La energía del mes de Tamuz (II)

La idolatría bíblica

Cuando el hombre contemporáneo lee la Biblia normalmente se sorprende de la cantidad de advertencias acerca de desviaciones idolátricas. Citemos al menos algunos ejemplos al respecto:

· “No reconocerás a los dioses de los otros en Mi presencia. No te harás imagen tallada ni ninguna semejanza de aquello que está arriba en la cielos ni abajo en la tierra ni en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos ni los adorarás, pues Yo soy El Eterno, tu Dios, un Dios celoso…” (Exodo 20: 3-5).

· “Pues mi ángel irá ante ti y te traerá al amorreo, al jeteo, al perizeo, al cananeo, al jiveo y al iebuseo, y yo los aniquilaré. No os postréis ante sus dioses, ni los adoréis, ni actuéis de acuerdo con sus prácticas; más bien, los destruiréis y haréis polvo sus pilares. Adoraréis a El Eterno, vuestro Dios, y El bendecirá vuestro pan y vuestra agua, y quitará la enfermedad de entre vosotros” (Exodo 23: 23-25).

· “No os haréis ídolos, y no erigiréis para vosotros estatuas ni columnas, y en vuestra tierra no emplazaréis un entarimado de piedras, para postraros, pues Yo soy El Eterno, vuestro Dios. (Levítico 26:1).

· “Pero seréis muy precavidos de vuestras almas, pues no visteis ninguna semejanza el día que El Eterno os habló en Joreb, en medio del fuego, para que no actuéis de forma corrupta y os hagáis imágenes talladas, semejanza de ninguna forma; ni forma de hombre ni forma de mujer; ni forma de ningún animal sobre la tierra; ni forma de ninguna ave que vuela por e firmamento; ni forma de nada que repte por el suelo, ni forma de ningún pez que está en el agua bajo la tierra; para que no elevéis los ojos hacia el cielo y veáis el sol y la luna y las estrellas, toda la legión del firmamento, y os descarriéis y os inclinéis ante ellos y los adoréis…” (Deuteronomio 4:15-19).

· “Ocurrirá que cuando El Eterno, tu Dios, te traiga a la Tierra que El Eterno juró a tus antepasados…ten cuidado de no olvidar a El Eterno, Quien te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud. A El Eterno, tu Dios temerás, a El servirás, y en Su Nombre jurarás. No iréis tras dioses de otros, los dioses de los pueblos que os rodean. Pues un Dios celoso es El Eterno, vuestro Dios, entre vosotros, para que la ira de El Eterno, vuestro Dios, no se encienda con vosotros y El os destruya de la faz de la tierra” (Deuteronomio 6:10-15).

· “Si se presentare en medio tuyo un profeta o un soñador de sueños, y te anunciare una señal o una maravilla, y se produjera la señal o la maravilla de la cual te hablo, diciendo: “Vayamos tras los dioses de los otros que no conocisteis y los adoraremos”, no obedezcáis las palabras de ese profeta o de ese soñador de sueños…será condenado a muerte, pues hablaron perversiones en contra de El Eterno…para hacer que os descarriéis del sendero por el que El Eterno, vuestro Dios, os ha ordenado que vayáis…” (Deuteronomio 13:2-6).

· “Si tu hermano, el hijo de tu madre, o tu hijo o tu hija, o la mujer de tu regazo, o tu amigo que es como tu misma alma, te incitare secretamente, diciendo: “Vamos a adorar los dioses de otros que no conociste, ni tú ni tus antepasados…tu ojo no le tendrá lástima, ni le tendrás compasión ni le ocultarás. Sino que ciertamente lo matarás…pues buscó hacerte descarriar de cerca de El Eterno, tu Dios…(Deuteronomio 13:7-11).

Y ante la notable y reiterada repetición de estos pasajes, no resulta extraño que el hombre moderno se pregunte acerca del valor actual de tales mandatos: ¿acaso estas advertencias realmente se refieren a nosotros – tal el caso obvio del mandamiento que indica no matar o no robar – o simplemente reflejan el pensamiento de culturas antiguas, retrasadas y primitivas? Y una vez planteado el interrogante inicial, el hombre moderno agudiza su visión y su crítica: ¿cómo puede un hombre inteligente y culto inclinarse y postrarse ante un ídolo, producto y obra de sus propias manos? ¿acaso el desarrollo tecnológico y los avances científicos y culturales pueden convivir bajo un mismo techo con el pensamiento idolátrico?

