HISTORIAS PARA CONTAR EN SHABAT (XXVI): Pensando Sólo en el Prójimo y Ser agradecido

jafezPensando Sólo en el Prójimo

 Una vez, cuando el Jafetz Jaim era  el invitado en la casa del Rabino local, la Rabanit preparó una elaborada comida  en su honor, y puesto que estaba apurada olvidó mencionarle a la sirvienta que  ya había puesto sal a la sopa y es por eso que la sirvienta también le agregó  sal a la sopa, como solía hacerlo habitualmente.

 Cuando la sopa salada fue servida  al Jafetz Jaim, él no expresó ninguna clase de insatifacción, sino que tomó la  sopa hasta la última gota. Por otro lado, el Rabino, al probar la sopa salada  mostró un gesto de mal gusto corriendo su plato hacia el medio de la mesa y miró  sorprendido al Jafetz Jaim, quien aparentemente no había percibido el fuerte  gusto de la sopa.

 Calladamente, sin que nadie lo  notara, el Jafetz Jaim tomó al Rabino de la manga y le rogó que terminara la  sopa y no revelara que estaba muy salada. Él dijo: “Yo imagino que por el apuro  en cumplir con la mitzvá de hajnasat orjim (recibir invitados), la sirvienta le  puso sal dos veces a la sopa. Si ella se enterara de eso, se angustiará mucho y  por otro lado, la Rabanit también se enojaría y llegarían a entrar en una  desagradable discusión. No reaccione en absoluto, sino que por el contrario,  alabemos la sopa y digamos que estuvo muy rica!”.

 Ser Agradecido

 Una vez, un  hombre le preguntó a su Rabino la siguiente pregunta: “¿Cómo es posible que una  persona cumpla con lo que nuestros Sabios dijeron en el Talmud: ‘una persona  debe agradecer a D’os por lo malo de la misma manera que lo hace por lo  bueno'(Berajot 33b)? ¿Cómo es que una persona que no tiene comida para él o para  su familia, que no tiene ropa para vestir y que no tiene ningún lugar para vivir  puede agradecer a D’os como lo hace un hombre rico, cuya casa está llena de  todo, y que puede tener todo lo que desee?”.

 El Rabino le  contestó: “Yo tampoco entiendo completamente las palabras de nuestros Sabios.  Pero nosotros tenemos en nuestra ciudad un verdadero tzadik (justo), alguien que  casi no tiene que comer, que duerme sobre un banco duro en la sinagoga local y  que no tiene zapatos para vestir y su mujer e hijos reciben ayuda de la  comunidad; sin embargo, él sirve a D’os con felicidad. Él bendice a D’os cada  día, y siempre está agradecido y lleno de alabanzas hacia Él. Yo creo que esa es  la persona que le podrá decir cómo uno puede agradecer a D’os por lo malo así  como lo hace por lo bueno”.

 El hombre  escuchó el consejo del Rabino y fue a buscar a este tzadik para pedirle que le  explique las palabras de los Sabios. Para su sorpresa, el tzadik le respondió:  “Usted sabe, yo tampoco entiendo completamente las palabras de nuestros Sabios.  Yo no soy el indicado para contestar su pregunta, pues a mi me parece que nunca  tuve un mal día en toda mi vida; no me falta nada y D’os ha sido bueno conmigo  siempre

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Parashá Shavua: Vayakhel ( Y reunió) – Pekudé (Recuento). Shabat Hajodesh. 27 Adar 5773 (9 Marzo 201).PARASHÁ HAHODESH

HODESHLa cuarta y última de las parashot especiales que se deben leer en el mes de Adar es parashat Hajódesh, y es por eso que no se leerá la haftará semanal sino la haftará correspondiente a shabat Hajódesh, que ha sido seleccionada del libro del profeta Iejezkel.

En parashat hajódesh se lee acerca del sacrificio de Pesaj que debieron comer los hijos de Israel en la tierra de Egipto y en nuestra haftará leeremos un tema parecido a ese.

