Parashá Shavua: Mishpatim – (Leyes). 29 de Shevat 5773 (9 de Febrero de 2013).Enfoques sobre la Parashá

Mishpatim“…y estos  son los estatutos….” (Éxodo 23:9)

 Rashi explica que la razón por la cual la parashá comienza con “Y  estos…”, y no con “Estos…”, es para conectar la parashá de esta semana con  la pasada.Así como las leyes de la  relación entre el hombre y Di-s vienende Sinai, así también las leyes de justicia social vienen de Sinai.El resto del mundo civilizado también legisla  la justicia social, pero la diferencia entre sus decretos y el Judaísmo, es la  pequeña palabra en elcomienzo de  nuestra parashá.En el Judaísmo, aun las  leyes de justicia social son por mandato Divino del Sinai, mientras que en el  resto del mundo, están basadas en civilización y pragmatismo.

 Ninguna sociedad puede existir sin algún código de aceptable  comportamiento, pero la diferencia entre la Torá y cualquier otro sistemade leyes es enorme y fundamental.Ninguna ley hecha por el hombre puede abarcar  y entender el funcionamiento de los deseos del Yetzer Hará.

 En tiempos de pruebas, estas leyes se “pierden en el camino”.Ríos de sangre se han desparramado en  asesinatos y guerras en todas las áreas, incluyendo la nuestra, siendo que el  hecho de “No matarás” es una norma universalmente aceptada.De todas maneras, para el judío, el  imperativo esencial en las leyes de conducta social, no es moral, pragmático  ocultural, sino que es la Voluntad de  Di-s, no siendo menos que Tefilín o Kashrut.Esto es lo que da a los códigos de justicia social de la Torá, poder y  durabilidad miles de años después de su institución.

 (Adaptado del Rab Shlomó Yosef Zefin)

 “No oprimas a un extraño (converso)… porque  fueron extraños en Egipto” (Éxodo- 23:9)

 No hay que explicar estas palabras de acuerdo a su simple  significado: la razón por la cual no debemos oprimir al extraño es porque  nosotros mismos conocemos el sabor de la opresión y la aflicción; sino que  debemos saber que la obligación del hombre es sentir cada simjá y desgracia que  ocurre con el prójimo como si ocurriría con el mismo.La Torá nos enseña a “Amar a tu prójimo como  a ti mismo”, literalmente como a ti mismo.No es suficiente solo conectarse uno mismo con aquellos que están  alrededor de uno, sino que una persona debe verse a sí mismo y a sus prójimos  sin ninguna separación en absoluto: él y ellos están exactamente en el  mismolugar.

 (El Alter de Slabodka)

 “…Y todo lo que el pueblo dijo `Todo lo que  Di-s ha hablado haremos y escucharemos'” (Éxodo 24:7).

 “En el momento que el Pueblo Judío contestó `haremos y  escucharemos’, 600.000 ángeles descendieron y coronaron a cada Judío con dos  coronas, una por `haremos’ y otra por `escucharemos'” (Talmud Shabat 88a)

 Mediante la aceptación de la Torá sin haberla visto, uno puede  entender por qué el Pueblo Judío merecía una corona preciosa por su compromiso  incondicional a someterse totalmente a la voluntad de Di-s con perfecta fe.Pero, ¿cuál fue el significado de la corona  para `escucharemos’?¿No fue esto una  secuela inevitable del compromiso hecho?Obviamente en función de hacer, ellos tenían que saber cuál era la  demanda.¿Cuál es el verdadero  significado de esta segunda corona, y qué nos enseña?El hombre es alguien que camina, siendo lo  opuesto a los ángeles que están siempre parados.Elhombre, por su propia naturaleza, debe constantemente buscar  perfeccionarse a si mismo.Cuando no  asciende, esta necesariamente descendiendo.Uno crece o se estanca, no hay punto medio.La vida es como una escaleramecánica que baja.Si uno se queda parado, baja.Si uno camina, se quedaen el mismo lugar.Solo si uno hace el esfuerzo adicional de  correr,ascenderá.Este es el significado de la segunda corona,  el Pueblo Judío aceptó sobre él para todos los tiempos, para estar siempre listo  aescuchar.Para estar constantemente abierto a aprender  más en función de elevarse a sí mismo, escalón a escalón, hacia el cumplimiento  del potencial más alto de Torá que cada uno de nosotros posee.

