Ayuno del 10 de Tevet (Jueves, 5 de Enero de 2012)


En la historia del pueblo judío hay ciertos eventos que señalan el comienzo del descenso en la espiral de sufrimiento. Uno de ellos es el ayuno del Diez de Tevet. El mismo marca el comienzo del sitio final de Jerusalén por Nabucodonosor, rey de Babilonia, que culminó en muertes masivas, destrucción y exilio.

Cuando el horror del Holocausto fue conocido por primera vez por todo el mundo, el Rabino Jefe del Ishuv (la comunidad judía antes de la creación del Estado) en Eretz Israel proclamó el Diez de Tevet como el día de duelo por las víctimas de la destrucción de las comunidades judías en Europa. En 1951, no obstante, una fecha diferente, el 27 de Nisán, fue designado por la Keneset (Parlamento israelí) como el Día del Holocausto y el Heroísmo.

Hay una conexión interna entre estos dos eventos dolorosos de nuestra historia, la destrucción del Templo y la Shoá.

Nabucodonosor, el malvado, al igual que el enemigo de los judíos de Alemania, quisieron apagar la vela de Israel en el mundo, en Ierushalaim. En el Sagrado Templo eligió HaShem bendito revelarse y revelar Su luz y abundancia a Su pueblo Israel, y por su intermedio al mundo entero.

Nabucodonosor pensó que al destruir el Templo, el corazón de Israel y del mundo podría apagar la luz de Israel, pero se equivocó; Hitler quiso hacer lo mismo, ni él ni Nabucodonosor entendieron que el pueblo de Israel, el pueblo que HaShem bendito eligió entre los pueblos, y lo llamó “mi hijo, mi primogénito”, es eterno.

El Gran Rabinato ha decretado de todas formas que el Diez de Tevet sea el día en el que se recite el Kadish de Duelo para aquellos familiares, víctimas del Holocausto, cuya fecha de fallecimiento no es conocida, y conmemorarse día con plegarias y estudio. En Israel es conocido como el día del “Kadish General”.

Incluso ahora, cuando el Estado de Israel ha sido establecido para traer el fin del sufrimiento y el exilio judíos, recordamos cuando comenzó el triste relato del exilio: hace más de 2.500 años atrás, un Diez de Tevet.

Elevemos nuestra voz a nuestro D-s, EL Dios de Israel, que proteja a nuestros soldados quienes fueron a una guerra impuesta por aquellos que como Nebujadnetzar y Hitler piensan en borrar del mapa a nuestra Medina. No podrán hacerlo, no tendrán éxito porque:

Hashem de los Ejercitos está con nosotros, el D-s de Yaakov, es nuestra fortaleza .Sela .

HaShem salva, Que el Rey nos responda en el día que lo invoquemos, Amen

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AYUNO 10 DE TEVET (Viernes 17 de Diciembre de 2010). ¿Qué nos falta?

El 10 de Tevet es el día en el que el rey babilónico Nabucodonosor sitió Jerusalén, como está descrito en Reyes II 25:1-3: “En el año noveno de su reinado, en el mes décimo, el diez del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia con todo su ejército contra Jerusalén; acampó contra ella y la cercaron con una empalizada. La ciudad estuvo sitiada hasta el año once de Tzidkiahu (Sedecías). El mes cuarto, el nueve del mes, cuando arreció el hambre en la ciudad y no había pan para la gente en el pueblo, se abrió una brecha en la muralla de la ciudad y el rey partió con todos los hombres de guerra, durante la noche…”

El sitio duró más de un año y medio y el 17 de Tamuz se abrió definitivamente la brecha en la muralla. Tres semanas después, el 9 de Av, el Templo fue incendiado y este evento, más que cualquier otro, simboliza el fin de la independencia judía en su tierra y el inicio del exilio.

En las escrituras se llama el “ayuno del décimo mes” (Zacarías 8:19).

En Israel, este día también se observa como el Día de Kadish Nacional, al ser recitado en él la oración de kadish de duelo por las personas asesinadas durante el Holocausto, especialmente por la memoria de aquellos cuya fecha de muerte no es conocida.

El 10 de Tevet es el único ayuno que se puede realizar también en viernes.

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Recuerdo una discusión que tuve una vez sobre la pregunta del futuro Templo. El compañero con quien estaba debatiendo decía que había opiniones diferentes sobre esto en el Judaísmo.
¿Quién escribió lo siguiente?

Mashiaj [el Mesías] restaurará el reino de David a su antigua gloria, a su soberanía original. Él construirá el Santo Templo y reunirá los dispersos de Israel. En su tiempo, todas las leyes [de la Torá] se reintegrarán como antes; se ofrecerán sacrificios y el año Sabático y del Jubileo se instituirán como dice la Torá. Quien no crea en él o no se anticipe a su venida, no sólo niega a los otros profetas sino también la Torá y a Moisés…

¿Quién dijo esto? ¿Un sacerdote desterrado que sobrevivió a la destrucción del Templo? ¿Un místico sefaradí del siglo XVI? ¿El Rebe de Lubavitch?

