AYUNO DEL 17 DE TAMUZ צוֹם שִבְעָה עָשָׂר בְּתַמּוּז‎ (Jueves 9 de Julio de 2009)(III)

El Segundo Templo y el comienzo de su caída

Kamtza y bar Kamtza

Reinaba gran alegría en el espacioso salón de la casa de Shemaia, uno de los mas prestigiosos judíos de Jerusalén. Se oían jubilosos aplausos y una conversación animada. Un exquisito aroma brotaba del lugar, signos de una suntuosa fiesta que habla sido preparada en honor de los invitados de Shemaia.

Había extensas filas de mesas largas ya servidas con los manjares. Se acomodaron alrededor de las mismas los invitados que apetitosamente se servían. Todos conversaban acerca de lo mismo: “¿Habría revolución en Jerusalén? ¿Estallará la guerra contra los romanos? ¿O, a cambio, se oirá la voz de la paz?”
Entre los invitados se hallaban estudiosos de Torá que estaban embuidos en problemas de Halajá (ley).

Shemia, el anfitrión, de pie en la puerta recibía a sus invitados. De vez en cuando pasaba entre las mesas para verificar que todo estuviera en orden. De pronto, quedó asombrado al darse cuenta que, su amigo Kamtza no habla asistido al festin.

“No, no ha venido, mi mejor amigo no llegó al banquete”, pensó. “Envié a uno de los sirvientes especialmente para que lo invite. Quién sabe qué es lo que está ocurriendo en Jerusalén”.

Prosiguió controlando la asistencia de sus invitados.

Se acercó a uno de los comensales, helado ante lo que sus ojos veían. “¿Puede ser? ¿Acaso, mi peor enemigo, Bar Kamtza, está sentado en mi mesa, disfrutando de los manjares? ¿Acaso ha asistido para enfadarme?” (el sirviente había llamado por error a Bar Kamtza en lugar de a Kamtza)

Shemaia se acercó directamente y dijo en voz alta: “¿Qué ven mis ojos? ¿Quién te ha invitado a mi casa? ¡Tú, enemigo ferviente de tantos años! No te averguenzas de sentarte entre mis invitados. Vete de aquí inmediatamente.”
Bar Kamtza sacó el tenedor de su boca y su rostro se tomó decolorido. “Por favor, Shemaia”, le solicitó, “ya que estoy aquí, permíteme permanecer. Te abonaré por todo lo que ingiera”. “¡No!”, gritó Shemaia. No hago fiestas para mis enemigos. ¡Abandona el lugar inmediatamente!”. “Shemaia, te lo ruego. No me averguences de tal manera. Te abonaré el costo de todo el banquete. Solo permíteme permanecer.”
“Nunca”, dijo Shemaia, fríamente. “Abandona enseguida el lugar si no quieres que mis sirvientes te arrojen fuera”.

“Toma mi billetera. Pagaré por todo el festin. ¡No me causes tanta vergüenza!, rogó Bar Kamtza.
“¡Suficiente!”, gritó Shemaia. Golpeó en la mesa para llamar la atención de todos los presentes, y dijo: “Vean a este insolente. Le pido que se retire de mi casa y no se mueve. ¿Acaso no soy yo el dueño aquí? Ahora, ponte de pie y abandona el lugar, Bar Kamtza”.
Y mientras hablaba, lo tomó del saco y lo empujó hacia afuera.

Parado en la puerta, Bar Kamtza se dirigió a los presentes: “Entre todos los presentes, ¿no hay ninguno que acuda en mi ayuda? ¿Por qué permanecen todos sentados? Ni siquiera los estudiosos de la Torá hablan de defenderme. Ya verán… Llegará el día de mi venganza!”

Con estas palabras, se retiró Bar Kamtza del banquete.

Ese dia, preparó sus maletas y se encaminó hacia Roma, a solicitar una cita con el emperador romano.
Delante de enormes escalinatas de mármol pulido, se encontraba un hombre judio, de la ciudad de Jerusalén, que miraba confuso a los soldados ubicados en la entrada. “¡Ey, judio! ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué asuntos te traen por aquí?”

“Sí,…mmm… Quiero hablar con el emperador”, murmuró el judio.

¿De veras? ¿Y qué le dirás?”

“El hombre arregló sus ropas y dijo: “Me llamo Bar Karmtza. He venido desde Jerusalén, y tengo un mensaje secreto para el emperador”.
Los soldados se miraron entre ellos, “Bien”, dijeron, “si” es como dices, ven, te llevaremos ante el emperador”.
Asi fue como llegó hasta el emperador.
“¿Qué es lo que te trae desde Jerusalén, judio? Me dijeron que tienes un secreto para mi”.
“Tengo malas noticias para su majestad. Los judios están planeando una rebelión. Quieren destronar al rey “.
El emperador no se sintió a gusto. Hasta el momento habla escuchado que la ciudad estaba tranquila, y ahora Bar Karmtza venia con novedades.

“Me traes graves anuncios, judío. ¿Cómo sé que me dices la verdad?”
“Vea por usted mismo”, aseguró Bar Kamtza. “Pruebe a enviar un camero para que lo sacrifiquen en nombre del emperador. Y veremos si es que lo aceptan”
El emperador mandó con Bar Kamtza un carnero tierno y ordenó: “Este camero llévalo a Jerusalén y diles a los: sacerdotes: “Este camero lo envió el emperador para que lo ofrezcan como sacrificio en vuestro Templo, para el bien del Emperador y del Imperio romano”. Y tú verás si lo aceptan o no, y me lo comunicas” .
Bar Kamtza viajó a Jerusalén. En el camino dañó al camero en el lugar que implica un defecto para los judios pero no para los gentiles.

Al llegar a Jerusalén, los sacerdotes del Templo, lo revisaron y enseguida notaron que tenía un defecto. Sabían que según la ley de la Torá no les estaba permitido ofrecer este sacrificio. Mas para evitar problemas con el imperio, lo hicieron. Entonces se levantó el Rab Zejaria ben Abkilas y les dijo: “Si sacrificamos este animal, ¿qué dirá la gente? Que se aceptan sacrificios con defectos. Tenemos prohibido hacerlo”.

“De ser asi, debemos matar a Bar Kamtza para que no cuente al emperador”, dijeron los sacerdotes.
EL Rab Zejaria meneó su cabeza. “Si matamos a Bar Kamtza la gente dirá que existe una nueva ley; que quien traiga un animal defectuoso al Templo deberá morir”.
Bar Kamtza no fue asesinado, y el sacrificio no fue ofrecido. Bar Kamtza retornó a Roma, como temian los sacerdotes, con el informe de que los judios se hablan negado a aceptar su ofrenda. Esta era toda la prueba que el emperador necesitaba para comprobar que los judios estaban por rebelarse. En pocos dias organizó a su ejército y se encaminó con sus tropas hacia Jerusalén.

Y asi fue como el odio infundado fue uno de los motivos principales que causaron la destrucción del Templo y de la ciudad de Jerusalén.

El Segundo Templo en llamas

El diecisiete de Tamuz, los muros del Monte del Templo fueron abiertos. Ese fue un día trágico para los habitantes de Jerusalén. Ahora los crueles romanos tenían el camino abierto para atacar el corazón mismo de la nación: el Beit Hamikdash. Ese día aciago, se suspendió el sacrificio diario. Hasta el momento, el servicio sagrado del Templo habla continuado sin interrupción a pesar del hambre creciente. Todos los días se encontraba algún cordero u oveja para dar como ofrenda. Los sacerdotes seguían cumpliendo su función a pesar de las flechas y las piedras que les llovian encima. Cuando moría un sacerdote, venía otro y tomaba su lugar. De esa manera, el servicio se siguió realizando durante las semanas finales del sitio.

Cuando llegó el diecisiete de Tamuz, no se pudo encontrar ni siquiera una oveja en toda la ciudad. La gente de Jerusalén comprendió que Hashem ya no deseaba sus sacrificios. Los romanos ya estaban en el Monte del Templo. Los defensores de Jerusalén entraron en pánico. Se escondieron en las habitaciones y los corredores que conducian de la fortaleza de Antonia hasta el Beit Hamikdash, con la esperanza de resistir el ataque de los soldados romanos. Durante el lapso de diez dias entre el diecisiete y el veintiocho de Tamuz, los defensores libraron una feroz batalla contra los romanos. Eran treinta mil de los mejores soldados de Titus luchando contra los pobres hambrientos judios. Pero los judios no se rendian. Por el contrario, mataron a miles de enemigos, y finalmente los romanos se vieron forzados a emprender la retirada.

Yojanán y sus hombres disfrutaron de la victoria, pero comprendieron que en realidad estaban perdiendo. “Mis hombres jamás soportarán otro ataque,” pensó Yojanán. “Debo idear otro plan.”
Observó el corredor donde estaban recluidos sus hombres. Qué hermoso era, con sus columnas de piedra. Recordó cómo en los dias de fiesta los judios iban alli a descansar bajo sus enormes columnas. De pronto, Yojanán tuvo una idea. Dio unos pasos y constató el estado de las columnas, y una sonrisa apareció en el rostro fatigado. Entonces reunió a los soldados que le quedaban y les explicó su plan. Sus hombres reunieron todas las tablas que pudieron encontrar y las cubrieron de azufre. Luego colocaron las tablas más largas contra las columnas y las amarraron firmemente. Cuando finalizó el trabajo, Yojanán dio una orden y todos sus hombres retrocedieron hasta el fin del corredor. Sólo dos hombres permanecieron en su lugar, porque su tarea era cerrar las enormes puertas en el momento indicado.

La noche era silenciosa. Habla tanta paz, que la guerra parecía ser tan sólo un mal sueño. Sin embargo, cubierto en la oscuridad, el ejército de Titus se acercó a la guardia de los judios. Pretendían sorprender a los judios y sumarlos en la confusión. Despacio, y con gran cuidado, los soldados romanos penetraron en el escondrijo. No llevaban luces, para no advertir a los judíos de su presencia. En muy poco tiempo, el amplio salón estaba lleno de miles de soldados. De pronto, se oyó un ruido fortísimo. Las puertas de hierro se cerraron a un mismo tiempo. Antes de que los romanos pudieran ver quién habla cerrado las puertas, habla estallado un incendio en el corredor, que se extendió rápidamente. Las altas columnas, a las que los judios hablan atado las tablas cubiertas de azufre, comenzaron a estallar y prenderse fuego, explotando en las caras de los aterrorizados romanos. Pronto, el corredor era una infierno que devoraba a miles de soldados enemigos con sus llamas. Los gritos de los soldados llegaron a; los oídos de Titus. El no podía hacer nada para salvarlos, por lo que su ira aumentó hasta estallar. ¿Cómo podia ser que le ocurriera una cosa así justo ahora, cuando estaba tan cerca del muro del Templo?

El pasillo ardió hasta el día veintisiete de Tamuz, diez días después de que se abrieran las murallas del Monte del Templo. Titus estaba decidido a llegar al Beit Hamikdash a toda costa; incluso si significaba la muerte del último de sus soldados; incluso si significaba su propia muerte. No iba a presentarse ante su padre, el emperador Vespasiano, derrotado.

El dos de Av, Titus recomenzó la guerra. Ordenó que sus tropas construyeran nuevas plataformas y torres alrededor del muro del Beit Hamikdash. Día y noche las armas golpearon el muro, pero las piedras no se movían de su lugar. Los romanos colocaron altas escaleras alrededor del muro, con la esperanza de ingresar trepando el muro por arriba. Pero los soldados judíos estaban listos para resistirlos y arrojaron las escaleras con los soldados encima. Titus no podía contener su ira. ¿Acaso la audacia de estos judíos no tenla fin? Sus soldados otra vez estaban inquietos y hablaban de revueltas, mientras que los judíos permanecían fuertes y decididos a pesar del hambre. ¿Cuál era la fuente de su fuerza?. Titus estaba convencido de que los judíos obtenían fuerza de su Templo. El sabia que mientras hubiera Beit Harnikdash, los judíos lucharían como fieras.

“Debo hacer cenizas este Templo”, pensó. “Pero, ¿cómo? ¿Cómo puedo destruirlo? Titus se paseaba de aquí para allá, tratando de maquinar un plan. Parado frente a la puerta de oro del lado occidental del Templo, Titus admiraba esa obra de arte. Iluminada por los rayos del sol poniente, parecía que la puerta era de fuego.
“Qué imagen espectacular”, pensó Titus. Luego vio algo que lo hizo temblar. “¡Pero claro! ¿Cómo no lo pensé antes? ¡Fuego! Tan sólo con fuego podré conquistar el Templo. ¡Si el Primer Templo también fue incendiado!”. Inmediatamente Titus ordenó que se le trajera una antorcha. Titus tomó la antorcha, se acercó a la puerta dorada, y colocó sobre ella la antorcha. En un instante, el oro comenzó a derretirse como cera. Titus entendió que era una señal del cielo de que el Beit Hamikdash sería destruido. Ahora el camino al Kodesh ha Kodashim estaba abierto ante él. Entre gritos de victoria, las tropas romanas atravesaron el patio del Templo. Los defensores judíos vieron cómo los romanos penetraban. Ya no tenían más fuerzas. Pero Yojanán dijo a sus hombres: “Hermanos, no escapen. ¡Debemos evitar que el enemigo entre a nuestro Templo sagrado!”. Los judíos encontraron nuevas fuerzas en las palabras de Yojanán y enfrentaron a los soldados una vez más. El nueve de Av, comenzó el ataque final romano. Quemaron los pasillos y el muro que rodeaban el Beit Hamikdash, pero el Kodesh ha Kodashim no sufrió ningún daño. Las tropas enemigas cubrían el terreno como hormigas. Las puertas se abrieron ante ellos y entonces penetraron al Templo. Los sacerdotes todavía estaban en medio de su servicio cuando llegaron los soldados. Los levitas todavía estaban cantando el salmo del dia. Estos hombres santos no cesaron su sagrada tarea hasta que fueron asesinados por los paganos. Los romanos entraron el patio del Templo. Pronto estuvieron parados frente al salón sagrado. Ante ellos estaba la vifia de oro que había hecho el Rey Salomón. Los soldados jamás hablan visto algo semejante. La contemplaron un momento y luego comenzaron a tirar de los racimos de oro y guardárselos en los bolsillos.

“¡Todos quietos!”, bramó una voz detrás de ellos. Era su general, Titus, que corría a impedir que sus soldados viciosos saquearan el Templo. Estaba furioso porque sus soldados hablan penetrado en el salón sagrado antes que él. Titus llanó a un alto a sus tropas para poder moverse a la linea de frente. “¡Al que dé un paso más, lo mataré!” gritó. “Cuando lleguemos al salón sagrado, yo liderearé el camino”. Los soldados dieron un paso al costado y dejaron pasar al general. Con la cabeza en alto, Titus atravesó las puertas sagradas. Lo que vieron sus ojos fue algo imponente. Alli estaba la menorá de oro con sus siete brazos. Alli estaba la mesa de oro para el pan y el altar de oro para el incienso. La santidad del lugar podía ser percibido incluso por los paganos romanos. Titus, sin embargo, estaba ebrio por la victoria. No prestó atención a lo que habla frente a sus ojos. Se acercó a la cortina del Kodesh ha Kodashim, tomó su espada, y la partió en dos.

De pronto ocurrió algo muy raro. En el lugar donde la espada hacía un tajo, emanaba sangre. Titus arrojó su espada al suelo. Reunió todas las vasijas del Templo y las colocó sobre la cortina. Sus soldados enrollaron la cortina, transformándola en una bolsa y se llevaron todas las vasijas sagradas. Los judios que hablan presenciado esa visión horrible no pudieron hacer nada. Entonces uno de los soldados romanos entró corriendo con una antorcha en la mano y la dejó caer en el suelo. De pronto, las cuatro puntas del Kodesh ha Kodashim ardian en llamas. Estas alcanzaron todo el Beit Hamikdash. Los mismos soldados romanos apenas lograron escapar con vida. Los gritos de los judíos se olan por todas partes. “¡Se incendia el Templo! ¡Se incendia el Templo! Yojanán y sus hombres trataron de extinguir el fuego, pero éste era demasiado fuerte. Los soldados judios que hablan luchado tan valientemente ahora agachaban la cabeza y lloraban. La batalla estaba perdida.

El nueve de Av, cerca del anochecer, el Beit Hamikdash fue destruido. Toda esa noche y el dia siguiente el fuego siguió arrasándolo. Parecía un altar cuyas llamas se dirigían al cielo. Esa noche no hubo oscuridad en Jerusalén. Las llamas del Templo ardiente iluminaban la ciudad como si fuese de dia. Los soldados romanos continuaron avanzando por la ciudad, matando sin piedad a los judios indefensos.

El Beit Hamikdash se quemó hasta los mismos cimientos, pero uno solo de sus muros permaneció en pie. Titus no logró destruir las enormes piedras del muro occidental. Eso fue todo lo que quedó de ese “hermoso edificio. Y la Presencia Divina no se ha ido de alli hasta nuestros días.
(selección extraída del libro “Jerusalem de Oro”, © Ed. Jerusalem de México)

AYUNO DEL 17 DE TAMUZ צוֹם שִבְעָה עָשָׂר בְּתַמּוּז‎ (Jueves 9 de Julio de 2009)(II)

El Beit Hamikdash (templo) en su gloria

El Beit Hamikdash era la sagrada morada de Hashem. ¡Qué halo providencial reinaba entre el pueblo de Israel y el Creador del Universo! ¡Cuánta santidad y belleza habla en esa espléndida mansión!

Ciertamente, durante los días en que el Beit Hamikdash existía, no había en todo el mundo una construcción tan extraordinaria como ésta, construida con grandes y pesadas piedras, acomodadas de modo excepcional. Algunas estaban recubiertas con un mármol verde azulado, similar al oleaje marino, lo que transmitía paz al observador.
Todos los portones del Beit Hamikdash estaban hechos de oro puro, lo mismo que la mayoría de los utensilios utilizados en el Templo. Allí había miles de candelabros decorados con flores y botones de oro, y al ser encendidos, el Beit Hamikdash quedaba inmerso en un mar de luz.

El Templo se encontraba dividido en dos grandes partes: el hall del Templo -heijal- y el patio del Templo (azara). En el hall estaban dispuestos tres de los más importantes utensilios del Templo. En el sector sur se ubicaba la menorá de oro, compuesta de siete brazos; en el sector norte se ubicaba la mesa del lejem hapanim (mesa con la ofrenda del pan), y en el centro del hall, se erigía el altar de oro, utilizado para los inciensos. En el extremo del hall había otra habitación: el Kodesh Hakodashim, el sitio de máxima santidad del Templo. Dos cortinas adornadas con hilos de oro cubrían su entrada y lo separaban del hall. Mas nadie corría estas cortinas ni ingresaba al Kodesh Hakodashim, salvo el Gran Sacerdote, una vez al año: el día de Yom Kipur.

¿Qué había en el Kodesh Hakodashim?

En este sagrado lugar se encontraba el arca que guardaba en su interior los Diez Mandamientos. El arca poseía una cobertura de oro, y sobre la misma había dos querubines de oro puro. Los querubines extendían sus alas una sobre otra simbolizando el amor de Hashem por Israel.

El Segundo Templo ya no contaba con el arca y en su lugar se encontraba la “piedra fundamental” -even hashtia- llamada de este modo porque a partir de ella se creó el mundo.

Desde el hall del Templo, doce escalones conducían al patio de los sacerdotes. Se trataba de un patio de grandes dimensiones en el que se encontraba el altar de cobre, denominado también altar externo. Sobre este gran altar se ofrecían la mayoría de los sacrificios del Beit Hamikdash.

Otro importante utensilio del Templo se encontraba en el patio de los sacerdotes. Se trataba del lavabo -kior- de cobre brillante en el que los sacerdotes lavaban sus manos y sus pies antes de prestar su servicio en el Templo.

Cerca del patio de los sacerdotes se encontraba el patio de los israelitas. En este inmenso patio se concentraba todo el. pueblo de Israel que peregrinaba a Jerusalén y acudía al Templo para rezar y ofrecer sus sacrificios. Y aunque esta masa humana era muy numerosa, llegando a miles de personas, de todos modos el patio los contenta. Inclusive un milagro solía producirse: “El pueblo se encontraba amontonado mas se arrodillaban holgadamente”.

En la esquina del patio de los israelitas se abría una habitación de suma significación denominada Lishkat Hagazit. Alli se reunía el Sanhedrín para juzgar casos monetarios y casos de vida y muerte, resolviendo todos los conflictos del pueblo. También en la Lishkat Hagazit se aclaraban y se enseñaban las leyes de la Torá. De este modo, el peregrinaje a Jerusalén representaba una oportunidad estupenda para que el pueblo estudiara Tora. Al regresar a sus hogares llevaban consigo las enseñanzas de los sabios. De este modo cumplían el versículo que enseña: “Porque de Tzión saldrá la Torá y de Jerusalén la palabra de Hashem”.

Cercano al patio de los israelitas se ubicaba otra extensión de grandes dimensiones: el patio de mujeres. Allí se reunían las mujeres y las niñas separadas de los hombres, a fin de cumplir estrictamente las normas de recato. Quince escalones separaban el patio de las mujeres del patio de los israelitas. En cada escalón se ubicaban los levitas y entonaban los quince cánticos graduales del Libro de los Salmos: Tehilim. Los levitas cantaban con afinadas voces y acompañaban sus cánticos, con arpas, flautas y címbalos. Sus maravillosas melodías alegraban los corazones y colmaban de felicidad a quienes ascendían a Jerusalén.

