La Mujer está exenta de ciertas Mitzvot

De las 613 mitzvot de la  Torá, la mujer está exenta sólo de siete que todo hombre debe cumplir. (Hay  otros mandamientos que sólo son para ciertos individuos o grupos como los  cohanim, el primogénito, levitas, reyes, hombres casados, etc.). Estas siete  mitzvot positivas están sujetas al tiempo y requieren que el judío diga el rezo  de la Shemá, lleve Tefilín, Tzitzit, cuente el Omer (los días entre las  festividades de Pesaj y Shavuot), escuche el toque del Shofar (cuerno de  carnero) en Rosh HaShaná (año nuevo judío), se siente en una Sucá en la  festividad de Sucot (Tabernáculo) y tome un Lulav (una palma hecha de atado de  mirto y sauce) y un Etrog (toronja) el primer día de Sucot. Con la exención de  llevar Tefilín, la mujer ashkenazita no tiene prohibido realizar estas mitzvot.  De hecho ellas asumen con frecuencia el cumplimiento de estas últimas cinco con  exención de la puesta del Tzitzit (las mujeres sefaraditas no acostumbran  cumplir estas mitzvot).

Una de las razones  expuestas del por qué los hombres deben observar las mitzvot ligadas al tiempo,  más que las mujeres, es que el hombre necesita más de algo externo que le  recuerde lo precioso del tiempo, y necesitan de refuerzos extras para hacer uso  de esto con fines espirituales. Algunas formas de recordar el tiempo son  superfluas para la mujer, ya que poseen relojes biológicos internos que corren  según los días, meses y años (N. Lamm, A Hedge of Roses, Jerusalem; Feldheim,  1977, p. 76)
La Torá nos enseña que  el tiempo es potencialmente sagrado. Cada instante tiene su propio significado,  y cada momento del día es propicio para cumplir una meta espiritual. Las mitzvot  ligadas al tiempo sirven para mantener al judío en constante alerta del  potencial de la santidad del tiempo, lo que se logra mediante nuestras acciones.  Los hombres al no estar ligados al reloj biológico, necesitan rodearse de  mitzvot al comienzo de cada día, como una forma de tomar conciencia del tiempo.  Se ponen durante todo el día el Tzitzit (vestimenta interna con flecos en las  cuatro puntas), rezan el oficio matutino, se ponen el Talit (manto para el rezo  con flecos en las cuatro puntas) y los Tefilím (filacterias). Cada mes,  refuerzan conciencia del tiempo, santificando el nuevo mes y estableciendo  nuevas metas cada año y se proponen mantener vívida su espiritualidad en el  intervalo de una festividad a otra.

Como los hombres poseen  más daat, tienden a apegarse más a los detalles de lo secular del mundo externo.  Es por ello que necesitan advertencias externas que les recuerden la importancia  de la santidad del tiempo. La mujer tiene ritmos biológicos internos que sirven  al mismo propósito. Los judíos no consideran al ciclo menstrual de la mujer como  un accidente de la naturaleza. Di-s lo creó deliberadamente para enseñar una  específica lección espiritual.

Una de las formas por la  que la mujer refuerza el mensaje de su ciclo menstrual es cuidando las leyes de  pureza familiar, las que enaltecen su conciencia de la santidad del tiempo.  Tanto el hombre que cumple los mandamientos ligados al tiempo y presta atención  en santificar el mundo externo, como la mujer que cuida la pureza familiar y  atiende el mundo interior, pueden imitar a Di-s y santificar la vida. sin  embargo ambos logran el mismo objetivo por diferentes vías, las que son propias  a cada sexo.
Prioridades  diferenciales
Otra razón que ha sido  propuesta acerca de por qué las mujeres están exentas de cumplir con ciertas  mitzvot que únicamente pueden ser efectuadas en su tiempo definido, es porque  este requerimiento crearía mucha tensión para ellas. A pesar de que las mujeres  no están obligadas a casarse o a tener hijos, el judaismo reconoce la  posibilidad de que ellas probablemente optarían por las dos. Para poder  facilitar estas elecciones, la Torá no las obliga a cumplir ciertos mandamientos  sujetos a un tiempo definido. esto es porque las responsabilidades principales  de una mujer casada ( especialmente si tiene hijos), son sus familias y hogares  y si tuvieran otras responsabilidades sobre sus cabezas injustamente las pondría  bajo presión. Aquello que es requerido que las mujeres hagan es algo tan  criticamente importante para poder garantizar la eternidad del pueblo judío, que  sobrepasa la obligación de cumplir con mitzvot sujetas al tiempo.

Debido a que a los  hombres les corresponde refinarse a si mismos frente al mundo externo, el  judaismo supone que es probable que a traves de su interacción con el mundo  externo, se aparten de sus verdaderos objetivos espirituales. por eso los  mandamientos que están sujetos al tiempo y que gobiernan el comportamiento y el  tiempo del hombre, les enseñan cada mañana al despertarse que su principal  prioridad es la de consagrar su corazón y mente para servir a Di-s durante el  resto del día. Esto previene que el hombre sea capturado por el comer, trabajar,  o ser egocentrista, lo cual lo llevaría a ver el mundo secular como un fin en si  mismo.

Ya que las mujeres deben  realizarse desarrollándose en formas internas, sus mentes no deben ser apartadas  a través de distracciones externas, así como los hombres, para poder enfocarse  en su relación con Di-s. Existe una suposición de que las mujeres se encuentran  innatamente mucho más enfocadas en sus estados internos de lo que los hombres lo  están, y que las mujeres están más concientes de las necesidades de los otros.  Debido a esto, su terreno de realización personal les permite tener que cumplir  menos rituales. Esto es porque la Torá asume que las mujeres utilizarán su biná  para poder dar de ellas mismas hacia los otros, en vez de ser distraidas por el  mundo externo.
Así, por ejemplo, cuando  cada mañana la familia se despierta, inmediatamente la mujer comienza a ocuparse  de las necesidades de los otros, si tiene niños pequeños, lo primero que hará es  darle de comer al bebe, preparar el desayuno para otros niños y mandarlos a la  escuela; si le fuera exigido asistir tempranamente en la mañana a un minian,  sería contraproductivo para el mantenimiento de la familia. Su prioridad  esencial es la de imitar a Di-s a traves de atender a sus hijos, una vez que  esto ha sido realizado, su atención debe de estar directamente enfocada a Di-s.  si ella estuviera obligada a cumplir las mitzvot sujetas a tiempo definido,  continuamente interferirían en su capacidad de ocuparse de las necesidades de su  familia, las cuales son principales (Avudraham).
Las mujeres no están  obligadas a asistir a los rezos en la sinagoga; sin embargo aquellas mujeres que  no afectarían las necesidades de sus familias son alentadas a desarrollar su  conexión con Di-s a través de rezar diariamente, incluyendo el asistir a la  sinagoga si así lo desean. También deben de tratar de dar su tiempo para dar  caridad y ocuparse de los otros; por ejemplo si tienen ingresos pueden dar el  diez por ciento de ellos a gente necesitada, pueden voluntarizar su tiempo libre  o el profesional para aquellos que necesitan ayuda o demostrarles preocupación y  consuelo. Adicionalmente las mujeres son incitadas a estudiar Torá de la manera  que les sea más relevante para ellas.
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La ventana de Abraham

