Parashá Shavua: Ajaré Mot (Después de Morir). 12 Nisan 5771 (16 de Abril 2011). Shabat Hagadol.Vivir las Mitzvot

“Y cuidarán Mis leyes y Mis preceptos, que los hará la persona y vivirá con ellos, Yo soy Hashem” (Vaikrá 18:5).
Aparentemente, la expresión: “y vivirá con ellos” es innecesaria, ya que si la persona cumple con la primer parte del versículo que dice: “Y cuidarán Mis leyes y Mis preceptos”, evidentemente vive con ellos.
Pero, en realidad, esta frase encierra un importante mensaje, que si lo tendremos presente en todo momento, nos ofrecerá grandes beneficios en general, y en el área de la educación de nuestros hijos en particular.
Hay dos maneras de cumplir las mitzvot:
La primera es cuando la persona cumple mitzvot estando incentivada por una gran convicción, un deseo creciente de cumplir, y sabe que por ello recibirá una gran recompensa en el Mundo Venidero. Por ejemplo, cuando alguien concurre a la sinagoga para rezar y acercarse a D’os. La segunda es cuando las mitzvot son observadas por costumbre o por compromiso. Por ejemplo, cuando la persona asiste a la sinagoga para acompañar a su padre o para felicitar a su compañero que festeja el bar mitzvá de su hijo.
La diferencia entre estos dos iehudim es muy simple. La persona que fue a la sinagoga por un motivo externo vive pasivamente toda esa experiencia tan hermosa del rezo de shabat, y eso no le permite sentir al máximo la agradable sensación de la tefilá.
Por otra parte, el otro judío que shabat tras shabat va a la sinagoga por propia convicción, disfruta plenamente de cada segundo, ya que internamente tiene un gran deseo de cumplir las mitzvot, y al estar allí, él se acerca a su objetivo final. El deseo de vivir cada mitzvá es lo que marca la diferencia.
Nosotros, por nuestro lado, sin darnos cuenta podemos estar cumpliendo mitzvot sin vivirlas plenamente. Simplemente las hacemos por costumbre. Pero si meditáramos en el gran orgullo que representa ser judío pudiendo cumplir con la Torá y las mitzvot, eso provocaría una constante renovación en nuestras vidas, y de esa manera viviríamos un judaísmo activo y no pasivo.
El parámetro que tenemos para medir en qué nivel nos encontramos, es observando los frutos de nuestras acciones. Si cumplimos una mitzvá tenemos que ver si luego deseamos hacer otra. Si es así, eso quiere decir que estamos viviendo y disfrutando correctamente el cumplimiento de las mitzvot.
Además, quién vive un judaísmo natural y activo, verá los frutos en su descendencia, pues sus hijos habrán recibido el yugo del cumplimiento de la Torá con mucho amor, y principalmente, a través del excelente ejemplo de sus padres.
Nuestros hijos perciben muy bien si nuestro cumplimiento es artificial o natural, y en ellos se verán los frutos.
Consideremos un caso hipotético:
Delante nuestro tenemos dos manzanas.Una es una manzana natural y la otra artificial. La manzana artificial es idéntica a la natural, el gusto es el mismo, y si quisiéramos identificar cuál es cuál, nos sería casi imposible. La única manera de poder comprobarlo es plantando las semillas. La manzana natural seguirá dando frutos, mientras que la artificial no lo podrá hacer.
Lo mismo ocurre con nosotros. Quien vive su judaísmo de manera natural y con ganas de vivirlo intensamente, podrá ver el mismo comportamiento en sus semillas, pero quien lo vive en forma artificial y con desgano, también le transmitirá a sus hijos un judaísmo opaco y sin sabor.
Este punto tan importante se ve reflejado también en la mitzvá de la cuenta del omer.
En la festividad de Pesaj recordamos que el pueblo de Israel salió de Egipto y comenzó a respirar aires de libertad, dejando detrás muchos años de esclavitud y amargura. Pero inmediatamente después del primer día de la fiesta, en el segundo día de Pesaj comenzamos con la sefirat haomer, que consiste en contar 49 días hasta la entrega de la Torá, en la festividad de Shavuot. Este precepto nos demuestra que con el mero hecho de conseguir la libertad, la meta final todavía no fue alcanzada.
La verdadera libertad no es física sino espiritual y la única manera de obtenerla, es a través del cumplimiento de la Torá. La salida de Egipto no fue una finalidad por si misma, sino un importante y fundamental escalón que debíamos subir para poder llegar a la cima. Pero la meta final era llegar hasta el monte Sinai, donde la Torá sería entregada.
La mitzvá de contar los días del omer tiene la función de renovar constantemente el deseo de aspirar a lo máximo y no conformarse con lo que ya conseguimos. Vemos que la sefirat haomer no sólo incentivaba al judío físicamente, sino que también psicológica y espiritualmente.
