Parashá Behar – (En el Monte) – Bejucotai – (En Mis Leyes) – 27 Iyar 5772 – 19 Mayo 2012

DE QUE TRATA LA PARASHA BEHAR:

1. Shemitá: el año de reposo de la tierra.
2. Iobel, cada 49 años, la tierra volvía a poder de su dueño por la ley del Jubileo.
3. La Torá nos ordena asistir a aquel que está amenazado de caer en la pobreza.

DE QUE TRATA LA PARASHA BEJUKOTAI:

1. La promesa del Eterno por el cumplimiento de los preceptos.
2. La Tojajá (amonestación) habla de los beneficios que nos llegarán por la sumisión a los preceptos de la Torá y de los males que nos alcanzaran por desobedecerlos.
3. Votos que hace una persona prometiendo pagar el valor de un ser humano, de un animal, u otros, cuya cuantía era utilizada para los gastos de mantenimiento del Templo.
4. Las promesas sagradas de Ekdesh, Jérem Y Erej (distintas clases de congregaciones) son preceptos de la Torá cuyo fin es acostumbrar al hombre a hacer donativos, como esta escrito “Honra al Eterno con tus bienes” (Proverbios 3:9)

HAFTARÁ IRMIAHU CAPÍTULO 1:6
Confianza y paz espiritual.

“Bendito es el varón que confía en el Eterno y cuyo apoyo es el Eterno mismo” (17:7) Leemos en el Talmud, Tratado de Pesajim 65: Cuiden de hacer el sacrificio de Pascuas (Korban Pesaj) en su debido tiempo, aunque sea en Shabat, aunque este impuro, si no se encuentra una persona no impida de hacerlo.
Ante cualquier situación, en momentos de paz o de guerra debemos saber cumplir con nuestra obligación, y si nos exige señal de que es posible y el hombre lo puede hacer porque D-s lo ha creado con fuerzas espirituales tales que puede realizar Su Voluntad en cualquier momento y situación.
“Bendito es el varón que confía en el Eterno y cuyo apoyo es le Eterno mismo”.

PARA SU INFORMACIÓN

1. Este Sábado, se proclama Rosh-Jodesh (principio de mes), Sivan (martes 22 de mayo)
2.
La lectura de la Tojaja (amonestaciones c.25: 1 –14 –43) se acostumbra a leer en un tono más bajo, pero en silencio rápidamente, ya que la lectura debe ser clara y comprensible para todos los miembros de la congregación.
3.
Este sábado se conoce también por el nombre de “Shabat Jazak”, ya que al terminar uno de los cincos libros de la Torá, en este caso el libro “Vaikrá”, La congregación canta en voz baja: Jazak Jazak venitjazek, pero el que lee la Torá no la canta, ya que debe concluir su bendición posterior a la lectura que se ha leído.

REFLEXIONES DE LA PARASHA
“Que estén ocupados en el estudio de la Torá” (Rashi)

Sobre el versículo “Si anduvieres según mis leyes, dice Rashi: que estéis ocupados en el estudio de la Torá. Rabí Abraham ben Ezra dice: Es una “Mitzvá”, precepto, estudiar, enseñar y realizar en la práctica lo que se estudia.
En el versículo cuatro leemos: “Y yo daré vuestras lluvias en su tiempo”, y los Rabinos nos enseñan que las lluvias son suspendidas por el pecado de la anulación del estudio.
Todo está claro: estudio y cumplimiento trae lluvias y florecimiento económico.
A más espiritualidad, más seguridad económica.
Al estudiar la Torá, recibimos recompensa, a cinco niveles. 

