SABIOS DE ISRAEL (II)

EL TAZ
Rabí David HaLeví: (1586-1667)

Rabí David HaLeví nació en Vladimir, en la provincia de Wolin, en el año 1586. Provenía de una familia de afamados Rabinos.

La fama de Rabí David HaLeví se extendió plena de alabanzas sobre los centros judaicos de la época, hasta que fue invitado a ocupar el cargo rabínico en la ciudad de Ostrog, de por sí ya colmada de eminencias rabínicas. Tenía 55 años.

Allí fundó su propia Ieshivá y se dedicó a la enseñanza pública de la Torá, mas también encontró diariamente tiempo libre para abocarse a su actividad literaria.

Puede decirse sin remilgos que sólo merced a la influencia y activa asistencia de los líderes comunitarios le fue dado a Rabí David -por naturaleza introvertido y humilde- confeccionar su magnífica obra -comentario a las secciones Oraj Jaím y Ioré Deá del Shulján Aruj, exégesis que hoy también conocemos con su nombre abreviado, Taz.

Su libro mereció fama mundial de inmediato y le aseguró una posición de honda estima entre los grandes de su época.

Coincidentemente aparecía al mismo tiempo en Vilna una obra similar, sobre la Sección Ioré Deá del Shulján Aruj, producto de la pluma de Rabí Shabtai Cohén. Este comentario es conocido también por su título, Siftei Cohén –”Labios del Cohén”- o simplemente por la abreviatura Shaj.
Los autores de ambos comentarios se tornaron buenos amigos, aun a pesar de que en sus escritos sustentaban de tanto en tanto posiciones y opiniones antagónicas en su modo de estudiar las palabras del maestro común, Rabí Iosef Caro.

Posteriormente fue invitado a ocupar el sitial de la jefatura rabínica de Lwow, donde prosiguió sus benéficas actividades.

Rabí David HaLeví -el Taz- falleció a la edad de 81 años, en 1667.

El “Maharal” de Praga
Rabí Iehudá Loeb (1525-1609)


Rabí Iehudá ben Betzalel Loeb nació alrededor del año 1525, probablemente en Poznán. A los treinta años fue llamado para ocupar el cargo de Rabino en Nikolsburgo, Moravia, posición que mantuvo cerca de veinte años. Sin embargo su mayor fama la adquirió luego, como jefe espiritual de la comunidad judía de Praga. Allí estableció la Gran Academia Talmúdica llamada Klaus.

El Maharal, abreviatura de Moreinu HaRav Loeb con la que se lo conoce, adquirió también gran renombre entre los no-judíos adquirió fama por sus insignes conocimientos seculares de matemáticas, astrología y otras ciencias. Fue un gran amigo de los astrónomos. Tycho Brahe (1546-1601) y Johannes Keppler (1571-1630). Era un profundo conocedor de la Cabalá, pues en ellas se ponen de manifiesto los secretos de la Creación Divina y los ocultos senderos de Di-s.

Al Maharal se le atribuían, y con razón, poderes especiales, y lo llamaban “el hacedor de milagros”. La historia más famosa es la del Golem, atestiguada por el monumento erigido en Praga que demuestra que se trató de algo más que de una simple leyenda popular.

El Golem era un muñeco de arcilla de las proporciones de un hombre, a quien el Maharal dio vida haciendo uso del Sagrado Nombre de Di-s. A través del Golem, el Maharal evitó el derramamiento de sangre judía inocente a causa de calumnias infundadas sobre los ritos judíos. Años más tarde, una estatua titulada Der Hohe Rabí Loeb -el gran Rabí Loeb- (obra de un famoso escultor checoslovaco) fue erigida frente a la nueva Alcaldía de Praga, como homenaje y tributo a tan ilustre personalidad.

No pensamos en el Maharal como el creador del Golem, sino como el gigante que arrojó luz para los estudiantes de la Torá y fue fuente de inspiración y fe a través de sus escrituras éticas. Rabí Shneur Zalman de Liadí -fundador del Movimiento Jabad- era un descendiente directo, por vía paterna, del Maharal.

El “Ramjal”
Rabí Moshé Jaím Luzzato (1707-1747)

Rabí Moshé Jaím Luzzato, o con el acróstico con que se lo conoce, Ramjal, pasó a la fama merced a su libro de ética judía, el Mesilat Iesharím – “Sendero de los Justos”

Rabí Moshé Jaím nació en Padua, Italia, hace casi 300 años. Ya desde su más temprana infancia, Moshé Jaím mostró un inusitado y serio interés por los estudios. Se aisló de las vivencias terrenales sumergiéndose en el vasto mar del Talmud con profunda dedicación. Durante su adolescencia, Moshé Jaím mostró gran interés por los estudios de la Cábala, el sector místico y esotérico de nuestra Torá, y por la edición de libros de dicha temática.

Moshé Jaím no mostró sus obras a ningún mortal, salvo a sus discípulos y compañeros. A ellos también reveló que el Profeta Elías se le había aparecido y le habían sido reveladas muchas cosas.

Estos secretos y sus escritos impresionaron tremendamente a sus alumnos. Cuando Rabí Moshé Jaím viajó para las Altas Solemnidades a ver a su maestro, sus alumnos no pudieron contenerse y mostraron los manuscritos a un emisario de la comunidad de Tzfat -Safed-, también él un renombrado cabalista, que se encontraba de paso por su ciudad.

Este cabalista, llamado Rabí Rafael Israel Kamji, se sintió altamente impresionado por la profundidad de los conocimientos de Rabí Moshé Jaim, y a su arribo a Venecia no dejaba de alabarlo ante los Rabinos locales. El Ramjal llegó a Amsterdam, allí fue recibido con grandes honores y la comunidad quiso tomar a su cargo su manutención. Ramjal declinó esta oferta pues no quería depender de nadie, y se dedicó a hacer trabajos en vidrio.

Esperaba erigir una gran leshivá con numerosos alumnos, en Tzfat, la ciudad de los Cabalistas. Su esperanza se truncó al fallecer poco tiempo después de su arribo a la Tierra de Israel (el 26 de Iyar de 1747), hallando sepultura en la ciudad de Tiberíades junto a la tumba de Rabí Akibá, el gran maestro del Talmud.

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