divina. El clímax de Neilá y de todo Iom Kipur es al final de Neilá cuando se proclama Shemá Israel, Baruj Shem… (3 veces) y Hashem hu haelokím (7 veces) con todas las fuerzas – dispuestos a entregar nuestra vida al Creador. (Los sefaradím recitan también Karati bejol Lev… -“Llamé con todo el corazón”- (siete veces). Luego se recita el Kádish titkabel con alegre melodia, y antes de las palabras titkabel… (“que sean recibidas…”) se hace sonar el Shofar, un sonido de Tekiá. (La costumbre sefaradí es tocar todos los sones de Tekiá, Shevarim y Teruá y luego de Titkabel una Teruá quedolá).
Entre las razones de este sonido del Shofar: para recordar el Iom Kipur del año del jubileo (-Iovel-), cuando se tocaba el Shofar y los esclavos quedaban en libertad de regresar a sus hogares, y los campos volvían a sus dueños originales. Además, para mostrar nuestra victoria sobre las fuerzas del mal -acusadoras del pueblo judío- tal como se hacen sonar sones de alegría al retornar los soldados victoriosos del campo de batalla.
Luego se proclama ¡Leshaná Habá birushalaim! – “El próximo año en Jerusalem”-
El Shofar se toca después de la salida de las estrellas. Hasta esa hora está prohibido comer, aún si en el Templo ya ha finalizado la oración de Neilá. Se reza el Arbit que corresponde a cualquier día hábil, incluyendo Ató Jonantanu; se recita la bendición por la luna -Kidush Levaná- y se despide uno del otro con alegría y votos para un buen año. Se recita la Havdalá, diciendo la berajá -bendición- de la vela (“Meorei Haesh”) sobre una que permaneció encendida desde la víspera de Iom Kipur. Se come una cena festiva pues tenemos plena confianza y seguridad total de que el Creador limpió nuestras impurezas y nos inscribió para un buen año. Inmediatamente se comienza a planear la construcción de la Sucá para mostrar nuestro aprecio por el cumplimiento de los preceptos del Creador.

(selección extraída del libro “Elul, Rosh Hashaná, Iom Kipur © Kehot Lubavitch Sudamericana)



La plegria de Izkor

Momento de Recordación

La escena resulta familiar; casi cualquiera que ha cruzado alguna vez el umbral de una Sinagoga guarda cierta memoria de ella.
Es Iom Kipur. O el último día de una de las Festividades más importantes.
La Sinagoga está colmada de hombres y mujeres en sus mejores galas. El servicio religioso se ha iniciado hace rato pero muy pronto una sensación de ansiedad se apodera de la feligresía, a veces acentuada por el ingreso de visitantes, quienes vienen especialmente para este momento y silenciosamente avanzan hacia lugares desacostumbrados.
La Lectura de la Torá, y luego la de la Haftará, tocan a su fin. Más veces sí que no, el Rabino asciende al púlpito y da un sermón, impulsado a altos niveles de elocuencia por el abultado gentío. Casi siempre, a continuación sigue una colecta para alguna causa caritativa, provocando una generosa reacción por parte de los congregados que están ansiosos por que el servicio continúe.
Inmediatamente después, se produce una conmoción, cuando los miembros más jóvenes, aquellos que tienen padres, abandonan la sala.
Y entonces, comienza la plegaria.

Izkor Elokím Quiera Di s recordar…

Súbitamente, no importa cuán numeroso el gentío, cada individuo se siente solo. En silenciosa comunión con su Majzor (Libro de Oraciones para Iom Kipur), cada persona se aísla en la memoria de un ser querido desaparecido.

Para algunos, se trata de un padre que ha abandonado este mundo hace mucho, en una época o lugar muy diferentes a los presentes.
Para otros, es un padre o una madre, un esposo o una esposa arrancados en la flor de la vida, dejando a una dolorida familia sumida en el duelo. La herida aún puede estar fresca; o ser una memoria distante de tiempos mejores.
Para muchos, es el Holocausto lo que viene a la mente, los horrores de la guerra que dejaron a los supervivientes con una larga lista de parientes cuyo recuerdo cobra vida en este día.
Para todos, es un momento de reflexión. No importa cuánto tiempo haya pasado desde que el progenitor o pariente haya dejado este mundo, no importa cuántas veces se ha repetido este ritual, indudablemente se despertarán profundas emociones. Los ojos se humedecen, suspiros casi inaudibles escapan de susurrantes labios, y llantos sentidos son contenidos.
Izkor — en todo el mundo es igual.
Por un breve, silencioso y dignificado momento, los muertos se unen a los vivos. Su presencia es real y es casi demasiado para resistir.
En unos fugaces momentos más todo ha pasado. La cortina entre esta vida y la siguiente, tan brevemente abierta, vuelve a cerrarse una vez más. La generación más joven regresa y comienza el servicio de Musaf.
La vida sigue.
Es nuevamente Iom Kipur o una Festividad alegre.
Pero la memoria sigue flotando en el aire. Izkor — Quiera Di s recordar. También nosotros recordamos.

