Kabalat Shabat

El término Kabalat Shabat tiene varios significados. En primer lugar por ejemplo, encontramos una nomenclatura similar en el caso de un guer, que es una persona que se convierte al judaísmo y que requiere kabalat ol maljut shamáyim, “asumir el yugo del reino celestial.” De manera similar hay personas que ayunan en el día del yórzait (el aniversario del fallecimiento de algún deudo según el calendario judío), y esta decisión de abstenerse de ingerir alimentos en un día específico se denomina kabalat taanit. Nuestra tradición exige alguna acción o manifestación, ya sea de orden físico o intelectual, que demuestre la firme resolución de incorporarnos al día Shabat con todas sus implicaciones legales en lo referente a los diversos tipos de “trabajo” (treinta y nueve melajot) que están prohibidos en ese día. El rezo de la noche de Shabat es considerado como una acción con la cual nos incorporamos al día sagrado.

El segundo significado de este término se refiere a “ir a recibir al Shabat que se avecina”. Según el Talmud, los jajamim solían vestir sus más elegantes vestimentas en la víspera de Shabat. Rabí Janina, relata el Talmud, les decía a sus compañeros, “vayamos a recibir a la reina Shabat”. Rabí Yanai respondía entonces, “ingresa, oh novia (Shabat,) ingresa, oh novia”. Un milenio después, los Cabalistas de Zfat salen al campo en la víspera de Shabat, recitando seis salmos (correspondientes a los seis días laborables de la semana) en el momento cuando el sol está por ponerse para dar inicio al día sagrado de descanso semanal. El dirigirse a las afueras de la ciudad para recibir al Shabat, (se solía recibir a visitantes muy importantes en esta forma) era su manera de mostrar respeto y ansiedad por el comienzo del día sagrado semanal.

En particular, Kabalat Shabat es el nombre que recibe la primera parte del servicio religioso del viernes en la noche. Este servicio consiste en el conjunto de los seis salmos mencionados anteriormente, añadiendo lejá dodí, que es un poema compuesto por el místico Rabí Shlomó HaLeví Alkabetz y dos salmos adicionales (que incluye al salmo mizmor shir leyom haShabat).

El tema de los seis salmos iniciales es el reconocimiento de Dios como el creador y conductor del destino del universo. Debemos tener presente que nuestra observancia de Shabat está ligada a la creación del universo. Dios creó el mundo en seis días, y declaró al séptimo día, Shabat, como un día de descanso universal. Estos salmos, por lo tanto, exaltan el poderío del Creador que se manifiesta a través de los grandes mares, las montañas imponentes y por medio de las inagotables fuerzas que contiene la naturaleza. La musa del salmista apunta que los propios árboles de los bosques estallan en canto ante el Dios que juzga con rectitud a los pueblos y al mundo.

Los salmos también enfatizan que el mundo creado por Dios tiene un importante ingrediente moral. Ohavei haShem sinú ra, “los que aman a Dios, odian el mal”, exclama el salmista. Uno no puede permanecer indiferente frente a los sucesos. No es suficiente hacer el bien. Es necesario, simultáneamente, combatir el mal. El justo posee una iluminación inmaculada y la alegría acompaña a quien posee un corazón de rectitud, asegura el salmo.

LEJA DODI

El nombre del autor de este poema al Shabat, Shelomó haLeví, aparece a través de las iniciales de las estrofas de lejá dodí, y su inclusión en el servicio religioso de Kabalat Shabat fue aprobada por Arizal, el gran Cabalista de Zfat. La inspiración poética de Shlomó haLeví describe al Shabat como una novia, aludiendo que el pueblo Judío es el novio. Por lo tanto, anticipamos el arribo del día descanso, con la misma ansiedad que un novio espera la llegada de su prometida que es su novia. Hay quienes sugieren que la palabra kalá, “novia”, es tal vez una referencia a la Shejiná, que es la Presencia Divina que está ausente en el galut, “diáspora”, debido a nuestros errores y pecados. De acuerdo con esta interpretación del vocablo kalá, lejá dodí es una expresión de nuestro profundo anhelo por el retorno de la Shejiná. O sea que se le de término al exilio de nuestro pueblo.

SHIR LEYOM HASHABAT

Con la recitación del salmo XCII se da inicio formal al Shabat. No obstante el título de este salmo, los versículos siguientes no mencionan el Shabat. Su mensaje es futurista y según la interpretación de algunos es una referencia al olam habá “el mundo del más allá”. Y el olam habá es armonía y tranquilidad, espiritualidad y paz, o sea es todo Shabat. “Es bueno alabar al Eterno…, lehaguid babóker jasdeja, “declarando Tu benevolencia por la mañana, veemunatjá baleilot, “y Tu fidelidad (o nuestra fe en Ti) por las noches”, dice el salmo. Bóker y laila, “mañana y noche”, pueden ser alusiones a las victorias y a las derrotas, a la redención y al exilio. En el bóker, el jésed, “benevolencia”, de Dios es aparente y oportuna para todos. Por ejemplo, cuando nuestros antepasados salieron de Egipto, el Mar Rojo fue dividido en dos a la luz del día y todos pudieron participar en as yashir Moshé, en el canto de alabanza y agradecimiento al Eterno de Moshé. Pero en el medio de laila, en los momentos de dificultades y de agonías, cuando no es aparente la Providencia de Dios, se requiere emuná, es necesaria la fe. Durante el doloroso período de la Inquisición era indispensable una dosis de fe para mantener la esperanza y la integridad espiritual.

Tzadik katamar yifraj, “el justo florecerá como la palmera”, continua nuestro salmista. ¿Por qué fue escogida la palmera? Tal vez porque sus raíces son muy profundas y por lo tanto puede prosperar aun en lugares que carecen de aguas superficiales. El justo posee una fortaleza espiritual que le permite permanecer fiel a sus principios, aun en momentos de grandes dificultades. La contaminación del entorno de nuestras sociedades, con sus frecuentes descarríos, no lo desvía de su compromiso incondicional con la justicia y la moralidad.

Los momentos de dificultad y reto, separan a los oportunistas de quienes tienen un cometido firme con un ideal. El tzadik no sucumbe, y no compromete sus principios. Las derrotas le sirven para el recogimiento y la reflexión. Las victorias son oportunidades para reconocer y exaltar a la Shejiná, la Presencia Divina en el desenvolvimiento de la historia de la humanidad.

La crueldad y el mal pueden obtener victorias momentáneas. Bifróaj reshaim kemó ésev, “cuando los malvados florecen como la yerba”, dice el salmista, y el mundo aparenta facilitarles sus maldades, estamos solamente ante un episodio circunstancial y pasajero. Porque eventualmente estas acciones destructivas tendrán el desenlace de lehishamdam adei ad, “para ser destruidos por siempre”.

Sin embargo, la proliferación de los males que azotan al hombre moderno contradice la probabilidad de esta feliz conclusión. Los traficantes de drogas se enriquecen cada vez más y los mercaderes de armas son más pudientes por el incremento de los conflictos bélicos. No obstante estas realidades, el hombre de fe sitúa su confianza en la eventual victoria de la bondad sobre la maldad. Porque en la presencia de peligros globales y de amenazas a la supervivencia de nuestra especie, los seres humanos unimos esfuerzos y voluntades. En aquellas oportunidades aprendemos que la convivencia y la armonía entre todos, son indispensables. Para el creyente existe un proceso teleológico, histórico y espiritual incontenible que conduce a un desenlace final, que es la venida del Mashíaj, el redentor de toda la humanidad.