1. Eretz Israel será bendecida en bonanza y prosperidad.
2. El clima será siempre cálido y puro, los ríos y manantiales están siempre llenos, y gracias a eso la salud corporal estará en un alto nivel.
3. Habrá paz en la Tierra prometida, paz interior gracias a una buena economía, los ciudadanos estarán contentos, y no habrá unificación.
4. La seguridad será completa, el enemigo no osará entrar en guerra con los hebreos, y si lo harán serán vencidos.
5. La población aumentará, el Todopoderoso enviará su bendición, y el crecimiento numérico de los habitantes, será en forma sobrenatural y extraordinaria.
“Yo me volveré a vosotros” (26:9)… Me desocuparé de mis tareas, dice HaShem… para retribuir a vosotros (Rashi)… Esta feliz situación, será realidad, en los días de Meshiaj.
6. La Shejina “Divina Providencia”, residirá en la Tierra de Israel, “Y pondré mi morada entre vosotros” (Idem: 11)… quien decidirá la suerte de Israel: “Yo nadaré entre vosotros” (Idem: 12) y en Rashi: “Me pasearé con vosotros en el Paraíso, como uno de vosotros, y no os estremeceréis de mí”

Todo depende de la actitud que hemos de tomar….. ¡No le parece!

http://www.torahenfamilia.com

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Parashá Behar – (En el Monte) – Bejucotai – (En Mis Leyes) – 24 Iyar 5770 – 8 Mayo 2010.Comentarios

Primer comentario (Enseñanza Semanal de Jabad Lubavitch, http://www.jabad.org.ar)
Segundo comentario (Rab Daniel Oppenheimer, http://www.ajdut.com.ar)
Tercer comentario (Rabino Iosef Meta, ieshiva@sinectis.com.ar)


Primer comentario – “El influjo ilimitado de la Torá”

“Y Enviaré vuestras lluvias en su momento”(Vaikrá 26:4) El tema central de Parshat Bejukotai es la recompensa y el castigo. Di-s asegura bienestar y bendición en abundancia como retribución por el cumplimiento de las Mitzvot, y así también advierte acerca de las consecuencias negativas que acarrea el incumplimiento de la Torá y sus preceptos. Como paga por la observancia de las Mitzvot, encontramos un raudal de bendiciones en el plano material -lluvias, sustento, victoria en las batallas, desaparición de animales salvajes, paz y armonía, etc.

Esto despierta un interrogante: ¿No es acaso lo importante y verdadero del cumplimiento de los preceptos el beneficio espiritual en vez de la recompensa?. Además, Nuestros Sabios en el Pirkei Avot nos indican: “No seáis cual sirvientes que sirven a su amo para recibir recompensa”. ¿Por qué se pone aquí tanto énfasis en la paga material por el cumplimiento de los preceptos?.

Por qué el Mashiaj en temas materiales?

La misma duda se despierta pero con más fuerza con respecto a la descripción de la Torá de la abundancia fabulosa de bienestar material que habrá en la época del Mashíaj. Nuestros Sabios nos dicen: Cuando se plante una semilla, inmediatamente crecerá la planta y dará fruto; el sabor del tronco será igual al de la fruta, y muchos aspectos maravillosos más. Sabemos que, con la llegada del Mashíaj se verá abiertamente y en la máxima expresión la revelación Divina, hasta el punto que, como acota Maimónides: “el mundo se ocupará únicamente de conocer a Di-s”. Todas las “delicias” serán considerados “polvo”. En una situación espiritual de nivel tan elevado, la riqueza material no tendrá ningún sentido, y sólo será un medio que permitirá a los iehudim “dedicarse a la Torá y al servicio a Di-s”. ¿Por qué entonces, esta exuberancia?.

La fuerza de la vida

La respuesta es, que la abundancia material como consecuencia del cumplimiento de los preceptos, refleja la verdadera dimensión de lo que es la Torá. Sobre ella está dicho: “Es tu vida y la extensión de tus días”. La Torá no es simplemente un aspecto más de la existencia, incluso el más excelso y elevado, pero al fin y al cabo un aspecto más, sino que la Torá es la esencia. Es la vida del judío y por ende, la esencia del mundo, de la existencia toda. Resulta lógico entonces, que superabundancia espiritual en Torá y Mitzvot-la esencia, la vida-traerá profusión en todos los planos, también en los terrenales y mundanos.

