Haftarat de la Parashá Ki Tetze – (Salieres). 9 Elul 5769 (29 de Agosto 2009).

Ieshaiahu (Isaías) 54:1-10

Esta semana leeremos la quinta de las siete profecías de consuelo para el pueblo de los hijos de Israel, extraídas del libro del profeta Ieshaiahu (s. VI a.e.c.). En esta profecía – que hace referencia a los días de la redención final – Ieshaiahu compara a la ciudad de Jerusalem con una mujer estéril y abandonada pero que al final dará a luz; así también ocurrirá con Jerusalem, a pesar de que sus hijos fueron llevados al exilio, y ella se asemejó a una mujer estéril que no tenía hijos, en el momento de la salvación sus hijos retornarán a ella.
Uno de los más importantes comentaristas de la Biblia llamado el Malbim (Meir Leibush Ben Iejiel Mijal, 1809 – 1879) nos ofrece un bonito comentario para explicar las palabras de D’os a su pueblo:
“Por un pequeño instante te he abandonado
mas con gran misericordia te recogeré”
(54:7)
Debes saber que el tiempo que te he abandonado será considerado como si sólo se hubiera prolongado por un pequeño instante en comparación con la grandeza de la futura redención, pues con gran misericordia te recogeré.
“Con enojo efímero oculté Mi Rostro por un instante de ti
mas con eterna benevolencia tendré misericordia de ti,
ha dicho tu Redentor, D’os”
(54:8)
He ocultado Mi Rostro por un instante de ti por el enojo, pero fue sólo un enojo efímero en comparación con la benevolencia del perdón del pecado, pues Mi misericordia vino como consecuencia de la eterna benevolencia que tuve al perdonar tu pecado para siempre.
“Como las aguas de Noaj (Noé) esto es para Mí:
así como he jurado que no pasarán más
las aguas de Noaj sobre la tierra,
así también juro no enfurecerme contigo ni reprenderte”
(54:9)
Así como he jurado en los días de Noaj (Noé) que no habrá otro diluvio sobre la tierra, pues tuve piedad por todo el mundo – para que no sea destruido, así también tú eres importante para Mí como todo el mundo, y la posibilidad de que me enoje contigo es tan dura para Mí como si traería un diluvio de agua para destruir toda carne, y así como he jurado que no pasarán más las aguas de Noaj sobre la tierra, así también juro dos juramentos:
a. no enfurecerme contigo por tu pecado.
b. ni reprenderte enviándote al exilio.
“Pues las montañas podrán vacilar
y las colinas desmoronarse,
mas Mi benevolencia de ti no se apartará
y Mi pacto de paz no se desmoronará,
ha dicho el que se compadece de ti, D’os”
(54:10)
Pues no solamente Me es tan duro destruirte como destruir a todo el mundo, sino que además, si ocurriera que las montañas pudieran vacilar y destruya Yo a toda la creación que está sobre la faz de la tierra anulando el juramento del diluvio, de todas maneras Mi benevolencia de ti no se apartará.
El Malbim nos explica que lingüísticamente, las montañas (heharim, en hebreo) son los altos montes, y las colinas (haguebaot, en hebreo) hace referencia a los montes no tan elevados. Por otro lado, el verbo vacilar (del verbo mash en hebreo) tiene la connotación de vacilar con intención, y el verbo desmoronarse (mitmotet, en hebreo) significa que la acción tiene lugar por falta de fuerzas.
Si las grandes montañas vacilarán con intención, entonces las pequeñas colinas que están cerca se desmoronarán por su debilidad, al no tener apoyo en las grandes montañas. Basado en esto, el profeta Ieshaiahu compara la benevolencia de D’os con las grandes montañas y el pacto de paz que D’os concertó con el pueblo de Israel con las pequeñas colinas que se apoyan en la fuerza de las grandes montañas.
Así es este pacto de paz. Éste no se apoya en los méritos del pueblo de Israel sino en la benevolencia de D’os solamente, y si vacilara la benevolencia de D’os, se desmoronaría por sí mismo el pacto de paz (por su debilidad), pues el pacto en sí es débil sin la benevolencia de D’os. Pero por cuanto que la benevolencia de D’os no se apartará de ellos (pues Su benevolencia es algo eterno – ya que no depende de las acciones del pueblo y su rectitud, y es por eso que no cambia cuando cambian sus acciones), inevitable.
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HAFTARAT de la Parashá DEVARIM. 4 Av 5769 (25 de Julio 2009)

Ieshaiahu (Isaías) 1:1-27

Esta semana, antes de Tishá Beav, leeremos la última de las tres haftarot de desgracia para el pueblo de Israel. En esta profecía el profeta Ieshaiahu (Isaías) – en nombre de D’os – se dirije al pueblo de Israel con durísimas palabras de reprimenda por pecados que serían los que tal vez, finalmente provocarían la destrucción del Templo de Jerusalem.

“Escuchen los cielos y oiga la tierra,

pues D’os ha hablado:

Hijos he criado y he elevado,

mas ellos se revelaron contra Mí” (1:2)

A partir del versículo once de nuestro capítulo, Ieshaiahu transmite la queja de D’os, de que a pesar de que el corazón de ellos se había alejado completamente de Él, ellos seguían trayendo sus sacrificios al Templo como si nada hubiera cambiado. Dice el profeta, en nombre de D’os:

“No sigan trayendo ofrenda vana,

incienso abominable es para Mí” (1:13)

Para explicar el significado de estas palabras, Rabí Meir Simjá Hacohén (1843 – 1926) en su libro “Méshej Jojmá” nos recuerda las palabras de Nuestros Sabios – de bendita memoria – en el Talmud:

“Dijo Rabí Jená Bar Bazná en nombre de Rabí Shimón Jasidá: Todo ayuno en el cual no se incluyen algunos de los malvados de Israel no es valedero, como aprendemos de la jelvená [uno de los elementos que conformaban el incienso], que a pesar de que tenía feo olor, la Torá la cuenta como uno de los elementos que conformaban el incienso” (Keritot 6b).

Vemos claramente que a pesar de que algo por sí mismo carece de valor, cuando se une con otras sustancias, recibiendo las fragancias de ellas, eso le sirve para que él mismo obtenga buen olor.

La esencia del Templo Sagrado de Jerusalem era unificar al pueblo de Israel y a su corazón hacia un solo lugar. Por eso dijeron Nuestros Sabios que cada persona debe rezar mirando hacia Jerusalem, para que en definitiva todo el pueblo de Israel dirija su corazón hacia un solo lugar. Y es por eso que allí D’os siempre se comportaba con ellos en forma milagrosa constantemente, como dijeron Nuestros Sabios en la Mishná:

“Diez milagros ocurrían para nuestros antepasados en el Bet Hamikdash (Templo de Jerusalem): Nunca una mujer abortó como consecuencia del olor de la carne de los sacrificios, nunca la carne de los sacrificios despidió mal olor, nunca se vió una mosca en el lugar donde eran matados los animales, nunca el Sumo Sacerdote sufrió una polución en el Día del Perdón, nunca las lluvias apagaron el fuego de los leños que allí se encontraban, nunca el viento desvió la columna de humo, nunca se encontró defecto en el sacrificio del omer, en los “dos panes” (de Shavuot) y en el pan del Templo, cuando estaban parados estaban apretujados, mas cuando se prosternaban lo hacian espaciosamente, nunca una serpiente o un escorpión dañó a alguien en Jerusalem y nunca un hombre le dijo a su prójimo: ‘El lugar es demasiado estrecho para que pase la noche en Jerusalem'” (Avot 5:5).

Mediante este comportamiento milagroso, D’os le demostraba al pueblo de Israel que a pesar de que cada parte del pueblo por sí misma no merecía que Él la conduzca a través de Su providencia particular sobrenatural, de todas maneras la unión general del pueblo de Israel sí merecía que D’os la observe bajo Su supervisación milagrosa. La razón para esto es que en esa situación de unidad completa del pueblo, los defectos particulares pasan tan desapercibidos que es como si no existieran, y todos tuvieran buen olor: algunos por su veneración a D’os, otros por su rectitud, otros por su amor al pueblo de Israel, otros por su caridad y otros por su estudio de Torá.

Una minjá (ofrenda) no podía ser ofrecida en el Templo de Jerusalem por dos personas, sin embargo la congregación sí debía ofrecer menajot, puesto que la comunidad en su totalidad es considerada como si fuera un solo individuo, ya que en una comunidad todo individuo está interrelacionado con su prójimo sirviéndolo y ayudándolo, así como en el cuerpo humano cada miembro está relacionado con el otro, sirviendo al todo, en función de un objetivo común dictado por el cerebro.

Ahora podremos comprender mejor las palabras del profeta Ieshaiahu:

“No sigan trayendo ofrenda vana,

incienso abominable es para Mí” (1:13)

D’os se quejó en contra del pueblo de Israel y les pidió que no sigan trayendo su ofrenda, ya que por cuanto que ellos perdieron ese nivel de unión que antes poseían, queriendo tragar cada uno a su prójimo, cada uno se separó, yéndose por su lado, y por eso dice: “No sigan trayendo ofrenda vana, incienso abominable es para Mí”. En un incienso en el cual cada uno de sus componentes recibe la fragancia de su prójimo, también la jelvená tiene un aroma agradable, pero cuando cada uno de los componentes de ese mismo incienso está separado de los demás, ese incienso es abominable, así como lo es la jelvená, que por sí misma tiene feo olor.

Por. Rav Iehuda Levi.http://www.judaismohoy.com/