Parashá Shavua: Vaerá – (Y me aparecí). ROSH HODESH Shevat 5770 (16 de Enero de 2010).

Resumen de la Parashá

En esta parashá el Eterno se le presenta a Moshé afirmándole que con Su mano fuerte el Faraón dejará ir al Pueblo de Israel y los expulsará de la tierra de Egipto. También le recordó Su Pacto con Abraham, Itzjak y Yaacob, que daría la tierra de Canaán a los Hijos de Israel. Y el pueblo no quiso oír las palabras de Moshé por impaciencia y por sentirse quebrantados por la servidumbre. Moshé temió, ya que si sus hermanos no lo oían ¿cómo lo iba a escuchar el Faraón, aún más por su problema de dicción? Una vez más, el Todopoderoso le dijo a Moshé, que quien hablaría por él sería su hermano Aharón y no obstante el corazón del Faraón sería endurecido por Él y sobre el pueblo egipcio caerían severos castigos.

Moshé tenía ochenta años de edad y Aharón ochenta y tres. El Eterno dijo a Moshé que cuando el Faraón le dijera que hiciera milagros, Aharón debía tomar la vara de Moshé y la arrojaría ante el Faraón y se convertiría en culebra. Así ocurrió y también los magos egipcios hicieron lo mismo, pero el bastón de Aharón se tragó a los bastones de los egipcios. Igualmente, a pesar de este milagro, el corazón de Paró se endureció.

Comenzaron a producirse plagas sobre Egipto. Moshé advirtió al Faraón de lo que iba a ocurrir. La primera fue cuando Aharón, según lo instruido por Moshé, agitó su bastón sobre el río Nilo, sobre canales, lagunas y reservorios, y todas las aguas se convirtieron en sangre. Los peces murieron y hubo un olor hediondo. Todo esto obligó a los egipcios implorar a los judíos que les dieran agua, ya que éstos no sufrieron los efectos de la plaga. El Faraón no cambió su tiesa actitud. Posteriormente Aharón extendió su mano sobre el Nilo y aparecieron ranas que envolvieron la tierra. El Faraón suplicó a Moshé que contuviera los efectos de la plaga y que luego permitiría salir al pueblo. Moshé oró al Eterno para detener la plaga, pero el Faraón no cumplió con su promesa.

Aharón apaleó con su bastón sobre el polvo de la tierra, y éste se convirtió en piojos que envolvían a hombres y animales. Esta plaga, los magos egipcios no pudieron repetirla, admitiendo así la superioridad del Todopoderoso. Pero el corazón del Faraón seguía endurecido.

Moshé señaló que animales salvajes asediarían las casa egipcias, no así las de Goshen donde vivían los judíos. Nuevamente Paró prometió dejar salir al pueblo por tres días para que ofrecieran sacrificios al Eterno, pero cuando se detuvo la plaga, su corazón volvió a endurecer.

Nuevamente Moshé advirtió al Faraón sobre una nueva plaga que afectaría a los animales. Esta mató al ganado de los egipcios, no así al de los hebreos. El Faraón comprobó lo ocurrido, pero no cambió su postura.

El Eterno ordenó a Moshé y a Aharón tomar en sus puños cenizas y arrojarlas hacia el cielo, en presencia del Faraón, las que se transformaron en pústulas sarnosas, atacando a hombres y animales. Los magos también fueron afectados por esta plaga, y, aún así, el Faraón no accedió a los pedidos de Moshé.

Se le advirtió a Paró sobre una nueva plaga que destruiría cosechas y mataría el ganado que aún sobrevivía. Consistió en una terrible tormenta con fuerte granizo de fuego y hielo, que también mató a hombres, pero la tierra de Goshen no se vio afectada. Paró mantuvo duro su corazón y no permitió salir al pueblo de Israel.

TORA y CIENCIA (II).Génesis y el Big Bang (Primera Parte)

La Torá anuncia en sus primeras palabras “Bereshit Bara Elo-him” “En el principio Dios creó los cielos y la tierra”. ¿El Big Bang dice algo parecido o expresa algo totalmente diferente? ¿El Big Bang es una teoría que contradice la afirmación bíblica o reafirma la declaración bíblica? Esto es lo que vamos a analizar hoy.