La perfección de la redención

El hecho que la paga por el cumplimiento de la Torá y sus Mitzvot se reflejará en el aspecto físico, nos muestra que realmente la Torá “Todo lo abarca” pues es la esencia. Así como cuando en el hombre se despierta un sentimiento de alegría que afecta a su ser, ésta no permanece únicamente en el aspecto espiritual sino se dispersa y manifiesta en todos los miembros del cuerpo, incluso en las piernas, que se elevan para bailar de alegría- así la Torá que es “tu vida” cuando es cumplida y estudiada, tiene su efecto en la totalidad de la realidad del hombre, también en los aspectos físicos, trayendo bendición y abundancia. Cuando los iehudim se comportan de acuerdo a la Torá, traen superabundancia al mundo. La perfección de esto será alcanzada en la época de la Redención, cuando el mundo físico esté superficialmente refinado como para poder recibir de la Torá sus bendiciones ilimitadas y maravillosas.

Likutei Sijot 37, Pág. 79.

Segundo Comentario – EL ARTE DE “CORREGIR”

En las últimas publicaciones del Ajdut nos dedicamos a ilustrar al lector sobre la delicada Mitzvá de tratar de corregir las malas costumbres ajenas. En todo momento, nos referimos a la figura hacia quien estaba dirigido nuestro interés, como un tercero con quien nuestra relación posiblemente sea inconstante o poco frecuente, es decir, una persona con quien tenemos cierta familiaridad, pero con quien podemos estrechar el vínculo o bien podemos tomar cierta distancia. Esos podrían ser: compañeros de estudios, socios laborales, conocidos de la comunidad o parientes. Sin embargo, cuando la relación es más estrecha, como ser padres, hijos, hermanos y cónyuges, no existe la viabilidad de tomar distancia sin que esto genere alguna fricción y malestar. La Mitzvá, no obstante, es la misma, y, dada la proximidad natural y la intimidad habitual, los errores suelen ser más penosos que si se tratara de otras personas con quienes el vínculo es más remoto.

Entre todos los parientes, el conflicto más ingrato se crea con el propio hijo. ¿Por qué? Pues en cuanto al hijo, el padre y la madre tienen la obligación innata (por sentir a su hijo como “propio” y para “quedar bien” ante la sociedad) y también sagrada (por orden de la Torá) de educarlo. Siendo así, no hay frialdad o desapego posible. Los padres están ligados al futuro de sus hijos en una unión que no tiene comparación con ningún otro vínculo y todo lo que hagan los afecta le algún modo. Los padres gozan de los éxitos de sus hijos, sufren con sus penas y enfermedades como si ellos mismos padecieran ese mal y están pendientes de cada paso correcto o equivocado
de sus hijos. Dado este contexto, a menudo los padres se sienten frustrados y desilusionados con algún aspecto de los hijos “que le tocaron”. Vuelcan esta desgracia y este infortunio sobre las cabezas de sus pequeños, tratando de rectificar el curso de los eventos para adecuarlo a sus propias expectativas. De ahí que los padres a menudo se conviertan en los peores agresores de sus hijos, cuando, en el curso de “corregir” lo que ellos entienden que se debe modificar, provocan peores males emocionales que el perjuicio supuesto o genuino que alegan enmendar. Obviamente, esto que acabo de escribir es muy genérico, y no es bueno generalizar. Por lo tanto, es interesante leer lo que los Sabios recomendaron respecto a los hijos, para intentar proceder de acuerdo a sus enseñanzas. Se trata de conceptos difíciles de poner en práctica, pero sin duda que en última instancia, los beneficiados serán los propios padres y sus hijos.

Ante todo: “Como principio, una persona no debe implementar un temor excesivo en su hogar…” enseña la Guemará en Guitín 6. La autoridad genuina no necesita asistirse con el miedo para hacerse valer. En otras áreas de la vida todos sabemos quien es autoridad en un tema determinado al tomar conciencia que esa persona conoce profundamente la materia. A su vez en la paternidad, los padres son autoridad, no porque la constitución del país les otorgó la potestad, ni porque asusten a alguien con su prepotencia, o necesariamente por su superioridad intelectual frente a los hijos, sino porque éstos ven en ellos a sus progenitores y, desde chicos, buscan imitarlos – para bien – y/o para mal.