Al comienzo de la escalera habla una magnífica puerta -La Puerta de Nikanor- por la que se ingresaba en el patio de las mujeres. ¿Por qué era llamada de este modo? Esto lo relatan nuestros sabios en el Tratado de Yomá.

Un hombre judío llamado Nikanor deseaba entregar una donación al Beit Hamikdash. Se dirigió a Alejandria, en Egipto, y alli hizo preparar por expertos artesanos dos bellas puertas de cobre para el Templo. Las cargó sobre el barco con la intención de transportarlas hasta la Tierra de Israel. Durante el viaje una fuerte tormenta azotó la embarcación hasta el punto que la nave estaba a punto de quebrarse. Los marineros y el capitán del barco pensaron de qué modo alivianar la carga, y al observar las pesadas puertas de cobre, tomaron una y la arrojaron al mar. Sin embargo las aguas no calmaron su furia. Mas al pretender arrojar la segunda puerta, Nikanor se amarró a la misma y. exclamó: “¡Arrójenme con ella!”. De pronto el mar se calmó y no hubo necesidad de arrojarlo. Un gran pesar invadió a Nikanor por la primera puerta, mas algo maravilloso sucedió. Cuando el barco arribó al puerto de Ako, observaron que la puerta arrojada al mar se encontraba debajo de la embarcación. De este modo mereció Nikanor que un milagro sucediera gracias a su total disposición y entrega en beneficio del Templo. Las puertas fueron dispuestas en el Templo y denominadas “La puerta de Nikanor”.

Mas no fue éste el único milagro acontecido en beneficio del Templo. En el Tratado de Avot, nuestros sabios relatan otros milagros sucedidos en el Beit Hamikdash:

1) A pesar de la gran cantidad de carne ofrecida en sacrificio, jamás hedió, como así tampoco se vio una mosca en el sitio donde se degollaban los sacrificios.

2) El fuego en el que se quemaban los sacrificios era encendido en un sitio abierto, y sin embargo jamás las lluvias lo apagaron.

3) La columna de humo que ascendía de los sacrificios no era llevada por el viento ni inclinada en dirección alguna. Por el contrario, siempre subía de modo recto hasta el cielo.

4) Jamás se encontró defecto que descalificara la ofrenda del omer, la ofrenda de los panes de la fiesta de Shavuot o la de los panes de proposición. Igualmente, el pan de la proposición nunca fue descubierto seco sino siempre fresco como el día de su horneado.

5) Jamás una serpiente o escorpión dañó a una persona en Jerusalén, y nunca se dio el caso de que un hombre se quejara diciendo que era estrecho el sitio donde pernoctara en Jerusalén.

Hashem efectuaba milagros en el Templo y de este modo demostraba su afecto por Israel. La Providencia moraba sobre el Templo, otorgándole una inigualable belleza lo mismo que una impresionante santidad interna. La belleza del Templo también atraía a los habitantes de otras naciones, quienes al observarlo no cabían de asombro.

El Primer Templo y el comienzo de su caída

El rey Salomón construyó el Primer Templo 480 años después que los judíos salieron de Egipto. Siete años se prolongó su construcción y durante este período ninguno de los obreros del rey sufrió enfermedad alguna; ninguna herramienta se rompió, ningún material se extravió. Una vez concluida la tarea, el Templo fue erigido, y el rey Salomón convocó a todo el pueblo en el Beit Hamikdash en el mes de Tishrei, para que todos juntos celebraran su inauguración. En este instante tan aguardado y festivo, el rey Salomón profundamente emocionado bendijo al pueblo.

Tras la inauguración del Beit Hamikdash, Hashem se reveló al rey Salomón a través de un sueño y le dijo: “He escuchado tu plegaria y tu ruego… y si marchas por mi senda… íntegra y rectamente… mantendré eternamente tu reino en Israel”. Mas Hashem le aclaró qué sucederla si ellos y sus descendientes si no cuidaban los mandamientos y las leyes: “Y arrancaré al pueblo de Israel de sobre esta tierra y también esta Casa destruiré. Y entonces todos preguntarán: ¿Por qué Hashem hizo tales actos con esta tierra y esta Casa?”.

Este fue el mensaje divino revelado al rey Salomón. Y ciertamente, durante la época del rey Salomón, el pueblo cuidó estrictamente las mitzvot (preceptos), e Israel mereció vivir una etapa brillante de paz y tranquilidad. El reino de Salomón logró estabilidad y cada cual pudo sentarse calmamente “bajo su viña y bajo su higuera”.

El Beit Hamikdash permaneció en pie durante 410 años. Mas el pueblo de Israel se apartó del camino indicado por Hashem y marchó tras otros dioses, y ya en los días de Rejavam, hijo de Salomón, el reino de David fue dividido. Diez tribus de Israel proclamaron por rey a Ierovam ben Navat, conformando el reino de Israel y estableciendo a Shomrón por capital. Por otra parte, las tribus de Iehudá y Biniamin proclamaron por rey a Rejavam, hijo de Salomón, continuando con el reino de Iehudá y aceptando a Jerusalén por capital.

A partir de entonces el reino de Israel quedó separado en dos reinos, generando entre ellos una gran disputa hasta el punto de provocar la guerra entre los mismos hermanos. Por desgracia, tanto la tribu de Iehudá como las diez restantes continuaron pecando. Rendían culto a dioses extraños, colocaron altares en cada montaña y debajo de cada árbol, y siguieron el camino de las demás naciones. Mas Hashem no los castigó inmediatamente. Durante cien años les envió profetas que advirtieron al pueblo y les rogaron que se arrepintieran. Sin embargo todo fue en vano. Ellos no se arrepintieron y continuaron pecando y transgrediendo.

En especial continuó pecando el reino de Israel, hasta que la copa se rebasó. Hashem envió a Shomrón a Shalmaneser, el rey de Ashur, quien exilió a las diez tribus y al rey Hoshea ben Ela a la tierra de Ashur, y hasta nuestros dias nadie conoce su exacto paradero. En la Tierra de Israel sólo quedaron los miembros de la tribu de Iehudá. En aquellos dias reinaba Jizkiahu, quien siguió rectamente el camino de Hashem, tal tomo lo hiciera el rey David. Fortificó y profundizó en el pueblo el estudio de la Torá y el cumplimiento de las mitzvot; terminó con los altares y destruyó los ídolos a los que el pueblo servía. Así, el rey logró el arrepentimiento y la recomposición de su generación. Mas al morir ascendió al trono su hijo Menashé, y nuevamente volvió a apartarse del buen camino. Hizo, rotundamente, lo malo para el Creador. Construyó nuevamente los altares de culto al Baal, y dentro mismo de los patios del Beit Hamikdash construyó altares para servir a todas las constelaciones celestiales. Colocó un ídolo dentro del Beit Hamikdash, y renovó el culto a Molej. Durante su reinado también fue derramada la sangre de muchos hombres justos e inocentes.

Los actos de Menashé terminaron por colmar la paciencia divina en referencia al reino de Iehudá. Hashem les envió a los profetas Najum y Jabakuk, quienes profetizaron sobre el final de Jerusalén y el reino de Iehudá. Por medio de tanta dura profecía era advertido el pueblo, mas sin resultado alguno. También el hijo de Menashé, Amón, siguió los pasos de su padre y arrastró al pecado al pueblo entero.

Sin embargo tras la muerte de Amón, ascendió Ioshiahu al trono de Iehudá, e hizo lo recto ante el Creador, quemando y terminando con todos los ídolos. Mas ya se había establecido el decreto divino y no alcanzó a calmar la ira divina provocada por las transgresiones de Menashé. Durante la vida de Ioshiahu no acaecieron calamidades, y gracias a su justicia el reino de Iehudá se mantuvo seguro y el Beit Hamikdash no perdió su estabilidad. Solo después de su muerte comenzaron los primeros signos de destrucción en Jerusalén y Iehudá.

La caída del Primer Templo

Un duro sitio

En el noveno año del reinado de Tzidkiahu, el décimo dia del mes de Tevet, se estableció el sitio a Jerusalén. Desde las alturas de las murallas podía observarse el numeroso ejército, verdaderamente incontable. Los babilonios aparecían como un panal de abejas; cada cual ocupado en sus tareas especificas. Rodearon la ciudad y erigieron catapultas a fin de voltear las murallas con mayor facilidad.

Tres años y medio se prolongó el sitio a Jerusalén. Cada día Nevuzaradán rodeaba la ciudad e intentaba nuevos métodos para derrumbar las murallas aunque sin éxito alguno: no logró voltear los muros ni conquistar la ciudad. Mientras Nevuzaradán consideraba la posibilidad de regresar, Hashem puso en su mente una idea: medir la altura de las murallas de la ciudad. Para su sorpresa, descubrió que las murallas encogían su altura cada dia ¡esto era, sin duda, producto de la mano divina! La intención era entregar Jerusalén en manos enemigas. Una gran alegría invadió a Nevuzaradán al descubrir lo que sucedía con los muros, y con renovada esperanza fortificó el sitio a la ciudad.

Víctimas del hambre y la sed

Jerusalén se encontraba encerrada: nadie podía entrar ni salir de la ciudad. Dentro de los muros el hambre crecía cada día. Los habitantes de Jerusalén ya habían vaciado completamente sus depósitos. Igualmente, las hierbas silvestres comestibles ya hablan sido recolectadas. También el pan escaseaba, y junto con éste los demás alimentos. Los habitantes de Jerusalén intentaron entablar conversación con los soldados de Nabucodonosor. Desde las alturas gritaban a los enemigos: “Soldados caldeos, tenemos una propuesta para hacerles. Si nos entregan pan, les bajaremos a cambio canastas repletas de oro”

Los soldados aceptaron la propuesta. Al dia siguiente, los habitantes de Jerusalén hicieron descender de las alturas de la muralla una canasta repleta de oro. Los soldados enemigos vaciaron la canasta y la llenaron de trigo, el cual fue molido, preparado y comido por los hebreos. Transcurridos algunos días los habitantes de Jerusalén volvieron a descender una canasta repleta de oro, y nuevamente los hombres de Nabucodonosor la vaciaron y la colmaron con cebada. Los israelitas subieron la canasta, prepararon los granos y se alimentaron durante varios dias. La tercera vez los soldados tomaron el oro y colmaron la canasta con paja. La cuarta tomaron el oro y devolvieron la canasta vacía. Notando los israelitas que los babilonios los engañaban y sólo pretendían la plata y el oro, interrumpieron este sistema de intercambio.

Mas el hambre azotaba terriblemente a la ciudad. También el agua escaseaba. El sufrimiento de los habitantes de Jerusalén comenzó a tornarse insoportable. Ahora descubrían los israelitas la veracidad de las palabras del profeta Irmiahu en la Megilat Eijá. Ciertamente Jerusalén aparecía como una ciudad fantasmal. Un silencio absoluto y cortante habitaba sus callejuelas. Cientos de cadáveres, producto del hambre y la sed, se encontraban desparramados por la ciudad; nadie tenla fuerza de enterrarlos. Un hediondo olor invadía el aire. Los que aún no habían muerto de hambre marchaban sigilosos como sombras, deambulando sin rumbo fijo como perros hambrientos buscando comida en los rincones. Revisaban los tachos de basura. Otros se acostaban en la entrada de sus casas, desalentados, aguardando su muerte segura.

Una mujer de Jerusalén dijo a su marido llorando: “¡Por favor! Elige la mejor de mis joyas y compra en el mercado un pedazo de pan. Por favor, sólo un trozo de pan”. Conmovido ante el pedido de su esposa, el hombre eligió la más bella de sus piedras, y se dirigió al mercado con la intención de comprar un pedazo de pan para calmar el hambre de su esposa y su hijo. Durante largas horas deambuló por las calles de la ciudad sin encontrar ni un solo un pedazo de pan duro. Golpeado por el desaliento y la decepción, fue presa de un fuerte mareo que lo arrojó muerto sobre la tierra. Con suma impaciencia la mujer aguardaba la llegada de su esposo. Al notar su demora, dijo a su hijo: “Sé valiente, mi hijo, y busca a tu padre”. El hijo hambriento emprendió la búsqueda. Al encontrar a su padre, muerto, se arrojó sobre el cuerpo inerte, y mientras lo abrazaba fuertemente perdió también su vida.

El sufrimiento provocado por el hambre y la sed era compartido por los habitantes de Jerusalén. El hambre no distinguía entre pobres y ricos. Ni siquiera a cambio de plata y oro era posible conseguir comida en la ciudad.

Uno de los hombres más ricos del lugar, poseedor de una gran fortuna, llamó a su sirviente y le dijo: “Toma toda mi plata, mi oro y mis piedras preciosas y consígueme un poco de agua para calmar mi terrible sed”. El sirviente tomó plata, oro y piedras preciosas del tesoro de su amo, y marchó con la intención de comprar agua. Al notar que su esclavo demoraba, el millonario subió al techo de su espléndida mansión para observar qué sucedía con su enviado. De pronto vio que retornaba con la vasija vacia en su mano. El rico gritó amargamente a su sirviente: “Rompe esa vasija ¿qué utilidad tiene si esta vacia?”. El sirviente cumplió el pedido de su amo y rompió la vasija en cientos de pedazos. Entonces el hombre rico saltó del techo de su mansión sobre la vasija destrozada, y su cuerpo se quebró completamente ante la severidad del impacto.

Durante dieciocho meses se prolongó la hambruna en Jerusalén, período en el que tampoco cesó el enfrentamiento entre los soldados de Iehudá y los de Nabucodonosor. Muy especialmente se destacó la valentia de Avika ben Gavtari, quien subió a la muralla y exclamó: ¡Quien esté a favor de Jerusalén y de su Templo que me siga!”. Al escuchar su convocatoria, numerosos valientes de Israel lo siguieron y enfrentaron al ejército babilónico. A pesar de su hambre y su debilidad, lograron provocar numerosas bajas en las filas enemigas. Los soldados caldeos arrojaban incontables flechas en dirección de Avika, mas éste las atrapaba con sus enormes manos y las arrojaba nuevamente al corazón de los enemigos. De este modo cayeron muchos de los soldados que sitiaban la ciudad. Mas el hambre y la sed determinaron el destino de los habitantes de Jerusalén. La oposición de los israelitas se debilitó, las murallas de la ciudad fueron volteadas, y de este modo logró ingresar a Jerusalén el poderoso

(Selección extraída del libro “Jerusalem de Oro”, © Ed. Jerusalem de México)

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AYUNO DEL 17 DE TAMUZ צוֹם שִבְעָה עָשָׂר בְּתַמּוּז‎ (Jueves 9 de Julio de 2009)(II)

El Beit Hamikdash (templo) en su gloria

El Beit Hamikdash era la sagrada morada de Hashem. ¡Qué halo providencial reinaba entre el pueblo de Israel y el Creador del Universo! ¡Cuánta santidad y belleza habla en esa espléndida mansión!

Ciertamente, durante los días en que el Beit Hamikdash existía, no había en todo el mundo una construcción tan extraordinaria como ésta, construida con grandes y pesadas piedras, acomodadas de modo excepcional. Algunas estaban recubiertas con un mármol verde azulado, similar al oleaje marino, lo que transmitía paz al observador.
Todos los portones del Beit Hamikdash estaban hechos de oro puro, lo mismo que la mayoría de los utensilios utilizados en el Templo. Allí había miles de candelabros decorados con flores y botones de oro, y al ser encendidos, el Beit Hamikdash quedaba inmerso en un mar de luz.

El Templo se encontraba dividido en dos grandes partes: el hall del Templo -heijal- y el patio del Templo (azara). En el hall estaban dispuestos tres de los más importantes utensilios del Templo. En el sector sur se ubicaba la menorá de oro, compuesta de siete brazos; en el sector norte se ubicaba la mesa del lejem hapanim (mesa con la ofrenda del pan), y en el centro del hall, se erigía el altar de oro, utilizado para los inciensos. En el extremo del hall había otra habitación: el Kodesh Hakodashim, el sitio de máxima santidad del Templo. Dos cortinas adornadas con hilos de oro cubrían su entrada y lo separaban del hall. Mas nadie corría estas cortinas ni ingresaba al Kodesh Hakodashim, salvo el Gran Sacerdote, una vez al año: el día de Yom Kipur.

¿Qué había en el Kodesh Hakodashim?

En este sagrado lugar se encontraba el arca que guardaba en su interior los Diez Mandamientos. El arca poseía una cobertura de oro, y sobre la misma había dos querubines de oro puro. Los querubines extendían sus alas una sobre otra simbolizando el amor de Hashem por Israel.

El Segundo Templo ya no contaba con el arca y en su lugar se encontraba la “piedra fundamental” -even hashtia- llamada de este modo porque a partir de ella se creó el mundo.

Desde el hall del Templo, doce escalones conducían al patio de los sacerdotes. Se trataba de un patio de grandes dimensiones en el que se encontraba el altar de cobre, denominado también altar externo. Sobre este gran altar se ofrecían la mayoría de los sacrificios del Beit Hamikdash.

Otro importante utensilio del Templo se encontraba en el patio de los sacerdotes. Se trataba del lavabo -kior- de cobre brillante en el que los sacerdotes lavaban sus manos y sus pies antes de prestar su servicio en el Templo.

Cerca del patio de los sacerdotes se encontraba el patio de los israelitas. En este inmenso patio se concentraba todo el. pueblo de Israel que peregrinaba a Jerusalén y acudía al Templo para rezar y ofrecer sus sacrificios. Y aunque esta masa humana era muy numerosa, llegando a miles de personas, de todos modos el patio los contenta. Inclusive un milagro solía producirse: “El pueblo se encontraba amontonado mas se arrodillaban holgadamente”.

En la esquina del patio de los israelitas se abría una habitación de suma significación denominada Lishkat Hagazit. Alli se reunía el Sanhedrín para juzgar casos monetarios y casos de vida y muerte, resolviendo todos los conflictos del pueblo. También en la Lishkat Hagazit se aclaraban y se enseñaban las leyes de la Torá. De este modo, el peregrinaje a Jerusalén representaba una oportunidad estupenda para que el pueblo estudiara Tora. Al regresar a sus hogares llevaban consigo las enseñanzas de los sabios. De este modo cumplían el versículo que enseña: “Porque de Tzión saldrá la Torá y de Jerusalén la palabra de Hashem”.

Cercano al patio de los israelitas se ubicaba otra extensión de grandes dimensiones: el patio de mujeres. Allí se reunían las mujeres y las niñas separadas de los hombres, a fin de cumplir estrictamente las normas de recato. Quince escalones separaban el patio de las mujeres del patio de los israelitas. En cada escalón se ubicaban los levitas y entonaban los quince cánticos graduales del Libro de los Salmos: Tehilim. Los levitas cantaban con afinadas voces y acompañaban sus cánticos, con arpas, flautas y címbalos. Sus maravillosas melodías alegraban los corazones y colmaban de felicidad a quienes ascendían a Jerusalén.

Al comienzo de la escalera habla una magnífica puerta -La Puerta de Nikanor- por la que se ingresaba en el patio de las mujeres. ¿Por qué era llamada de este modo? Esto lo relatan nuestros sabios en el Tratado de Yomá.

Un hombre judío llamado Nikanor deseaba entregar una donación al Beit Hamikdash. Se dirigió a Alejandria, en Egipto, y alli hizo preparar por expertos artesanos dos bellas puertas de cobre para el Templo. Las cargó sobre el barco con la intención de transportarlas hasta la Tierra de Israel. Durante el viaje una fuerte tormenta azotó la embarcación hasta el punto que la nave estaba a punto de quebrarse. Los marineros y el capitán del barco pensaron de qué modo alivianar la carga, y al observar las pesadas puertas de cobre, tomaron una y la arrojaron al mar. Sin embargo las aguas no calmaron su furia. Mas al pretender arrojar la segunda puerta, Nikanor se amarró a la misma y. exclamó: “¡Arrójenme con ella!”. De pronto el mar se calmó y no hubo necesidad de arrojarlo. Un gran pesar invadió a Nikanor por la primera puerta, mas algo maravilloso sucedió. Cuando el barco arribó al puerto de Ako, observaron que la puerta arrojada al mar se encontraba debajo de la embarcación. De este modo mereció Nikanor que un milagro sucediera gracias a su total disposición y entrega en beneficio del Templo. Las puertas fueron dispuestas en el Templo y denominadas “La puerta de Nikanor”.

Mas no fue éste el único milagro acontecido en beneficio del Templo. En el Tratado de Avot, nuestros sabios relatan otros milagros sucedidos en el Beit Hamikdash:

1) A pesar de la gran cantidad de carne ofrecida en sacrificio, jamás hedió, como así tampoco se vio una mosca en el sitio donde se degollaban los sacrificios.

2) El fuego en el que se quemaban los sacrificios era encendido en un sitio abierto, y sin embargo jamás las lluvias lo apagaron.

3) La columna de humo que ascendía de los sacrificios no era llevada por el viento ni inclinada en dirección alguna. Por el contrario, siempre subía de modo recto hasta el cielo.

