Un Milagro de Januká Contemporáneo

januUn gran milagro sucedió allí. La semana pasada, dos equipos de científicos reprogramaron con éxito células de piel humana para que funcionen como si fueran células madres embrionarias. Muchos en la comunidad científica creen que esta brecha permitirá eventualmente la investigación de las células madre sin la necesidad crear y destruir embriones humanos, evadiendo de esta forma los dilemas éticos y políticos que han plagado este campo durante la última década. Las implicaciones de este grandioso descubrimiento impactan en la investigación médica de todo tipo, y acelera la carrera en búsqueda de la cura contra enfermedades que van desde el cáncer hasta el Alzheimer.

Por supuesto, el descubrimiento, que no ha sido considerado un milagro por la comunidad científica, no por ello deja de ser milagroso. No es el tipo de milagro que quiebra las leyes de la naturaleza, como la partición del mar. Es un milagro discreto, un milagro que entra dentro de los parámetros humanos y naturales, no obstante, es milagroso —y quizás más milagroso aun. Es un milagro que ocurre en el mes de Kislev, el mes de Janucá, un mes de milagros y luz, una época, según lo mencionado en la lectura de la Torá de este mes, en el que Di-s pone fin a la oscuridad.

El debate moral sobre la investigación de células madre abarca los aspectos éticos, morales y religiosos. Muchos vieron esto como un punto irreconciliable entre la ciencia y la religión, los defensores de ambos lados llevaron sus argumentos a los juzgados y a los comités gubernamentales, dispuestos a luchar hasta las últimas consecuencias. Una batalla moral que dividió a la sociedad en dos bandos, ambos separados por una razón moral.

Pero parece haber surgido una solución en el horizonte que reconciliaría estas dos fuerzas. Conducidos por un pragmatismo férreo restringiendo sus investigaciones a los parámetros éticos aceptables a todos, los investigadores científicos lograron una solución científica al problema. La solución sorprende por su simplicidad: Todo lo que tuvieron que hacer fue agregar cuatro genes. Estos cuatro genes reprogramaron los cromosomas de las células de la piel, dejándolas “en blanco”, lo que permitiría transformarlas en células de cualquier parte del cuerpo, sea el corazón, el cerebro, la sangre o los huesos.

El Dr. Yamanaka, uno de los principales responsables de este descubrimiento, calculaba que encontrar los genes correctos tomaría varios años. Milagrosamente, tomó solamente algunos meses.

Pero la solución no salió a luz hasta que preguntas teológicas fundamentales como: — ¿Cuándo comienza la vida? ¿Quién tiene derecho a definirla? ¿Di-s, alias “Diseño Inteligente”, existe? ¿La creación sucedió? —fueron discutidas en cada aula, en cada junta médica, en cada universidad, en cada legislatura nacional, en los niveles más altos del gobierno, registrados en publicaciones científicas, periódicos, y difundidas por los medios de comunicación del globo entero.

Entonces y solamente entonces, cuando la humanidad parecía a punto de aventurarse en la autodestrucción ética, un descubrimiento milagroso, aparentemente simple, marca el camino descubriendo células madres sin comprometer la santidad de la vida.

Quizás el milagro más grande de todos es cuando transformamos los obstáculos en oportunidades —cuando reconciliamos lo que pensamos irreconciliable, cuando transformamos oscuridad en luz.

Ocho minúsculas velas nos recuerdan que los milagros siguen ocurriendo.

¡Feliz Janucá!

POR FEYGL CYLICH
Feygl Cylich es una mujer jasídica, maestra, escritora, madre y abuela que vive en Melbourne, Australia. En sus años de estudiante en la Universidad de Chicago, compartió cátedra con el Dr Leon Kass quien fue recientemente elegido como Director del Comité Presidencial en Bioéticas.

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HISTORIAS DE JANUKA: El Candelabro de mi Abuela

ABUELAMi abuela es una mujer dulce y pequeña, de apenas un metro y medio de altura. Su candelabro, de más de medio metro de alto, era más que un simple candelero. Era un símbolo familiar, un imán que nos reunía.

En las vísperas de Shabat, Bobe se ponía un pañuelo de Shabat especial. Con gran fanfarria encendía cada vela. Cuando terminaba de encender la última candela, permanecía delante del candelabro con sus ojos cerrados. Lágrimas corrían por sus mejillas. Ella oraba por su marido, sus hijos casados y sus nietos. Hablaba en idish: “Estimado Padre en el Cielo, mira y protege a mi marido, hijos y nietos. Sea Tu voluntad que crezcan personas buenas, fieles a nuestra religión. Por favor concédele sustento y paciencia a mi estimado marido. Cuídanos a todos” .