Dentro de este mismo tema trataremos de ver si la ciencia moderna, la ciencia de los 90´s, nos aleja o nos acerca más a la nociónn de un Creador. Y una última pregunta para la cual -les confieso de antemano- no tengo una respuesta válida, y es ¿por qué todo esta reflexión no se lleva a cabo entre los marcos educativos? En las escuelas y liceos. Y no me refiero únicamente a las escuelas judías.

Esto lo dejo como una pregunta abierta para todos ustedes.

Historia de los Principios

Vamos a comenzar. Como dije, la Torá afirma que en el principio Dios creó los cielos y la tierra. No vamos a hablar desde la fe. En realidad, en el judaísmo no existe el conocimiento “por la fe”. Vamos a enfocar este tema de la forma más científica posible: con evidencias, datos, hipótesis.
En primer lugar, tenemos que ubicarnos en lo que fue la antigua concepción humana del Universo, del cosmos. La afirmación de la Torá, Bereshit, en el principio existió una creación divina, no fue nunca muy bien vista por la ciencia. De hecho fue rechazada por los científicos de la antiguedad.

Uno de los más grandes sabios que conoció la humanidad, cuyo pensamiento y ciencia rigieron el conocimiento científico del hombre durante siglos, fue Aristóteles. Y Aristóteles describió un Mundo estable, finito, y eterno. Porque él, como nosotros, salía afuera y miraba el cielo y las estrellas y veía que los astros se desplazaban en órbitas aburridas, mecánicas y matemáticamente previsibles. Entonces este Mundo, decía Aristóteles, siempre existió así como lo vemos ahora. No tuvo ningún “principio” y siempre seguirá siendo el mismo y por lo tanto “no hubo nadie que lo creara”. Incluso desde el punto de vista filosófico el dios -con minúsculas- de Aristóteles era un dios privado de voluntad. Para Aristóteles el hecho de que existiera una creación reflejaría una modificación en Dios, y su dios era estable y por la misma proyección del universo, eterno, e inmutable. A Dios, según el pensamiento aristotélico, no se le podría ocurrir de pronto querer un universo. Por lo tanto, ya sea desde el punto de vista físico y astronómico, como desde lo filosófico, Aristóteles y toda la ciencia desde él hasta nuestros días, sostuvieron que “Bereshit” no existió. El mundo era eterno.
La Edad Media registra innumerables discusiones de sabios judíos frente a sabios aristotélicos. Los sabios aristotélicos demostraban “científicamente” que el mundo era eterno, y los sabios judíos, siempre a la defensiva, declaraban un tímido Bereshit, que entonces, era casi una proclamación de fe.
Quizás el paradigma de esta defensa lo representó el famoso Rabí Moshé Ben Maimón, que tanto hemos citado acá, a quien se le conoce como Rambam o Maimónides. Ese ilustre sabio, médico, filósofo y astrónomo, que tuvo el pueblo judío, es sin duda el modelo de inspiración de estas jornadas. El fue quien discutió con los sabios aristotélicos manteniendo que el mundo había tenido un principio. Y lo notable es que hasta bien entrado el siglo XX todavía la ciencia seguía afirmando que el mundo era finito y eterno, que no existió un “Bereshit”.
El descubrimiento de Andrómeda