4) Jamás se encontró defecto que descalificara la ofrenda del omer, la ofrenda de los panes de la fiesta de Shavuot o la de los panes de proposición. Igualmente, el pan de la proposición nunca fue descubierto seco sino siempre fresco como el día de su horneado.

5) Jamás una serpiente o escorpión dañó a una persona en Jerusalén, y nunca se dio el caso de que un hombre se quejara diciendo que era estrecho el sitio donde pernoctara en Jerusalén.

Hashem efectuaba milagros en el Templo y de este modo demostraba su afecto por Israel. La Providencia moraba sobre el Templo, otorgándole una inigualable belleza lo mismo que una impresionante santidad interna. La belleza del Templo también atraía a los habitantes de otras naciones, quienes al observarlo no cabían de asombro.

El Primer Templo y el comienzo de su caída

El rey Salomón construyó el Primer Templo 480 años después que los judíos salieron de Egipto. Siete años se prolongó su construcción y durante este período ninguno de los obreros del rey sufrió enfermedad alguna; ninguna herramienta se rompió, ningún material se extravió. Una vez concluida la tarea, el Templo fue erigido, y el rey Salomón convocó a todo el pueblo en el Beit Hamikdash en el mes de Tishrei, para que todos juntos celebraran su inauguración. En este instante tan aguardado y festivo, el rey Salomón profundamente emocionado bendijo al pueblo.

Tras la inauguración del Beit Hamikdash, Hashem se reveló al rey Salomón a través de un sueño y le dijo: “He escuchado tu plegaria y tu ruego… y si marchas por mi senda… íntegra y rectamente… mantendré eternamente tu reino en Israel”. Mas Hashem le aclaró qué sucederla si ellos y sus descendientes si no cuidaban los mandamientos y las leyes: “Y arrancaré al pueblo de Israel de sobre esta tierra y también esta Casa destruiré. Y entonces todos preguntarán: ¿Por qué Hashem hizo tales actos con esta tierra y esta Casa?”.

Este fue el mensaje divino revelado al rey Salomón. Y ciertamente, durante la época del rey Salomón, el pueblo cuidó estrictamente las mitzvot (preceptos), e Israel mereció vivir una etapa brillante de paz y tranquilidad. El reino de Salomón logró estabilidad y cada cual pudo sentarse calmamente “bajo su viña y bajo su higuera”.

El Beit Hamikdash permaneció en pie durante 410 años. Mas el pueblo de Israel se apartó del camino indicado por Hashem y marchó tras otros dioses, y ya en los días de Rejavam, hijo de Salomón, el reino de David fue dividido. Diez tribus de Israel proclamaron por rey a Ierovam ben Navat, conformando el reino de Israel y estableciendo a Shomrón por capital. Por otra parte, las tribus de Iehudá y Biniamin proclamaron por rey a Rejavam, hijo de Salomón, continuando con el reino de Iehudá y aceptando a Jerusalén por capital.

A partir de entonces el reino de Israel quedó separado en dos reinos, generando entre ellos una gran disputa hasta el punto de provocar la guerra entre los mismos hermanos. Por desgracia, tanto la tribu de Iehudá como las diez restantes continuaron pecando. Rendían culto a dioses extraños, colocaron altares en cada montaña y debajo de cada árbol, y siguieron el camino de las demás naciones. Mas Hashem no los castigó inmediatamente. Durante cien años les envió profetas que advirtieron al pueblo y les rogaron que se arrepintieran. Sin embargo todo fue en vano. Ellos no se arrepintieron y continuaron pecando y transgrediendo.

En especial continuó pecando el reino de Israel, hasta que la copa se rebasó. Hashem envió a Shomrón a Shalmaneser, el rey de Ashur, quien exilió a las diez tribus y al rey Hoshea ben Ela a la tierra de Ashur, y hasta nuestros dias nadie conoce su exacto paradero. En la Tierra de Israel sólo quedaron los miembros de la tribu de Iehudá. En aquellos dias reinaba Jizkiahu, quien siguió rectamente el camino de Hashem, tal tomo lo hiciera el rey David. Fortificó y profundizó en el pueblo el estudio de la Torá y el cumplimiento de las mitzvot; terminó con los altares y destruyó los ídolos a los que el pueblo servía. Así, el rey logró el arrepentimiento y la recomposición de su generación. Mas al morir ascendió al trono su hijo Menashé, y nuevamente volvió a apartarse del buen camino. Hizo, rotundamente, lo malo para el Creador. Construyó nuevamente los altares de culto al Baal, y dentro mismo de los patios del Beit Hamikdash construyó altares para servir a todas las constelaciones celestiales. Colocó un ídolo dentro del Beit Hamikdash, y renovó el culto a Molej. Durante su reinado también fue derramada la sangre de muchos hombres justos e inocentes.

Los actos de Menashé terminaron por colmar la paciencia divina en referencia al reino de Iehudá. Hashem les envió a los profetas Najum y Jabakuk, quienes profetizaron sobre el final de Jerusalén y el reino de Iehudá. Por medio de tanta dura profecía era advertido el pueblo, mas sin resultado alguno. También el hijo de Menashé, Amón, siguió los pasos de su padre y arrastró al pecado al pueblo entero.

Sin embargo tras la muerte de Amón, ascendió Ioshiahu al trono de Iehudá, e hizo lo recto ante el Creador, quemando y terminando con todos los ídolos. Mas ya se había establecido el decreto divino y no alcanzó a calmar la ira divina provocada por las transgresiones de Menashé. Durante la vida de Ioshiahu no acaecieron calamidades, y gracias a su justicia el reino de Iehudá se mantuvo seguro y el Beit Hamikdash no perdió su estabilidad. Solo después de su muerte comenzaron los primeros signos de destrucción en Jerusalén y Iehudá.

La caída del Primer Templo

Un duro sitio

En el noveno año del reinado de Tzidkiahu, el décimo dia del mes de Tevet, se estableció el sitio a Jerusalén. Desde las alturas de las murallas podía observarse el numeroso ejército, verdaderamente incontable. Los babilonios aparecían como un panal de abejas; cada cual ocupado en sus tareas especificas. Rodearon la ciudad y erigieron catapultas a fin de voltear las murallas con mayor facilidad.

Tres años y medio se prolongó el sitio a Jerusalén. Cada día Nevuzaradán rodeaba la ciudad e intentaba nuevos métodos para derrumbar las murallas aunque sin éxito alguno: no logró voltear los muros ni conquistar la ciudad. Mientras Nevuzaradán consideraba la posibilidad de regresar, Hashem puso en su mente una idea: medir la altura de las murallas de la ciudad. Para su sorpresa, descubrió que las murallas encogían su altura cada dia ¡esto era, sin duda, producto de la mano divina! La intención era entregar Jerusalén en manos enemigas. Una gran alegría invadió a Nevuzaradán al descubrir lo que sucedía con los muros, y con renovada esperanza fortificó el sitio a la ciudad.

Víctimas del hambre y la sed

Jerusalén se encontraba encerrada: nadie podía entrar ni salir de la ciudad. Dentro de los muros el hambre crecía cada día. Los habitantes de Jerusalén ya habían vaciado completamente sus depósitos. Igualmente, las hierbas silvestres comestibles ya hablan sido recolectadas. También el pan escaseaba, y junto con éste los demás alimentos. Los habitantes de Jerusalén intentaron entablar conversación con los soldados de Nabucodonosor. Desde las alturas gritaban a los enemigos: “Soldados caldeos, tenemos una propuesta para hacerles. Si nos entregan pan, les bajaremos a cambio canastas repletas de oro”

Los soldados aceptaron la propuesta. Al dia siguiente, los habitantes de Jerusalén hicieron descender de las alturas de la muralla una canasta repleta de oro. Los soldados enemigos vaciaron la canasta y la llenaron de trigo, el cual fue molido, preparado y comido por los hebreos. Transcurridos algunos días los habitantes de Jerusalén volvieron a descender una canasta repleta de oro, y nuevamente los hombres de Nabucodonosor la vaciaron y la colmaron con cebada. Los israelitas subieron la canasta, prepararon los granos y se alimentaron durante varios dias. La tercera vez los soldados tomaron el oro y colmaron la canasta con paja. La cuarta tomaron el oro y devolvieron la canasta vacía. Notando los israelitas que los babilonios los engañaban y sólo pretendían la plata y el oro, interrumpieron este sistema de intercambio.

Mas el hambre azotaba terriblemente a la ciudad. También el agua escaseaba. El sufrimiento de los habitantes de Jerusalén comenzó a tornarse insoportable. Ahora descubrían los israelitas la veracidad de las palabras del profeta Irmiahu en la Megilat Eijá. Ciertamente Jerusalén aparecía como una ciudad fantasmal. Un silencio absoluto y cortante habitaba sus callejuelas. Cientos de cadáveres, producto del hambre y la sed, se encontraban desparramados por la ciudad; nadie tenla fuerza de enterrarlos. Un hediondo olor invadía el aire. Los que aún no habían muerto de hambre marchaban sigilosos como sombras, deambulando sin rumbo fijo como perros hambrientos buscando comida en los rincones. Revisaban los tachos de basura. Otros se acostaban en la entrada de sus casas, desalentados, aguardando su muerte segura.

Una mujer de Jerusalén dijo a su marido llorando: “¡Por favor! Elige la mejor de mis joyas y compra en el mercado un pedazo de pan. Por favor, sólo un trozo de pan”. Conmovido ante el pedido de su esposa, el hombre eligió la más bella de sus piedras, y se dirigió al mercado con la intención de comprar un pedazo de pan para calmar el hambre de su esposa y su hijo. Durante largas horas deambuló por las calles de la ciudad sin encontrar ni un solo un pedazo de pan duro. Golpeado por el desaliento y la decepción, fue presa de un fuerte mareo que lo arrojó muerto sobre la tierra. Con suma impaciencia la mujer aguardaba la llegada de su esposo. Al notar su demora, dijo a su hijo: “Sé valiente, mi hijo, y busca a tu padre”. El hijo hambriento emprendió la búsqueda. Al encontrar a su padre, muerto, se arrojó sobre el cuerpo inerte, y mientras lo abrazaba fuertemente perdió también su vida.

El sufrimiento provocado por el hambre y la sed era compartido por los habitantes de Jerusalén. El hambre no distinguía entre pobres y ricos. Ni siquiera a cambio de plata y oro era posible conseguir comida en la ciudad.

Uno de los hombres más ricos del lugar, poseedor de una gran fortuna, llamó a su sirviente y le dijo: “Toma toda mi plata, mi oro y mis piedras preciosas y consígueme un poco de agua para calmar mi terrible sed”. El sirviente tomó plata, oro y piedras preciosas del tesoro de su amo, y marchó con la intención de comprar agua. Al notar que su esclavo demoraba, el millonario subió al techo de su espléndida mansión para observar qué sucedía con su enviado. De pronto vio que retornaba con la vasija vacia en su mano. El rico gritó amargamente a su sirviente: “Rompe esa vasija ¿qué utilidad tiene si esta vacia?”. El sirviente cumplió el pedido de su amo y rompió la vasija en cientos de pedazos. Entonces el hombre rico saltó del techo de su mansión sobre la vasija destrozada, y su cuerpo se quebró completamente ante la severidad del impacto.

Durante dieciocho meses se prolongó la hambruna en Jerusalén, período en el que tampoco cesó el enfrentamiento entre los soldados de Iehudá y los de Nabucodonosor. Muy especialmente se destacó la valentia de Avika ben Gavtari, quien subió a la muralla y exclamó: ¡Quien esté a favor de Jerusalén y de su Templo que me siga!”. Al escuchar su convocatoria, numerosos valientes de Israel lo siguieron y enfrentaron al ejército babilónico. A pesar de su hambre y su debilidad, lograron provocar numerosas bajas en las filas enemigas. Los soldados caldeos arrojaban incontables flechas en dirección de Avika, mas éste las atrapaba con sus enormes manos y las arrojaba nuevamente al corazón de los enemigos. De este modo cayeron muchos de los soldados que sitiaban la ciudad. Mas el hambre y la sed determinaron el destino de los habitantes de Jerusalén. La oposición de los israelitas se debilitó, las murallas de la ciudad fueron volteadas, y de este modo logró ingresar a Jerusalén el poderoso

(Selección extraída del libro “Jerusalem de Oro”, © Ed. Jerusalem de México)

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AYUNO DEL 17 DE TAMUZ צוֹם שִבְעָה עָשָׂר בְּתַמּוּז‎ (Jueves 9 de Julio de 2009)(I)

Los cuatros ayunos

Los sabios que estaban en la época de la destrucción del segundo Templo (año 70 de nuestra era) legislaron que el 17 de Tammuz y el 9 de Av (Tisha B-Av) fueran declarados días de ayuno. También decretaron que el día después de Rosh Hashaná y el 10 de Tevet (Asará Be Tevet) fueran días de ayuno.

Todos estos días de ayuno aparecen mencionados en el versículo: “Y así dice Di-s de los ejércitos: El ayuno del mes cuarto, y el ayuno del quinto, y el ayuno del séptimo, y el ayuno del décimo, serán para la casa de Judá alegría y regocijo” (Zacarías 8:19)

Comienzo y fin del ayuno para el 17 de tamuz, 10 de Tebet y 3 de Tishrei: desde el alba hasta la salida de las primeras tres estrellas. Comienzo y fin del ayuno para Tishá Beab (9 de Ab): desde la puesta del sol hasta la salida de las estrellas del siguiente día

Qué desgracias sucedieron el 17 de tamuz?

1) Fueron rotas las primeras tablas de la Ley, suceso que tuvo lugar cuando descendió Moisés del monte y descubrió el pecado del becerro de oro.

El día 6 de Siván del año 2448 (1313 a.e.c.) fue entregada la Torá al pueblo de Israel en el monte Sinai, y al día siguiente, por orden de D-s, Moshé ascendió al monte y permaneció allí durante un período de 40 días – hasta el día 17 de Tamuz. Al descender con las tablas de piedra que contenían los Diez Mandamientos, Moshé vió que el pueblo de Israel había hecho un becerro de oro e inmediatamente rompió las tablas (véase Shemot -Éxodo- 32:19). Esta fue la primer tragedia ocurrida en este día.

2) El sacrificio denominado “tamid” fue anulado del servicio del Beit Hamikdash (Templo de Jerusalen), pues los sacerdotes ya no encontraron ovejas para ofrecer al sitio implantado a la ciudad por el enemigo

En la época del Primer Templo de Jerusalem, todos los días eran sacrificados dos animales, uno por la mañana y otro por la tarde. Uno expiaba los pecados cometidos durante la noche y el otro los pecados cometidos durante el día. De esa manera el pueblo de Israel dormía libre de pecados. Esto se denominaba el korbán hatamid (sacrificio diario).

Cuando el imperio babilónico sitió a la ciudad de Jerusalem, el 10 de Tevet, el pueblo continuó ofreciendo sacrificios con los animales que quedaban dentro de la ciudad. Sin embargo, el día 17 de Tamuz tuvieron que dejar de ofrecer el sacrificio diario. A partir de ese momento el enemigo se fue fortaleciendo hasta que finalmente terminó destruyendo la ciudad de Jerusalem, cuando fue destruido el Templo Sagrado. Esta fue la segunda tragedia ocurrida en este día

3) Durante la destrucción del Primer y Segundo Templo fueron derribadas las murallas de Jerusalen, y los enemigos irrumpieron en su interior.

En la época del Segundo Templo, cuando gobernaba el rey Alexander Ianái, éste ordenó antes de morir que su mujer Alexandra Salomé ocupara el trono y su hijo Hircano sea el Cohén Gadol (Sumo Sacerdote). Pero cuando la reina murió, se desencadenó una disputa entre Hircano y su hermano Aristóbulo, por el trono. Hircano triunfó, mas hubieron quienes intercedieron y finalmente se acordó que Hircano continúe siendo el Cohén Gadol y Aristóbulo sea el rey. Pero este acuerdo no duró mucho tiempo puesto que Hircano se arrepintió rápidamente y comenzó a luchar en contra de su hermano para recuperar el trono. Mucha gente del pueblo murió en esa batalla.

Al darse cuenta de que no podía recuperar el trono, Hircano se alió con el emperador romano, trayendo un gran ejército hasta la ciudad de Jerusalem, sitiándola. Aristóbulo quedó dentro de Jerusalem, mientras que Hircano estaba afuera junto con las legiones romanas. Como no habían más animales para sacrificar dentro de la ciudad, las personas pasaban canastas llenas de monedas de oro hacia el otro lado de la muralla para recibir en retribución dos corderos para el sacrificio diario, mas esta solución duró algunos días solamente.

Un día pasó por allí una persona malvada, que conocía el método griego de lenguaje por señales (que poca gente conocía) y mandó un mensaje secreto al general romano, diciéndole que todo tiempo que los israelitas siguieran ofreciendo el sacrificio diario, la ciudad no podría ser tomada. Al día siguiente, cuando las personas pasaron la canasta con las monedas al otro lado del muro, recibieron en retribución un cerdo en lugar del cordero. Ese día hubo un terremoto cerca de Jerusalem. Una vez que se dejó de ofrecer el korbán hatamid, Jerusalem fue entregada en manos del enemigo. Esta fue la tercer tragedia ocurrida en el día 17 de Tamuz: la ruptura del muro de Jerusalem y el ingreso del enemigo a la ciudad.

4) Apostemus, el malvado, quemó la Torá (hay quienes opinan que fue Antiocus)

La cuarta tragedia fue que el malvado Apóstomo quemó los rollos de la Torá. Algunos comentaristas conjeturan que esto ocurrió durante el período del procurador romano Camanus – unos 16 años antes de la gran revolución en contra del gobierno romano. En ese momento las fuerzas militares romanas estaban en contra de los judíos y todo lo que para ellos era sagrado, causando una gran cantidad de disturbios. Otras opiniones sostienen que el incidente de Apóstomo tuvo lugar durante la conquista de los griegos, bajo el gobierno del emperador Antíoco Epifanes.

5) Un ídolo fue erigido en el Heijal (hall) del Beit Hamikdash.

La quinta tragedia que recuerda nuestra Mishná fue que en el Templo Sagrado fue colocado un ídolo, y algunos comentaristas dicen que esto fue hecho también por Apóstomo, el malvado.

“D’s destruirá a la muerte para siempre, borrará las lágrimas de todos los rostros y hará que Su pueblo no sea avergonzado nuevamente…” (Ieshaiáhu – Isaías – 25:8)

El 17 de Tamuz

1. Se ayuna durante todo el día, a partir del alba, pero no desde la noche precedente.

2. Sin embargo, una vez que se acostó y se durmió, si se despierta luego antes del alba ya no puede comer por la noche. Sólo se permite beber, pero todo el tiempo que se queda despierto puede seguir comiendo hasta el alba. Si antes de dormirse, tenla la intención de comer al despertarse antes del alba, esta permitido.

3. Toda persona enferma, aun si su estado no es grave está exenta de este ayuno.

4. Las mujeres embarazadas o que amamantan están exentas del ayuno.

5. Toda persona que por razones de salud está eximida de ayunar, solo tomará la comida estrictamente necesaria y se abstendrá de platos sabrosos y superfluos.

6. En la oración de Shajarit (plegaria matutina) y de Min-ha (plegaria de la tarde), se intercala en la Amidá el trozo Anenu antes de concluir la Berajá de Shomea Tefilá. El oficiante que pronuncia la “Hazará dice Anenu como Berajá independiente que se intercala entre las Berajot de Goalenu y Refaenu.

Después de la Amidá, se pronuncian oraciones especiales de circunstancias

7. En las oraciones de Shahrit y de Min-ha, si hay por lo menos diez personas en el kahal (congregación) que observan el ayuno, se saca el Sefer Torá para leer la Parashá relativa a los dias de ayuno: Vayhal Moshé.” Sólo los que ayunan suben a la Torá. Sin embargo, si se llama a la Torá a una persona que no ayunó, subirá en honor a la Torá.

Leyes relativas a las tres semanas de ayuno

(del 17 de tamuz al 9 de Av)

Veintiún días hay entre el ayuno de Shibá Asar Betamuz (17 de Tamuz) y el ayuno de Tishá Beab (9 de Ab). Estos días son llamados “Ben Hamezarim”.

1. Durante estas tres semanas, no se celebran bodas, no se organizan banquetes, hay que abstenerse de toda expresión de alegría, como cantos. Según cierta costumbre, sólo durante los 9 primeros días del mes de Av no se celebran bodas.

2. No se dice la Berajá Sheheheyanu sobre frutas nuevas o sobre un traje nuevo. Por lo tanto, se abstiene uno de consumir nuevas frutas de la temporada o de estrenar un vestido nuevo durante las tres semanas, a menos que no encontraría esas frutas después de las tres semanas, en cuyo caso lo mejor sería comer la fruta por primera vez en Shabat para decir Sheheheyanu ese día.

3. Si un Berit Milá o un Pidyón Habén (rescate de un primogénito) cae durante las tres semanas, el padre dice Sheheheyanu.

4. Una mujer embarazada que desea comer una fruta nueva o un enfermo que comería dicha fruta por razones de salud, dirán Sheheheyanu durante las tres semanas.