Todos estábamos de pie alrededor de la mesa de Shabat con respeto. Bobe se parecía a una reina que hablaba al Rey de Reyes, a Di-s Omnipotente. Cuando terminaba su Plegaria, empezábamos nuestro Shabat.

Cuando nuestra familia creció, Bobe estaba más tiempo con sus velas. Cuando cumplió 94 años, tenía muchos nietos casados que también tenían hijos propios. Había cinco generaciones en la familia de Bobe. Al encender las velas, Bobe oraba por cada miembro de la familia.

Su candelabro estaba hecho de plata sólida con una base fuerte de plata. Todo el año tenía tres ramas de dos velas. En el medio un tallo era para otra vela. La costumbre tradicional para la víspera de Shabat es encender una vela por el padre, madre e hijos. Cuando nace un hijo, se agrega otra vela de Shabat. Mi abuela encendía cinco velas. Durante la semana de Janucá, ella agregaba dos ramas de dos velas cada una, haciendo un total de nueve velas. El candelabro estaba construido de forma que los posa-velas podían quitarse e insertarse en su lugar tacitas de aceite para el encendido especial de Janucá. Su candelabro de Shabat se convertía en Janukiá.

Durante la semana de Janucá ella le entregaba su preciado candelabro a mi abuelo para encender las velas de la fiesta. Janucá era nuestro tiempo más feliz. Todos los hijos, nietos y bisnietos venían a la casa de Bobe y Zeide para recibir el Janucá guelt (dinero de Janucá) y unirse al encendido de la Janukiá. Zeide estaba de pie orgullosamente, como un Cohen, el sacerdote del Gran Templo, cuando encendía la Menorá.

Cuando Zeide murió, Bobe pasaba sus inviernos en Miami. Y llevaba sus candelabros con ella. ¡Cada Shabat Bobe lustraba los candelabros de plata y oraba:”¡Que mi mazl (suerte) brille siempre!”

Todos esto se acabó cuando alguien robó su Candelabro. Bobe estaba marchita. Su cuerpo pequeño se agitaba como un sauce en la tormenta cuando hablaba sobre su más preciada posesión, su candelabro. ¿Cómo podían robarlo? Su única preocupación era cómo encendería sus velas.

Ella creía que su Candelabro volvería. “He orado para que el Candelabro nos protegiera, y estoy segura de que el Candelabro ha hecho eso.

Ahora rezo para que el Candelabro vuelva a mí.” Con determinación silenciosa ella oró y oró. La familia no sabía qué hacer. Inesperadamente un amigo de la infancia de Austria, el lugar de nacimiento de Bobe, nos visitó y avisó:

“Nunca había visto una Candelabro como la que vi hoy. Sorprendentemente vi una réplica de tu Candelabro, en la vidriera de una tienda de regalos”

Nos quedamos mudos.¿Podría ser que nuestro invitado había visto Candelabro robado? ¡Bobe saltó y dijo:”¡Vamos a recuperar mi Candelabro! ¡¡¡Pronto será Janucá y lo necesito!!!”

Bobe, mis padres, la dama de compañía de Bobe, y un policía fueron a la tienda de regalos. Con un destello en sus ojos y un grito de alegría Bobe tomó su Candelabro y dijo: “Nos has protegido y ahora regresas a casa conmigo.” Antes de que cualquiera pudiera decir algo, Bobe asió el Candelabro del estante y lo sostuvo cerca de su corazón. Nadie podía detenerla. Los vecinos de Bobe, judíos y no judíos, se unieron en su regreso triunfante a casa. Cuanto más se acercaba a su hogar, más personas se le unían. Bobe, vestida al estilo europeo, cargando un Candelabro casi tan grande como ella, seguida por una procesión de familiares y amigos, era un espectáculo memorable. Era de verdad un gran desfile de Janucá.

El Candelabro recibió una limpieza especial, y ese fue el Janucá más luminoso en la casa de Bobe.

¿Quién dijo que los milagros ya no suceden?