Abraham era un comerciante como cualquier otro. Lo que no tenía como cualquier otro era una cualidad en la que sobresalía más que nadie: su casa siempre estaba abierta para el que lo necesitara. Con el cumplimento de esta mitzvá, él y su esposa se ganaron el afecto de todos los yehudim de la ciudad.
Cierta vez llegó Rabí Mordejay, uno de los más importantes personajes de la época. Abraham se adelantó e invitó al Rab a alojarse en su casa, logrando su cometido a pesar de la insistencia
de otros muchos más ricos que él. El Rab no se arrepintió de haber pasado esos días en la casa de Abraham.
Se quedó profundamente impresionado. A pesar de su sencillez, vio que no sólo a él lo atendían a cuerpo de rey, sino a todos los pobres y necesitados que solicitaban de su generosidad. Antes de
marcharse, el Rab bendijo a Abraham y le deseó que Hashem le envíara bienestar y riqueza.
La berajá se cumplió con creces: Al poco tiempo, Abraham se convirtió en un próspero comerciante, dueño de grandes empresas y campos.
Su modesta casa fue remplazada por un palacio residencial colmado de lujos. Cuando aparecía Abraham y su esposa en público, ya se los veía con las ropas más suntuosas. Pero no sólo
exteriormente cambiaron, sino también interiormente: la casa ya no era el lugar donde todos los necesitados acudían a cobijarse. Los que tocaban la puerta se encontraban con un mayordomo que les negaba la entrada.
Algunos decían que Abraham no quería que sus valiosos y delicados objetos y muebles de la casa de vieran deteriorados con el entrar y salir de la gente. Otros lo defendían diciendo que Abraham ya no tenía tanto tiempo para atender a las visitas que no le redituaban ningún beneficio comercial; estaba muy ocupado en sus negocios y sólo se relacionaba con gente muy importante. La cuestión era que la casa de Abraham, antes apodada “la casa de Abraham Abinu”, ya únicamente se conocía por fuera.
Se enteró el Rab de todo esto y pensó angustiado: “¡Ay de mí! Mi berajá sirvió para beneficiar a uno, ¡pero para perjudicar a muchos..!”, y tomó la decisión de ir a solucionar personalmente la
situación.
Cuando el mayordomo avisó a su amo Abraham quién estaba en la puerta insistiendo en entrar, salió rápidamente a recibir al que propició que se haya transformado en un acaudalado.
– ¡Perdóneme, Rab! – se disculpó Abraham – es que mi mayordomo tiene orden de no dejar entrar a cualquiera. Pero usted aquí es el dueño de todo esto. Pase, por favor.
El Rab quiso decir algo, pero se contuvo. Entró y siguió a Abraham por toda la casa, mientras éste se preocupaba por mostrarle cada uno de los rincones.
Llegaron a una ventana y el Rab se detuvo.
Llamó a Abraham y le dijo:
– Dime: ¿Tú sabes quién es ése que está ahí enfrente?
– Sí, Rab – respondió Abraham Abinu –, es Shemuel, el sastre.
– Y esa señora ahí parada, ¿quién es?
– Es la viuda de Mijael, el carnicero.
Antes de que Abraham alcanzara a preguntar al Rab la razón de sus preguntas, fue tomado de la mano y llevado a uno de los rincones de la casa, donde había pasado anteriormente. El Rab se paró frente a un espejo y, señalándolo, dijo a Abraham:
– Dime ahora: ¿qué ves aquí?
– Pues… ¡Me veo a mí mismo!, – respondió Abraham extrañado.
– ¡Qué raro! – decía como por lo bajo el Rab –. Cuando te paraste frente a la ventana viste a la gente, y cuando te paraste frente al espejo te viste a ti. ¡Y las dos cosas están hechas de vidrio! ¿Por qué? ¿Qué diferencia existe entre el cristal y el espejo?
Abraham sabía que el Rab no ignoraba la respuesta, pero intuía que quería decirle algo más. Por eso le explicó:
– Bueno. El vidrio de la ventana no tiene nada, es traslúcido, y por eso se puede ver a través de él. El vidrio del espejo tiene una película de plata, lo que hace que las imágenes se reflejen.
– ¿Ya ves?, eso fue lo que cambió tu vida. Antes, tu casa tenía ventanas traslúcidas, lo que te permitía ver a la gente pobre y necesitada para invitarlas y compartir tu hogar. Después, los vidrios se llenaron de “plata”; de dinero; de bienes materiales… Ahora sólo te ves a ti mismo.
Cuando el Rab vio que la expresión facial de Abraham demostró que captó el mensaje, siguió hablando.
–Tu situación cambió, gracias a Hashem, pero la de muchos pobres y necesitados aún no. Y es ahora cuando tú más puedes ayudarlos.
Es ahora cuando más puede seguir siendo tu casa “la casa de Abraham Abinu…”
Desde ese momento, Abraham volvió a ser el que era antes. Su casa estaba otra vez llena de gente que entraba y salía para comer y dormir. Bueno, sólo un pequeño cambio se notaba en uno de los rincones: en el lugar donde antes había un espejo, Abraham mandó construir una ventana…

Maasé Shehayá.Elías Askenazi.(Extraído de Amudé Jésed 284. Hamaor)

Mujer Judía (V): El mashiaj y la mujer

Un día, mientras el fundador de Jabad, Rabí Shneur Zalman de Liadí, salía de su estudio, oyó a su esposa diciendo a sus amigas, “Mainer Zogt” (literalmente, “el mío [refiriéndose a su marido] dice”).
Dijo Rabí Shneur Zalman: “Si en virtud de una mitzvá –la mitzvá del matrimonio– me he vuelto suyo, ¿con cuántas mitzvot más me he convertido en pertenencia de Di-s?” Meditando al respecto, cayó en un desvanecimiento de éxtasis Divino.
Cuando despertó, citó del Cantar de los Cantares: “Salid y ved, hijas de Tzión…”, explicándolo como se indica a continuación:
“Si una persona desea `salir´ de sí misma (trasladarse a un plano más alto) y `ver´ Divinidad, debe ser inspirada por `las hijas de Tzión´ (refiriéndose aquí a la mujer judía). Este es un paralelo del nivel de Maljut (el aspecto femenino de la Divinidad) que estimula a Za (el aspecto masculino de la Divinidad)”.
Y el Rebe concluyó, “En el Futuro Venidero se verá el cumplimiento del versículo `La mujer de valor es la corona de –y por lo tanto superior a– su marido´”.

Este concepto es elaborado también en otras fuentes. En Hemshej Ranat, Rabí Shalom Ber de Lubavitch explica que si bien hoy en día las principales Emanaciones Divinas provienen del aspecto masculino de la Divinidad, en el futuro venidero ellas vendrán del aspecto femenino. En apoyo de esto cita al Zohar, donde entre otras cosas dice: lav meshamsha legabai — ella no será más secundaria a él.

Así, de acuerdo a las enseñanzas del Jasidut, y en general de la Cabalá, está claro que la era mesiánica verá a las mujeres en un nivel más alto que los hombres.