5. Durante las tres semanas, hay que abstenerse de castigar a los niños con golpes siendo que son días peligrosos.

6. A partir del mes de Av, se disminuye aun más las manifestaciones de alegría, ya que los nueve primeros días de Av son los más severos de las tres semanas. No se compran objetos o vestidos nuevos, aun para estrenarlos después de Tisha Beav. Para aprovechar ocasiones que no se presentarían después de las tres semanas, o en caso de aumento constante de los precios de esos artículos, se pueden comprar durante las tres semanas con vista a utilizarlos después.

7. Lo mismo se aplica a los zapatos,” pero como está prohibido por razones de duelo calzar cuero en Tishaa Beav, se puede comprar durante las tres semanas alpargatas que se pondrá en Tisha Beav.

8. Durante estos días, está permitido comprometerse, pero sin celebrar fiesta.

9. Está prohibido comer carne o beber vino la semana en la cual cae Tisha Beav, pero se acostumbra de abstenerse de ello a partir de Rosh Hodesh (1 de Av), con excepción del Shabat, y según ciertos Maestros del Rosh Hodesh mismo. Para una comida que acompaña a una Mitsvá, como en ocasión de un Berit Milá o un Pidyón Habén, está permitido comer carne y tomar vino aun durante esa semana.

10. Desde el 10 de Av sólo se hace la She-hita (ritual matarife) para las necesidades del Shabat, de comidas en ocasión de Mitsvot y de personas enfermas.

11. La semana de Tishaa Beav, está prohibido lavar ropa aun para utilizarla después de Tisha Beav. Se pueden lavar pañales o ropa interior de infantes, haciéndolo discretamente.

12. La semana de Tisha Beav, está prohibido cortarse el cabello o afeitarse.

13. La semana de Tisha Beav, no hay que bañarse todo el cuerpo, aun con agua fría, ni sumergirse en agua del mar. Esto se refiere a baños de placer, pero por razones de salud o si se sufre del sudor, puede bañarse. Un obrero que se ensució en el trabajo puede lavarse como de costumbre.

Shabat hazon

1. El Shabat que precede Tishaa Beav es llamado Shabat Hazón, a nombre de la Haftará relativa a ese Shabat: “Hazón Yeshayahu Ben Amos”, la tercera de la serie de 3 Haftarot que nuestros Sabios fijaron para los Shabatot de esas tres semanas, o sea: Divré Yirmiyahu, Shim-u y Hazón Yeshayahu, que predicen castigos para nuestro pueblo. Esas tres Haftarot son designadas por Tlata de Pur-anutá.

2. Los siete Shabatot entre Tisha Beav y Rosh Hashaná, se lee una segunda serie de siete Haftarot designadas por Shivaa de Ne-hamatá, conteniendo profecías de consolación y de salvación para nuestro pueblo.

3. Si Tisha Beav cae en Shabat, el ayuno es postergado para el domingo, y ese Shabat, Shabat Hazón, se toman comidas habituales de carne y vino en honor al Shabat, con la sola diferencia que la Seudá Shelishit (tercera comida de shabat) ha de acabarse antes de la puesta del sol, a partir de cuyo momento empieza el ayuno, y no puede prolongarse como de costumbre.

4. La víspera de Shabat Hazón, está permitido bañarse, cortarse las uñas, ponerse ropa limpia, y cambiar de vestido en honor al Shabat, aun si Tisha Beav cae el Shabat.

(Selección extraída del libro “Shulján Aruj”, Recopilación de leyes prácticas, © Jerusalem de México)

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SHAVUA TOV

SHABAT SHALOM

La energía del mes de Tamuz (III)

Las letras y el punto de máxima caída

Si bien la energía negativa de desviación comienza a influir en el mundo a partir del mes de tamuz, su punto máximo es alcanzado en el mes siguiente, el mes de av. Como uno de los tantos ejemplos diremos que los dos templos de Jerusalén fueron destruidos el 9 del mes de av. También los espías que recorrieron la Tierra de Israel durante todo el mes de tamuz, regresaron junto a Moisés el 9 del mes de av.
Lo caída energética que comienza en el mes de tamuz se completa en el mes de av.
Los sabios indican que precisamente en este día – el 9 del mes de av – en el punto de máxima caída, en el fondo energético del calendario, debemos dedicarnos a la lectura del libro bíblico de Lamentaciones. Citamos a continuación algunos pasajes de los cinco capítulos de este conmovedor texto bíblico:

· “¡Cómo ha quedado solitaria la ciudad que estaba llena de gente! ¡Cómo se ha tornado viuda” Ella, que era grande entre las naciones y princesa entre las provincias, ¡cómo se ha vuelto tributaria! Llora amargamente de noche, y sus lágrimas cubres sus mejillas. No tiene a nadie que la consuele entre todos sus amantes. Todos sus amigos se comportaron traicioneramente con ella. Se convirtieron en sus enemigos. Judá ha sido en cautiverio con gran aflicción y dura servidumbre. Habita entre los paganos y no halla descanso, alcanzada por todos sus perseguidores” (Capítulo 1).

· “¡Cómo cubrió El Eterno con una nube la hija de Sión en Su ira! Ha arrojado del cielo a la tierra la belleza de Israel, y no se acordó del escabel de Sus pies en el día de Su ira. Tragó El Eterno sin piedad todas las moradas de Jacob. Derribó en Su indignación las fortalezas de la hija de Judá… (Capítulo 2).

· “Yo soy el hombre que ha visto la aflicción por la vara de Su ira…Busquemos y probemos nuestros caminos, y volvamos a El Eterno. Elevemos nuestro corazón con nuestras manos a Dios en el cielo. Hemos pecado y nos hemos rebelado…Pletórico de ira nos perseguiste. Mataste sin compasión. Te cubriste con una nube, para que no pudiera llegarte ninguna plegaria. Nos pusiste como heces y basura en medio de los pueblos” (Capítulo 3).

· ¡Cómo se ha oscurecido el oro! ¡Cómo se ha alterado el oro más fino! Las piedras santificadas son esparcidas en la esquina de cada calle. Los preciados hijos de Sión, comparables al oro fino, son ahora menospreciados como si fuesen tiestos de barro, obra de manos de alfarero…Las manos de las mujeres plenas de compasión, han cocido a sus propios hijos. Estos fueron su alimento durante la destrucción de la hija de mi pueblo” (Capítulo 4).

· “Recuerda, oh Eterno, lo que nos ha sobrevenido. Contempla nuestro oprobio. Nuestra herencia es poseída por extranjeros, nuestras casas por extraños. Nos hemos vuelto huérfanos. No tenemos padre, y nuestras madres son como viudas. Los ancianos ya no se reúnen en el portón, los mancebos ya no hacen oír su música. Ha cesado la alegría de nuestro corazón. Nuestra danza se tornó en luto. Ha caído la corona de nuestra cabeza. ¡Hay de nosotros, por haber pecado! Desfallece nuestro corazón, y nuestros ojos ven las cosas turbias. Sobre la montaña de Sión, que está desolada, andan los zorros…Vuelve a nosotros, oh Eterno, y nosotros volveremos. Renueva nuestros días como antaño. ¡No puedes rechazarnos enteramente y airarte al extremo con nosotros! (Capítulo 5).

Tal obra, además de referirse en su contenido a Jerusalén desolada y destruida y al pueblo sometido al máximo sufrimiento, también a través de ciertos detalles aparentemente insignificantes nos permite llegar al núcleo mismo de su mensaje.
Pequeños detalles, diminutos, aparentemente insignificantes, colmados de señales y de huellas de sabiduría.

Me permito solicitarles vuestra máxima atención.

* * * *

Si leemos el libro de Lamentaciones con detenimiento notaremos que todos sus capítulos, a excepción del último, están ordenados respetando el orden del abecedario hebreo. Significa: los versículos comienzan con letras que mantienen el orden estricto del abecedario.

Mas a partir del segundo capítulo encontramos una modificación en el orden del mismo: la letra pei aparece escrita antes que la letra ain (Ver Tablas de letras en la Introducción de esta obra).
Los sabios del Talmud (Tratado de Sanhedrín), atentos y sensibles a todo cambio o modificación, indican que en realidad tal inversión en el orden de las letras pei y ain no es casual sino que, por el contrario, encierra un mensaje muy profundo, y lo ejemplifican precisamente citando el caso de los espías enviados por Moisés: ellos dijeron con sus bocas – pei – lo que sus ojos – ain – no vieron.
En pocas palabras, la raíz del exilio, la caída y la destrucción está simbolizada por la modificación del orden correcto entre la letra pei y la letra ain, lo cual indica la posibilidad humana de hablar lo que nuestros ojos no vieron.
Qué sugerente y qué significativo resulta entonces reflexionar acerca de la enseñanza de los sabios que indica que precisamente entre estas dos fechas históricas – el 17 de tamuz y el 9 de av – existen veintidós días, el mismo número que conforma el abecedario hebreo.

Los cuatro sabios

Tal vez uno de los pasajes más famosos y maravillosos del Talmud nos sirva para acercarnos un paso más a los conceptos citados. Más precisamente, nos referimos al relato talmúdico acerca de los cuatro sabios que ingresaron al huerto – pardés (Talmud, Tratado de Jaguigá 14b). Presentamos a continuación una traducción resumida de aquel texto, la cual ya incluye algunas explicaciones para facilitar la comprensión del lector:

Enseñaron los sabios: “Cuatro entraron al pardés, y éstos son: Ben Azay, Ben Zoma, Ajer, y Rabí Akiva…. Ben Azay observó y murió… Ben Zoma, observó y fue afectado… Ajer corrompió su percepción de la divinidad, y Rabí Akiva salió en paz.”

Evidentemente el texto se refiere a cuatro sabios que intentaron investigar los niveles místicos más profundos – el pardés – razón por la cual el estudio de este pasaje es un pilar de los textos cabalísticos.

Y quien de un modo dramático toma el centro de la escena, y convoca la máxima atención, es la figura de Elisha Ben Abuia, el cual a partir de su desviación herética pasa a ser llamado por el Talmud con un nombre sugerente: Ajer. El sabio deja de ser quien fue y se transforma en “otro”: Ajer.
El mismo Talmud relata lo sucedido a Ajer en “las alturas”. Es fundamental destacar que nada de lo dicho aquí debe ser tomado al pie de la letra ya que, sin duda, el texto de sabiduría sugiere niveles de comprensión que nos superan por completo. De todos modos, el sentido llano del pasaje talmúdico podemos resumirlo del siguiente modo:

Cuando Ajer ingresó al pardés, vio a uno de los ángeles principales, a quien se había dado el permiso para sentarse y anotar los méritos de Israel. Entonces Ajer recordó que había aprendido que, entre otras cosas, en las alturas no existía el concepto de sentarse, lo cual lo confundió. Por consiguiente, al ver que de todos modos un ángel estaba sentado en contra de las leyes y decretos celestiales, concluyó que “tal vez existían dos poderes en los Cielos”: el de Dios, y el del Angel que estaba sentado. Y a pesar de que en los Cielos intentaron demostrar a Ajer – castigando al ángel con sesenta golpes de fuego – que en realidad existía un solo y único dominio y poder, el divino, el sabio no modificó sus pensamientos acerca de la dualidad en las alturas. El daño en su aprehensión de la divinidad ya había afectado lo más profundo de su ser.

Maimónides, en su Guía de Perplejos (Primera parte, capítulo 32), se refiere a este texto hermético:

“Lo propio acaece en cuanto a las percepciones intelectuales, puesto que, si te detienes en lo obscuro y no te engañas a ti mismo creyendo demostrado lo indemostrable, en orden a materias que no lo han sido; si no te apresuras a rechazar y declarar categóricamente falsas cualesquiera aseveraciones cuyas contrarias no se hayan demostrado; si, en una palabra, no te empeñas en penetrar lo que te es imposible, habrás llegado a la perfección humana y conseguido el rango de Rabí Akiva, que “entró en paz y salió en paz”… Ahora bien, si te lanzas a la aprehensión de cosas que exceden tu capacidad o te precipitas a declarar falsas aquellas aseveraciones que no hayan sido demostradas o que son imposibles, siquiera sea remotamente, te clasificas con Elisha, Ajer, y además de no lograr la perfección, te quedarás en el ínfimo grado de la imperfección, y te ocurrirá que sobrevalorarás las fantasías, te sentirás arrastrado al vicio, a la depravación y el mal, secuela de los prejuicios del intelecto y extinción de su luz”.

Y si entendemos que los ojos simbolizan el estudio profundo y la investigación, el análisis pausado y la inclinación contemplativa, bien podemos afirmar que en este caso “la boca” prevaleció a los ojos y Ajer, simplemente, no los tuvo en cuenta.

Tal vez esta sea la interpretación de Maimónides al afirmar: “si no te apresuras a rechazar y declarar categóricamente falsas cualesquiera aseveraciones cuyas contrarias no se hayan demostrado”, y también “te precipitas a declarar falsas aquellas aseveraciones que no hayan sido demostradas o que son imposibles, siquiera sea remotamente”. O en nuestro lenguaje, si no antepones tu boca a tus ojos o, la letra pei a la letra aín.

Profundicemos

Si bien la tergiversación en el orden de las letras que simbolizan la boca y los ojos puede parecer un detalle insignificante, los sabios místicos nos enseñan que esta combinación inversa es absolutamente destructiva.

En la simbología mística, los ojos representan la fuente de información y contacto con la realidad, mientras que la boca expresa la traducción de tal relación en ideas y palabras.
No sorprende entonces que la palabra bíblica para denominar a una fuente de agua sea idéntica al nombre de la letra: ain. ¿A que se debe tal estricta relación lingüística? Muy sencillo: tanto la letra como la fuente de agua representan el origen y el punto inicial de un fluir y una dinámica determinados.

Cuando el ojo ocupa el lugar correcto, entonces la boca refleja de modo transparente la realidad.
Cuando la boca funciona de modo independiente, desconectada de los ojos, entonces la transparencia se transforma en confusión y la realidad en simple imaginación.

La boca ya no traduce la información que le brinda el ojo, sino que sirve pleitesía a los deseos del hombre.

La boca ya no busca reflejar estrictamente la realidad; ahora habla deseos, pronuncia voluntades.

Mucho más grave aún: una vez que la boca habla disfrazada de fuente, cuando llega el turno del ojo éste ve lo que la boca ha dicho, que a su vez es lo que el deseo le ha dictado.

El ojo ahora cree observar una realidad que no es más que la expresión de sus deseos.
En lugar que la boca marche detrás de los ojos, éstos aprehenden la realidad descripta falsamente por la boca.
La boca ya no expresa lo observado sino que, por el contrario, se observa lo expresado por la boca.

Los sabios místicos revelan que esta desarticulación entre la boca y los ojos representa la raíz de toda caída y destrucción.

El orden correcto de los ladrillos y las piedras energéticas posibilita una construcción estable de los cimientos y las bases. Mas cuando el orden se modifica y se corrompe, el futuro edificio está condenado a tambalearse y caer destruido en mil pedazos.

El desorden de letras y el hombre contemporáneo

Si bien hasta ahora hemos analizado el tema a un nivel abstracto y teórico, sin duda que todos nosotros reconocemos en nuestro mundo interior esta dinámica destructiva y corrosiva.

La boca habla y determina; los ojos más tarde observan lo dicho.

El hombre contemporáneo vive atrapado en un universo gigantesco de palabras. Mas exactamente en una cárcel con rejas de palabras: palabras de radio, palabras de televisión, palabras de periódico, palabras de revista, palabra digital, palabra celular, palabra de internet, palabra…

Sobra aclarar que en su enorme mayoría se trata de palabras pronunciadas por bocas que preceden a los ojos.
Palabras que violan el orden natural, palabras que son semillas de futuras destrucciones.

¿A qué se debe este fenómeno enfermizo?

Los hombres contemporáneos pueden ser calificados en alguna de estas dos categorías: aquellos que viven desconectados del tiempo o aquellos que repiten sin cesar que el tiempo no les alcanza para nada.

En ambos casos – ya sea debido a la desconexión o a la carencia – el hombre contemporáneo no dedica el tiempo mínimo y elemental que se requiere para observar la realidad, analizarla, reflexionar al respecto y sacar conclusiones. Por el contrario, apurado, atolondrado y aturdido, habla y parlotea sin descanso. Y una vez que ha hablado y dicho todo sobre todo, entonces le llega el turno a su ojo fugaz que – nuevamente carente de tiempo o desconectado del mismo – coincide plenamente con todo lo dicho.
Sus ojos ciegos aprehenden una realidad inventada por su boca de cotorra.

En el campo urbano, social y cultural, las palabras de radio, diarios y televisión se prestan “desinteresadamente” a reemplazar la boca del hombre contemporáneo, ocupada en hablar de sus cosas privadas. Y muy curiosamente, los ojitos agotados del hombre moderno terminan viendo y captando la realidad tal como la Gran Boca la ha pronunciado y explicado.
¿Puede un hombre cuerdo imaginar combinación más dañina y perversa que esta?

Comenzando a cerrar el círculo

En otra parte de El Calendario Cabalístico escribimos que en la mayoría de los casos seguimos leyendo y analizando la Biblia tal como la aprendimos y la estudiamos en el colegio. Aunque sin desprendernos de esta perspectiva, nos será imposible explicar y entender cómo un pueblo que había visto y oído a la divinidad descender entre nubes, fuego y relámpagos sobre el Sinaí, tras cuarenta días construye un becerro de oro y le proclama fidelidad absoluta. Tal como tampoco nos resultará muy sencillo comprender cómo los representantes más notables de cada tribu espiaron la tierra de Israel y transmitieron al pueblo ansioso y esperanzado un informe tergiversado y engañoso.

Nuestros sabios místicos lo explican afirmando que ellos realmente “vieron”, y que en ningún caso se trata de gente mentirosa o embustera.

Sólo que ellos “vieron” lo que ya había hablado su mente y su corazón. “Vieron” sus deseos, vieron sus miedos y temores, vieron sus deseos que exigían comodidad y refugio.

El pueblo de Israel “realmente” observó en los cielos el entierro de Moisés, porque sus mentes ya se habían dicho a sí mismas que seguramente el gran maestro no regresaría.

Los diez espías “realmente” vieron que hombres gigantes e invencibles habitaban la tierra prometida debido a que sus corazones ya habían sido capturados por la cobardía y por la duda.

La letra del mes

Los libros místicos relacionan al mes de tamuz con la energía particular de la octava letra del abecedario hebreo, la jet. Y para entender al menos algo de esta enseñanza, resulta fundamental primamente aclarar algunos conceptos.

Es sabido por todos, inclusive por aquellos que no se introdujeron en el mundo de la mística, que la semilla encierra al futuro árbol. O dicho en términos conceptuales, la semilla representa el nivel “en potencia” del futuro árbol “en acto”. Dos niveles, dos estados relacionados de modo esencial. No obstante, esta misma idea tan simple puede tomar dimensiones mucho mayores cuando la llevamos a un plano un tanto más abstracto.
En el lenguaje de los sabios, el principio o el inicio de toda cosa o fenómeno, encierra todo lo que sucederá con el correr de las horas, los días o los años.
El Talmud señala que la primera vez que una idea es expresada en la Biblia, éste es el sitio del cual se puede aprender de modo más claro y puro acerca de la misma. Más profundo aún, y aplicando estas ideas a nuestro tema en particular, la primera vez que una letra aparece en la Torá, de esta primera aparición y de su contexto puede entenderse la esencia de la letra.
¿Cuál es la primera oportunidad en la que aparece la letra jet? Muy sencillo: en el segundo versículo del libro del Génesis, como inicio de la palabra oscuridad: joshej.
Y tras haber leído nuestro análisis de la energía de tamuz, no sorprende que letra del mes sea la jet, ya que durante el mismo la visión se enturbia, el ascenso se detiene, y la luz que junto al Sinaí parecía eterna, lentamente comienza a tornarse en oscuridad.

Volvamos a Tamuz

Tal lo dicho, los textos de sabiduría describen a tamuz como a un profeta de idolatría. Y no solamente como un simple profeta sino como el más grande de todos, razón por la cual los ídolos de los cuatro rincones del planeta se reunieron a llorarlo.

Los sabios místicos enseñan que la imagen de tamuz como el Gran Profeta de la idolatría, alude al punto máximo de palabras desconectadas de toda visión.
La Gran Boca que marcha delante de los pequeños ojos.

Sólo una boca desconectada por completo de los ojos puede llegar a construir una realidad y a crear un mundo sin base, imaginario por completo, un escenario en el que todo puede suceder.

El mundo imaginario del idólatra en el que un turbio entierro sucede en los cielos, un mundo en el que a un becerro de oro recién hecho con aretes de mujeres se le adjudican poderes trascendentes, y a hombres simples, de carne y hueso, se los aprehende como gigantes invencibles.

El trabajo espiritual del mes

1. El valor de la caída

Uno de los sabios pensadores más brillantes de la historia de Israel, Rabeinu Tzadok Hakohen, se ocupa en varias partes de su obra del revalorizar precisamente la caída y el descenso de la persona. Este gigante espiritual nos revela que el camino natural de la persona es ascender, alcanzar un determinado punto, una cima individual, para después descender nuevamente y comenzar la tarea de ascenso buscando y aspirando nuevos logros. ¿Acaso esto significa que necesariamente la persona deberá caer en su camino ascendente? Y la respuesta del cabalista es positiva, y mucho más aún: el ascenso posterior es directamente proporcional a la profundidad de la caída precedente.