Influenciado por vientos de apertura y progreso el hombre contemporáneo decide inmediatamente que se trata de pasajes y advertencias vacías y carentes por completo de importancia para él.

Mas cualquiera sea el modo, el estilo y la forma exacta de su formulación y su respuesta, lo que surge como absolutamente evidente es que la idolatría bíblica nos resulta incomprensible. Más aún: todos de algún modo u otro la asociamos con características primitivas, lejanas por completo a nuestro modo de pensar y de vivir.

Mas este pensamiento tiene sus peligros y sus riesgos inevitables, ya que si consideramos las advertencias bíblicas acerca de prácticas idolátricas como simples vestigios y resabios de otras épocas, no hacemos más que poner en duda la validez y la relevancia actual no solo de palabras y de letras sino de largos y reiterados capítulos de la Biblia.
¡Nada más lejano al pensamiento místico de Israel, el cual adjudica y otorga sentido y significado a cada palabra y a cada letra del texto bíblico!

La negación histórica

A modo de consuelo, digamos que encontramos textos de sabiduría que demuestran que generaciones muy anteriores a la nuestra comenzaron a perder el sentido de las advertencias bíblicas. Ellos tampoco asociaban a su vida las prácticas o los pensamientos idolátricos prohibidos.
Un sugerente relato del Talmud nos servirá sin duda para terminar de aclarar estos conceptos.

En el Talmud de Babilonia (Tratado de Sanhedrín) encontramos que en cierta ocasión, cuando Rab Ashi terminó de dictar una clase y se aprestaba a despedirse de sus alumnos, decidió anunciarles el tema de estudio que tratarían al día siguiente. Les dijo: “Mañana nos ocuparemos de nuestros antepasados que debido a sus transgresiones y desviaciones no tendrán un lugar en el mundo venidero. Específicamente hablaremos del rey Menashe, quien se desvió del camino correcto, entregándose y volcándose por completo a prácticas de idolatría”.

Mas los sabios del Talmud detallan que Rab Ashi se refirió a Menashe en términos despectivos, comunicando a sus alumnos irónicamente que mañana “hablaremos de nuestros amigos”, en alusión al rey Menashe y su gente.
El relato talmúdico continua diciendo que aquella noche el rey se le apareció en sueños y le preguntó a Rab Ashi: “¿Acaso nosotros somos tus amigos o amigos de tu padre para que nos llames despectivamente de este modo?” Además, Menashe le formuló en el sueño una pregunta elemental sobre cierto aspecto legal de la Torá, pregunta que Rab Ashi no supo responder. Al notar que su interlocutor desconocía la respuesta, el rey agregó en su presencia onírica: “¿Ni siquiera ésta sabes y te permites llamarme “tu amigo?””
Rab Ashi – todo esto aún dentro del sueño – le preguntó entonces al rey Menashe: “¿Y si ustedes sabían tanta Torá y eran tan sabios, cómo pudieron entonces volcarse de lleno a actos y a prácticas de idolatría?”
El rey Menashe respondió: “Si tú hubieses vivido en mi generación te hubieses recogido el borde de tus ropas para poder correr libremente a cometer actos de idolatría”.
Significa: no como nosotros que al menos lo hacíamos lentamente y de modo ordenado: vos hubieses corrido desesperadamente entregado a servir y a adorar cultos extraños.
El relato talmúdico termina diciendo que al día siguiente, cuando Rab Ashi llegó a la casa de estudio, corrigió y aclaro su expresión del día anterior aclarando que ese día estudiarían acerca de “grandes hombres”.

Reflexionemos. El relato talmúdico nos enseña el tremendo poder que en épocas anteriores ejercía la influencia energética que inclinaba al hombre a cometer actos de idolatría de un modo claro, evidente y revelado. No eran los más pequeños e insignificantes personajes sino “grandes hombres”. Ellos peleaban contra esta energía e intentaban combatirla, aunque en ningún caso la negaban.