BY ELI HECHT

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A MODO DE RECORDATORIO: TODO LO QUE NECESITAS SABER SOBRE JANUKA

descargaJanuca, la fiesta de las Luces, comienza el día 25 del mes judío de Kislev, y dura ocho días. En el calendario gregoriano, generalmente cae en diciembre.

Esta guía explicará:
(1) Un poco de historia.
(2) Instrucciones para el encendido de velas.
(3) Otras costumbres.

Un Poco de Historia

La palabra hebrea Januca significa “inauguración”. En el siglo 2 AEC, la época del Segundo Templo Sagrado, el régimen sirio-griego de Antíoco pretendió alejar a los judíos del judaísmo, con la esperanza de asimilarlos a la cultura griega. Antíoco declaró ilegal la observancia del judaísmo – incluyendo la circuncisión, el Shabat y el estudio de Torá – castigando al trasgresor con pena de muerte. Muchos judíos – llamados helenistas – comenzaron a asimilarse a la cultura griega, tomando nombres griegos y casándose con no judíos. Esto comenzó a deteriorar la base de la vida judía y la práctica del judaísmo.

Cuando los griegos desafiaron a los judíos y les ordenaron sacrificar un cerdo a un dios griego, unos pocos judíos valientes tomaron las colinas de Judea en una flagrante revuelta en contra de esta amenaza a la vida judía. Liderados por Matityahu, y luego por su hijo Yehuda el Macabeo, esta pequeña banda de judíos devotos desató un conflicto armado en contra del ejército sirio-griego.

Antíoco envió miles de tropas bien armadas para aplastar la rebelión, pero después de tres años, los Macabeos tuvieron un éxito milagroso en contra de todos los pronósticos, y echaron de su tierra a los extranjeros. La victoria es equiparable a una victoria israelí en contra de todas las potencias del mundo de hoy en día, juntas.
Los guerreros judíos entraron a Jerusalem y encontraron el Templo Sagrado en ruinas y profanado con ídolos. Los Macabeos lo limpiaron, y lo reinauguraron el 25 de Kislev. Pero cuando llegó el momento de re-encender la Menorá, revisaron todo el Templo, y sólo encontraron una vasija de aceite puro que llevaba el sello del Sumo Sacerdote. De todas formas encendieron la Menorá, y fueron recompensados con un milagro: Esa pequeña vasija de aceite ardió por ocho días, el tiempo necesario para producir un nuevo suministro de aceite.

A partir de entonces, los judíos han observado una festividad durante ocho días, en honor a esta victoria histórica y al milagro del aceite. Para publicar el milagro de Januca, durante los ocho días se añaden al rezo de Shajarit las alabanzas especiales de Halel, y en las noches se enciende la janukiá.

Instrucciones para encender las velas de Januca

De acuerdo a la tradición ashkenazí, cada persona enciende su propia janukiá. En la tradición sefaradí se enciende una sola janukiá por familia.

¿Cómo debe ser la janukiá?

Para publicar qué noche de Januca es exactamente, todas las velas de la janukiá deben estar a la misma altura – y preferiblemente en línea recta. Si no es así, las velas podrían no ser distinguidas con facilidad, dando la impresión de ser una gran antorcha.

Además de las ocho velas principales, la janukiá tiene una vela auxiliar llamada “shamash”. Como tenemos prohibido utilizar las velas de Januca para cualquier otro propósito que no sea el “verlas”, cualquier beneficio que pudiéramos obtener de su luz se considera que proviene del shamash.

Como el shamash no cuenta como una de las ocho velas regulares, tu janukiá debe tener el shamash separado de algún modo – ubicado más alto que las otras velas o fuera de la línea recta.

¿Cómo deben ser las velas de Januca?

Lo más importante es que tus velas deben arder por al menos 30 minutos después de que oscurezca (¡las famosas velas de color con suerte duran eso!). En muchos lugares se pueden conseguir velas de colores más largas.
De hecho, es preferible utilizar aceite de oliva, porque el milagro de los Macabeos ocurrió con aceite de oliva. Se pueden poner vasos de vidrio con aceite en los soportes de las velas de cualquier janukiá común. En algunos lugares hasta se pueden conseguir kits de vasos descartables con el aceite dentro, ya medido.

¿Dónde se debe encender la janukiá?

Para publicitar el milagro de la mejor manera, lo ideal es encender la janukiá del lado de afuera del portal de entrada de tu casa, del lado izquierdo cuando se entra (la mezuzá está del lado derecho, de este modo estás “rodeado de mitzvot”). En Israel, mucha gente enciende afuera en cajas de vidrio construidas especialmente para una janukiá.
Si esto no es práctico, la janukiá debe ser encendida en una ventana que mire hacia la vía pública.