En nuestro modo superficial de entender la realidad, categorizamos al ascenso como positivo y al descenso y a la caída como negativo. Lo bueno – el ascenso – se detiene y se interrumpe, para dar lugar a lo malo y decadente – el descenso y la caída. No obstante, y tal como lo enseña el sabio, el ascenso y la caída pueden entenderse también de un modo más profundo como dos elementos necesarios de un proceso de crecimiento y desarrollo espiritual.

Un jasid se quejó al rabí de Lublín de que era atormentado por un deseo pecaminoso y sentía abatido por ello. El rabí le dijo: “Guárdate ante todo del abatimiento, porque es peor y más pernicioso que el pecado. Cuando la inclinación al mal despierta deseos en el hombre, lo que le interesa no es sumirlo en el pecado, sino sumirlo en el abatimiento por el camino del pecado”.

Lo escribimos al comienzo de este libro: el Mal constituye un elemento esencial en la historia de la humanidad, y es el elemento divino que permite al hombre trabajar y superarse. Es cierto, el Mal provoca la caída del hombre, más el descenso posibilita a la persona profundizar en el acto de vivir, alcanzar mayores niveles de comprensión, y fortificar sus persona para los tiempos venideros.

Preguntaron a Rabí Shmelke: “Por qué se considera tan glorioso el sacrificio de Isaac? Por ese entonces nuestro Padre Abraham había alcanzado un alto rango de santidad, por lo uqe no es de extrañar que hiciera inmediatamente lo que Dios le pidió”.
El contestó: “Cuando un hombre es sometido a prueba, todos los rangos y toda la santidad le son quitados. Despojado de todo lo que alcanzó, se enfrenta cara a cara con Aquel que lo está probando”.

Debemos cambiar nuestra concepción acerca del Mal hasta poder afirmar sin titubeos que el Mal es un bien que no entendemos.

A un nivel superficial no lo entendemos, mas cuando profundizamos, cuando estudiamos, cuando reflexionamos, rápidamente descubrimos que una vida sin grietas ni quebrantos sería un paso monótono por el tiempo, una vida sin trabajo, sin superación, una vida regalada y carente de sentido.

Toda vez que Rabí Itzjak llegaba al pasaje de la Hagadá de Pesaj donde se habla de los cuatro hijos y allí leía acerca del cuarto, ése que “no sabe cómo preguntar”, decía: “Aquel que no sabe cómo preguntar, soy yo mismo, Levi Itzjak de Berditchev. No sé cómo preguntarte, Señor del mundo, y aun si lo supiera, no soportaría hacerlo. ¿Cómo osaría yo preguntarte por qué todo sucede como sucede, por qué somos expulsados de un exilio a otro, por qué se permite a nuestros enemigos atormentarnos? Pero en la Hagadá, al padre de “aquel que no sabe preguntar” le es dicho: “A ti te corresponde revelárselo”. Y, Señor del mundo, ¿no soy yo tu hijo? No te ruego que me reveles el secreto de tus caminos: ¡no podría soportarlo! Pero muéstrame una cosa, muéstramela más clara y más profundamente: muéstrame qué significa para mí esto que sucede en este mismo momento, qué exige de mí, qué es lo que tú, Señor del mundo, me está diciendo por ese medio. Ah, lo que quiero saber no es por qué sufro, sino solamente si sufro por tu causa”.

En el mes de tamuz comienza la caída de Israel tras alcanzar su punto máximo a los pies del Monte Sinaí. Y es un tiempo en el que soplan energías de tropiezo y de caída. ¿Acaso esto es peligroso? Claro, muy peligroso, para quien aún no ha comprendido el valor fundamental de la caída y su importancia para el próximo ascenso.

2. Elegir lo verdadero

Dijimos más arriba que, tal como lo explica el genial sabio cordobés, Maimónides, Adán, antes de probar el fruto prohibido y antes de provocar la confusión antes detallada, distinguía en su mundo cuatro aspectos diferentes: lo verdadero, lo falso, lo bueno y lo malo. Y esto, todo el tiempo que el Mal se encontraba afuera de su persona. Como es lógico, él se guiaba por lo correcto y lo falso, y su camino era elegido de acuerdo con la verdad. Mas al caer, al “acceder” al conocimiento que El Eterno le indico no probar, su vida ya no se rige por lo verdadero y lo falso, o lo correcto o incorrecto sino por lo bueno y malo. El hombre que basa su vida en lo que le parece bueno o malo, en lo que la agrada o le da rechazo, es un digno representante del hombre, mas en su estado decadente posterior al pecado. El Bien y Mal, entremezclados y confusos desplazan y oscurecen a la Verdad y la Mentira.

Pensemos y reconozcamos con toda franqueza: ¿cuantos de los caminos que elegimos son escogidos por nosotros por tratarse de caminos verdaderos? ¿O es que acaso sólo vamos detrás de lo que nos gusta y nos causa placer?

Un hombre acudió a Rabí Levi Itzjak y se quejó: “Rabí, ¿qué he de hacer con la mentira que constantemente se infiltra en mi corazón?” Se detuvo y luego gritó muy alto: ¡Oh, y ni siquiera lo que acabo de decir fue dicho sinceramente! ¡Jamás encontraré la verdad! De desesperación, el hombre se arrojó al suelo.

¡Con cuánto fervor busca este hombre la verdad!, dijo el rabí. Con mano suave lo levantó del suelo y dijo: “Está escrito en el libro de los Salmos: “La verdad brotará de la tierra”.

Existe un texto talmúdico, al final del Tratado de Sotá, en el que los sabios se refieren a la características de los años finales de la historia y del mundo. Allí se determina, entre otras cosas, que en los tiempos anteriores a la venida del Mesías “la verdad va a faltar”. Es decir, serán tiempos en los que el hombre no tomará en cuenta a la verdad y, por el contrario, marchará detrás de los deseos de su corazón.

En el mes de tamuz Israel realizó mal la cuenta de los días que Moisés debía permanecer sobre el Monte, y es el mes en el que al pueblo le pareció ver algo así como el entierro del líder en los cielos. Mas, si realmente aquella generación hubiese buscado la verdad con todo su corazón, no con tanta celeridad hubiesen reemplazado al mismo Moisés por un becerro de oro, construido por sus propias manos, desprovisto por completo de todo elemento de santidad trascendental. ¿Un pueblo que se guiará por la verdad podría haber exclamando ante este ídolo “éste es quien nos sacó de Egipto?

Un discípulo preguntó al rabí de Lublín: “Rabí, tú nos enseñaste que si un hombre conoce su propio valor y echa cuentas honradas con su propia alma, a él puede aplicársele el dicho popular: “Sacar las cuentas es pagar la mitad de la deuda”. ¿Cómo debemos entenderlo?
“Cuando se envía mercadería a través de la frontera”, dijo el rabí, “se le aplica el sello del rey y esto la certifica. De modo que cuando un hombre hecha cuentas honradas con su alma, la verdad, que es el sello de Dios, se aplica sobre él, y queda certificado”.

De modo equivocado solemos pensar relacionar al bien con el placer, y al placer con el bien. No obstante, todo el tiempo que lo correcto no es tomado en cuenta, cada elección que no considera también a la verdad, se condena a sí misma a durar muy poco tiempo. La idea del bien cambia y se modifica con el tiempo, y lo que antes nos provocaba placer, hoy nos genera rechazo. Mas la verdad es eterna, la firmeza de la misma se mantiene por siempre. Y tal vez debamos alguna vez permitirnos pensar que quizá el saber que hacemos lo correcto, por elección, conscientemente, es lo que a la larga provoca en nosotros el máximo placer. El único que, por basarse en la verdad inmutable, tampoco se modifica con el paso de los días y los años.

Aprovechemos la energía de este mes para revisar nuestros actos y para decidir si queremos basarlos y apoyarlos en parámetros y pilares verdaderos o en nuestras vanas y cambiantes ideas del bien, del mal y del tan inestable placer.

3. Anticipar los ojos a la boca

Aprendimos que la caída más dañina comienza en el momento en el que la persona modifica el orden de sus ojos y su boca. En lugar de hablar lo que ve, primero habla, y después observa. Y dijimos también que lo más grave de esto es que al final los ojos terminan “viendo” lo que su boca dijo. Los invito a reflexionar acerca de cuánto de los que normalmente opinamos con un tono de máxima seguridad se basa en hechos comprobados y estudiados a fondo.

Para explicarlo citaré un ejemplo maravilloso.
La Biblia nos relata que cuando el pueblo de Israel, tras cruzar el desierto, se aprestaba a entrar a la Tierra Prometida, el rey de Moab, Balak, sobremanera se asustó y decidió tramar un plan para evitar que Israel llegara a su tierra. Entonces, mandó a llamar al máximo “profeta” de aquéllos días, Bilaam, para que observara a Israel desde lejos y lo maldijera. El Talmud, en el Tratado de Berajot, enseña que el gran poder de Bilaam consistía en que sabía calcular exactamente el instante en el que Dios se enoja, y entonces en este preciso momento también él maldecía y vilipendiaba. Y si bien al fin y al cabo el plan de estos dos malvados fracasó, y las maldiciones fueron trocadas en bendiciones, el Talmud de todos modos se interesa por un punto particular de esta historia: ¿cómo el malvado Bilaam podía lograr maldecir en sólo un instante? Y la respuesta de los sabios es que el mínimo tiempo de un instante le era suficiente para pronunciar el término hebreo “kalem”: ¡que sean exterminado!
Para entender esta maldición, diremos que Maimónides escribe que la palabra rey, melej, está compuesta por tres letras: mem, lamed y jaf, y que este orden no es casual. La primera letra, la mem, marca el nivel del moaj, del cerebro y de la mente de la persona, que es la que debe conducir al individuo; la segunda letra, la lamed, es la que refiere al nivel del lev, el corazón, el cual debe seguir a la mente, y por último, la letra jaf marca el nivel del hígado, el kaved, el cual es asociado con la sangre y domina al aspecto físico y corporal de la persona. En resumen: rey, melej, es quien anticipa la mente a sus sentimientos, y éstos a su cuerpo.
La maldición kalem, la cual pretendía dañar al pueblo de Israel, reúne la mismas letras que rey, melej, aunque en el orden inverso. ¡Pobre de la persona cuyo cuerpo determina el camino, el sentimiento lo sigue, y sólo después permite a su mente tomar parte en la decisión! ¿Puede acaso imaginarse una persona mayor maldición que esta? En el plano más practico posible, imaginen a una persona eligiendo comprar un automóvil porque al manejarlo lo disfruta, su color le atrae y le sienta bien. Luego, claro, una vez que sus actos y su deseo lo han impulsado a gastar miles de dólares, explicará a sus amigos que se trata de un excelente motor, y que es sumamente sabido que el mismo da muy buenos resultados. Los actos, los sentimientos, y recién después la cabeza en funcionamiento. Dejo a la imaginación del lector la aplicación del mismo ejemplo a la elección de una pareja…
Cuando la boca habla sin que los ojos hayan revisado los hechos, la persona funciona de modo inverso y, esto garantiza su futura derrota.

Una vez, en la mesa, Rabí Uri dijo las palabras del salmo con gran fervor: “Abre mis ojos, y miraré las maravillas de Tu Ley” (119:18). Luego las explicó de esta manera:

“Sabemos que Dios, antes de crear el sol y las estrellas, creó durante el primer día una gran luz para que el hombre pudiera mirar de un extremo al otro del mundo sin que ninguna cortina se interpusiera entre su mirada y lo que era visto. Pero después Dios ocultó esa luz. Por eso David suplica ante el Creador: “Abre mis ojos”. Porque no es realmente el ojo, con su blanco y su pupila, lo que produce la visión; el ojo tiene visión porque e poder de Dios se la da. Pero una cortina impide que el ojo vea lo que está lejos en la misma forma que ve lo que está cerca. David suplicaba que esta cortina fuera eliminada, para que pudiera admirar la maravilla de todo lo que existe. Porque, dice, “de Tu Ley”, o sea de acuerdo con la Torá, veo que no debe haber separación alguna”.

Y si alguna vez, precipitadamente, anticipamos la boca a los ojos, y creamos una realidad propia, basada en nuestra fantasía, como el idólatra, debemos al menos estar dispuestos a rectificar nuestras ideas cuando la realidad nos demuestra la contrario. ¡Cuántas veces por orgullo nos aferramos a conceptos o a ideas que expresamos y no estamos dispuestos a modificarlos en ningún caso! ¡Cuántas veces clamamos a los cielos porque sentimos que en nuestro mundo la presencia divina aparenta estar ausente! Mas es completamente cierto: Dios habita en el mundo creado por El y no en el que nosotros inventamos o imaginamos. Es cierto, el mundo que es producto de nuestras fantasías no es habitado por Dios, y, por consiguiente, no podemos quejarnos ante El o pedirle explicaciones de lo que en el sucede.

Uno de los seguidores de Rabí Moshé era muy pobre. Se quejó al rabí de que su estrechez le impedía aprender y orar.

“En este día y en este tiempo”, dijo Rabí Moshé, “la mayor devoción, mayor que el estudio y la oración, consiste en aceptar el mundo exactamente tal como es”.

También a Ajer intentaron demostrarle en los cielos su error y su equivocación, mas él ya había sacado sus propias conclusiones, a las cuales se aferró hasta llegar al final, al escalón más bajo, a lo más profundo de su caída.

Aprovechemos la energía de tamuz para reordenar nuestra estructura interna, para dar prioridad a nuestros ojos y para que las palabras que salgan de nuestra boca sean fieles a un sistema que nos permita ser reyes… de nuestra persona y nuestra vida.

Costumbres y leyes relacionadas con Tamuz

· Tal lo dicho, el 17 de tamuz ocurrieron muchas tribulaciones al pueblo de Israel: las primeras tablas de la Ley fueron quebradas, se anuló el sacrificio de tamid, el cual era ofrecido antes de la destrucción del Templo, las murallas de Jerusalén fueron penetradas por los enemigos, la Torá fue quemada y se erigió un ídolo en santuario del Templo.

El recuerdo de estos acontecimientos dolorosos y su preservación en el corazón de cada persona sirve como punto de partida para la realización de la introspección personal, el retorno a Dios con arrepentimiento sincero y el mejoramiento de las acciones, todo ello con el propósito de que estas tribulaciones no vuelvan a ocurrir. Debido a esta razón, el 17 de tamuz es declarado como un día de ayuno comunitario.

Es importante destacar lo que Maimónides escribió al respecto:

“Hay días en los que todos ayunan – a causa de las tribulaciones que les ocurrieron – a fin de conmover los corazones y de abrir las puertas del arrepentimiento. Esto constituirá una remembranza de nuestras malas acciones, así como de las acciones de nuestros padres que son como nuestras acciones ahora, al punto tal que ello provocó – tanto a ellos como a nosotros – dichas tribulaciones”.

· Las tres semanas que van desde el 17 de tamuz hasta el 9 de av, son denominadas bein hametzarim debido al versículo del libro de Lamentaciones que describe así la destrucción del Templo: “Todos sus perseguidores la alcanzaron entre los estrechos – bein hametzarim” (1:3).

· En cada Shabat, durante el período de bein hametzarim, después de la lectura de la Torá en la sinagoga se lee tres secciones de los profetas que hablan acerca de la retribución y los castigos que acontecerán debido a los pecados del pueblo.

· Desde el 17 de tamuz hasta el día después al 9 de av, no se celebrar matrimonios. En algunas comunidades sefardíes no se celebran matrimonio únicamente a partir del comienzo del mes de Av y hasta después del 9 de av. No obstante, está permitido comprometerse durante todo el período de bein hametzarim.

· Está prohibido cortarse el cabello y rasurarse durante las tres semanas de bein hametzarim. Empero, a los sefardíes les está prohibido hacerlo únicamente a partir de la semana en la que tiene lugar el 9 de av.

Parashá KORAJ. 5 TAMUZ 5769 (27 de Junio de 2009)

Comentario: La muerte de los ideales

“La vida es una lucha” que “es cruel y es mucha”. ¿Verdad? Así dicen. Mirando alrededor de uno, se ve que toda la gente se “mata” por sobrevivir y parecería ser que es verdad. La pregunta legítima es, sin embargo: ¿es lo mismo vivir que pelear por la subsistencia? No estoy tan seguro. Es más. Me parece que a la mayoría de la gente se le mezcla la terminología y siente que “luchar por la vida” es sinónimo con el esfuerzo diario por mantenerse “a flote”. Efectivamente, considerando la incertidumbre en la que está sumida gran parte de la sociedad, pensar en una vida con un proyecto, se convirtió en un lujo para el cual cuesta encontrar tiempo y dedicación mental. Días vienen y días pasan, y así transcurren meses, años y nuestra vida completa sigue su curso sin tener un rumbo definido con un objetivo claro de “hacia dónde” o “para qué”. Es lamentable decirlo, pero así se desliza la vida de muchos sin un plan, sin programa y sin propósito.

Cuando se escucha hablar a la gente, dicen que lo que importa, al final de cuentas, es poder llegara a gozar de un poco de tranquilidad, ver crecer sanos a los hijos (“lo que importa es la salud”) y tener una ancianidad sosegada. ¿Y qué decimos nosotros al respecto? Bajo ningún concepto, estamos de acuerdo con ese pensamiento. Sobrevivir, subsistir o prevalecer, pertenecen a los instintos y necesidades que tenemos en común con el género animal, pero no se pueden considerar, de ningún modo, objetivos humanos. ¿Por qué? Porque la estabilidad y la permanencia en si no explican la razón de existir, ni le dan significado o valor a la vida a un ser con raciocinio, como somos los seres humanos . Pues entonces: ¿de qué se trata esta pugna? ¿A qué denominamos “vida”?

La respuesta es que “vida” es la lucha por una causa o por un ideal. Lo que realmente le da significación a la vida es el fin y el objetivo por el cual se vivió. Posiblemente, para muchos judíos, aun siendo observantes, la vida no les parezca muy distinta a la del resto del entorno en el cual viven, con la diferencia que deben cumplir preceptos en distintos momentos del día, de la semana, etc. Obviamente que todas las Mitzvot que cumplen, son meritorias. Sin embargo, “vivir” es mucho más y no se reduce a ciertos momentos inspirados con espiritualidad. Quizás a esta clase de desafío se refieran las palabras de los Sabios: “Toda pelea que tenga un objetivo Di-vino, se mantendrá”. Dado que la Torá es permanentemente innovadora, siempre desafía a la humanidad a superarse y a no caer en los vicios de la mediocridad, del auto-engaño y del egoísmo y quien adhiera a los principios que enseña la Torá, deberá luchar para difundirlos en condiciones indefectiblemente adversas. De esta manera, todos los momentos de la vida, cobran un sentido distinto, pues son todos una oportunidad de expresar ideas en la práctica. Aun, las acciones que no están habitualmente relacionadas, por su naturaleza, con lo ritual o lo religioso, como ser las necesidades laborales, sociales, recreativas, el deporte, el descanso, etc., si se practican con un objetivo y con una manera de conducirse espirituales, se transforman en elecciones morales.

El hecho de tener objetivos en la vida es esencial desde el punto de vista psicológico y desde lo estrictamente judaico. Cuentan acerca del Magguid (así se llama al cargo de aquel que enseña en público) de Koznitz, que desde joven había sido, por tendencia, una persona físicamente débil. Muchas veces se le dio poca posibilidad de sobrevivir las enfermedades que padecía. Sin embargo, vivió hasta muy anciano. Cuando se le consultó acerca del secreto de su longevidad, respondió que siempre había tenido proyectos para llevar adelante. Los músculos quedan atrofiados cuando no se los usa. Luchar por causas dignas, genera fuerzas. (R. Abraham J. Twersky en “Growing each week”) Sin embargo, uno se siente “extraño” o “anómalo” en esta tarea. Al ver que todos los demás están “en otra cosa”, se siente como si no tuviera un lenguaje en común con la gente y se pregunta: ¿no hubieron, acaso, tantos genios que tuvieron ideas meritorias, nobles y muy justas…, y, con el tiempo perdieron vigencia? Todos los que trataron de modificar el orden del mundo para mejorarlo, ¿qué fue de ellos? ¿No se habló en algún momento de “libertad, igualdad y fraternidad”?, ¿no se propuso defender los derechos de los trabajadores? Si pasan los años y la cosa queda igual, ¿qué es, acaso, lo que puedo transformar o corregir yo? Esta clase de planteos quita el deseo de proponerse desafíos morales y desanima a la persona. A su vez, es falsa. No se debe desmerecer el valor de cualquier obra ética, por más insignificante que pareciera. Pues aun si todos los que lucharon por alguna causa honrada y altruista no lograron que su idea se mantuviera, esto no quita la nobleza del acto en su momento. Toda acción bondadosa es válida aun si luego no continúa. Y, a diferencia de lo que muchos creen, las batallas internas – por más que no salgan a la luz del día, son las más difíciles de librar.

