HISTORIAS PARA CONTAR EN FAMILIA (V)

15. “No Se Engañarán Uno Al Otro” (Vaikrá 25:17)

Rabí Eliahu Hacohen Dushnitzer, el mashguiaj de la ieshivá de Lomza en Petaj Tikva, tenía un hijo que dejó Israel para ir a vivir a América. Este hijo era dueño de un campo en Ramat Hasharón, que dejó a su padre antes de irse. Puesto que los precios de las naranjas y otros cítricos estaban muy bajos, eran tiempos difíciles para aquellos que tenían campos, y frecuentemente los gastos de manutención eran más que las entradas que recibían. Ese fue el caso con el Rab Eliahu, y él tuvo que endeudarse para poder mantener el campo.

Esto lo entristecía mucho a el, puesto que a el no le gustaba estar endeudado, y aתn así las deudas crecían constantemente. A el tambien le preocupaba el hecho de no poder cubrir sus deudas antes de morir, y de esa manera sería considerado una persona malvada, así como dice el versículo: “Un hombre malvado pide prestado y no devuelve” (Tehilim 37:21). Es por eso que el rezó mucho por su campo y tambien pidió a sus amigos que recen por el, para que se le presente la oportunidad de vender el campo y así pagar sus deudas.

Uno de sus estudiantes de la ieshivá se convirtió en un agente inmoviliario despues de que se casó, y encontró un comprador – un judío americano – para el campo de Rabí Eliahu. El agente arregló una cita para que se encuentren Rabí Eliahu y el futuro comprador, y en ese momento viajaron los tres para ver el campo.

En el camino hacia el campo, Rabí Eliahu dijo al comprador: “Puesto que la Torá dice: ‘Y no se engañarán uno al otro’ (Vaikrá 25:17), yo debo decirle los defectos que tiene el campo. Uno de los árboles tiene gusanos, otro tiene frutas que caen constantemente, otro está seco, etc. Tampoco se olvide que nuestros Sabios dijeron que si usted contrata trabajadores y luego no los supervisa, estará desperdiciando su dinero (Babá Metziá 29b). Es por eso que si usted no va a trabajar el campo, no obtendrá ganancias”.

El comprador escuchó pacientemente a Rabí Eliahu y decidió que compraría el campo de todas maneras.

Cuando ellos llegaron al campo, Rabí Eliahu comenzó a mostrarle al comprador todos los defectos que le había mencionado anteriormente en el camino. E incluso esto no impidió que el hombre quiera comprar el campo.

Repentinamente el comprador sacó una pequeña botella de su bolsillo y tragó unas píldoras. “¿Cuál es el problema?” – preguntó Rabí Eliahu con preocupación.

“No se preocupe, rabí” – contestó el hombre – “yo tengo un corazón debil y el doctor me dijo que tome estas píldoras cada cuatro horas”.

Tan pronto como el Rab Eliahu escuchó esto, canceló todo el trato y no estuvo dispuesto a vender el campo a ese hombre. ֹl le dijo: “Que D’os le envíe una recuperación completa, pero yo no le vendere mi campo de ninguna manera”.

“¿Que le importa sobre mi situación?” – le preguntó el comprador – “yo quiero comprarle el campo!”.

Rabí Eliahu le contestó: “Porque usted no ve que el campo no es bueno para usted, no significa que yo tengo permitido engañarlo. Si usted tiene un corazón debil, usted no podrá trabajarlo personalmente, y si usted contrata trabajadores yo se que perderá dinero. No hay nada más de que hablar. Yo no le vendere el campo”.

Con estas palabras Rabí Eliahu retornó a Petaj Tikva.

16. Juzgando Favorablemente

Una vez le fue robado a la Rebetzin del famoso autor del libro Jemdat Shelomó un tapado valioso. Más tarde fue descubierto que el ladrón era una de las personas que recibía un monto de dinero mensual como caridad del Rabino. Un día el tapado fue retornado por un comerciante quien admitió que lo había comprado al ladrón.

Cuando el hecho fue conocido, una de las personas ricas de la ciudad habló con el Rabino diciéndole: “Usted siempre nos dice que debemos contribuir dando caridad, y ahora nosotros vemos que una de las personas a la cual nosotros le damos no es más que un bajo ladrón”.

El Rabino respiró profundamente, llamó a su secretario y le preguntó: “¿Usted sabe dónde vive el ladrón?”.

“Por supuesto que yo sé” – contestó el secretario.

“Ahora bien” – dijo el Rabino – “No se olvide de salir y encontrarlo el próximo mes para que nosotros le podamos dar el monto de dinero mensual del fondo de tzedaká, pues probablemente él se sentirá muy avergonzado como para venir por su cuenta a buscarlo”.

Así como el Rabino había sospechado, al mes siguiente todas las personas llegaron a recoger su dinero, menos el ladrón. El Rabino le recordó al secretario que vaya a llamar al ladrón, y que le diga que nada le pasará si él se presenta a hablar con el Rabino. El secretario le pasó el mensaje. El ladrón fue, puesto que el Rabino era conocido como un tzadik que siempre cumplía con su palabra.

Cuando el ladrón llegó, el Rabino le dijo: “¿Cómo es que pudo transgredir una prohibición explícita de la Torá? Yo sé que usted lo hizo porque estaba en una situación desesperada, pero aún así, ¿cómo pudo cometer semejante pecado? Hubiese sido mucho mejor que hubiera venido a contarme su problema y no hubiera cometido este pecado. Yo quiero que me prometa que nunca más va a hacer una cosa semejante”.

Después de que el hombre pobre prometió, el Rabino le dió su dinero mensual, y le agregó algo extra.

El Rab vió al ladrón como una prueba diseñada para determinar si él se enojaría o reconocería que el hombre pobre realmente estaba en una situación desesperada, puesto que, en definitiva, el tapado fue devuelto a su Rebetzin. Asimismo, en nuestras vidas, muchas dificultades surgen como una prueba para ver si nosotros podemos controlar nuestro comportamiento hacia el prójimo o no

17. El Placer de Alegrar a Otros

El Rab Ben Zión Abraham Shapiro, el hijo del Rab Tzvi Michel de Jerusalem, tenía la costumbre de ir a la mikve (baño ritual) todas las noches a medianoche, y luego recitar el tikún Jatzot, el rezo de medianoche el cual es un lamento por la destrucción del Bet Hamikdash.
Un sábado por la noche, antes de la medianoche, cuando él estaba en camino hacia sus rezos, se encontró con un grupo de hombres jóvenes casados que retornaban de un Melavé Malcá (la comida que se debe comer después de Shabat para escoltar a la reina Shabat). Ellos decidieron reirse del Rab Ben Zión, y cuando él se acercó a ellos, ellos lo rodearon en un círculo y comenzaron a bailar y cantar alrededor de él. Por su extrema modestia, el Rabino no se sintió insultado, y simplemente se unió al baile.

Después de que uno de los jóvenes que había iniciado todo, retornó a su casa, comenzó a sentirse avergonzado de lo que había hecho. “¿Qué es lo que hice? Yo rebajé a una de las personas más piadosas de Jerusalem cuando él estaba en camino a su sagrado servicio”.

El muchacho decidió ir a la mañana siguiente y pedir perdón al Rabino. Cuando llegó a su casa y expresó sus disculpas, el rabino estaba verdaderamente sorprendido, y le dijo a él simplemente: “¿Por qué me vienes a pedir disculpas? Tú me has causado mucho placer, pues yo ví que por mí todos ustedes estaban alegres!”.

18. El Grifo del Tonel

Cuando el Jafetz Jaim estaba en la ciudad de Bialystok para asistir a una reunión, dos hermanos – negociantes de maderas – se acercaron a él. Ellos le pidieron al Jafetz Jaim un consejo..

“Recientemente hemos comprado un bosque para talar” – dijo uno de los hermanos – “y estamos teniendo buenas ganancias de eso. Mientras estábamos aún ocupados con este bosque, se nos cruzó la oportunidad de hacer otro trato comercial respecto de un bosque que realmente nos haría ricos. Yo pienso que debemos tomarlo antes que otro lo compre”.

“Y yo digo” – habló el otro hermano – “que ahora que estamos ocupados con una cosa, no deberíamos comprometernos con otra cosa, sino hacer una cosa por vez”.

“¿Qué? ¿Y dejar que se nos escape una fortuna?” – se quejó el primer hermano.

El Jafetz Jaim dijo: “Perdónenme pero yo no entiendo nada sobre el negocio de la madera”.

“Por favor, Rabino” – le suplicaron los hermanos. “Esta es una discusión crucial entre nosotros, la cual afecta no sólo nuestro sustento sino también nuestra relación. Usted nos debe ayudar”.

“Muy bien” – contestó el Jafetz Jaim. “Yo no soy un profeta pero déjenme que les cuente una historia, y ustedes podrán sacar sus propias conclusiones”.

“Un hombre tenía un gran tonel de vino con un pequeño grifo. Él podía llenar un botellón de vino mediante el grifo del tonel en un minuto. Un muchacho inteligente se le acercó y le dijo que él se beneficiaría mucho si haría otro grifo en el tonel.

‘Gracias – le dijo el dueño del tonel – tu consejo me sería de utilidad si eso me ayudaría a sacar más vino del tonel. Pero puesto que finalmente yo obtendré la misma cantidad de vino, no me importa esperar otro minuto'”.

Los hermanos entendieron que el Jafetz Jaim les estaba diciendo que no hagan el otro trato comercial. Sería como hacer otra grifo en el tonel de vino, el cual no valdría el esfuerzo [pues su esfuerzo extra no les traería a ellos más riqueza de la que actualmente D’os había decretado que ellos ganen]. Ellos tomaron el consejo y no compraron el segundo bosque.

Dos años más tarde, el Rab Shemuel Greineman, quien había presenciado toda la discusión, se encontró con uno de los hermanos en la calle. “¿Qué ha pasado con ese segundo bosque?” – él le preguntó.

“Qué buen consejo nos dió el Jafetz Jaim. Fue casi como un milagro!” – exclamó el hermano. “Otra persona lo compró y perdió todo su dinero”.

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