Quienes viven en un piso superior deben encender contra una ventana. Si, por alguna razón, la janukiá no puede ser encendida cerca de una ventana, debe ser encendida dentro de la casa sobre una mesa, esto al menos cumple la mitzvá de “publicar el milagro” para los miembros de la familia.

Como la mitzvá se cumple precisamente en el momento del encendido, si uno mueve la janukiá a un lugar más apropiado después de encenderla, entonces, no cumple con la mitzvá.

¿Cuándo se debe encender la janukiá

Preferiblemente, la janukiá debe ser encendida en el momento del anochecer. Sin embargo, es mejor esperar a que todos los miembros de la familia estén presentes. Esto aporta a la atmósfera familiar y también maximiza la mitzvá de “publicar el milagro”. La janukiá puede ser encendida (con las bendiciones) tarde en la noche, siempre que haya personas despiertas.

La janukiá debe permanecer encendida por lo menos 30 minutos después del anochecer, y durante dicho tiempo no se puede obtener beneficio de su luz.

En la tarde del viernes, la janukiá debe ser encendida 18 minutos antes de la puesta del sol. Y como la janukiá tiene que arder durante 30 minutos en la noche, las velas que se utilizan el viernes necesitan ser más grandes que las “velas de colores” normales (que por lo general no arden más de media hora).

¿Cómo se debe encender la janukiá?

La primera noche, coloca una vela en el extremoderecho, mirando de frente a la janukiá. Esto se aplica ya sea que la janukiá esté al lado de una puerta o frente a una ventana.

Otra vela es colocada como shamash (vela auxiliar más alta) que es utilizada para encender las otras. El shamash no cuenta como una de las velas.

Primero enciende el shamash, luego recita las bendiciones, y luego utiliza el shamash para encender la vela de Januca.
En la segunda noche, coloca dos velas en el extremo derecho – y utiliza el shamash para encender primero la que está más a la izquierda.

En la tercera noche, coloca tres velas en el extremo derecho – y utiliza el shamash para encender en orden, siempre de izquierda a derecha.

Sigue este mismo procedimiento cada noche de Januca… ¡hasta que todas las velas estén encendidas y resplandeciendo brillantemente!

Las bendiciones de Januca

Escucha las bendiciones del encendido de la janukiá.
Imprime el texto de estas bendiciones.
Las primeras dos bendiciones se recitan con el shamash ya encendido, inmediatamente antes de encender las velas de Januca.
Bendición #1BERAJA1

Baruj ata Ado-noi Elo-heinu melej ha-olam, Asher kid-shanu be-mitzvo-sav, Ve-tzi-vanu le-had-lik ner shel Januca.
Bendito eres Tú, Hashem, Dios nuestro, Rey del universo, que nos ha santificado con Sus preceptos y nos ha ordenado encender la vela de Januca.

BERAJA2Bendición #2

Baruj ata Ado-noi Elo-heinu melej ha-olam, She-asa ni-sim la-avo-seinu, Baia-mim ha-hem baz-man ha-ze.
Bendito eres Tú, Hashem, Dios nuestro, Rey del universo, que realizó milagros para nuestros antepasados, en aquellos días en esta época.

BERAJA3Bendición #3
Esta bendición se dice sólo la primera noche.

Baruj ata Ado-noi Elo-heinu melej ha-olam, She-he-je-ianu ve-ki-imanu Ve-hi-gi-ianu laz-man ha-ze.
Bendito eres Tú, Hashem, Dios nuestro, Rey del universo, que nos ha mantenido con vida, nos sostuvo y no ha permitido llegar a esta ocasión.

El siguiente párrafo se dice cada noche, después de que la primera vela ha sido encendida

hanerot2-Januca.

Estas velas encendemos por los milagros, las maravillas, las salvaciones y las batallas que realizaste para nuestros antepasados en aquellos días en esta época, a través de Tus santos sacerdotes. Durante los ocho días de Januca, estas velas son sagradas y no estamos autorizados para darles uso corriente, sino para contemplarlas y así poder expresar agradecimiento y alabanzas a Tu gran Nombre por Tus milagros, Tus maravillas y Tus salvaciones.