En verdad, Rabí Shalom Ber va todavía más lejos. Sostiene que aun hoy en día el aspecto femenino es superior. Es por esto, explica, que la capacidad de dar a luz y crear nueva vida, un poder que deriva de la misma esencia de Di-s, es más manifiesta en las mujeres que en los hombres. Con todo, la superioridad de la mujer aún no es reconocida. En el Futuro Venidero, sin embargo, ésta será revelada a todos

De hecho, se puede decir que la conexión entre la mujer y la era mesiánica existe en varios planos:
1) Tal como la mujer se asocia con Maljut (“Realeza”), la séptima esfera Divina, del mismo modo está Mashíaj asociado con Maljut.
2) La Emanación Divina principal en la Era Mesiánica será del aspecto femenino de la Divinidad.
3) El proceso de Redención es comparado al nacimiento de un niño, y de ahí que la mujer, en cuya tenencia está la capacidad Divina de dar a luz y crear vida, juega un papel crucial en este tiempo por demás importante.
Me gustaría ahora sugerir que hay quizás otra, quizás más profunda, conexión entre Mashíaj y la mujer.

El Rebe ha declarado inequívocamente en Jeshván del año 5752 que Mashíaj ya existe y está manifiesto. Según el Rebe, la única cosa que falta ahora es recibir (“lekabel”) al Mashíaj.

Es sobre el énfasis del Rebe en recibir que yo deseo centrar la atención ahora, elaborando en la conexión especial que existe entre la mujer y recibir al Mashíaj.
Es bien conocido que Rabí Shneur Zalman atribuyó gran parte del pensamiento original de su libro Tania a su famoso ancestro, el Maharal de Praga. Es de los escritos del Maharal que yo deseo hoy sacar inspiración.
El Maharal pregunta: “¿Por qué se dio la Torá primero a las mujeres, como está escrito: “Así dirás a Beit (la Casa de) Iaacov” –refiriéndose con “Beit” a las mujeres?”
Y prosigue explicando que la respuesta puede encontrarse en la frase misma. “Beit”, además de significar “Casa”, también significa “receptáculo”. La mujer, explica el Maharal, tiene una capacidad mayor para recibir que el hombre!
En otro de sus escritos, el Maharal explica que tanto la mujer como el Mashíaj están intrínsecamente vinculados con la idea de recibir. En apoyo de esto, cita del Talmud (Tratado de Berajot), donde se dice que la promesa de la Era Mesiánica es mayor para los hombres que para las mujeres.

En explicación de esta sorprendente declaración, el Maharal analiza las diferencias esenciales entre las naturalezas masculina y femenina.

El Maharal explica que el hombre tiene una naturaleza de Hitgavrut (imposición) –palabra derivada de la raíz guéver, “hombre”– constantemente deseando pelear, imponerse, conquistar nuevos terrenos. La mujer, por otra parte, tiene una naturaleza de Menujá, lo que implica la capacidad de derivar profundo placer de lo que ya se ha acumulado.
Un ejemplo cotidiano de esto: ¿Cuántas veces piden las mujeres que sus esposos inviertan más tiempo con ellas y la familia? Y qué responde el esposo: no puede, está ocupado en ganarse la vida para que la familia pueda sobrevivir. Y con todo, incluso mucho después de que la familia se ha afianzado y ya no precisa más que el esposo trabaje tan duro, él sigue dando la misma excusa. ¿Por qué? Porque es natural en el hombre obtener placer del acto de lograr más que de obtenerlo de lo que ya se ha logrado. Esto es como nuestros Sabios, tan observadores de la naturaleza humana, explicaron: “Quien tiene cien, desea doscientos; quien tiene doscientos, desea cuatrocientos”.

A esta distinción entre la naturaleza femenina y la masculina se alude en un comentario de Rashi a la Torá. Rashi cita del Talmud (Arajín 19b) donde está escrito: “Un hombre viejo en el hogar es una carga en el hogar; una mujer vieja en el hogar es un tesoro en el hogar”. Un hombre viejo, porque él ya no puede lograr ni conquistar, se siente frustrado y hace una molestia de sí mismo. Una mujer vieja, sin embargo, porque no siente la necesidad de lograr y conquistar, porque puede recibir, porque puede disfrutar y nutrirse de lo que ya hay, puede vivir sus mejores años en su vejez.

Y así explica el Maharal que en este mundo, que es un mundo de logros, un mundo de acción (“haióm laasotám”) –un tiempo para conquistar el mundo para Di-s– es el elemento masculino el dominante. Sin embargo, en el mundo futuro, donde lo principal es recibir la recompensa (“lekabel sejarám”), es el elemento femenino el que será dominante.

Sin embargo, no debe presumirse que la recepción asociada con la mujer y la era mesiánica es un fenómeno meramente pasivo. Este claramente no es el caso.

En términos cabalísticos, la mujer se compara al Shabat –novia y reina– en tanto que el hombre se compara a los días de la semana. Y aunque nadie discutirá el dictamen Talmúdico en el sentido de que “sólo quien se esfuerza antes del Shabat, comerá en Shabat”, y de aquí que el Shabat recibe de los días de la semana, es claro que el objetivo definitivo es el Shabat y no los días de la semana! Y qué es el Shabat si no un día en el que, estando libre de la necesidad de conquistar lo físico, uno puede revelar y nutrir la verdadera propia esencia interior.
Y así también es la diferencia entre los aspectos femenino y masculino, los aspectos de este mundo y los del mundo venidero. Mientras que el masculino está involucrado en conquistar el exterior, es el femenino, una vez que esto ha sido logrado, el que nutre y desarrolla el interior.

Así, cuando el Rebe dice que ahora es el momento de Lekabel Penei Mashíaj –recibir al Mashíaj– porque, como él ha dicho, el trabajo de conquistar el mundo para Di-s (Avodat Habirurím) ha tocado a su fin, y nosotros estamos ahora a inicios del período de recibir, Lekabel Sejarám, es simplemente lógico que ambos, el mérito y la responsabilidad de la mujer, están a una altura sin precedentes.

Además, mientras amanece esta nueva era, recae incluso sobre los hombres revelar el aspecto femenino que también ellos contienen dentro de sí.
El llamado del momento, despertar el aspecto femenino dentro de nosotros mismos y estar preparados para recibir, subraya la dependencia del receptor en el dador.

Aquí vale la pena notar que inmediatamente antes de su enfermedad el Rebe puso un énfasis renovado en la vieja costumbre de santificar la luna nueva –kidush levaná–, pidiendo que fuera observada –como lo exige el Código Judío de Leyes– con gran regocijo y danzas.

No es difícil establecer conexiones entre la luna y la mujer. Ambos son cíclicos por naturaleza, y es el festival de la luna, Rosh Jodesh, el que se dio a la mujer.
Al mismo tiempo, la luna está vinculada con la Casa de David de la que se deriva el Mashíaj. Este tema es elaborado por Rabí Tzadok HaCohén, quien muestra que la primerísima oportunidad en que encontramos la comida festiva de Rosh Jodesh mencionada en la Biblia es en conexión con el Rey David.
Sin embargo, la conexión entre la luna, la Casa de David y la mujer, es todavía mayor. Ellos, todos, son receptores, y por ende dependientes de otros. La luna requiere constantemente del sol sin el cual no puede brillar; la mujer no puede revelar su esencia interior sin el hombre; y la Casa de David no puede existir sin el aporte de otros. Esto es declarado por nuestros Sabios, quienes explican que la existencia misma de David dependía de los años donados a él por Adán, o según otra opinión, por nuestros antepasados Avraham, Itzjak y Iaacov. Al hablar de Mashíaj, el Rebe, también, enfatizó que dependía de nosotros: “Yo he hecho todo lo que podía, ahora hagan ustedes todo lo que pueden, a fin de hacer de la venida del Mashíaj una realidad en este mundo”.