Por otro lado, los Sabios cuestionan al rey David por no advertir a su hijo Adoniahu la vida pública que llevaba (aparentaba ser el futuro rey, cuando D”s había determinado que sería Shlomó el heredero del trono – Melajim 1. Adoniahu terminó ejecutado). Lo que nos quieren demostrar con esta enseñanza, es que el hecho de no decir las cosas que están mal – quizás por temor a “perder” al hijo – en realidad juega en contra de los objetivos genuinos del padre – y del hijo. Cuando la reprimenda es necesaria, se convierte en un “derecho” del hijo, que al privárselo, sólo se lo está dañando. (Lo cual no significa que se lo reprenda en cualquier momento y modo que se le venga a la mente del progenitor). “Todo amor que no lleva consigo una admonición o exhortación, no se denomina amor (Bereshit Rabá 54).

¿Cuál es el camino óptimo? “Como pauta, debe ser la mano izquierda la que aleja y la derecha la que acerca” (Talmud Sotá 47). La mano derecha simboliza la más fuerte de las dos. La confianza irrestricta donde no se distingue la figura del padre, ni la distancia fría que aleja los corazones, brindan el espacio ideal para la educación. Es necesario que ambas conductas convivan en un mismo vínculo – dando prioridad y mayor fuerza – a la familiaridad y a la franqueza. ¿Acróbatas? No. “Simplemente” padres. ¿Nunca escuchó estos temas que acabamos de enunciar?

Ud. no es el primer padre que no tomó clases de educación, y, lamentablemente, no será el último. Pero no se desanime. Ahora es el momento para comenzar a pensar y actuar, si aun no lo hizo o si solamente “tocó de oídos”. Existen conductas de los hijos que nos irritan. “Ya le dije tantas veces que no se trepe… ‘Bájate de allíííí…’, ‘Siempre andás con la camisa afuera’, ‘”. Pues ahí sigue la recomendación de los Sabios de emplear : “el enojo del semblante y no un enojo del corazón” (= aparentar o fingir disgusto frente al hijo, en caso de necesidad, pero que internamente no se encolerice – Mesilat Iesharim de R. Moshé Jaim Luzzatto, 11). No se tome los desafíos educativos de sus hijos con agitación, turbación y angustia. No ganará nada. El es un niño y es suya la tarea de enseñarle. ¿O pensó que de su panza saldría un adulto que no requeriría de su cuidado? Tristemente, no funciona siempre así. La reacción de muchos padres irascibles suele ser más una venganza que un castigo (Alei Shur del R. Shlomó Wolbe shlit”a). “Mirá lo que me hizo” – “Me ensució la cocina” – “Me arruinó la reunión” – “Me vino con una mala nota”. Todos esos “me”, sólo significan egoísmo de los padres. Los niños no “les” hacen problemas. Sólo se portan como niños. Cuando los padres los sancionan, suele ser más una represalia por su propia frustración que una merecida penitencia. Vemos entonces, que si bien el tema de corregir siempre es un reto, con los hijos se torna más grave. A su vez, no podemos dejar de mencionar el tema de la impresión que causa en los niños, quienes están aún en su etapa evolutiva, toda agresión que sufran de terceros y, en particular, la de sus padres.

