YOM KIPUR 5774: ¿Por qué está consultado el reloj?

6524062-hombre-de-negocios-mirando-el-reloj-fondo-negro(por Rab Daniel Oppenheimer http://www.ajdut.com.ar)

El ambiente del aula estaba tenso. Se palpaba el nerviosismo de los alumnos. Frente a ellos, las hojas del examen que definía el ingreso a la muy cotizada escuela. Los ojos del profesor los controlaban para que no miraran las hojas de los vecinos, y una y otra vez éste se negaba a explicar las difíciles preguntas del cuestionario. De pronto sonó el timbre que marcaba el fin de la hora… “¡¡¡Ssss!!! ¡¡¡Ay, no, me falta un montón!!!” se escuchó de uno y de otro lado del aula. Los alumnos desesperados miraban cuántos puntos les quedaban por resolver. No hubo merced. Hubo que entregar las pruebas.

La sinagoga estaba atestada de gente en los últimos minutos finales de Iom Kipur. Habían llegado a las últimas páginas del Majzor. El Baal Tokea posicionó el Shofar en la boca para que su sonido se escuchara claro y con fuerza. De repente, se suscitó una discusión terrible. “¡¡¡Ssss!!!” decía el corazón que sentía el vacío ante el inminente alejamiento de la Presencia Di-vina. “¡¡¡Ay, no!!!, estuve esperando todo el año esta oportunidad y se me está escapando de las manos”. Por otro lado, el estómago, que ya no quería más de lo mismo, se rió. “¡Basta, che, parála! ¡Tengo hambre!”.

Si nunca escuchamos esta polémica, es porque aún nos falta entender de qué se trata Iom Kipur. Si sólo conocemos el reclamo del estómago, que espera que Iom Kipur se acabe pronto, es porque nuestro “judaísmo” está sintonizado a la comida (comida idish, varénikes, knishes, mahude y baklawa). (¿Qué es lo que habíamos leído en el Majzor al comienzo de Iom Kipur? “Shehejeianu, VeKimanu…”, agradecemos a Ti D¨s que nos permitiste vivir, nos mantuviste, y nos hiciste llegar hasta este día… ¿y ya comenzaste la cuenta regresiva para que se vaya? – ¿no nos dijo mamá que a las visitas no se les pregunta cuándo se van?)

Si bien este día es efectívamente el Iom HaDin (día del juicio), no son “días terribles” en la connotación que muchos le dan. Los Sabios de la Mishná (Taanit) nos dicen que “no hubo días alegres para Israel como… y Iom HaKipurim”. Los días que se extienden desde el comienzo del mes de Elul hasta Iom Kipur, se denominan los Iemei Ratzón (días de acercamiento y de buena predisposición). Cuando el pueblo de Israel estaba en el desierto y, a pocas semanas de su “boda” con el Todopoderoso, construyó el becerro de oro, Moshé suplicó a D”s durante 40 días y al cabo de este período, D”s le encomendó preparar las nuevas tablas de la Ley (Shnei Lujot HaBrit). Finalmente, estas fueron entregadas por D”s en Iom Kipur, cuando la reconciliación con el pueblo fue total.

¿Hay, acaso, algún momento más oportuno en el año para celebrar la reconciliación anual personal con el Creador?

La noción del “miedo” de lo que D”s nos haga o entender Iom Kipur como un día triste (“días terribles”), o que el ayuno sirviera como medio de sufrimiento para expiar los pecados, no tiene base en el judaísmo. Los paganos, quienes tejían historias de infidelidad, violencia, rencor y venganza alrededor de los dioses que ellos mismos fabricaban, obviamente les sentían terror, se privaban y les “sacrificaban” hasta sus propios hijos para “calmar su ira”. Los judíos no tenemos “sacrificios”. Sí existe la idea del “Korbán”. Esta palabra proviene de “karov” (cercano) y significa un medio para sentirse próximo a D”s. “Acaso deseo Yo la muerte del malvado? Sinó que vuelva de su mal camino y que viva” (Rezo de neilá). D”s, quien nos brinda nuestro sustento con amor, dándole un sabor distinto a cada fruta y papilas gustativas para poder gozar aquel sabor, sin duda no es sadista ni nos pide masoquismo.

