Parashá Tetzavé. Shabat Zajor. 11 Adar 5769

Este Shabat, es el anterior a la fiesta de Purim y se llama shabat zajor, pues en él debe ser leída de un segundo libro de la Torá, una sección adicional que comienza con las palabras: “Zajor et asher asá lejá Amalek… – Recuerda lo que te hizo Amalek…”, que se encuentra al final de parashat Ki Tetzé (Devarim -Deuteronomio- 25:17-19).
Mediante la lectura de parashat zajor recordamos lo mal que se comportó el pueblo de Amalek con los hijos de Israel, poco tiempo después de que hubiéramos salido de la tierra de Egipto y la obligación de aniquilarlo.
Es una Mitzva de la Torá, tanto para hombres como para mujeres, ir este Shabat a la sinagoga para escuchar esta lectura especial.
Parashat Zajor se lee cada año en el último shabat antes de Purim, ya que esta fiesta es en memoria de la victoria de nuestro pueblo contra Hamán, quien fue un descendiente de Amalek. Cada año uno se cuestiona: ¿Quién es ese Amalek al cual tengo que aniquilar? ¿Dónde se encuentra este pueblo? ¿Acaso tengo que ir por todo el mundo para encontrar al pueblo de Amalek y hacer una guerra contra él?
La respuesta es la siguiente: Amalek representa la esencia del mal en este mundo, el cual fue creado para ser aniquilado por el ser humano, y el ser humano por su lado, fue creado para pasar una prueba que consiste en sólo dos opciones: o ser aniquilado por el mal, o que el mal sea aniquilado mediante él. Este mismo mal se presenta de muchas formas: puede ser el mismo instinto malo que existe dentro de cada uno, o diferentes clases de desgracias que tienen lugar en el mundo, o puede hacer aparición en la forma de distintos pueblos que su esencia es el mal.
Nuestra obligación es aniquilar a Amalek en todas sus formas y presentaciones, lo que significa que el ser humano tiene que luchar primero contra sus malos instintos, y como dice el dicho popular: “la limpieza comienza por hacerse en la casa de uno”.
La naturaleza de Amalek es que con él no existen términos medios, o acaba uno con él, o él termina con uno; por lo tanto uno debe estar constantemente atento y no dejar que Amalek levante su cabeza. Y esto nos explica por qué cuando en la Meguilá de Ester son leídos los nombres de los diez hijos de Hamán, los tenemos que mencionar sin respirar en el medio, ya que cuando uno se ocupa de aniquilar a Amalek, no debe descansar, ni siquiera respirar, para que éste no tenga la oportunidad de levantarse de nuevo.
Éste fue el error del Rey Shaul que dejó vivo a Agag, el Rey de Amalek, contrariando la orden Divina – a pesar de que, de hecho, el profeta Shmuel lo mató al día siguiente. Sin embargo, la única noche que pasó entre la conquista de Shaul y la acción de Shmuel, fue suficiente para que Agag dejara a una mujer embarazada y de ahí resurgió Amalek nuevamente.
Mediante la lectura de parashat zajor recordamos lo mal que se comportó el pueblo de Amalek con los hijos de Israel, poco tiempo después de que hubiéramos salido de la tierra de Egipto.
Nosotros leemos la parashat zajor el shabat anterior a la fiesta de Purim, ya que en esa fiesta se lee la Meguilat Ester (el libro de Ester), en la que es relatada la historia del pueblo de Israel bajo el reinado del rey persa Ajashverosh, y en ella se cuenta que el malvado Hamán (descendiente del pueblo de Amalek) quiso aniquilar completamente al pueblo de Israel, pero a pesar de sus terribles planes D’os nos protegió y él no tuvo éxito, y no sólo eso sino que tanto él como sus hijos fueron matados.
Parashá Shavua:Tetzavé (Ordenarás)
El Todopoderoso dijo a Moshé que ordenara al Pueblo de Israel traer aceite de oliva puro para encender las luces del candelabro (menorá), que debía estar encendida continuamente en el Santuario.
Aharón y sus hijos Nadav, Avihú y Eleazar, nombrados por el Eterno como sacerdotes (Cohanim), tenían a su cargo, entre otras tareas, el mantener encendida la menorá.
Sus vestimentas eran especiales según las indicaciones de Hashem. Estas debían ser confeccionadas por especialistas. Las vestiduras de Aharón el Cohén Gadol (Sumo Sacerdote), se distinguía sobre las de los demás, como ser que el efod que debía ser de oro, celeste, púrpura y carmesí, y de lino. Sobre dos piedras de ónix, que se colocaban sobre las hombreras, debían grabarse los nombre de las doce tribus.
El pectoral tenía doce piedras, entre ellas rubí, topacio, ágata, zafiro, diamante, y que cada una llevaría grabado el nombre de una tribu. Se debían colocar en cuatro hileras de tres piedras cada una.
Aharón fue vestido como indicó el Eterno y presentado por Moshé y ungido con aceite, y luego el resto de los Cohanim.
Por otra parte, el Todopoderoso señaló sacrificios que debían ser llevados al Santuario, y que los Cohanim recibirían en sus manos, para luego tomar las partes del animal sacrificado, como su carne, su sangre, su sebo, y realizar distintas ceremonias con ellas. Todos estos rituales se repetían diariamente, los siete días de la semana.