SHABAT SHALOM VE JANUKA SAMEAJ

SHABAT JANUKA

YOM KIPUR 5774 (2013)

Yom Kipur 5774 Comenzara B.H. el Viernes 13 de Septiembre de 2013, antes del anochecer y se prolongara hasta la salida de las estrellas del Sabado 14 de septiembre (rogamos por favor consulten los horarios exactos para sus lugares de residencia, dada la grandeza del dia).

Queremos hacerles llegar nuestros deseos de que H.K.B.H. nos SELLE a todos en los libros de la Vida, la Torah, la Salud, la Alegria, la Parnasa (sustento) para un año lleno de Torah, Mitzvot y Maasim Tobim, Amen.

Asi mismo, desde aqui solicitamos Mehila (perdon), por si bien por accion u omision, bien de hecho o de palabra pudimos haber ofendido o dañado a alguno de nuestros seguidores o lectores. Gracias.

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YOM KIPUR 5774: ¿Por qué está consultado el reloj?

6524062-hombre-de-negocios-mirando-el-reloj-fondo-negro(por Rab Daniel Oppenheimer http://www.ajdut.com.ar)

El ambiente del aula estaba tenso. Se palpaba el nerviosismo de los alumnos. Frente a ellos, las hojas del examen que definía el ingreso a la muy cotizada escuela. Los ojos del profesor los controlaban para que no miraran las hojas de los vecinos, y una y otra vez éste se negaba a explicar las difíciles preguntas del cuestionario. De pronto sonó el timbre que marcaba el fin de la hora… “¡¡¡Ssss!!! ¡¡¡Ay, no, me falta un montón!!!” se escuchó de uno y de otro lado del aula. Los alumnos desesperados miraban cuántos puntos les quedaban por resolver. No hubo merced. Hubo que entregar las pruebas.

La sinagoga estaba atestada de gente en los últimos minutos finales de Iom Kipur. Habían llegado a las últimas páginas del Majzor. El Baal Tokea posicionó el Shofar en la boca para que su sonido se escuchara claro y con fuerza. De repente, se suscitó una discusión terrible. “¡¡¡Ssss!!!” decía el corazón que sentía el vacío ante el inminente alejamiento de la Presencia Di-vina. “¡¡¡Ay, no!!!, estuve esperando todo el año esta oportunidad y se me está escapando de las manos”. Por otro lado, el estómago, que ya no quería más de lo mismo, se rió. “¡Basta, che, parála! ¡Tengo hambre!”.

Si nunca escuchamos esta polémica, es porque aún nos falta entender de qué se trata Iom Kipur. Si sólo conocemos el reclamo del estómago, que espera que Iom Kipur se acabe pronto, es porque nuestro “judaísmo” está sintonizado a la comida (comida idish, varénikes, knishes, mahude y baklawa). (¿Qué es lo que habíamos leído en el Majzor al comienzo de Iom Kipur? “Shehejeianu, VeKimanu…”, agradecemos a Ti D¨s que nos permitiste vivir, nos mantuviste, y nos hiciste llegar hasta este día… ¿y ya comenzaste la cuenta regresiva para que se vaya? – ¿no nos dijo mamá que a las visitas no se les pregunta cuándo se van?)

Si bien este día es efectívamente el Iom HaDin (día del juicio), no son “días terribles” en la connotación que muchos le dan. Los Sabios de la Mishná (Taanit) nos dicen que “no hubo días alegres para Israel como… y Iom HaKipurim”. Los días que se extienden desde el comienzo del mes de Elul hasta Iom Kipur, se denominan los Iemei Ratzón (días de acercamiento y de buena predisposición). Cuando el pueblo de Israel estaba en el desierto y, a pocas semanas de su “boda” con el Todopoderoso, construyó el becerro de oro, Moshé suplicó a D”s durante 40 días y al cabo de este período, D”s le encomendó preparar las nuevas tablas de la Ley (Shnei Lujot HaBrit). Finalmente, estas fueron entregadas por D”s en Iom Kipur, cuando la reconciliación con el pueblo fue total.

¿Hay, acaso, algún momento más oportuno en el año para celebrar la reconciliación anual personal con el Creador?

La noción del “miedo” de lo que D”s nos haga o entender Iom Kipur como un día triste (“días terribles”), o que el ayuno sirviera como medio de sufrimiento para expiar los pecados, no tiene base en el judaísmo. Los paganos, quienes tejían historias de infidelidad, violencia, rencor y venganza alrededor de los dioses que ellos mismos fabricaban, obviamente les sentían terror, se privaban y les “sacrificaban” hasta sus propios hijos para “calmar su ira”. Los judíos no tenemos “sacrificios”. Sí existe la idea del “Korbán”. Esta palabra proviene de “karov” (cercano) y significa un medio para sentirse próximo a D”s. “Acaso deseo Yo la muerte del malvado? Sinó que vuelva de su mal camino y que viva” (Rezo de neilá). D”s, quien nos brinda nuestro sustento con amor, dándole un sabor distinto a cada fruta y papilas gustativas para poder gozar aquel sabor, sin duda no es sadista ni nos pide masoquismo.