Los objetivos de la vida pasan por la corrección de las asperezas internas del alma, por el empeño que cuesta el cumplimiento minucioso de cada una de las Mitzvot, por el trato que se tiene con los que están cercanos a uno y por la ayuda que se pueda brindar a quienes necesitan de uno. Estas cosas cambian al mundo. La suma de muchas personas que obren acertadamente van uniéndose para que la sociedad se modifique para el bien. Sin embargo, existe un razón adicional del porqué las “grandes ideas” de la humanidad no tuvieron el eco que tiene la Torá por todas las épocas. Eso lo podemos aprender, posiblemente, de Koraj, de quien habla la lectura de esta semana. Koraj propuso ante Moshé y el pueblo que “todo el pueblo es sagrado y entre ellos mora D”s, y ¿por qué [Moshé y Aharón] se enaltecen por sobre el pueblo de D”s?” Qué palabras tan nobles! ¿Dónde estaba el error que lo hizo caer? Entre otras cosas fue el motivo que existió detrás de su protesta. Koraj se levantó en contra de Moshé, no por un ideal desinteresado, sino por celos por la posición encumbrada de Moshé y de Aharón. Dado que estaba empujado por la envidia, sus palabras que sonaban justas en un mero pretexto demagógico. Lo mismo sucedió con tantos que reclamaron derechos con una dialéctica muy abnegada, pero que en realidad encubrían ambiciones personales. Así crecieron, y luego desaparecieron. Aun en nuestra época, si bien nos gusta dividir el mundo entre los “buenos” y los “malos”, siendo los buenos todos aquellos que están a favor nuestro y los malos, los que están en contra, podremos observar que aun los estadistas quienes aparentarían perseguir causas nobles en su discurso y a quienes aplaudimos por coincidir en su postura, demuestran tener una vida particular muy deplorable, y no son más que buenos administradores – y nada más. La Torá nos prohibe “matar el tiempo”. Los ideales deben ser el motivo de nuestra vida. Los ideales, incluso, ya están explicitados claramente en la Torá. Depende de cada uno tomar conciencia que la vida no se reduce a subsistir económicamente tratando de sufrir menos y que se puede hacer algo y mucho para mejorar el mundo.

Rab Daniel Oppenheimer http://www.tora.org.ar/www.ajdut.com.ar/default.htm

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Segundo Comentario: Discordia, Diversidad, y Distinción

[Kóraj y su séquito] se congregaron ante Moshé y Aharón y les dijeron: “¡Basta para vosotros! ¡Toda la congregación es santa!… ¿Por qué os alzáis por encima de la congregación de Di-s?”

(Números 16:3)

¿Cuál es una controversia que no es en aras del Cielo? La de Kóraj y toda su compañía.

(Pirké Avot 5:17)

Kóraj, el sublevado primo de Moshé, se ganó la dudosa distinción de padre y prototipo de toda riña y división. Su nombre mismo se volvió sinónimo de la desarmonía y el conflicto. El Talmud hasta llega a proclamar: “Quienquiera se dedica a sembrar la discordia viola una prohibición Divina, pues está escrito[1]: “Y no será como Kóraj y su compañía”[2]; cuando la Torá desea decirnos que no inspiremos disputas ni perpetuemos la desunión, lo hace diciendo: No seas como Kóraj…”.

Pero Kóraj no era ningún peleador ordinario. Era un miembro principal de los Kehatitas, la más prestigiosa de las familias Levitas. Sumándose a su motín contra Moshé y Aharón estaban “doscientos cincuenta hombres de Israel, líderes de la comunidad, de aquellos regularmente convocados a la asamblea, hombres de renombre”[3]. La diferencia entre Kóraj y Moshé era ideológica, motivada por la manera en que entendían la relación de Israel con el Omnipotente y la manera en que sentían que debía estar estructurada la
nación.

Y Kóraj fue mucho más allá de abocarse a la política divisiva comunitaria. Se rebeló contra la autoridad de Moshé y disputó la nominación de Aharón como Kohén Gadol (Sumo Sacerdote) por parte de Di-s. ¿Por qué, entonces, cada pendenciero insignificante es incluido en la prohibición de “no seas como Kóraj”? Obviamente, hay algo en el núcleo de la discusión de Kóraj que es esencia de toda discordia.

Con frecuencia, la antítesis de una cierta cualidad es superficialmente idéntica a ella. Esto es especialmente así cuando se trata de la “raíz” de una cuestión: una distinción del espesor de un cabello entre dos conceptos aparentemente similares se traduce, de hecho, en una diferencia abismal.

Lo mismo es cierto de “paz” y “discordia”. La fuente de toda discordia es algo que erróneamente se parece a la paz auténtica. Es esta pseudo-paz lo que se hallaba en el núcleo de la errada visión de Kóraj, y que en última instancia llevó a su corrupción y catastrófico fin.

¿Qué Quiso Kóraj? ¿Qué es paz? “Tal como sus rostros no son semejantes, así tampoco lo son sus mentes y carácter”[4]. Tal es la naturaleza de la raza humana: individuos y pueblos difieren uno del otro, separados por diferencias de enfoque, orientación emocional, pericia, vocación, y las numerosas demás diferencias, grandes y pequeñas, que distancian a uno del otro.

Frecuentemente, estas diferencias dan origen a la animosidad y el conflicto. Y, con todo, en el núcleo del alma humana está el anhelo de paz. Intuitivamente sentimos que pese a las tremendas (y aparentemente inherentes) diferencias entre nosotros, un estado de armonía universal es tanto deseable como lograble. Pero ¿qué es exactamente la paz? ¿Es la supresión de las diferencias entre hombres y naciones? ¿Es la creación de una sociedad “fraccionada pero igual”, en la que las diferencias se preservan pero sin distinción alguna de “superior” e “inferior”? ¿O no es ninguna de las dos?

Si comprendemos a Kóraj, también comprenderemos la fina línea que separa la auténtica paz de la esencia del disenso.¿Qué era exactamente lo que quiso Kóraj? Sus argumentos contra Moshé y Aharón parecen cargados de contradicción. Por un lado, parece desafiar la institución misma del sacerdocio (kehuná), sosteniendo que “como toda la comunidad es santa, y Di-s está en medio de ellos, ¿por qué os alzáis vosotros por encima de la
congregación de Di-s?”[5] Pero de la respuesta de Moshé[6] vemos que Kóraj en verdad deseó el cargo de Kohén Gadol para sí mismo.

Esta paradoja aparece una y otra vez en diversos relatos del motín de Kóraj, en los midrashím y en los comentaristas. Kóraj aparece como un paladín de la igualdad, criticando vehementemente un “sistema de clases” que jerarquiza niveles de santidad dentro de la comunidad (Israelitas, Levitas, Sacerdotes y el Sumo Sacerdote). Y, sin embargo, en un mismo hálito, ¡argumenta ser el candidato más digno para el Sumo Sacerdocio!

Aguas Celestiales, Aguas Terrenales

En la narración de la Torá de los seis días de creación del mundo por parte de Di-s, la obra de cada día concluye con la declaración: “Y vio Di-s lo que había creado, y he aquí que era bueno”. Cada día, excepto el segundo, aquel en que “Di-s hizo el firmamento [del cielo], y separó entre las aguas que están debajo del firmamento y las que están encima del firmamento”[7].

Explica el Midrash: “¿Por qué no dice “y he aquí que era bueno” respecto del segundo día? Porque en ese día se creó la discordia; como está escrito: “y separará entre agua y agua””.

Sin embargo, el Midrash prosigue señalando que en el tercer día la Torá dice “y era bueno” dos veces, porque “la obra de las aguas”, comenzada en el segundo día, fue terminada entonces. En otras palabras, la división provocada en el segundo día era un fenómeno menos que deseable, pero solamente porque todavía no estaba terminada; en el tercer día, esta discordia misma es considerada “buena”[8].

Nuestros Sabios nos cuentan que los seis días del génesis Divino se corresponden con los seis milenios de empeño humano que le siguen[9]. En ello radica el significado de las palabras del Midrash: en el tercer milenio de existencia del mundo, fue introducido en nuestras vidas el elemento que resuelve los conflictos creados por la diversidad. Este es la Torá, revelada a nosotros en Sinaí en el año 2448 desde la Creación.

La Torá fue “dada para hacer la paz en el mundo”[10]: paz entre los conflictivos impulsos dentro del corazón del hombre, paz entre los individuos, paz entre los pueblos, y paz entre la creación y su Creador.

El Midrash expresa la cualidad pacificadora de la Torá con la siguiente metáfora: Había una vez un rey que decretó: “La gente de Roma tiene prohibido descender a Siria, y la de Siria tiene prohibido ascender a Roma”. Asimismo, cuando Di-s creó el mundo, decretó y dijo: “Los cielos son de Di-s, y la tierra es dada al hombre”[11]. Pero cuando deseó entregar la Torá a Israel, rescindió Su decreto original y declaró: “Los planos inferiores pueden ascender a los superiores, y los superiores pueden descender a los inferiores”[12].

El cisma y decreto[13] de separar lo celestial de lo terrenal, puesto en vigencia por la “división de las aguas” por parte de Di-s en el segundo día de la Creación, fue aliviado, así, en el tercer “día” de la historia con la revelación en Sinaí. Lo material y lo espiritual dejaron de ser dos planos irreconciliables. En ese día, “Di-s descendió sobre el Monte Sinaí”[14], “Y a Moshé dijo: “asciende a Di-s”[15]. Di-s llegó “abajo” para impartir de Su santidad al mundo, y el hombre fue facultado para lograr una proximidad con Di-s.

Pero la Torá no viene a nublar la distinción entre santo y mundano. Ni se empeña en crear una sociedad mundial uniforme. Esto, a duras penas, calificaría como un estado de “paz” más que como podría decirse que una pintura de un único matiz o una sinfonía compuesta enteramente por notas idénticas fueran una creación “armoniosa”.

La Torá hace la paz en el mundo al definir los diferentes roles (hombre y mujer, judío y no-judío, Israelita, Levita y Kohén, erudito e iletrado) para abarcar la misión global de la humanidad.A ello se debe que la Torá esté asociada al número tres: una entidad única o una colección de entidades idénticas, pueden deletrear unanimidad, pero no paz. Si “uno” representa
singularidad y “dos” implica divisibilidad, “tres” expresa el concepto de paz: la existencia de dos entidades diferentes, o incluso antitéticas, pero con la adición de un tercer elemento de unificación que los abraza y satura a ambos, abarcando sus diferencias como componentes diversos pero armoniosos de un entero mayor.
El “tercer día” no deshace la división del segundo. Más bien, introduce un “tercer” elemento todo-trascendente a cuyo servicio aquella división aplica sus propias cualidades peculiares. Y es esta introducción de armonía en la diversidad lo que la “completa” y convierte en “buena”.

Volviendo a Kóraj

En vista de esto, sintió Kóraj, ¿cómo podemos hablar de roles “superiores” e “inferiores” en el mundo de Di-s? ¿Cómo puede decirse que el Sumo Sacerdote sea más excelso que el obrero común? Cierto, la vida del Kohén Gadol está dedicada por entero a empeños espirituales en tanto que el Israelita “ordinario” debe lidiar con la mundanalidad del mercado. Pero “dentro de ellos está Di-s”; ellos sirven al propósito Divino con el cumplimiento de su rol para nada menos que el Kohén Gadol en el cumplimiento del suyo.

Kóraj no se oponía a la división de la comunidad según vocación, ni a la distinción entre lo espiritual y lo material. Todo lo contrario. El mismo anhelaba la senda espiritual del Sumo Sacerdocio, servir al Omnipotente estando totalmente apartado de los asuntos mundanos. Lo que sí disputó era la manera en que Moshé definía la división de roles dentro del pueblo.

“¿Por qué os alzáis vosotros por encima de la congregación de Di-s?”, argumentó. ¿Por qué esta “escalera” de espiritualidad en la que los Moshés y Aharónes de la generación ocupan un peldaño más alto que el granjero que trabaja su tierra o el mercader absorto en sus cuentas? ¿Por qué se dice al judío “ordinario” que vea a Aharón como aquel que lo representa en el Santuario y facilita su relación con Di-s? ¿Está Di-s más cerca del cielo que de la tierra? ¿Es servirlo trascendiendo lo material una parte más importante de la misión de la humanidad que utilizar la existencia material para cumplir Su voluntad? Dame el Sumo Sacerdocio, dijo Kóraj, y yo eliminaré las connotaciones de “liderazgo” y “superioridad” que Moshé y Aharón le han conferido. Para mí, el estilo de vida más espiritual y el más ligado a lo material, y todas las graduaciones intermedias, todas son sendas distintas pero paralelas en nuestro empeño por servir al Omnipotente.

La visión de Kóraj parece el paradigma de la armonía: elementos diversos unificados por una meta común. Sin embargo, al descuidar la incorporación de un aspecto crucial de la concepción de paz de la Torá, se convirtió en fuente de toda discordia y rencilla.El mundo “separado pero igual” de Kóraj podría unir sus diversos componentes en el hecho de que todos sirven a una misma meta global, pero fracasa en la tarea de proporcionar conexión alguna
entre ellos. Los senderos podrían converger en su destino, pero están separados por muros que los aíslan y dividen. Y sin una relación de da-y-toma entre ellos, sin ningún sentido de dónde se posicionan uno respecto del otro, su separación inevitablemente se desintegrará en partidismo y conflicto.

Si volvemos a la parábola del Midrash, la de romanos y sirios, podemos ver dónde se aparta la visión de Kóraj de la definición de paz de la Torá. La diferencia entre los dos planos (material y espiritual) es preservada, pero hay movimiento e interrelación entre ellos. Y su relación se define en términos de “superior” e “inferior”: lo celestial desciende a la tierra, y lo terrenal asciende al cielo.

Como es visto por la Torá, las gradaciones de espiritualidad de los diversos segmentos del pueblo asumen la forma de una “escalera” en la que el individuo ligado a lo material alza la vista hacia su hermano más espiritual, y lo más espiritual se traslada hacia abajo para proveer de dirección e inspiración a aquello ligado a lo material. El granjero da de su producto al kohén; considera este regalo como la parte más sagrada de su cosecha, representativa del foco espiritual de todos sus empeños. El comerciante mira al erudito como un modelo ideal; se siente atrapado y sofocado por las demandas de su vocación y vive para los pocos minutos diarios que logra dedicar al estudio.

Y el líder espiritual desciende para elevar a su comunidad. Di-s define el papel de Aharón como uno que “alza las lámparas”: además de (y a causa de) su servicio espiritual “personal” al Omnipotente, Aharón es la llama que enciende el “alma del hombre, una lámpara de Di-s”[16] convocando su potencial iluminador[17]. Todo esto no es porque quienes cumplen los roles
más espirituales son más importante para el propósito Divino que aquellos que lo sirven mediante su involucración con lo material. Por el contrario, el propósito de Di-s en la Creación es, dicen nuestros Sabios, que “El deseó tener una morada en los planos inferiores”; que el plano inferior de lo material se transforme en un ambiente acogedor y receptivo de Su ser[18]. En la tarea de llevar esto a cabo, aquellos que se encuentran en “el peldaño más bajo” deben jugar el papel más central y crucial. Pero su especialidad radica precisamente en que ellos tratan con los más bajos elementos de la Creación (esto es, aquellos que expresan menos la realidad de Di-s de cualquier manera manifiesta) y los encaminan hacia el propósito superior de servir a su Creador.

En el momento en que el individuo ligado a lo material comienza a sentirse cómodo en su ambiente, en el momento en que cesa su afán de escapar a lo material, ya no puede verdaderamente sublimarlo más; él es ahora parte de éste. Sólo viéndose a sí mismo en el fondo mirando hacia arriba, sólo cuando su involucración con lo mundano se percibe como forzada por la convocatoria del deber en tanto que su alma anhela una existencia más espiritual, se está en posición de elevar verdaderamente el entorno.

Curiosamente, aunque Kóraj desconoció esta conexión “vertical” entre materia y espíritu, él mismo era un ejemplo primario de ella. Su deseo del Sumo Sacerdocio, su anhelo de ascender un peldaño espiritual más que el propio en la escalera, era una ambición positiva[19], y la máxima refutación de su propia “paz” divisiva.

Basado en Sijot de Shabat Kóraj 5718, 5724, 5727

Notas:
1. Números 17:5
2. Talmud, Sanhedrín 110a.
3. Números 16:2.
4. Midrash Rabá, Bamidbar 21:2.
5. Números 16:3.
6. “¿No os basta con que el Di-s de Israel os ha distinguido de la comunidad de Israel para aproximaros a Sí, para llevar a cabo el servicio del Santuario de Di-s, y para alzaros ante la comunidad… que también deseáis el Sacerdocio?” – ibíd. 5-10.
7. Génesis 1:6-7.
8. Midrash Rabá, Bereshit 1:8.
9. Najmánides, Génesis 2:3; así, tal como los seis días de la Creación culminan en un séptimo de retiro y descanso Divino, 6.000 años de logro humano resultan en “el día de Shabat y serenidad eterna”, la era del Mashíaj.
10. Talmud, Guitín 59b; Mishné Torá, Leyes de Janucá 4:14.
11. Salmos 115:16.
12. Midrash Tanjumá, Vaerá 15.
13. La palabra hebrea empleada por el Midrash, guezerá, significa tanto “decreto” como “escisión”.
14. Exodo 19:20.
15. Ibíd. 24:1.
16. Números 8:2.
17. Proverbios 20:27.
18. Midrash Tanjumá, Nasó 16. “De esto se trata el hombre”, escribe Rabí Shneur Zalman de Liadí en su Tania, “éste es el cometido de su creación y de la creación de todos los mundos, superiores e inferiores: que Di-s tenga un lugar de morada en este mundo inferior” (Tania, Cap. 36).
19. Esto explica por qué toda una sección de la Torá (Números 16-18) lleva el nombre de “Kóraj” – el nombre de un pecador. Porque debemos derivar los aspectos positivos del acto de Kóraj, su anhelo de una existencia más espiritual que la propia, y aplicarla a nuestras vidas
.

(Selección extraída del libro “El Rebe Enseña” (c) Kehot Sudamericana. Adquieralo en www.libreriajudaica.com)

La energía del mes de Tamuz (II)

La idolatría bíblica

Cuando el hombre contemporáneo lee la Biblia normalmente se sorprende de la cantidad de advertencias acerca de desviaciones idolátricas. Citemos al menos algunos ejemplos al respecto:

· “No reconocerás a los dioses de los otros en Mi presencia. No te harás imagen tallada ni ninguna semejanza de aquello que está arriba en la cielos ni abajo en la tierra ni en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos ni los adorarás, pues Yo soy El Eterno, tu Dios, un Dios celoso…” (Exodo 20: 3-5).

· “Pues mi ángel irá ante ti y te traerá al amorreo, al jeteo, al perizeo, al cananeo, al jiveo y al iebuseo, y yo los aniquilaré. No os postréis ante sus dioses, ni los adoréis, ni actuéis de acuerdo con sus prácticas; más bien, los destruiréis y haréis polvo sus pilares. Adoraréis a El Eterno, vuestro Dios, y El bendecirá vuestro pan y vuestra agua, y quitará la enfermedad de entre vosotros” (Exodo 23: 23-25).

· “No os haréis ídolos, y no erigiréis para vosotros estatuas ni columnas, y en vuestra tierra no emplazaréis un entarimado de piedras, para postraros, pues Yo soy El Eterno, vuestro Dios. (Levítico 26:1).

· “Pero seréis muy precavidos de vuestras almas, pues no visteis ninguna semejanza el día que El Eterno os habló en Joreb, en medio del fuego, para que no actuéis de forma corrupta y os hagáis imágenes talladas, semejanza de ninguna forma; ni forma de hombre ni forma de mujer; ni forma de ningún animal sobre la tierra; ni forma de ninguna ave que vuela por e firmamento; ni forma de nada que repte por el suelo, ni forma de ningún pez que está en el agua bajo la tierra; para que no elevéis los ojos hacia el cielo y veáis el sol y la luna y las estrellas, toda la legión del firmamento, y os descarriéis y os inclinéis ante ellos y los adoréis…” (Deuteronomio 4:15-19).

· “Ocurrirá que cuando El Eterno, tu Dios, te traiga a la Tierra que El Eterno juró a tus antepasados…ten cuidado de no olvidar a El Eterno, Quien te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud. A El Eterno, tu Dios temerás, a El servirás, y en Su Nombre jurarás. No iréis tras dioses de otros, los dioses de los pueblos que os rodean. Pues un Dios celoso es El Eterno, vuestro Dios, entre vosotros, para que la ira de El Eterno, vuestro Dios, no se encienda con vosotros y El os destruya de la faz de la tierra” (Deuteronomio 6:10-15).

· “Si se presentare en medio tuyo un profeta o un soñador de sueños, y te anunciare una señal o una maravilla, y se produjera la señal o la maravilla de la cual te hablo, diciendo: “Vayamos tras los dioses de los otros que no conocisteis y los adoraremos”, no obedezcáis las palabras de ese profeta o de ese soñador de sueños…será condenado a muerte, pues hablaron perversiones en contra de El Eterno…para hacer que os descarriéis del sendero por el que El Eterno, vuestro Dios, os ha ordenado que vayáis…” (Deuteronomio 13:2-6).

· “Si tu hermano, el hijo de tu madre, o tu hijo o tu hija, o la mujer de tu regazo, o tu amigo que es como tu misma alma, te incitare secretamente, diciendo: “Vamos a adorar los dioses de otros que no conociste, ni tú ni tus antepasados…tu ojo no le tendrá lástima, ni le tendrás compasión ni le ocultarás. Sino que ciertamente lo matarás…pues buscó hacerte descarriar de cerca de El Eterno, tu Dios…(Deuteronomio 13:7-11).

