HILULA de Rabí Israel Abujatzira BABA SALI.4 de Shevat de 5770 (Lunes 18 de Enero de 2010)

Rabí Israel Abujatzira, conocido más como “Baba Sali”, nació en Tafelatlej, Marruecos, en Rosh Hashana 5650/1890, en el seno de una de las más ilustres familias de la judería local. Familia de grandes Tzadikim y Jajamin.
Desde una tierna edad adquirió renombre como sabio, hacedor de milagros y experto cabalista. A diferencia del resto de los niños de su edad, al joven Rabi Israel nunca le gustaron los juegos infantiles, su tiempo lo dedicaba al estudio y aprender de las midot (cualidades) de sus mayores. Llevando desde temprana edad un estilo de vida ascético, comiendo y hablando muy poco.
Cuando realizó su bar-mitzváh, a los 13 años, Rabi Israel fue aceptado en la Yeshivá de su familia, donde las reglas de estudios y el horario eran muy riguroso, para Abrejim con un alto nivel y capacidad. Los alumnos se levantaban para hacer “tikun jatzot” (la corrección de la medianoche) y luego estudiaban trabajos kabalísticos hasta el amanecer, para luego purificarse en la mikváh (o baño ritual). Se dedicaban a la plegaria día y noche.
Durante la Primera Guerra Mundial se decretó la masacre de todos los judíos de Tafelatlej. Por lo que optaron muchos judíos de esta ciudad huir a Bodniv, entre ellos la familia Abujatzira. Una vez allí, los vecinos y conocidos del Rabi Israel le pidieron que sirviera como Rabino pero él rehusó alegando que no se sentía espiritualmente preparado para guiar a una comunidad, ni tampoco de suceder a su hermano David. Con gran dolor decidió emigrar a Israel para editar los libros de su hermano. Su hermano David fue asesinado en Tafelatlej.

Al regresar a Bodniv ya no pudo rehusarse más al pedido de la comunidad, ejerciendo como Rabino y Dayán (Juez). Su trabajo fue muy activo transformando la ciudad en un centro activo de Torá. Estableció la Yeshivá Abir Yaakov, dando como fruto grandes Talmidim Jajamin, lideres del pueblo Judío.

Emprendió un segundo viaje por Israel,en el año 5693/1933, donde su fama ya era notoria. Ya de vuelta en Bodniv, la fama de Rabi Israel había crecido mucho y se le ofreció que ocupara el puesto de Gran Rabino de la comunidad judía de Marruecos; puesto al que accedió luego de las insistentes demandas de sus seguidores.

Tras de la Segunda Guerra Mundial, tomó la decisión de establecerse definitivamente Israel.Al principio se instaló en Lod, cerca de su hermano; pero cuando le ofrecieron la posición de Rabino de Lod, se trasladó a Jerusalem. A los Tres años de su llegada a Jerusalem, se le ofreció el puesto de Gran Rabino Sefaradí de Israel, pero –una vez más- declinó la oferta.

Se traslada a la ciudad de Netivot, desde su llegada el nombre de Netivot ya no era desconocido en le mundo Judío. Miles de seguidores del gran Tzadik tanto de Israel como de fuera, se agolpaban en la puerta de su casa para recibir sus berajot (bendiciones). El impacto en este pueblo fue muy grande, numerosos residentes cambiaron sus formas de vida influidos por el Tzadik.

Se Podrían escribir interminables páginas de los numerosos Nisim (milagros) que Hakadosh Barujú realizó, para cumplir las peticiones de Rabí Israel. Destacaremos uno como ejemplo:

Cierta vez un joven de Holón llamado Eliahu tenía programada una seria intervención quirúrgica en la que sus piernas le serían amputadas. Ya había pasado mucho tiempo en el hospital, por lo que estaba reconciliado con su destino. El procedimiento debía tener lugar el viernes.
Ese jueves, una conocida suya, una anciana mujer, le sugirió que recibiera una bendición de Baba Sali antes de la operación. Dijo que conocía a alguien que había estado paralizado, y con todo fue sanado merced a su bendición. Aunque Eli no era para nada observante, en su desesperación decidió intentarlo de cualquier manera. Quizás, quizás…
Hubiera sido imposible conseguir un permiso para abandonar el hospital un día antes de la operación, de modo que Eli simplemente se escabullió. Ni siquiera reveló su intención de ver a Baba Sali a su preocupada familia.
Estaba sentado sobre una silla en la sala de espera próxima a la entrada del estudio del tzadík. Después de muchas horas, finalmente llegó su turno. La costumbre era que, antes de cualquier cosa, la persona se acercara a Baba Sali, quien estaba sentado sobre su sofá, y le besara la mano. Pero a causa de la avanzada trombosis de sus piernas y el lacerante dolor que lo acompañaba, Eli ni siquiera pudo ponerse de pie para entrar a la sala.
Siguiendo las instrucciones de Baba Sali, la Rabanit Simi, su esposa, se acercó a Eli y le preguntó:
“¿Te pones tefilín? ¿Observas el Shabat? ¿Recitas las bendiciones?”
“No”, admitió Eli, y estalló en llantos.
Baba Sali pareció conmoverse por el sufrimiento de Eli y su sinceridad, y le dijo:
“Si cumples mi voluntad, comienzas a observar el Shabat y te arrepientes totalmente, entonces también Di-s escuchará mi voluntad”.
Con gran emoción, Eli exclamó inmediatamente:
“Acepto sobre mí la obligación de observar el Shabat en todos sus detalles. También prometo hacer una teshuvá completa, `retornar´ en arrepentimiento plenamente”.