Sin embargo, quien considera que en la actualidad esta influencia simplemente no existe es, sin duda, porque se encuentra tan profundamente inmerso en ella que ya no logra percibirla.
Los sabios nos enseñan que en cada generación la influencia negativa de idolatría asume formas y ropajes diferentes y renovados. Vemos que en épocas anteriores la misma llevaba al hombre a servir prácticamente a dioses extraños a través de ritos, altares y sacrificios extravagantes. En nuestra época asume modos y estilos más ocultos y complejos. Y si deseamos descubrir y aclarar la esencia energética del mes de tamuz, y si además queremos que tal aprendizaje nos resulte útil y aplicable, estamos obligados a intentar dilucidar el modo particular en que tal influencia se presenta en nuestra generación y en el tiempo que nos toca vivir y transitar.

Tal lo dicho, el nombre del mes se relaciona con el máximo profeta de idolatría: tamuz, lo cual indica que la influencia de este mes conduce a desviarse del camino correcto. No debe sorprender entonces que de acuerdo con la cronología bíblica, en este mes el pueblo de Israel comienza su inclinación más profunda hacia la idolatría. Nos referimos al pecado del becerro de oro, el cual en ningún caso puede ser calificado como “un pecado más” ya que los sabios místicos enseñan que no existe desgracia en el mundo que no esté relacionada esencialmente con aquella desviación inicial. En pocas palabras, todo castigo que recibimos y padecemos, de algún modo oculto y velado viene a pagar aquella cuenta pendiente.

En este mes, por lo tanto, especialmente debemos tomar conciencia plena del concepto de idolatría, para intentar erradicar su influencia de nuestra persona y de nuestra vida.
Comencemos la tarea.

El mes de tamuz y la historia

· El becerro de oro

Tal lo expresado, al llegar al pie del Monte de Sinaí el pueblo de Israel alcanzó un nivel espiritual excepcional. Su realidad se transformó por completo y su creencia y su fe alcanzaron un nivel de evidencia, como un hecho indiscutible e innegable. Tal lo enseña el pasaje bíblico, el pueblo no solo “escuchó la voz de Dios” sino que “la vio”. El descenso del Creador sobre el monte no fue una leyenda que recibieron de sus abuelos o que estudiaron de libros de historia. Muy por el contrario, los hombres que salieron de Egipto vieron, percibieron, oyeron y sintieron la experiencia más poderosa que un hombre puede vivenciar: el Cielo descendiendo sobre la tierra.

“Al tercer día, cuando era de mañana, hubo truenos y relámpagos y una pesada nube sobre la montaña, y el sonido del shofar era muy poderoso, y todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció. Moisés llevó al pueblo del campamento hacia Dios, y se pararon al pie de la montaña. Todo el Monte de Sinaí estaba humeante, porque El Eterno había descendido sobre él en el fuego; su humo subía como el humo de un horno y toda la montaña se estremeció sobremanera. El sonido del shofar se hizo más y más fuerte; Moisés hablaba y Dios le respondía con una voz. El Eterno descendió sobre el Monte de Sinaí en la cima de la montaña…”
Exodo 19

No obstante, los sabios cuentan que tras cuarenta días, y bajo la poderosa influencia energética del mes de tamuz, el Satán logró engañarlos y mostrarles como una imagen turbia del entierro de Moisés que en ese momento se llevaba a cabo en las alturas, lo cual les permitió “entender” que el gran maestro ya no bajaría del monte ni volvería a conducir al pueblo en dirección a la Tierra Prometida. Una imagen turbia y confusa en las alturas es aceptada sin tapujos por un pueblo que lentamente caía en la trampa del Mal.

“El pueblo vio que Moisés se había demorado en bajar de la montaña y se reunió en torno a Aharón y le dijo: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros, pues no sabemos qué es lo que le ha ocurrido a este hombre Moisés que nos trajo de la tierra de Egipto.

Aharón les dijo: Quitad los anillos de oro que hay en las orejas de vuestras mujeres, hijos e hijas, y traédmelos.
Todo el pueblo se quitó los anillos de oro que tenían en las orejas, y se los llevó a Aharón. El los tomó de sus manos y los unió en una tela, y formó un becerro fundido. Dijeron: Este es tu dios, Israel, que te hizo ascender de la tierra de Egipto.
Aharón vio y construyó un altar frente a él. Aharón exclamó: ¡Fiesta para El Eterno mañana!
Exodo 32

Ahora bien: si la visión del Monte de Sinaí fue tan clara, si la realidad alcanzó un nivel tan obvio, ¿cómo pudo suceder tal desviación hacia la idolatría? ¿Cómo pudo devenir tal fuerza maligna que inclusive logró arrastrar consigo al mismo Aharón, hermano mayor de Moisés? Aharón, el profeta, el Gran Sacerdote, envuelto en hechos que sin duda merecen una mínima explicación.