 (Adaptado de Rabi Zev Leff)

 “Si encuentras el buey de tu enemigo o a su  asno que se ha extraviado, se los devolverás…” (Éxodo 23:4)

 Vivimos en una era en que resulta muy difícil hallar alguien  verdaderamente ateo.Habia una vez un  joven judío proveniente de un shtetl (pueblo), que había tomado la decisión de  ser un apikorus (ateo).Viajó a la  ciudad de Odessa con la esperanza de encontrarse con Yosel el apikorus, ateo de  gran renombre.Al arribar a la gran  ciudad, pidió que lo condujeran a la casa de Yosel el apikorus, y pronto se  encontró a sí mismo parado frente a la puerta de aquel hombre famoso.A través de la puerta alcanzó a oír la tan  familiar melodía del estudio de la Guemará.Golpeó a la puerta, y de repente cesó la melodía.”¡Entre, nomás!” , oyó que llamaban.Con gran cautela abrió la puerta, y allí,  sentado frente a él, halló a un anciano judío de larga barba blanca y  peiot.”Disculpe que lo moleste, pero  busco a Yosel el apikorus”.El anciano  judío hizo una pausa, lo miró, y le dijo: “Pues lo ha encontrado.Yo soy Yosel el apikorus”.”Pero… ¿y la barba, los peiot, la  Guemará?”.Yosel le respondió: “Yo soy  Yosel el apikorus, no Yosel el ignorante”.

 Hoy en día es muy difícil encontrar un auténtico ateo con  credenciales de identificación.Son una  especie en extinción, puesto que la mayoría de la gente en realidad no sabe que  es aquello en lo que no cree.Nuestras  dudas no se basan en el conocimiento; somos como extranjeros en una tierra  extraña, iletrados en nuestro propio legado.Mohamed nos llamó “el pueblo del Libro”.El problema es que la mayoría de nosotros ya no sabe leer el Libro, y  mucho menos entenderlo.Somos como  ovejas que se alejaron tanto de su casa, que hasta se olvidaron de que la casa  sigue existiendo.

 “Si encuentras al buey de tu enemigo o a su asno que se ha  extraviado, se los devolverás”.Si la  Torá demuestra tanto interés por el bienestar de la propiedad de una persona,  ordenándonos que hagamos todo lo posible por devolverle su propiedad, aunque  tengamos que hacerlo cien veces, ciertamente que mucho más debemos interesarnos  por devolver a una persona a sí misma, tratando de alcanzar a nuestros hermanos  y hermanas que han perdido su identidad de judíos, mostrándoles la belleza y la  profundidad de la Torá.

 En nuestros días, en que tantos judíos van como ovejas perdidas en  un desierto espiritual, en que no tenemos idea de cómo regresar a nuestra casa,  y hasta ya nos olvidamos de que alguna vez hubo una casa, es una mitzvá  extraordinaria ser el pastor que guíe a los perdidos por el sendero que ha de  conducirlos de regreso a la luz de la conciencia judía.

 (Basado en el Jafetz Jaim y, Rabí Nota  Schiller)

 “Si alguien robara un buey o un cordero o  cabra, y lo sacrificare o vendiere, pagará cinco vacunos por el buey y cuatro  por el cordero” (Éxodo 21:37)

 El ser humano es una criatura de enorme sensibilidad, que se ofende  y avergüenza con gran facilidad. Inconscientemente, se puede causar a sí mismo  heridas emocionales muy profundas.Pero  también, por la ironía de la vida, precisamente aquello que él piensa que es la  cura para sus males, puede ser el veneno emocional que le está haciendo  daño…

 En la parashá de esta semana aparece una Halajá que, a primera  vista, resulta muy sorprendente: la persona que roba un buey debe pagar con  cinco bueyes, pero el que roba una oveja solo debe pagar con cuatro ovejas.

