Shabat Jazón. Haftarot de Ben Hametzarim (III) בין המצרים.Haftarot de las tres semanas

Shabat Jazón (previo a Tishá BeAv)

En el Shabat previo a Tisha beAv, parashat Devarim, leemos la Haftara (lectura adicional de los Profetas) del libro de Isaias que comienza diciendo:

“Jazon Ishaiahu ben Amotz…”, la vision de Isaias hijo de Amotz, en que el Profeta advierte al pueblo en los dias previos a la destruccion del Templo, que se arrepienta de sus malas acciones a fin de evitar la tragedia. La Haftara finaliza sin embargo con un mensaje optimista, pues si bien Tisha beAv es la exteriorizacion de un hondo dolor, tambien conlleva la semilla de la esperanza en una pronta Redencion. En nuestras manos esta que se concrete.

Recordemos que toda vez que hemos tratado de asimilarnos a otras culturas abandonando el cumplimiento de los sagrados preceptos de la Tora, hemos provocado nuestro propio castigo, por mano de distintos enemigos que han sido los ejecutores de turno.

Fortalezcamonos todos los dias en el estudio de la Tora, la unica fuente para mantener bien firme nuestra fe, amemos a nuestros semejantes y practiquemos mucho jesed (bondad, solidaridad) y tzedaka (caridad) en cuanta ocasion se nos presente.

Haftarat Devarim

Esta semana, antes de Tishá Beav, leeremos la última de las tres haftarot de desgracia para el pueblo de Israel. En esta profecía el profeta Ieshaiahu (Isaías) – en nombre de D’os – se dirije al pueblo de Israel con durísimas palabras de reprimenda por pecados que serían los que tal vez, finalmente provocarían la destrucción del Templo de Jerusalem.

“Escuchen los cielos y oiga la tierra,
pues D’os ha hablado:
Hijos he criado y he elevado,
mas ellos se revelaron contra Mí”
(1:2)

A partir del versículo once de nuestro capítulo, Ieshaiahu transmite la queja de D’os, de que a pesar de que el corazón de ellos se había alejado completamente de Él, ellos seguían trayendo sus sacrificios al Templo como si nada hubiera cambiado. Dice el profeta, en nombre de D’os:

“No sigan trayendo ofrenda vana,
incienso abominable es para Mí”
(1:13)

Para explicar el significado de estas palabras, Rabí Meir Simjá Hacohén (1843 – 1926) en su libro “Méshej Jojmá” nos recuerda las palabras de Nuestros Sabios – de bendita memoria – en el Talmud:

“Dijo Rabí Jená Bar Bazná en nombre de Rabí Shimón Jasidá: Todo ayuno en el cual no se incluyen algunos de los malvados de Israel no es valedero, como aprendemos de la jelvená [uno de los elementos que conformaban el incienso], que a pesar de que tenía feo olor, la Torá la cuenta como uno de los elementos que conformaban el incienso” (Keritot 6b).

Vemos claramente que a pesar de que algo por sí mismo carece de valor, cuando se une con otras sustancias, recibiendo las fragancias de ellas, eso le sirve para que él mismo obtenga buen olor.

La esencia del Templo Sagrado de Jerusalem era unificar al pueblo de Israel y a su corazón hacia un solo lugar. Por eso dijeron Nuestros Sabios que cada persona debe rezar mirando hacia Jerusalem, para que en definitiva todo el pueblo de Israel dirija su corazón hacia un solo lugar. Y es por eso que allí D’os siempre se comportaba con ellos en forma milagrosa constantemente, como dijeron Nuestros Sabios en la Mishná:

“Diez milagros ocurrían para nuestros antepasados en el Bet Hamikdash (Templo de Jerusalem): Nunca una mujer abortó como consecuencia del olor de la carne de los sacrificios, nunca la carne de los sacrificios despidió mal olor, nunca se vió una mosca en el lugar donde eran matados los animales, nunca el Sumo Sacerdote sufrió una polución en el Día del Perdón, nunca las lluvias apagaron el fuego de los leños que allí se encontraban, nunca el viento desvió la columna de humo, nunca se encontró defecto en el sacrificio del omer, en los “dos panes” (de Shavuot) y en el pan del Templo, cuando estaban parados estaban apretujados, mas cuando se prosternaban lo hacian espaciosamente, nunca una serpiente o un escorpión dañó a alguien en Jerusalem y nunca un hombre le dijo a su prójimo: ‘El lugar es demasiado estrecho para que pase la noche en Jerusalem'” (Avot 5:5).