Por lo tanto, rezamos al “Kel Melej ioshev al Kisei Rajamim” (D”s, Rey “sentado” sobre el trono de la misericordia). Cuando decimos que D”s se “sienta”, queremos afirmar que Él se detiene en cada caso para analizar la posibilidad de que le demos los humanos para favorecer el juicio mediante actos de bondad por parte nuestra que nos hagan merecer la misericordia. D”s no aplica el “gatillo fácil”. Justamente todo lo contrario es lo exacto. Reconociendo nuestros errores (Vidui), arrepintiéndonos y tomando la firme decisión de no volver a cometerlos, podemos borrar el mal pasado.

¿Existe el temor? ¡Sí! El temor de perder esta preciosa oportunidad. El temor de malgastar el tiempo mirando el reloj para ver cuánto falta para que se termine el ayuno…

¿Por qué, entonces, el ayuno? ¿Por qué, entonces, la abstención de tareas? El judío no sólo reconoce los errores con palabras que recita en su confesión, sino que, a su vez, demuestra con los hechos que, mediante sus pecados renunció y perdió tanto su derecho a gozar de este mundo como así también su derecho a aportar al mismo creativamente. Hay así una abstención en Iom Kipur de goces mundanos y, por otro lado, inhibición de las tareas creativas vedadas en Shabbat. Al mismo tiempo, ruega a D”s que le dé otra oportunidad para rehacer su vida arrepintiéndose de sus fallas. (R. Sh. R. Hirsch).

El Vidui (confesión) cumple la función de concientizar al judío de los errores que con su “amnesia activa” prefirió guardar en el olvido (las “barrió debajo de la alfombra”). El versículo le dice que “mejasé‚ psha-av lo iatzliaj” (es inútil esconder las falencias de ojos de su propia conciencia – ¿a quién va a engañar… a D”s? ¿Por qué será también que la memoria no nos falla respecto a las ofensas ajenas a nuestra persona, y sí se olvida nuestras propias agresiones?…

Asimismo, Iom Kipur posee un elemento de “Hitbatlut” (auto-anulación) frente a la autoridad de D”s a Quien desafiamos cada vez que optamos por el mal a pesar de conocer que contradecimos Su voluntad. Al transgredir, repetimos el pecado del primer hombre, a quien la serpiente sedujo con la idea que al comer del árbol prohibido sería “conocedor (la autoridad que define) del bien y del mal”. En Iom Kipur, nos agachamos totalmente sobre nuestras caras extendiéndonos sobre el piso en un acto de total sometimiento a la autoridad Di-vina, a la cual hemos desafiado. (R. Scheinman/The Jewish Observer).

No obstante, no siempre Iom Kipur expía. No perdona a aquel que especula de antemano con el perdón de D”s, ni se acepta la devoción de aquel que recurre a D”s sin haberse reconciliado con las personas a quienes agravió. En este último caso, debe pedir perdón a quien fue objeto de su agresión y recién luego acudir a D”s. Pedir perdón no es humillarse. Es demostrar que uno es hombre y reconoce sus falencias. No reconocer, es signo de soberbia y altanería. Por otro lado, se debe ser generoso en otorgar el perdón. No hacerlo, es sinónimo de “guardar rencor”. En momentos de invocar la misericordia Di-vina, qué mejor que demostrar que esa cualidad la aplicamos nosotros mismos con nuestros congéneres y no somos hipócritas ni tenemos “doble discurso”.

¿Mucha tarea para un sólo día? Y… sí. Pero es el más importante del año. No consulte tanto el reloj, y si escucha a una persona que cuando suena el Shofar se asusta y dice “¡¡¡Ssss, Ay, no, aun no terminé, esperen un poco más!!!”, no se extrañe. Simplemente, comenzó a entender de qué se trata Iom Kipur.

Rab Daniel Oppenheimer

http://www.tora.org.ar/

HISTORIAS PARA CONTAR EN SHABAT (XXII): La sabiduría de un niño

mama-con-su-hijoEsto ocurrió en la ciudad  de Vilna antes de haber sido estructurada totalmente.

El rey vio en ese sitio,  el lugar apropiado para construir su ciudad.

Pero antes de hacer nada  envió a llamar a los sacerdotes y astrólogos para preguntarles que será de esta  ciudad en el futuro, si prosperará. Le respondieron de acuerdo a lo que les  dijeron sus dioses, que la ciudad prosperará, si se estructura sobre la base de  un hijo único que será enterrado allí con vida.

Y con la condición que lo  entregue su madre como sacrificio voluntario y alma plena para este fin.

El rey ordenó hacer  correr la voz en todas las provincias de su reinado, para hallar a una  voluntaria que desee donar a su hijo para estructurar sobre él la ciudad, “pues  esto salió de boca de nuestros dioses”.

Pasaron varios días y no  hallaban a una madre que posea un hijo único y pretenda darlo de voluntad para  el fin requerido.

Pero finalmente, llegó  una señora que venía de los confines del reinado con su hijo único de doce años  de edad, y estaba dispuesta a donarlo para cumplir con lo que predijeron los  sacerdotes y astrólogos para que la ciudad que allí se construirá prospere.

Entonces fijaron una  fecha para la ceremonia que se realizaría en medio de una gran fiesta.