Y ante la notable y reiterada repetición de estos pasajes, no resulta extraño que el hombre moderno se pregunte acerca del valor actual de tales mandatos: ¿acaso estas advertencias realmente se refieren a nosotros – tal el caso obvio del mandamiento que indica no matar o no robar – o simplemente reflejan el pensamiento de culturas antiguas, retrasadas y primitivas? Y una vez planteado el interrogante inicial, el hombre moderno agudiza su visión y su crítica: ¿cómo puede un hombre inteligente y culto inclinarse y postrarse ante un ídolo, producto y obra de sus propias manos? ¿acaso el desarrollo tecnológico y los avances científicos y culturales pueden convivir bajo un mismo techo con el pensamiento idolátrico?

Influenciado por vientos de apertura y progreso el hombre contemporáneo decide inmediatamente que se trata de pasajes y advertencias vacías y carentes por completo de importancia para él.

Mas cualquiera sea el modo, el estilo y la forma exacta de su formulación y su respuesta, lo que surge como absolutamente evidente es que la idolatría bíblica nos resulta incomprensible. Más aún: todos de algún modo u otro la asociamos con características primitivas, lejanas por completo a nuestro modo de pensar y de vivir.

Mas este pensamiento tiene sus peligros y sus riesgos inevitables, ya que si consideramos las advertencias bíblicas acerca de prácticas idolátricas como simples vestigios y resabios de otras épocas, no hacemos más que poner en duda la validez y la relevancia actual no solo de palabras y de letras sino de largos y reiterados capítulos de la Biblia.
¡Nada más lejano al pensamiento místico de Israel, el cual adjudica y otorga sentido y significado a cada palabra y a cada letra del texto bíblico!

La negación histórica

A modo de consuelo, digamos que encontramos textos de sabiduría que demuestran que generaciones muy anteriores a la nuestra comenzaron a perder el sentido de las advertencias bíblicas. Ellos tampoco asociaban a su vida las prácticas o los pensamientos idolátricos prohibidos.
Un sugerente relato del Talmud nos servirá sin duda para terminar de aclarar estos conceptos.

En el Talmud de Babilonia (Tratado de Sanhedrín) encontramos que en cierta ocasión, cuando Rab Ashi terminó de dictar una clase y se aprestaba a despedirse de sus alumnos, decidió anunciarles el tema de estudio que tratarían al día siguiente. Les dijo: “Mañana nos ocuparemos de nuestros antepasados que debido a sus transgresiones y desviaciones no tendrán un lugar en el mundo venidero. Específicamente hablaremos del rey Menashe, quien se desvió del camino correcto, entregándose y volcándose por completo a prácticas de idolatría”.

Mas los sabios del Talmud detallan que Rab Ashi se refirió a Menashe en términos despectivos, comunicando a sus alumnos irónicamente que mañana “hablaremos de nuestros amigos”, en alusión al rey Menashe y su gente.
El relato talmúdico continua diciendo que aquella noche el rey se le apareció en sueños y le preguntó a Rab Ashi: “¿Acaso nosotros somos tus amigos o amigos de tu padre para que nos llames despectivamente de este modo?” Además, Menashe le formuló en el sueño una pregunta elemental sobre cierto aspecto legal de la Torá, pregunta que Rab Ashi no supo responder. Al notar que su interlocutor desconocía la respuesta, el rey agregó en su presencia onírica: “¿Ni siquiera ésta sabes y te permites llamarme “tu amigo?””
Rab Ashi – todo esto aún dentro del sueño – le preguntó entonces al rey Menashe: “¿Y si ustedes sabían tanta Torá y eran tan sabios, cómo pudieron entonces volcarse de lleno a actos y a prácticas de idolatría?”
El rey Menashe respondió: “Si tú hubieses vivido en mi generación te hubieses recogido el borde de tus ropas para poder correr libremente a cometer actos de idolatría”.
Significa: no como nosotros que al menos lo hacíamos lentamente y de modo ordenado: vos hubieses corrido desesperadamente entregado a servir y a adorar cultos extraños.
El relato talmúdico termina diciendo que al día siguiente, cuando Rab Ashi llegó a la casa de estudio, corrigió y aclaro su expresión del día anterior aclarando que ese día estudiarían acerca de “grandes hombres”.

Reflexionemos. El relato talmúdico nos enseña el tremendo poder que en épocas anteriores ejercía la influencia energética que inclinaba al hombre a cometer actos de idolatría de un modo claro, evidente y revelado. No eran los más pequeños e insignificantes personajes sino “grandes hombres”. Ellos peleaban contra esta energía e intentaban combatirla, aunque en ningún caso la negaban.

Sin embargo, quien considera que en la actualidad esta influencia simplemente no existe es, sin duda, porque se encuentra tan profundamente inmerso en ella que ya no logra percibirla.
Los sabios nos enseñan que en cada generación la influencia negativa de idolatría asume formas y ropajes diferentes y renovados. Vemos que en épocas anteriores la misma llevaba al hombre a servir prácticamente a dioses extraños a través de ritos, altares y sacrificios extravagantes. En nuestra época asume modos y estilos más ocultos y complejos. Y si deseamos descubrir y aclarar la esencia energética del mes de tamuz, y si además queremos que tal aprendizaje nos resulte útil y aplicable, estamos obligados a intentar dilucidar el modo particular en que tal influencia se presenta en nuestra generación y en el tiempo que nos toca vivir y transitar.

Tal lo dicho, el nombre del mes se relaciona con el máximo profeta de idolatría: tamuz, lo cual indica que la influencia de este mes conduce a desviarse del camino correcto. No debe sorprender entonces que de acuerdo con la cronología bíblica, en este mes el pueblo de Israel comienza su inclinación más profunda hacia la idolatría. Nos referimos al pecado del becerro de oro, el cual en ningún caso puede ser calificado como “un pecado más” ya que los sabios místicos enseñan que no existe desgracia en el mundo que no esté relacionada esencialmente con aquella desviación inicial. En pocas palabras, todo castigo que recibimos y padecemos, de algún modo oculto y velado viene a pagar aquella cuenta pendiente.

En este mes, por lo tanto, especialmente debemos tomar conciencia plena del concepto de idolatría, para intentar erradicar su influencia de nuestra persona y de nuestra vida.
Comencemos la tarea.

El mes de tamuz y la historia

· El becerro de oro

Tal lo expresado, al llegar al pie del Monte de Sinaí el pueblo de Israel alcanzó un nivel espiritual excepcional. Su realidad se transformó por completo y su creencia y su fe alcanzaron un nivel de evidencia, como un hecho indiscutible e innegable. Tal lo enseña el pasaje bíblico, el pueblo no solo “escuchó la voz de Dios” sino que “la vio”. El descenso del Creador sobre el monte no fue una leyenda que recibieron de sus abuelos o que estudiaron de libros de historia. Muy por el contrario, los hombres que salieron de Egipto vieron, percibieron, oyeron y sintieron la experiencia más poderosa que un hombre puede vivenciar: el Cielo descendiendo sobre la tierra.

“Al tercer día, cuando era de mañana, hubo truenos y relámpagos y una pesada nube sobre la montaña, y el sonido del shofar era muy poderoso, y todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció. Moisés llevó al pueblo del campamento hacia Dios, y se pararon al pie de la montaña. Todo el Monte de Sinaí estaba humeante, porque El Eterno había descendido sobre él en el fuego; su humo subía como el humo de un horno y toda la montaña se estremeció sobremanera. El sonido del shofar se hizo más y más fuerte; Moisés hablaba y Dios le respondía con una voz. El Eterno descendió sobre el Monte de Sinaí en la cima de la montaña…”
Exodo 19

No obstante, los sabios cuentan que tras cuarenta días, y bajo la poderosa influencia energética del mes de tamuz, el Satán logró engañarlos y mostrarles como una imagen turbia del entierro de Moisés que en ese momento se llevaba a cabo en las alturas, lo cual les permitió “entender” que el gran maestro ya no bajaría del monte ni volvería a conducir al pueblo en dirección a la Tierra Prometida. Una imagen turbia y confusa en las alturas es aceptada sin tapujos por un pueblo que lentamente caía en la trampa del Mal.

“El pueblo vio que Moisés se había demorado en bajar de la montaña y se reunió en torno a Aharón y le dijo: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros, pues no sabemos qué es lo que le ha ocurrido a este hombre Moisés que nos trajo de la tierra de Egipto.

Aharón les dijo: Quitad los anillos de oro que hay en las orejas de vuestras mujeres, hijos e hijas, y traédmelos.
Todo el pueblo se quitó los anillos de oro que tenían en las orejas, y se los llevó a Aharón. El los tomó de sus manos y los unió en una tela, y formó un becerro fundido. Dijeron: Este es tu dios, Israel, que te hizo ascender de la tierra de Egipto.
Aharón vio y construyó un altar frente a él. Aharón exclamó: ¡Fiesta para El Eterno mañana!
Exodo 32

Ahora bien: si la visión del Monte de Sinaí fue tan clara, si la realidad alcanzó un nivel tan obvio, ¿cómo pudo suceder tal desviación hacia la idolatría? ¿Cómo pudo devenir tal fuerza maligna que inclusive logró arrastrar consigo al mismo Aharón, hermano mayor de Moisés? Aharón, el profeta, el Gran Sacerdote, envuelto en hechos que sin duda merecen una mínima explicación.

* * * *
De los textos del profeta Ezequiel y de Maimónides surge con absoluta claridad que Tamuz era un profeta, el máximo profeta de idolatría de todas las épocas. Y sin entrar por completo en el análisis del tema, diremos que el profeta, en la Biblia, es un hombre elegido para transformarse en boca del Creador, para transmitir a los hombres la palabra divina. El profeta cumple el rol de comunicador.

Un claro ejemplo lo constituye el mismo Aharón, quien es considerado profeta al transformarse en la boca de Moisés ante el Faraón.
Mas los sabios místicos nos enseñan que todo lo creado tiene su opuesto y no solo el bien y el mal, la verdad y la mentira. Toda criatura – por más pequeña e insignificante que sea – tiene su punto opuesto, su negación. Por consiguiente, tal como existe el profeta verdadero que traduce fielmente la palabra de El Eterno, encontramos también la boca que desvía y descarría, la boca que enturbia y que confunde.
Profeta verdadero, profeta falso.
No resulta entonces sorprendente que la influencia energética de idolatría que reina en el mes de tamuz – la que simboliza la boca del falso profeta – se enfrente precisamente con Aharón, representante máximo del mensaje claro y transparente de Moisés.
Dos bocas que se enfrentan, y una rendija de sabiduría que nos muestra un estrecho camino de entrada a la esencia energética del mes.

* * * *
Los espías

Durante el mes de tamuz también acontece la segunda gran transgresión del pueblo de Israel: los espías enviados por Moisés regresan y simplemente transmiten al pueblo un informe tergiversado.

“El Eterno habló a Moisés diciendo: “Envía para ti a hombres, y que espíen la Tierra de Canaán que Yo doy a los Hijos de Israel; un hombre por su tribu paterna enviarás, cada uno un líder entre ellos.” Moisés los envió desde el Desierto de Parán ante la orden de El Eterno; eran hombres distinguidos, cabezas de los Hijos de Israel… Moisés los envió para que espiaran la Tierra de Canaán y les dijo: “Ascended aquí en el sur, y escalad la montaña. Ved la tierra, ¿cómo es?, y la gente que allí habita ¿es fuerte o débil? ¿Es poca o mucha? Y ¿cómo es la tierra en la que habitan? ¿es buena o mala? ¿y cómo son las ciudades en las que habitan? ¿Son abiertas o están fortificadas? ¿Y cómo es la tierra, es fértil o estéril? ¿Tiene árboles o no? Os fortificaréis y tomaréis los frutos de la Tierra”…

Al cabo de cuarenta días regresaron de espiar la Tierra… Ellos les informaron: “Llegamos a la Tierra a la que nos enviaste y, en verdad, en ella fluye leche y miel… Pero la gente que habita en la tierra es poderosa, las ciudades están muy fortificadas y, además, allí vimos a los descendientes del gigante”… dijeron: “No podemos ascender a ese pueblo, pues es demasiado fuerte para nosotros.”
Trajeron a los Hijos de Israel un mal informe de la Tierra que habían espiado, diciendo: “La Tierra por la que pasamos para espiarla, devora a sus habitantes. Todas las personas que allí vimos eran enormes…”

Otra vez la transgresión se relaciona con un informe maligno, con un desvío en la transmisión de los mensajes.

La boca no traduce fielmente, la boca nuevamente confunde, enturbia, desvía.
Demos un paso más.

Mucho más que dos letras

Tal lo dicho en la introducción de esta obra, es esencial tener siempre presente que una de las bases principales del pensamiento místico y filosófico de la Sabiduría de Moisés sostiene que el mundo fue creado a partir de las veintidós letras del abecedario hebreo. Primero existieron las letras a modo de unidades energéticas, y a partir de éstas devino posteriormente el mundo físico y material.

¿Significa acaso que la Sabiduría del Sinaí —la Torá— es anterior aún al propio mundo?
El mensaje de los sabios es muy preciso: el universo, en todos sus aspectos y niveles, es la expresión y el resultado “material” de tal Sabiduría. Nosotros, seres pensantes aunque limitados, no podemos ni siquiera imaginar lo que era la Sabiduría divina antes de la creación. Como lo sugieren los sabios en el Midrash, la misma se encontraba escrita en fuego negro sobre fuego blanco. Pero tampoco podemos concebir y aprehender la profundidad de este mensaje ya que, con anterioridad a la creación, el fuego, tal como nosotros lo conocemos, aún no existía.
Lo que sí debemos entender es que la palabra inefable del Creador tomó forma física. El cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos se transformaron en las vestimentas del mandato inicial de gestación, sin el cual la creación no hubiese podido comenzar ni continuar su existencia.
Posteriormente, el fuego negro y blanco de Sabiduría pura se vistió de tinta y de pergamino, se ocultó entre sus palabras y sus letras, y descendió de las alturas del Monte Sinaí protegido por las manos nobles de Moisés.
La Sabiduría divina, base misma de la creación, permanece implantada en el Libro, y se revela a esos pocos seres que gracias a un arduo esfuerzo y a una dura dedicación al estudio logran observar más allá del camuflaje material.
El Talmud relata que cuando los antiguos romanos capturaron al gran sabio Rabí Janina ben Teradión por haber cometido el «delito» de enseñar la Sabiduría de Moisés a sus alumnos, lo condenaron a muerte. Lo envolvieron en un rollo de la Torá y le prendieron fuego. Cuando su agonía alcanzó la intensidad más alta, sus alumnos le preguntaron: «Maestro, ¿qué ve?». Y él respondió: «Los pergaminos se consumen, y las letras se remontan en dirección al cielo».
El gran sabio veía lo que sus alumnos no eran capaces de ver. Las llamas podían quemar los pergaminos y la tinta, mas las letras divinas, las primeras, las iniciales, son eternas ya que el pergamino y la tinta no son su esencia sino simplemente su morada.
Los ejecutores romanos podían regocijarse, igual que los bárbaros se regocijaron siglo tras siglo mientras daban rienda suelta a su odio hacia el símbolo que ha sido tantas veces despreciado: la Sabiduría del Sinaí. Pero ellos no fueron capaces de destruirla, así como tampoco hubieran sido capaces de anular la ley de la gravedad.
Las letras son eternas porque reflejan la voluntad del Creador.
Primero el verbo, luego la materia; primero el Creador dijo, habló, y justo después el mundo fue y se gestó (ver Introducción).

Al estudiar la energía de las letras y su poder de creación, encontramos que por medio de la palabra divina o, más precisamente, por medio de las Diez Locuciones o Dichos Iniciales, el mundo alcanzó su modo físico. El Creador dijo que haya luz y fue la luz; el Creador dijo que las aguas se dividan y la tierra seca apareció. Diez locuciones, diez dichos, diez mandatos divinos de creación.

De igual modo encontramos en el Talmud que con la letra iud fue creado el mundo venidero, el anhelado, el añorado, el mundo espiritual, y con la letra hei, en contraposición, fue creado este mundo, el mundo físico, material y concreto.

Dos letras que sirven de base para dos tiempos fundamentales en la vida del hombre: el presente, nuestro mundo, y el futuro, el mundo por venir.
Como una muestra muy breve de la intención de este pasaje talmúdico, digamos que de acuerdo con las leyes de la gramática hebrea, la iud es la letra que transforma un verbo de tiempo pasado o presente en tiempo futuro. Cuando al verbo que hasta ahora aludía a un tiempo pasado o presente le anteponemos la letra iud al comienzo, entonces la acción pasa a referirse al tiempo futuro.
La esencia de la iud, por consiguiente, encierra la energía de proyectar en un futuro el pasado y el presente. No sorprende, entonces, que los sabios indiquen en su lenguaje en clave que precisamente con la letra iud fue creado el mundo venidero, el mundo futuro.
La letra hei, por su parte, además de coincidir con el mes de nisán, sirvió energéticamente para crear este mundo, la realidad que nos rodea, la misma que nos circunscribe y nos limita.

* * * *
Tras esta introducción que intenta refrescar nuestra memoria, diremos que para lograr alcanzar la esencia particular del mes de tamuz, los sabios enseñan que resulta indispensable aproximarnos a dos letras del abecedario hebreo: la letra ain y la letra pei.

El significado del nombre de la letra ain es ojo, y el significado del nombre de la letra pei es boca.
¿Mera coincidencia? Confío plenamente que el lector de El Calendario Cabalístico ya reconoce el valor fundamental de tales “casualidades” idiomáticas.

Citamos a continuación un texto del sabio Rabino Itzjak Guinzburg, el cual analiza precisamente las dos letras en cuestión. Y si bien el texto que presentamos en muchos casos utiliza un lenguaje cabalístico, nos servirá al menos para captar la insondable profundidad de las letras en general, y de las dos letras, la ain y la pei, en particular.

“La boca, la letra pei, sigue al ojo, la letra ain. Las cinco bondades y los cinco poderes de los ojos izquierdo y derecho referidos en la letra ain, son de hecho las manifestaciones duales de la sefirá (el término sefirot es un concepto cabalístico que alude a los modos de influencia de la divinidad sobre el mundo) de daat (alude a una de las energías mentales principales), – conocimiento -, como es enseñado en la Cábala. Daat es el poder de unión y comunicación. La Providencia es el poder de daat como se revela a través de los ojos, mientras que el poder de daat como es revelado por la boca, el habla, es la forma más explícita de contacto y comunicación entre los individuos. Como está expresado en el versículo: “Y Adán conoció a su esposa Eva”. “Conoció”, el poder de daat, se relaciona con la unión física del marido y su esposa, por eso la forma idiomática “hablar” es usada por nuestros sabios al referirse a esa unión. Y así se nos enseña en el Zohar: “[el poder de] daat está oculto en la boca”.

Daat como expresión de contacto en el ámbito de los ojos, es el secreto de la Torá escrita. Al leerla en el servicio de la sinagoga, el lector debe ver cada letra del Rollo de la Torá; algunas veces, se usa un “dedo de plata” para señalar y dirigir nuestra vista hacia cada palabra. La expresión del contacto en el ámbito de la boca es el secreto de la Torá Oral.
“No hay otro bien que la Torá”. La pei es la decimoséptima letra del abecedario, el valor numérico de la palabra hebrea tov, “bien” o “bueno”. Las primeras palabras dichas por la “Boca” de Dios: “Y hágase la Luz”, espontáneamente produjeron la luz como la conocemos, y a continuación fueron vistas por Sus “Ojos” como que “es bueno”. La palabra “bueno”, es la treinta y tres de la Torá, la suma de los valores ordinales de las dos letras ain y pei (33 = 16 más 17), lo que alude a la unión de los dos niveles de daat, contacto (el de los ojos, la Torá escrita, y el de la boca, la Torá Oral).
Se dice del pueblo de Israel: “Tú eres mi testigo, dice Dios” y “El testimonio de Dios está en tu interior”. Con los ojos cerrados testificamos dos veces por día: “Escucha, Oh Israel, El Eterno es nuestro Dios, El Eterno es uno”. La ain de la primera palabra, Shema, “escucha”, y la dalet de la última, ejad, “uno”, son escritas de mayor tamaño, y juntas forman la palabra ed, “testigo”. El alma de cada integrante del pueblo de Israel es un “ojo” – testigo de la unidad esencial de Dios. En este mundo debemos cerrar nuestros ojos físicos, para revelar el ojo interior de Israel que contempla la Unidad Divina. Al proclamar verbalmente nuestro testimonio, unificamos los dos niveles de contacto, el del ojo y el de la boca.
El expresar sabiduría proviene del ojo interior del corazón y se dirige a la boca, como está dicho: “el corazón del sabio le comunica a su boca”. Las palabras de sabiduría, cuando se expresan sincera y humildemente por la boca, encuentran favor y gracia a los ojos de Dios y el hombre, como está dicho: “las palabras de la boca del sabio encuentran favor”. En el Sefer Ietzirá se nos enseña que la “ofrenda” para la boca santa es gracia. En el bien, (“No hay otro ‘bien’ que la Torá”) están inherentes dos propiedades esenciales: verdad y gracia. Aunque cada dimensión de la Torá expresa una amalgama de ambas propiedades, sin embargo, en particular la verdad (la “figura masculina”, definida en principio por las sefirot de tiferet y iesod en Cábala) es la conciencia primordial de la Torá escrita, mientras que gracia (la “figura femenina” maljut) es la de la Torá Oral. De esta manera, el poder de la pei, la boca, es expresar la gracia de la Torá Oral”.