Costumbres de Januca

Después de encender la janukiá de Januca, las familias disfrutan sentándose a observar la luz de las velas, cantando y recordando los milagros de ayer y de hoy. La primera canción cantada tradicionalmente después de encender las velas es Maoz Tzur .
También se desarrollaron muchas otras costumbres, incluyendo:
Comer comida “aceitosa” como latkes (panqueques) de papa fritos y sufganiot (rosquillas de mermelada) en conmemoración del milagro del aceite.
Dar Januca Gelt (monedas) a los chicos.
Hacer girar el Sevivón, un trompo de cuatro lados con una letra en cada uno de ellos.

¿Cuál es el origen del sevivón?

En tiempos de persecución, cuando el estudio de Torá estaba prohibido, los niños judíos estudiaban igual. Cuando los soldados investigaban, los niños sacaban un Sevivón y simulaban estar jugando.
Las letras en el Sevivón son nun, guimel, hei, shin – las iniciales de Nes Gadol Haiá Sham – “Un Gran Milagro Ocurrió Allí” (en Israel, la última letra es una pei – “Aquí”). Una forma de jugar con el Sevivón es ver quién puede mantener girando el suyo por más tiempo. O, como alternativa, ver cuántos Sevivón puedes hacer girar simultáneamente.
Otra versión del Sevivón es donde los jugadores utilizan monedas, nueces, pasas de uva o monedas de chocolate como fichas. Cada jugador pone una parte igual en el “pozo”. El primer jugador hace girar el Sevivón. Cuando el Sevivón se detiene, la letra que está arriba define:
Nun – no ocurre nada, el jugador siguiente gira el Sevivón.
Guimel – quien hizo girar el Sevivón se lleva el pozo.
Hei – quien hizo girar el Sevivón se lleva medio pozo.
Shin – quien hizo girar el Sevivón agrega al pozo la misma cantidad que hay.
En Januca añadimos “Al Hanisim” – un párrafo que describe el milagro de Januca – en el rezo de la Amidá y en la Bendición Después de las Comidas.
¡Feliz Januca!

por

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JANUKA 5775

HANUKA 5773 ( del 8 al 16 de Diciembre 2012). BERAJOT (Bendiciones) para encender la JANUKYA

janujanu

Antes de encender las luces de Jánuca y despues de haber recitado la Habdalá, En esta primera noche de Jánuca, Motzae Shabat  8 de diciembre de 2012, recitamos las tres bendiciones. En cada noche  subsiguiente se recitan solo las dos primeras bendiciones.

januka 1

1. Baruj Atá A-do-nai E-lo-heinu Melej Haolam asher kideshanu bemitzvotav vetzivanu lehadlik ner Janucá.

2. Baruj Atá A-do-nai E-lo-heinu Melej Haolam sheasá nisím laavotenu baiamim hahem bizmán hazé.

januka 2 

3. Baruj Atá A-do-nai E-lo-heinu Melej Haolam shehejeianu vekiemánu vehiguianu lizman hazé.

Traducción:

1. Bendito eres Tú, Di-s nuestro Señor, Rey del Universo, Quien nos ha santificado con Sus preceptos y nos ha ordenado encender la vela de Janucá.

2. Bendito eres Tú, Di-s nuestro Señor, Rey del Universo, Quien hizo milagros a nuestros antepasados, en aquellos días, en esta época.

3. Bendito eres Tú, Di-s nuestro Señor, Rey del Universo, Quien nos otorgó vida, nos sustentó y nos hizo llegar hasta la presente ocasión.

Después que se encendieron las luces de Janucá se acostumbra a recitar o cantar el himno Hanerot Halalu.

januka 3

Hanerot Halalu Anu Madlikim Al Hanisim Veal Haniflaót, Sheasita  Laavoteinu Baiamim Hahem Bazeman Haze, Al Iedei Kohaneja Hakedoshim. Vejol  Shemonat Iemey Ha-Januka. Hanerot Halalu Kodesh Hem, Veein Lanú Reshut Lehishtamesh Bahem, Ela Lireotam Bilvad, Kedei Lehodot ulehalel .Le-Shimja Ha-Gadol Al Niseja veal Nifleoteja Ve-Al Yeshuateja.

Traducción:

Encenderemos estas velas con motivo de las salvaciones, milagros, maravillas que has realizado con nuestros antepasados en aquellos días en esta época, por intermedio de tus santos sacerdotes. Estas luces son sagradas durante los ocho días de Janucá, y no nos es permitido emplearlas de ninguna manera sino solamente observarlas para agradecer y alabar tu nombre por tus milagros, maravillas y salvaciones.

Y por último el Salmo nº 30 de Tehelim

mizmor 1

MIZMOR SHIR JANUKAT HABAIT LEDAVID AROMIMJA ADONAY KI DILITANI VELO SIMAJTA OIVAI LI.  ADONAY ELOHAY SHIBATI ELEJA VATIRPAHENI ADONAY EELITA MIN SHEOL NAFSHI JIITANI MIIARDI VOR ZAMERU LADONAY JASIDAB VEODU LEZEJER KODSHO KI REGA VEAPO JAIM VIRTZONO BAEREV IALIN BEJI BELABOKER RINA VAANI AMARTI VESHALVI BAL EMOT LEOLAM ADONAY BIRTZONEJA EEMADTA LEARERI OZ, ISTARTA FANEJA AITI NIVHAL ELEJA ADONAY EKRA VEEL ADONAY ETJANAN MA BETZA BEDAMI BERIDTI EL SHAJAT AIODEJA AFAR AIAGUID AMITEJA SHEMA ADONAY VEJONENI ADONY EIE OZER LI AFAJTA MISPEDI LEMAJOL LI PITAJTA SAKI VATEAZERENI SIMJA LEMAAN IESAMERJA JABOD VELO IDOM ADONAY ELOHAI LEOLAM ODEKA.

Tradución

Te exaltaré, Señor, porque me rescataste; no permitiste que mis enemigos triunfaran sobre mí. Oh Señor, mi Dios, clamé a ti por ayuda,   y me devolviste la salud. Me levantaste de la tumba, oh Señor; me libraste de caer en la fosa de la muerte.

 ¡Canten al Señor, ustedes los justos! Alaben su santo nombre. Pues su ira dura sólo un instante, ¡pero su favor perdura toda una vida! El llanto podrá durar toda la noche, pero con la mañana llega la alegría.

 Cuando yo tenía prosperidad, decía:  «¡Ahora nada puede detenerme!».Tu favor, oh Señor, me hizo tan firme como una montaña; después te apartaste de mí, y quedé destrozado.

A ti clamé, oh Señor. supliqué al Señor que tuviera misericordia, le dije:Qué ganarás si me muero,si me hundo en la tumba? ¿Acaso podrá mi polvo alabarte? ¿Podrá hablar de tu fidelidad? 10 Escúchame, Señor, y ten misericordia de mí;  ayúdame, oh Señor».

 Tú cambiaste mi duelo en alegre danza;me quitaste la ropa de luto y me vestiste de alegría,para que yo te cante alabanzas y no me quede callado.  Oh Señor, mi Dios, ¡por siempre te daré gracias!

¡¡ FELIZ HANUKÁ !!

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SHABAT SHALOM VEJANUKA SAMEAJ

JANUKÁ (25 KISLEV – 2 TEBET) (2-9 Diciembre 2010). En Alas de la Menorá

Janucá recién había pasado y blandos copos de nieves llenaban el aire duro y helado del mes de Tevet. David salió de la cama con su tibio pijama y apretó la nariz contra el ventanal observando cómo la calle se tornaba blanca. Si la nieve seguía apilándose durante la noche, por la mañana podría divertirse, construyendo hombres de nieve, jugando batallas… Pero David no estaba demasiado excitado ante estas ideas, como podría esperarse de un chico que ve caer la primera nevada de la temporada. En realidad, se sentía triste en ese momento.

David era hijo único. Janucá significaba mucho para él. Amaba cada minuto de sus ocho días. Amaba ver a su padre encendiendo las velas de Janucá y amaba encender su propia lámpara. Esta era la época en que sus primos lo visitaban. David no tenía hermanos, pero si muchos primos. Cada noche de Janucá muchos de ellos lo visitaban y mientras las luces de Janucá ardían, ellos jugaban. Comían buñuelos calientes para disfrutar aún más de esos momentos. Papá siempre llegaba a casa temprano en esos días, pues nunca salía en viajes de negocios durante Janucá, y a menudo tomaba parte en los juegos. También estaba el Januque Guelt (dinero) y los regalos. Pero ahora todo eso había terminado. La casa estaba tranquila nuevamente y las noches se hacían largas. ¡Cómo le hubiera gustado a David que Janucá durase toda la vida!
Pero, un momento… ¿qué es eso? David se frotó los ojos. No podía ser. Miró una y otra vez pero no había error. Allí estaba, la hermosa Menorá de plata de Janucá, flotando en el aire, en medio de los copos blancos. Debo estar soñando, pensó David. ¡Si hace un momento vi a la Menorá de plata tras la vitrina del armario, bien lustrada y lista para esperar hasta el año siguiente!
Pero no había posibilidad de equivocación. Era su hermosa y amada Menorá flotando en el aire, con el brillo de ocho velas alumbrando alegremente en el viento, cada vez más y más … y mientras David abría grandes los ojos por el asombro, la Menorá le hizo señas para que saliera.

-“Vete” balbuceó David. “No seas tonta. La Menorá sin duda está en el armario. Y de todas maneras como puede salir caminando a través del ventanal y caminar por el aire flotando como un copo de nieve? A lo mejor una Menorá puede hacerlo, pero yo no…

Pero esperen, ¿qué es lo que está ocurriendo? Las llamas de la Menorá se desprendían de ésta y volaban hacia él, haciéndole señales para que saliera. Era tan fácil después de todo… La ventana se abrió y enseguida se encontró flotando hacia la Menorá.
¡Qué fantástico! Mañana podría contárselo a sus compañeros en la escuela, aunque sin duda nadie le creería. Ven David, cantaban alegremente las llamas. -Te mostraremos cosas sobre la vida de la Menorá y todo lo que hace durante el año mientras aguarda Janucá.
-Eso debe ser interesante, dijo David mientras se dejaba llevar por las afables lucecitas. Flotando fácilmente sobre los techos, David vio las casas de la ciudad perderse bajo su cuerpo. Ahora ya no había nada más que un cielo estrellado encima y luces tenues abajo, que decrecían constantemente.
-¿A dónde me llevan?, preguntó David a las llamitas. Mi mamá se preocupará cuando llegue a mi dormitorio para apagar las luces y darme las buenas noches. -Volveremos a tiempo, te lo prometo. No tienes nada de que preocuparse. ¿Te gusta el vuelo?
-Es maravilloso. Nunca pensé que sería así, replicó David entusiasmado, aunque en lo profundo de su corazón estaba algo preocupado acerca del fin que tendría esa extraña aventura. Más rápido flotaron por el espacio, llevados por una fuerte brisa. David miró para abajo y no vió más que un vasto océano, pero arriba las estrellas brillaban alegres y sintió como las lucecitas le asían fuertemente por las manos, con seguridad.
Y dirigiendo el camino estaban las ocho brillantes luces de Janucá que resplandecían más que nunca en la noche oscura. Ahora comenzó a sentir brisas calientes en sus mejillas. La oscuridad de la noche comenzó a disiparse y el amanecer ya irrumpía frente a ellos. Los primeros rayos del sol asomaron tímidamente. Los copos de nieve había desaparecido hacia mucho y abajo David podía ver pastos y palmeras, agitadas por el viento. Colinas ondulantes y verdes valles pasaban ante sus ojos, bañados por el tibio resplandor dorado del sol matutino.
Todo esto parece familiar, pensó David. Es como los dibujos en mi libro de historia de la Biblia. Como leyendo sus pensamientos, las llamas dijeron: -Estás en lo cierto, David, estamos ahora en Tierra Santa, pero no podemos detenernos aquí esta vez, aún tenemos mucho camino que hacer, pero llegaremos enseguida.
Ahora atravesaban un vasto desierto, con arena dorada hasta donde el ojo podía ver. Luego fueron altas montañas y más allá David pudo escuchar el sonido de aguas rugientes. Este debe ser el Río Sambatyon, pensó David. Las velitas sonrieron: -Shalom David, dijo una voz cálida.
David se dio vuelta sorprendido; no se había dado cuenta de que ya habían descendido y se encontraba parado sobre tierra blanda. Se encontró mirando el rostro de un hombre viejo, de larga barba, todo vestido de blanco. -Shalom nuevamente y saludos de las Diez Tribus más allá del Sambatyon. Debes amar mucho a Janucá para merecer este tratamiento, dijo el hombre.
-Así es, amo mucho a Janucá dijo David. Pero dígame por favor señor, ¿dónde estoy y quién es usted? -Sin duda, David, tu habrás oído hablar de las Diez Tribus “perdidas” de Israel. Pues bien, como ves, no estamos perdidos para nada. Estamos todos aquí.
-SI, sin duda he escuchado hablar de ustedes. Anoche mismo mi padre me leyó una historia sobre ustedes. Pero, ¿fue ayer a la noche? Ya no sé. Parece que hubieran pasado siglos. De todas maneras, yo sé mucho sobre ustedes. Luego de la caída del Reino de Israel, desaparecieron y nadie sabe qué les ocurrió. Me alegro de que estén a salvo.