Por lo tanto, rezamos al “Kel Melej ioshev al Kisei Rajamim” (D”s, Rey “sentado” sobre el trono de la misericordia). Cuando decimos que D”s se “sienta”, queremos afirmar que Él se detiene en cada caso para analizar la posibilidad de que le demos los humanos para favorecer el juicio mediante actos de bondad por parte nuestra que nos hagan merecer la misericordia. D”s no aplica el “gatillo fácil”. Justamente todo lo contrario es lo exacto. Reconociendo nuestros errores (Vidui), arrepintiéndonos y tomando la firme decisión de no volver a cometerlos, podemos borrar el mal pasado.

¿Existe el temor? ¡Sí! El temor de perder esta preciosa oportunidad. El temor de malgastar el tiempo mirando el reloj para ver cuánto falta para que se termine el ayuno…

¿Por qué, entonces, el ayuno? ¿Por qué, entonces, la abstención de tareas? El judío no sólo reconoce los errores con palabras que recita en su confesión, sino que, a su vez, demuestra con los hechos que, mediante sus pecados renunció y perdió tanto su derecho a gozar de este mundo como así también su derecho a aportar al mismo creativamente. Hay así una abstención en Iom Kipur de goces mundanos y, por otro lado, inhibición de las tareas creativas vedadas en Shabbat. Al mismo tiempo, ruega a D”s que le dé otra oportunidad para rehacer su vida arrepintiéndose de sus fallas. (R. Sh. R. Hirsch).

El Vidui (confesión) cumple la función de concientizar al judío de los errores que con su “amnesia activa” prefirió guardar en el olvido (las “barrió debajo de la alfombra”). El versículo le dice que “mejasé‚ psha-av lo iatzliaj” (es inútil esconder las falencias de ojos de su propia conciencia – ¿a quién va a engañar… a D”s? ¿Por qué será también que la memoria no nos falla respecto a las ofensas ajenas a nuestra persona, y sí se olvida nuestras propias agresiones?…

Asimismo, Iom Kipur posee un elemento de “Hitbatlut” (auto-anulación) frente a la autoridad de D”s a Quien desafiamos cada vez que optamos por el mal a pesar de conocer que contradecimos Su voluntad. Al transgredir, repetimos el pecado del primer hombre, a quien la serpiente sedujo con la idea que al comer del árbol prohibido sería “conocedor (la autoridad que define) del bien y del mal”. En Iom Kipur, nos agachamos totalmente sobre nuestras caras extendiéndonos sobre el piso en un acto de total sometimiento a la autoridad Di-vina, a la cual hemos desafiado. (R. Scheinman/The Jewish Observer).

No obstante, no siempre Iom Kipur expía. No perdona a aquel que especula de antemano con el perdón de D”s, ni se acepta la devoción de aquel que recurre a D”s sin haberse reconciliado con las personas a quienes agravió. En este último caso, debe pedir perdón a quien fue objeto de su agresión y recién luego acudir a D”s. Pedir perdón no es humillarse. Es demostrar que uno es hombre y reconoce sus falencias. No reconocer, es signo de soberbia y altanería. Por otro lado, se debe ser generoso en otorgar el perdón. No hacerlo, es sinónimo de “guardar rencor”. En momentos de invocar la misericordia Di-vina, qué mejor que demostrar que esa cualidad la aplicamos nosotros mismos con nuestros congéneres y no somos hipócritas ni tenemos “doble discurso”.

¿Mucha tarea para un sólo día? Y… sí. Pero es el más importante del año. No consulte tanto el reloj, y si escucha a una persona que cuando suena el Shofar se asusta y dice “¡¡¡Ssss, Ay, no, aun no terminé, esperen un poco más!!!”, no se extrañe. Simplemente, comenzó a entender de qué se trata Iom Kipur.

Rab Daniel Oppenheimer

http://www.tora.org.ar/

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