* * * *
De los textos del profeta Ezequiel y de Maimónides surge con absoluta claridad que Tamuz era un profeta, el máximo profeta de idolatría de todas las épocas. Y sin entrar por completo en el análisis del tema, diremos que el profeta, en la Biblia, es un hombre elegido para transformarse en boca del Creador, para transmitir a los hombres la palabra divina. El profeta cumple el rol de comunicador.

Un claro ejemplo lo constituye el mismo Aharón, quien es considerado profeta al transformarse en la boca de Moisés ante el Faraón.
Mas los sabios místicos nos enseñan que todo lo creado tiene su opuesto y no solo el bien y el mal, la verdad y la mentira. Toda criatura – por más pequeña e insignificante que sea – tiene su punto opuesto, su negación. Por consiguiente, tal como existe el profeta verdadero que traduce fielmente la palabra de El Eterno, encontramos también la boca que desvía y descarría, la boca que enturbia y que confunde.
Profeta verdadero, profeta falso.
No resulta entonces sorprendente que la influencia energética de idolatría que reina en el mes de tamuz – la que simboliza la boca del falso profeta – se enfrente precisamente con Aharón, representante máximo del mensaje claro y transparente de Moisés.
Dos bocas que se enfrentan, y una rendija de sabiduría que nos muestra un estrecho camino de entrada a la esencia energética del mes.

* * * *
Los espías

Durante el mes de tamuz también acontece la segunda gran transgresión del pueblo de Israel: los espías enviados por Moisés regresan y simplemente transmiten al pueblo un informe tergiversado.

“El Eterno habló a Moisés diciendo: “Envía para ti a hombres, y que espíen la Tierra de Canaán que Yo doy a los Hijos de Israel; un hombre por su tribu paterna enviarás, cada uno un líder entre ellos.” Moisés los envió desde el Desierto de Parán ante la orden de El Eterno; eran hombres distinguidos, cabezas de los Hijos de Israel… Moisés los envió para que espiaran la Tierra de Canaán y les dijo: “Ascended aquí en el sur, y escalad la montaña. Ved la tierra, ¿cómo es?, y la gente que allí habita ¿es fuerte o débil? ¿Es poca o mucha? Y ¿cómo es la tierra en la que habitan? ¿es buena o mala? ¿y cómo son las ciudades en las que habitan? ¿Son abiertas o están fortificadas? ¿Y cómo es la tierra, es fértil o estéril? ¿Tiene árboles o no? Os fortificaréis y tomaréis los frutos de la Tierra”…

Al cabo de cuarenta días regresaron de espiar la Tierra… Ellos les informaron: “Llegamos a la Tierra a la que nos enviaste y, en verdad, en ella fluye leche y miel… Pero la gente que habita en la tierra es poderosa, las ciudades están muy fortificadas y, además, allí vimos a los descendientes del gigante”… dijeron: “No podemos ascender a ese pueblo, pues es demasiado fuerte para nosotros.”
Trajeron a los Hijos de Israel un mal informe de la Tierra que habían espiado, diciendo: “La Tierra por la que pasamos para espiarla, devora a sus habitantes. Todas las personas que allí vimos eran enormes…”

Otra vez la transgresión se relaciona con un informe maligno, con un desvío en la transmisión de los mensajes.

La boca no traduce fielmente, la boca nuevamente confunde, enturbia, desvía.
Demos un paso más.

Mucho más que dos letras

Tal lo dicho en la introducción de esta obra, es esencial tener siempre presente que una de las bases principales del pensamiento místico y filosófico de la Sabiduría de Moisés sostiene que el mundo fue creado a partir de las veintidós letras del abecedario hebreo. Primero existieron las letras a modo de unidades energéticas, y a partir de éstas devino posteriormente el mundo físico y material.