Recuerdo una discusión que tuve una vez sobre la pregunta del futuro Templo. El compañero con quien estaba debatiendo decía que había opiniones diferentes sobre esto en el Judaísmo. Los “rabinos de derecha” estaban a favor de él. ¿Pero qué hay del filósofo ilustrado como Maimónides? ¿No diría él que mientras el Templo pudo haber sido un componente necesario para la vida religiosa en la cultura de aquella época, es un anacronismo en el mundo de hoy? (Mi amigo estaba refiriéndose a un pasaje en la Guía de los Perplejos que podría entenderse de esta manera.)

En respuesta, tomé el tomo 14 del libro de Mishné Torá del estante y le mostré el párrafo citado, escrito hace más de ocho siglos por el propio Maimónides, donde declara inequívocamente que la reconstrucción del Templo es una parte íntegra de la redención futura por la cual el judío reza y se prepara todos los días de su vida.

El 10 de Tevet es el aniversario del sitio de Jerusalén que llevó 30 meses después a la destrucción del Templo. En este día, los judíos a lo largo del mundo ayunarán y lamentarán por su destrucción y rezarán para su reconstrucción. Así que éste es un buen momento para preguntar: ¿Por qué necesitamos un Templo? ¿Qué exactamente nos está faltando?

La humanidad ha aprendido bastante durante los últimos 6000 años. Filosofamos nuestro camino a la ciencia y luego la ciencia nos conduce hacia la puerta del misticismo. En el camino, inventamos la literatura, el arte, el amor romántico, la economía, la democracia y la psicología.

Pero todavía no sabemos cómo vivir nuestras vidas.

Ponga a veinte personas en un cuarto. Seguramente que se pondrán de acuerdo sobre la santidad de la vida, los derechos humanos, la igualdad, el libre albedrío, la paz mundial, etc. Pero sáquelos del cuarto a su cotidianeidad y tendrá veinte opiniones diferentes en lo que estas cosas significan y cómo deben aplicarse.

En las elecciones diarias que la vida nos presenta, los mismos principios en que estábamos de acuerdo se vuelven la base para visiones y actos contradictorios, en todo, desde el aborto al suicidio asistido, desde el vegetarianismo a la plegaria en la escuela, casi cada tema puede confrontarnos.

Las ideas y principios no son suficientes. Ellos definen el “cuadro general”, pero pocos conflictos son sobre el cuadro general. La mayoría de nuestros conflictos y dilemas son sobre el cómo, el cuándo y el dónde. No es suficiente saber lo que es correcto–necesitamos conocer profundamente la justicia, entender sus modos y sutilezas, sus sabores y parcialidades.

Es como la diferencia que existe entre ver una persona un rato y estar casado con esa persona durante veinte años. En el primer caso, tengo una cara y un nombre: si me encontrara a esta persona en la calle, sabría quién es. ¿Pero sé cómo le gusta su café? ¿Sé qué número calza o cuántas horas de sueño necesita? ¿Yo sé cómo sonríe cuándo lo felicitan o cómo reacciona cuando lo insultan?

No es suficiente saber que A es bueno y B es malo, que X tiene razón y Y está equivocado. Nosotros necesitamos ver la bondad de cerca–lo bastante para discernir los detalles. Necesitamos vivir correctamente, estar “casados” con ella, sentirla en nuestros huesos. Necesitamos una relación íntima con Di-s.

Hasta cierto punto, es posible lograr esta relación íntima en el mundo de hoy. Tenemos la Torá en la que Di-s puso Su alma y personalidad, Sus aspiraciones e idiosincrasias. La Torá es una crónica detallada de los deseos de Di-s, Sus gustos y Sus aversiones. La Torá nos da una guía a una vida que es a la vez espiritual y práctica, respondiendo a nuestro anhelo por la cercanía con lo Divino, gobernando nuestra conducta a través del mundo físico.

Pero el problema es que la Torá es un documento escrito. Por lo tanto ¿qué le dice Ud. a alguien que sostiene: “Yo, también, tengo una Torá, y ¿mi tradición tiene una interpretación distinta de la suya sobre el bien y el mal?” ¿Cómo podemos estar seguros que entendemos correctamente los matices y si el texto escrito está aplicándose óptimamente en nuestras vidas?

¡Si sólo hubiera un lugar donde la bondad y la rectitud realmente vivieran! Un lugar con una dirección y un número de teléfono. Un lugar donde podamos ir físicamente y llevar a nuestros primos y vecinos. ¡Miren, diríamos, ésta es la verdad, ésta es la bondad y ésta la justicia! ¿Ven? Y ellos verían.