Muchos coincidirán que las palizas que reciben por lo general no rectifican nada, y menos aún, si se administran con mucha frecuencia, sino que casi indefectiblemente, tendrán el efecto contrario. Sin embargo, lo que pocos notan, son los resultados del abuso verbal del cual son objeto los propios hijos. La lectura de esta semana nos prohibe herir a cualquier persona con la palabra (ona’at devarim). Los epítetos indeseados que le dicen al niño, aun en casa, duelen y mucho. Lo mismo sucede con los gritos, las amenazas , presiones y comentarios cínicos ante los fracasos. Lo que seguramente sucederá, es que en el futuro el niño, y luego el adulto, repita estas ofensas en contra de otros, o, al menos, contra sus propios hijos. En esta rueda, la violencia sólo genera más de lo mismo. Por otro lado, uno de los objetivos más importantes – que a menudo se pasa por alto – es la constitución de un ser humano con una sana auto-estima, que es lo que va a sostener al futuro adulto en los momentos críticos de su vida. El aliento para que siga adelante, el apoyo para que supere las dificultades, y la felicitación por el esfuerzo que significa cada paso que da, son los que, al fin de cuentas, motiven al joven a seguir creciendo en forma independiente, aun cuando ya no tenga la asistencia de sus progenitores.

Me siento tentado a terminar este Ajdut con el “continuará” de los anteriores. El tema de la educación de los hijos es un asunto que siempre continúa. Bajo un título u otro, D”s mediante, volveremos sobre esto para ampliar las ideas. Por hoy ya nos queda suficiente para reflexionar.

Daniel Oppenheimer

Tercer comentario – Paro General

Nuestra Parsha nos habla de conceptos muy importantes y profundos como ser, como comerciar, como debe ser la relación patrón – trabajador, la relación con nuestros semejantes etc. Escogimos un tema básico, que creemos es la base para las demás. El tema a tratar es “Shemita” que significa “Año Sabático”.

El paro proclamado era general, y reunía a todos los sectores. No era un paro de 24 horas, sino duraba todo un año! (354 días, según año lunar) No había negociaciones entre los empresarios y los trabajadores, tampoco había reclamos, ni se pedía aumento de salarios, ni mejores condiciones, ni indemnizaciones por enfermedad, ni nada que se le parezca a los paros generales de nuestra época.

Al finalizar el año volvían los trabajadores a sus trabajos en forma pacifica, sin necesidad de hacer conciliación alguna, sin tensión, y hasta la producción aumentaba, a pesar de no haberles pagado por ese año de paro general.

– Entonces, ¿Cuál es el sentido del Paro general?

– Porque es un precepto Divino que debemos parar, como esta escrito en Levítico 25.2-7. “Cuando vengan a la tierra…. guardara descanso sagrado para D-s. Seis años sembraras tu campo, y seis años podaras tu viña… y en el año séptimo descansará…. tu campo no lo sembraras y tu viña no la podaras …. y el fruto crecido espontaneo será para comer, para ti, para tu siervo y tu sierva, para tu jornalero, y para los forasteros que habitan con vos. Para tus animales ….. que hubiere en tu tierra, servirá todo aquel producto, como alimento.”

Si revisamos en estas leyes junto a los detalles prácticos que nos da la Tora Oral sobre este precepto, descubriremos el mensaje oculto de este precepto que renueva a la sociedad.

Ejercitemos con la imaginación, y pensemos en una sociedad en la cual se rige el Año Sabático, y veremos que seis años se vivía con una economía creciente, que se trabajaba para conseguir el sustento para vivir, y se perseguía sin fin el dinero y status social. Se desarrollaba la riqueza natural – la agricultura. Se sembraba los campos y se obtenía ganancias interesantes de la cosecha. Obviamente se regia todo por la oferta y demanda, movimientos de los mercados y variación en los precios con algún que otro engaño, provechoso para los negocios pero que dañan al alma. Un sistema de vida así, provoca, la necesidad interior de la ciudadanía a llegar a tener dinero, propiedades y demás bienes. Un poco más y un poco más ….. Era un país “Normal” totalmente, con una escala de valores hacia lo económico, y por ende el nivel social junto a la cultura del “quiero mas”, trajeron el sentimiento de discriminación y las luchas de las distintas clases hasta la destrucción misma.

Y dentro de esta vida tumultuosa – vino de repente el cambio. Al llegar el séptimo año – se para todo el sistema junto, y descansa toda la tierra. No era moderación del trabajo sino Paro General de un año entero. La situación se vuelve antieconómica.