En los capítulos anteriores de su libro, el profeta Iejezkel nos había descripto con lujo de detalles cómo será el tercer y definitivo Templo de Jerusalem, y en los capítulos 45 y 46 nos describe cómo serán efectuadas algunas de las ofrendas y los sacrificios a través del “nasí” (príncipe, representante, dirigente).

Respecto de la identidad de este nasí hay distintas opiniones: algunos comentaristas sostienen que el nasí es el Cohén Gadol (Sumo Sacerdote) que dirigirá todo el servicio a D’os en el tercer Templo, mientras que otros comentaristas opinan que es el Mélej Hamashíaj (el Mesías).

Dice el texto al final de nuestra haftará (de acuerdo a la costumbre de los judíos ashkenazitas):

“Así ha dicho D’os: Cuando le dé el nasí un regalo a alguno de sus hijos, es su herencia, para sus hijos será, su posesión es como herencia” (46:16).

Sin embargo, encontramos que D’os advierte cómo deberá ser el comportamiento del nasí en lo que a rectitud se refiere:

“Y no tomará el nasí de la propiedad del pueblo robándole sus posesiones, de su posesión hará heredar a sus hijos, para que no se disperse Mi pueblo, cada hombre de su posesión” (46:18).

Esta advertencia, a pesar de encerrar una lógica y una justicia indiscutible, necesita ser estudiada en profundidad, pues ¿cómo puede ser que exista la necesidad de advertirle al nasí (el Cohén Gadol o el Mashíaj) que no debe robarle al pueblo?!

En su comentario a las haftarot llamado “Kol Tzofáij”, nos explica el Rav Jaim Efráim Zaitchik que no es inusual encontrar en la Torá advertencias de esta índole a personajes bíblicos inigualables. Por ejemplo, nosotros encontramos que respecto de Iehoshúa Bin Nun, el sucesor de Moshé Rabenu en la conducción del pueblo de Israel, y de Elazar, el hijo de Aharón Hacohén quien le sucedió en el puesto, dice la Torá:

“Estos son los nombres de los hombres que van a hacer que ustedes hereden la tierra: Elazar el sacerdote e Iehoshúa Bin Nun” (Bamidvar -Números- 34:17).

Rashí (Rabí Shelomó Itzjaki 1040 – 1105) comentando ese versículo nos recuerda las palabras de Nuestros Sabios en el Talmud:

“Cada jefe es el representante de su tribu y reparte la heredad que le corresponde a su tribu de acuerdo a las familias y a los hombres que la componen, y designa para cada uno una parte buena, y lo que ellos hacen, que sea hecho como si lo hubieran hecho los representantes…” (Kidushín 42b).

¿Por qué es que era necesario aclarar que lo que hicieran los jefes de las tribus al ejercer el rol de representantes de los individuos de sus tribus, era como si lo hubieran hecho los representantes de las tribus? Eso estaba claro! Es una redundancia!

Nos explica nuestro autor que la respuesta es que el ser humano al comienzo, efectivamente, se siente un simple representante sin poder alguno, sin embargo su naturaleza es que de a poco, lentamente, en lugar de sentirse un simple representante, pasa a sentirse el jefe y el dueño de la cosa.

Otro ejemplo lo encontramos respecto del mismo Moshé Rabenu del cual la Torá atestiguó que no había otro hombre tan humilde como él sobre la faz de la tierra:

“Habló D’os a Moshé y le dijo a él: Yo soy D’os” (Shemot -Éxodo- 6:2).

Los Baalé Hatosafot en el libro “Daat Zekenim” se formulan la siguiente pregunta respecto del entendimiento de ese versículo:

“¿Qué significa ‘Yo soy D’os’? [¿Cuál fue la intención de D’os al recordarle ese dato tan obvio a Moshé?]. Es como que D’os le quiso decir: A pesar de que te he dicho: ‘…Mira te he puesto como elohim (“dios”, rector, líder) sobre el Faraón…’ (Shemot -Éxodo- 7:1), tú sólo eres elohim sobre el Faraón pero Yo soy D’os también sobre ti”.

Otra vez nos encontramos ante la misma dificultad interpretativa. ¿Es que acaso Moshé dudó por un instante que D’os había dejado de estar por encima de él, sólo porque Él le asignó cumplir una misión tan importante ante el Faraón?

