Parashá Shavua: Vayikrá – (Y llamó). 5 Nisan 5773 (16 Marzo 2013).Enfoques sobre la Parashá

Parashat-Vayikra“Cuando un hombre entre ustedes traiga una ofrenda” (Vayikrá 1:2)

La raíz de la palabra `traer una ofrenda’ en Hebreo es la misma que la palabra `cercanía’.  Cerca y lejos son distancias no necesariamente medidas en metros o millas.  Las personas pueden estar muy cerca aún cuando están en dos lugares del mundo diferentes, y pueden estar muy distantes aún si se sientan juntas en un autobús o si viven en la misma casa.  La espiritualidad del Bet HaMikdash creó una cercanía palpable que cada persona sentía al traer las ofrendas.  El reino físico está dividido en 4 partes:  Mineral, Orgánico, Animal y el Hombre.  El mundo Mineral esta desprovisto de vida, crecimiento y movimiento; el mundo Orgánico es el que crece y está activo; el mundo Animal -de instinto y conocimiento.  El Hombre es el `locutor’ – es el poder del intelecto y la razón.  El propósito de los Korbanot (ofrendas) es acercar a todas estas partes de la Creación y elevarlas.  Cuando un animal era ofrecido -acercado– esto acercaba a toda la vida animal en el mundo.

Similarmente, la ofrenda de los menajot y los nesajim -la ofrenda de harina y libaciones de vino- acercaban toda vida orgánica.  Y con cada ofrenda tenía que haber sal -la representación del mundo Mineral- que elevaba y acercaba a la vida inorgánica.  En el versículo nombrado, la expresión “un hombre entre ustedes traerá una ofrenda” puede significar también “un hombre traerá una ofrenda de sí mismo”.  El hombre mismo se ofrece, acercándose, poniendo su alma en su ofrenda.  Hoy que no tenemos la cercanía con Di-s que el Bet HaMikdash nos daba, tenemos un sustituto, el rezo.  Cuando desbordamos nuestro corazón en el rezo, cuando nos ofrecemos a Di-s, acercamos al mundo y a nosotros mismos a nuestro Padre en los Cielos.

(Rabí Shelomo Yosef Zevin)

“Vayikrá…” (Vayikrá 1:1)

La primera palabra del Libro de Vayikrá-Levítico es “Vayikrá” (Y Él llamo).  Está escrito en la Torá con una alef pequeña.  La Alef es la letra que representa la voluntad, el ego.  Es la primera letra de la palabra “Anoji” (yo).  Cuando una persona se ve a sí misma muy pequeña, como la alef pequeña, da lugar a que la Presencia Divina more en ella.  Moshé Rabenu fue el hombre más humilde; solo él, como ningún otro hombre ni antes ni después, vio que hay una sola Alef en toda la Creación – Hashem (Di-s).  Moshé hizo que su ego -su Alef- sea tan pequeño, que fue merecedor de ser el portador de la Torá.

(Rabi Bunim de Peshisja)

“Vayikrá…” (Vayikrá 1:1)

La palabra “Vayikrá” implica que Di-s llamó a Moshé con afecto, asi como los ángeles se llaman unos a otros.  Di-s lo llamó y Moshé fue.  Pero cuando Bilam, el profeta midianita, quiso maldecir al Pueblo Judío, la Torá dice que Di-s fue a él.  Si Moshé fue hacia Di-s, seguro que Bilam tenía que haber ido hacia Di-s.  Cuando recibimos un invitado importante, se lo invita al salón principal, pero cuando el basurero se acerca a la puerta, salimos hacia él para que la casa no se impregne de olor.

La primera palabra del Libro Vayikrá / Levítico es Vayikrá (Y llamó…). En  la Torá, esta palabra aparece escrita con una Alef pequeña. La Alef es la letra que simboliza la voluntad, el ego. Es la primera letra de la palabra hebrea que significa “yo”: aní.  Cuando el individuo se empequeñece a sí mismo, como la alef pequeña, crea un lugar para que la Presencia Divina repose en él.  No tiene la cabeza hinchada con ilusiones de grandeza.  Moshé Rabenu fue el más humilde de todos los hombres.  Y se hizo a sí mismo tan pero tan pequeño que apenas sí ocupaba lugar en este mundo. Como ningún otro hombre antes o después de él, Moshé percibió que en la Creación hay una sola Alef, un solo Numero Uno: Hashem.  Moshé hizo que su propia alef, su ego, fuera tan pequeña que tuvo el mérito de que la Torá fuera entregada por su intermedio. Hashem llamó a Moshé: “Vayikrá…”

(Rabí Bunim de Peshisja)

“Cuando alguno de ustedes traiga un korbán…” (Vayikrá 1:2)

La cercanía y la distancia no necesariamente se miden en kilómetros o millas, puesto que las personas pueden estar muy cerca, inclusive estando en los confines opuestos del mundo, o pueden estar muy lejos, a pesar de estar sentadas una al lado de la otra, en el autobús o viviendo en la misma casa. La cercanía es un concepto espiritual, parte de la vida interna.