Y veamos los resultados: Un decreto espiritual, nos impide trabajar la tierra, obtener ganancias de mis bienes, guardar producción. Un año mirando sus bienes, y como si no fuera de ellos. Se interrumpe el aprovechamiento de los recursos naturales para beneficio propio. Esta nueva realidad les enseña a ellos que eran hasta ahora esclavos de la cultura consumista que siempre quiere mas, que se fueron creando con la corrida sin limites detrás de las adquisiciones materiales. La interrupción temporaria de la misma mejora la visión de las cosas y permite volver al equilibrio del hombre. Incluso el campo que descansa proclama que también tiene su propio valor, que no solo esta dependiendo del hombre. El hombre no es dueño de todo, de hacer del campo lo que se le ocurra. Esto sería lo que aprende quien respeta Shemita en la tierra de la Shemita.

Pero observemos más todavía. ” …. y el fruto crecido espontaneo será para comer, para ti, para tu siervo y tu sierva, para tu jornalero, y para los forasteros que habitan con vos.” Esta orden anula por un año los limites de la propiedad particular. El capitalismo como ideal sufre un fuerte golpe, porque esta orden me dice, que mis campos se convierten en tierra de nadie por un año, y debo dejar que quien quiera, mis empleados, vecinos, pobres, etc., vengan y tomen de los frutos de mi propiedad, sin mi permiso, (porque incluso el derecho a dar permiso se me quita). Los campos y los arboles son abandonados.

Así es como esa inclinación de “poder” (que parece ser el objetivo principal de la sociedad) se revierte y capta el mensaje que trae esta orden de abandonar las tierras. De esta manera ejercitamos nuestro corazón, para entender que las posesiones no son valores por sí mismos. Un año me hará sentir esta realidad, para que los próximos seis años no vuelva a ser esclavo del dinero.

Pero también esta orden lleva otra noticia, la noticia de igualdad total de todos los ciudadanos del país, esta orden derriba de una vez toda división de clases. Los campos están abiertos ante todos por igual, dueños y empleados en el mismo nivel, los pobres se codean con gente de “la alta” que viven en zonas residenciales, todos ellos juntan sus alimentos de este año, y todos juntos. Y es una sensación de igualdad muy profunda, que seguramente les quedara aun cuando vuelvan al sistema de vida económica al año octavo!!

Si miramos mas aun veremos que también en la igualdad están también los animales, como dice el versículo “Para tus animales ….. que hubiere en tu tierra, servirá todo aquel producto, como alimento.” Delante de D-s somos todos iguales, incluso los animales.

Maimónides escribió “Los frutos del séptimo año solo se comen cuando todavía existe de esa especie en el campo, como versa: Para tus animales ….. que hubiere en tu tierra, servirá todo aquel producto, como alimento.” Todo el tiempo que los animales comen en el campo, vos podes comer de lo que tienes en tu casa. Se acabó en el campo para los animales, debes exterminar ese fruto de tu casa.” (Rambam Hal. Shemita veiobel 7.1.)

En este año no podes comer y hartarte si los animales no pueden comer al igual que vos. La igualdad es total porque hay un punto en común: Somos todos creados por D-s.En el año antieconómico también está prohibida la venta de frutos crecidos el año séptimo. (Rambam allí, 6.1.)

Durante un año entero los frutos son solo para consumo, sin que el comercio se entremeta. Durante un año entero recuerda el año sabático al judío, en un idioma claro, que D-s no hace brotar frutos, para que los especuladores del mercado se enriquezcan de ellos, El saca “el pan” de la tierra. “Pan” para alimentar a los seres vivientes, Es “pan” y no-mercancía. El descanso de la tierra nos hace volver al punto inicial.

Este es el proyecto antieconómico de Shemita, que cura y construye de nuevo la integridad moral del hombre. Este proyecto corta con las ambiciones del “poder” del “quiero mas” que destruye a la sociedad. El repaso de este proyecto, por lo menos cada siete años, probablemente
corrija las desviaciones del hombre y lo haga volver cada tanto a los auténticos valores morales.

