Mitzvá de Visitar a los Enfermos (Bikur Holim)

Es una Mizvá visitar a los enfermos, y se denomina, en Lashon Hakodesh: “Bikur Jolim”. Es una de las más grandes Mizvot, de la que se disfruta su recompensa tanto en este mundo como en el Olam Habá. Los parientes y amigos del enfermo, deben ir a verlo inmediatamente después de que escuchan que enfermó. En cambio, los que no son tan allegados, lo visitan después de tres días. Pero si se encuentra grave, pueden hacerlo los que no son muy allegados, incluso desde el primer día.

Aún una persona grande debe ir a visitar a un pequeño; hasta varias veces al día, si es necesario. Y cuanto más se lo visita, mejor, porque está escrito que el que visita, le quita al enfermo un sexagésima parte de su enfermedad. Todo esto, por supuesto siempre y cuando dichas visitas no sean más perjudiciales para el enfermo que beneficiosas.

Lo principal de la Mizvá de Bikur Jolim, es pedirle a Hashem que se apiade de él y que le envíe Refuá Shelemá. Si lo visitó y no pidió por él, no cumplió con la Mizvá.

Hay que cuidarse mucho de no ser una carga para el enfermo cuando lo estamos visitando. A veces el enfermo no puede hablar, y por respeto a él no hay que hablarle, para no obligarlo a contestar, y otras cosas parecidas. A veces hay que acercarse a su casa o al hospital, sin entrar en el recinto donde se encuentra el enfermo, y sólo preguntar a los parientes en qué se puede ayudar, y por supuesto pedir Refuá Shelemá por él.

La Mizvá de Bikur Jolim se cumple con la presencia física al lado del enfermo. De todos modos, cuando no se puede ir personalmente, se puede llamar por teléfono y preguntar por él o hablar con él, para alentarlo y apoyarlo. Y si fue una vez y lo vio y conoció su estado, cada vez que llame por teléfono, se considerará que sigue haciéndole una visita personal. Hay que tener en cuenta de que cuando se llama por teléfono, el enfermo no siempre está disponible, por lo tanto, hay que hacerlo en los momentos apropiados y adecuados.

El que visita a un enfermo, no debe provocarle tristeza o preocupación ni a él ni a los familiares; mucho menos mostrarle signos de temor o aflicción por la enfermedad que padece. Y los que acostumbran a visitar a los enfermos y darle consejos y recomendaciones, por ejemplo, consultá a tal o cual doctor o determinado medicamento o realizar algún tratamiento, etc., sin que nadie se lo haya solicitado, estará confundiendo tanto al enfermo como a los que están a su alrededor. De todos modos, si la persona sabe que su visita puede traer algún beneficio por su experiencia o asesoramiento y los afectados se lo pedirán, por supuesto que es necesario y beneficioso que así lo haga.

(Condensado de Habait Haiehudí)

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