Mucha gente llegó al  lugar para contemplar el sacrificio del hijo único para que la ciudad prospere.

Y también vinieron los  principales gobernantes y príncipes de la nación.

Y fue en el preciso  instante en el que el niño estaba siendo preparado para cumplir con lo ordenado  por los astrólogos y sacerdotes, que este se dirigió al rey y le comunicó:  “señor rey, yo no creo que esta cosa mala que se disponen a realizar sea la  voluntad del dios.

Pero tus astrólogos  dijeron que eso vieron. Yo quiero demostrar según un razonamiento lógico y de  justicia que tus astrólogos no comprendieron bien la voluntad del dios y se  equivocaron en la interpretación.

Por eso te solicito que  me permitas realizarles tres preguntas a los sacerdotes que miran en las  estrellas.

Y será que si logran  responder con sabiduría mis preguntas, y hallan la solución para ellas, a pesar  que soy joven, aceptaré que comprendieron la voluntad del dios y cumpliré con lo  ordenado en silencio y sin protestar”.

El rey respondió: “Que se  haga como dijiste”.

El joven se dirigió a los  sacerdotes que miran en las estrellas y les formuló las siguientes preguntas:
1- ¿Qué es lo más liviano de la tierra? 2- ¿Qué es lo más dulce que  se halla sobre la faz de la tierra? 3- ¿Qué es lo más pesado?
Los  sacerdotes que miran en las estrellas meditaron, discutieron sobre la probable  solución y nadie sabía lo que decían porque lo hacían entre ellos sin emitir  voces audibles para el público presente.

Finalmente respondieron y  dijeron: “Lo más liviano de la tierra es la pluma, lo más dulce, la miel y lo  más pesado, la roca”.

Y cuando concluyeron,  miraron hacia el público con mostrándose como triunfantes.

Y todos los presentes  creyeron que los sacerdotes que miran en las estrellas respondieron con  sabiduría y de manera acertada las preguntas del niño.

El rey entonces preguntó  al muchacho: “¿Qué piensas sobre las respuestas?”.

Y el joven respondió con  una sonrisa en su rostro: “Tus sacerdotes no comprendieron mis preguntas, y no  hallaron a las mismas respuesta.

A pesar que yo, quién  habla soy solo un muchacho, ¿cómo entendieron las palabras del dios y su  voluntad?.

Si yo no soy ningún torpe  como para preguntar de una persona sabia cosas que se encuentran reveladas y son  naturales que cualquier persona puede apreciar?, ya que todos saben que la pluma  es muy liviana, y todos saben que la miel es dulce, y todos saben que la roca es  pesada, ya que son estas cosas que se notan y se sienten a través de los  sentidos, porque así fueron creadas desde un principio, y no es digno preguntar  eso a los sabios.

Por eso yo pregunto sobre  las cosas que no son de esa clase, y existe algo que es verdaderamente pesado  ante los ojos de quienes lo ven, y con todo eso es muy liviano si se lo mide  mentalmente.

Así, hay una cosa que a  la vista no es dulce, pero es muy dulce si la medimos mentalmente.

Y así hay una cosa que es  a la vista blanda, pero en verdad es muy dura según la medición que podemos  realizar con la mente, y sobre estas preguntas la respuesta es:

He aquí lo más liviano de  la tierra es un niño, el cual es además hijo único que lo carga su madre sobre  sus brazos, ya que a pesar que es pesado a simple vista, por el gran amor que  siente por su niño, esta no siente el peso en absoluto y es como si no lo  cargara sino que es como que él la carga a ella, así le parece a la madre por el  fuerte lazo de amor que la une a su hijo único, y esto se ve solo a través de  una medición mental.

Y lo más dulce que hay  sobre la tierra es la leche de la madre que da a su hijo, ya que en verdad la  leche es un tanto ácida, y esa acidez se anula y no es sentida por el bebé que  se amamanta de su madre, es más, el bebé no hallará en el mundo cosa más dulce  que la leche de su madre, y esto lo medimos de manera mental, porque como  dijimos, la leche en si es un tanto ácida a simple vista.

Y lo más pesado de todo  es el corazón de una madre que se dispone a sacrificar el fruto de su vientre,  su hijo único”.

Se sorprendieron todos  los que escuchaban por las palabras del joven y de su sabiduría con la que halló  preguntas que muestran según la comprensión del intelecto sobre su asunto que se  relaciona con la situación en la que se encuentra.

Y con estas respuestas se  comprobó que las palabras de los sacerdotes que miraban las estrellas eran  vanas.

Y todo el público clamó  diciendo que los sacerdotes astrólogos erraron la interpretación, y también el  rey opinó lo mismo, por lo que el niño fue liberado y devuelto a su madre.

Fuente:  JudaísmoVirtual

HISTORIAS PARA CONTAR EN SHABAT (XX): La verdad oculta en el vestido

telasEn la ciudad de Sherba, Tunez, habia un gran sabio llamado Rabi Califa Cohen.

Eran muy grandes sus conocimientos de la Tora y descendia por parte paterna del gran erudito Rabi Rajamim Cohen que sirvio como jefe del Tribunal Rabinico de Sherba.

Rabi Califa la mayoria del tiempo estudiaba Tora en la ieshiva y en una pequena parte del dia comerciaba con telas para su propia manutencion y la de su familia.