Por orden de Baba Sali le sirvieron té. Después de beberlo, la Rabanit sugirió que dado que el Rav lo había bendecido, debería tratar de levantarse, a fin de ir y besar su mano.
Con mucho esfuerzo y dolor, Eli logró pararse. No podía creerlo, ¡sus piernas le estaban obedeciendo! Temblorosamente, ¡caminó hasta Baba Sali y besó su mano! Entonces, casi delirante de sorpresa y alegría, comenzó a agradecer al tzadík profusamente. El Rav lo interrumpió, diciendo con una sonrisa:
“No me lo agradezcas. Simplemente di: `¡Benditos son aquellos que santifican Su Nombre públicamente!´”

Como en un sueño, Eli caminó a los tropiezos hasta la puerta y descendió por las escaleras. Experimentó caminando de esta manera y de la otra. Tenía que saberlo: ¿Estaba realmente despierto? ¿Podía ser que en verdad esto estuviera sucediendo? Con cada paso, sus piernas se sintieron mejor.

Con sus nuevas piernas fue a Ieshivat HaNegev, no muy lejos del hogar de Baba Sali. Cuando los estudiantes se dieron cuenta de que estaban viendo los resultados de un milagro que acababa de ocurrir, rodearon a Eli con alegre danza y canciones, y palabras de alabanza y gratitud a Di-s.

Regocijándose con su reencontrada capacidad para caminar, Eli volvió al hogar de Baba Sali para despedirse como corresponde y agradecerle nuevamente. También expresó su temor de que sus piernas sufrieran una recaída, volviendo a su anterior debilidad y enfermedad.
Baba Sali lo calmó, diciéndole animadamente:
“No te preocupes. En mérito a tu juramento de `retornar´ a la observancia de la Torá, y especialmente tu promesa de cuidar el Shabat conforme sus leyes, lo que se equipara a todos los mandamientos, Di-s ha hecho este milagro y anulado el decreto en tu contra. Ahora depende de ti cumplir tus palabras”.

Abandonando nuevamente la casa de Baba Sali, Eli telefoneó a su esposa. “¡Ya estoy curado!”, gritó, sin dar explicaciones. Su esposa supuso que el miedo a la cirugía le había hecho perder contacto con la realidad.

“¿Regresas a casa?”, le preguntó con preocupación. “¿O irás directamente al hospital?”
Eli contó entonces a su esposa lo que había prometido a Baba Sali, la bendición que había recibido del tzadík, y la milagrosa mejoría que ya había tenido lugar. Tan pronto como colgó, llamó a su médico en el Hospital Ichilov de Tel Aviv y le informó de su curación. El médico dijo a Eli que estuviera de vuelta en el hospital al día siguiente, y que “dejara de actuar como un loco”.
Eli efectivamente fue al hospital al día siguiente.
El médico apenas si era capaz de aceptar la evidencia de sus ojos. Después de unos días, y muchos exámenes, Eli fue dado de alta. La primera cosa que hizo fue volver a Netivot para agradecer nuevamente a Baba Sali.

El Rav pidió que se preparara y sirviera una seudat hodaá una comida de gratitud a Di-s en honor al milagro . Hacia el fin de la comida, Baba Sali bendijo una botella de agua y dijo a Eli que la enviara al hospital para que su médico pudiera brindar lejáim de ella.

“Y dile”, agregó, “que no sea tan presuroso para cortar piernas”.
El asistente de Baba Sali durante la mayoría de sus años en Netivot, Rabí Eliahu Alfasi [quien fue testigo de gran parte de la historia y oyó el resto de los detalles de Eli de Holón], cuenta que una vez preguntó a Baba Sali cómo había hecho este gran milagro. El tzadík le contestó inocentemente:
“¡Créeme, Eliahu, todo lo que hice fue decirle `¡Ponte de pie´!”

.La historia de este joven rápidamente recorrió el país e influyó para que muchos adoptaran un estilo de vida más ligado a la Torá y entrará en Teshuvá.

El 4 de Shevat 5744 Rabí Israel Abujatzira dejaba este mundo, siendo enterrado en la ciudad de Netivot.

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