¿Cuándo es que se descubre que el mundo tuvo un principio, que hubo un Bereshit, que el mundo no era eterno? Hubo varios sabios y astrónomos, que con telescopios cada vez más potentes empezaron a ver diferentes puntos de nuestra galaxia. Desde Galileo y Copérnico. Y por supuesto a partir de nuestro siglo XX, comenzaron a observar otras galaxias y vieron que éstas no se desplazaban en órbitas, como hubiéramos esperado. Es decir, mientras que todos los astros y los cuerpos celestes de nuestra galaxia aparentemente sí se desplazaban de forma orbital, las galaxias no hacían lo mismo. Vesto Slipher fue el primero que lo percibió, pero el científico que lo pudo verificar fue Edwin Hubble. (Hoy tenemos grandes y poderosos telescopios en su nombre). Año 1925 más o menos, Hubble descubre una galaxia llamada Andrómeda. A través de una sofisticada medición de la luz denominada “efecto doppler”, (es una forma de medir la luz que va llegando de las galaxias más lejanas) él calculó que esa galaxia se estaba “alejando” de un punto de referencia establecido, a una velocidad astronómica. E incluso descubre otra galaxia que está más lejos que Andrómeda, y que se aleja más rápido que Andrómeda, lo cual empieza a demostrar una imagen del universo hasta ahora desconocida. Si pasamos la película para atrás, lo podremos entender… La galaxia Andrómeda, a una velocidad 10 digamos, está en el punto A. La otra galaxia a una velocidad 12, está en un punto B, más alejado, o sea que cuanto más rápida es la velocidad de la galaxia, más alejada está. Por lo tanto si volvemos hacia atrás la película de todas las galaxias que se van alejando, llegaríamos a un punto en el cual todas las galaxias vuelven a un centro original, un punto. Y de aquí, un poco después, en el año 1946, el famoso científico George Gamow, elabora la teoría del Big Bang. Es decir, de que en realidad en un principio todo era una impresionantemente poderosa super-bola de fuego, decía Gamow, de energía, que al explotar dio origen a todas las galaxias, las mismas que hasta hoy se siguen dsplazando por efecto de esa primigenia explosión.

Demasiado parecido a la Biblia…

A esta teoría, en sus principios, se opuso nada más y nada menos que el Prof. Albert Einstein. Y fíjense cuáles fueron los argumentos de él para oponerse. El decía que esa teoría era muy sospechosa y que el “no quería caer en manos de sacerdotes”. ¿Porqué? Porque Einstein entendió que demostrar que el universo tuvo un principio, era acercarse demasiado a una teología.

Si hubo un inicio, entonces alguien tuvo que iniciarlo. Ya que hay leyes físicas de conservación de masa y energía que no “permiten” que algo de pronto aparezca así, espontáneamente y de la nada.
Previendo esto, Einstein y todo un grupo de científicos con una orientación secular se negaron a aceptar esta teoría. Incluso el mismo Einstein inventó la hipótesis de “la constante cosmológica” para explicar el fenómeno descubierto por Hubble – que después consideró como uno de los mas grandes errores de su carrera profesional.

Pero la teoría del Big Bang (a propósito, el nombre Big Bang lo puso un científico que no apoyaba esta teoría, llamado Fred Hoyle. Este científico americano se burlaba de esta hipótesis y la bautizó “Big Bang” con un tono despectivo y burlón…) tenía que ser demostrada científicamente, no sólo por esa película hacia atrás, que podemos deducir, sino que se esperaba que esa explosión hubiera dejado como un “residuo” de su “onda expansiva”, como cuando tiramos una piedrita en el agua… que teórica y matemáticamente, esas ondas se expanden ad eternum, nunca se acaban. Entonces, esta teoría prevía que debería existir un tipo de ondas llamadas Kelvin, en una frecuencia de más o menos 3,5 grados.

En 1964, dos investigadores que trabajaban para la compañía Bell Telephone de Estados Unidos, Wilson y Penzias, haciendo experimentos con antenas para las instalaciones telefónicas descubren esta radiación. Descubren la radiación de Kelvin 3,5… ¡Una radiación constante y permanente en todo el Universo! Si ustedes la quieren ver, si quieren percibir ese eco del Big Bang, lo pueden ver en sus Televisores. Cuando no sintonizan ningún canal, ese ruido y esa lluvia en la pantalla, es nada más y nada menos, queridos amigos, que el eco original del Big Bang. Años después, hace relativamente poco, el satélite “Kobe” también registra la misma onda expansiva universal. Otro dato que también tenía que ser confirmado era la cantidad de nitrógeno y helio existente en el Universo, y también coincidió con lo que se calculaba desde la teoría del Big Bang. La cuestión es que a partir de estas dos confirmaciones ya ningún científico serio se atrevió a cuestionar el Big Bang. La teoría fue absolutamente aceptada. Esto lo sabe todo el mundo…

El fin de la gran conspiración

Mi gran pregunta es si ustedes sabían que la teoría del Big Bang era toda una confirmación del Bereshit, y la rotunda negación de aquello que la ciencia estuvo sosteniendo durante siglos. ¿Eran Ustedes conscientes que el Big Bang representaba la ratificación, por parte de la ciencia de que existió un principio, un Bereshit?