Había semejante lugar: el Santo Templo en Jerusalén, la casa de Di-s en el mundo físico. Eso es lo que nos está faltando.

Por Yanki Tauber

AYUNO DEL 10 DE TEVET (ASARÁ BETEVET).Domingo 27 de Diciembre de 2009

El Ayuno del 10 de Tevet

Desde el día en que el pueblo de Israel entró a la tierra de Israel, bajo el liderazgo de Iehoshúa, el pueblo habitó la tierra por un período de 850 años; y 20 generaciones de hijos y nietos nacieron allí, hasta que el malvado Nabucodonosor, rey de Babilonia, se levantó en contra de ellos y los llevó al exilio. Dentro de este período, 440 años pasaron hasta la construcción del primer Bet Hamikdash – Templo de Jerusalem – a manos del rey Shlomó, y otros 410 años pasaron hasta que el ejército babilonio lo destruyó.

Cuando el pueblo de Israel entró a la tierra de Israel por primera vez, fue para vivir allí eternamente, puesto que así se lo había prometido D’os a Abraham: “Toda la tierra que tú ves, Yo te la daré a ti y a tu descendencia para siempre” (Bereshit – Génesis – 13:15). Pero D’os puso una sola condición: el cumplimiento de la Torá y los preceptos. El comentarista Rashí explica que esto puede ser comparado a un príncipe al que se le dió comida en estado de putrefacción, y él no pudo retenerla dentro de su cuerpo y la vomitó. Similarmente, la Tierra de Israel no puede retener a aquellos que transgreden Su voluntad.

Muchas de las generaciones de judíos que habitaron la tierra de Israel fracasaron en cumplir con los mandamientos de D’os, manchando la tierra mediante la adoración de ídolos. Ellos abandonaron al D’os de sus padres, trayendo así el enojo de D’os sobre Iehudá y Jerusalem por sus pecados. D’os envió profetas para que los amonesten, para hacerlos arrepentirse y retornar hacia Él, pero el pueblo no escuchó, como vemos en las escrituras:

“Incluso los líderes de los sacerdotes y las personas, transgredieron grandemente a través de todas las abominaciones de las naciones, y ellos violaron la Casa de D’os la cual Él ha santificado en Jerusalem. Y el D’os de sus padres, envió mensajeros rápidamente, pues Él tenía compasión por Su pueblo y Su lugar, pero ellos se rieron del mensajero de D’os, despreciaron Su palabra y se burlaron de Sus profetas, hasta que el enojo de D’os se levantó en contra de Su pueblo, hasta que no hubo más remedio” (Divré Haiamim II – II Crónicas – 36:14-16).

En el Midrash, Nuestros Sabios dijeron:

¿A qué pueden ser comparadas las diez tribus, la tribu de Iehudá y la tribu de Biniamín? A dos personas que estaban usando una capa nueva para cubrirse a si mismas durante la estación de las lluvias. Una tironeaba de un lado y la otra tironeaba del otro lado, hasta que la capa se rompió. De la misma manera, las diez tribus no desistieron de cometer idolatría en Shomrón, y las tribus de Iehudá y Biniamín no desistieron de cometer idolatría en Jerusalem, hasta que causaron la destrucción de Jerusalem” (Eijá Rabá, petijtá).

En los siguientes versículos encontramos la razón del ayuno del diez de Tevet:

“Y fue en el noveno año de su reinado, en el décimo mes (Tevet), en el décimo día, que Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó con todo su ejército a Jerusalem, y acampó alrededor de ella y construyó torres en todo su alrededor. Y la ciudad quedó sitiada hasta el año 11 del reinado del rey Tzidkiahu. En el noveno día (del mes de Tamuz) el hambre en la ciudad fue muy severo y no había pan para comer. Y penetraron en la ciudad…” (Melajim II – II Reyes – 25:1-4).

“Y en el quinto mes (Av) en el diez del mes… Nebuzaradán el asesino, vino… y él quemó la Casa de D’os y el palacio del rey, y todas las casas en Jerusalem… Y todas las murallas que rodeaban Jerusalem fueron destruidas… Y la multitud que quedó fue exiliada por Nebuzaradán” (Irmiahu – Jeremías – 52:12-15).

Nosotros vemos entonces, que el diez de Tevet – el día en el cual comenzó el sitio de Jerusalem – fue el comienzo de una cadena de calamidades que terminaron finalmente con la destrucción del Bet Hamikdash y es por eso que esta fecha fue decretada como día de ayuno público.

“D’os destruirá a la muerte para siempre, borrará las lágrimas de todos los rostros y hará que Su pueblo no sea avergonzado nuevamente…” (Ieshaiahu – Isaías – 25:8)