Parashá Shavua: (Itró – Jetró). 22 de Shevat 5773 ( 2 de Febrero de 2013). Itro su consejo a Moshé

 exodo-18Itro aconsejó a Moshé, y su nombre se eternizó en la Torá, es por ello que una  sección de la Torá, lleva su nombre. Gracias a su consejo Moshé no  desfallecería, ni tampoco el pueblo que estaba con él.
¿Cuál fue el  consejo?
Itro vio que Moshé atendía solo al pueblo, desde la mañana a la  noche y le aconsejó que nombrase ayudantes, y que cada uno de ellos fuese  encargado de un número de personas, de diez, de cincuenta, de cien y de miles,  ellos se ocuparían de sus problemas y de encontrar las soluciones. Las  cuestiones difíciles, la remitirían a Moshé, pero todo asunto pequeño lo  resolverían ellos mismos “(Shemot, 18:27).
Parece ser que Itro es un  asesor exitoso y nada más, un visitante extranjero que supo identificar un  problema técnico y proporcionar un buen asesoramiento. Itro se merece alabanzas  por su sagacidad, pero no logramos entender porque la Torá se explaya tanto en  la conversación entre Moshé e Itro.
El Netziv, Rabí Naftali Iehuda  Berlín, en su comentario, HaAmek Davar a la Torá, nos revela un punto  importante. Marchando a la luz de su comentario, descubrimos que detrás del  consejo de Itro se esconde toda una revolución en lo referente al liderazgo de  Moshé. Itro se dio cuenta que el pueblo pide la ayuda de Moshé, no solo para  solucionar un pleito, que se despertó entre litigantes, y por eso le pregunta “¿Porqué… todo el pueblo permanece parado alrededor tuyo, desde la mañana a la  tarde “? (idem, idem: 14).
Moshé le contesta que su encuentro con el  pueblo es en tres niveles. “Porque el pueblo viene a consultar a D-s” (ídem,  ídem, 15).
En una situación de angustia, la persona viene a preguntar al  profeta que sucederá. Cuando hay un enfermo en la familia, los parientes quieren  consultar a HaShem, para saber si el enfermo vivirá o por el contrario  fallecerá. Si se le perdió algo, llega a consultar D-s, para que con la ayuda  del Maestro Moshé, puedan encontrarlo.
Rivka, fue a preguntar por su  embarazo (Bereshit, 25:22), y el Rey Shaul, preguntó por sus asnos perdidos  (Shmuel 1, cap. 9)
“Y yo Juzgó entre el uno y el otro”. Más allá de la  consulta a D-s a través de Moshé, también le piden que juzgue al pueblo. ”Y les  doy a conocer los estatutos de D-s y Sus leyes” (idem, ídem; 16). Moshé, le  enseña la Torá a todo el pueblo.
Se acostumbra a pensar que el consejo  de Itro se reduce al nombramiento de jueces que ayuden a Moshé para aliviar su  carga pero el Netziv, pensaba que esto era secundario.
Itro le dice  Moshé, nuestro Maestro, “Ahora, pues oye la voz de mi consejo…. se tu, el  representante del pueblo delante de D-s, para que traigas sus razones a  HaShem“(ídem, ídem: 19).
A primera vista eso era lo que Moshé hizo hasta  ahora. Contestaba a las personas que llegaban a consultar a D-s. Pero en  realidad hay una diferencia entre la concepción de Moshé y la de Itro sobre la  consulta del pueblo a D-s.
Moshé ve su función en transmitir al pueblo  la respuesta de D-s, a sus distintas angustias e inquietudes. Itro piensa que la  persona que se apersona a Moshé, no espera que su Maestro le responda en nombre  de D-s, el desea que Moshé, su Maestro, lo represente ante D-s, que interceda  por él, que Le ruegue, y suplique hasta que se solucione su problema.
Itro, aconseja a Moshé que cambie de bando. En vez de ser un emisario de  D-s, para responder a los pedidos del pueblo, desde ahora será enviado del  pueblo, cuando se dirija a D-s.” Se tu representante del pueblo delante de D-s,  para que traigas sus razones a D-s” (ídem, ídem: 19)
Con este consejo,  Itro, no alivia la carga de Moshé, por el contrario, deposita sobre sus hombros  una carga pesada. Responder en nombre de D-s, como hizo hasta ahora, es rutina.  Ahora debe rezar y suplicar por cada uno de Israel, lo que seguramente le tomará  largas horas y un esfuerzo espiritual gigantesco.
Itro, quien fuera  sacerdote de Midian, y que probo todos los credos de su época, eligió  convertirse al Judaísmo, por la calidad de la Fe judía, por la posibilidad de  cambiar el mundo, y presentarse ante D-s para defender a Su pueblo, pudo  aconsejar a Moshé, nuestro Maestro, y el más grande de nuestros Profetas.

