Parashá Balak (Balac). 16 TAMUZ 5772 (7 de Julio de 2012). VISIONES

Y se  levantó Bilam por la mañana y ensilló su asna…” (Bemidvar  22,21)

 Una asna salió  de Petor en dirección a Moav, carga en su lomo a Bilam, el hechicero, un  clarividente que carecía de un ojo. La asna y el hechicero, que habían creado  entre ellos lazos de “intimidad” interesantes y extraños emprendían un viaje  para cumplir un cometido que el hechicero decidió llevar a cabo. Incluso  platicaron entre ellos, esta plática entre la asna y su amo se recordará como  una imagen histórica que atestigua sobre los elementos más profundos de esta  sección de la Torá.

 La historia a  la que nos referimos es conocida y famosa, la leemos cada año, de todos modos he  aquí un resumen recordatorio:

 Balak, el rey  de Moav, se asustó muchísimo de la fuerza militar demostrada por Israel en sus  luchas contra los reyes emoritas. La derrota de Sijón, el rey emorita, hizo caer  sobre él un cierto pánico; sospechó sobre la suerte que podría tener su propio  reinado, al parecer el mandato divino de no atacar a Moav era desconocido para  él. Él entendió que en un enfrentamiento bélico armado y directo no lograría  hacer retroceder a Israel. Por lo tanto, para adelantarse a acontecimientos  nefastos, según su perspectiva, prefirió poner en práctica una táctica no común.  Se dirigió a pedir ayuda de la magia, y solicitó la presencia de Bilam, el mayor  de los pensadores de la época, el padre de todos los hechiceros. Su pedio era  que este mago destruya a Israel con la fuerza de sus maldiciones, con la energía  contenida en su boca, poderes que ya habían tejido leyendas entre sus  contemporáneos. Estamos delante de la primera petición internacional en la  historia para condenar a Israel, de manera tal que se pone en cuestionamiento el  propio derecho del pueblo a su existencia, y siendo que el enemigo sabe que los  medios militares no son suficientes para vencerlo, opta por la maldición, el  rechazo vehemente a su presencia.

 Bilam aceptó  cordialmente el ofrecimiento y se entusiasmó con la idea de realizar una campaña  de este tipo. Los motivos que llevaron a este hombre a aceptar el ofrecimiento  de Balak deben tal vez buscarse en las contradicciones internas que él mismo  presenta, a lo largo de la Torá en los trozos en los cuales se lo menciona vemos  características psicológicas encontradas en su personalidad. Mientras dice a los  enviados del rey de Moav que debe consultar a Hashem sobre el tema propuesto, no  duda en presionarse a si mismo para maldecir a Israel:

 “Y  les dijo (Bilam) a ellos: pernocten aquí esta noche y les responderé cuando  Hashem me hable…” (Bemidvar 22,8)

 Al parecer  tenía en su sistema de pensamiento la sensibilidad de consultar al Creador, la  fuente de todos los poderes, en las decisiones críticas que quería concretar, y  está completamente conciente del hecho que no podrá hacer nada sin la  autorización divina. Hashem le contesta de manera clara y simple:

                          “No  vayas con ellos, no maldigas al pueblo porque es bendito” (Ibíd.  12)

Es imposible  dudar de la intención de Hashem, sin embargo Bilam se escabulle, en la intimidad  de su corazón quiere ir con ellos y cuando responde a los enviados de Balak se  expresa de forma diplomática lo que permite muchas interpretaciones:

                       “Vuelvan a su tierra, porque se  niega Hashem a dejarme ir con ustedes” (Ibíd. 13)

 Una frase  indefinida, que no menciona en absoluto la oposición divina explícita al punto  central de esta misión, la intención de parte del rey de Moav de maldecir a  Israel. Bilam oculta la verdad y crea en ellos la sensación, que el Hashem como  si quisiera guardar el honor del propio mago se niega a dejarlo ir precisamente  con ellos, así nos dice Rashí: “No quiere Hashem dejarme ir con ustedes, sino  con ministros de mayor rango…”

 Cuando Bilam  se encuentra en el punto máximo de sus “maldiciones” transformadas por Hashem en  bendiciones deja entre ver algo se su complicada y contradictoria  personalidad:

                           “Que muera mi alma la muerte de  los justos y que sea mi fin como el de ellos” (Ibíd.  23.10)

 El gran mago  del momento, que el Creador del mundo se dirigió a él, quien fue alquilado para  condenar a Israel, y de esta manera destruirlos, esta misma persona anhela que  su fin sea como el de los justos, como el del propio Israel.