Y si bien aprendemos – o al menos captamos – que el significado esencial de las letras pei y ain alude a enseñanzas cabalísticas muy profundas, en las próximas páginas intentaremos rescatar aquellos aspectos místicos de las letras que se relacionan directamente con la raíz de la idolatría y del mes de tamuz.

La energía del mes de Tamuz (I)

Primeros conceptos

Si consideramos y analizamos el fluir energético del tiempo a partir del primer mes del calendario hebreo, el mes de nisán, podremos determinar claramente que existe un ascenso espiritual marcado y notable con el paso y el correr de los días, las semanas y los meses.

Durante el primer mes – nisán – el pueblo de Israel fue rescatado de Egipto y de las garras más atroces de la esclavitud física y espiritual. Los sabios místicos enseñan que el pueblo de Israel descendió al nivel espiritual más bajo posible – nivel límite entre la existencia espiritual y el exterminio – razón por la cual El Eterno lo rescató a toda velocidad.

Durante el segundo mes – iyar – trabajamos duramente “en pleno desierto” para lograr que el regalo de luz que recibiéramos al salir de Egipto se transformara en parte integral de nuestra persona. Cuando la luz y la elevación espiritual son recibidas “desde afuera”, entonces no podemos afirmar que ellas esencialmente nos pertenezcan.

Y por fin llegamos al tercer mes – siván – y gracias a nuestro esmerado y aplicado trabajo espiritual – comprendido en el precepto de La cuenta del omer – alcanzamos la base del Monte de Sinaí y recibimos la Gran Sabiduría – La Torá – que nuestro Maestro, Moisés, logró bajar de las Alturas celestiales.

Tres meses ascendentes: de Egipto al Monte de Sinaí. Tiempo de ascenso y de energía netamente positiva.

Línea temporal que determina la distancia entre la más oscura esclavitud y la luz de la Gran Sabiduría.

Sin embargo, aquel que alcanzó en su vida alguna cima o logro realmente importante y esencial conoce la diferencia abismal que existe entre el acto de llegar y el acto de permanecer en el máximo nivel. Se podría afirmar con toda certeza que se trata de dos sabidurías distintas, dos artes separados: alcanzar el objetivo, la cima, el propósito y, además, lograr permanecer y perdurar en las alturas.

No nos engañemos: no es fácil llegar a la cima, aunque mucho más difícil y complejo es mantener el nivel de excelencia.

Y el mismo relato bíblico no deja lugar a dudas. Israel sale de Egipto, atraviesa el desierto, llega hasta el Monte de Sinaí y recibe la Torá.

Perfecto, ideal, una historia con final feliz.
No obstante, precisamente el tiempo de máxima elevación se transforma de un momento a otro en la caída más violenta, en la pérdida más feroz, en el descenso espiritual más intenso posible.
En su punto de máximo nivel Israel construye el becerro de oro.
En el lenguaje maravilloso de los sabios: la novia traiciona al Novio estando aún bajo el palio nupcial.

Y cualquier persona despierta sentirá que un interrogante lo acosa y lo carcome por dentro: ¿El mismo pueblo que salió de Egipto es el que en pocos días construyó un becerro para idolatrar? ¿La misma gente que vi con sus propios ojos cómo las diez plagas golpeaban en Egipto y cómo el mar se abría, llegó a tramar semejante traición a Moisés y al Creador? Increíble, incomprensible. Inclusive doloroso. ¿Puede acaso un pueblo tener tan corta memoria?

Recurriremos a los maestros más sabios para buscar responder a a estos complejos interrogantes, aunque antes, para ayudar al lector, presentaremos una breve introducción. De este modo intentaremos dilucidar la esencia del cuarto mes, tamuz, el cual no sólo continúa al período ascendente marcado por los primeros tres meses – nisán, iyar y siván – sino que también inicia el tiempo de la caída y el descenso.

El sentido del Mal

Los cabalistas nos enseñan que al principio de los días, o mejor dicho durante el sexto día de la creación, había un hombre, una mujer… y una serpiente. Un hombre y una mujer – Adán y Eva – con un objetivo y una tarea divina que cumplir – “trabajar y cuidar el Gan Eden” – y una criatura, también divina, encargada de tentar al hombre a desviarse del camino correcto, y a interferir y arruinar los planes divinos y humanos de perfección.

Citamos a continuación los pasajes bíblicos del segundo y tercer capítulo del libro de Génesis relevantes para nuestro estudio:

“Y El Eterno, Dios, formó al hombre de polvo de la tierra y le exhaló en sus fosas nasales el alma de vida; y el hombre se transformó en un ser vivo.

El Eterno Dios plantó un jardín en el Edén, hacia el este, y allí colocó al hombre que había formado. Y El Eterno Dios hizo que brotaran de la tierra todos los árboles que eran agradables a la vista y buenos como alimento; y el Árbol de la Vida, en medio del jardín, y el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal…
El Eterno Dios tomó al hombre y lo colocó en el Jardín del Edén, para que lo trabajara y lo cuidara. Y El Eterno Dios le ordenó al hombre, diciendo: “De todo árbol del jardín podrás comer, pero del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, no comerás; pues el día que de él comas, ciertamente morirás”.
El Eterno dijo: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré una compañera que le corresponda… El Eterno Dios, con el costado que había tomado del hombre, construyó una mujer y la llevó ante el hombre… Ambos estaban desnudos, el hombre y su mujer, y no tenían vergüenza.
La serpiente era más astuta que cualquier otra bestia del campo que El Eterno Dios había hecho. Ella le dijo a la mujer: ¿Acaso Dios dijo “No comeréis de ningún árbol del jardín?”…La serpiente le dijo a la mujer: “Ciertamente que no moriréis, pues Dios sabe que el día que de él comáis, vuestros ojos se abrirán, y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal”.
Y la mujer… tomó de su fruto y comió; y también le di a su marido junto a ella, y él comió”.

Y si bien el análisis completo de estos pasajes podría ocupar cientos o miles de páginas, en este caso focalizaremos nuestra atención precisamente en el rol de la serpiente.

En el libro Nefesh Hajaim, el gran cabalista Rabí Jaim de Volozyn relaciona a la serpiente con la presencia del Mal en el mundo. Sin embargo, lo que más sorprende de su mensaje es el énfasis que el sabio pone al destacar que la serpiente no sólo tienta a la mujer sino que lo hace “desde afuera”, “en segunda persona”, es decir, le dice: “tú puedes comer del árbol y nada malo te sucederá”. Está bien, es evidente que así sucede, mas ¿qué tiene esto de extraño? ¿La primera o segunda persona gramatical es acaso lo que modifica la influencia del Mal y su capacidad dañina? No obstante, si lo analizamos con detenimiento, descubriremos que esta situación, en la que la serpiente – el Mal – habla al hombre “desde afuera”, es única en la historia de la humanidad. Intentaremos aclararlo.

* * * *

Tal lo expresado, al hombre se le prohibe comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Mas antes de intentar dilucidar el sentido de esta prohibición, los invito a reflexionar superficialmente en el mandato divino: no comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Perfecto, lo aceptamos, mas ¿por qué? ¿Qué sentido oculto encierra esta prohibición? O mejor dicho, y tal como lo cita Maimónides en su Guía de Perplejos, ¿acaso el Creador no quería que el hombre comiese de este Árbol para que no llegara a distinguir entre el Bien y el Mal? ¿Qué más valioso que esto? ¿Acaso no es precisamente esta capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo lo que diferencia al hombre de las bestias?

Mas cuando logramos internarnos en el mundo de las palabras bíblicas originales, en el idioma hebreo, y nos aproximamos a sus raíces idiomáticas, entonces todo lentamente se aclara y se ordena.
La expresión bíblica que refiere al Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal es “etz hadaat tov verá”. Es un árbol, etz, que otorga un conocimiento, daat, relacionado al Bien, tov, y al Mal, ra. Y para saber a qué tipo de conocimiento se alude, basta con entender la palabra hebrea daat, la cual en todos los casos en que aparece en la Biblia indica unión, apego y fusión. Por ejemplo, el pasaje bíblico lo utiliza para indicar que Adán conoció – iadá – a su mujer Eva y ella concibió y dio a luz. Es decir, el hombre se unió a su mujer, o tal como lo expresa el versículo: “la conoció”. Y cuando ahora regresamos al Árbol del Paraíso, ya podemos aproximarnos mínimamente a su sentido: era el Árbol que fusionaba y entremezclaba al Bien y al Mal. Y una vez que el hombre come del mismo, entonces “internaliza” a través de este acto la confusión y, desde ese instante el Bien y el Mal no solo se confunden entre si sino que le hablan al hombre desde su interior, en primera persona. El hombre cree que la voz que le habla es su propia voz, mas en realidad, es el mal instinto que lo seduce desde lo más profundo de su ser.
Comprendido. Sin embargo, y debido a la importancia del tema, me gustaría describir la situación existencial del hombre antes de pecar, tal como lo explica el genial sabio cordobés, Maimónides. Adán, antes de probar el fruto prohibido y provocar la confusión antes detallada, distinguía en su mundo cuatro aspectos diferentes: lo verdadero, lo falso, lo bueno y lo malo. Y esto, todo el tiempo que el Mal se encontraba afuera de su persona. Como es lógico, él se guiaba por lo correcto y se alejaba de lo falso, y su camino era elegido de acuerdo con la verdad. Mas al caer, al “acceder” al conocimiento que El Eterno le indico no probar, su vida ya no se rige por lo verdadero y lo falso, o lo correcto o incorrecto sino por lo bueno y malo. El hombre que basa su vida en lo que le parece bueno o malo, en lo que la agrada o le provoca rechazo, es un digno representante del hombre, mas en su estado decadente posterior al pecado. El Bien y Mal, entremezclados y confusos, desplazan y oscurecen a la Verdad y la Mentira.

* * * *

Y la siguiente pregunta es obvia, y diría que casi obligatoria para el lector que nos ha seguido atento hasta aquí: ¿Para qué Dios crea el Mal? ¿Por qué la serpiente es colocada junto a Adán y a Eva en el Paraíso? ¿Por qué es tan necesario que además acompañe al hombre en su paso por la vida?

El gran cabalista, Rabí Jaim Moshé Luzzatto, lo explica con absoluta claridad en varias de sus obras clásicas – Derej Hashem, Daat Tevunot – y para no confundir al lector intentaremos resumir sus conceptos en pocas líneas.
El hombre fue creado y puesto en este mundo para ser beneficiado, ya que la esencia divina es el Bien absoluto. Por lo tanto, se le otorga el libre albedrío y se lo coloca en un escenario en el cual la persona puede ser recompensado por sus actos. Sin embargo, si el hombre no tuviese ningún obstáculo, si ninguna fuerza se le opusiese, entonces más que una recompensa recibiría un obsequio, lo cual, y tal como lo expresan los sabios místicos, sería como comer del “pan de la vergüenza”. ¿Por qué? Pues tal regalo avergonzaría profundamente a la persona tal como el necesitado se avergüenza de observar a los ojos de su benefactor. Además, todo aquello que recibimos por obsequio nos llega desde afuera, del mundo exterior, y jamás llegamos realmente a convertirlo en parte de nuestro ser. Un regalo siempre lleva el nombre de aquel que nos lo obsequió mientras que, lo que ganamos y obtenernos con nuestro propio esfuerzo, nos pertenece de modo esencial. Por estas razones, explica el cabalista, el Mal viene a cumplir un papel vital: permitir el trabajo del hombre que, al superarlo, recibe una recompensa divina como producto de su propio esfuerzo, y como resultado de la correcta utilización de su libre albedrío.

* * * *

El Maharal de Praga, ese gigante espiritual, explica en varios pasajes de su magnífica obra que el Mal Instinto – representante de las fuerzas espirituales negativas – ataca al hombre precisamente cuando éste supera la mediocridad y sobresale. Todo el tiempo que el individuo se mantiene dentro de los niveles más comunes, más mediocres, entonces el Mal Instinto simplemente no se preocupa de él y lo deja hacer y actuar libremente. El pastor continúa distraído todo el tiempo que las ovejas no se escapan del rebaño. Mas cuando la persona crece, se supera y comienza a trabajar en aras de minimizar la presencia del Mal en el mundo, entonces el Mal Instinto lo ataca con toda su fuerza.

Esta es la razón – explica el Maharal – por la cual Israel en su punto de máxima elevación espiritual se inclina a la construcción del becerro de oro.
La profunda explicación del sabio de Praga también nos sirve para entender por qué tantos hombres al llegar a cimas importantes en sus vidas, se corrompen y desvían.

* * * *

El cuarto mes, tamuz – el mes que sigue inmediatamente al mes de siván – se presenta como un tiempo de riesgo espiritual y de caída. El pueblo de Israel ha alcanzado su cima espiritual, y Moisés, el gran líder, ha ascendido a los cielos y ha recibido la Torá directamente del Creador del Mundo. Sin embargo, es precisamente en este momento cuando el Mal ataca al pueblo, quien casi sin notarlo construye un becerro de oro y le otorga poderes idolátricos inexistentes. El tiempo de ascenso ha llegado a su fin, y el mes de tamuz y su energía ejercen ahora su influencia de descenso, de bajada, de confusión y de peligro.

Con el objeto de ser más conscientes de la complicación energética del mes de tamuz y, de este modo, minimizar su influencia dañina, intentaremos aclarar precisamente los aspectos relacionados con la inclinación a la idolatría.

Una puerta muy estrecha

En nuestra tarea de investigar y dilucidar la energía particular de cada mes nos acostumbramos a ingresar por puertas determinadas: la puerta de la historia, la puerta de las letras, etc. Sin embargo, en esta oportunidad, más que una puerta encontramos algo así como una rendija, un pasaje limitado y estrecho que apenas nos permite vislumbrar a la distancia algo de la profundidad esencial del mes de tamuz.

Ante todo ¿qué significa el nombre tamuz? ¿Cuál es su origen y su sentido? Para aclararlo presentamos un texto cerrado y sellado del profeta Ezequiel, en el cual aparece por primera y única vez en toda la Biblia la palabra tamuz. Nos referimos al octavo capítulo de su libro maravilloso.

“Sucedió en el año sexto, en el mes sexto, el cinco del mes. Yo estaba sentado en mi casa y los ancianos de Judá estaban sentados ante mí, y la mano de El Eterno cayó allí sobre mí. Vi, y he aquí que había una semejanza como el aspecto de un fuego del aspecto de sus lomos, y hacia abajo, había fuego; de sus lomos hacia arriba había el aspecto de un resplandor como el color del Jashmal. Entonces extendió la forma de una mano y me tomó por un rulo de mi cabeza; y un viento me transportó entre la tierra y los cielos y me trajo a Jerusalén en visiones divinas, a la entrada de la puerta interna que da hacia el norte, donde estaba el asiento de la provocativa Imagen de la Provocación. Y he aquí, la gloria del Dios de Israel estaba allí, como el aspecto que había visto en el valle.

Él me dijo: “Hijo del Hombre, alza ahora tus ojos en dirección al norte”. Entonces alcé mis ojos en dirección al norte, y he aquí que, al norte de la puerta del altar, esta Imagen de la Provocación estaba en la entrada. Entonces Él me dijo: “Hijo del Hombre, ¿ves lo que hacen? Grandes aberraciones el pueblo de la Casa de Israel está cometiendo aquí, haciendo que Yo Me aleje de Mi Santuario. Y ahora volverás a ver grandes aberraciones”.
Entonces me trajo a la entrada del patio. Vi que había un solo agujero en la pared. Entonces Él me dijo: “Hijo del Hombre, horada ahora a través de la pared”. Entonces yo horadé a través de la pared, y he aquí que había una entrada. Entonces Él me dijo: “¡Entra y ve las malvadas aberraciones que cometen aquí!”.
Entonces entré y vi, y he aquí, todo tipo de imágenes, reptiles y animales repugnantes y todos los ídolos de la Casa de Israel, estaban ilustrados en la pared, en derredor. Y setenta hombres de los ancianos de la Casa de Israel, con Iaazania hijo de Shafan parado entre ellos, estaban parados ante ellos, cada hombre con su incensario en su mano, con una espesa nube de incienso elevándose.
Entonces Él me dijo: “¿Has visto, oh, Hijo del Hombre, lo que hacen los ancianos de la Casa de Israel en la oscuridad, cada hombre en sus habitaciones llenas de imágenes? Pues dicen: ‘El Eterno no nos ve’ y ‘El Eterno ha abandonado la tierra’” Y Él me dijo: “Ahora verás nuevamente las grandes aberraciones que cometen”.
Entonces El me trajo a la entrada del Templo de El Eterno que está al norte, y he aquí que había mujeres sentadas, llorando por Tamuz…”

Y si bien el profeta Ezequiel nos informa acerca de algo o alguien llamado tamuz por quien lloran las mujeres, no podemos menos que aceptar que continúan siendo muchos más los interrogantes que las explicaciones recibidas.

Por su parte, el sabio español Maimónides, en una de las obras filosóficas más importantes de todas las épocas – la Guía de Perplejos – completa y aclara de un modo formidable la explicación acerca del enigma de tamuz, ubicándolo además dentro de un marco y un contexto histórico definidos.

“Sabido es que nuestro padre Abraham fue educado en la religión de lo sabeos, los cuales creen que no hay más Dios que los astros… Cuando en el curso del presente capítulo te haya dado a conocer sus libros, que traducidos al árabe, tengo entre mis manos, así como sus antiguos anales, y te revele su doctrina y relatos, reconocerás que proclaman de modo explícito a los astros como divinidad, y al Sol, el dios supremo; asimismo que los siete planetas son dioses, pero las dos luminarias, los mayores… En sus libros y anales encontrarás la historia de Abraham, nuestro padre, que cuentan al tenor siguiente: Abraham, educado en Kutha, con todos enfrentado por sostener que hay un Ente distinto del Sol… fue perseguido con diversas alegaciones, aduciéndosele, entre otras pruebas, que es clara y patente la acción del Sol sobre el universo, a lo que Abraham les replicó que es exactamente como la madera en manos del maderero. Otros argumentos se mencionan contra ellos, y, como final del relato, consignan que el rey redujo a prisión a nuestro padre Abraham, el cual, aun en la cárcel, continuó durante mucho tiempo argumentando contra ellos. Finalmente el monarca, temeroso de que Abraham menoscabara su gobierno y apartara a la gente de sus creencias religiosas, le desterró a Siria después de confiscarle sus bienes…

En el citado libro se refiere, a propósito de un personaje entre los profetas de la idolatría, a Tamuz, que invitó a cierto rey a adorar a los siete planetas y los doce signos del Zodíaco. Este rey le hizo morir de manera cruel, y se cuenta que la noche de su muerte todos los ídolos de las diversas regiones de la tierra se congregaron en el templo de Babilonia junto a la gran estatua de oro que representa al Sol. Esta estatua, pendiente entre el cielo y la tierra, fue a colocarse en medio del templo, y todas las demás se situaron en derredor. Comenzó a pronunciar la oración fúnebre de Tamuz y a relatar lo que le había acontecido; todos los ídolos lloraron y gimieron durante la noche entera, y en la alborada emprendieron vuelo y regresaron a sus templos en las diferentes comarcas de la tierra. De ahí procede la inveterada costumbre de gemir y llorar sobre Tamuz el primer día del mes de su nombre: son las mujeres quienes le lloran y recitan elogio fúnebre. Reflexiona atentamente sobre todo eso y comprenderás que tales fueron las ideas de los hombres de entonces, pues la leyenda de Tamuz es de gran antigüedad entre los sabeos.”

Hasta aquí el texto de la Guía de Perplejos. Y ahora resumamos y saquemos conclusiones:

· El mismo Abraham, padre de la nación hebrea, fue educado dentro del ambiente de idolatría de Tamuz. Maimónides nos enseña que Abraham no crece libre de influencias sino que, por el contrario, éstas fueron las teorías que aprendió de niño y éste el aire de idolatría que respiró durante los primeros años de su vida. Por consiguiente, todo su posterior trabajo ideológico, teológico y espiritual puede ser comprendido como un modo de enfrentarse y rechazar la educación recibida, y como su esfuerzo individual por alcanzar un monoteísmo puro.

· El profeta Tamuz ocupaba el lugar principal dentro de la ideología idólatra de la época, ya que el día de su muerte todos los ídolos se reunieron a llorarlo. Es decir, todas las demás idolatrías o imágenes particulares experimentan su ausencia, le rinden honores y se inclinan ante el “maestro” principal.

· El mes de tamuz lleva el nombre de aquel profeta. Tal “coincidencia” sugiere que debido a que en este mes su influencia energética es muy poderosa, es a su vez el tiempo en que particularmente se lo recuerda y se lo añora. Debido a esta razón, también es el momento en el que los idólatras lo recuerdan con llantos y gemidos.

En pocas palabras, Maimónides nos enseña que el mes de tamuz es el tiempo de máxima influencia de idolatría, lo cual es evidente al considerar el nombre del mes.
Tamuz: mes de influencia energética negativa que inclina y desvía al hombre al terreno de pensamientos y actos de idolatría.

Comencemos entonces a considerar estos conceptos.

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