De qué recién en este siglo se afirma lo que la Torá ya había afirmado hace tanto tiempo…

El mundo no es eterno, el mundo tuvo un principio. La ciencia lo llama Big Bang, nosotros lo llamamos Bereshit…

De la misma manera, lo que la ciencia denomina “radiación Kelvin 3,5” nosotros lo llamamos el eco de la creación divina…

En las últimas décadas, varios científicos honestos de vanguardia, que no encuentran otra posible explicación de cómo de pronto surge algo de la nada y habiendo abandonado el modelo del universo estático, empiezan a hablar con un término que no tiene casi nada que ver con lo científico. Comienzan a mencionar el concepto “Creación”.

Les voy a leer un pequeño párrafo de un libro que recomiendo mucho. Es del Prof. Natan Aviezer, de la Universidad de Bar Ilan. El libro se llama “Bereshit Bará” (En el principio creó…) El autor escribe acerca de las coincidencias entre el relato bíblico de la creación y la descripción científica de la Cosmogonía, (el nacimiento del Cosmos). Está en castellano. Ha sido traducido hace muy poco tiempo. Les voy a leer las citas que trae respecto a los científicos modernos que hablan de Creación. Aviezer dice así, citando a prestigiosos científicos: “La creación del universo ha llegado a ser un hecho científicamente aceptado. El desarrollo de la radioastronomía en los últimos años ha aumentado considerablemente nuestro conocimiento de partes distantes del universo. Como resultado el origen violento y espontáneo del universo ha sido aceptado en forma general. Parece ser acertado que hubo un tiempo definitivo de la creación” .

[Ver Bibliografía al final]. Quiero que entiendan, queridos amigos, qué significa la palabra Creación en el vocabulario de un científico. Es instructivo repasar algunas frases dichas por cosmólogos que son considerados líderes en su profesión. ¿Quién conoce alguno de ellos? Quizás el más famoso y popular de todos sea el inglés Stephen Hawking, que no es para nada un científico religioso. El escribió lo siguiente : “El actual punto de vista de la Creación ocurre fuera del campo de las leyes conocidas de la física”. Lo dice en el libro de Stephen Hawking, “The Large scale Structure of Space Time”, Cambridge, 1973. El Prof. Allan Guth, del Instituto Tecnológico de Massachussets, el Prof. Paul Steinhart, de la Universidad de Pennsilvania, escriben: “El momento de la creación sigue aún sin ser explicado”, en una publicación que edita la prestigiosa revista “Scientific American” en 1984 hablando de creación. Los títulos de dos recientes libros de Cosmología – no de Teología- son: “La creación” y “El momento de la creación”. Y finalmente, un reciente título publicado por las más prestigiosas revistas de investigación de física, lleva el siguiente título: “La creación del Universo a partir de la nada”. Todo esto nos hace replantearnos, yo creo que positivamente, cómo la ciencia o los científicos van descubriendo, en cierta forma, lo que la Torá afirmó hace mucho tiempo…

Carta de lector

En la revista Newseek apareció el año pasado una editorial acerca del Big Bang. Las últimas descripciones del Big Bang a partir de las nuevas fotografías de los más modernos satélites. En el otro número del NewsWeek, hay una carta de un lector. Resulta que en el artículo mencionado se habla de cómo la teoría del Big Bang explica o describe el surgimiento del mundo. Entonces un señor llamado Walter Edgard, de Louisiana escribe lo siguiente: “Estuve sorprendido de las fotografías que vi del periscopio Hubble. ( En ese artículo se mostraban fotografías impresionantes de las galaxias, y se deducía cómo habría sido su comienzo y evolución…) Pero cuando leí la declaración de que en un momento dado, según la teoría del Big Bang, las luces del universo se encendieron le dije instintivamente a mi esposa: suena como Génesis, cuando Dios dijo: “Que sea la luz” y surgió una explosión de luz. Entonces pregunto: ¿Están los astrónomos gastando millones de dólares por algún tipo de descubrimiento que ya conocemos desde hace tantos siglos atrás?” Esa es la interesante reflexión que hace este lector de la Newsweek.