Es porque la mujer y Mashíaj comparten este sentido de dependencia con la luna, explica Rabí Tzadok, que la mujer tiene una mayor habilidad para sentir el dolor del exilio –un tiempo en el que Israel es privado de la fuente de su dependencia– que el hombre. Mientras los hombres son engañados por un falso sentido de autosuficiencia que les impide reconocer cuán dependientes realmente son de la Redención, las mujeres no comparten esta ilusión.

No obstante, incluso cuando ella sufre el dolor del Exilio, la mujer recuerda otro aspecto de su conexión con la luna. La luna, aun cuando está envuelta en la oscuridad desde nuestra perspectiva, atesora luz solar en su lado no visible a nosotros. Del mismo modo, incluso en momentos de gran angustia y dolor espiritual, la unidad esencial que existe entre Di?s y su Mashíaj elegido continúa floreciendo y creciendo.

Esta es también la respuesta para aquellos cuya fe se perturba a causa del terrible sufrimiento que nosotros, en Lubavitch, hemos experimentado desde hace más de dos años. Este sufrimiento es doble: el sufrimiento que pasó el Rebe, por un lado, y el sufrimiento de sus jasidím, por el otro. Todo lo que ha sucedido es parte del proceso de Redención. Es cierto, si nosotros hubiéramos actuado adecuadamente quizás hubiéramos podido evitar el sufrimiento por entero, o por lo menos haberlo mitigado un poco. Con todo, incluso los fenómenos más negativos forman parte, a fin de cuentas, del proceso de Redención.

Esto arroja luz sobre lo que ocurrió cuando Rabí Akivá y los Sabios se encontraron con las ruinas del Templo. Al ver la destrucción, Rabí Akivá rió en tanto que los demás Sabios lloraron. Cuando se le pidió una explicación de su inusual comportamiento, Rabí Akivá dijo que al ver el cumplimiento de la profecía de destrucción se convenció de que la profecía de restauración también se cumpliría.
No obstante, pregunta el Maharal, “¿Por qué rió él?” ¿Porque alguna vez la situación será buena?!?! ¡Pero ahora mismo las cosas no son para nada buenas!”
El Maharal prosigue explicando que la destrucción es en realidad parte del proceso de Redención. De hecho, él va tan lejos como para decir que la construcción del Tercer Templo es predicada sobre la destrucción de los primeros dos. Así, el acto mismo de ocultamiento es por sí mismo dirigido por Di-s y es parte del proceso de Revelación.
Lo que es más, todo ha sido profetizado. Hace unos doscientos años, Rabí Shneur Zalman de Liadí habló de un derrame que afectaría a todo el pueblo judío justo antes de la llegada del Mashíaj. El explica que esto llevará a mayores penurias, con gente dividiéndose en grupos, acusando cada uno al otro de deshonestidad y conspiración. Entonces, citando del Talmud (Tratado de Shabat), concluye que esto es lo que nuestros Sabios tuvieron en mente cuando hablaron de los dolores de parto del Mashíaj (Jevlei Mashíaj).
Así que como ves, todo ha sido previsto.

En el curso de este artículo, he citado extensamente los trabajos del Maharal. De modo que he de concluir ahora con un pensamiento final.

En su obra Netzaj Israel, el Maharal se refiere a aquellos cuya fe se ha visto tan sacudida por los terribles sufrimientos del Exilio que ahora no pueden creer en la Redención.
En uno de sus párrafos más hermosos y conmovedores, el Maharal dibuja un cuadro del sufrimiento que nuestro pueblo ha soportado. Tanto ha pasado sobre nosotros, escribe, que si todos los cielos fueran pergamino, todos los océanos tinta y todos los árboles plumas, todavía no bastarían para describir la enormidad de la tragedia. Entonces explica que nuestra larga historia ha sido cargada con las ocurrencias más imposibles y fantásticas, calamidades que han sido terribles tanto en alcance como en profundidad, que de haber sido meramente escritas en libros, la gente hubiera negado que semejantes cosas fueran posibles. Nosotros sabemos que son ciertas sólo porque nosotros mismos las hemos experimentado.

Y con todo, concluye el Maharal, la naturaleza misma de nuestro sufrimiento señala nuestra salvación definitiva. Tal como nuestro sufrimiento, tan imposible como es de creer, realmente ocurrió, del mismo modo nuestra Redención, tan imposible como suene, también tendrá lugar. Porque para el pueblo judío, el pueblo elegido de Di-s, no hay orden natural. Todo lo que sucede con ellos, lo malo como lo bueno, ocurre de una manera inconcebible en el orden natural de las cosas. O, en las palabras del Midrash (que según el Maharal usa el término “doble” para expresar el infinito) “ellos han pecado doblemente, ellos han sufrido doblemente, ellos serán reconfortados doblemente”.

Que nosotros hemos pecado doblemente no requiere de elaboración; las divisiones que han tenido lugar en virtud de la educación que se nos dio deberían haber sido inimaginables. Que hemos sufrido doblemente –los dos derrames del Rebe ocurridos exactamente en la misma fecha, el 27 de Adar– es algo que incluso los escépticos no pueden desechar. Y luego su desaparición física. Pero estos mismos sucesos, lejos de hacernos perder las esperanzas, apuntan al doble, incluso infinito, consuelo (nejamá) que el reconfortante definitivo, el Mashíaj, traerá sobre nosotros.

En este momento, más que en cualquier otro, está en las mujeres marcar el camino. Citando los escritos del Santo Arí, el Rebe nos ha dicho que nuestra generación es una reencarnación de la generación del Exodo. Mientras los hombres de esa generación estaban constantemente inmersos en la rebelión y las pugnas por el poder (Datán, Avirám, Koraj, los espías, para nombrar unos pocos) las mujeres permanecieron constantemente leales. En lugar de aferrarse al poder, ellas estaban listas para ser las seguidoras del más grande profeta de la judería, Moisés.
Hoy, también, no precisamos líderes. Hemos tenido entre nosotros a un líder de tan gran estatura sobre el cual, incluso un escéptico como Jaim Bermant, se vio forzado a reconocer que era uno de los más grandes líderes judíos de cualquier generación; cuyas actividades eran de tan amplio alcance que, según Bermant, la segunda mitad del Siglo XX llegará a ser conocida como la Era Schneerson.

Lo que necesitamos ahora son receptores. Lo que necesitamos ahora son seguidores. Aquellos dispuestos a poner sus propias agendas a un lado y con devoción y autosacrificio dedicar sus vidas a la misión del Rebe. Tal como en la época de Moisés fueron las mujeres quienes marcaron el camino con su lealtad y devoción a su líder, así también hoy.

Que en el mérito de nuestras mujeres piadosas podamos pronto merecer el cumplimiento de la profecía de Jeremías: “Pues el Señor ha creado algo nuevo sobre la tierra; la mujer cortejará al hombre”, con la inminente revelación de nuestro justo Mesías, el Reconfortador que nos consolará, pronto en nuestros días.