En castellano no existe una palabra que pueda expresar el significado de los korbanot que se ofrecían en el Beit haMikdash.  La palabra “sacrificio” implica que renuncio a algo que para mi tiene mucho valor, para que pueda beneficiarse otra persona.  Es obvio que Hashem no puede beneficiarse con los “sacrificios”, pues a El nada le falta.  Por otra parte, el término “sacrificio” implica que se trata de algo de valor.  A decir verdad, lo que nosotros obtenemos del “sacrificio” es infinitamente más valioso que el “sacrificio” mismo.  La palabra “ofrenda” tampoco es adecuada, pues la “ofrenda” sirve para apaciguar o aplacar a la persona a quien se la trae.

Es como “comprar a alguien”. Una especie de soborno.  El motivo por el cual nos es tan difícil traducir la palabra “korbán” al castellano es que nuestras ideas de “sacrificio” y “ofrenda” derivan de culturas paganas.  En efecto, en esas culturas, las expresiones “sacrificio” y “ofrenda” resultaban adecuadas y hasta aptas.

En hebreo, el termino “korbán” posee la misma raíz que la palabra “cercano”.  Y es una palabra que se emplea en forma exclusiva para la relación del Hombre con Hashem.

Cuando una persona traía un korbán, es señal de que deseaba acercarse a Di-s. La cercanía a Di-s es el unico “bien” verdadero que existe. Todos los demás “bienes” no son mas que meras imitaciones, falsificaciones sin ningún valor, cuando se las compara con el Bien real que significa estar cerca de Di-s. En la antecámara del Cielo, los problemas de la vida se solucionan por sí solos. La felicidad es un barómetro que sube y baja según la cercanía que uno tenga con Di-s. Para la persona que ha alcanzado un cierto nivel de pureza, hasta el sufrimiento puede transformarse en alegría si se siente cerca de Hashem.

Hoy en día, en que ya no contamos con la cercanía a Hashem que nos proporcionaban los korbanot, seguimos teniendo un substituto: la plegaria. Cuando volcamos nuestros corazones en el rezo, cuando nos ofrecemos nosotros mismos a Hashem, podemos lograr acercarnos, y acercar al mundo junto con nosotros, a nuestro Padre del Cielo.

(Basado en Rabí S. R. Hirsch, Rabí Shlomó Yosef Zevin)

“Y Él llamó a Moshé…” (Vayikrá 1:1)

Moshé tenía diez nombres: Moshé, Yered, Javer, Yekutiel, Avigdor, Avi Sojo, Avi Tzanúaj, Tuvia, Shemaya, Helevi.

¿Por qué no bastaba con un solo nombre?

Y de todos sus nombres, el único que empleó Hashem fue “Moshé”, el nombre que le había dado Batia, la hija del Faraón.

Otra pregunta más: si Hashem lo llamó por el nombre “Moshé”, debe ser que ese nombre lo definía más que cualquiera de sus otros nombres.  ¿Por qué?

Cuando Hashem creó al primer hombre, los ángeles servidores Le preguntaron: “Este `Hombre’, ¿cuál es su naturaleza?”.  Hashem les respondió: “Su sabiduría es mayor que vuestro intelecto”.

Entonces Hashem trajo varios animales ante los ángeles.  Y les dijo a los ángeles: “¿Cómo se llaman?  Los ángeles no supieron responder.  Entonces Hashem le mostró los animales al Hombre.  “¿Cómo se llaman?”, interrogó.  El Hombre respondió: “Este se llama `buey’, ese se llama `burro’.  Este se llama `caballo’ y ese se llama `camello'”.

“Y tú, ¿cómo te llamas?”, preguntó Hashem.

“Yo me tengo que llamar `Adam’, pues fui creado de la tierra”  (En hebreo, “tierra” es “adama”).

“Y Yo, ¿cómo Me tengo que llamar?”, interrogó Hashem.

“Tú debes llamarte Adon-ai.  Pues Tu eres el Señor (En hebreo, “adon”), el amo de todo”.

El Santo Bendito Sea dijo “Yo soy Adon-ai. Ese es Mi Nombre.  Porque asi me llamó el primer hombre”.

El nombre es mucho más que una manera de atraer la atención de una persona.  El nombre es mucho más que un método convencional de referencia.  La sabiduría de ser capaz de darle el nombre a algo es superior a los ángeles, pues el nombre define y describe la esencia misma del ser.

Por esa razón, a Moshé no le bastaba con un solo nombre.  Para poder definirlo, para poder restringir su grandeza con palabras, hacían falta diez nombres.

Sin embargo, Hashem le dijo a Moshé que de todos sus nombres, solamente lo llamaría por el nombre que lo llamó Batia.  ¿Que tenia de especial aquel nombre?

El nombre “Moshé” proviene de la raíz “ser atraído, ser sacado, ser extraído”, pues Batia lo sacó del agua.

Al sacar del río a Moshé, Batia se burlaba de la voluntad de su padre.  El Faraón quería asesinar a todos los niños judíos. Al salvar a Moshé, estaba arriesgando la vida.