Hace muy poco tiempo atrás, en 1988, la NewsWeek presenta otra editorial con un título muy provocativo “Science finds God” = “La ciencia descubre a Dios”. También en este artículo se afirma lo que recién acabamos de decir, que el Big Bang es en realidad una corroboración del Bereshit. Claro, insisto nuevamente en esa pregunta a la que no tengo respuesta. ¡Así no nos lo enseñan en la escuela! Al contrario, pareciera ser que al Big Bang se lo presenta en oposición a Bereshit, como la alternativa laica para explicar el surgimiento del mundo. ¡Cuando en realidad es exactamente al revés! El Big Bang es la primera (y por ahora mayor) confirmación científica de Bereshit.

Un científico moderno citado en este artículo dice: “Ha sido la ciencia, mi ciencia, la Cosmología, quien me ha acercado más a la conclusión de que el mundo es mucho más complicado que lo que la ciencia lo puede explicar. Es únicamente a través de lo Sobrenatural que puedo llegar a entender el misterio de la existencia”. Es como si algo sorprendente estuviera pasando entre aquellos dos contrincantes, viejos contrincantes -la ciencia y la religión- parece que están encontrando un camino en común. Uno está ayudando a descubrir al otro. Pero como dijimos, aquí esa información no nos llega…

En el artículo del Newsweek que les mencione se explica: “George Gamow, a partir del Big Bang, describió la teoría de que el universo comenzó a partir de una primera explosión, una creación o un surgimiento instantáneo… la teoría del Big Bang, abre las puertas para la idea de un Creador”. Lejos, muy lejos de que el Big Bang sea una teoría de exclusión de Dios, es una teoría que confirma Bereshit.

Teología subjuntiva

Quisiera analizar ahora, no las similitudes, sino lo que aparentemente son las grandes diferencias entre el Big bang y el relato bíblico de la Creación: el primer tema es el tiempo “cuándo, cuánto hace que surgió/fue creado el Mundo”

Veamos si son insalvables las diferencias entre la Torá y la teoría del Big Bang.
La ciencia dice que el Big Bang ocurrió hace 15.000 millones de años. La Torá dice: 5760 años… Bueno, la diferencia no es tan pequeña como para atribuirla a un mero error de cálculo… Es decir, aquí tenemos una distancia abismal entre una y otra postura, un punto de desencuentro muy grande. Veamos si es posible encontrar una forma de consonancia entre ambos puntos…
Para ello quiero describir, compartir con ustedes, dos pensamientos que creo nos ayudarán a entender qué significa esto de los tiempos distintos. Antes quisiera contarles lo que una investigadora americana, Nancy Murphy, propone para el estudio de las ciencias y de la Teología, generalmente excluida, en los niveles de educación media y académica: ella propone una Teología Subjuntiva. ¿Qué significa “La Teología Subjuntiva”? Una manera de plantear las verdades teológicas de manera teórica y confrontarlas de ese modo con el conocimiento científico moderno. Una presentación de la teología que no sea indicativa y mucho menos imperativa. Subjuntiva significa “si fuera qué… si hubiera existido, por ejemplo, una creación.”

Yo voy a hacer uso de la misma estrategia para explicarles a ustedes cómo puede funcionar esto de las diferencias de cálculo de edades entre el Big Bang y la Torá. Si por ejemplo “suponemos” la creación y partimos de que Dios acaba de crear hace un minuto al primer hombre. Y ahora tratamos de visualizar este escenario ¿Cómo imaginamos al primer hombre creado por Dios? ¿Lo creó como un bebé recién nacido o como un adulto? Ustedes, aunque sea intuitivamente ¿qué dirían? Seguramente pensaran que no lo creo como un bebe porque de esa manera no hubiera podido sobrevivir. El Midrash, es decir la parte no Halájica del Talmud afirma, que Dios creó al hombre ya desarrollado, con un cuerpo de unos 20 años. Ahora imaginemos que a través del túnel del tiempo viajamos hasta ese primer minuto de la creación del hombre. Estamos allí, frente a frente, con Adam, con el primer hombre de la creación. Y asumiendo lo que dice el Midrash, este hombre (¿sin ombligo?) tiene el cuerpo de un joven. Supongamos que somos científicos y nuestra misión desde el futuro es investigar la edad de este hombre. Llegamos un minuto después que fue creado. Ya no está Dios “explícitamente” presente. (¡Como ahora!). Ustedes como científicos ¿qué edad le atribuirían a este individuo? Creo que ninguno de nosotros se atrevería a pensar que este joven tiene sólo un día de vida, ya que como científicos tenemos que basarnos exclusivamente en los datos que tenemos frente a nosotros.