El Mundo de las Almas

Una apreciación de la plegaria de Izkor debe tomar en cuenta no sólo el significado de las palabras y el origen histórico de la costumbre, sino también el marco religioso filosófico en el cual todo el concepto de evocar a los difuntos fue concebido.

Como ninguna otra plegaria, Izkor nos transporta cara a cara con el mundo de las almas y la espiritualidad; a mirar ojo a ojo los límites de la experiencia humana.
Como tal, el servicio de Izkor está arraigado en las convicciones más esenciales del credo judío. Nos provee de una visión de la concepción de la Torá acerca de temas tan importantes como las realidades de vida y muerte, la Vida Después de la Vida, y Recompensa y Castigo.
Los muertos dependen de los vivos para asistirlos en su existencia en el Mundo Venidero. Por más místico que esto pudiera parecer, es un aspecto muy familiar de la tradición judía. El Kadish es una manifestación de esta enseñanza.
La fuente es el relato Talmúdico que cuenta cómo Rabí Akivá se enfrentó a una espantosa aparición, que era, de hecho, un hombre muerto soportando inenarrable sufrimiento por el mal que había cometido durante su vida.
“¿No hay manera de redimirte?”, le preguntó Rabí Akibá. “Sí”, respondió el hombre muerto. “Si mi mujer encinta tuviera un hijo varón y éste recitara el Kadish o condujera el servicio religioso público, hallaría redención”.
Rabí Akivá localizó a la mujer, ella tuvo un hijo varón; y él logró enseñarle a recitar el kadish. El hombre muerto regresó a Rabí Akibá y le agradeció por haberlo salvado de las torturas del infierno.
En consecuencia la tradición judía universal del Kadish de Duelo y de liderar a la congregación en los oficios religiosos durante el año de duelo y en el Iortzait (aniversario del fallecimiento).

La Plegaria

La práctica de esta plegaria y la promesa de caridad en aras del difunto es ciertamente antigua. Pero exactamente cuándo fue adoptada como rasgo permanente de nuestro servicio de la Festividad y cuándo fue formalmente aceptada la fórmula del Izkor como parte de nuestra liturgia, resulta difícil de determinar.

A partir de la literatura rabínica del período, no es descabellado suponer que fue en el tiempo de las Cruzadas (1096 1046), cuando la judería europea fue diezmada por sangrientas masacres, lo que dio lugar a la costumbre en su forma presente.
Así es que en festividades especiales, los judíos se toman un momento para evocar a sus seres queridos y prometer caridad en su memoria, recitando al mismo tiempo una sencilla plegaria que comienza con Izkor Elokím y menciona al pariente por su nombre.
La frase Izkor Elokím, “Quiera Di s recordar…”, es un tanto sorprendente. ¿Di s olvida? ¿Por qué precisa de nuestro recordatorio?
Una posible fuente de explicación puede derivarse del hecho que Rosh HaShaná es conocido también como Iom HaZikarón, el Día de Recordación. La connotación es una de renovación de la vida más que la del recordatorio de algo espiritualmente olvidado. Al comienzo de cada nuevo año, Di s renueva la existencia del mundo y, como resultado, somete a escrutinio la situación espiritual de Su Creación. Así, Rosh HaShaná es tanto el Día del Juicio como el Día de Recordación, pues ambos conceptos son sinónimos.
Izkor se recita en Iom Kipur y en las Festividades, días que traen elevación y renovación a las almas en el Mundo Venidero. Elevar el nivel de espiritualidad que experimenta el alma es un proceso conocido como zikarón (recuerdo) y, al igual que Rosh HaShaná, implica una cierta medida de juicio. Es en este momento que prometemos caridad por las almas de nuestros seres queridos, permitiéndoles ascender más alto aún por los peldaños de la interminable escalera espiritual.
Izkor Elokím.
La plegaria es directa.
A diferencia del kadish, se ocupa en forma directa del bienestar del difunto. Pero es apenas un componente de la fórmula. Caridad es el otro. Muy poco nos percatamos nosotros, los mortales, de la potencia de este acto. Un par de palabras murmuradas, unos billetes prometidos y, sobre las alas de este mérito, el alma de un ser querido fallecido es enviada a remontarse a los altos planos de existencia espiritual.

(extraído de Jabad Magazine, http://www.jabad.org.ar).

http://www.tora.org.ar/

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