(Rabino Benzion Milecki, South Head, Australia)

Mujer Judía (IV): Diez Poderosas Mujeres

Hay una Torá externa–una historia de hombres y mujeres, de guerras y milagros. Y hay una Torá interna, según antiguas tradiciones, en que cada palabra revela sabiduría insondable, belleza y luz.

Éste es el secreto de las palabras de la sabiduría de Salomón, “Una mujer de valor es la corona de su marido”. Como una corona está arriba de la cabeza y más allá de ella; de la misma manera la luz interna de lo femenino es de una calidad esencial, de un lugar que la mente no puede tocar.

1) Javá (Eva)

“Entonces Adán llamó su esposa Javá, porque ella era la madre de toda la vida”. (Génesis 3:20)

Ella era el otro lado de la imagen de Di-s. Di-s no es sólo una luz ilimitada, más allá de todas las cosas. Di-s es algo que está aquí, ahora, dentro de todo, dándoles vida, cualquier cosa que sea. Es la fuente de origen, la “Shejiná”–la Presencia Divina mora dentro.

Esto es lo que llevó a Javá a comer la fruta: este anhelo de conectar con esta Shejiná, de experimentar el sabor de la vida, estar sumergida en ella. Con esto ella transgredió–pasó del reino de lo Divino a un mundo donde todo lo real es el aquí y ahora, donde no hay ningún mirador del cual discernir el bien del mal, ninguna luz para discernir la fruta de su cáscara. Y se llevó consigo la Shejiná, encarcelándola también, para que el estrago sucediera a lo largo del cosmos.

Pero el deseo detrás de su transgresión era el sagrado deseo que la Shejiná permeará todo. Y en el final, ella tendrá éxito, y la vida misma también será divina.

Mientras el drama de este universo permanezca incompleto, el Shejiná está callada, no canta. Vemos el mundo que Ella vivifica, pero no oímos su voz dentro de él. En las mentes de las personas, Ella juega un rol secundario–para el marido conquista y domina, mientras que para las mujeres, dicen, sólo provee vida y nutrición. Así piensa un mundo inmaduro.

Hay un tiempo por venir, cuando el secreto de la Luz Interior se revele. Entonces la Madre de la Vida cantará ruidosamente sin límite.

2) Sara

“Todo lo que te diga Sará, préstale atención, le dijo Di-s a Abraham. (Génesis 21:12)

La primera en sanar la herida que hizo Javá fue Sará. Ella descendió a la guarida de la serpiente, al palacio del Faraón. Resistió a su señuelo y retrocedió. Viviendo dentro del palacio, ella permanecía unida a su origen.

Fue Abraham quien autorizó a Sará para que lo hiciese. Ni siquiera el propio Abraham era capaz de semejante cosa. Éste es el papel de un hombre–activar el poder que está latente en una mujer. Sin la mujer, el hombre no tiene ninguna unión con la Shejiná. Sin el hombre, la mujer no puede ser Shejiná. Un vez que hay un hombre, la mujer se vuelve todo.

Sará es la encarnación del poder cósmico de purificación y sanador de almas. Lo que Javá confundió y revolvió, Sará cierne y refina; donde Javá entró en la oscuridad, Sará enciende la luz. Su trabajo continúa a través de cada generación: mientras que el alma de Abraham atrae las almas y los sostiene cerca de la Luz Infinita, el alma de Sará discierne las manchas que deben limpiarse y la escoria que debe rechazarse. Cuando un alma o chispa de luz se sana y vuelve a su fuente, usted sabrá que el toque de Sará estuvo allí.

3) Rivka

“Toma… y también sacaré agua para tus camellos, hasta que terminen de tomar”. Génesis 24:17-18)

Con estas palabras, Rivka se desposó a Isaac y se volvió madre de dos grandes naciones. No solo por su acto de dar, sino por su avidez: no perdía ninguna oportunidad de hacer el bien, con alegría y contento, con toda su alma y su ser.

Y ella lo implantó dentro de nosotros como nuestra herencia. Sólo necesitamos despertarlo y encontraremos la Rivka que hay en nosotros.

Hay pocas historias tan detalladas en la Torá como la narración de la unión de Rivka e Isaac–se cuenta y recuenta tres veces. Dado que en este relato yace el nacimiento de nuestro pueblo y nuestro propósito. En él yace el secreto por el cual todo el cosmos fue creado: la fusión de los contrarios, la paradoja y belleza de la vida. Para esto estamos aquí–para unir cielo y tierra. Y en la unión del Hombre y la Mujer ello se encuentra.

¿Y quién es el casamentero de este drama cósmico? Es el simple sirviente de Abraham que le habla al Amo del universo desde la sinceridad de su corazón, que está obsesionado con su misión y se deleita a cada paso. Es cada uno y cualquiera de nosotros.

4) Rajel & Leá

Una voz se oye en lo alto,
lamentándose, llorando amargamente.
Rajel llora por sus hijos
Se niega a que la consuelen
Porque ellos se han ido.
“Detén tu llanto,” le dice Di-s. “Oculta tus ojos de tus lágrimas.
“Tu trabajo su premio tiene y tus niños volverán.” (Jeremiah 31:14)

Rajel es la encarnación de la Shejiná: Ella desciende a cuidar a Sus hijos, incluso cuando viaja al exilio con ellos. De esta manera Ella asegura que volverán.

Su hermana, Leá también es nuestra madre, la Shejiná. Ella es el mundo trascendente, oculto; lo oculto de la Mente Divina, demasiado profunda de sondear para los hombres. Ella es la Esfera de Realeza cuando se eleva en la meditación silenciosa.

Rajel es el mundo de las palabras los hechos revelados. Ella tiene la belleza que Iaakov pudo percibir y desear. Pero Leá era demasiado noble, lejana, más allá de todas las cosas, y Iaakov no pudo unirse a ella de la misma manera.

Sin embargo es de Leá que desciende casi toda la Nación Judía.

5) Seraj

Cuando los hijos de Iaakov volvieron a su casa con las noticias sobre Joseph, ellos temieron que su padre no les creyera. Entonces Seraj, la hija de Asher, tomó su arpa y se paró fuera de la tienda de Iaakov. Compuso una balada sobre Joseph y sus viajes, concluyendo cada estrofa con el estribillo:” …y Joseph todavía vive.”

“¡Sí!” exclamó su abuelo finalmente, “¡Joseph todavía vive!”

Y entonces sus hijos pudieron hablar con él.

Por esto, Iaakov bendijo Seraj con la vida. Todavía estaba viva para mostrarle a Moisés dónde estaba la tumba de Joseph. Todavía estaba viva como una mujer sabia que salvó la ciudad de Abel en los tiempos del Rey David. Y ella todavía vive, es una de las pocas en entrar viva al Paraíso.

Si la Shejiná es un diamante y cada mujer una faceta diferente, entonces Seraj es la chispa de esperanza que brilla en cada uno de nosotros y emana de lo más profundo. La chispa que nunca se distanció, que permanece por encima e incluso más allá, aún si la Shejiná que la contiene se haya extraviado. Una poderosa chispa que ningún río de destierro puede llevar muy lejos ni los océanos de lágrimas la pueden extinguir. Seraj vive, ella vive en el Paraíso, y así el Paraíso vive dentro de nosotros.