Entonces más o menos estimaremos que este hombre tiene… digamos entre 18 y 22 años. La pregunta es si estaremos equivocados al atribuirle al primer hombre esa edad. ¿Sí o no? En realidad “Sí y no”. Desde el punto de vista científico NO estamos equivocados, porque el individuo en cuestión posee un cuerpo de 20 años. Pero desde el punto de vista de la realidad que asumimos, o sea nuestra Teología Subjuntiva estaremos muy equivocados, porque este hombre tiene un minuto de vida. Es decir que en general, si suponemos la creación, si partimos del supuesto de la creación, se presentan ante nosotros dos formas de medir el tiempo totalmente distintas, y en cierta forma las dos correctas. Tomando en cuenta las reglas de juego de la ciencia, no puedo esperar que los científicos digan otra cosa, porque lo que la ciencia no ve, no detecta y no mide (en este caso el fenómeno de la Creación) no puede considerar. La ciencia sólo puede trabajar con los elementos que tiene frente a sí, nada más. ¿De que podríamos culpar a un científico si nos dice que ese hombre, que Adam, tiene 20 años?

Pensemos ahora, por ejemplo, en la edad de una cadena montañosa. Imaginemos que Dios dijo: “Que sea la cadena montañosa”. Y en un minuto se crea la cadena montañosa. Un científico que se presente en ese momento nos va a decir: Bueno, esta cadena montañosa tiene, digamos, un millón de años. Ya que es el tiempo que le llevaría a los movimientos sísmicos y geológicos hacer surgir una cadena de montañas.

Nuevamente, por un lado -internamente- tiene un millón de años, pero fue creada ayer. Alguien puede decir: la luz de esa estrella tardaría cinco millones de años en llegar a la tierra. Es verdad. Entonces ¿cuántos años tiene esa estrella? ¡Por lo menos cinco millones de años! Pero si suponemos que Dios la creó “ayer” con la luz ya sobre la tierra, estaríamos midiendo simplemente cuánto tiempo le hubiera llevado a la luz llegar si no hubiera sido creada así por Dios. Un último ejemplo. Si suponemos la creación, volvemos a los primeros días, cortamos un árbol y encontramos que tiene 50 anillos, como científicos vamos a afirmar que tiene 50 años, aunque en realidad puede ser que tenga un solo un día.

La presente es la transcripción de la conferencia “Génesis y el Big Bang” dictada por el Rabino Iosef Bittón el día 4 de Agosto en el auditorio del instituto ORT, en ocasión de celebrarse en Montevideo las Segundas Jornadas Latinoamericanas de Ciencia y Judaísmo.
Hemos mantenido deliberadamente el carácter oral de la exposición y solamente hemos agregado , para organizar las ideas, títulos a los temas abordados.

(Transcripcióna conferencia “Génesis y el Big Bang” dictada por el Rabino Iosef Bittón)

Bibliografía:
Lawrence Kelemen “Permission to believe” Targum/Feldheim, Jerusalem 1990
Stanley L Jaki “From scientific cosmology to a Created universe” en Intellectualls speak about God. Chicago 1984
“EL PRIMER DíA DE LA CREACIÓN EL ORIGEN DEL UNIVERSO”, Profesor Nathan Aviezer publicado en BBD, Journal of Torah and scholarship, de la Universidad de Bar Ilan, Israel1995
Dr Gerald Schroeder “Génesis y el Big Bang” Ediciones B, Barcelona, España, 1992.
S. W. Hawking y G. F. R. Ellis, The Large Scale Structure of Space-Time (Cambridge University Press, Cambridge: 1973), p.364.
A. H. Guth y P. J. Steinhardt, “The Inflatory Universe”, Scientific American, Vol.250 (Mayo de 1984), p.102.
A. Vilenkin, Physics Letters, Vol. 117B (1982),pp.25-28.
Lee M Spetner: “Not by chance, the fall of neodarwinian theory” Jewish Heritage and Roots Library, Jerusalem (1996)

http://www.judaismohoy.com/

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