Hemos puesto  atención en las contradicciones que reinaban en su propia persona, no es de  extrañar entonces que a pesar que con todo el conocimiento que tenía de la  supervisión divina, en todos sus aspectos, conocimiento que le hizo merecedor de  recibir profecías verídicas, tuviera la esperanza de tener éxito en maldecir al  pueblo de Israel en absoluta oposición a la voluntad del Creador.

Bilam se  apura, un sentimiento destructivo como el suyo no puede esperar, sin embargo  antes de llegar a su destino se encuentra con un contratiempo. La burra sobre la  que cabalgaba se presentó como un elemento que le puso dificultades en el  camino, las cuales no estaban previstas:

 “Y  vio la burra al ángel de Hashem parado en el camino con su espada desenvainada  en la mano… y se salió del camino y se fue al campo… y golpeó Bilam a la  burra para traerla nuevamente al camino” (Ibíd. 22.22)

 Un miedo  terrible se apodera de este animal y lo hace desviarse del camino principal,  este hecho no previsto causa un gran enojo en Bilam que le lleva golpearla para  traerla nuevamente al camino que él necesita… Este suceso, si pudiéramos  congelarlo virtualmente, nos enseñaría una serie de situaciones psicológicas,  así los maestros declaran en el Midrash: “este réprobo va a maldecir a una  nación entera, que no le ha hecho nada, y comienza a golpear una burra para que  no vaya por el campo” (Bemidvar Rabá 20.14). Las peguntas básicas que debemos  hacernos son ¿Por qué Bilam golpea a su asna? ¿Por qué se enoja tanto con ella?  La causa parece clara para todos, ella no le obedece, simplemente se ha  “insolentado”, está actuando en estos momentos contra su propia voluntad; para  Bilam correspondía golpearla y el enojo que tuvo contra ella era justificado. Sin embargo, en aquellos momentos precisos Bilam estaba actuando como un  asno, también él se había revelado en contra de la voluntad de su amo, siendo  que sabía que este amo, Hashem, estaba sobre él y claramente le había  declarado:

                                                             “No  maldigas al pueblo porque es bendito…” (Ibíd. 12)

Esta reacción  que tiene es una manifestación del sentimiento de justicia selectivo, que estaba  muy enraizado en el corazón de Bilam. El pedía del otro, poniendo una situación  en la que se presentaba como ofendido, normas de conducta que él se consideraba  exento de cumplirlas; esta doble ética, una externa y otra personal es algo muy  frecuente en la vida cotidiana, así también nosotros solemos, por ejemplo,  castigar a nuestros hijos cuando mienten, y mientras que los amonestamos con el  hecho que mentir es algo prohibido, solemos caer más de una vez en  mentiras.

 Sin entrar en  la explicación del milagro que una asna hay hablado, así como lo enseña la Torá.  Dirigiremos nuestra atención al mensaje ético que se deriva de esta situación;  si preguntáramos por el hecho mismo y su finalidad, es decir el por qué habló la  asna, los sabios declaran: “Para informarte que la boca y la lengua están en  poder de Dios. Que si quiere maldecir, su boca está bajo la supervisión divina”  (Yalkut Shimoni). Es decir que toda la finalidad de este milagro era afianzar la  fe en un solo Dios que supervisa y controla todo el Universo.

El hablar del  asna, que vino a arrancar el error básico del corazón de los hombres, un error  que se basa en la confianza desmedida en las capacidades humanas, como cuando el  hombre ve los avances científicos y piensa que en tales descubrimientos se  proyectan los objetivos de toda civilización formal. Debemos tratar de aprender  de los errores de otro y no caer en ellos nuevamente, sino extender el estudio y  el cumplimiento de Torá que contenga las bases para construirnos y ayudara a  formar una civilización basada en la honestidad.

http://www.judaismohoy.com

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