6) Miriam

La hermana se ubicó a cierta distancia para estar al tanto de lo que pasaría con él. (Éxodo 2:4)

Una muchacha joven está de pie entre las cañas que abrazan el banco del río, quieta y silenciosa, mirando hacia lo lejos. Ella es la guardiana de la promesa, de todo lo que su pueblo ha anhelado y no permitirá que esa promesa no se cumpla.

Su nombre es Miriam y Miriam quiere decir amargo, un amargor la maneja, todo el amargor nacido del sufrimiento de su pueblo. Sólo su visión puede suavizar ese ardiente dolor y ella sola lo soporta. Es una visión poderosa, una que transformará lo amargo en dulce, la oscuridad del destierro en la luz de libertad.

En su mérito, nosotros fuimos liberados de la esclavitud. Y en el mérito de mujeres de fe, hoy, el mundo entero se liberará de su oscuridad.

7) Dvorá

“Dejaron de vivir en los pueblos no amurallados de Israel, cesaron hasta que yo, Dvorá, me levanté; Me levanté como una madre en Israel”. (Juzga 5:7)

A la sombra de una antigua palmera de dátiles en las colinas de Efraim, encontrará a una mujer sabia, una profetisa a quien todo Israel pedía consejo, guía y esperanza.

Ella convocó a Barak, un guerrero poderoso, y le dijo que emprendiera la batalla contra los opresores de su pueblo. Pero Barak insistió en que él no iría a menos que Dvorá lo acompañara, y por esto ella lo desdeñó.

Dvorá no quiso trascender emulando las cualidades de la masculinidad–luchando, ganando y conquistando–sino como una madre en Israel, como dadora de vida, nutriendo a su pueblo con bondad y con fe.

8) Ruth

“Donde vayas, yo iré. Donde mores, yo moraré. Su pueblo es mi pueblo y su Di-s es mi Di-s”. (Ruth 1:16)

Ella es el paradigma de esas antiguas almas que descubren que están perdidas y anhelan volver a casa. Deben atravesar un duro camino, cargado de sacrificios y desafíos, curvas retorcidas e incluso raros caminos, pero sólo porque el cargamento es tan precioso y su entrega tan vital.

En este caso, era una chispa de pura santidad perdida desde Abraham, destinada a aparecer como el bisnieto de Ruth, David, el redentor de Israel. Y, muchos milenios después, como el último redentor.

9) Batsheva

Hay almas que viajan una autopista aterciopelada a través de la vida, encontrando su compañero y guiándose según un nítido guión cósmico.

Otros viajan en un laberinto de pasajes oscuros, golpeándose la cabeza contra las paredes con repetidas experiencias no aprehendidas, otra vez abriendo algún pasadizo secreto hacia lo desconocido.

Según la antigua sabiduría, ésta es la única manera que las almas más elevadas pueden adentrarse en nuestro mundo limitado, donde las fuerzas de la oscuridad ejercen tal dominio. Y de la unión de Batsheva y David, una unión forjada a través del escándalo y la deshonra, un hijo, Salomón, nació para construir el Templo, un portal para la Luz Infinita en Jerusalén.

10) Esther

“Iré a ver al rey, contrariamente al protocolo. Y si falleciera, falleceré”. (Esther 4:16)

Una mujer de secretos, de misterios, cubriendo su verdadera identidad bajo muchos vestidos–hasta que llegó su hora. Una mujer como una estrella de la mañana–a ese lugar imposible donde la noche se pone tan oscura que sólo le queda revelar el alba.

Alguien que se atrevió a meterse en la más profunda cámara del mal, elevando a Amán como príncipe al pináculo de gloria–sólo para que luego él moldee su propia extinción.

Cuando ella se quitó su máscara y estalló su luz interior, las apariencias de casualidades, coincidencias e intrigas del palacio se abrieron como un telón para revelar maravillas y milagros detrás del escenario. De esta manera, Esther trae la última redención, porque ella juntó lo milagroso con lo mundano, descubrió la Infinita Luz dentro de una nube de oscuridad.

Últimas palabras

De las almas más elevadas y eruditas, muchos tenían esposas más nobles que ellos, e hijas más grandes que sus hijos. Así fue con Abraham, Isaac y Iaakov. Así con Rabi Akiva y Rabi Meir. Así con muchos Sabios de la Cábala.

Esto es porque estos grandes hombres, en sus vidas personales, ya estaban saboreando el Mundo por Venir. En ese tiempo, la cualidad de lo femenino prevalecerá sobre el hombre.

Mujer Judía (III):La mujer virtuosa

“Por lo tanto, cualquier ayuda que le preste una mujer a su marido para que éste cumpla su propia rectificación..[….]…traerá gran beneficio al alma de ella, particularmente porque supone un grado de bitul-entrega por parte de ella.

“Sin embargo, hay otras cosas que ella [la mujer] debe hacer además de ayudarle a él [el marido]. Sobre todo tiene que prestar atención al cumplimiento de las mitzvot que le incumben a la mujer, como las leyes de pureza ritual si es casada, y ser estricta consigo misma referente a la leyes de tzeniut-modestia.

“La modestia, no sólo en la ropa sino en la conducta, es una cualidad esencial de la mujer judía. De hecho, según ciertos sabios, nosotros los hombres agradecemos a Dios todas las mañanas por no habernos hecho mujer, no sólo porque tenemos la oportunidad de cumplir un mayor número de preceptos, sino también porque es tan difícil ser mujer.

“Como tantos otros aspectos de nuestro servicio Divino, la modestia requiere intención. ¿Cuál es la intención de la mujer? ¿Parecer lo más seductora posible sin desviarse de las leyes de modestia? ¿O causar placer a su Creador adoptando un comportamiento y estilo de ropa modestos con la intención de proteger a las santas fuerzas de Hashem?

“Deje que yo le haga a usted la pregunta, señora: ¿cuál es para usted el propósito interior de la modestia?” terminó el sabio.

“He aprendido a verlo como una expresión de mi aceptación del Reinado de Dios”, respondió Rajel. “Una vez seguí una conversación entre dos amigas mías, una—llamémosla Malka—que cumplía la Torá y la otra—Nelly—que era secular. Esta última estaba quejándose de la falta de liberalidad de los hombres en la vecindad Geúla de Jerusalem, porque se negaban a venderle libros de Kabalá. Le dijo Rivka que ella no había tenido ningún problema cuando fue a comprar esos mismos libros. Respondió Nelly, `¡Eso es porque tú llevas el uniforme puesto! Yo me niego a hacer eso`. `Yo no lo veo como uniforme`, replicó Malka. `Para mí, este estilo de ropa representa mi verdadera imagen que quiero proyectar`.

“Pensaba en esta conversación en vista de todo lo que he aprendido de sus encuentros con Adam, y se me ocurre que hay mujeres que adoptan las leyes de modestia para evita la ira Divina, y en este caso, es verdad que llevan puesto un uniforme. Esto debe ser la forma más baja de aceptar el Reinado de Hashem.

“La mujer que cumplía la Torá—Malka—pensaba en la imagen que iba a proyectar. En otras palabras, se veía como una vasija cuyo propósito principal es trasmitir luz. En este sentido estaba expresando la forma más elevada de aceptar el Reinado Divino, ya que es enseñando a otros tu propia aceptación total de la voluntad de Dios que trasmites Su luz. Sin embargo, aún estaba cumpliendo el propósito externo de la creación.