Mediante este comportamiento milagroso, D’os le demostraba al pueblo de Israel que a pesar de que cada parte del pueblo por sí misma no merecía que Él la conduzca a través de Su providencia particular sobrenatural, de todas maneras la unión general del pueblo de Israel sí merecía que D’os la observe bajo Su supervisación milagrosa. La razón para esto es que en esa situación de unidad completa del pueblo, los defectos particulares pasan tan desapercibidos que es como si no existieran, y todos tuvieran buen olor: algunos por su veneración a D’os, otros por su rectitud, otros por su amor al pueblo de Israel, otros por su caridad y otros por su estudio de Torá.

Una minjá (ofrenda) no podía ser ofrecida en el Templo de Jerusalem por dos personas, sin embargo la congregación sí debía ofrecer menajot, puesto que la comunidad en su totalidad es considerada como si fuera un solo individuo, ya que en una comunidad todo individuo está interrelacionado con su prójimo sirviéndolo y ayudándolo, así como en el cuerpo humano cada miembro está relacionado con el otro, sirviendo al todo, en función de un objetivo común dictado por el cerebro.

Ahora podremos comprender mejor las palabras del profeta Ieshaiahu:
“No sigan trayendo ofrenda vana,
incienso abominable es para Mí”
(1:13)

D’os se quejó en contra del pueblo de Israel y les pidió que no sigan trayendo su ofrenda, ya que por cuanto que ellos perdieron ese nivel de unión que antes poseían, queriendo tragar cada uno a su prójimo, cada uno se separó, yéndose por su lado, y por eso dice: “No sigan trayendo ofrenda vana, incienso abominable es para Mí”. En un incienso en el cual cada uno de sus componentes recibe la fragancia de su prójimo, también la jelvená tiene un aroma agradable, pero cuando cada uno de los componentes de ese mismo incienso está separado de los demás, ese incienso es abominable, así como lo es la jelvená, que por sí misma tiene feo olor.

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Haftarot de Ben Hametzarim (II) בין המצרים.Haftarot de las tres semanas

Irmiahu (Jeremías) 2:4-28, 3:4 (ashkenazitas)
Irmiahu (Jeremías) 2:4-28, 3:4, 4:1-2 (sefaraditas)

Esta semana leeremos la segunda de las tres haftarot de desgracia que son leídas entre el ayuno del 17 de Tamuz y el 9 de Av, y en ella encontramos nuevamente duras palabras de reprimenda que el profeta Irmiahu le transmite al pueblo de Israel en nombre de D’os.“Escuchen la palabra de D’os, Casa de Iaacov,
y todas las familias de la Casa de Israel.
Así ha dicho D’os:
¿Qué iniquidad han encontrado en Mí vuestros padres,
que se han alejado de Mí,
yéndose detrás de lo vano, vanalizándose?”
(2:4-5).

Al comienzo mismo de la haftará vemos cuál es el motivo de esta reprimenda de Irmiahu. El pueblo de Israel se encaminó “detrás de lo vano”, es decir, detrás de la idolatría imperante en aquellas épocas, “vanalizándose”, es decir que como consecuencia de esa desviación ellos mismos se convirtieron en seres vanos; vacíos de contenido alguno. Sin embargo, algunos versículos más adelante, el profeta vuelve a explicar cuál fue el pecado del pueblo de Israel:“Pues dos males hizo Mi pueblo:
a Mí me han abandonado – manantial de aguas fluyentes –
para excavarse para ellos pozos; pozos fracturados
que no retienen el agua”
(2:13).

En realidad, parecería ser que no ha sido un solo pecado el que provocó esta reprimenda de D’os, sino que los pecados fueron dos. Sin embargo, vemos que Irmiahu recuerda un pecado solamente, y éste incluso, no es un pecado específico, como por ejemplo la idolatría, sino que es más bien un pecado general: el haberse alejado de D’os. Pero, ¿cuál es el segundo pecado que cometieron los hijos de Israel?