Tenia vinculos comerciales con un judio de la ciudad Gabas, que le enviaba telas para vender en Sherba.

Pidio el rabino del comerciante, anotar estrictamente todo paquete de telas que le enviaba y el precio de origen de las mismas, para evitar errores, malentendidos y tener una pequena ganancia sobre el precio original.

El rabino intentaba agregar al precio de las telas, la suma mas pequena posible, segun fijaron nuestros sabios, para evitar aprovecharse de los clientes.

Un dia se le presento al comerciante una gran oportunidad, compro una gran partida de telas de seda y de lana, de muy buena calidad a un precio muy reducido. Estaba seguro de poder hacer una gran ganancia con las telas.

Penso el comerciante, que en caso de registrar el verdadero precio y enviarle las piezas a Rabi Califa, la ganancia seria minima. Por 10 tanto decidio agregar al precio de cada pieza tres reales, para obtener un maximo provecho de la operación.

Se apresuro el comerciante a preparar los paquetes, anoto los precios “inflados” de la compra original, frotando las manos de regocijo al pensar en la gran ganancia que obtendra de la venta

de las telas.

Despues de varios dias adquirio nuevas piezas de tela, que tambien envid a Rabi Califa, esta vez sin aumentar en el registro al precio original, debido que fueron compradas según el valor normal de las mismas.

El comerciante ansioso, esperaba la respuesta del rabino. La respuesta llego, despues de un tiempo, mas grande como era su esperanza, grande fue su dececpción.

En la carta se trataba del ultimo envio, que mandó de acuerdo el precio original, mis el porcentaje de ganancia y envio el rabino al comerciante, la ganancia que le corresponde por lacompra y envio de las telas.

Junto con esto no escribio el rabino absolutamente nada acerca del primer paquete. Sorprendido el comerciante decidió viajar a Sherba a verificar que paso.

El hombre viajo a Sherba y se dirigio enseguida al negocio de Rabi Califa.

Junto con el, ingresd al negocio un arabe para comprar telas.

Pudo observar el comerciante un hecho curioso: el árabe bused entre las piezas de tela y despues de elegir varias de ellas, ofrecid comprarlas por un precio determinado.

Escucho el rabino la oferta, pero no pudo contestar porque estaba bendiciendo Bircat Hamazdn (la bendicion que se bendice al finalizar de comer) con gran concentration.

El arabe penso que el vendedor callaba porque no aceptaba su oferta, asi que fue subiendo la suma ofrecida, hasta llegar a un punto varias veces mas alto que el ofertado en primeras instancias.

Cuando termind Rabi Califa de bendecir Bircat Hamazón, saludd calurosamente al comerciante: ¡Bienvenido! jLa paz sea contigo!”

Luego se dirigio al arabe y le dijo: sabe, que acepte el precio que ofertaste en un principio, solo que no pude contestar, porque estuve bendiciendo. Por lo tanto, paga el primer precio ofrecido y toma tu mercaderia.

Despues de saludarse y hablar palabras formales, pregunto el comerciante a Rabi Califa: rabino, hace varias semanas le mande un gran paquete con telas finas, que estuve seguro quese venderian facilmente obteniendo una apropiada ganancia y me resultó extraño no recibir ninguna information sobre ellos.

— A mi tambien me intriga ese paquete contesto el rabino — no se porque no se venden esas telas. Coloque retazos sobre el mostrador, pero nadie se interesd por ellas. Al no obtener respuesta por parte del comerciante, Rabi Califa prosiguid: ¿quizas esta operation no es limpia por completo? Cumpliste mi pedido de no aumentar al precio original.

El sorprendido comerciante confeso enseguida, que esta unica vez mintió ante la tentación de hacer una gran ganancia.

Bueno, se revelo el misterio, proclamd el rabino con tono de reproche y cuando le acerco el paquete con las telas vieron que las polillas habian empezado a actuar, dejando sus senales enlas preciadas telas.

Se lamentd el comerciante y pregunto al rabino: ¿Qué haremos ahora? todo el dinero invertido en las telas esta perdido.

— jNo te preocupes! — 10 tranquilizd — debemos borrar el precio marcado y colocar el original, en un par de dias se venderan todas las telas.

Borrd el comerciante el precio marcado y colocd el original y en pocos dias se vendieron todas las telas obteniendo una apropiada ganancia.

Dcsde ese dia, el comerciante, puso todo su cuidado de colocar el precio exacto sobre las telas, sin agregar un solo franco por  encima del precio original y D-s lo bendijo y ayudó en todos sus acciones y continuo sus vinculos comerciales con Rabi Califa toda su vida.

Fuente: traducido del judeo-arabe del libro “Shairei Minja” de Rabi Rajamim Jai Javita Hacohen.

Un caso similar al de Rabi Califa que no quiso aumentar al precio de la tela ofrecido por primera vez, encontramos en el Talmud, Tratado de Macot, en una acotacion al versiculo “y habia verdad en su corazon” como Rav Safra y explica Rashi en el lugar, que que Rav Safra decia une oracion, cuando un hombre oferto una suma de dinero por cierto objeto y pensando que Rav Safra se nego a venderselo a ese precio aumento. Cuando Rav Safra termino su oratcon pidio el primer precio que escucho.

Parashá Vayigash – (Y acercóse). 9 Tebet 5773 (22 de Diciembre de 2012). Enfoques sobre la Parashá

vayigash“Dijimos a mi Señor: Tenemos un padre anciano y hay un niño, de su  ancianidad, menor” (Génesis 44:20)
“Tenemos un padre que es muy  anciano”- nuestro “padre” representa el ancestral patrimonio del Pueblo Judío.  Nuestro continuo éxito en sobrevivir y florecer como una nación santa está  fundado en el mantenimiento de fe hacia nuestro “padre”. También tenemos un  “hermano menor” (aquellas generaciones que aun no han nacido por las que tenemos  la responsabilidad de pasarles la antorcha de la Torá). Nosotros somos la  conexión de la cadena entre el pasado -“nuestro padre” y el futuro, “nuestro  hermano menor”. No importa cuánta presión tengamos sobre nosotros en el  presente, tenemos la responsabilidad tanto con “nuestro padre” como con “nuestro  hermano menor” de que esta cadena dorada del pasado hacia el futuro se mantenga  intacta.
“Dijo Yosef a sus hermanos: Yo soy Yosef!” (Génesis  45:3)
Cuando estudiamos historia y aprendemos sobre las guerras,  pogromos y el holocausto; cuando leemos sobre los desastres naturales en los  diarios y vemos fotos de continentes arrasados por el hambre, surge la pregunta  “¿Dónde está Di-s?” Desde el momento que los hermanos llegaron a Egipto a  comprar comida se encontraron con un problema atrás de otro. Los hermanos se  preguntaban, ¿Por qué Di-s nos está haciendo esto? Así como con las palabras “Yo  soy Yosef”, todas las preguntas de los hermanos fueron contestadas y el  propósito de los 22 años anteriores fue aclarado, así también en el futuro,  cuando el mundo escuche las palabras “Yo soy Di-s”, todos los dilemas de la  historia serán resueltos en un instante.
(Jafetz  Jaim)
“…Él (Yosef) se echó sobre su cuello y lloró  sobre su cuello mucho”. (Génesis 46:29) Mientras que Yosef derramó su  corazón en un mar de lágrimas cuando vio a su padre después de tantos años, la  reacción de Yaacob no es mencionada en absoluto. De hecho, en ese mismo momento,  Yaacob estaba recitando el Shemá. ¿Por qué Yaacob eligió este preciso momento  para decir el Shemá? La respuesta es que un tzadik (justo) aprovecha cada  oportunidad y emociones para el servicio de Di-s. Cuando Yaacob sintió un  supremo oleaje de alegría y amor al ver a su querido hijo, su primer deseo fue  suprimir su alegría personal y encaminar sus emociones en una sublime expresión  de amor hacia el Creador. Es por eso que recito el Shemá, la aceptación más  elevada de la soberanía de Di-s: “Y deberás amar a Hashem, tu Di-s con todo tu  corazón…”
(Gur Arie)

El Sefat Emet,  comentando en el mismo versículo, dice que la naturaleza de Yaacob era ser  removido y elevado completamente afuera y más allá del mundo natural. Por eso,  en su amor por Di-s, el removió su atención completamente del amor natural que  tenia por Yosef. Por otro lado, la naturaleza de Yosef era estar inmerso en amor  por Di-s aun mientras estaba sumergido en el mundo natural, por eso pudo decir  el Shemá mientras besaba a su padre.
“Y Yehudá se acercó (a  Yosef) y le dijo, `Por favor, mi Señor, dejad a vuestro sirviente hablar a oídos  de mi Señor'” (Génesis 44-18)
En tiempos de la Rusia de los Zares,  hubo fuertes decretos contra los judíos. El Jafetz Jaim, fue una vez a hablar  con un alto oficial zarista, acerca de éstos. Como el Jafetz Jaim no hablaba  ruso y el oficial por supuesto no hablaba idish, usaron los servicios de un  intérprete.
El Jafetz Jaim habló con toda la sinceridad y sentimiento  que emana de un corazón puro, y al acabar un gran silencio llenó la habitación.  Al cabo de un rato el interprete empezó a hablar “Su Señoría… este judío dice  que…”. ¡No necesito traducción, el oficial ruso dijo, lo entendí  todo!
Como resultado de esta reunión los judíos se salvaron de quien sabe  cuántos horribles decretos.
Antes de revelar su identidad, Yosef habló  con los hermanos solo a través de un intérprete, así que Yehudá creyó que no  podía entender hebreo. Sin embargo quiso hablar con Yosef “en sus oídos”, creía  que sus palabras no serían entendidas, pero quería comunicarse con Yosef con los  sentimientos, porque las palabras que salen del corazón, son las que llegan al  corazón de quien las escucha.
(Basado en Rabí Yosef Dov, Rosh Ha  Yeshiva de Brisk en Yerushalaim)
“Y Yehudá se acerco” (Génesis  44-18)
Dos mundos: Yehudá y Yosef. El mundo revelado y el mundo  oculto, Yehudá empieza el linaje del Rey David, la majestad revelada del Pueblo  de Israel, clara y aparente, que todo el mundo puede ver. Yosef es la majestad  oculta.
Yosef reconoce a sus hermanos pero sus hermanos no le reconocen.  El es la chispa oculta que alumbra el exilio, en todos los Egiptos de nuestra  historia. Es la vela que nunca se apaga, la llama eterna. Aunque exteriormente  Yosef parezca el gobernador de una nación gentil, por dentro, está el resplandor  de su judaísmo, y tiene grabado en su corazón nuestra santa lengua. Esta imbuido  de santidad a pesar de habitar en medio de la bajeza de un mundo hostil. Yehudá  acercándose a Yosef. Majestad revelada acercándose a Majestad oculta. Yosef es  como las aguas de un pozo profundo, ocultas, selladas con una gran piedra.  Selladas por las ligaduras del mundo físico y sus preocupaciones. Yehudá. Es  como la vasija que va a dentro las profundidades del pozo y saca del agua pura.  Yehudá revela a Yosef para beneficiarse de él.
“Y Yehudá se acerca a  Yosef”.
El encuentro de dos mundos. Prefigurando la redención final.  Yosef llorando al reunirse con sus hermanos.
Cuando lloramos por Israel,  lloramos por todos nuestros hermanos que todavía están en Egipto, cuando  lloramos por todo el odio y la violencia, debemos recordar que tal como Yosef se  reveló a sus hermanos con lágrimas en los ojos, así también nuestra redención  final llegará con lágrimas. Solo así, El Mashíaj, descendiente del Rey David,  que es a su vez descendiente de Yehudá, gobernará en majestad revelada, con la  cabeza alta, para que todos puedan verle.
(Basado en Rabí Shlomo Yosef  Zevin, L’Torá Ul’Moadin)
“Yo (Hashem) voy a bajar contigo  (Yaacob) a Egipto, y también subiré a arriba” (Génesis 46-4)
Hay dos  personas a la entrada de una profunda cueva, uno es un experto con experiencia,  el otro es la primera vez que desciende a una cueva y está nervioso.  Naturalmente es el experto el que desciende primero. Esto es lo que Hashem está  aquí diciendo a Yaacob, “Yo voy a ir primero y tú vendrás después. Y cuando  salgamos de la cueva, tú saldrás primero y yo seré el último en  salir.
“Y él (Yosef) cayó sobre el cuello de su hermano Binyamin,  y lloró. Y Binyamin lloró sobre el cuello de Yosef” (Génesis  45:14)
El “amor libre” era el slogan de los años sesenta. Pero más  que “amor” era lujuria. Y “libre” quería decir que uno era libre de hacer “lo  que quisiera” a toda costa. Lo cual significaba que el que pagaba era el otro.  Esa “libertad” resulta demasiado cara. Sin embargo, el “amor libre” sí  existe.
Cuando una persona ama a su prójimo no por un motivo en especial,  sino simple y únicamente porque es una creación del Amo del Universo y un  reflejo de Su Majestuosidad, ese Amor Libre es un amor que acerca la Redención  Final. El Beit HaMikdash (Templo Sagrado) fue destruido a causa del “odio  libre”, un odio gratuito, injustificado, sin razón. Y lo que ha de acercar su  opuesto es precisamente lo opuesto: el amor libre, el amor que no depende de  ninguna condición. “Y lloró”: Yosef lloró por los dos Beit HaMikdash que habrían  de construirse en la parte de la tierra que le pertenecería a Binyamin, y que  serían destruidos. “Y Binyamin lloró”: por el Mishkán (Tienda de la Reunión) que  sería erigido en la parte de la tierra que le pertenecería a Yosef, y que con el  tiempo también sería destruido.
¿Por qué lloraban por la pérdida del  otro, y no por la propia?
Cuando los hermanos se volvieron a encontrar  tras 22 años de separación, se dieron cuenta de que lo que los había separado  era el “odio libre”: el odio de los hermanos hacia su hermano Yosef. De  inmediato percibieron la futura destrucción del Templo, que sería producto del  odio libre. Y lloraron, porque así como el odio libre los había separado todos  esos años, también habría de destruir el Templo en un futuro.
La cura  para el odio libre es el amor libre: sentir el dolor del otro como si fuera el  propio. Por eso cada uno lloró por la destrucción del Beit haMikdash del otro.  Yosef y Binyamin estaban marcando el camino para las generaciones que vendrían,  enseñándonos el modo de curar el “odio libre”.
Porque si bien el Beit  HaMikdash de Binyamin no sería construido hasta que fuera destruido el Mishkán  de Yosef, su existencia dependía de la desaparición del otro, no obstante  Byniamin lloró por la destrucción del Mishkán. Binyamin hubiera preferido que el  Beit HaMikdash no se construyera, y que el Mishkán de Yosef hubiera permanecido  por siempre. Tal es el poder del “amor libre”.
(Basado en Rabí I. Mi  Kuzmir en Iturei Torá)
http://www.mesilot.org

Las mujeres de Januca

Judith¿Qué es Januca?