El hombre sonrió. Eres un niño inteligente, David. Sí, aquí estamos a salvo y vivimos felices, sirviendo en verdad a Di-s, como cualquier hijo de Abraham, Isaac y Jacob. Ningún extraño llega a este lugar. Sólo de vez en cuando algún niño que realmente ama Janucá y los otros Días Sagrados tanto como tú, tiene el privilegio de poder ver este lugar. Pero no falta mucho para que el justo Mesías llegue; entonces nos uniremos al resto de nuestros hermanos judíos y marcharemos a Tierra Santa…

-Quieres decir…. balbuceó David excitado
-Sí, mi joven amigo, dijo el hombre significativamente.
-Pero debes tener hambre luego de un viaje tan largo. Diciendo así, golpeó las palmas y al instante un joven, también vestido de blanco, salió de una tienda cercana, portando una bandeja dorada. Sobre ella había un vaso de gran belleza. “Sírvete”, dijo el hombre.
-¿Qué es?, preguntó David.
-“Maná”, contestó el hombre con un brillo pícaro en sus ojos.
¿Cómo? ¿Maná?, exclamó David temblando de emoción.
-Sí, maná. Sin duda sabes de que se trata.
-¡Como no voy a saberlo!, afirmó David. Recordó la jarra de Maná que Moisés había guardado como recuerdo de aquel maravilloso milagro en el desierto’, luego de haber dejado Egipto los hijos de Israel. Pero eso ocurrió hace más de tres mil años. A ver. ‘ . fue en el año 1948 luego de la Creación que los hijos de Israel salieron de Egipto. ¡Que maravillas
-Me alegro de que te acuerdes del Jumash tan bien. Pero vamos, prueba un poco; tienes hambre. David vaciló. -¿Qué bendición debo decir antes de comer Maná?, preguntó.

Es bueno que te hayas acordado de la bendición. Podrías haberlo arruinado todo de no ser así. Pues bien, ¿cuál es la bendición que dices por el pan?

-Todos los chicos saben eso. Pero este no es pan de la tierra. Es pan del cielo.
-Exactamente. De manera que así debes hacer la bendición.
David cerró los ojos. Quería realizar la bendición con todo su corazón. “Bendito eres Tú… que traes el pan del cielo”. Entonces tomó al Maná y lo llevó a la boca y su corazón saltó de alegría, pues nunca, nunca, había probado algo tan maravilloso.
Por un momento David pensó que se iba a desmayar de la emoción, pero sintió el Maná disolverse en su boca y extenderse por su cuerpo, otorgándole una sensación de gran poderío, y un gran amor por Di-s, como nunca antes lo había sentido.

Mientras David saboreaba el Maná, el anciano dijo:

-Cuando llegue el Mesías, y todos los muertos se levanten y vuelvan a la vida nuevamente, Moisés mismo traerá el Maná y todos los que hayan vivido una buena vida judía, realizarán esta misma bendición lo ingerirán y les dará fuerza y sabiduría…

-¿Cuándo ocurría todo ello?, preguntó David. Antes de contestar el hombre besó a David en la frente con gran afecto… David sintió el beso en su frente y escuchó el “click” de la luz. Mamá había apagado las luces.

Se sentó en la cama. -¡Oh mamá, fuiste tú! ¿Porqué tuviste que despertarme justo ahora? Tenía tantas preguntas más que hacerle… David se recostó sobre la almohada y dos lágrimas, como perlas, bajaron por sus mejillas.
Mamá se sentó en la cama. Con ternura enjugó las lágrimas de David. -¿Quiéres contarme que pasó?, preguntó suavemente. Pero los ojos de David se llenaron nuevamente de lágrimas. Mañana te lo contaré todo. Ahora quiero cerrar los ojos y pensar en ello.
-¡Fue maravilloso! Buenas noches, mamá. Soy muy feliz.

(extraído del libro Maase Abot – Relatos Jasídicos , (C) Edit. Benei Sholem)