 Nuestros Sabios nos enseñan que la Torá se interesa hasta por la  dignidad del ladrón: la persona que roba una oveja debe cargarla sobre sus  espaldas, lo cual dista de ser algo digno, y por eso, si lo detienen, debe pagar  solamente cuatro ovejas, mientras que quien roba un buey simplemente lleva al  animal de una soga, lo cual no es avergonzante, y por eso su penalidad es  mayor.Por lo tanto, se deduce que su  humillación no es algo abstracto, sino que es algo tan importante que se lo  puede contar en términos de dinero.Es  un poco raro, porque si de veras el ladrón siente tanta vergüenza, ¿por qué  habría de robar?Por otra parte, si nos  acercáramos al ladrón en la escena del crimen, y le comentáramos nuestra opinión  de que debe estar sintiendo un gran bochorno, seguramente respondería: “Pero  ¿qué dice?¡Me estoy por escapar con  esta oveja, que vale un montón de dinero!”.

 Aun así, la Torá, que percibe hasta los niveles más profundos de la  psiquis del individuo, nos dice que el ladrón en realidad esta sufriendo una  humillación tremenda, equivalente al pago de dinero. Si no fuera así, ¿por qué  la reducción del castigo?La verdad es  que, al momento del robo, el ladrón si siente una humillación tremenda. Siente  su inferioridad. Experimenta un trauma emocional enorme, y aun así no tiene idea  de por que se siente así. Por eso sigue robando y se causa más y más angustia  emocional, pensando que con otro “trabajito” saldrá de este pozo emocional.Y así el círculo vicioso se repite una y otra  vez, hundiéndolo cada vez más.Únicamente quien cumple con la Torá puede ser realmente feliz en este  mundo, pues sabe que el Creador conoce la verdadera naturaleza de Sus  creaciones, y solo Él sabe que lo hace feliz, y que lo pone triste.Únicamente Hashem sabe de qué actos debe  alejarse el individuo, y qué actos debe llevar a cabo a fin de vivir una vida  feliz, plena y llena de logros.

 (Adaptado del Jidushei Halev)

 “La aparición de la gloria de Hashem fue como  un fuego que consume…” (Éxodo 24:17)

 ¿Cómo puedo saber si Hashem esta contento conmigo?¿Cómo sé si lo que hago en mi servicio del  Creador es tal como Él quiere que sea?A  partir de este versículo podemos discernir un poderoso indicador del modo en que  Hashem percibe nuestro servicio.Para  comprobar si la “aparición de la gloria de Hashem” esta presente en nuestro  servicio del Creador, debemos saber que el deseo de servir a Hashem “como un  fuego que consume”, con un poderoso entusiasmo y un profundo amor hacia Él, es  señal de que Hashem acepta nuestro servicio, pues dichos sentimientos fueron  implantados en nuestros corazones desde el Cielo y por lo tanto, son señal  inequívoca de que nuestro servicio es aceptado de un modo  favorable.

 (Kedushat ha Levi)

 “Subieron Moshe, Aharón, Nadav y Avihu y  setenta de los ancianos de Israel.Ellos  vieron al Di-s de Israel, y bajo Sus pies habia la semejanza de un ladrillo de  zafiro, y su pureza era como la esencia de los Cielos” (Éxodo  24:9,10)

 Querido diario:

Ayer me pasó algo muy raro.

 Ayer era Simjat Torá (la fiesta en que nos regocijamos junto con la  Torá).

 Tal como se dieron las cosas, termine celebrando la fiesta en  Tikvat Sión, una ciudad israelí típicamente corriente…

 Las descascaradas fachadas grises atestiguan que esta ciudad no ha  de convertirse en otra pequeña New York, o en otra Tel  Aviv.