Batia arriesgó la vida para salvar a Moshé; por lo tanto, esa característica quedó grabada en la personalidad y en el alma de Moshé.  Esa cualidad de auto-sacrificio fue la que tipificó a Moshé más que ningún otro rasgo, y por ese motivo Moshé fue el nombre con el que lo llamaba Moshé.

Esa fue la característica que hizo de Moshé el líder del pueblo judío. Porque más que ningún otro rasgo, el líder del pueblo judío necesita auto-sacrificio, a fin de atender y ocuparse de cada una de las ovejas de su rebaño.

(Rabí Jaim Shmuelevitz, Rabí J.C. Senter)

“Cuando un alma pecare por error…” (Vayikrá 4:1)

Luz roja.  Frene.  Atrás de mi, oigo el chirrido del freno.  Me doy vuelta y veo un auto que se sale del camino, se sube a la vereda, por poco no atropella a dos personas y, al mejor estilo de las películas de los cuarenta, va a parar contra un puesto de verduras, haciendo subir una columna de humo y vapor.  En el capó queda incrustado el cartel: “¡Fruta Tropical, de la Selva a su Mesa!”, entre adornos de papaya y ananás.  Mire a ver quien habia sido el tonto que causo tanto desastre, y vi el inconfundible rostro de un chimpancé, que me hacia caritas…

Cuando dejamos que nos domine el lado físico, estamos dándole permiso al mono para que se siente al volante…

Los monos son excelentes mascotas.  Son divertidos, se la pasan sonriendo… pero no se los puede dejar manejar el auto.

El ser humano es una combinación milagrosa de cuerpo y alma.  El cuerpo proviene de los elementos más bajos. El alma viene de arriba. A partir de estos dos elementos tan dispares, Hashem crea la milagrosa coexistencia denominada “Hombre”.

El Hombre no puede existir en este mundo sin un cuerpo, pero si deja que el cuerpo ocupe el primer lugar, y domine al alma, se queda sin el segundo y principal capítulo de su vida: el Mundo Venidero, y la vida eterna donde el cuerpo y el alma habrán de unirse en forma eterna.

¿Cómo se puede retomar el control, después de habérselo traspasado al mono?

Trayendo una ofrenda al Mishkán.

El Mishkán era un sitio absolutamente espiritual. Un lugar que no era un “lugar” en el sentido físico. Y por ser totalmente espiritual, el alma podía existir sin necesidad de recurrir a un marco físico.

En Yom Kipur, cuando el Kohén Gadol ingresaba al Santo de los Santos, estaba completamente separado del mundo físico. Era como un ángel más, que obtenía toda su existencia de este lugar Santo.

Pues habia un lugar en la tierra en el que el alma podía existir sin el cuerpo.  Ese es el lugar dónde Hashem “habitaba” en la tierra. En el lugar Santo. El Mishkán.

¿Qué significa que uno comete un pecado “inintencional”?

“Uy… discúlpeme… parece que le robé la billetera…  ¡No puedo entender cómo fue a dar a mi bolsillo!”

¿Un pecado “inintencional”?

No. El pecado inintencional es aquel en el que transgrede la parte física de la persona. Pero el intelecto, su neshamá, no quiere tomar parte. El mono agarra las llaves del auto.

Cuando peca el cuerpo, resigna su derecho a la sociedad eterna con el alma. Pierde su pasaporte para unirse al alma en su futura reunión en el Mundo Venidero.

Por ese motivo, cuando una persona peca, tiene la obligación de traer un animal como sacrificio, para que comprenda que el cuerpo solo, sin el intelecto, sentado al volante, es como el animal que esta sobre el Altar, privado de una existencia eterna.

Cuando el individuo traía un sacrificio, debía visualizar su propio cuerpo quemándose en el Altar.

Pero si la persona ofrenda su propio cuerpo, entonces lo único que le queda es su neshamá. Y.. ¿cómo puede existir en este mundo físico como un alma sin un cuerpo?

Habia un solo lugar donde la neshamá podía existir sin el cuerpo. El Mishkán.

Por ese motivo, el único lugar donde se podía traer un sacrificio era en el Mishkán. Porque el Mishkán era un lugar de espiritualidad pura.  El único lugar donde la neshamá podía existir sin el cuerpo, igual que el Kohén Gadol en Yom Kipur. Cuando el individuo presenciaba la escena del animal ofrendado subiendo como humo, internalizaba el concepto de que, en realidad, era su cuerpo el que debería haberse quemado en el Altar. Y eso lo conducía a pensamientos de teshuvá, de retornar a Hashem. Y decidía ser una nueva persona.

Cuando el individuo experimenta un arrepentimiento verdadero, se transforma en una creación absolutamente nueva.

Por eso, la ofrenda del sacrificio le proveía una nueva “encarnación”. Era como si se le hubiera dado un cuerpo nuevo, que ahora se encontraba bajo el control de la neshamá.

Y asi podía reingresar al mundo físico afuera del Mishkán, como una nueva creación.

Dime… ¿dónde dejaste las llaves de tu auto?

(Rabí Simja Waserman zt”l; Raíi Yaakov Niman, Rabí Mei Jadash)

Shabat Shalom

http://www.mesilot.org/

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: