Parashá Shavua: Pekudé. Shabat Shekalim. 29 Adar 5771 (5 Marzo 2011)

Nuestra parashá habla sobre los siguientes temas:

Primera aliá (35:1-29): La observancia del shabat. Moshé le ordena al pueblo la construcción del Mishkán (Santuario). Las ofrendas del pueblo de Israel.

Segunda aliá (35:30 – 37:16): Los constructores del Mishkán. La construcción del Mishkán. La construcción del arca. La construcción de la mesa.

Tercera aliá (37:17-29): La construcción del candelabro. La construcción del altar del incienso.

Cuarta aliá (38:1 – 39:1): La construcción del altar de los sacrificios. La construcción del kior (lugar de lavado). La construcción del patio del Mishkán. Los cómputos de los materiales utilizados en la construcción del Mishkán.

Quinta aliá (39:2-21): La confección del efod. La confección del jóshen.

Sexta aliá (39:22-43): La confección del manto. La confección de las túnicas y otros elementos. La confección del tzitz. La bendición de Moshé.

Séptima aliá (40:1-38): La orden de la inauguración del Mishkán. La erección del Mishkán. La nube y los desplazamientos.

Comentario de la Parashá

Algunos años se lee en la Torá las últimas dos parashot del libro de Shemot juntas, en un mismo shabat. Ellas son: Vaiakhel y Pekudé. Esto se debe al hecho de que toda la Torá está dividida en 54 parashot mientras que en el año hay generalmente menos de esa cantidad de sábados por un lado, además de que a veces las fiestas caen un día sábado, y en ese caso no se lee de la Torá la parashá que correspondería, de acuerdo con el orden de las parashot, sino que es reemplazada por una lectura especial relacionada con el tema de la fiesta, posponiéndose la parashá semanal.

Entre otras importantes enseñanzas, de esta parashá podemos aprender acerca de la importancia suprema que nuestra Sagrada Torá le confiere a la mujer. La Torá nos indica acerca de lo bien encaminado que debe ser su comportamiento, además de lo cuidadosamente pensada que debe ser su función sobre la faz de la tierra.

Después de que en las parashot anteriores la Torá relató la orden de la construcción del Mishkán con todos sus elementos y detalles, en Vaiakhel y Pekudé, la Torá describe cómo el pueblo de Israel cumplió al pie de la letra la orden Divina.

Uno de los elementos que debía contener el Mishkán era el kior. En la parashá pasada – parashat Ki Tisá – vimos que D’os le ordenó a Moshé construir un kior que debería ser de cobre y también debería tener una base hecha de cobre (30:17-21). El comentarista Rashí (Rabí Shelomó Itzjaki 1040 – 1105) nos explica que el kior era una especie de tanque que tenía algo así como canillas o grifos. De él, los cohanim (sacerdotes) deberían tomar el agua necesaria para lavar sus manos y sus pies, purificándose antes de servir en el Mishkán.

En nuestra parashá (Vaiakhel), la Torá nos relata cómo fue hecho el kior. Todos los elementos del Mishkán – incluyendo las ropas de los cohanim – fueron construidos o confeccionados con las donaciones de los hijos de Israel, sin embargo el kior fue construido con materiales especiales que no provinieron de una donación común del pueblo. Dice la Torá:

“E hizo el kior de cobre y su base de cobre, de los espejos de las que se reúnen, que se reunieron a la entrada de la Tienda de Reunión” (38:8).

La Torá nos dice que el kior y su base fueron hechos “bemarot hatzoveot asher tzaveú pétaj Óhel Moed”. El Óhel Moed era la Tienda de Reunión, lo que generalmente llamamos el Mishkán, es decir el Santuario; ¿pero qué significa la raíz hebrea compuesta por las letras “tzadi”, “bet” y “álef”, que forman las palabras tzóveot y tzaveú?

De los principales Sabios de la Torá – como ser Rabenu Saadiá Gaón (884 – 942) en su traducción de la Torá al árabe, Rashí, y Radak (Rabí David Kimji, 1160 – 1235) en su libro “Séfer Hasharashim”, entre muchos otros – se entiende que esta raíz significa “reunirse o congregarse con un objetivo” y es por eso que tradujimos este pasuk (versículo) como: “de los espejos de las que se reúnen, que se reunieron a la entrada de la Tienda de Reunión”. Y es por eso que de esta raíz proviene la palabra “tzavá” que significaría: “personas reunidas para la guerra”, o en una sola palabra: “ejército”.

En general, respecto del resto de los elementos del Mishkán, la Torá no detalla quién donó la materia prima para su construcción, y a pesar de que ya entendimos lo que significa nuestro pasuk, todavía no comprendimos por qué la Torá detalla que el cobre para la elaboración del kior fue tomado de la fundición de los espejos que donaron aquellas mujeres que se reunieron en la entrada de la Tienda de Reunión. Pero el midrash Tanjumá (citado por Rashí) interpretando la palabra tenufá (que literalmente significa “ofrenda”), nos explica un poco más en detalle la cuestión:

“‘Estos son los cómputos del Mishkán…’ (38:21), ‘Y el cobre de la tenufá (ofrenda)…’ (38:29) – ‘Y el cobre de las esposas’ – pues en griego, ‘esposa’ se dice ‘ninfi’. [Según el midrash, la palabra tenufá (ofrenda) se puede interpretar a través del vocablo griego ninfi (esposa), que proviene de la misma raíz que la palabra tenufá].

Cuando el pueblo de Israel estaba sometido a trabajos forzados en Egipto, el Faraón decretó sobre ellos que no duerman en sus casas, para que no cohabiten con sus esposas. Dijo Rabí Shimón Bar Jalaftá: ¿Qué hacían las hijas de Israel? Cuando ellas descendían para extraer agua del río, D’os hacía que pequeños peces se introduzcan en sus vasijas, y ellas los vendían y los cocinaban, y con ellos compraban vino, e iban al campo y les daban de comer a sus maridos allí… Después de que comían y bebían, tomaban los espejos y se miraban en ellos junto con sus maridos. Ella decía: ‘soy más linda que tú’ y él decía: ‘yo soy más lindo que tú’, y así se despertaba el deseo y cohabitaban, y D’os hacía que se embaracen inmediatamente…”.

Gracias a esto, el número de los hijos de Israel se incrementó rápida y milagrosamente, hasta tal punto que la Torá dice: “Y los hijos de Israel fructificaron y proliferaron, aumentaron y se incrementaron mucho, mucho; y se llenó la tierra de ellos” (Shemot -Éxodo- 1:7).