“En cambio, si tu propósito principal es hacer bajar Su luz para causarle placer volviéndote Su espacio de residencia aquí abajo, entonces, es por eso que te esfuerzas en llevar ropa modesta y adoptar una actitud modesta. Y en este caso, lo que tú desees personalmente ya no importa. Rabí Akiva Tatz lo expresó admirablemente: ¡Deseas apasionadamente lo que Él desea!”

Emocionado, el sabio dijo, “Su esposo es afortunado de tenerla. Sólo tengo que añadir una cosa a lo que tan bien expuso. A través de mis alumnos, que me hablan de sus esposas cuando acaecen problemas entre ellos, tengo mucha oportunidad de oír los argumentos de las mujeres que empiezan a guardar la mitzvá de tzeniut. Al principio del proceso, se le dice a la mujer que la tzeniut no es sólo para ella, como cualquier otra mitzvá, sino que es también para proteger al hombre, para que no sucedan los problemas de los que venimos hablando—créanme, que mis alumnos y sus esposas están plenamente concientes de ello. La reacción de la mujer cuyo cumplimiento de estas leyes es reciente suele ser, `¡Bueno, cada uno tiene que preocuparse por lo que le atañe! ¡Yo no puedo disfrazarme para evitarle problemas a otro!”

Rajel se echó a reír, diciendo, “¡Conozco muy bien ese argumento!”

“Cuando pasa el tiempo, y la mujer sigue creciendo, desarrollando su conciencia, su actitud hacia el servicio Divino va cambiando. Poco a poco, comprende que el nivel de cercanía a Hashem más elevado incluye a todas las almas de Israel “.

“Claro, y entonces se da cuenta de que si quiere acercarse a Hashem, el problema que le cause a otra alma judía es su propio problema también…” terminó Rajel.

“Pero Rab, quiero decirle”, añadió, “me cuesta mucho cubrirme el pelo. Desearía oír lo que la dimensión interna de la Torá enseña acerca de eso”.

“Comprendo. La aceptación del yugo del Reinado de Hashem es definitivamente un proceso. La luz de la conciencia va entrando en la conciencia gradualmente a medida que la persona rectifica su pasado, y cuanta más conciencia se tiene, más desea uno acercarse a Hashem y se está listo a aceptar las consecuencias.

“Según la halajá-ley, una mujer casada debe cubrirse el cabello delante de todo hombre que no sea su marido, y por supuesto, también delante de su marido en los momentos en que está ritualmente impura. Ahora bien, el Zohar añade que también debe taparse el pelo en la casa, porque la mujer que no se cubre el cabello causa que las fuerzas del mal se apeguen a la Shejiná, y por resultado, `trae pobreza a su casa`. Explican los comentaristas que esta advertencia tiene también su aspecto esotérico: tal mujer causa que la shefa-luz Divina se vaya de `Su casa`, es decir Maljut, llamada `la casa celestial`”.

“¡Uau!” exclamó Rajel. “Quiere decir, que si no se tapa el pelo, está causándole problemas a Maljut—no está claro qué clase de problemas, pero no importa, porque de cualquier modo, no quiero causarlos sino todo lo contrario. Me acuerdo haber oído que la mujer tiene la mitzvá de prender las velas de Shabat, para ser como Maljut que ilumina a las almas de Israel. Eso implica que la mujer tiene más que ver con Maljut que su marido, y lo que hace la mujer le afecta a Maljut de modo particular ¿no?”

“¡Excelente!” exclamó el sabio. “El Zóhar nos explica el misterio: La Shejiná es la Reina del mundo y todas las almas de Israel—llamadas luces—están arraigadas a Ella. Por consiguiente, es la responsabilidad de la mujer, que es la reina de su hogar,encender las velas de Shabat, y no su marido, porque la raíz espiritual de la mujer se haya en Maljut!”

“¿Tiene la mujer que cubrirse el cabello cuando está en casa según la halajá-ley?” preguntó Adam frunciendo el ceño.

“El Talmud trae el ejemplo de una mujer cuyos hijos eran modelos de sabiduría y rectitud, y explica que mereció a tales hijos `porque los muros de su casa no le vieron el pelo`. Explican los rabinos del Talmud que esta declaración se refería a todos los aspectos de su modestia en la casa, no sólo a su cabello. El Talmud recalca que el deber de ella es seguir el dictámen de la halajá-ley, que como te dije, es que se cubra el cabello en la casa solamente cuando está ritualmente impura. Es decir que la posición del Zóhar es una jumrá-interpretación estricta que pueden aceptar siempre y cuando estén los dos listos a ello”.

“Me imagino que depende del tamaño de su deuda personal y hasta qué punto quiere ella acercarse a Dios”, murmuró la joven.

“No depende sólo del punto de apego que ella desee”, dijo el sabio. “Tiene que ser el deseo de ambos, porque si se tapara ella el pelo en la casa, en contra de la voluntad de su esposo, surgiría una pelea entre ellos, que sería muy dañino para ambos.

Simcha Benyosef.

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Mujer Judía (II): La Belleza bien entendida

En los capítulos anteriores discurrimos acerca del proceso de la elección de la pareja para el matrimonio, sobre las intenciones y prioridades que se debe proponer, sobre el valor primordial del Jesed y de las Midot en la persona a considerar y sobre lo perentorio de invocar la Asistencia Di-vina al buscar al cónyuge.

En este capítulo prestaremos atención a uno de los aspectos más espinosos para nuestra cultura: todo lo que se refiere a la apariencia física de la persona a quien se considera para contraer enlace. Entiendo, por muchas conversaciones que he tenido, que esto es uno de los impedimentos más conflictivos para mucha gente.

Uno de los puntos que nos llama la atención en el relato del Jumash al presentarnos a las matriarcas, es que la Torá ponga énfasis en su belleza. Esto se menciona respecto a Sará (Bereshit 12:11), Rivká (Bereshit 24:15 – si bien no dice que esa fuera la razón por la que se la eligió como esposa) y nuevamente con Rajel (Bereshit 29:16).

Considerando que aun hoy, al sugerirse un Shiduj apropiado a un muchacho observante no se hará hincapié en el aspecto físico de la joven, es obviamente mucho más llamativo que a la Torá sí le interese aludir a este item.

En particular interesa notar el hecho de que la Torá divide la cuenta de los años vividos por Sará en tres partes, cuando falleció, diciendo que vivió cien años y veinte años y siete años. Rash”í dice que esta segmentación de los años de Sará, es para enseñarnos que fue piadosa a los cien igual que a los veinte y bella como a los siete años. ¿A qué atractivo se refiere cuando la compara con una niña de siete años? Rav Yissochor Frand shlit”a cita una explicación de Rav Mottel Katz.sz”l, que será importante para echar luz a un tema tan delicado.

Entendamos, sin embargo, que la dificultad en captar el núcleo del tema surge por las limitaciones que tenemos los contemporáneos, fruto del condicionamiento de una cultura que fue imponiéndonos medidas corporales muy específicas para que alguien sea considerado bello, y de ese modo, restringir nuestra sensibilidad por aspectos más íntimos y reservados de hermosura.