La respuesta es clara. Aunque Moshé Rabenu no pensó eso ni por un segundo, D’os que es el Creador de todos los hombres – hasta de los más elevados – sabe que dentro del ser humano, con el correr del tiempo, existe esa naturaleza de tender a sentirse el dueño de la casa más que un huésped, y es por eso que decidió recordarle esto a Moshé, el más grande de todos los profetas.

Y ahora que hemos comprendido este importante concepto – dice el Rav Zaitchik – fácilmente podremos comprender por qué D’os le advierte al nasí: “Y no tomará el nasí de la propiedad del pueblo robándole sus posesiones, de su posesión hará heredar a sus hijos, para que no se disperse Mi pueblo cada hombre de su posesión”(46:18), pues incluso un hombre de su talla, corre el riesgo de sentir en algún momento que a él le pertenece lo que en realidad le pertenece al pueblo.

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Parashá Shavua: Vayakhel ( Y reunió) – Pekudé (Recuento). Shabat Hajodesh. 27 Adar 5773 (9 Marzo 201).Resumen

vakhel pekudeVayakhel

 Moshé reunió al pueblo de Israel y les dijo sobre las órdenes del  Eterno respecto a la observancia del Shabat: Trabajar seis días y el séptimo  descansar, no encender fuego en Shabat.

 Asimismo, Moshé ordenó al pueblo la construcción del Mishkán  (Santuario) con la indicación sobre las ofrendas que deberían traer, con  generosidad de sus corazones, para aportar a la obra.La respuesta de los Benei Israel fue  inmediata y cada uno donó la mayor cantidad de objetos.Broches, aros, sortijas, brazaletes, todos  elementos de oro, telas teñidas de celeste, púrpura, carmesí, lino fino, cuernos  de carnero, elementos de plata y cobre, maderas de acacia, especias para  incienso, aceite para las luminarias.

 Los príncipes de cada tribu trajeron piedras de ónix y las demás  piedras preciosas para engarzar el efod y el pectoral, de la vestimenta del  Cohén Gadol.

 Moshé informó que el Eterno había designado a Betzalel, de la tribu  de Yehudá, como supervisor de la construcción, dado su gran sabiduría y  experiencia.Su ayudante fue Oholiav, de  la tribu de Dan, quien tenía habilidad para realizar obras de arte, grabados y  tejidos.

 Betzalel y Oholiav informaron a Moshé que la cantidad de aportes  del pueblo eran suficientes y que traían más de lo necesario.Por ello Moshé ordenó que no trajesen más  donaciones.

 Comenzó la construcción del Santuario, según las mínimas  indicaciones del Eterno.Así tomó forma  el Mishkán.

 Pekudé

 Se realizó el recuento de todo lo gastado para la construcción del  Tabernáculo, según ordenó Moshé.Se  recontó todo el oro empleado, como así la plata, el cobre, y demás  objetos.

 Se confeccionaron los vestidos de Servicio, como también los  vestidos sagrados para Aharón, todo de acuerdo a lo ordenado por el Eterno a  Moshé.Se utilizaron hebras de oro,  tejidos teñidos de colores celeste, púrpura y carmesí y los engarces de piedras  de ónix con oro, grabados en ellas los nombres de las doce tribus de  Israel.Otras piedras preciosas  utilizadas para el pectoral fueron rubí, topacio, ágata, turquesa, zafiro,  diamante, ópalo, amatista, berilo y jaspe.Todo fue inspeccionado personalmente por Moshé.

 Se terminó la construcción del Tabernáculo y el primero de Nisán,  fue instituido el Mishkán por Moshé quien ordenó colocar todos los elementos y  utensilios, el candelabro y su encendido.Moshé tomó el Testimonio y lo colocó en el Arca.

 Una nube cubrió el Mishkán, que era la gloria del  Todopoderoso.Cada vez que la nube se  elevaba, era una señal que indicaba que el Pueblo de Israel debía continuar su  marcha.Por la noche la nube se  convertía en fuego, que era visto por toda la casa de  Israel.

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