Iosef Meta

Parashá Behar – (En el Monte) – Bejucotai – (En Mis Leyes) – 22 Iyar 5769 – 16 Mayo 2009

Rabí Israel Baal Shem Tov enseñó que de cada cosa que uno ve o escucha debe tomar una enseñanza para su servicio a Di-s.

¿Qué Aprendemos esta Semana de la Parshá?

“EL JUDIO CREE EN DI-S Y SIEMBRA”

“Y descansará la tierra en Shabat para el Altísimo” (Vaikrá 25,12)

En nuestra Parshá la Torá enumera las leyes del año sabático de ‘shmitá’. Se explica en los libros sagrados que el año sabático estaba destinado a afianzar en el corazón del judío la fe en el Creador del mundo. Mientras que durante los seis días de labor agrícola su pan era el producto de su trabajo y esfuerzo, en el año sabático, cuando cesaba totalmente la actividad del campo su confianza y seguridad estaba puesta exclusivamente en el Altísimo.

De esta manera, el año sabático enseña al hombre que es Hashem Quien alimenta y sostiene al mundo entero, y por ende cuando el hombre regresa al trabajo en el campo durante los seis años de labor agrícola estaba entusiasmado e imbuido de la conciencia que su sostén económico proviene de Di-s (y no, Di-s libre, de “mi fuerza y el poderío de mis manos”)

NO ES ALGO NATURAL

El Talmud (Shabat 31,a) dice que el judío se caracteriza porque “cree en Quien da vida al mundo y siembra”, es decir, cuando siembra el campo, no ve en ello nada más que un acto natural, además actúa en base a las leyes de la naturaleza, sino que siembra tan solo porque cree en Di-s en Él esta puesta su esperanza que le enviará su sostén a través de sembrar la tierra.
En esta fe en Di-s, hay dos niveles en lo que respecta al asignado a los medios naturales a través de los cuales se recibe el flujo Divino de bendición:

NIVELES DE FE EN DI-S

Una posibilidad es que el hombre se apoya en Hashem que continuará manejando a la naturaleza. Sabe que es el Altísimo el Creador y es Él Quien fijó las leyes de la naturaleza, en un sistema en el cual “la siembra y la cosecha… no cesarán” (Bereshit VIII,22). Por ello, cree que Di-s proseguirá manejando la naturaleza en esta manera, y por ende la siembra será exitosa.
Es verdad que le asigna importancia a las leyes naturales y las toma en cuenta, pero posee la convicción de fe que la importancia que tiene la naturaleza y sus reglas se debe tan solo a que Di-s fijó este sistema.

Otra posibilidad es que la persona no se apoya en absoluto en las leyes naturales y no les asigna valor alguno, puesto que siente que Di-s crea al mundo en su totalidad cada instante desde la nada absoluta, y por ende, todo absolutamente todo, incluso los fenómenos naturales y sistemáticos son realizados por Él.
Sin embargo – siembra, porque Di-s encomendó sembrar y trabajar la tierra. Por ello tiene la confianza y seguridad de que por esta vía Di-s le enviará Su bendición. Este es el nivel de fe que esta por encima de la razón lógica.

SIN INSTRUMENTOS NATURALES

Superior a ello es la fe del año sabático.
Durante los seis años de labor agrícola, incluso estando en el segundo y más elevado nivel de fe en Di-s, siendo que hay aquí una acción natural al sembrar, puede ello opacar la fe de que la bendición viene exclusivamente de Di-s. Es verdad que en su parte interior el hombre tiene puesta su fe solo en Di-s y no le adjudica a la vía natural importancia alguna, pero a ojos vista el pan es el producto del trabajo de la tierra.

Solo en el séptimo año, cuando se cesa totalmente la actividad agrícola y se lo dedica al estudio de la Torá sin preocupaciones externas – ahí queda claro, a los ojos de todos, la poderosa fe en Di-s, una fe absolutamente pura, que trasciende todas las reglas de la razón lógica humana.
Este es el nivel de fe requerido de todo judío, y este llegará a su nivel más perfecto en “el día que es totalmente Shabat”- cuando sea la verdadera y completa redención del Mashíaj.