A tal fin, comienza dándonos un ejemplo de un pasaje del Talmud (Kidushín 49:) que no está relacionado con los aspectos anatómicos humanos, pero sí con el concepto de la belleza – referente a Ierushalaim: “Diez medidas de esplendor cayeron al mundo: nueve llevó Ierushalaim y el resto se lo llevó el resto del mundo”.

¿Qué significado y qué importancia tiene el hecho que Ierushalaim fuera hermosa? ¿No estamos hablando, acaso, de una ciudad a la cual la gente va por su calidad de santa y moral? ¿Acaso los peregrinos dejarían de ir a Ierushalaim, si fuera un poco menos encantadora que otras ciudades?

La respuesta radica en el hecho de que efectivamente los seres humanos estamos influenciados por el entorno físico. La perfección corporal, permite que la persona entre en un estado mental más receptivo a la espiritualidad (obviamente, si es que realmente vaya en búsqueda y le interese aquella espiritualidad…). Del mismo modo, enseñan los Sabios, que hay “tres aspectos que amplían la mente del hombre: Una casa hermosa, utensilios hermosos y una esposa hermosa” (Talmud Brajot 57:) Este pasaje del Talmud, nos hace saber que cuando las condiciones de vida son agradables, y uno no está restringido por distracciones físicas, puede ser más receptivo a las cuestiones de santidad.

Cuando quien visita Ierushalaim puede divisar las encantadoras colinas y los valles y bosques que embellecen el derredor de la ciudad, su mente se despeja, dando lugar a aquella santidad que está buscando.

Volviendo a lo humano, el pasaje famoso del final de Mishlei (31:30), nos dice que: “engañosa es la gracia, y vana la hermosura, (sino que) una mujer temerosa del Creador debe ser elogiada”. ¿En qué quedamos, es importante – o no – la belleza corporal?

Para explicar este pasaje, algunos comentaristas comparan la simpatía y la belleza con el número cero. ¿Cuánto vale la cifra cero por sí misma? ¡Nada! Sin embargo, al colocarle otra cifra al comienzo, entonces los ceros que se agreguen luego, potencian aquella cifra inicial: el 1 se convierte en 10, 100,1000, o más…
Del mismo modo, el atractivo físico es el cero que solamente enaltece a la persona que ya ha trabajado sus aspectos morales de Temor al Todopoderoso. De otro modo, es solamente un cero.

Quizás podamos complementar esta explicación con otra que también he visto. La hermosura periférica de la persona no es fruto del trabajo de quien la ostenta. D”s le obsequió a cada uno su aspecto exterior, razón por la cual no tiene de qué enorgullecerse, aun más considerando que la simpatía puede utilizarse correctamente, pero también sirve como medio de engaño y encubrimiento. Sin embargo, el trabajo interno de mejoría y crecimiento en las Midot, es mérito de uno mismo: “Todo está en Manos Di-vinas, salvo el temor por el Todopoderoso (que está en manos de cada ser humano)”.

Lo que este pasaje nos viene a enseñar es en qué aspecto poner énfasis: ¿en lo que recibimos como legado, o en lo que hemos logrado con esfuerzo?

La belleza y la hermosura en una persona según la definición de la Torá, no equivalen – sino que se contrastan – a las nociones sensuales que la gente llama atractivo, irresistible, sugestivo, provocador, de lo que sería una “ganadora” de un concurso de belleza. – en donde solamente la gracia física, y nada más que eso – son la virtud de la elegida. Ni el gimnasio, ni la peluquería son lugares para adquirir valor interno.

Es importante destacar – pues es parte de la carencia de sana cultura en nuestra generación – que existe la noción de elegir a la persona para “quedar bien ante el público” (la mayoría de la gente niega que sea así, pero lamentablemente es parte inherente de la actitud humana contemporánea).

Esto no es algo nuevo. En la orgía que organizó Ajashverosh, rey de Persia en la historia de Esther que leemos en Purim, encontramos que “el séptimo día cuando estaba ya embriagado con el vino, dijo que llamaran a Vashtí, para mostrar a los pueblos y a los ministros su belleza, pues era hermosa” (Esther 1:11), el típico sentimiento ególatra de dominio mediante la persona que uno “posee”.

Por otro lado, cuando el rey Ajashverosh reclutó doncellas por todo su imperio, y estas se preparaban durante doce meses con toda clase de perfumes que estaba a su disposición para luego ser recibidas por el rey, quien terminó siendo reina – Esther- no pidió absolutamente nada para intentar embellecerse (Esther 2:15). No obstante, cayó en gracia y fue elegida reina. Este mismo hecho, la evidente intervención Di-vina (pues “caer en gracia ante la gente es un obsequio de D”s) a fin de que sea escogida emperatriz, fue el argumento principal de Mordejai a fin de convencerla de que era su misión arriesgarse para salvar a su pueblo de manos de Hamán (Esther 4:14).

Todo lo que acabamos de exponer aparece muy bien en los papeles, sin estar bajo la influencia real de la presencia concreta de la que hablamos. Pues al momento de poner en práctica los ideales, es casi imposible no estar influenciado por el aspecto físico de/la muchacho/a, precisamente porque es lo que primero se ve al encontrarse. Sin embargo, al estar bajo el encanto y el hechizo de la seducción – no hay lógica que valga. Y ese momento es tan difícil, a menos que la persona tenga su “cable a tierra” de personas en quien pueda confiar.

Pirkei Avot (5:19) nos advierte del riesgo de enamorarse por la belleza, así como por cualquier factor exógeno a la devoción y entrega por otra persona. Muy contundentemente, esa Mishná sentencia que todo amor que depende de agentes ajenos (sentimientos egoístas), está destinado a no sobrevivir más allá del lapso que experimente ese interés.

El ejemplo clásico, mencionado en dicha Mishná es el de Amnón, hijo del rey David quien se había enamorado de la hermosa Tamar (Shmuel II 13:1).
Amnón terminó por violarla, producto de su pasión irresistible, y “y fue mayor el odio que sintió Amnón por Tamar, que el amor que había previamente tenido por ella…” (Shmuel II 13:15).
¿Le parece conocida esta historia? ¿Vivió de cerca alguna situación en la que los “ex” se odian con una pasión que no tiene comparación en otros contextos de la vida?
¿Cómo y adónde desaparecieron el deslumbramiento y la fascinación que lo tenía ciego impidiendo ver la realidad de quien estaba adorando?
Quizás se deba a las culpas de haber “caído” en la trampa (propia) de la pasión y de no haber escuchado su propia conciencia que le advertía que “algo no cierra”, pero que uno desoyó…

Si bien en todo lo que acabamos de exponer, llamamos más la atención en la desequilibrada actitud prevaleciente hacia lo exterior y lo físico en una mujer, en relación a su valor interior como persona – por parte de los hombres y de las mismas mujeres, se debe analizar la actitud análoga exagerada respecto a la importancia que se le atribuye al poder, al dinero y a los atributos físicos del hombre en yuxtaposición a su sabiduría y corrección de Midot.

Sin duda que hay muchísimo más para reflexionar sobre este tema, y este capítulo no intenta ser más que una aproximación a la cuestión, a fin de permitirnos ponderar uno de los tropiezos más comunes de nuestros tiempos.

(Extraído de Tovim Hashnaim, del Rab Daniel Oppenheimer)

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