Parashá Toledot – (Genealogía). 3 Kislev 5773 (17 de Noviembre de 2012).Enfoques sobre la Parashá

“Y esta es la descendencia de Itzjak el hijo de Abraham – Abraham habia engendrado a Itzjak” (Génesis 25:19)

Itzjak siempre consideró que su único mérito fue que el era “el hijo de Abraham”, y Abraham pensó que su único mérito fue que “engendró a Itzjak”.

Este es el camino de los tzadikim: ellos nunca se consideran meritorios, sino que su único mérito es ser el hijo o el padre de un tzadik.

(Admor Rabí Iejiel m’Alexander en Itore Torá)

“Y esta es la descendencia de Itzjak el hijo de Abraham – Abraham habia engendrado a Itzjak” (Génesis 25:19)

Estas son las primeras palabras de la parashá de esta semana.  La parashá pasada termina: “…(Ishmael) sobre la faz de todos sus hermanos él acampó”.

La Torá usa una palabra para “acampó” que también significa “caer”.  La Torá nos insinúa, mediante la yuxtaposición de estos dos versículos, que cuando Ishmael “cae” en el capitulo final de la historia del mundo, va a brillar el resplandor del Mashíaj, hijo de David…que es la “descendencia de Itzjak el hijo de Abraham”.

(Ba’al Haturim)

“Yaacob fue un hombre simple” (Génesis 25:27)

Un hombre necesita controlar y dominar su carácter, poner en práctica la cualidad apropiada en la situación correcta.  Porque habrá veces que necesitará aplicar una “cualidad no tan buena” para la razón correcta, como enseñan nuestros Sabios: “El que es misericordioso cuando la situación requiere dureza, terminará siendo duro cuando tenga que ser misericordioso” (Kohelet Rabbá cap.7).  Es por eso que Yaacob es llamado un hombre simple.

Hombre implicando que el podía aplicar su simpleza cuando era apropiado, pero cuando trataba con engaños el podía ser tan astuto e ingenioso como era de simple…

(Ha Rabe Hakadosh m’Lublin en Mayaná Shel Torá)

“La voz es la voz de Yaacob, y las manos son las manos de Esav” (Génesis 26:22)

La voz pertenece a Yaacob y las manos a Esav.  La fuerza interna que emana del corazón es la voz y la fuerza externa, la acción, son las manos.  Estas manos no se conforman con dominar al mundo sino que tienen que estar constantemente subyugando a la voz.

Las manos de Esav, se introducen con violencia dentro de las entrañas de Yaacob, manos burdas sondeando en lo mas intimo del alma, construyendo ídolos en el Santuario del alma judía. Las manos estrangulando a la voz.  La voz de la oración vacía y sin sentimiento… de una Mitzvá cumplida mecánicamente… son manos a la obra.  Y la voz se oye cada vez más lejana.  Pero a pesar de todo, la voz es la voz de Yaacob, destinada a elevarse, destinada a santificar y a purificar las manos.

Itzjak pensó que era Esav quien estaba frente a él, pensó que Esav había adquirido la voz de Yaacob, y que se había santificado y elevado.  La verdad fue que desgraciadamente Esav no cambió, sino que fue Yaacob quien estuvo frente a él, disfrazado de Esav.  La voz de Yaacob penetró hasta los confines más lejanos del mundo material.

(Adaptado de Rabí Shlomo Y. Zevin L’Torah U’L’Moadin)

“Y estas son las generaciones de Itzjak, hijo de Abraham, Abraham engendró a Itzjak” (Génesis 25:19)

Es verdad que el ejemplo es un gran maestro.  Pero en la educación de nuestros hijos no debemos confiarnos exclusivamente del buen ejemplo.  Es natural que los hijos quieran imitar las virtudes positivas de los padres, pero no hay nada que reemplace el esfuerzo que debemos hacer para guiar a nuestros hijos por el buen camino.

La Torá nos dice que Abraham fue padre de Itzjak para dar énfasis al hecho de que  Abraham trabajo incesantemente para implantar en el corazón de su hijo el amor a Hashem y no solo predico con el ejemplo.