Así como un presidiario cuenta el tiempo que falta para que lo liberen, marcando en su calendario cada día que transcurre, pues cada día está más ansioso por llegar a esa fecha tan esperada, lo mismo ocurrió con el pueblo de Israel en el desierto. Ellos contaban cada día que pasaba, esperando ansiosamente el momento cumbre en el cual recibirían la Torá en el monte Sinai.
De esta manera, todo el pueblo en general, y cada judío en particular, llegó al nivel óptimo para recibir la Torá.
Y precisamente ese espíritu de renovación y vida es lo que la Torá nos pide mediante las palabras: “y vivirá con ellos”, es decir, con los preceptos, pues no alcanza con cumplir la parte del versículo que dice: “Y cuidarán Mis leyes y Mis preceptos…”, también se necesita el: “y vivirá con ellos”.
Vivir significa renovarse constantemente. Cada día tiene que ser valorado y disfrutado como si fuera único, ya que el potencial de mitzvot que se puede desarrollar en 24 horas es inmenso y su recompensa será eterna.
Si cada uno de nosotros tendrá presente este mensaje, podrá disfrutar de su vida al máximo, tanto en el campo de lo material como en el área de lo espiritual. Esto le brindará una vida llena de alegrías, ya que cada mitzvá cumplida significará haberse acercado un poco más a la meta, siendo éste el anhelo de cada persona en la vida.
SHABAT HAGADOL
El Shabat anterior a la festividad de Pesaj se denomina Shabat HaGadol – el Gran Shabat. Este nombre indica que hay en este Shabat una grandeza particular al respecto de los otros Shabatot del año. Esta grandeza está expresada en el Shulján Aruj – Código de Ley Judía: “porque ocurrió en él (éste Shabat) un gran milagro”.
¿Cuál fue el milagro? Los primogénitos egipcios vieron al pueblo judío preparándose a ofrendar el sacrificio de Pesaj y escucharon que en la noche de Pesaj Di-s los mataría. Cuando exigieron de sus padres enviar al pueblo judío para salvarse de la plaga y éstos se negaron, comenzó una guerra entre los primogénitos egipcios, sus padres y los gobernantes. Sobre esta guerra el Rey David dijo en los Salmos: “que golpeó a Egipto con sus primogénitos, porque Su bondad es eterna”.
Debemos entender cuál es la conexión entre aquel milagro y el Shabat, hasta el punto que el milagro causa una grandeza en el Shabat y lo transforma de un Shabat “común” a “Shabat HaGadol”. Más aún, considerando que Shabat es santo por sí mismo, es una señal entre Di-s y el pueblo judío, le pertenece exclusivamente al pueblo judío, etc. ¿cómo puede ser que una guerra civil entre egipcios agregue grandeza alguna al Shabat?
La respuesta se encuentra en el versículo de los Salmos mencionado anteriormente “que golpeó a Egipto con sus primogénitos”, donde se alaba a Di-s “porque Su bondad es eterna”. En el mismo capítulo de Tehilím aparecen otras cosas que, en su nivel más superficial, son acciones del Santo, bendito sea, como “que hace grandes maravillas”, “que hace las grandes luminarias…el sol…la luna”. En cada una de estas acciones podemos, en cierta forma, encontrar la bondad de Di-s, y por eso el Salmista repite, tras cada una de estas citas “porque Su bondad es eterna”. Sin embargo, ¿qué tiene que ver la “bondad” de Di-s con una guerra civil entre egipcios?
Aquí se expresa la idea de que no solamente la creación del mundo y los milagros que trascienden las barreras de la naturaleza son la acción de Di-s, sino que también dos bandos que luchan una guerra civil entre ellos en Egipto, el lugar más impuro de la tierra, es un acto Divino. Dado que “no hay otra cosa excepto Él”, aún este tipo de ocurrencias son planeadas y dirigidas por Di-s.
La guerra desatada entre los primogénitos egipcios y sus padres no era una simple lucha entre dos bandos, sino que un “gran milagro” de Di-s: todos vieron claramente que Di-s maneja al mundo, y cuando llega el momento en que el pueblo judío tiene que salir de Egipto a la libertad, hasta los egipcios mismos son afectados de manera que ¡luchan entre ellos en pos de la redención judía!.
Este concepto está directamente ligado a la esencia del Shabat. Este día es un testimonio de que Di-s creó al mundo y lo dirige constantemente. Sin embargo, esta idea está restringida al campo de la fe: creemos que Di-s creó el mundo en seis días y en el séptimo descansó. En el Shabat HaGadol, cuando los primogénitos egipcios lucharon para que se cumpla de la Voluntad Divina de sacar al pueblo judío de Egipto, esta creencia se transformó en un claro reconocimiento, visible con los ojos de carne y hueso, y por eso este milagro causó una grandeza en el Shabat.
De aquí podemos aprender una importante enseñanza en el servicio a Di-s: cuando un judío realiza la Voluntad Divina, hace que el mundo esté preparado para “grandes milagros”, hasta el milagro de “que golpeó a Egipto con sus primogénitos”.
Adaptado de Shulján Shabat
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