 Con esa pregunta abre el Talmud, en el tratado de Shabat (21b),  sus reflexiones sobre la festividad de las luminarias. La respuesta rabínica a  dicho interrogante es la siguiente:
“Enseñaron los  Sabios: El 25 de Kislev [comienza y] los días de Januca son ocho. En ellos no se  pueden hacer ni panegíricos ni se puede ayunar, ya que cuando ingresaron los  griegos al Santuario impurificaron todos los aceites del Santuario, y cuando el  reino de la casa de los Jasmoneos se impusieron y vencieron, buscaron y no  encontraron sino un solo cuenco de aceite que contaba con el sello del Sumo  Sacerdote, y no había en él sino para encender [la Menora] durante un día.  Sucedió un milagro y pudieron encender de él ocho días. Al año siguiente fijaron  estos días y los hicieron días de fiesta, de alabanza y de reconocimiento [a  Ds].”
Este pequeño párrafo – el cual se basa en un texto  rabínico anterior conocido como Meguilat Taanit – es prueba manifiesta de la  fuerza que tienen los relatos en la construcción de nuestras identidades.  Independientemente de cuál haya sido la historia real de los días de Januca, la  respuesta rabínica que hace eje en el milagro del aceite multiplicado nos  recuerda que aquello que verdaderamente nos marca tiene más que ver con la  narrativa que nos cuentan (y que a su vez vamos adoptando) que con la sucesión  fidedigna de los hechos conforme ocurrieron en su momento.

 No es casual que los sabios hayan acallado las voces de Januca  en el período de la Mishna. Es cierto que, como recién mencionábamos, la  descripción de la fiesta aparece en Meguilat Taanit, cuyo origen el mismo Talmud  ata a la figura de Janania ben Jizkia (Shabat 13b), quien vivió en tiempos de la  destrucción del Segundo Templo de Jerusalem. No obstante, Meguilat Taanit es un  texto menor, el cual era estudiado por una pequeña cantidad de sabios. En  consecuencia, aun si durante la época en que Jerusalem cayó en manos de los  romanos la historia de Januca era conocida, la decisión editorial de los rabinos  de esos tiempos fue la de no mencionarla en absoluto. Mientras en la Mishna  encontramos reflexiones sobre Pesaj, Purim o Rosh haShana, entre otras  festividades, sobre Januca no hay vertida una sola letra. Sólo para los tiempos  en los que el centro neurálgico del judaísmo se había mudado de Israel, los  Sabios se animaron a hablar de la fiesta. Y aun entonces, lo hicieron omitiendo  marcadamente toda mención que girara en torno a la sedición del pueblo en contra  del gobierno opresor de turno.

                                                                                                                                                                                                                                   Luego de los golpes anímicos que significaron la caída del  Templo en el 70 e.c. y la fallida revuelta de Bar Kojba en 135 e.c., los sabios  procuraron silenciar toda gesta heroica. Januca, historia bélica según la cual “los pocos vencieron a los muchos y los puros doblegaron a los impuros” era  pólvora en manos de vendedores de cerillos. Y el horno, para el cierre de la  Mishna en el 220 e.c. ya no estaba para esa clase de bollos. De ahora en  adelante, los únicos cerillos que se debían utilizar eran los necesarios para  encender la Janukia, recordando el milagro de ese fantástico cuenco de aceite  que duró siete días más de lo previsto, cuenco que brilla por su ausencia tanto  en el primer como en el segundo libro de los Macabeos, así como también en la  descripción que hace Flavio Josefo de la festividad de las luminarias.
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 El peso del relato por sobre los sucesos históricos, la  centralidad de la interpretación por sobre el hecho en sí, también se manifiesta  en Januca en la relación que nuestra tradición plantea respecto a la  participación de las mujeres en la celebración de la fiesta. Entre las distintas  reflexiones que los sabios van compartiendo en el tratado de Shabat sobre los  aspectos a resaltar de la festividad, nos encontramos con Rabi Ioshua ben Levi  quien no duda en afirmar: “Las mujeres están obligadas en el encendido de la  vela de Januca ya que ellas también participaron de aquel milagro” (23a).

 Es importante dar cuenta de que Rabi Ioshua no da ninguna  explicación ni detalle sobre el sentido de su dicho. Lo único que tenemos en  claro es que Januca representa una excepción a la regla halájica según la cual  las mujeres suelen estar exentas de todos los preceptos positivos que deben  realizarse en un tiempo determinado.

 El hecho de que Rabi Ioshua decida no explayarse, abre el juego  a que la interpretación pueda intentar llenar este silencio. En principio, hay  dos opciones: O bien las mujeres participaron en el milagro en el sentido de que  fueron salvadas del yugo de los helenos tanto como los hombres, o bien hubo  mujeres que participaron de alguna forma de la gesta liberadora.