http://www.torahenfamilia.com

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Parashá Shavua: (Itró – Jetró). 17 de Shevat 5771 (22 de Enero de 2011).Millones de Testigos

La pura verdad es aquello con que la mayor parte del mundo está de acuerdo. Y cuantas más personas atestiguan una cosa, más aceptada es por los oyentes. Y si loa testigos son pocos, para los inteligentes la cosa empieza a ser un poco menos segura. Esto está tan aceptado en todos los pueblos que decretaron en sus leyes que solo se puede condenar a muerte si existe el testimonio de tres personas.

También están todos de acuerdo, justamente por ese mismo motivo, a aceptar lo que cuentan oralmente sus padres, sobre lo que sucedió en sus días o en los de sus abuelos. Cuando los padres que testimonian son muchos y aquellos en cuyas épocas se desarrolla el suceso que ellos vieron, con sus propios ojos, también son numerosos, no cabe ninguna duda que el acontecimiento es seguro y un hecho aceptado por los hijos que los escuchan.

Por eso, cuando D-s quiso dar su Torá al pueblo de Israel, la dio ante los ojos de seiscientos mil hombres adultos, aparte de las mujeres y los niños, para que todos ellos sean testigos confiables de ese acto. Para que el testimonio sea más fuerte y creíble, tuvieron todo el privilegio de ascender al nivel de la profecía. Porque sobre aquello se sabe que mediante la profecía jamás puede haber duda.

Y dijo D-s a Moshé: “Para que el pueblo escuche que Yo hablo contigo y también crea en ti eternamente”

Esto significa que ellos y sus hijos, hasta la eternidad creerán en ti y en tu profecía, porque ellos sabrán con certeza que D-s habla con una persona y ésta queda con vida, y que toda la Torá es cierta.

Pero si ellos no hubieran tenido el privilegio de la profecía y de todos los milagros que Moshé realizó ante el Faraón y a la vista de todos, otros podrían disentir y decir: “¿Quién sabe? ¡Quizás Moshé hizo todo con magia o ilusiones, con sabiduría diabólica c con la fuerza de los nombres de los ángeles! Cierto, los sabios egipcios y sus hechiceros, que eran los de mayor práctica en el mundo, tuvieron que reconocer ante Moshé y le dijeron al Faraón, que todo lo había hecho con ayuda de D-s, como dice la Torá: “Este es un dedo de D-s Todopoderoso”.

Sin embargo, el que quiera encapricharse va a decir que la inteligencia de Moshé era mayor que la de ellos. Pero mediante la profecía no les quedó ninguna duda sobre esto y supieron con certeza que todo esto se hizo según lo había enunciado el Altísimo y que todo había llegado de su mano.

Y ellos, lo vieron con sus propios ojos y lo supieron de forma cierta y clara, imposible para las personas tener una verdad más fuerte que esa, atestiguaron ante sus ojos que todas las palabras de la Torá, que recibieron a través de Moshé desde “Breshit” hasta “Leene Kol Israel” son ciertas y claras sin lugar a dudas. Y Los hijos volvieron a testimoniar ante sus hijos, y estos antes los suyos hasta llegar a nosotros. De eso vemos que nuestra Torá es verdadera de acuerdo al testimonio de 600.000 testigos confiables, un cálculo que reúne todas las ideas humanas, aparte de mujeres y niños.

A través de nuestra investigación nunca podremos comprender el sentido de la Divinidad, pues ningún científico pudo llegar al fondo del mundo terrenal, porque… ¿Quién puede con el conocimiento de la investigación descubrir por completo la capacidad oculta de las hierbas, los frutos y las piedras preciosas?

