Ajarit Hayamim (El final de los días)


El término Ajarit Hayamim aparece en la Torá por primera vez en el testamento de Yaacov a sus hijos cuando está en el lecho de la muerte. Sin embargo, no es del todo claro cuál es el significado exacto de este vocablo en aquel contexto. Yaacov aparentemente se había propuesto decirle a su progenie lo que pasará en el fin de los días, pero por algún motivo se abstiene de hacerlo. Rashí explica que la razón por la cual Yaacov no comunicó a sus hijos cuál sería el escenario del fin de los días fue porque la inspiración divina lo abandonó en el último momento. Pero, también es posible que con el vocablo Ajarit Hayamim, Yaacov quiso señalar qué es lo que acontecería con su descendencia después de su fallecimiento. Y efectivamente, su discurso de despedida es un análisis de la personalidad de cada uno de sus hijos, que son las cualidades que matizarían sus futuras acciones. Podemos deducir tal vez que la frase Ajarit Hayamim hace referencia únicamente al final de los días de una persona. La noción de una escatología pertenece posiblemente a una época posterior. (Moshé utiliza la misma expresión y por el paralelismo existente en el texto bíblico en cuestión se puede deducir que ajarit hayamim, tiene el mismo significado que ajarei motí, “después de mi fallecimiento”).
El desenvolvimiento de la historia del pueblo judío, con las periódicas amenazas a su existencia, produjo el anhelo por una era de mayor tranquilidad y seguridad. El fervor por un desenlace final era proporcional a la intensidad del peligro. Se encontraron las bases intelectuales para estas especulaciones en la Torá porque ésta introduce un eje de tiempo, enseñando que el universo tuvo un bereshit, “un comienzo”, y por lo tanto se hace posible concebir una conclusión final para nuestro mundo. Por otro lado un desenlace catastrófico tal como la destrucción total por intermedio de un cataclismo cósmico negaría la cualidad de infinita bondad de Dios. ¿Por qué crearía Dios un universo para luego demolerlo? Además, el hecho de que Dios es el Creador, implica que hay un propósito en Su creación. Ajarit hayamim viene a ser la enseñanza que detalla el horizonte hacia el cual se dirige inexorablemente la historia. Efectivamente, concluimos todos nuestros servicios religiosos citando el versículo de Zejaryá: veneemar vehayá Hashem lemélej al kol haárets…, “y está escrito, Dios será el rey sobre toda la tierra…”, que es la esperanza del arribo del día cuando todos los seres creados reconozcan el reino de Dios.
Durante el período de la composición del Tanaj, con algunas excepciones, no se formula una detallada escatología. El eventual enfrentamiento con los persas y los Griegos trajo consigo el fermento de una ideología del fin de los días. Igualmente, durante los últimos años de la existencia del Segundo Beit HaMikdash también hubo una efervescencia de especulaciones con referencia al “fin de los días”. Numerosos personajes de carácter mesiánico aparecieron en aquellos días, y entre ellos posiblemente, se encontraba otó haish. Pero estos episodios eran seguidos por los desengaños y los desencantos, porque el paganismo, por ejemplo, no concluyó con la derrota de Persia y la destrucción del Beit HaMikdash condujo al eventual destierro del pueblo de su Tierra Prometida. La ansiada era de paz y de entendimiento entre los hombres, que se debía traducir en el destierro de las enfermedades y de los sufrimientos, no se produjo.
En el libro bíblico Daniyel leemos acerca de los cuatro reinos humanos, y el eventual reinado de Dios. Una visión adicional del profeta se centra en cuatro bestias que surgen de los mares. Después de la muerte de la cuarta y más temible bestia debía aparecer un rey a quien debían servir todos los pueblos y naciones de idiomas diversos. Su reino sería indestructible y de carácter permanente. La esperanza acerca de la llegada inminente de ese salvador probablemente captó la atención de las masas, pero la realidad posterior debe haber causado inevitablemente la tristeza y la desilusión. Y para algunos la desesperación.
Con anterioridad, el profeta Amós había hecho referencia al Yom HaShem, “Día del Señor”, en una alusión al momento “final” de una rendición de cuentas, cuando las naciones idólatras serían castigadas y en el cual el pueblo judío tampoco escaparía la “ira del Señor”. Más aún, por ser el “pueblo elegido” tenía una responsabilidad adicional y por lo tanto sufriría un castigo mayor. La aparente noción es que este Yom HaShem señalaría también el comienzo de una nueva era para la humanidad.
Los libros apócrifos (algunos de los cuales están incluidos en la Biblia de los católicos) incluyen ciertos cálculos que tiene el propósito de predecir el “fin de los días”. Adicionalmente, describen un período de grandes dificultades y traumas que deben preceder a la venida del Mashíaj que dará inicio al “fin de los días”. Este período preparatorio a la venida del “salvador” será uno de grandes catástrofes naturales tales como terremotos, inundaciones, plagas y hambruna en medio de conflictos bélicos entre los humanos. Este temible cuadro, tal vez tenía el propósito adicional de hacer más tolerables las aflicciones de la época.
En el Talmud nos encontramos con la afirmación de que el mundo está programado para una existencia de 6,000 años. El primer período de 2,000 años es uno de desolación. Los segundos 2,000 años están representados por la Torá y el último período está relacionado con la venida del Mashíaj. Dado que varios cálculos adicionales no se conformaron con la realidad, el Talmud también contiene admoniciones en contra de especular con fecha alguna acerca del “fin de los días”.
Cabe destacar que toda noción de ajarit hayamim tiene un gran contenido moral. De acuerdo con estas ideas, el universo se dirige a un desenlace ético y esencialmente espiritual. ¿Puede el hombre acelerar el proceso del inicio del “fin de los días”? Según el Talmud, la “redención” depende de la Tsedaká (caridad y justicia) y la Teshuvá (el retorno a la tradición religiosa), con el acento en este último renglón. Otra cita del Talmud afirma ilmalé meshamrín Israel shetei Shabatot kehiljatán miyad nigalín, “si (el pueblo de) Israel observara dos (días) Shabat (¿consecutivos?) serían redimidos de inmediato”. La opinión que eventualmente fue la aceptada es la de Rabí Yehoshua quien afirma shesof sof tavó hagueulá af beló teshuvá, “eventualmente llegará la ‘redención’ aun en la ausencia de la teshuvá”, pero la ‘redención’ tardará más.
En las diferentes teorías de ajarit hayamim, se coloca el acento en el comportamiento mancomunado de la sociedad. El mundo es juzgado de acuerdo con la conducta del grupo. Pero una lectura cuidadosa del texto de la Torá obliga a concluir que el proceder de la persona, del individuo ser humano, es el que es de suprema importancia. Está claro también que la sociedad se compone del agregado de los individuos. Sin embargo, al colocar la suerte del desenlace “final” en el conjunto de la humanidad, se libera de cierta cuota de responsabilidad al individuo, que ahora se convierte en un componente de un promedio. Por lo tanto, concluimos señalando que el destino “final” del universo debe ser motivo de especulaciones teológicas únicamente para los “expertos” en la materia (si es que existen). En cambio, todo ser humano debería concentrarse en su conducta personal, para asegurar que él no se convierta en un factor negativo que impida el ansiado arribo de una era de mayor entendimiento entre los hombres, de paz y de sosiego.
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