Para responder a esta pregunta, Rabí Iehonatán Aibshitz (1690 – 1764) en su libro “Ahavat Iehonatán” nos recuerda lo que dice la Torá al final de parashat Kedoshim: “Y seréis consagrados para Mí pues Santo Soy Yo, D’os, y los he separado a ustedes de los pueblos para que sean para Mí” (Vaikrá -Levítico- 20:26). La diferencia entre el pueblo de Israel y los demás pueblos del mundo radica en que todos los pueblos que habitan sobre la tierra están influenciados por los astros celestiales, pero esto no ocurre con el pueblo de Israel. Por cuanto que D’os tiene influencia directamente sobre ellos enviándoles Su abundancia de bendición mediante Sus emisarios, ellos no necesitan de los astros en absoluto, o en otras palabras: ellos se encuentran por encima de las estrellas.

A partir de este importante principio – dice nuestro autor – podremos comprender mejor lo que ocurrió en el episodio de la torre de Babel así como en el episodio del diluvio – ya que este relato está íntimamente relacionado con el de la Torre de Babel y fue de alguna manera la causa que provocó que aquellos idólatras de la torre de Babel hayan pretendido cerrar las fuentes de los cielos adorando a los ídolos.

Todos sabemos que las aguas del diluvio borraron toda existencia sobre la faz de la tierra. Explicando cómo fue que D’os provocó que caiga el diluvio, dicen Nuestros Sabios en el Talmud:

“…Por cuanto que ellos cambiaron sus acciones, D’os cambió el orden de la creación y tomó dos estrellas de la constelación ‘Kimá’, y trajo un diluvio sobre la tierra” (Rosh Hashaná 11b).

El Talmud también nos enseña cuál fue el pecado que ellos cometieron para que D’os haya decidido castigarlos de esa forma:

“Estudiaron Nuestros Maestros: La generación del diluvio se enorgulleció por toda la bondad que les dispensó el Santo – bendito es Él…” (Sanhedrín 108a).

Para castigar a la generación del diluvio, D’os envió tanta abundancia de bendición a los hombres, que los astros celestiales – intermediarios entre D’os y los pueblos – no pudieron soportar toda esa bendición, y por decirlo de alguna manera, se desmoronó una parte del cielo. Al decir que “D’os cambió el orden de la creación y tomó dos estrellas de la constelación ‘Kimá’, y trajo un diluvio sobre la tierra”, Nuestros Sabios quisieron explicar que por la calidad de la abundancia de la bendición Divina, esas dos estrellas se apartaron del lugar en el cual habían sido dispuestas, y como consecuencia de eso, todos murieron bajo las aguas.

Más tarde, la gente de la torre de Babel quiso evitar que este fenómeno ocurra nuevamente, y por eso le dijeron a D’os que se aparte de ellos, ya que no deseaban conocer Su camino:

“Dijeron: ¡Vamos! Construyamos para nosotros una ciudad y una torre [es decir, un ídolo], que su cúspide llegue hasta el cielo [es decir, que la cúspide y la causa de todo – D’os – se quede en los cielos, lejos de nosotros], y nos haremos de fama, para que no nos dispersemos por toda la tierra” (11:4).

Puesto que D’os no se encuentra en un lugar donde hay idolatría, ellos pretendieron provocar que D’os se aleje del mundo mediante la adoración de un ídolo. Ellos pensaban que de esa manera los astros se comportarían normalmente y nunca más a las personas les llegaría algo malo de ellos. Pero D’os arruinó sus planes confundiendo sus lenguas, y específicamente, por cuanto que ellos desearon que D’os se quede arriba, en los cielos, como una clara respuesta a su desafío, nos dice la Torá que D’os dijo: “Descendamos y confundamos allí su idioma para que no entienda nadie el idioma de su prójimo. Los dispersó D’os de allí sobre la faz de toda la tierra y dejaron de construir la ciudad” (11:7-8).

Ahora, volviendo a nuestra haftará, podremos entender mejor qué es lo que le quiso decir el profeta Irmiahu en nombre de D’os al pueblo de Israel:

“Pues dos males hizo Mi pueblo:
a Mí me han abandonado – manantial de aguas fluyentes –
para excavarse para ellos pozos; pozos fracturados
que no retienen el agua”
(2:13).

Por cuanto que el pueblo de Israel quería que D’os haga reposar Su espíritu sobre ellos, ellos comenzaron a adorar a los ídolos, ya que ellos pensaban que de esta forma podrían hacer descender hasta ellos la bendición de los astros.

Mas el profeta Irmiahu les dijo que se equivocaron y los reprendió a ellos por los dos pecados que cometieron – “Pues dos males hizo Mi pueblo”; el primero: “a Mí Me han abandonado – manantial de aguas fluyentes”, es decir, que ellos no buscaron realmente la verdadera abundancia de la bendición Divina mediante el camino del cumplimiento de Su voluntad; y el segundo: que buscaron “excavarse para ellos pozos; pozos fracturados que no retienen el agua”, es decir que además se desviaron en pos de las fuerzas de la idolatría, fuerzas que por sí mismas no contienen ni retienen la bendición, y este error fue el mismo que cometieron las personas en la época del diluvio.

Haftarot de Ben Hametzarim (I) בין המצרים.Haftarot de las tres semanas

Introducción

Las haftarot que son leídas en los shabatot posteriores al 17 de Tamuz y hasta después de el 9 de Av, no han sido seleccionadas por tener alguna relación con la parashá de la semana, como generalmente es el criterio que rige para su elección, sino que ellas tienen una relación con la época del año en la cual nos encontramos.

Este cambio de criterio en la elección de las haftarot está legislado en el Shulján Aruj (Oraj Jaim 428:8) y tiene su origen en el Midrash Pesiktá que nos enseña que en los tres sábados que hay entre el ayuno 17 de Tamuz hasta el día del 9 de Av deben ser leídas tres haftarot cuya temática sea las advertencias de desgracia y destrucción de Jerusalem a causa de los pecados del pueblo de Israel. Luego, desde el 9 de Av hasta Rosh Hashaná deben ser leídas siete haftarot de consuelo para el pueblo de Israel, y por último después de Rosh Hashaná deben ser leídas dos haftarot de arrepentimiento (a veces hay un sólo shabat entre Rosh Hashaná e Iom Kipur).

Comentario

Irmiahu (Jeremías) 1:1 – 2:3

En los años en los que las parashot Matot y Masé se leen el mismo shabat, esta haftará es leída en el shabat que se lee parashat Pinejás, pero si las parashot Matot y Masé se leen en sábados separados, entonces esta haftará es leída en el shabat que se lee parashat Matot, y ese es el motivo por el cual en los distintos jumashim (cada uno de los cinco libros de la Torá) esta haftará está impresa después de parashat Matot.

Palabras de Irmiahu hijo de Jilkiahu

de los sacerdotes que había en Anatot,

en la tierra de Biniamín”

(1:1)

En los primeros pesukim (versículos) de nuestra haftará, vemos como D’os lo llama por primera vez al profeta y trata de convencerlo de que acepte la misión de profetizar para los pueblos, pero a pesar de esto, Irmiahu se niega a hacerlo.

De todas formas, dice el texto que “la mano de D’os” tocó su boca y a partir de ese momento la palabra de D’os estuvo en la boca de Irmiahu, e inmediatamente después, aparece la primer profecía que Irmiahu recibió para el pueblo de Israel.

Y fue la palabra de D’os a mí diciendo:

‘¿Qué estás viendo, Irmiahu?’

Y dije: ‘Una rama de almendro yo estoy viendo’.

Me dijo D’os a mí: ‘Bien has visto!

Pues Yo estoy apresurando Mi palabra, para cumplirla'”

(1:11-12)

D’os quería que Irmiahu le advierta a los hijos de Israel que si ellos no revertirán sus acciones, D’os destruirá a los judíos, y a su más preciado y sagrado lugar, el Templo de Jerusalem. Para ello, D’os le mostró un makel shaked (rama de almendro).

Nótese que la raíz hebrea de la palabra almendro está compuesta por las letras shin, kof y dalet, y estas letras también pertenecen a la raíz del verbo lishkod que también puede significar “apresurar”. Es por eso que cuando Irmiahu le contestó a D’os: : “makel shaked aní roé – una rama de almendro yo estoy viendo”, D’os le dijo: “ki shoked aní al debarí laasotó – Pues Yo estoy apresurando Mi palabra, para cumplirla”. D’os utilizó la misma raíz idiomática para interpretar la profecía que Irmiahu había tenido.

Sin embargo, los comentaristas del Tanaj (Biblia) entendieron que la interpretación de esta profecía no se relaciona con la visión en sí, a través de una raíz lingüística solamente. Rashí y Radak, entre otros, entendieron – seguramente basados en el midrash citado también por Rashí – que el mensaje de esta visión es que así como el almendro es un árbol que florece mucho más rápido que otros árboles, asimismo D’os está apresurando Su palabra, para cumplirla.

Y fue la palabra de D’os a mí, por segunda vez, diciendo:

‘¿Qué estás viendo?’

Y dije: ‘Una olla hirviendo yo estoy viendo, y lo hace por el norte’.

Me dijo D’os a mí: ‘Desde el norte se abrirá la maldad

sobre todos los habitantes de la tierra'”

(1:13-14)

Esa olla hirviendo que vió Irmiahu tenía una particularidad, ella no hervía como cualquier otra olla. En una olla común y corriente, se puede apreciar a simple vista que el fuego está ubicado por debajo de ella ya que la ebullición es pareja en todos los bordes de la olla. Sin embargo, en esa olla ésto no ocurría. Irmiahu notó que las burbujas no eran parejas en todos los costados de la olla, de tal manera que parecía ser que en esa olla, la fuente de calor no estaba dispuesta debajo de ella en el centro, sino a un costado, del lado norte.

Rabí Moshé Alshej (1508 – 1593) en su comentario al libro, llamado “Marot Hatzobeot”, nos dice que a través de estas dos visiones, D’os quiso demostrarle a Irmiahu que él es el hombre más indicado para cumplir con la función de profeta.

Dice nuestro autor que D’os le quiso demostrar a Irmiahu que si Él le hubiera preguntado a otra persona: “¿Qué estás viendo?” y ese hombre vería una rama sin frutos ni hojas, sólo una rama seca – así como vió Irmiahu – él no hubiese prestado atención a la especie de la cual provenía aquella rama, si la rama era de almendro u otra especie. Él sólo hubiera dicho: “una rama yo estoy viendo” y por cuanto que la intención de la profecía es mostrar que D’os está apresurando Su palabra para cumplirla, la interpretación de la profecía no hubiera podido tener lugar, pues si la persona no hubiera dicho: “makel shaked aní roé – una rama de almendro yo estoy viendo”, D’os no hubiera podido decir: “ki shoked aní al debarí laasotó – Pues Yo estoy apresurando Mi palabra, para cumplirla”.

Pero Irmiahu sí observó y prestó atención de qué especie era la rama, y es por eso que D’os le dijo: “Bien has visto!” y es por eso que fuiste elegido como profeta para las naciones.

Y de manera similar D’os lo probó a Irmiahu por segunda vez, en la visión de la olla hirviendo. Él le preguntó: “¿Qué estás viendo?”, y de haberle preguntado esto a cualquier otra persona la respuesta hubiera sido: “una olla hirviendo”, sin prestar atención al detalle de que un lado tenía más ebullición que los demás, ya que ese detalle no fue preguntado, y D’os no hubiera podido interpretar la profecía.

Sin embargo Irmiahu sí vió que las burbujas provenían del lado norte de la olla y es por eso que D’os le contestó: “Desde el norte se abrirá la maldad sobre todos los habitantes de la tierra”, para demostrarle que también esta vez vió bien. Y de esta forma D’os lo apresuraba a Irmiahu y le demostraba que no había otra persona que entendiera como él las visiones proféticas, y es por eso que no debía negarse a cumplir su misión sino que la debía aceptar de buen grado.

Sin embargo, sin contradecir este magnífico comentario de Rabí Moshé Alshej, si estudiamos estos versículos desde otro punto de vista, podemos aprender otras enseñanzas. Se puede decir que estas dos visiones que D’os le hizo ver a Irmiahu no sólo tuvieron como objetivo tratar de convencerlo de que acepte su misión, sino que también quisieron enseñarle a Irmiahu el “oficio de profeta”.

Por supuesto que no todo el que desee ser profeta lo conseguirá, ya que eso no depende de la persona solamente, sino de la voluntad de D’os que es, sin ningún lugar a dudas, la fuente de la profecía. Pero por otro lado, Nuestros Sabios nos enseñaron que para que alguien pueda llegar a ser profeta, debe cumplir con ciertos requisitos mínimos, como ser justo, sabio, etc. y si tiene estas condiciones, se pueden hacer intentos “técnicos” para que D’os se comunique con él, y D’os en definitiva decidirá si querrá hacerlo o nó. (Véase en la haftarat Vaierá el término que utiliza el versículo: bené haneviim – los alumnos de los profetas).

Como vemos en los versículos, D’os quiso enseñarle a Irmiahu cómo se debe profetizar, quiso educarlo. Deteniéndonos en ciertos detalles del texto podremos aprender algunos secretos sobre el díficil oficio de educar. Citaremos los versículos nuevamente:

Y fue la palabra de D’os a mí diciendo:

‘¿Qué estás viendo, Irmiahu?’

Y dije: ‘Una rama de almendro yo estoy viendo’.

Me dijo D’os a mí: ‘Bien has visto!

Pues Yo estoy apresurando Mi palabra, para cumplirla’.

Y fue la palabra de D’os a mí, por segunda vez, diciendo:

‘¿Qué estás viendo?’

Y dije: ‘Una olla hirviendo yo estoy viendo, y lo hace por el norte’.

Me dijo D’os a mí: ‘Desde el norte se abrirá la maldad

sobre todos los habitantes de la tierra'”

(1:11-14)

El RIosef Kleiner explicó que el lenguaje de estos pesukim es extraño. En la primera visión, D’os lo felicitó a Irmiahu por haber visto detalles que aparentemente carecen de importancia, diciéndole: “Bien has visto!”, sin embargo en la segunda visión, a pesar de que Irmiahu también observó correctamente, D’os no lo felicitó por su aguda visión, sino que directamente interpretó la profecía, para que Irmiahu entienda el mensaje.

(A sus palabras, se puede agregar que en la primer visión, al preguntarle lo que veía, D’os le dijo: “¿Qué estás viendo, Irmiahu?” pero en la segunda visión, sólo le preguntó: “¿Qué estás viendo?” sin recordar su nombre propio, utilizando un lenguaje más directo).

Dice el Rav Kleiner, que este cambio en el lenguaje nos viene a enseñar que en el campo de la educación, no todo debe ser “caricias y alabanzas”. Hay veces que debemos ser muy directos con nuestros hijos diciéndoles las cosas de una manera dura.

Podemos ver con mucha tristeza que sus palabras encierran una gran verdad. Solamente alcanza con salir a la calle y ver a la gente, para darse cuenta que en muchos casos los “descarrilados” – en el más amplio sentido de la expresión – no son sólo quienes en su niñez y adolescencia fueron sometidos por parte de sus padres o maestros, a una disciplina demasiado rígida.

Vemos con nuestros propios ojos, que la falta total de disciplina así como también una disciplina deficiente, pueden provocar en la personalidad del hombre daños no menos severos que el exceso de la misma.

En nuestra época más que en las anteriores, creemos que es bueno tener estos conceptos bien frescos en nuestra conciencia, ya que desgraciadamente estamos viviendo una época de enfermiza permisibilidad. Muchos tienden a creer que todo está permitido, tanto en el mundo de la secularidad como en el del judaísmo, y a través de ese pensamiento incurren en toda clase de errores que no tienen parangón, y a veces, hasta son irreparables.

Es por eso que debemos aprender de nuestra Sagrada Torá la fórmula del éxito. Ella nos enseña que debemos encaminarnos por el camino intermedio, sin desviarnos, en general, hacia los extremos. Si seguimos Su consejo podremos cumplir nuestro deber como judíos, y nuestra obligación como los educadores de nuestros hijos.

Haftarot de Ben Hametzarim