(Adaptado de Drash Moshé)

“Los hijos se agitaban dentro de ella…”  (Génesis 25:22)

Durante su embarazo, cuando Ribká pasaba frente a la Yeshivá de Shem y Eber, Yaacob se agitaba en su vientre y quería salir, y cuando pasaba frente a un templo de idólatras era Esav quien empujaba para salir.  Podemos entender por qué Esav quería salir del vientre de su madre; ese es un lugar donde no hay idolatría, pero ¿por qué Yaacob también empujaba?  El Talmud nos dice en Nidá 30, que durante el embarazo hay un ángel que enseña a los fetos Torá.  ¿Por qué pues quería Yaacob dejar a tan angélico maestro?  La respuesta es simple, puedes tener el mejor maestro del mundo, pero si tienes un mal compañero de cuarto es mejor largarte.

(Rashi, Mayaná Shel Torá)

“Con pieles de cabras ella le cubrió los brazos y su cuello de piel suave” (Génesis 27:16)

Cuando Yaacob apareció ante su padre ciego, Itzjak, y éste le tocó los brazos y las manos, dijo: “La voz es la voz de Yaacob, pero las manos son las manos de Esav”.

¿Por qué Yaacob no modificó también su tono de voz para que sonara como la voz de Esav? En otras palabras, si Yaacob se tomó el trabajo de ocultar las diferencias físicas que lo distinguían de Esav, ¿por qué no ocultó también la voz?  A pesar de que todas las cosas se decretan en el Cielo, el hombre tiene la obligación de esforzarse por sí mismo (hishtadlut). Pero esto no significa que tenga que cambiar su personalidad por completo.

La voz es la esencia de Yaacob.  Su sello distintivo es la voz de la Torá, la voz de la plegaria.  La voz define quién es Yaacob.  Por eso no tuvo necesidad de cambiar su esencia para engañar a Itzjak.

(Rabí Yehoshúa Bertram)

“Y Yaacob era un hombre simple” (Génesis 25:27)

El individuo debe poder tener control y dominio de sus rasgos de carácter, ejercitando el rasgo apropiado en la situación adecuada.  Porque hay veces en que deber  aplicar un “mal” rasgo de carácter por una buena razón, tal como enseñan nuestros Sabios “todo el que es compasivo cuando la situación exige dureza, al final se comportar con dureza cuando tenga que tener compasión (Kohelet Rabá cap. 7).

Por eso a Yaacob se lo llama  “un hombre simple”: un hombre, lo cual implica que era capaz de dominar su carácter, en vez de que su carácter lo dominara a el. Yaacob podía aplicar su simpleza cuando hacía falta, pero cuando se trataba de engaños y trampas, podía ser artero y astuto igual que era simple.

(Ha Rebe ha Kadosh Mi Lublin en Mayaná Shel Torá)

“… Y Esav llegó del campo y estaba exhausto” (Génesis 25:30)

Si hay algo que puede desestabilizar a la persona, haciendo que se ponga irritable e irracional es estar cansado.  Todos somos muy santos después de una buena siesta.  Pero ¿qué pasa cuando el bebé nos despierta cinco veces a la noche?

La esencia del pueblo judío es que realizan el servicio de Hashem inclusive cuando están exhaustos.  Hasta cuando tienen ojeras de tan cansados que están, no se rinden ni dicen: “Uy… qué cansado que estoy…”.

Pero cuando Esav está cansado, enseguida vende su primogenitura, el manto de su responsabilidad espiritual, sin pensarlo más.

Cuando el pueblo judío es perseguido por Amalek (epitome de todo lo que se opone a Hashem en este mundo), a pesar de estar “cansados y agotados”, los judíos luchan.

La batalla no es un asunto de buen tiempo.  Cuando bajan las fuerzas y la cosa se pone dura, ahí es cuando los duros hacen las cosas.

(Rabí Moshé Carlebaj)

http://www.mesilot.org/

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