Sigue diciendo nuestro midrash:

“…Y todas estas cifras gracias a los espejos… Gracias a aquellos espejos mediante los que se miraban con sus maridos y despertaban su deseo que estaba adormecido a causa de los trabajos forzados, dieron a luz todos esos ejércitos, [como dice la Torá]: ‘…y fue en este día que salieron todos los ejércitos de D’os de la tierra de Egipto’ (Shemot 12:41), [¿a quién se refiere el versículo al decir que los ‘ejércitos de D’os’ salieron de Egipto?], dice ahí: ‘Y fue en este día que sacó D’os a los hijos de Israel de la tierra de Egipto de acuerdo con sus ejércitos’ (Shemot 12:51) [es decir que se refiere a los hijos de Israel].

Cuando D’os le ordenó a Moshé hacer el Mishkán, todo el pueblo de Israel trajo sus donaciones. Hay quienes donaron plata, y hay quienes donaron oro o cobre o piedras preciosas, ellos prontamente trajeron todo. Dijeron las mujeres: ¿Qué podemos nosotras dar como donación para el Mishkán? Y trajeron los espejos a Moshé. Cuando vió Moshé esos espejos se enojó con ellas… [Rashí explica que el motivo de su enojo fue que los espejos están hechos para el iétzer hará (impulso del mal)] Le dijo el Santo – bendito es Él – a Moshé: Moshé… estos espejos fueron los que provocaron que hayan habido todos estos ejércitos en Egipto. Tómalos y haz de ellos el kior de cobre y su base, para los sacerdotes, para que a través de él se santifiquen los sacerdotes, como está escrito: ‘E hizo el kior de cobre y su base de cobre, de los espejos de las tzoveot…’ que hicieron ejércitos mediante esos espejos [tzavá – ejército]. Y es por eso que dice: ‘Y el cobre de la tenufá (ofrenda)…’ (38:29), esto se refiere al cobre de las esposas”.

Por el mérito de mujeres justas y piadosas es que fuimos redimidos de la tierra de Egipto. Los hombres de aquella generación habían perdido las esperanzas acerca de un futuro mejor a causa de la esclavitud. Sin embargo, por el lado de las mujeres esto no era así. Ellas elevaron su corazón al cielo y no dejaron que sus se desmoronen bajo la pesadez de los ladrillos de las pirámides egipcias.

Por un lado, ellas deseaban que la familia – base y pilar indiscutible de la vida judía – continúe desarrollando su importante función, y por otro lado – a diferencia de los hombres – ellas entendieron que sin ningún lugar a dudas, la continuidad del pueblo de Israel dependía de las futuras generaciones. (Véase también el Midrash citado por Rashí al comienzo del capítulo 2 del libro de Shemot).

Pero no solamente en aquella generación es que las mujeres del pueblo de Israel fueron consideradas de una manera tan distinguida. A lo largo de todo el Tanaj (Biblia) encontramos a muchas mujeres desempeñando roles de juezas o de profetizas o de matriarcas o de dirigentes del pueblo de Israel. También es conocida la expresión del gran sabio de la Mishná, Rabí Akivá, al decirle a sus alumnos que toda la Torá que él pudo estudiar y transmitir, fue gracias a los méritos de su esposa.

Pero no debemos olvidarnos de un importante detalle. Este midrash nos enseña que las mujeres del pueblo utilizaron todos los elementos que tenían a su alcance para lograr su objetivo. Ellas no utilizaron la belleza y la seducción con las que el Creador las dotó, de una manera errónea y prohibida de acuerdo al camino de nuestra Sagrada Torá. (Sólo una de ellas se alejó de su pueblo uniéndose con un hombre egipcio!). Ellas supieron mantenerse en el camino del bien sirviéndolo a D’os con todo su cuerpo y con toda su alma, con pureza de corazón y fe en el obrar.

Para finalizar, citaremos el final del midrash recordado anteriormente:

“Dijo el Santo – bendito es Él: En este mundo ustedes donaron para el Mishkán que expía por ustedes, y [es por eso que] en el futuro por venir Yo expiaré por ustedes y los amaré a ustedes gratuitamente, como está escrito: ‘Yo aceptaré su retorno y los amaré gratuitamente…’ (Oshea -Oseas- 14:5). Dijeron [los hijos de Israel]: No tenemos Mishkán ni Templo. Que sea considerada delante de Ti la plegaria de nuestra boca, como la donación del Mishkán, como dijo David: ‘Las donaciones de mi boca acepta, por favor, D’os…’ (Tehilim -Salmos- 119:109)” (Tanjumá Pekudé, 9).

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SHABAT SHEKALIM

Esta semana se lee la primera de las cuatro perashiot especiales del período anterior a Pésaj. Se llama Perashat Shekalim porque el maftir (regularmente la repetición de los últimos versículos de la sección o perashá leída), es un párrafo de Perashat Ki Tisá, que trata sobre la obligación de todo varón de Israel de ofrendar medio shekel para el Santuario.

Cuando el Sagrado Templo estaba en pie, tanto el Primer Templo como el Segundo, y también el Santuario o Mishkán construido en el desierto, existió la mitzvá positiva por parte de cada judío, de contribuir con medio shekel una vez por año para la compra de las ofrendas comunitarias que debían traerse al Templo, con fecha límite hasta Rosh Jódesh Nisán (comienzo del mes de Nisan).

Por lo tanto en Rosh Jódesh Nisán se hacía una proclama pública ante todo el pueblo, para que trajeran su medio shekel en término. No obstante eso, quince días antes, o sea el 15 de Adar (Purim en las ciudades amuralladas), los recolectores solían sentarse en cada ciudad solicitando el adelanto voluntario del medio shekel. Los rabinos fueron aún más lejos, y establecieron la lectura pública de Perashat Shekalim en el Shabat anterior a Rosh Jódesh Adar, a modo de llamado a fin de recordarles que trajeran el medio shekel a tiempo.

Hoy día, aun cuando el Templo no haya sido (todavía) reconstruido ni se colecte para las ofrendas comunitarias, el concepto del medio shekel sigue siendo relevante para nosotros. Dicen nuestros Sabios que es la barrera para defendernos del Amalek que amenaza en cada época, barrera que Hamán trató de vencer en el reino medo-persa de 2300 años atrás, cuando intentó exterminar al pueblo judío. Este perverso ministro le ofreció al rey Ajashverosh (Asuero) la suma de diez mil kikar kesef (monedas de plata) para ser autorizado a matar a los judíos. ¿Y a cuanto dinero esto equivalía? Pues al medio shekel por varón mayor de veinte años aportado por todos los judíos, allí en su travesía por el desierto (y luego en Jerusalem). Eso los hizo acreedores a la salvación Divina. Pero Hamán no lo sabía; no contaba con ese medio shekel que cada judío había dado y al cual el Talmud se refiere como “la cura antes de la enfermedad”.