 ¿Qué hacer para comenzar a desentrañar esta suerte de misterio  talmúdico? En primer lugar, buscar paralelismos que nos ayuden a iluminar un  poco más esto de la participación de las mujeres en el milagro de Januca. Y he  aquí que el mismo Rabi Ioshua ben Levi aparece en otros dos lugares del Talmud  involucrando a las mujeres en otros milagros de otras festividades. En el  tratado de Meguila (4a) leemos: “Las mujeres están obligadas a leer la Meguila  [de Ester] ya que ellas también participaron de aquel milagro.” De igual manera,  en el tratado de Pesajim (108a-b) Rabi Ioshua dice: “Las mujeres están obligadas  a [tomar de] las cuatro copas [del Seder] ya que ellas también  participaron de aquel milagro.”

  acordar sin mucha dificultad que  la participación de Ester fue esencial para la salvación del pueblo. En el caso  de Pesaj, también podemos observar una fuerte presencia femenina en los primeros  capítulos del libro de Éxodo, presencias que contribuyeron a que el pueblo  termine por abandonar la casa de la esclavitud: Iojeved y Miriam se aseguraron  que Moshe sobreviviera; las parteras Shifra y Pua temieron a Ds y no mataron a  los niños hebreos; la hija del Faraón rescató al joven Moshe y lo adoptó como  uno más en el palacio real; las mujeres hebreas fueron encargadas de pedirle a  sus congéneres egipcias el oro y las joyas que se llevaron al salir de Egipto, y  que sirvió para construir el tabernáculo en pleno desierto.

 Aun así, pareciera que las cosas no son tan evidentes, ya que  cuando Rashi comenta en Meguila, dice: “También sobre las mujeres decretó Haman  para destruir, matar y exterminar, desde los jóvenes a los ancianos, niños y  mujeres.” De igual manera, los Tosafot dicen en Pesajim: “También ellas  estuvieron en aquella duda, es decir: compartieron el peligro de ser destruidas,  muertas y exterminadas.”

La historia de Judith no aparece en el  Talmud. Es imposible saber si Rabi Ioshua siquiera oyó nombrar la gesta de esta  valerosa mujer. Lo que sí sabemos es que en la Edad Media fueron surgiendo  varios midrashim tardíos que de alguna forma entrelazaban los hilos que nosotros  por ahora vemos un tanto sueltos. En este sentido, por ejemplo, leemos en Otzar  haMidrashim (p. 192) que durante tres años y ocho meses se sucedió el derecho de  pernada, hasta que le tocó el turno a la hija de Iojanan, el Sumo Sacerdote, y  miembro de la familia de los macabeos. Fue en ese momento que se orquestó todo  para que pareciera que todos estaban de acuerdo con que el regente tomara a esta  muchacha, pero en el momento en que parece que hay una gran fiesta entre judíos  y helenos, Juda y sus hermanos entran y le cortan la cabeza. Acto seguido, el  mismo midrash (pp. 192-193) agrega:
“Debido a que  escuchó el rey griego que habían asesinado los judíos a su regente, juntó a todo  su pueblo, llegó hasta Jerusalem y la sitió. Y temieron mucho los judíos. Había  allí una mujer viuda, Judith era su nombre. Ella tomó a su sierva, fue hasta las  puertas de Jerusalem y dijo: Déjenme salir a fin de que se realice un milagro a  través mío. Le abrieron y salió. Y fue en busca del rey, quien le preguntó: ¿Qué  es lo que quieres? Y ella respondió: Hija de gente importante soy yo, y mis  hermanos son profetas, y he escuchado que profetizaron que mañana caerá  Jerusalem bajo tu mano. Cuando [el rey] escuchó esto se alegró mucho […] Y el  rey le creyó a esta Judith y la amó, y le preguntó: ¿Te quisieras casar conmigo?  Le respondió: Mi señor rey, no soy digna ni de uno de tus sirvientes, pero  debido a que es lo que quiere tu corazón [acepto] […] Luego fueron todos a  dormir a sus tiendas y el rey se sentó en el regazo [de Judith] y se durmió. Y  fue esta Judith, tomó su espada y le cortó la cabeza.”

De Juda a  Judith, de los tiempos de Januca a los relatos del Medioevo, a nosotros nos  queda la certeza de la centralidad de las narrativas en la gestación de sentidos  que trascienden los textos originales o las intenciones de algunos de nuestros  antecesores. Posiblemente nunca sepamos a qué se refirió Rabi Ioshua en el  Talmud. Quizá defendía la valentía de una madre quien, como Abraham, puso sus  valores por sobre el amor a sus hijos. Quizá pensaba en Judith, aquella viuda a  quien no le tembló el pulso cuando puso fin a la vida de Holofernes. Y quizá no  pensaba en ninguna heroína en particular sino al hecho de que tanto hombres como  mujeres fueron salvados de la desgracia que significaba el yugo de Antíoco  Epífanes. De cualquier manera, el silencio talmúdico frente a la frase de  nuestro sabio nos permite seguir interpretando hasta el día de hoy, y seguir  tendiendo puentes entre textos y tradiciones que a priori parecerían inconexas.  Es de esta manera que construimos nuestro propio relato, siempre fruto de  nuestras elecciones, y siempre mucho más efectivo, profundo y trascendente que  la veracidad incuestionable de los hechos históricos. Ya que como dijo Walter  Benjamin: “El valor de la información no sobrevive al momento en que fue  novedad. Sólo vive en ese momento; debe rendirse completamente a éste, y  explicarse sin perder tiempo. Un relato es diferente. No se consume a sí mismo.  Se preserva y concentra su fortaleza, siendo capaz de liberarse aun luego de  mucho tiempo.” (1)

 (1) W. Benjamin, “The Storyteller: Reflections on the Works of Nikolai Leskov,” VII, pp. 4-5. En: