SHABAT SHALOM

Parashá Nasó (Levanta) – 14 Sivan 5769 (6 de Junio de 2009)

Resumen de la Parashá
Comienza la parashá, con la orden el Eterno a Moshé, de censar a los descendientes de Guershon, Merari y Kehat, todos varones de treinta a cincuenta años, aptos para servir en el ejército.

El censo reveló que la descendencia de Guershon sumaba dos mil seiscientos treinta varones, la de Merari tres mil doscientos y los de Kehat dos mil setecientos cincuenta varones.

Hashem asimismo indicó cuáles serían las tareas que debían cumplir, como ser los gersonitas debía transportar las cortinas del Tabernáculo, los velos del atrio, los utensilios para el servicio en el altar. Por su parte, los hijos de Merari, debían portar las tablas, travesaños, columnas y zócalos del Tabernáculo. Los componentes del Kehat, debían transportar las vasijas más sagradas.

El Todopoderoso indicó a Moshé que ordenara a los Hijos de Israel que sacaran de los campamentos a todo leproso o impuro. También ordenó ciertas leyes:

1. Si alguien cometiera un pecado contra su prójimo, confesándolo, debía restituir el valor del daño más un quinto de monto original y llevar ante el Cohén una ofrenda de culpa como expiación.

2. Si un marido sospechaba que su esposa le era infiel, debía presentarse ante el Cohén con su querella y entonces el Sumo Sacerdote tomaba agua santa y la mezclaba con polvo del piso del Santuario. Posteriormente juramentaba a la mujer y debía beber esa agua, y si era culpable sufría daños con deformidades en su cuerpo y su juramento, que estaba escrito en un rollo, era borrado en el agua. En este caso, la mujer debía morir. Si era inocente, se la bendecía con maternidad.

3. Todo aquel, hombre o mujer, que prometiera consagrarse completamente al Todopoderoso por un cierto tiempo, (un nazir), debía abstenerse de beber vino y bebidas fuertes provenientes de la uva. Debía dejar crecer sus cabellos ilimitadamente y no tomar contacto con ningún cadáver. Si lo hiciera accidentalmente, impurificándose de esta manera, debía raparse la cabeza, ofrecer un sacrificio de expiación, y comenzar nuevamente su tiempo de nazareo. Cuando finalizaba sus días de consagración, llevaba un sacrificio, se afeitaba la cabeza, y quemaba sus cabellos en el fuego del sacrificio.

4. Los Cohanim debían bendecir al Pueblo con una alabanza especial: “¡El Señor te bendiga y te guarde! ¡Haga el Señor resplandecer Su rostro sobre ti y tenga de ti compasión! ¡Alce el Señor Su rostro sobre ti y te conceda la paz!”.

El Mishkán fue inaugurado el primero de Nisán, después del primer año de la salida de Egipto. Los dirigentes de las doce tribus acercaron donaciones de carros y bueyes para el traslado del Tabernáculo y sus elementos. También acercaron como regalo, platos, cubiertos y vasos de oro y plata, cada elemento uno por cada tribu, y también animales para sacrificio.

Moshé escuchó la voz del Eterno, que le hablaba desde arriba del Arca del Testimonio, entre los dos querubines.

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La Parashá en Profundidad
Es Sólo un Espiritu Necio

Sobre el versículo: “Todo hombre cuando su esposa se desvíe” que abren nuestra Parshá las leyes correspondientes a la mujer que se desvió de la conducta pudorosa (“sotá”), nuestros Sabios comentan: “Un hombre no trasngrede salvo que le haya entrado un espíritu necio” (El término que utiliza el texto para decir “se desvíe” es tisté, con las mismas letras que shtut, que implica necedad, pues el desvío del pudor, y la infidelidad, está estrechamente relacionado con la necedad y la idiotez.

Este dicho de los Sabios nos brinda una explicación a un fenómeno que a simple vista es asombroso: todo judío, quienquiera que sea, posee en lo profundo de su alma un inquebrantable amor al Altísimo. Elegirá, sin titubeo alguno, entregar su vida en aras de la Santificación de Su Nombre y con tal de no practicar la idolatría. Siendo así, ¿cómo es posible que el judío transgrediera por medio del pecado, acto que lo separa y aleja de Hashem? ¿Cómo ocurre que uno se permita llevar a cabo un acto que contradice su fe y convicción interior?

UN ESPÍRITU AJENO

La respuesta es que “le entró un espíritu necio”. Lo dominó un espíritu ajeno, un espíritu de idiotez, que tapó a la fe que hay en su corazón. Es él quien causó su insensibilidad frente a la gravedad de su accionar, que causa la desconexión de Hashem. Si hubiera sentido el verdadero significado del pecado y la trasgresión, y el hecho que ellos los alejan de la fuente de la santidad- no hubiera pecado bajo ninguna circunstancia.

¿Cuál es ese espíritu necio?- el deseo material. La atracción materialista y carnal causa que el hombre pierda la sensibilidad espiritual y el sentimiento de apego al Altísimo. Él se auto- engaña como que aquí no pasó nada y a pesar del pecado sigue fiel al judaísmo y cercano a Hashem. El deseo de placeres tapa la verdad, que todo pecado, incluso el más leve, daña el vínculo de unión con Di-s.

BUENO EN SU FUERO ÍNTIMO

Por el otro lado, siendo que la causa principal del pecado es ese ‘espíritu necio’ que oculta la verdad, resulta que incluso cuando el hombre peca, eso no significa que él mismo sea malo. Todo lo contrario, en su fuero interior él es bueno, está apegado a Di-s y no desea pecar, sólo que el espíritu de la idiotez tomó posesión de él y le causó transgredir. El pecado es algo ajeno y no es parte de la persona.

Aprendemos esta manera de ver al pecado del versículo “cuando su esposa se desvíe”. Y no es casual. Hay una relación esencial entre el concepto general del pecado con el pecado de la mujer que se desvió de la conducta adecuada para con su marido.

EL PUEBLO JUDÍO COMO LA MUJER

Más de una vez se compara el vínculo entre el Altísimo y el pueblo de Israel con la relación entre el marido y su esposa. Hashem es ‘el hombre’ y la Congregación de Israel ‘la mujer’. Cuando un judío peca frente a Di-s es cual una mujer que le da la espalda a su marido, como esa mujer que se desvió del pudor y la fidelidad. Por ello, es específicamente el caso de la mujer que se desvió (“sotá”), el ejemplo elegido por la Torá para enseñarnos la característica de lo que es el pecado.

La analogía con la mujer que se ‘desvió’ (“sotá”) nos expresa también un aspecto positivo. La “sotá” no es una mujer que es seguro que pecó, sólo actuó indebidamente, despertando sospechas. Y la Torá asegura que si finalmente resulta que es pura e inocente, “quedará limpia y concebirá simiente”. Así es como ocurre con el judío: a pesar de haber pecado, en lo profundo de su corazón permanece unido a Hashem, y por eso finalmente hará Teshuvá y retornará a Su camino, puesto que no quedará rechazado de Él, rechazado alguno.

(Likutei Sijot Tomo 2, Pág. 311)

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