¿Significa acaso que la Sabiduría del Sinaí —la Torá— es anterior aún al propio mundo?
El mensaje de los sabios es muy preciso: el universo, en todos sus aspectos y niveles, es la expresión y el resultado “material” de tal Sabiduría. Nosotros, seres pensantes aunque limitados, no podemos ni siquiera imaginar lo que era la Sabiduría divina antes de la creación. Como lo sugieren los sabios en el Midrash, la misma se encontraba escrita en fuego negro sobre fuego blanco. Pero tampoco podemos concebir y aprehender la profundidad de este mensaje ya que, con anterioridad a la creación, el fuego, tal como nosotros lo conocemos, aún no existía.
Lo que sí debemos entender es que la palabra inefable del Creador tomó forma física. El cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos se transformaron en las vestimentas del mandato inicial de gestación, sin el cual la creación no hubiese podido comenzar ni continuar su existencia.
Posteriormente, el fuego negro y blanco de Sabiduría pura se vistió de tinta y de pergamino, se ocultó entre sus palabras y sus letras, y descendió de las alturas del Monte Sinaí protegido por las manos nobles de Moisés.
La Sabiduría divina, base misma de la creación, permanece implantada en el Libro, y se revela a esos pocos seres que gracias a un arduo esfuerzo y a una dura dedicación al estudio logran observar más allá del camuflaje material.
El Talmud relata que cuando los antiguos romanos capturaron al gran sabio Rabí Janina ben Teradión por haber cometido el «delito» de enseñar la Sabiduría de Moisés a sus alumnos, lo condenaron a muerte. Lo envolvieron en un rollo de la Torá y le prendieron fuego. Cuando su agonía alcanzó la intensidad más alta, sus alumnos le preguntaron: «Maestro, ¿qué ve?». Y él respondió: «Los pergaminos se consumen, y las letras se remontan en dirección al cielo».
El gran sabio veía lo que sus alumnos no eran capaces de ver. Las llamas podían quemar los pergaminos y la tinta, mas las letras divinas, las primeras, las iniciales, son eternas ya que el pergamino y la tinta no son su esencia sino simplemente su morada.
Los ejecutores romanos podían regocijarse, igual que los bárbaros se regocijaron siglo tras siglo mientras daban rienda suelta a su odio hacia el símbolo que ha sido tantas veces despreciado: la Sabiduría del Sinaí. Pero ellos no fueron capaces de destruirla, así como tampoco hubieran sido capaces de anular la ley de la gravedad.
Las letras son eternas porque reflejan la voluntad del Creador.
Primero el verbo, luego la materia; primero el Creador dijo, habló, y justo después el mundo fue y se gestó (ver Introducción).

Al estudiar la energía de las letras y su poder de creación, encontramos que por medio de la palabra divina o, más precisamente, por medio de las Diez Locuciones o Dichos Iniciales, el mundo alcanzó su modo físico. El Creador dijo que haya luz y fue la luz; el Creador dijo que las aguas se dividan y la tierra seca apareció. Diez locuciones, diez dichos, diez mandatos divinos de creación.

De igual modo encontramos en el Talmud que con la letra iud fue creado el mundo venidero, el anhelado, el añorado, el mundo espiritual, y con la letra hei, en contraposición, fue creado este mundo, el mundo físico, material y concreto.

Dos letras que sirven de base para dos tiempos fundamentales en la vida del hombre: el presente, nuestro mundo, y el futuro, el mundo por venir.
Como una muestra muy breve de la intención de este pasaje talmúdico, digamos que de acuerdo con las leyes de la gramática hebrea, la iud es la letra que transforma un verbo de tiempo pasado o presente en tiempo futuro. Cuando al verbo que hasta ahora aludía a un tiempo pasado o presente le anteponemos la letra iud al comienzo, entonces la acción pasa a referirse al tiempo futuro.
La esencia de la iud, por consiguiente, encierra la energía de proyectar en un futuro el pasado y el presente. No sorprende, entonces, que los sabios indiquen en su lenguaje en clave que precisamente con la letra iud fue creado el mundo venidero, el mundo futuro.
La letra hei, por su parte, además de coincidir con el mes de nisán, sirvió energéticamente para crear este mundo, la realidad que nos rodea, la misma que nos circunscribe y nos limita.

* * * *
Tras esta introducción que intenta refrescar nuestra memoria, diremos que para lograr alcanzar la esencia particular del mes de tamuz, los sabios enseñan que resulta indispensable aproximarnos a dos letras del abecedario hebreo: la letra ain y la letra pei.

El significado del nombre de la letra ain es ojo, y el significado del nombre de la letra pei es boca.
¿Mera coincidencia? Confío plenamente que el lector de El Calendario Cabalístico ya reconoce el valor fundamental de tales “casualidades” idiomáticas.