A medida que aprendemos la historia de Purim, es posible para cada uno de nosotros encontrar fuerzas para vencer a Amalek, la personificación de la negación y de la falta de fe en el Todopoderoso, y así rescatar la luz Divina que disipa la aparente oscuridad de un mundo en el que D-s oculta Su rostro. Fue por el mérito de ese medio shekel que se revirtió el edicto de Hamán contra los judíos; porque la naturaleza inherente del medio shekel es capacitarnos y darnos la comprensión necesaria para contraatacar a Hamán…

También simboliza la unidad de “Ish Ejad Belev Ejad” (expresión usada para describir la unidad del pueblo de Israel cuando acampó en el Monte Sinai: “como un solo hombre con un solo corazón”); ese mismo pueblo al cual tanto trató Hamán de desunir y destruir. Como afirman nuestros Sabios, cuando cada judío, rico o pobre, aporta su medio shekel (contribuye al erario de su comunidad), su acto sirve para enfatizar el hecho de que él forma parte de un todo”..

El mes de Elul (XV). MES DEL DESPERTAR ESPIRITUAL

Nuestra vida se desenvuelve en una era de progreso tecnológico incesante, con grandes adelantos en los campos de la ciencia y la tecnica, pero no nos es dado comprobar que se operen transformaciones simultáneas en los valores éticos, en la misma progresión ascendente.

Relatan los textos homiléticos que en la época de Noé, inmediatamente posterior al diluvio universal, estaban los constructores de la torre de Babel tan enfrascados en su trabajo y era tan grande su afán por “tocar el cielo con las manos”, que cuando se rompía un ladrillo se sentaban a llorar por la pérdida; en cambio cuando un hombre sufría algún accidente, nadie su inmutaba por ello.

Algo análogo sucede en nuestros días. Se protege con todo celo cada ladrillo de la técnica, pero no se da importancia a la caída del hombre. En la antigua civilización egipcia, el río Nilo era un dios para los habitantes de sus márgenes, ya que las aguas del curso fluvial irrigaban las tierras egipcias y les proporcionaban buenas cosechas. En consecuencia, el Nilo constituía la fuente vital de supervivencia para los egipcios, y lo consideraban un dios de quien dependían sus vidas. Por eso el egipcio miraba siempre hacia el río, hacia abajo, para ver si sus aguas crecían o bajaban.

Muy por el contrario, en Israel la feracidad del suelo depende de las lluvias. Por eso el campesino israelita tenía que dirigir su vista al cielo para ver si anunciaba lluvia, de lo cual dependía el buen éxito o la pérdida de a cosecha. En eso se manifiesta claramente la diferencia entre la cultura judía y las demás civilizaciones del mundo: en la orientación de los sentimientos religiosos, que trasuntan el pensamiento y el espíritu de las personas.

Por idéntica razón surgió en el desierto el becerro de oro; cuando los libertos judíos decidieron hacer un ídolo, fundieron sus joyas y adornos de oro, y apareció por sí mismo un becerro que también mantiene la vista clavada en el suelo, de donde obtiene su alimento. Cuando comienza el mes de Elul, trayendo consigo el anuncio de los Días Solemnes, elevamos nuevamente la vista hacia arriba, hacia las alturas, emprendiendo la difícil tarea de la purificación espiritual para comenzar el nuevo año.

Según las Sagradas Escrituras, existen tres clases de santidades: La santidad de la tierra (Eretz Israel); la santidad del tiempo y la santidad del ser humano. La topografía del planeta no es uniforme: existen prominencias y depresiones, llanuras y montanas. Lo mismo sucede con el tiempo: no son todos los días iguales entre sí, puesto que hay días hábiles y feriados, sábados y festividades. No en vano el Creador “trabajó” durante seis días para crear el mundo, y en el séptimo día descansó. Por eso el séptimo día de la semana fue santificado como de descanso obligatorio, y en las bendiciones de las fiestas decimos: “Mekadesch Israel ve-haz’manim” (Santifica a Israel y a las festividades).

Elul es algo así como la primera estación en el tiempo, destinado al despertar espiritual, a la purificación del alma humana y a la elevación del individuo. Un pensador moderno afirmó que en el mes de Elul comienza el proceso espiritual que culmina con Rosh Hashaná y lom Kipur. Durante todo el año estamos atareados con nuestros propios asuntos, como si corriésemos una carrera automovilística; en Elul empezamos a disminuir la velocidad de nuestras máquinas, para poder detenerlas completamente llegado el momento. Si se frenara brusca e imprevistamente en mitad de una carrera vertiginosa, cualquier automóvil volcaría sin remedio. Por eso es imprescindible comenzar a disminuir la velocidad un tramo antes del sitio elegido para detenerse. Lo mismo ocurre con el ser humano: Si pretendiera frenar repentinamente su tren de vida al llegar Rosh Hashaná, no soportaría el violento cambio anímico y su espíritu se desequilibraría. Por eso comienza a aminorar la marcha con un mes de anticipación, y puede detenerse sin contratiempos en el lugar exacto: en los Días Solemnes del mes de Tishré. Ese es su punto terminal en el proceso de catarsis espiritual, que incluye las dos fases principales: el examen de conciencia y la contrición.

Este último acto – la contrición – comienza precisamente a principios de Elul, según consta en Deuteronomio, IV-30 y XXX-2: “Tornarás hasta el Eterno, tu Dios, y oirás Su voz”. Al respecto comentó un exégeta, que es particularmente importante el hecho de que se subraye “tu Dios” , en lugar de decir “tornarás hasta Dios”. Esto significa que hay que volver la vista y el pensamiento hacia el Dios interior que cada uno lleva en su corazón. Agrega el mismo comentarista que nuestros mandamientos son distintos que los de otros pueblos. Las leyes civiles, penales, comerciales, criminales y militares de todos los países, castigan los actos delictivos de las personas y nada más. El individuo sólo es responsable de sus actos frente a la ley, pero no de sus manifestaciones verbales; en los regímenes totalitarios también puede declaraciones inconvenientes, pero de ningún modo se pueden tomar medidas contra él por sus ideas o sentimientos, mientras no los públicamente. – ¿Cómo podría imponerse en una legislación corriente el mandato: “Tornarás hasta el Eterno, tu Dios? – ¿Cómo podría ordenarse a una persona: “Amaras al Eterno, tu Dios, con todo tu corazón, y con toda tu alma y con todo tu haber” (Deuteronomio, VI-5)? ¿Acaso se puede imponer rígidamente una conducta determinada en el sentir y en el pensar?

En esta emergencia acude en nuestra ayuda el Talmud, aclarando que el versículo citado en ultimo termino se refiere a la contribución personal de cada uno, para que el Nombre divino sea amado. -¿Cómo se puede lograr ese fin sublime? Mediante la práctica de las buenas costumbres, la probidad y la virtud. El Talmud dice; “Que el hombre lea y estudie, que sirva a los discípulos de maestros, que alterne plácidamente con sus semejantes, que trafique en el mercado honradamente, que maneje sus negocios de buena fe, etc.” Así se conseguirá hacer amar el Nombre del Todopoderoso. Es cierto que no se pueden imponer restricciones o directivas al pensamiento ni a las pasiones, pero sí se puede encaminar al hombre por el camino de las buenas acciones; y como “la costumbre se hace hábito”, la práctica de los preceptos de virtud y urbanidad conducirá a la contrición. Tal es la intención del mandato: “Tornarás hasta el Eterno, tu Dios”. La finalidad es retornar al cumplimiento de los preceptos de rectitud, integridad y hombría de bien que nos ordenó el Altísimo.

El valor práctico de los preceptos del judaísmo, es la superación ininterrumpida del individuo en la faz humana, que es mucho más importante que la faz intelectual. Se procura orientar los sentimientos en determinada dirección, aunque esto parezca arbitrario, porque el judaísmo no es una religión de sentimientos sino de principios, y los sentimientos deben educarse y refinarse en función de los principios – que son absolutos. Es solo una cuestión de aprendizaje.

Un judío piadoso dijo en cierta ocasión que la exhortación: “Oye Israel, el Eterno nuestro Dios, el Eterno es Uno. Y amarás al Eterno, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu haber” (Deuteronomio, VI-4/5), no es realmente un mandamiento ni una orden, sino un consejo amistoso. “Oye!” dice la Tora; oye y entiende cómo evoluciona y se comporta el cosmos, y llegarás por ti mismo a la suprema conclusión de que Dios es Uno; y lo amarás con todo tu ser, cumplirás Sus preceptos y obrarás según Su voluntad.

De modo que estamos frente a un problema de mero acostumbramiento; todo consiste en hacer frenar paulatinamente y con suavidad el tren de nuestra vida, hasta alcanzar la meta deseada – la purificación espiritual -donde nos estacionaremos.

Se cuenta de un cantor litúrgico, que en vísperas de los Días Solemnes, le anunció al rabino de su congregación que repasaría el Ritual de Oraciones, el “majzor”; a lo cual el rabino le respondió: “Mejor haría usted en efectuar un repaso de sí mismo, porque el “majzor” ya está repasado hace mucho…”

Por todo esto, cuando comienza el mes de Elul, que es el mes del despertar espiritual, estamos llamados a ennoblecer nuestros corazones, a hacernos mejores y más buenos, examinando nuestros actos – nuestro “majzor” – el libro de nuestra vida.

Para orientar los sentimientos, para dirigir las pasiones por medio de los preceptos, buenas acciones y hábitos que nos dicta el judaísmo, debemos hacer uso prudente del libre albedrío de que gozamos, sin abusar del mismo. Así, imponiendo las debidas restricciones al libre albedrío, “tornaremos hasta el Eterno, nuestro Dios, y oiremos su voz”.

Entre las muchas anécdotas risueñas que se cuentan del popular bromista Hershele Ostropolier, figura la siguiente: Oyendo cierta vez al rabino de su aldea llorar amargamente mientras decía: “El hombre proviene de la tierra y su fin es la tierra”, el alegre personaje le dijo: ¿De qué se lamenta usted tanto? Si bien es cierto que el hombre proviene de la tierra y que cuando muere vuelve a ella, entre el nacimiento y la muerte hay un lapso suficiente como para servir al Altísimo cumpliendo preceptos, haciendo méritos y disfrutando de la vida.- ¿Para qué, entonces, amargarse tanto? También se dice – según las Escrituras , que cuando los judíos practican la contrición el Todopoderoso en persona se envuelve en un manto ritual y ruega por su pueblo; Dios mismo se convierte en emisario del pueblo de Israel e intercede por su bienestar y buenaventura. El poder de la contrición es tan grande, que puede hacer maravillas; por las rendijas más pequeñas pueden atravesar las cosas más extraordinarias. Dice el Eterno: Abridme una puerta minúscula como una cabeza de alfiler, y yo abriré para vosotros portones como para que pasen los más grandes vehículos. Algo parecido ocurre con el “shofar”: cuando se sopla por el cuerno del lado más estrecho, se escuchan los sonidos por el extremo amplio.

El sentido del despertar espiritual, que se produce en el mes de Elul, es abrir aunque sólo fuere en mínima medida (aumentará con el tiempo) los corazones de los hijos de Israel, insuflar el aliento por el lado angosto del alma humana, con lo cual la vos saldrá por el lado opuesto y se ensanchará, llegando hasta las máximas alturas.

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Elul: Recuperar la intimidad con D-os

Existe un proceso, [una construcción espiritual] desde el momento del Éxodo hasta el intercambio de votos entre D-os e Israel al pie del Monte Sinaí. Al D-os pronunciar los Diez Mandamientos, Israel acepto y dijo Naasé veNishmá, “Haremos y escucharemos”.

La unión apasionada con D-os iba a tener lugar 40 días después. El 17 de Tamuz, cuando Moisés bajo las Tablas de la Ley; empero, cuando encontró a Israel venerando al becerro de oro, enfadado las hizo trizas y la unión se perdió.

“¡La novia debería avergonzarse por haber sido infiel bajo el mismo dosel nupcial!”, comentaron los sabios. Los votos que intercambiaron Israel y Dios habían sido vulnerados. No es de sorprender que el periodo de tres semanas desde el 17 de Tamuz hasta el 9 de Av se convirtiera a la larga en un tiempo de duelo, por Jerusalén, el Templo, el exilio y las tribulaciones de Israel.

Para enmendar el daño ocasionado, Israel debió aceptar nuevamente el yugo del Cielo sobre sí. Moisés ascendió al Monte Sinaí por segunda vez, permaneciendo ahí 40 días, desde el 18 de Tamuz hasta el fin de Av, implorando misericordia. Al finalizar este plazo, D-os accedió aceptar nuevamente a Israel. La vulneración de los votos había sido rectificada.

Inmediatamente después, el primero de Elul, Moisés ascendió de nueva cuenta al Monte Sinaí por 40 días, en anticipación para recibir las Segundas Tablas, que servirían para sellar otra vez la unión. Durante este tercer ascenso, Moisés iba también a reafirmar la subyugación total del pueblo al Creador. Esto constituyó el nivel máximo de arrepentimiento, que apuntaba a forjar el lazo más estrecho.

La diferencia fundamental entre los aspectos verbales y escritos de la unión es que tan sólo después de que el intercambio de votos en el Sinaí fue ratificado por el Pacto de las Tablas, es que pudimos tener una relación de apego apasionado con D-os.

En Iom Kipur, después del tercer ascenso de Moisés, D-os entregó las segundas Tablas a Israel. El mensaje de D-os a Israel: “De entre todos los pueblos de la tierra, tan sólo a ti conocí”, cobra efecto exclusivamente en este segundo nivel. La expresión hebrea que se utiliza es yadati, que proviene de da-at, el intimo conocimiento que el amor ofrece. En ese instante se selló la relación intima que D-os e Israel siempre compartirían.

Y con todo, algo perdimos. No pueden comparase las Segundas Tablas con las primeras, pues estas habían sido talladas y grabadas por D-os Mismo, en tanto que las segundas tablas fueron talladas por Moisés y grabadas por D-os, denotando que la unión producida en Iom Kipur no gozaba del mismo nivel de intimidad que la que se podría haber logrado el 17 de Tamuz.

Las Primeras Tablas habrían entregado a Israel la Luz Infinita de la Creación y, de no haber sido rotas, el Talmud dice que ninguna nación podría haber podido dominar a Israel. No se habría producido el exilio y ya habríamos ingresado a la era mesiánica.

Sin embargo, algo pudimos rescatar de esa perdida. D-os nos entregó las primeras Tablas aunque no las hayamos recibido. Las Primeras Tablas se encuentran en este mundo; no tenemos acceso directo a ellas, pero, mediante el estudio intenso de la Torá a veces se nos revelan destellos de luz. Sólo con la llegada de la era mesiánica, podremos recobrar acceso pleno a las Tablas originales y tener una intimidad total con el Todopoderoso.

En nuestros tiempos, los 40 días que abarcan desde el inicio de Elul hasta Iom Kipur sigue siendo un tiempo en el que D-os está particularmente cercano y accesible. D-os aguarda que purifiquemos las Tablas de nuestro corazón y retornemos a Él hasta que alcancemos la embriagadora emoción a la que alude la expresión “tan sólo a ti conocí”.

El mes “mágico” de Elul y los Diez días de Teshuvá (arrepentimiento/ retorno) entre Rosh HaShaná y Iom Kipur estan impregnados con una atmósfera que nos facilita sentir un sobrecogedor anhelo por apegarnos a D-os. Nos cargamos de energía para corregir el pasado y cumplir con el mensaje de Elul: “Yo soy de mi amado y Él me añora”. El servicio al cual aspiramos en Elul está aludido en las letras hebreas de la palabra Elul, un acrónimo de Aní leDodi ve Dodi li, “Yo soy de mi Amado y mi Amado es mío”.

(Extraído y adaptado de “Living the Kabalá” , escrito por Simcha Benyosef)

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De Elul hasta Iom Kipur

Nuestros sabios cuentan que una de las causas que ocasionó la destrucción de nuestro Beit Hamikdash – Templo de Jerusalem- fue que los judíos se comportasen de acuerdo a la Torá.
A simple vista estas palabras suenan extraño. ¿Qué más espera el Creador, de Su pueblo elegido, que el comportamiento de acuerdo con Sus enseñanzas?

Sin embargo, a la luz del Midrash, las palabras de nuestros Sabios adquieren el verdadero matiz que éstos quisieron darles. El Midrash nos cuenta que cuando Di-s Se dispuso a crear al hombre, pidió el consejo de Sus servidores.

Llamó a la Torá y le dijo:
-Crearé un hombre. Pero si éste pecara contra Mi ¿qué he de hacer?
A lo que la Torá respondió:
-Que traiga una ofrenda de expiación y su falta le será perdonada.
Preguntaron a su vez a Di-s:
-¿Si el hombre pecara, qué será de él?
Y Di-s respondió:
-Que se arrepienta y retorne a Mi, ofrezca un sacrificio de expiación y será perdonado.

De este modo las palabras de nuestros sabios se tornan comprensibles. Los judíos fueron desterrados de su tierra tras la trágica destrucción del Beit Hamikdash, como castigo por observar tan sólo el consejo de la Torá. Ofrendaban el sacrificio expiatorio sobre el altar, pero carecían del sincero arrepentimiento.

Tras el mes de Av, mes en el que año tras año recordarnos dicha terrible época con la finalidad de derivar de su conmemoración las conclusiones correctas, le sigue a continuación el mes de Elul con su propio mensaje. El mensaje de Teshuvá -el retorno hacia el Creador- adquiere, en este mes, un carácter especial. Como muestra de Su amor hacia Su pueblo, Di-s, en Su magnífica bondad, Se autoimpuso aceptar la Teshuvá del judío, en cualquier oportunidad en que éste decidiera abandonar la senda del pecado. Y a pesar de que la Teshuvá es oportuna en cualquier ocasión del año, los dias del mes de Elul, los últimos del año, se hacen más propicios a tal efecto.

Rabi Shneur Zalman de Liadí -fundador del movimiento Jabad Lubavitch- da un ejemplo muy esclarecedor al respecto, en su libro Likutei Torá. Todo el año, aquél que desea ser recibido en una audiencia especial con el rey, debe primero pasar por guardias, secretarios, jefes de cámara, consejeros, en fin, toda la maquinaria burocrática que reglamenta la conducta dentro del palacio real. Cada una de estas personas deberá entender la causa del especial pedido de audiencia, y autorizarla como causa válida, dificultándose a cada paso la posibilidad de llegar a la ansiada audiencia real. Sin embargo, el rey, en su afán de hacer el bien para con su querido pueblo, no se contenta con el período establecido para las audiencias, sino que, en una época del año, sale de su palacio hacia el campo y se encuentra cara a cara con sus súbditos, recibiéndolos con beneplácito y sonrisas, atendiendo sus pedidos, concediéndolos. Del mismo modo -dice Rabí Shneur Zalman- eligió Di-s al mes de Elul, a pesar de que la Teshuvá es aceptada todo el año, como mes dedicado especialmente a este fin. Durante el mismo, el acceso a los Portones Celestiales se facilita, dándole a cada judío la posibilidad de ingresar por ellos.

¿Por qué precisamente el mes de Elul fue elegido para esta “época de gracia”?

Cuando el pueblo judío se encontraba en el desierto, cincuenta días después de la salida de Egipto, el 6 de Siván, Di-s Se reveló ante ellos, dándoles su Torá. Al día siguiente, Moshé ascendió al Monte Sinaí por un período de cuarenta días. Los judíos erraron el cálculo de estos cuarenta días y pecaron con el “Becerro de Oro” pensando que Moshé no retornaría. Cuando Moshé descendió del Monte Sinaí, el 17 de Tamuz, encontró a su pueblo sumido en la más aberrante idolatría. La espiritualidad de las Tablas de la Ley, su Divina Escritura, chocó contra tamaña demostración idólatra y éstas cayeron de manos de Moshé, rompiéndose. Después de que Di-s diera Su consentimiento a entregar unas segundas Tablas, Moshé ascendió nuevamente al Monte Sinaí, por cuarenta días. Era el primer día del mes de Elul. Para evitar que el pueblo incurriera nuevamente en su error anterior, Moshé ordenó que se hiciera sonar el Shofar todos los días, hasta su regreso. Cuarenta días después, el 10 de Tishrei -Iom Kipur-, Moshé descendió del Monte portando las nuevas Tablas y la noticia de que sus ruegos habían sido aceptados por el Creador, Quien le dijo: Salajti kidvareja -“Perdoné, de acuerdo a tus palabras”- (Números 14:20).
Desde ese momento, quedaron fijados estos días como días de retorno. Días en que cada judío pide perdón al Creador por las faltas y transgresiones que ha cometido durante el año entero y es aceptado plenamente.

El clímax de este ambiente de “perdón” se alcanza el 10 de Tishrei, Iom Kipur, el día en que Di-s había perdonado a nuestros antepasados.

Rosh Hashaná, el 1 de Tishrei, es el día en que Di-s juzga a todos los miembros de la Creación, especialmente al hombre. En ese día establece si va a ser rico o pobre, sano o enfermo, si va a vivir o no, qué será de él en este año nuevo que se inicia. Y por ello es que el momento propicio para el retorno-enmienda de toda falta son los días que anteceden al juicio, el mes de Elul. Durante estos treinta días, el judío habrá de examinar sus obras del año que culmina. Hará un balance minucioso de su conducta para ver si es acorde a la Voluntad Divina expresada en la Torá. Ha de tomar en cuenta hasta el más mínimo detalle, tal como lo haría cualquiera que debe comparecer ante un juzgado terrenal y pretende salir victorioso en su juicio. Y frente al Juicio Celestial no hay cosas ocultas. De ahí la imperiosa necesidad de enmendar hasta los más ínfimos detalles, que no pasan desapercibidos ante el Rey de los reyes.
Nuestros sabios nos explican de qué modo debe hacerse esa preparación para que resulte efectiva, garantizándonos un año de abundancia y paz, física y espiritual.

Ello se logra a través de Teshuvá, Tefilá y Tzedaká. Teshuvá es el “retorno” a Di-s. Implica el abandono del mal camino y la firme resolución de adaptarse a Sus leyes, expresadas en la Torá. “Tefilá” es la unión con Di-s lograda a través de la plegaria. “Tzedaká” es la caridad, la hermandad y el amor entre judíos.

A través de estos tres pilares, el judío que retorna al Creador e impone sobre sí una conducta de acuerdo a Sus deseos, “despierta” en el Creador un sentimiento de acercamiento recíproco, es aceptado, y logra que los ruegos de su corazón se conviertan en realidad.

Es costumbre, por lo tanto, que todas las mañanas, en la Sinagoga, se haga sonar el Shofar durante estos treinta días del mes de Elul, para anunciar que el Rey está próximo, dispuesto a conceder los pedidos de quienes tan sólo se Le acerquen con sinceridad, y que debemos despertar ante los días del juicio que se acercan para estar bien preparados.

Ojalá que los días del juicio no nos tomen desprevenidos…

(selección extraída del libro “Elul, Rosh Hashaná, Iom Kipur © Kehot Lubavitch Sudamericana)

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El Significado de las Selijot

En los días anteriores a Rosh Hashaná, así como en los Diez Días de Teshuvá y en Iom Kipur, todos los judíos alrededor del mundo recitan las “selijot”. Las selijot son un conjunto especial de rezos y súplicas de perdón, y la importancia de su recitado aparece en el Midrash (Tana Debe Eliahu Zutá, c. 23):

“El rey David sabía que en el futuro el Sagrado Templo sería destruido y las ofrendas dejarían de ser ofrecidas a causa de los pecados del pueblo judío. El rey David estaba preocupado por no saber cómo los judíos obtendrían la expiación por sus pecados. D’os le dijo al rey David: Cuando el pueblo judío soporte penurias como consecuencia de sus pecados, que reciten ante Mí las selijot (cuya parte esencial son los 13 atributos de misericordia) y Yo les contestaré”.

Las selijot son como una introducción necesaria en un proceso de teshuvá (arrepentimiento) que se va haciendo cada vez más intenso. La palabra “selijá” significa perdón. Por cuanto que no hemos explotado al máximo nuestro potencial el año pasado, necesitamos pedirle a D’os que vea nuestros defectos previos, mientras que nos dedicamos a hacer el máximo esfuerzo el año entrante. Los Sabios compusieron las selijot para encaminarnos por el camino correcto que nos llevará a pedir perdón y a hacer teshuvá.

Los 13 Atributos de Misericordia

El rezo de las selijot está basado principalmente en los “13 atributos de misericordia”, y es por eso que en las selijot los 13 atributos son repetidos varias veces en voz alta. Pero, ¿qué son estos 13 atributos y de dónde aprendemos que existen?

Después del pecado del becerro de oro, D’os habló a Moshé acerca de las consecuencias que traería el pecado cometido por el pueblo y Moshé le pidió a D’os que le explique el sistema por medio del cual Él se relaciona con el mundo. La respuesta de D’os, en Exodo 34:6-7, forma la base de los 13 atributos de misericordia:

“Y pasó Adona-i delante de él, y proclamo: Adona-i; Adona-i; D’os misericordioso y clemente; no se enoja rápido; y tiene gran benevolencia y verdad; guarda la benevolencia para miles (de generaciones); perdona la transgresión, la rebeldía y el pecado; y absuelve…”.

Estos versículos describen las 13 maneras en que D’os es misericordioso con nosotros. D’os ve cualquier posibilidad para darnos una oportunidad de crecer y acercarnos a Él. Por ejemplo: a veces D’os tiene misericordia amándonos; otras veces, tardando en mostrar su enojo; otras veces, perdonando el pecado. Y así se comporta con nosotros en cada caso, mostrándose a Sí Mismo como un D’os que nos ama. D’os nos ama y quiere perdonarnos.

Estos 13 atributos de misericordia revelan los principios ocultos por medio de los cuales D’os dirige Su mundo, y Moshé vió el nivel máximo de conocimiento de D’os que un ser humano puede esperar ver: los 13 atributos.

Los 13 Atributos y el Perdón

El Talmud (Rosh Hashaná 17b) describe lo siguiente:

“D’os se vistió con un talit alrededor de Él – así como hace el jazán de la congregación – y le enseñó a Moshé el orden del rezo (de los 13 atributos). D’os le dijo: Cada vez que el pueblo judío peque, diles que hagan este servicio delante de Mí y Yo los perdonaré… Rabí Iehudá dijo: Un pacto ha sido concertado respecto de los 13 atributos. Cualquier judío que los invoque no se irá con las manos vacías; como está dicho: ‘He aquí que Yo concierto un pacto’ (Shemot 34)”.

Muchas veces, después de hacer una transgresión, es muy difícil regresar a D’os. Nos sentimos muy distanciados. Sentimos que D’os nunca querrá aceptarnos nuevamente.

En cierto nivel, cuando tenemos esos pensamientos, nos estamos olvidando de la esencia de D’os. Nuestras emociones nos llevan a creer que D’os es cruel y que está distante de nosotros, y por lo tanto no podemos regresar a Él. Pero el rezo de las selijot es una gran oportunidad para hacer realidad muchas de las emociones que queremos expresar y no sabemos cómo. Por medio de los 13 atributos, recordamos que D’os es un D’os amable, generoso y misericordioso. No importa en qué nivel estemos, D’os nos quiere de regreso y va a extender Sus manos de diferentes maneras para recibirnos. D’os ha hecho un pacto. Un acuerdo obligatorio: “Nadie se quedará con las manos vacías”.

Si quieres usar esta increíble herramienta, la oportunidad está frente a ti. Este año, aprende a utilizar las selijot y vas a sentir la poderosa diferencia que provocará en tu proceso de teshuvá.

Nota: Las selijot deben ser recitadas junto con un minián (10 hombres judíos de más de 13 años). Una persona que recita las selijot individualmente no debe decir los 13 atributos de misericordia y las súplicas en Arameo.

El Mes de Elul: Las Selijot

1. Las Comunidades Sefaradies y Orientales acostumbran a Recitar por la madrugada las Selijot (Rezos de Perdón) a partir del principio del mes de Elul hasta Iom Kipur.

El motivo de esta costumbre se basa en la tradición en que Moshé Rabenu subió al monte de Sinaí para recibir las Segundas (2º) Tablas de la Ley, el primero (1º) de Elul, y oró allí a Di´s para que perdone al pueblo de Israel por el pecado de adorar al becerro de oro, durante cuarenta (40) días; ó sea todo el mes de Elul y Diez (10) Días de Tishrei y fue el Diez (10) de Tishrei, Iom Kipur, que Di´s expió el pecado del pueblo.

Por ello la Torá fijó el día Diez (10) de Tishrei como “Día del Perdón” por siempre; posteriormente adoptaron algunas Comunidades la tradición de Rezar Plegarias especiales de exculpación durante los cuarenta (40) días anteriores a Iom Kipur, para que seamos absueltos de nuestros pecados como sucedió con nuestros Padres en la época de Moshé Rabenu.
Cabe aclarar que los días de Rosh Jodesh Elul no se dice Selijot.

2. Sin embargo las Comunidades Ashkenazies (provenientes de Europa Oriental) acostumbran a recitar las Selijot a partir del Domingo anterior a Rosh Hashaná; en el caso que Rosh Hashaná cae un Lunes ó Martes, se adelantan los Rezos de congoja al Domingo de la semana anterior a Rosh Hashaná.

3. El momento más apropiado para recitar las Selijot, es a partir de la medianoche hasta el amanecer, pero antes de la medianoche está prohibido decir Selijot; por consiguiente las personas débiles que nos pueden recitar las Selijot en la madrugada, deben hacerlo a la mañana ó por la tarde antes de Minjá; ya que a partir de la salida de las estrellas hasta la medianoche está prohibido.

4. La persona que madruga para recitar las Selijot, debe cuidarse de no dormitar en el rezo de Shajarit, como dijeron nuestros Sabios: “No se debe descuidar lo principal por causa de una costumbre secundaria”. Por consiguiente quien no puede contener su sueño en el Rezo de Shajarit, es conveniente que Recite las Selijot antes de Minjá ó a la medianoche.

5. Aquellos estudiantes de Torá que la recitación de las Selijot les provoca cansancio y de esta forma no logran estudiar correctamente, se les aconseja Recitar las Selijot a la medianoche, y si no consiguen un minian para ello, por lo menos es recomendable que las Reciten los días Lunes y Jueves. Asimismo en los “Diez (10) Días del Retorno”, deben esforzarse para Recitar las Selijot todos los días.

La misma ley recae para los maestros y empleados que la Recitación de las Selijot les implique el incumplimiento de sus respectivos trabajos.

6. La Recitación de las Selijot debe efectuarse con Temor y Reverencia y no se debe apurar en su lectura. En el momento de las Selijot debe cada persona concentrarse en los Rezos, Arrepentirse por sus faltas y Comprometerse a mejorar sus acciones.

7. Las Selijot pueden Recitarse también sin la presencia de un minian (diez (10) personas), con la condición que al pronunciar el Versículo “Vaiaabor” piense que está leyendo únicamente, sin la intención de Rogarle a Di´s, por ser que dicho Versículo se considera una “Plegaria Sagrada”, como el “Kadish” y la “Kedusha”, que sólo se recitan en presencia de diez (10) personas.

Asimismo el que recita las Selijot sin minian, debe omitir todos los Pasajes en Arameo, como “Mahe UMase”, “De Ane Laanie”, etc., por ser que los ángeles no comprenden este idioma y no elevarán el rezo al Todopoderoso.

Sin embargo en presencia de diez (10) personas (minian) se recitan estos Pasajes ya que el Todopoderoso se encuentra con este grupo de creyentes y no necesitan de la mediación de los Ángeles.

8. “Las Trece (13) Cualidades de Di´s”: (Vaiaabor): En la Perashá “Ki Tisa” la Torá nos relata que Moshé goza nuevamente de la “Revelación Divina”, con el objetivo de enseñarle a Moshé una “Plegaria” especial, para apelar a la Misericordia de Di´s, aún cuando el mérito de los Patriarcas se haya extinguido.

“Y dijo (Di´s), Yo haré pasar delante de tu rostro todo mi bien, e invocaré mi nombre delante tuyo…” (Shemot 33:19).

Rashí comenta este Versículo basándose en el Tratado de Rosh Hashaná, 17 y explica que dicha “Plegaria” se refiere a las “Shalosh Esre Midot” (los Trece (13) Dones Divinos), que cuando Israel los recuerde ante Di´s, va a ser escuchado y correspondido, ya que la Piedad de Di´s es infinita…
Y éstas son las Trece (13) Cualidades de Di´s, conocidas con el nombre de “Vaiaabor”:

1º) “Ad-nay” – Yo me conduzco con Piedad antes que peque el hombre a pesar que sé que finalmente el hombre pecará.

2º) “Ad-nay” – Yo soy Piadoso luego que el ser humano peque y re torne al buen camino.

3º) “E-l” – También la esencia de esta Cualidad es la Misericordia, ya que así versa: “E-li, E-li, por qué me abandonaste?”, y no se replica ante la “Justicia” (otra Cualidad): ¿Por qué me abandonaste?!

4º) “Rajum” – que se Apiada de los pobres y menesterosos.

5º) “Ve Janun” – que Agracia también a los ricos y adinerados.

6º) “Erej Apaim” – Demora en enojarse y en castigar, por si el hombre hace Teshuvá.

7º) “VeRab Jesed” – se conduce con Benevolencia, inclusive con aquellos que no poseen tantos méritos.

8º) “Ve Emet” – Recompensa un buen pago al que hace Su Voluntad.

9º) “Nozer Jesed Laalafim” – multiplica el Jésed (Acción de Bien) que un ser humano hace, para miles, es decir para dos mil (2000) generaciones.

10º) “Nose Avon” – carga con los pecados que transgrede la persona adrede y los soporta.

11º) “Va Fesha” – Di´s soporta los pecados que el hombre peca para rebelarse contra El.

12º) “Ve Jatá” – Di´s carga con los pecados que fueron hechos sin mala intención.

13º) “Ve Naqué” – Perdona a los que se arrepienten.

Por consiguiente, se Recita este Versículo en las Selijot muchas veces.

9. Se recita el Versículo “Vaiaabor Ad-Nay Al Panav Vaikra…” en voz baja y sólo el Jazán eleva su voz. Recién al comenzar “Ad-Nay Ad-Nay El Rajum…” el público eleva también la voz.
Al decir “Ad-Nay Ad-Nay” se debe inclinar el cuerpo un poco pero no debe levantar los talones como se acostumbra en la Kedushá, al decir “Ad-Nay Ad-Nay”.
Por su parte hay quienes acostumbran inclinarse al decir “Vaiaabor Ad-Nay Al Panav” y se erigen al decir “Vaikra” y nuevamente se inclinan al pronunciar “Ad-Nay”.
De todos modos lo más importante es comprender lo recitado y concentrarse bien.

10. Al finalizar las Selijot se recita el “Kadish Titkabal” aunque inmediatamente se comience el Rezo de Shajarit.

11. Aquella persona que escucha las Selijot de la radio, si el programa es en diferido, ó sea que ya ha sido grabado, no puede contestar Amen ni “Vaiaabor”, pero si las Selijot son transmitidas en directo ó si las escucha a través de parlantes colocados en el Templo, puede contestar Amen y “Vaiaabor”. De todas formas a pesar que puede contestar no cumple con la mitzvá hasta que escuche la voz del propio Jazán personalmente ó si no hubiera micrófono, igualmente lo escucharía al Jazán.

12. Lo correcto es pronunciar las “Bircot HaTorá” (las Bendiciones de la Torá que se Recitan por la mañana) antes de comenzar las Selijot.

13. Aquellos que madrugan para Rezar las Selijot es correcto que se abstengan de comer aunque todavía no haya amanecido, pero beber café ó té aún con azúcar les está permitido aunque ya haya amanecido.

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Leyes y Costumbres del Mes de Elul

1. Durante el mes de Elul y los Diez (10) Días de Retorno, que se extienden desde Rosh Hashaná hasta Iom Kipur, todo judío debe recapacitar sobre sus actos para corregir las malas costumbres y cualidades; también debe procurar hacer buenas acciones y acrecentar en lo posible la caridad, como también fijar momentos para el estudio de la Torá. Por sobre todo, debe arrepentirse de todos sus pecados y malos actos cometidos durante el año, tanto para con Di´s como para con el prójimo, y abandonarlos por siempre.

A pesar que el Arrepentimiento y el Precepto del Retorno, son bien acogidos por Di´s durante todo el año, el mes de Elul y los Diez (10) Días de Retorno son más propicios para ello, ya que fue dicho: “Busquen a Di´s cuando se encuentra, llámenlo cuando está cerca”. (lsaías – 55)

2. Es correcto prestar suma atención durante este mes, en la Bendición “Hashibenu Abinu Le Torateja”, (Haznos Retornar), de la Amidá, y rogar a Di´s, para que nos ayude a enmendar nuestro comportamiento y acepte nuestra contrición; del mismo modo se debe pedir por todos los seres humanos que se apartaron de Di´s para que sean iluminados y retornen a la senda del bien.

3. Nuestros hermanos, los Ashkenazim, acostumbran durante el mes de Elul tocar el Shofar después del rezo matutino (Shajarit) para recordar la magnitud de estos días y despertar el sentimiento del Retorno a Di´s, (Teshuvá). También algunos Sefaradim tocan el Shofar en el momento que se Recita el versículo “Vaiaabor”, en las Selijot, (Rezos de Perdón).

4. Es una buena costumbre recitar el Salmo “Le David, Hashem Orí ve Ishí”, posteriormente al rezo matutino, (Shajarit), para evocar así la explicación de nuestros Sabios sobre este Versículo: “Orí” (mi luz), es Di´s en Rosh Hashaná, e “Ishi” (mi salvación), es en Iom Kipur.

5. A partir del comienzo del mes de Elul, se acostumbra Bendecir en las cartas que manda a su prójimo, que Sea Escrito y Sellado en el Libro de la Vida y la Felicidad.

6. Hay quienes acostumbran a abrir las mezuzot y los tefilin, en el mes de Elul, para controlar si se encuentran en buenas condiciones para cumplir con la miztvá; a pesar que no es una obligación se aconseja revisarlos.

Si está seguro que sus tefilin y mezuzot han sido escritos estrictamente según la halajá, por un escriba conocido (Sofer Stam), temeroso de Di´s, no es necesario revisarlos sino cada varios años, los tefilin; y cada tres (3) años y medio las mezuzot.

7. Está permitido contraer matrimonio en el mes de Elul y también en Aseret Ieme Teshuvá (los Diez (10) Días de Retorno).

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