(Likutei Sijot, Tomo 32, Pág. 159

http://www.jabad.org.ar/

Parashá Behar – (En el Monte) – Bejucotai – (En Mis Leyes) – 22 Iyar 5769 – 16 Mayo 2009

Resumen de la Parashá Behar

Estando el Pueblo de Israel en el Monte Sinai, el Todopoderoso dijo a Moshé que les dijera que cuando tomaran posesión de la tierra de Canaán, debían dejar descansar la tierra un año luego de cada seis años de siembra. El séptimo año sería Shabat para la tierra (shemitá), y no se debían sembrar los campos ni desmochar los viñedos.

También dijo el Eterno que cada cincuenta años, los Benei Israel debían observar el jubileo (iovel), que comenzaba en Yom Kipur, y durante ese año no se sembrarían los campos, y asimismo se dejaría en libertad a los esclavos hebreos y todas las tierras debían ser devueltas a los dueños originales.

Si un propietario vendiera la tierra por razones de pobreza, la hacienda podía ser redimida por un pariente del dueño original o por éste mismo.

Si alguien debía vender una propiedad ubicada en una ciudad amurallada, para redimirla tenía que esperar un año, mientras que si estuviera ubicada en aldeas o ciudades apartadas para los levitas, volverían a sus dueños durante el período de jubileo.

Si un judío prestara dinero a otro judío pobre, no debe cobrarle intereses. Si el necesitado se veía necesitado de venderse como siervo, el amo judío debía considerarlo como un criado contratado, tratándolo con respeto y poniéndolo en libertad durante el iovel. Un pariente adinerado podía redimir al siervo judío, pagando al amo una cantidad de dinero sobre la base de los años que faltaban hasta el jubileo.

Resumen de la Parashá

En esta parashá, la última del libro Vayikrá, el Eterno advierte al Pueblo de Israel que si obedecieran las leyes y preceptos que Él ordenó, habrá lluvias y verían el fruto de la tierra y de los árboles y plantaciones. La tierra produciría abundantemente, y no habría ni animales ni enemigos que atacaran a los judíos. Los Benei Israel vivirían en prosperidad y paz.

Pero si no escucharan ni cumplieran los mandatos del Todopoderoso, la revelación contra Hashem traerá el terror sobre el Pueblo de Israel, castigándolo con hambre, enfermedades y el ensañamiento de los enemigos, lo que conllevará a un exilio de la nación. Si aún persistiere esta terquedad contra el Eterno, todas estas heridas serán siete veces más poderosas. Bestias salvajes del campo, destrucción del ganado, reducción de la población y los caminos del judío quedarán desolados.

En cambio, si los Benei Israel se arrepintieran de sus mala actitudes, Hashem recordará Su pacto hecho con los patriarcas Abraham, Itzjak y Yaacob, y nuevamente volverán bajo su manto, pues Él nunca los abandonará totalmente.

La parashá continúa con la contribuciones para el mantenimiento del Santuario, la valuación de la misma estará determinada por la edad y el sexo de quien la consagra.

Quien ofrece un animal para el sacrificio, no podrá cambiarlo por otro. Si el animal fuera defectuoso, lo podrá redimir pagando al Cohén el valor monetario más un quinto de ese valor.

Si alguien redimiera una parte de la tierra entregada, la redención debía estimarse según el número de años que restaran hasta el próximo jubileo (iovel).

Un animal primerizo, no puede ser ofrendado voluntariamente, ya que el primogénito es propiedad del Eterno.

Toda persona condenada a muerte, no podrá ser rescatada.

El diezmo de la tierra, podrá ser redimido pagando su valor más un quinto del mismo.

Todos estos mandatos fueron impartidos por el Todopoderoso a Moshé, en el monte de Sinai para cumplimiento de los Hijos de Israel.