Citamos a continuación un texto del sabio Rabino Itzjak Guinzburg, el cual analiza precisamente las dos letras en cuestión. Y si bien el texto que presentamos en muchos casos utiliza un lenguaje cabalístico, nos servirá al menos para captar la insondable profundidad de las letras en general, y de las dos letras, la ain y la pei, en particular.

“La boca, la letra pei, sigue al ojo, la letra ain. Las cinco bondades y los cinco poderes de los ojos izquierdo y derecho referidos en la letra ain, son de hecho las manifestaciones duales de la sefirá (el término sefirot es un concepto cabalístico que alude a los modos de influencia de la divinidad sobre el mundo) de daat (alude a una de las energías mentales principales), – conocimiento -, como es enseñado en la Cábala. Daat es el poder de unión y comunicación. La Providencia es el poder de daat como se revela a través de los ojos, mientras que el poder de daat como es revelado por la boca, el habla, es la forma más explícita de contacto y comunicación entre los individuos. Como está expresado en el versículo: “Y Adán conoció a su esposa Eva”. “Conoció”, el poder de daat, se relaciona con la unión física del marido y su esposa, por eso la forma idiomática “hablar” es usada por nuestros sabios al referirse a esa unión. Y así se nos enseña en el Zohar: “[el poder de] daat está oculto en la boca”.

Daat como expresión de contacto en el ámbito de los ojos, es el secreto de la Torá escrita. Al leerla en el servicio de la sinagoga, el lector debe ver cada letra del Rollo de la Torá; algunas veces, se usa un “dedo de plata” para señalar y dirigir nuestra vista hacia cada palabra. La expresión del contacto en el ámbito de la boca es el secreto de la Torá Oral.
“No hay otro bien que la Torá”. La pei es la decimoséptima letra del abecedario, el valor numérico de la palabra hebrea tov, “bien” o “bueno”. Las primeras palabras dichas por la “Boca” de Dios: “Y hágase la Luz”, espontáneamente produjeron la luz como la conocemos, y a continuación fueron vistas por Sus “Ojos” como que “es bueno”. La palabra “bueno”, es la treinta y tres de la Torá, la suma de los valores ordinales de las dos letras ain y pei (33 = 16 más 17), lo que alude a la unión de los dos niveles de daat, contacto (el de los ojos, la Torá escrita, y el de la boca, la Torá Oral).
Se dice del pueblo de Israel: “Tú eres mi testigo, dice Dios” y “El testimonio de Dios está en tu interior”. Con los ojos cerrados testificamos dos veces por día: “Escucha, Oh Israel, El Eterno es nuestro Dios, El Eterno es uno”. La ain de la primera palabra, Shema, “escucha”, y la dalet de la última, ejad, “uno”, son escritas de mayor tamaño, y juntas forman la palabra ed, “testigo”. El alma de cada integrante del pueblo de Israel es un “ojo” – testigo de la unidad esencial de Dios. En este mundo debemos cerrar nuestros ojos físicos, para revelar el ojo interior de Israel que contempla la Unidad Divina. Al proclamar verbalmente nuestro testimonio, unificamos los dos niveles de contacto, el del ojo y el de la boca.
El expresar sabiduría proviene del ojo interior del corazón y se dirige a la boca, como está dicho: “el corazón del sabio le comunica a su boca”. Las palabras de sabiduría, cuando se expresan sincera y humildemente por la boca, encuentran favor y gracia a los ojos de Dios y el hombre, como está dicho: “las palabras de la boca del sabio encuentran favor”. En el Sefer Ietzirá se nos enseña que la “ofrenda” para la boca santa es gracia. En el bien, (“No hay otro ‘bien’ que la Torá”) están inherentes dos propiedades esenciales: verdad y gracia. Aunque cada dimensión de la Torá expresa una amalgama de ambas propiedades, sin embargo, en particular la verdad (la “figura masculina”, definida en principio por las sefirot de tiferet y iesod en Cábala) es la conciencia primordial de la Torá escrita, mientras que gracia (la “figura femenina” maljut) es la de la Torá Oral. De esta manera, el poder de la pei, la boca, es expresar la gracia de la Torá Oral”.

Y si bien aprendemos – o al menos captamos – que el significado esencial de las letras pei y ain alude a enseñanzas cabalísticas muy profundas, en las próximas páginas intentaremos rescatar aquellos aspectos místicos de las letras que se relacionan directamente con la raíz de la idolatría y del mes de tamuz.

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