ROSH HODESH TAMUZ (12 y 13 de Junio 2010)

Es el décimo mes del año según el cómputo de los meses desde la creación del mundo, y el cuarto mes según el cómputo desde el Éxodo de Egipto. Su signo es el de Cáncer.

Rosh Jodesh Tamuz consta siempre de dos días, pues el mes anterior, Siván, tiene siempre 30 días; así, el trigésimo día de Siván es el primer día de Rosh Jodesh Tamuz. El mes de Tamuz mismo tiene siempre 29 días. Por lo tanto, el mes de Av que le sigue en orden tiene siempre un solo día de Rosh Jodesh.

El nombre Tamuz es de origen asirio, “Damuzi”. En un calendario agrícola hebreo encontrado en las excavaciones arqueológicas de Guézer, este mes es llamado “el mes de Zamor”.

En las Escrituras se lo menciona varias veces como “el mes cuarto”, pero el nombre de Tamuz sólo aparece como nombre de un ídolo asirio o babilonio (Ezequiel 8:14). Los judíos que retornaron del exilio de Babilonia introdujeron el uso del nombre Tamuz (en la versión de “Tamuzi”) como nombre del “mes cuarto”, y desde entonces suele ser mencionado así en la literatura rabínica.

Cabe señalar que Tamuz era un ídolo babilonio, el dios del florecimiento y el despertar de la naturaleza en la primavera. Reinaba durante los tres meses de primavera: Nisán, Iar y Siván. En Tamuz, cuando las plantas agostan, Tamuz moría y todos los años las mujeres lloraban su muerte.

En tiempos de Tamuz crece el calor estival: “El sol pasea para hacer madurar los frutos y conducirlos al estío” (Maséjet Pesajim 94).

En Midrash Ialkut Shimoní (Jeremías 335) se dice: “Somos avergonzados porque hemos oído el reproche” (Jeremías 51:51); se refiere al 17 de Tamuz. “La confusión cubre nuestros rostros” (ibíd., ibíd.) se refiere a la destrucción del Primero y el Segundo Templos.

Los días que van desde el 17 de Tamuz, llamado “el ayuno del mes cuarto”, hasta el 9 de Av, llamado “el ayuno del mes quinto”, constituyen un momento difícil para el pueblo judío y son llamados “los días de las angosturas”, tal como dice en el Libro de las Lamentaciones 1:3: “la alcanzan todos sus perseguidores entre las angosturas”. Estos días, en los que se minimizan las alegrías, son conocidos también como “las tres semanas de duelo”, tal como dice en Daniel 10:2-3: “En aquellos días yo, Daniel, guardaba duelo durante tres semanas. No comía pan delicioso, ni carne ni vino entraban en mi boca, ni me ponía ungüentos, así hasta que se cumplieron tres semanas”.

Según el profeta Zejariá (Zacarías 8:19), “el ayuno del mes cuarto” habrá de convertirse en el futuro en un día de alegría, junto con otros tres ayunos bíblicos.

Esto es lo que ha sucedido en el mes de Tamuz:

3 de Tamuz:

En este día Iehoshúa hizo detener el sol y la luna, que no dejaron de iluminar durante treinta y seis horas para vengarse de los enemigos, tal como dice en Josué 10:12: “Entonces habló Iehoshúa a H’ el día en que H’ entregó a los amorreos ante los Hijos de Israel, y dijo ante la vista de Israel: Sol, detente en Guivón y tú, luna, en el valle de Aialón; y el sol se detuvo y la luna se quedó donde estaba, hasta que la nación se hubo vengado de sus enemigos”.5 de Tamuz:


El ejército romano abrió una brecha en la fortaleza del Monte del Templo, después de arduos combates (en el año 70 e.c.)

El rabino Iom Tov Heller, autor de Tosafot Iom Tov, fue condenado a muerte por el rey de Austria

9 de Tamuz:

El rey Nabucodonosor de Babilonia abrió por primera vez una brecha en la ciudad de Jerusalén, tal como dice en II Reyes 25:3: “Al día nueve del cuarto mes el hambre era aguda en la ciudad, al punto de que no había pan para la gente de la tierra, y se hizo una brecha en la ciudad”

17 de Tamuz:

Este día fue estipulado como ayuno por cinco sucesos que se produjeron en él: se rompieron las Tablas de la Ley; en tiempos del Segundo Templo, se anuló la ofrenda Tamid; Apostemo quemó la Torá; se introdujo una imagen en el Santuario; en tiempos del Segundo Templo, las legiones romanas comandadas por el malvado Tito abrieron una brecha en la muralla de Jerusalén (en el año 70)

29 de Tamuz:

Fallecimiento de Rabí Shlomó Itzjaki (Rashí), el gran comentarista de la Torá y de la Ley Oral (4865-1105)

El relato del mes
Rabí Shlomó Itzjaki (Rashí), falleció el 29 de Tamuz de 4865 (1105)

Rashí, el más excelso comentarista de la Biblia y el Talmud, uno de los más grandes eruditos y legisladores en materia de Halajá y experto en lengua hebrea, nació y murió en Troyes, al norte de Francia (1040-1105).

Rabí Shlomó Itzjaki solía ponerse en contacto con los sabios más descollantes de su época y estudiar Torá con ellos. Según la tradición, deambuló por la diáspora tal como acostumbraban hacerlo muchos judíos justos y piadosos de Francia y Ashkenaz.

La leyenda refiere que viajó también a Oriente, en donde conoció a un asceta y estudioso cristiano que deambulaba por diversos países, quien lo introdujo en discusiones sobre creencias y opiniones y quien se asombró al oír las sabias respuestas de ese estudioso judío. El asceta contrajo una grave enfermedad y Rashí, que también conocía las ciencias médicas, no se apartó de su cama y lo atendió como amigo y como médico hasta que sanó.

Cuando el asceta sanó y Rashí fue a verlo para despedirse de él y proseguir su camino, éste quiso darle obsequios costosos, pero Rashí se rehusó a recibirlos y le dijo:

-No me debes nada. Si bien nuestras religiones son diferentes, todos somos seres humanos, creados a imagen de D’s. Mi creencia me exige ayudar a cualquier persona en problemas. Sólo quiero pedirte una cosa: si algún judío necesitare tu ayuda, bríndasela tal como yo te di la mía en momentos difíciles.

Al cabo de algunos años, cuando Rashí regresó de su deambular, pasó por la ciudad de Praga. Los años de exilio habían llegado a su fin y su nombre ya era famoso como gran comentarista de la Torá y el Talmud. La comunidad judía de Praga lo recibió con grandes honores, y todos salieron a darle una cálida y respetuosa bienvenida.

El duque de Praga odiaba a los judíos y al ver los grandes honores que los judíos rendían a su huésped ordenó que engrillaran a Rashí y lo llevaran a su presencia.

En casa del duque se encontraba en esos momentos un gran obispo, que hasta hacía unos años había sido un asceta errante y que había conocido a Rashí en su deambular por Oriente. Cuando Rashí se presentó ante el duque, el obispo lo reconoció, se puso de pie y lo abrazó con afecto y amistad. El asceta relató al duque cómo lo había atendido Rashí durante su enfermedad y el duque lo liberó.

Mientras tanto, cuando los esbirros del duque apresaron a Rashí, los enemigos de Israel se sintieron fortalecidos, salieron a las calles y perpetraron desmanes contra los judíos. Cuando Rashí fue liberado, el duque reprimió los disturbios y los agitadores fueron castigados.

La leyenda refiere que a partir de entonces, el duque se convirtió en filosemita y fue benévolo con los judíos de Praga.

http://www.jafi.org.il/

Preparación para la eternidad.

En una ocasión, un niño pequeño, hijo único, tenía una enfermedad incurable, y sabia que le quedaban pocos días para morir. Tenía miedo.

Un día, el niño, sorprendentemente, le pregunta a su madre: Mamá, ¿a que se parece morir?, ¿duele? La madre, con los ojos cegados por las lágrimas, no tuvo respuesta. Pidió a D-os que le diese fuerzas e inteligencia para contestar a su hijo. Y al rato, le dijo: Mi querido Mijail, ¿recuerdas cuando eras más pequeño y jugabas con papa y mama en la cama? Te quedabas dormido en nuestro dormitorio. Pero por la mañana, te levantabas y estabas en el tuyo, en tu propia cama. Alguien que te amaba mucho, tu papa, vino con sus brazos y te cargó.
La madre hizo una pausa. Continuó: Pues Mijail, la muerte es exactamente así: Nos levantamos una mañana y nos encontramos cómodamente en otro dormitorio, el nuestro, a donde realmente pertenecemos. Nuestro Padre Celestial nos llevó hasta allí porque El nos ama.
El pequeño sonrió satisfecho a su madre. Ya no había más miedo, más preocupación, solo amor y confianza, mientras esperaba encontrarse con su Padre Celestial en el Cielo. Nunca más preguntó. Y varias semanas después, el pequeño cayó dormido tal y como su madre le había anticipado.
La respuesta tan simple de esta madre refleja los más profundos pensamientos de los grandes sabios judíos. En el Talmud, Rabí Iaacob expresa este principio fundamental: “Este mundo es como una antesala previa al mundo venidero. Prepárate en la antesala para que puedas entrar al banquete”. (Avot, 4:21)
Así, pasamos a través de la antesala, al hall de entrada. La cortina se descorre y vivimos nuevamente.
Cuando un bebe nace, él escapa de los confines de la matriz (primera fase de la vida), liberando su cuerpo para moverse y sentir, pasando así a la segunda fase de la vida, la actual, física y por 120 años. Aquí nuestro cuerpo es la segunda matriz. Pues cuando morimos, salimos de esa segunda matriz y volvemos a nacer a la tercera fase de la vida, una nueva vida 100% espiritual. Y no nacemos de nuevo con la frente arrugada, los ojos ensombrecidos, no con la mente cautiva de miedos ni atormentados por arrepentimientos. No con un corazón destrozados por amargas memorias, ni malos recuerdos. No de esta forma.
Definitivamente, nos levantamos y nos elevamos, para nunca mas ser carne mortal, sino claros y brillantes, envueltos en el resplandor de la Piedad y Misericordia Divina. Así D-os lo ha prometido a sus profetas Isaías, Daniel y Ezequiel.
Confiando en D-os ya no tememos, pues verdaderamente no hay nada en que temer. Y cuando una persona no teme a su muerte, entonces ya no sentirá temor por nada. Solo entonces, cuando ya no tememos, comenzamos a vivir. Entonces experimentamos cada placer y cada dolor. Comenzamos a vivir y estamos agradecidos por cada momento de esta vida. Sin temor a la muerte.
Un hombre que teme a la muerte es, en cierta medida, también temeroso de la vida; pero cuando la muerte pierde su rostro aterrador, cuando se convierte en un hecho valioso, entonces la vida también merece ser bien vivida. Y cuando tienes algo por lo que vivir, un ideal, una meta, una FE, cuando llega la muerte, lo hace como un amigo bienvenido envidado para introducirnos en una nueva vida. O sea, un nuevo nacimiento.
“Aunque tenga que pasar por un valle tenebroso, no temo mal alguno, porque Tu estas conmigo… Que la bondad y la misericordia me persigan todos los días de mi vida” Tehilim 23:4,6
A %d blogueros les gusta esto: