HANUKA 5773 ( del 8 al 16 de Diciembre 2012). BERAJOT (Bendiciones) para encender la JANUKYA

janujanu

Antes de encender las luces de Jánuca y despues de haber recitado la Habdalá, En esta primera noche de Jánuca, Motzae Shabat  8 de diciembre de 2012, recitamos las tres bendiciones. En cada noche  subsiguiente se recitan solo las dos primeras bendiciones.

januka 1

1. Baruj Atá A-do-nai E-lo-heinu Melej Haolam asher kideshanu bemitzvotav vetzivanu lehadlik ner Janucá.

2. Baruj Atá A-do-nai E-lo-heinu Melej Haolam sheasá nisím laavotenu baiamim hahem bizmán hazé.

januka 2 

3. Baruj Atá A-do-nai E-lo-heinu Melej Haolam shehejeianu vekiemánu vehiguianu lizman hazé.

Traducción:

1. Bendito eres Tú, Di-s nuestro Señor, Rey del Universo, Quien nos ha santificado con Sus preceptos y nos ha ordenado encender la vela de Janucá.

2. Bendito eres Tú, Di-s nuestro Señor, Rey del Universo, Quien hizo milagros a nuestros antepasados, en aquellos días, en esta época.

3. Bendito eres Tú, Di-s nuestro Señor, Rey del Universo, Quien nos otorgó vida, nos sustentó y nos hizo llegar hasta la presente ocasión.

Después que se encendieron las luces de Janucá se acostumbra a recitar o cantar el himno Hanerot Halalu.

januka 3

Hanerot Halalu Anu Madlikim Al Hanisim Veal Haniflaót, Sheasita  Laavoteinu Baiamim Hahem Bazeman Haze, Al Iedei Kohaneja Hakedoshim. Vejol  Shemonat Iemey Ha-Januka. Hanerot Halalu Kodesh Hem, Veein Lanú Reshut Lehishtamesh Bahem, Ela Lireotam Bilvad, Kedei Lehodot ulehalel .Le-Shimja Ha-Gadol Al Niseja veal Nifleoteja Ve-Al Yeshuateja.

Traducción:

Encenderemos estas velas con motivo de las salvaciones, milagros, maravillas que has realizado con nuestros antepasados en aquellos días en esta época, por intermedio de tus santos sacerdotes. Estas luces son sagradas durante los ocho días de Janucá, y no nos es permitido emplearlas de ninguna manera sino solamente observarlas para agradecer y alabar tu nombre por tus milagros, maravillas y salvaciones.

Y por último el Salmo nº 30 de Tehelim

mizmor 1

MIZMOR SHIR JANUKAT HABAIT LEDAVID AROMIMJA ADONAY KI DILITANI VELO SIMAJTA OIVAI LI.  ADONAY ELOHAY SHIBATI ELEJA VATIRPAHENI ADONAY EELITA MIN SHEOL NAFSHI JIITANI MIIARDI VOR ZAMERU LADONAY JASIDAB VEODU LEZEJER KODSHO KI REGA VEAPO JAIM VIRTZONO BAEREV IALIN BEJI BELABOKER RINA VAANI AMARTI VESHALVI BAL EMOT LEOLAM ADONAY BIRTZONEJA EEMADTA LEARERI OZ, ISTARTA FANEJA AITI NIVHAL ELEJA ADONAY EKRA VEEL ADONAY ETJANAN MA BETZA BEDAMI BERIDTI EL SHAJAT AIODEJA AFAR AIAGUID AMITEJA SHEMA ADONAY VEJONENI ADONY EIE OZER LI AFAJTA MISPEDI LEMAJOL LI PITAJTA SAKI VATEAZERENI SIMJA LEMAAN IESAMERJA JABOD VELO IDOM ADONAY ELOHAI LEOLAM ODEKA.

Tradución

Te exaltaré, Señor, porque me rescataste; no permitiste que mis enemigos triunfaran sobre mí. Oh Señor, mi Dios, clamé a ti por ayuda,   y me devolviste la salud. Me levantaste de la tumba, oh Señor; me libraste de caer en la fosa de la muerte.

 ¡Canten al Señor, ustedes los justos! Alaben su santo nombre. Pues su ira dura sólo un instante, ¡pero su favor perdura toda una vida! El llanto podrá durar toda la noche, pero con la mañana llega la alegría.

 Cuando yo tenía prosperidad, decía:  «¡Ahora nada puede detenerme!».Tu favor, oh Señor, me hizo tan firme como una montaña; después te apartaste de mí, y quedé destrozado.

A ti clamé, oh Señor. supliqué al Señor que tuviera misericordia, le dije:Qué ganarás si me muero,si me hundo en la tumba? ¿Acaso podrá mi polvo alabarte? ¿Podrá hablar de tu fidelidad? 10 Escúchame, Señor, y ten misericordia de mí;  ayúdame, oh Señor».

 Tú cambiaste mi duelo en alegre danza;me quitaste la ropa de luto y me vestiste de alegría,para que yo te cante alabanzas y no me quede callado.  Oh Señor, mi Dios, ¡por siempre te daré gracias!

¡¡ FELIZ HANUKÁ !!

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SHABAT SHALOM VEJANUKA SAMEAJ

JANUKÁ (25 KISLEV – 2 TEBET) (2-9 Diciembre 2010). En Alas de la Menorá

Janucá recién había pasado y blandos copos de nieves llenaban el aire duro y helado del mes de Tevet. David salió de la cama con su tibio pijama y apretó la nariz contra el ventanal observando cómo la calle se tornaba blanca. Si la nieve seguía apilándose durante la noche, por la mañana podría divertirse, construyendo hombres de nieve, jugando batallas… Pero David no estaba demasiado excitado ante estas ideas, como podría esperarse de un chico que ve caer la primera nevada de la temporada. En realidad, se sentía triste en ese momento.

David era hijo único. Janucá significaba mucho para él. Amaba cada minuto de sus ocho días. Amaba ver a su padre encendiendo las velas de Janucá y amaba encender su propia lámpara. Esta era la época en que sus primos lo visitaban. David no tenía hermanos, pero si muchos primos. Cada noche de Janucá muchos de ellos lo visitaban y mientras las luces de Janucá ardían, ellos jugaban. Comían buñuelos calientes para disfrutar aún más de esos momentos. Papá siempre llegaba a casa temprano en esos días, pues nunca salía en viajes de negocios durante Janucá, y a menudo tomaba parte en los juegos. También estaba el Januque Guelt (dinero) y los regalos. Pero ahora todo eso había terminado. La casa estaba tranquila nuevamente y las noches se hacían largas. ¡Cómo le hubiera gustado a David que Janucá durase toda la vida!
Pero, un momento… ¿qué es eso? David se frotó los ojos. No podía ser. Miró una y otra vez pero no había error. Allí estaba, la hermosa Menorá de plata de Janucá, flotando en el aire, en medio de los copos blancos. Debo estar soñando, pensó David. ¡Si hace un momento vi a la Menorá de plata tras la vitrina del armario, bien lustrada y lista para esperar hasta el año siguiente!
Pero no había posibilidad de equivocación. Era su hermosa y amada Menorá flotando en el aire, con el brillo de ocho velas alumbrando alegremente en el viento, cada vez más y más … y mientras David abría grandes los ojos por el asombro, la Menorá le hizo señas para que saliera.

-“Vete” balbuceó David. “No seas tonta. La Menorá sin duda está en el armario. Y de todas maneras como puede salir caminando a través del ventanal y caminar por el aire flotando como un copo de nieve? A lo mejor una Menorá puede hacerlo, pero yo no…

Pero esperen, ¿qué es lo que está ocurriendo? Las llamas de la Menorá se desprendían de ésta y volaban hacia él, haciéndole señales para que saliera. Era tan fácil después de todo… La ventana se abrió y enseguida se encontró flotando hacia la Menorá.
¡Qué fantástico! Mañana podría contárselo a sus compañeros en la escuela, aunque sin duda nadie le creería. Ven David, cantaban alegremente las llamas. -Te mostraremos cosas sobre la vida de la Menorá y todo lo que hace durante el año mientras aguarda Janucá.
-Eso debe ser interesante, dijo David mientras se dejaba llevar por las afables lucecitas. Flotando fácilmente sobre los techos, David vio las casas de la ciudad perderse bajo su cuerpo. Ahora ya no había nada más que un cielo estrellado encima y luces tenues abajo, que decrecían constantemente.
-¿A dónde me llevan?, preguntó David a las llamitas. Mi mamá se preocupará cuando llegue a mi dormitorio para apagar las luces y darme las buenas noches. -Volveremos a tiempo, te lo prometo. No tienes nada de que preocuparse. ¿Te gusta el vuelo?
-Es maravilloso. Nunca pensé que sería así, replicó David entusiasmado, aunque en lo profundo de su corazón estaba algo preocupado acerca del fin que tendría esa extraña aventura. Más rápido flotaron por el espacio, llevados por una fuerte brisa. David miró para abajo y no vió más que un vasto océano, pero arriba las estrellas brillaban alegres y sintió como las lucecitas le asían fuertemente por las manos, con seguridad.
Y dirigiendo el camino estaban las ocho brillantes luces de Janucá que resplandecían más que nunca en la noche oscura. Ahora comenzó a sentir brisas calientes en sus mejillas. La oscuridad de la noche comenzó a disiparse y el amanecer ya irrumpía frente a ellos. Los primeros rayos del sol asomaron tímidamente. Los copos de nieve había desaparecido hacia mucho y abajo David podía ver pastos y palmeras, agitadas por el viento. Colinas ondulantes y verdes valles pasaban ante sus ojos, bañados por el tibio resplandor dorado del sol matutino.
Todo esto parece familiar, pensó David. Es como los dibujos en mi libro de historia de la Biblia. Como leyendo sus pensamientos, las llamas dijeron: -Estás en lo cierto, David, estamos ahora en Tierra Santa, pero no podemos detenernos aquí esta vez, aún tenemos mucho camino que hacer, pero llegaremos enseguida.
Ahora atravesaban un vasto desierto, con arena dorada hasta donde el ojo podía ver. Luego fueron altas montañas y más allá David pudo escuchar el sonido de aguas rugientes. Este debe ser el Río Sambatyon, pensó David. Las velitas sonrieron: -Shalom David, dijo una voz cálida.
David se dio vuelta sorprendido; no se había dado cuenta de que ya habían descendido y se encontraba parado sobre tierra blanda. Se encontró mirando el rostro de un hombre viejo, de larga barba, todo vestido de blanco. -Shalom nuevamente y saludos de las Diez Tribus más allá del Sambatyon. Debes amar mucho a Janucá para merecer este tratamiento, dijo el hombre.
-Así es, amo mucho a Janucá dijo David. Pero dígame por favor señor, ¿dónde estoy y quién es usted? -Sin duda, David, tu habrás oído hablar de las Diez Tribus “perdidas” de Israel. Pues bien, como ves, no estamos perdidos para nada. Estamos todos aquí.
-SI, sin duda he escuchado hablar de ustedes. Anoche mismo mi padre me leyó una historia sobre ustedes. Pero, ¿fue ayer a la noche? Ya no sé. Parece que hubieran pasado siglos. De todas maneras, yo sé mucho sobre ustedes. Luego de la caída del Reino de Israel, desaparecieron y nadie sabe qué les ocurrió. Me alegro de que estén a salvo.

El hombre sonrió. Eres un niño inteligente, David. Sí, aquí estamos a salvo y vivimos felices, sirviendo en verdad a Di-s, como cualquier hijo de Abraham, Isaac y Jacob. Ningún extraño llega a este lugar. Sólo de vez en cuando algún niño que realmente ama Janucá y los otros Días Sagrados tanto como tú, tiene el privilegio de poder ver este lugar. Pero no falta mucho para que el justo Mesías llegue; entonces nos uniremos al resto de nuestros hermanos judíos y marcharemos a Tierra Santa…

-Quieres decir…. balbuceó David excitado
-Sí, mi joven amigo, dijo el hombre significativamente.
-Pero debes tener hambre luego de un viaje tan largo. Diciendo así, golpeó las palmas y al instante un joven, también vestido de blanco, salió de una tienda cercana, portando una bandeja dorada. Sobre ella había un vaso de gran belleza. “Sírvete”, dijo el hombre.
-¿Qué es?, preguntó David.
-“Maná”, contestó el hombre con un brillo pícaro en sus ojos.
¿Cómo? ¿Maná?, exclamó David temblando de emoción.
-Sí, maná. Sin duda sabes de que se trata.
-¡Como no voy a saberlo!, afirmó David. Recordó la jarra de Maná que Moisés había guardado como recuerdo de aquel maravilloso milagro en el desierto’, luego de haber dejado Egipto los hijos de Israel. Pero eso ocurrió hace más de tres mil años. A ver. ‘ . fue en el año 1948 luego de la Creación que los hijos de Israel salieron de Egipto. ¡Que maravillas
-Me alegro de que te acuerdes del Jumash tan bien. Pero vamos, prueba un poco; tienes hambre. David vaciló. -¿Qué bendición debo decir antes de comer Maná?, preguntó.

Es bueno que te hayas acordado de la bendición. Podrías haberlo arruinado todo de no ser así. Pues bien, ¿cuál es la bendición que dices por el pan?

-Todos los chicos saben eso. Pero este no es pan de la tierra. Es pan del cielo.
-Exactamente. De manera que así debes hacer la bendición.
David cerró los ojos. Quería realizar la bendición con todo su corazón. “Bendito eres Tú… que traes el pan del cielo”. Entonces tomó al Maná y lo llevó a la boca y su corazón saltó de alegría, pues nunca, nunca, había probado algo tan maravilloso.
Por un momento David pensó que se iba a desmayar de la emoción, pero sintió el Maná disolverse en su boca y extenderse por su cuerpo, otorgándole una sensación de gran poderío, y un gran amor por Di-s, como nunca antes lo había sentido.

Mientras David saboreaba el Maná, el anciano dijo:

-Cuando llegue el Mesías, y todos los muertos se levanten y vuelvan a la vida nuevamente, Moisés mismo traerá el Maná y todos los que hayan vivido una buena vida judía, realizarán esta misma bendición lo ingerirán y les dará fuerza y sabiduría…

-¿Cuándo ocurría todo ello?, preguntó David. Antes de contestar el hombre besó a David en la frente con gran afecto… David sintió el beso en su frente y escuchó el “click” de la luz. Mamá había apagado las luces.

Se sentó en la cama. -¡Oh mamá, fuiste tú! ¿Porqué tuviste que despertarme justo ahora? Tenía tantas preguntas más que hacerle… David se recostó sobre la almohada y dos lágrimas, como perlas, bajaron por sus mejillas.
Mamá se sentó en la cama. Con ternura enjugó las lágrimas de David. -¿Quiéres contarme que pasó?, preguntó suavemente. Pero los ojos de David se llenaron nuevamente de lágrimas. Mañana te lo contaré todo. Ahora quiero cerrar los ojos y pensar en ello.
-¡Fue maravilloso! Buenas noches, mamá. Soy muy feliz.

(extraído del libro Maase Abot – Relatos Jasídicos , (C) Edit. Benei Sholem)

JANUKÁ (25 KISLEV – 2 TEBET) (12-19 Diciembre 2009). Janucá: expresión de auténtico judaísmo

En Janucá, la Fiesta de las Luminarias, es cuando mejor se puede comprender la concepción judía del mundo, en cuyo espíritu está siempre el predominio de la ética sobre la estética, contrariamente a lo que sucede entre los pueblos gentiles, donde la belleza exterior es lo primordial.

Janucá es, de por sí, un profundo estudio del pensamiento judío que, habiéndose encontrado en determinado momento con una cultura tan dispar y opuesta como la griega, después de confluir durante corto tiempo, se separa totalmente y siguió su propio rumbo trazado por las generaciones precedentes.

Con la ayuda del Altísimo, logramos evadirnos de la atrayente pero engañosa cultura helénica, con su vana suntuosidad, y nos purificamos de la nociva influencia que aquella había ejercido sobre nuestro pueblo durante el breve lapso de la dominación ptolomea.

Aunque considerables porciones del pueblo judío fueron arrancadas por el helenismo, que las encandiló con su lujo, triunfó finalmente el sano pensamiento judío encarnado en los Macabeos. Estos bravos luchadores tomaron su nombre de las iniciales del versículo: “¿Quién es como tu entre los dioses, Eterno?” (Éxodo, XV-11).

Según el relato bíblico, que sirve de base al pensamiento judío, el hombre fue creado a imagen y semejanza de D-os. Acerca de ello, dijeron nuestros maestros: Puesto que el Creador carece de forma e imagen, se quiere significar que el ser humano fue creado con las cualidades divinas. Igual como D-os es misericordioso, debe serlo el hombre; igual como El es clemente, debe serlo el hombre. Esto significa que fuimos hechos con los atributos espirituales divinos, y por lo tanto, debemos tratar de asemejarnos lo más posible a la Fuente que nos ideó.

Entre los griegos sucede exactamente lo contrario: Ellos hicieron sus ídolos “a imagen y semejanza del hombre”, otorgándoles forma y cualidades humanas, tanto en lo físico como en lo espiritual.

Los dioses de la mitología griega son antropomorfos, luchan, aman, odian y matan como seres humanos. En cambio, nosotros elevamos al hombre a la categoría de D-os; Moisés subió al Monte Sinaí para acercarse en la medida de lo posible al Eterno. Los griegos proceden exactamente a la inversa: Hacen descender a sus divinidades al nivel humano, haciéndolos morar sobre el monte Olimpo que cualquier individuo puede alcanzar.

En ésto radica la diferencia fundamental entre ambas culturas: la judía y la helénica. Puesto que sus dioses se asemejan en todo a los mortales, también sus poderes sobrenaturales son sumamente limitados. Esto consta incluso en los dogmas de la filosofía griega. Así vemos, por ejemplo, que existe un dios denominado “del mar”, otro “del fuego”, un tercero “del amor”, etc. Ninguno de los dioses invade las jurisdicciones de los demás; cada uno se halla limitado en su dominio, al igual que los hombres.

Todo lo contrario sucede en la concepción judía; D-os es Omnipotente y Todopoderoso, no tiene principio ni fin, ni existe lugar donde Él no se encuentre. Todo el mundo está lleno de Su magnificencia.

El Rabí de Kotzk solía decir:
“¿Donde está la morada de Dios? En una casa pequeña, en un corazón puro.”

En efecto, de acuerdo con la concepción judía, D-os se encuentra en todas partes; en la casa más humilde y en el corazón de todo individuo, especialmente cuando es puro.

Dice Ibn-Pakuda en el “Libro de los Deberes de los Corazones”: “Y me harán un santuario y moraré entre ellos” (Éxodo, XXV-8). Así dice D-os; y debe entenderse de la siguiente manera: el santuario es el corazón del hombre que es lo más sagrado que existe. A esto se debe que entre los gentiles toda la vida esté basada en la estética, en las formas exteriores, que en apariencia, dan idea de belleza En cambio entre nosotros, la ética juega el papel principal; nos esforzamos en parecemos a D-os. La cultura griega se perpetuo en estatuas, esculturas, objetos caducos, mientras que nosotros inmortalizamos nuestro arte y cultura, en el mismo modo de vida; hicimos de nuestra vida un arte.

Por eso, lo único que nos ha quedado hoy en día de la antigua cultura griega, son columnas torcidas, restos de estatuas y templos en ruinas. Las figuras escultóricas que han quedado de aquellos tiempos semejan ex-hombres; a todas les falta algo: un brazo, una pierna, la nariz etc. Estamos en presencia de verdaderos inválidos, que han caído victimas de la acción del tiempo. Nuestra ética, que es una parte vital del pensamiento judío, ha permanecido íntegra e invariable en el curso de lo siglos.

Mientras la cultura helénica se manifiesta en esculturas defectuosas, nuestra Tora ha sido siempre perfecta. Es más: los Cinco Libros de Moisés se han multiplicado con el correr del tiempo, y de ellos derivaron las obras de Maimonides, el Shuljan Aruj, y muchos otros.

Los gentiles entregaron al mundo un arte de piedra que, al fin y al cabo, no dura eternamente; Pero nosotros legamos a la humanidad una Ley de la Vida (Torat Jaim), es decir un conjunto de normas para una mejor convivencia entre los hombres. Y este legado es perenne.

He aquí un magnífico ejemplo de la diferencia radical entre ambos enfoques: El más grande artista no-judío, el pintor y escultor Miguel Ángel, entrego al mundo un “Moises” de mármol, un objeto inanimado (por más que muchos digan que parece dotado de vida); el pueblo judío, en cambio, produjo un Moisés de carne y hueso, cuya Ley perdura a través de las generaciones.

Leonardo da Vinci logro la más bella pintura de una mujer, la “Gioconda”, pero ¿que es, al final de cuentas? Un lienzo muerto, que tampoco ha de subsistir eternamente. Ya se ha tratado innumerables veces de robarla y secuestrarla; puede, incluso, ser irreparablemente dañada, pero la imagen femenina que el judaísmo dio al mundo con su “mujer que teme al Eterno, esa será alabada” (Proverbios, XXXI-30), vivirá por siempre.

Ya lo dijo el gran “filósofo” del Eclesiastés, el sabio rey Salomón: “Falsedad es la gracia y vanidad la hermosura” (Proverbios, XXXI-30). Nuestros sabios comprendieron que la fuerza del hombre no reside en la materia, sino en el espíritu. La materia es efímera y fenece a corto plazo. “Los pliegos se queman y las letras flotan en el aire”; los pergaminos podrán consumirse en las llamas – es cierto -, pero las letras, es decir, el espíritu de las Escrituras, no desaparece jamás.

Antiguamente se escribía sobre tablillas de barro, sobre papiros, luego sobre pergamino y por fin, sobre papel; así seguirá cambiando la materia sobre la cual se trazan las letras, pero no las ideas que aquellas expresan. Las ideas permanecen indelebles a través de los siglos, sin importar la clase de material que las sustenta.

Cuando Moisés descendió del Monte Sinaí y vio el becerro de oro que los judíos habían levantado durante su ausencia, rompió en mil pedazos las Tablas de la Ley donde se hallaban grabados los Diez Mandamientos. Moisés comprendió que la fuerza de la palabra divina no radica en la piedra, sino en el corazón de todos y cada uno de los integrantes del pueblo. No se trataba de esculpir la palabra de Dios sobre la piedra; éste era sólo un paso previo para lograr que se grabara en lo más profundo de los corazones. Y ésta fue la tarea que Moisés se impuso durante los cuarenta anos que condujo a los judíos por el desierto.

Ya lo dijo el profeta Zacarías: “No con ejército ni con fuerza, sino con mi espíritu, dijo el Eterno de los Ejércitos” (Zacarías, IV-5). Sólo en el espíritu reside la fuerza.

El triunfo del espíritu sobre la fuerza bruta, está cabalmente expresado en la fiesta de Janucá. Esta celebración es la manifestación del predominio constante de la ética sobre la estética, del contenido sobre la forma, del espíritu sobre la materia.

Las luminarias de Janucá simbolizan de manera admirable lo que acabamos de expresar: las velas propiamente dichas arden y se consumen, simbolizando la caducidad de la materia. En cambio, la llama que irradia luz, permanece indeleble; es la luz espiritual. Y por eso está prohibido servirse de las velas de Janucá para cualquier fin, porque son sagradas; sólo está permitido contemplarlas, pues en ellas veremos la luz del pensamiento judío.

Recuerdo haber leído en cierto lugar, una buena explicación de la diferencia entre Janucá y Purim:
Mientras el rey persa Asuero se propuso exterminar físicamente al pueblo hebreo, el griego Antíoco trató de destruirlo también en su integridad espiritual. Por ello se festeja Purim con un ágape, es decir, una fiesta para el cuerpo, mientras que Janucá se celebra encendiendo velas; esto es, un regocijo para el espíritu.

La luz que irradia la ética judía, y que sirve de ejemplo a todos los demás pueblos, o al menos, debiera servir como tal, esta por encima de cualquier concepto restrictivo de tiempo y espacio. Por ello es la antítesis de la estética, que juega un papel tan importante entre los pueblos gentiles, pero no sirve mas que para servirse materialmente de ella.

Tratemos de que la luz del judaísmo no se apague jamás, e ilumine siempre el camino de nuestra vida.

JANUKÁ (25 KISLEV – 2 TEBET) (12-19 Diciembre 2009). Relato:La luz de Janucá extraviada

Era una tormentosa noche invernal, cuando Rabí Baruj encendió su primera luminaria de Janucá.

Un halo de santidad flotaba en el ambiente, mientras Rabí Baruj pronunciaba, con especial devoción, las bendiciones anteriores al cumplimiento de la Mitzvá.

Los discípulos, reunidos a su alrededor, observaban con reverencia la emoción de su querido maestro y Rabí, embelesados ante la pequeña llama chispeante que parecía bailar al son de las inspiradas palabras del Rabí.

Apenas el santo hombre habla concluido de entonar la plegaria de Hanerot Halalu -estas luminarias…-, cuando la pequeña llama, que habla crecido hasta llegar a ser grande y firme, comenzó a decaer hasta que finalmente desapareció por completo.

Como si algún poder extraño se la hubiera llevado…

Los discípulos quedaron anonadados.

Atemorizados ante el extraño incidente, miraban de soslayo a Rabí Baruj, esperando oír alguna explicación.

Pero él continuaba inmóvil, como sumido en profundas cavilaciones, su mirada pérdida en él vacío, como si mirara a lo lejos, en busca de una explicación del extraño hecho.

Su Shamash -ayudante-, se acercó para encender nuevamente la apagada mecha.

Ya se disponía a hacerlo, cuando Rabí Baruj lo detuvo, y con un gesto silencioso le indicó que se alejara.

Luego de algunos minutos de ansiosa espera, súbitamente el rostro del Rabí se encendió. Con radiante rostro comenzó a entonar el conocido himno de Janucá, “Maoz tzur…”, y sus discípulos, aliviados de su anterior temor, lo acompañaron con alegres voces.

-Sentémonos a celebrar Janucá, como corresponde -dijo Rabí Baruj, luego de que hubiera terminado de cantar la expresiva melodía de fe y confianza en la siempre presente ayuda Divina- La luz de Janucá volverá. Ahora está ocupada en una importante misión al servicio de Di-s.

Los discípulos de Rabí Baruj sabían que de él no se oían palabras vanas. Confiaban ciegamente en la sabiduría y santidad de su maestro.

Se congregaron alrededor de la mesa, alegres y con ansias de conocer qué se había hecho de la desaparecida luz de Janucá.

Rabí Baruj leyó en los ojos de sus discípulos la intriga que éstos sentían.

-Tened paciencia. Pronto escucharéis que ocurrió…

Se enfrascaron en las palabras de su maestro, quien no cesaba de explicar diversos aspectos de la festividad. A la luz de sus interpretaciones ésta adquiría un esplendor especial.

Era casi medianoche cuando los discípulos ubicados cerca de la ventana exclamaron repentinamente:

-¡Rabí! ¡Rabí! ¡La luz de Janucá ha vuelto!

Todos se pusieron de pie, mirando en dirección a la Menará, el candelabro de Janucá de su maestro.

Efectivamente, vieron que la pequeña llama parpadeaba como antes, bailando una danza de alegría, como si hubiera llevado el mensaje de Janucá desde un extremo de la tierra al otro.

Esperad sólo unos instantes más, y sabréis que ha acontecido.

No había terminado de pronunciar estas palabras, cuando un ruido se escuchó afuera. Se trataba de un carruaje que se aproximaba velozmente.

El sonido de los azuzados caballos haciendo trepidar la tierra bajo sus patas fue creciendo, hasta llegar a la puerta de la casa de Rabí Baruj donde se detuvo.

La puerta se abrió y entró al recinto uno de los Jasidim más cercanos y leales a Rabí Baruj, que vivía en una pequeña ciudad, más allá de las montañas y los bosques.

Sus vestimentas estaban desarregladas y su rostro distorsionado, como si hubiera tenido que soportar terribles momentos.

Pero sus ojos brillaban y su expresión denotaba gran felicidad.

Rabí Baruj lo saludó cordialmente y le indicó que se lavara las manos, dijera las oraciones y encendiera su luz de Janucá.

Los discípulos no podían reprimir su curiosidad mientras el hombre cumplía lo que el maestro le había ordenado.

Cuando hubo concluido, se sentó junto a Rabí Baruj, mientras en el cuarto se bacía un expectante silencio.

Finalmente, el hombre comenzó a hablar:

-Hace ya varios días que me encuentro en el camino. Mi intención era la de pasar Janucá junto a mí querido maestro. De acuerdo a mis cálculos, y teniendo en cuenta la tormenta, salí con la suficiente antelación como para poder estar aquí antes del comienzo de la festividad, y poder compartir con ustedes la sagrada atmósfera de este lugar, que lo impregna todo.

El tiempo era frío y tormentoso, mientras ascendía con mi carreta los empinados senderos que conducen a la ciudad.

A pesar de lo crudo del clima, yo no sentía nada. El calor y entusiasmo de lo que me esperaba aquí, me hacia olvidar de la lluvia que caía torrencialmente sobre mí, estaba como en otro mundo.

Quería llegar aquí lo antes posible. Hasta pasé de largo frente a la hostería del camino para no perder ni un minuto.

En lugar de seguir mi viaje por las zigzagueantes rutas habituales, me pareció que ahorraría mucho tiempo si tomaba un atajo a través de los oscuros bosques, a pesar de la lluvia y el mal tiempo. Así, Di-s mediante, llegaría un día antes.

-Me parece un poco reprochable tu manera de actuar -le interrumpió Rabí Baruj- nunca hay que ponerse en peligro.

-Pronto comprendí mi error, Santo Rabí -replicó sombríamente el hombre- pues cuando cruzaba uno de tos espesos bosques, un súbito tirón me arrancó de mis pensamientos. Manos toscas me sujetaron fuertemente y me arrancaron del asiento, mientras otros revisaban minuciosamente mi carruaje y pertenencias.

Un grupo de bandoleros me había atacado, confundiéndome con un rico comerciante que acostumbraba transitar las espesuras del bosque en sus viajes de negocios.

Cuando no encontraron lo que buscaban, se ensañaron conmigo, empujándome y castigándome cruelmente.

Por fin, ante la inutilidad de sus “métodos”, decidieron llevarme ante su jefe, para que éste me hiciera revelar “la verdad”.

Dos de los hombres, fuertemente armados y enmascarados, se sentaron junto a mí en el pescante y uno de ellos tomó las riendas del carruaje.

Precedidos de los jinetes, cruzamos el camino, adentrándonos más profundamente en el bosque, avanzando sobre zanjas y piedras, corriendo a cada momento el peligro de chocar contra los árboles u Otros obstáculos, en alocada carrera.

Conducían la carreta con tal salvajismo que no pude permanecer con los ojos abiertos. Estaba mudo de terror.

Finalmente el carruaje descendió por la ladera de una hondonada hasta que se detuvo frente a una choza negra, bien disimulada tras unos altos matorrales.

Fui llevado ante el jefe de la banda, un hombre de aspecto tosco y cruel, cuyo salvajismo brillaba en los ojos.

-Si aprecias tu vida es conveniente qué me digas qué es lo que te llevó a desafiar a los rigores del tiempo adentrándote en el peligroso bosque, y lo más importante, dónde escondes el dinero.

-Señor Jefe – mi voz temblaba y me costaba articular cada palabra, por el miedo y el dolor de la paliza que me habían propinado-. No soy ningún comerciante no estoy en viaje de negocios. Mis escasas pertenencias ya han sido robadas por sus secuaces. Soy un simple hombre que viaja a ver a su Rabí, para la festividad judía de Janucá.

– Oyen amigos, la “biografía” de nuestro “invitado” -gritaba a carcajadas el jefe ante lo inverosímil de mi historia. Súbitamente su rostro se ensombreció y con una gruesa voz me dijo:

– Basta de tonterías. Si no quieres hablar, mi látigo hará que tu lengua sea más rápida que tu pensamiento. No me dirás que eres tan tonto como para viajar a pesar de la tormenta y el frío para estar con un viejo Rebe…

Yo repetía incansablemente mi historia, pero nadie estaba dispuesto a escucharme.

La angustia que pasé durante las horas siguientes, es inenarrable. Mi espalda estaba totalmente ensangrentada cuando los ladrones me encerraron en el húmedo sótano de la casa. Para colmo, ya no podía darles otra respuesta de la que les había dado anterior-mente. Sabía que era un castigo del cielo. Estaba tan dolorido y cansado, que en un santiamén me quedé dormido y durante todo ese día, y el siguiente permanecía cayendo en la inconciencia una y otra vez.

El sol ya se ponía cuando el jefe me despertó nuevamente, con muy poca delicadeza, interrumpiendo mis dulces sueños sobre Janucá en esta casa.

Nuevamente me interrogó y yo traté de convencerlo de que todo lo que había dicho hasta el momento era verdad. Tratando de conmoverlo un poco, le conté con sumo detalle la infinita felicidad que se siente por pasar Janucá con el Rebe y el lazo de afecto y devoción que nos une.

Cuando terminé, el jefe permanecía pensativo. Luego de algunos minutos de silenciosa reflexión, se levantó de un salto y me dijo:

-Veremos si tu historia es verdadera y si en realidad tienes fe infinita en Di-s y en tu Rabí. Sabes que este bosque está plagado de infinidad de peligros y ni siquiera mis hombres se atreven a cruzarlo solos. Hay lobos y otros animales feroces y el que se atreve a cruzarlo sin armas esta condenado a ser devorado vivo o a estrellarse contra algún árbol perdiendo la vida en su aventura. Te dejaré en libertad y te devolveré todo lo que te hemos quitado, tu caballo, tu carruaje y tus vestimentas. Pero recuerda que te lo advertí. No tienes la menor posibilidad de salir con vida de este bosque. ¿Tienes la fe suficiente como para intentarlo?

Quedé mudo ante la visión de reemprender un viaje a través de los incontables peligros que se cernían sobre mitras cada árbol y en cada centímetro del bosque.

Pero -continuaba relatando- pensé en Ud. querido Rebe, y en la gran piedad de Di-s. Me pareció verlo a Ud. de pie, ante la luz de Janucá, alabando a Di-s con sus bendiciones. Y sus ojos parecieron infundirme coraje para afrontar todos los peligros.

Me repuse y enfrentándome con el bandolero, le dije:

-Que Di-s me proteja. Estoy dispuesto a intentarlo.

Nuevamente, los ojos del salvaje hurgaron la profundidad de mis pensamientos.

-Si llegas a la entrada del pueblo en el que vive tu Rabí a salvo, arroja tu pañuelo a la zanja que se encuentra tras el portón. Mis hombres estarán allí, esperando tu señal. Si ellos regresan con el pañuelo, ordenaré la disolución de esta banda, y regresaré a la civilización, para continuar por la senda del bien.

En ese momento chocaron en mí fuerzas dispares. Por un lado me invadía una tremenda alegría. Sabía que de mí dependía que un hombre, un criminal, retornara a la senda de la bondad y la rectitud. Pero, conjuntamente, me embargaba, el terror de las perspectivas que me ofrecía el peligroso viaje.

Finalmente, tomé mi carruaje, y me hice a la marcha presuroso por abandonar la hondonada.

Por todos lados se escuchaban aullidos de lobos, y por más que buscaba, no encontraba ningún camino que me llevase fuera del bosque.

La oscuridad se hacía cada vez más intensa, a medida que me alejaba del claro en que estaba situada la casa y me introducía en la espesura forestal. Cada vez veía menos.

Súbitamente, una pequeña llama se me hizo visible y me guió a través de la impenetrable oscuridad como si la luz misma de Janucá hubiera sido enviada por el Creador para protegerme y hacerme llegar sano y salvo a su destino.

Los caminos se sucedían uno tras otro, pero los milagros que pude vivir son inenarrables. Había lobos por todos lados, y era fácil saber que estaban prestos a abalanzarse sobre mí y sobre mi caballo. Pero, ni bien veían la luz, la pequeña llama que corría delante de mí, saltaban hacia atrás.

Pronto se hizo un camino y los caballos apuraron la marcha, hasta que salí del bosque, y continué mi viaje hasta aquí.

Al pasar por el portón, arrojé mi pañuelo tal como habíamos convenido. Que Di-s otorgue al ladrón la fuerza de voluntad y la sabiduría para abandonar su equivoco camino, enmendando el mal que haya cometido en su vida.

Rabí Baruj continuaba sumido en sus reflexiones, mientras la pequeña llamita de Janucá estaba por extinguirse. Su luz, sin embargo, era tan brillante como nunca e indicaba esperanza y seguridad a los Jasidim reunidos con su maestro.

-En Janucá, vivimos el milagro renovado eternamente, de la ayuda divina. Aprenderemos a creer en Su omnipotencia. Que Su eterna presencia nos traiga el milagro final de la redención de todo mal y que la luz de la fe brille en los cuatro puntos cardinales de la tierra -dijo Rabí Baruj.

Y sus discípulos contestaron:

-¡Amén!

(extraído del libro El Narrador , (C) Edit. Kehot Lubavitch Sudamericana)

JANUKÁ (25 KISLEV – 2 TEBET) (12-19 Diciembre 2009). El Factor Divino – Primera Parte

“Las mujeres a su edad tienen un 5% de probabilidad de quedar embarazadas utilizando Fertilización In Vitro”, me decía la Dra. C. mientras yo estaba sentada frente a ella en una clínica de F.I.V (Fertilización In Vitro) israelí de renombre. Yo tenía 45 años y, desde el nacimiento de mi primer hijo a la edad de 40, había estado tratando de concebir un segundo bebé utilizando métodos espirituales, médicos y todo tipo de método alternativo disponible. La Dra. C. continuó: “De ese 5% solamente la mitad llega a término y tiene al bebé. Por ello, usted tiene sólo 2½% de probabilidad de tener éxito”.

Miré a la buena doctora. Yo pensaba: “Dios maneja el mundo. Si Dios quiere que yo tenga un segundo hijo, lo tendré. Y si Dios no lo quiere, no lo tendré. Mi trabajo es hacer el máximo esfuerzo, mi máximo esfuerzo es hacer F.I.V. Si tengo éxito o no, eso depende de Dios”.

Le dije a la Dra. C: “De cualquier forma, me gustaría intentarlo”

La primera vez que me hice F.I.V., falló.

La clínica ofrece dos pruebas por el mismo precio. Traté nuevamente. Esto implica recibir dos inyecciones de drogas de fertilidad muy poderosas cada día durante dos semanas para generar tantos huevos como sea posible; se requiere un mínimo de tres huevos para continuar con el proceso. Entonces la doctora extrae quirúrgicamente los huevos del ovario, los fertiliza, y luego los reinserta dentro del útero.

El día anterior a mi programada extracción, me hice un ultrasonido para determinar el número de huevos. El doctor del ultrasonido tristemente me informó que yo solo tenía dos huevos, no era suficiente para siquiera molestarse con la extracción. Después de todo el esfuerzo, las drogas, el costo… Llorando le supliqué que finja el resultado escribiendo que habían tres huevos. “Si Dios quiere que yo quede embarazada”, pensé, “Él puede hacerlo con sólo dos huevos”. El doctor del ultrasonido consintió.

Cuando la Dra. C. procedió a la extracción el día siguiente, ella encontró sólo un huevo.

Mis posibilidades de éxito disminuyeron de 2½% a cero.

Como ya estaba en la mesa de operaciones, la Dra. C. hizo una humorada. Ella extrajo y fertilizó el único huevo. Dos días más tarde, cuando lo reinsertó, mí doctora no religiosa me miró directo a los ojos y me dijo una sola palabra: “Reza”.

Recé y lloré y le hice un promesa a Dios. Dos semanas más tarde, obtuve positivo en el examen de embarazo. Al día siguiente vi a la Dra. C. en la clínica. Yo estaba radiante de alegría. Ella estaba escéptica. Siendo una científica meticulosa, ella sabía que una mujer no podía quedar embarazada con F.I.V. utilizando un sólo huevo. “Creeré que usted está embarazada”, me dijo, “cuando vea un ultrasonido con los latidos del corazón”.

Tres semanas después, extasiadamente le mostré un ultrasonido con los latidos del corazón.

Al cabo de nueve meses, a la edad de 46 años, di a luz a un saludable varón, que viva largos días y que esté bien, bli ayin hará.

Expertos Y Predicciones

Desde el 11 de septiembre mi e-mail siempre está lleno de predicciones de expertos en relación a cada posible aspecto de la guerra, bio-terror, y guerra química.

Cuántos americanos morirían en una epidemia de viruela lanzada por bio-terroristas.
Qué porcentaje de israelíes sobrevivirían si Mahmud Ahmadinejad nos lanzara cabezas nucleares.
Por qué es imposible ganar una guerra en el terreno accidentado de Afganistán – esto, antes de que los aliados americanos expulsaran a los talibanes.

Sin embargo, todas estas predicciones, dejan fuera un pequeño factor, sin embargo, este factor es el más crucial de los factores: ¡Dios maneja el mundo!

Cualquier ecuación que no considere el factor divino está destinada a terminar en una conclusión errada.

En 1967, mientras el egipcio Gamal Abdul Nasser proclamaba la inminente destrucción del estado de Israel, todos los expertos en política y los estrategas militares predecían la derrota de Israel. Las cifras eran formidables. El estado de 19 años estaba en contra del inminente ataque combinado de Egipto, Siria, Jordania e Irak. Los cuatro ejércitos Árabes juntos ostentaban 810 aviones contra los 350 de Israel; 2.880 tanques contra los 800 de Israel; y 465.000 tropas contra 265.000 de Israel. Tan convencidos estaban los Israelíes de un inevitable baño de sangre que el rabinato oficialmente designó todos los parques de Jerusalem como cementerios.

Aparentemente, Dios tenía una idea diferente, y todos los expertos quedaron tartamudeando.
Aparentemente, Dios tenía una idea diferente. En vez de perder, Israel experimentó una victoria sorprendente. En solo seis días, Israel no sólo empujó hacia atrás a las fuerzas Árabes, sino que recapturó la mayoría de los lugares sagrados para el judaísmo, incluyendo el Templo del Monte, el Muro Occidental, la Cueva de los Patriarcas en Hebrón, y la Tumba de Rajel en Belén. Los expertos quedaron tartamudeando.

Mi sobrino Phil es un ejecutivo corporativo retirado, él es un hombre pragmático, altamente inteligente y entendido, que se mantiene bien informado y llega a claras y equilibradas conclusiones a partir de los hechos. En los años 80, él predijo que el estado de Israel iba a dejar de existir en el año 2013.

En un principio, este pronóstico fatal estaba basado en la amenaza demográfica: la taza de natalidad de los árabes en ambos lados de la ‘línea verde’ era abrumadoramente mayor que la taza de natalidad entre los judíos. Los números eran indiscutibles; para el año 2013 el estado judío tendría mayoría de habitantes árabes.

Todo esto, excluyendo el factor divino. En la Torá Dios claramente declara su intención de traer a los judíos de vuelta a Israel de los más lejanos rincones de la tierra. En 1990, la Unión Soviética colapsó, casi de la noche a la mañana, y a través de la andrajosa ‘cortina de hierro’ 450.000 judíos salieron hacia Israel. En una década, la población judía de Israel ha aumentado en una taza del 10% y toda mención acerca de la amenaza demográfica ha desaparecido de los medios de prensa.

Ahora Phil, que ama profundamente a Israel, está convencido de que va a cometer un suicidio político. Después del fracaso de Oslo y las casi fatales ofertas en Camp David, columnistas pro-Israel en los medios de comunicación Americanos advirtieron que si EE.UU. y Europa continúan presionando a Israel a hacer concesiones peligrosas, el mapa del medio oriente que aparece en los textos palestinos – con Israel totalmente ausente – puede resultar exacto. Estando de acuerdo con ellos, Phil opina que a los líderes israelíes les falta la voluntad política de tomar los pasos políticamente incorrectos necesarios para quitarle poder a la autoridad palestina. Sin esas evidentes medidas, el futuro de Israel es sombrío.

No puedo discutir con los argumentos y las cifras de Phil, pero sé que Dios no está circunscrito a ellas. La historia de Januca viene a enseñarnos cómo la historia puede tomar direcciones tan remotas y producir las victorias más improbables.

Januca

¿Qué hubiesen dicho los expertos en el año 167 A.E.C acerca de las posibilidades del viejo sacerdote Mattathias junto a su familia y amigos venciendo al grandioso ejército del imperio greco-sirio? Puedo imaginar perfectamente sus declaraciones:

“Un sacerdote ultra-ortodoxo y sus compatriotas reaccionarios levantaron la bandera de la revolución no sólo contra el prevaleciente dominio del imperio Seléucida, sino que también contra toda la cultura moderna Griega y la ilustración. Esta heterogénea banda de guerrilleros era sobrepasada en número por más de 4-1 por el ejército Seléucida, el cual ostentaba alrededor de 40.000 tropas profesionales equipadas con tecnología militar de punta, y también lo último en armas – una manada de elefantes entrenados para el combate – que ningún guerrero puede enfrentar”.

“Estos rebeldes reaccionarios, llamados macabeos, se oponen no sólo a la considerable población Griega de las llanuras costeras, sino que también a una gran proporción de los habitantes judíos que, durante el siglo y medio pasado, se adaptaron a la hegemonía mundial de la lengua griega, cultura, y religión. Así, los macabeos iniciaron una guerra civil, contra sus propios compañeros judíos progresistas, quien fueron llamados helenistas. Sin embargo, los helenistas componen los segmentos más ricos e influyentes de la sociedad judía, por lo tanto, el esfuerzo por derribarlos no es nada menos que pretencioso”.

“En breve, el intento de los macabeos de anotarse una victoria militar, derrocar la cultura progresista que dominaba al mundo entero, y reestablecer su antigua religión en el suelo de Judea será en vano”.

Los expertos hubiesen sido exactos en su análisis. Después de todo, ¿quién podría haber vaticinado que tres años después de haber proclamado su grito de adhesión, “Síganme, todos ustedes que están a favor de la ley de Dios y apoyan el pacto”, los seguidores de Mattathias reconquistarían de nuevo Jerusalem, purificando el Templo de profanaciones paganas, e instituyendo de nuevo el servicio sagrado?” Aunque la victoria final fue costosa – los enfrentamientos duraron más de veinte años y en ellos murieron cuatro de los cinco hijos de Mattathias – los macabeos finalmente triunfaron sobre los griegos.

Los rezos a Dios que agregamos durante los ocho días de Januca enfatizan la inverosimilitud de la victoria judía: “Entregaste a los fuertes en las manos de los débiles, a los muchos en las manos de los pocos…”

Januca celebra la victoria de lo remoto, lo improbable, lo virtualmente imposible. Es la antítesis de la cosmovisión griega predominante que alaba y que considera a la lógica y a las leyes de la naturaleza como absolutas. Januca demuestra que en un mundo dirigido por Dios, los milagros pueden ocurrir.

El máximo esfuerzo

El judaísmo prohíbe confiar en milagros. Un judío siempre debe ejercer el máximo esfuerzo razonable para lograr el efecto deseado. Los macabeos no se recostaron a esperar que ocurriera un milagro. Pero tampoco ellos fueron intimidados por las probabilidades, ni desalentados por las perspectivas.

La regla de oro en la historia judía ha sido siempre que cuando hemos sido desafiados espiritualmente, así como fuimos desafiados por los griegos, quienes querían exterminar nuestra religión, no nuestras vidas, luchamos físicamente, así como hicieron los macabeos. Y cuando la amenaza es física, así como fuimos amenazados durante los sucesos que desencadenaron la celebración de Purim, cuando Hamán quiso exterminar a todo el pueblo judío, luchamos espiritualmente haciendo teshuvá (retorno espiritual), así como hicieron los judíos de Shushán bajo el mando de Mordejai y Ester. Y por lo tanto, como hoy estamos siendo amenazados físicamente, debemos – adicionalmente a las medidas de autodefensa del ejército israelí – luchar espiritualmente.

Las lanzas de los macabeos son las mitzvot de hoy en día. Cada momento en que un judío se compromete a respetar Shabat o entabla amistad con un judío de una estirpe diferente, se produce una fuerza espiritual que puede hacer que la bomba de un terrorista puesta en una calle de Jerusalem falle y no se detone. (La gran mayoría de las bombas terroristas en Israel milagrosamente no detonan, o simplemente estallan en avenidas públicas llenas de gente sin herir a nadie).

Mi primo Phil me acusa de ser pasiva. En verdad, soy una guerrera espiritual. Sé que Dios ayudará a Israel si me esfuerzo en cumplir las mitzvot que no son fáciles para mí, y si otros judíos también hacen lo mismo. Si supero mi deseo de vengarme de mi desagradable vecino, entonces habré lanzado un proyectil bastante capaz de rebajar los misiles más mortales de Irán. El tiempo ha llegado para emprender una guerra espiritual contra nuestros enemigos. Cada mitzvá es un arma infinitamente más potente que cualquier arma que Bin-Laden tenga en su arsenal.

De este modo, cuando enciendas las velas de Januca, en vez de pensar que estás llevando a cabo una costumbre pintoresca de la tradición judía, date cuenta de que estás realizando un mitzvá, y las mitzvot son el antídoto espiritual contra cualquier producto bioquímico que los terroristas elaboren en sus infames laboratorios. Dios, que dirige el mundo, espera que nosotros nos esforcemos al máximo en el cumplimiento de las mitzvot. La victoria en esta guerra, así como en la guerra macabea que estamos conmemoramos, vendrá de Él.

JANUKÁ (25 KISLEV – 2 TEBET) (12-19 Diciembre 2009). Encendido y canción