 Sea como fuere, ayer me dirigí hacia la sinagoga municipal de la  ciudad para celebrar Simjat Torá. La verdad es que no habia mucha gente. No es  una ciudad religiosa. A decir verdad, la mayoría de los que allí habia rondaban  cerca de los setenta y ochenta años. Y la mayoría habia venido a Israel después  de la guerra. La mayor parte habia estado en los campos de  concentración.

 El motivo por el cual escribo todo esto es porque allí ocurrió algo  muy pero muy raro.

 Todos estaban bailando con los Sifré Torá (Rollos de la Torá), como  en cualquier Simjat Torá, cantando y bailando y haciendo mucho ruido.Brindando “lejaim”…Y de pronto, cesó el cantar y el bailar.Todos se quedaron mudos.La sinagoga en  silencio.

 Uno de los viejitos fue detrás del Arca sagrada.Y sacó una tabla de madera de cerca de un  metro y medio de largo y la puso en el suelo en medio de la  sinagoga.

 Lentamente, como si hubieran sido convocados a cierto rito atávico,  todos los ancianos miembros de la sinagoga les entregaron sus rollos de Torá a  los jóvenes, y silenciosamente comenzaron a dar vueltas alrededor de la tabla  que habia en el suelo.Una vuelta y otra  vuelta más.Silencio  absoluto.

 Todo finalizó en cuestión de minutos. De la misma forma mecánica en  que habia comenzado, así terminó.La  sinagoga retornó a la típica escena de Simjat Torá, como si no hubiera pasado  nada.Los niños en los hombros de los  padres, agitando banderas, cantando y bailando…

 Cuando el hombre que había sacado la tabla volvió a salir de detrás  del Arca Sagrada, tras devolverla a su sitio, le pregunté que era lo que acababa  de presenciar.Y esto fue lo que me  dijo:

 “En la guerra, estuvimos todos juntos en el mismo campo de  concentración.Por milagro, alguien  logro entrar de contrabando un Séfer Torá. Era justo antes de Simjat Torá.Teníamos muchísimo miedo de que lo  encontraran los Nazis, imaj  shemam.Por eso levantamos el  suelo de madera y lo escondimos debajo de las tablas del piso.Cuando llegó Simjat Torá, los Nazis estaban  por todas partes; deben haber sabido que estaba por pasar algo.No podíamos de ninguna forma arriesgarnos a  sacar la Torá de su escondite, y, además, teníamos miedo de que el guardia nos  oyera si hacíamos mucho ruido. Así que simplemente nos pusimos a dar vueltas y  más vueltas alrededor del sitio donde estaba oculta la Torá. Una vez entraron. Y  nosotros hicimos como si estuviéramos yendo a las literas o a la puerta, hasta  que se fueron, y entonces seguimos dando vueltas.

 Por eso, ahora, cada año, conmemoramos aquel Simjat Torá del campo  de concentración tal como acaba de ver.

 Al final de la parashá de esta semana, la Torá describe un ladrillo  de zafiro.En la época en que el pueblo  judío fue esclavo, ese ladrillo se encontraba delante de  Hashem.

 Ese ladrillo era un recordatorio del sufrimiento que pasaron cuando  construyeron las ciudades tesoro de Egipto con ladrillos de  mortero.

 La “esencia de los cielos” se refiere a la luz y la alegría ante  Hashem que hubo cuando fueron redimidos.

 Cada vez que la Torá describe los rasgos de Hashem, es para que  tratemos de imitarlos.

 Inclusive cuando se reveló la “esencia de los Cielos”, inclusive en  la luz y la alegría de la redención, “el ladrillo de zafiro” del sufrimiento  seguía presente.

 Al acordarnos de nuestro sufrimiento en el pico de nuestra alegría,  percibimos una dimensión absolutamente nueva de la felicidad.Y así podemos comprender a un nivel más  profundo todo el bien que el Todopoderoso nos concede, y agradecerle con todo el  corazón.

 (Rashi, Rabí Ierujam Levovitz, Zale Newman, Moshe Averick)

 http://www.mesilot.org/

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