Si ante eso se quedan asombrados todos los científicos y toda la gente culta, ¿Cómo podemos nosotros aprender de ellos la elevada sabiduría y conocimiento sobre D-s?

Ahora, si un extraviado, cuyo corazón se aparta de nuestro D-s argumenta: “¿De qué te sirve a ti judío, tu tradición? ¿De qué te sirve preguntarles a tus padres y a tus abuelos? Busca e indaga en tu propia inteligencia. Profundiza con tus propias opiniones, abre tus ojos y mira lo que ocurre en tu mundo. Piensa en los movimientos del cielo y la tierra, en ellos verás y comprenderás lo oculto de la ciencia.

D-s libre que nosotros vayamos a arrastrarnos por las alturas y nos dediquemos a cosas que son mucho más elevadas que nuestra inteligencia y pensamientos. Nosotros no necesitamos esos caminos. Porque nuestros antepasados nos dejaron la mesa servida. Ellos ya profundizaron en esas interrogantes y llegaron al fondo de la ciencia verdadera. Ellos llegaron a saber que D-s puede hablar con una persona y que ésta puede quedar con vida ¿Para qué tenemos que investigar y rebuscar en sus palabras para ver si son verdad? Solo hay que beber sedientos sus palabras tal como fueron escritas y dichas. Por ejemplo: si uno recibiera el testimonio de millones de personas de no beber el agua de un río, porque vieron que el agua mata a quienes la beben y que lo comprobaron mil veces en distintas épocas y con personas de diversos países y después se le acercara un sabios, un famosos doctor y le dijera: “No le creas a todos ellos, científicamente, yo te digo que esta agua no es capaz de matar. Es agua clara y liviana e incluso la arena que corre por ella es buena. Bebe de la misma cuando desees. ¿Esa persona, acaso va a dejar el testimonio de la mayoría y va a hacer lo que le dice el sabio? Una persona con juicio no le va a hacer caso. Esto es el sentido de lo que dijimos antes, que la veracidad de los asuntos mundanos es conocida por el hecho de que muchas personas la testimonian y son más aquellas que la quieren demostrar mediante su investigación y entendimiento. Porque como las personas están lejos de la perfección, su inteligencia no alcanza el sentido y el fondo de las cosas.

Por eso el camino está elegido para la persona: Haz todo lo que ordena la Torá, que fue recibida a través de testigos confiables, entregada por el Amo de la Sabiduría, a los seres humanos y ella están incrustados los más preciados conocimientos y la más celebre sabiduría.

(Extraído del prólogo del Sefer Hajinuj)

Parashá Shavua: Itró – (Jetró). 22 de Shevat 5770 ( 6 de Febrero de 2010).Comentarios

Primer comentario (Rab Daniel Oppenheimer, http://www.ajdut.com.ar)
Segundo comentario (Rabbi M.M.Schneerson – http://www.jabad.org.ar )
Tercer comentario (Gentileza Judaicasite.com)

Primer comentario – No Robarás

Esta semana leemos en la Torá una de las partes más famosas y conocidas aun por aquel que sepa siquiera tan solo lo más elemental de judaísmo.

Los diez mandamientos. (Es triste decirlo, pero muchos judíos ni siquiera saben eso). Entre aquellos diez mandamientos, uno de los más reconocidos universalmente es el que demanda: “¡No robarás!”. (Antes de seguir con el tema, quiero aclarar que la prohibición a la cual se refiere aquí, de acuerdo a lo que explican los Sabios, no se remite a aquel que roba gallinas, ni a aquel que asalta un banco a mano armada, sino a aquel que secuestra a una persona. La prohibición de robar bienes materiales, está en Vaikrá (Levítico 19:11 y 19:13) con las palabras “lo tignovu” y “lo tigzol”. Sin embargo, dado que la gente habitualmente atribuye la prohibición del robo común a esta lectura, trataremos el tema aquí).

¿A qué se llama robar? La respuesta pareciera ser sumamente simple a primera vista. Es más, la gran mayoría (si no la totalidad) de la gente que nos rodea y nosotros mismos decimos no ser ladrones. Y lo decimos con toda honestidad y con la conciencia limpia. Nunca figuramos en las páginas de las noticias policiales, tampoco le metimos la mano en el bolsillo a nadie y, por lo contrario, más que uno de nosotros fue víctima de algún robo, hurto o asalto en algún momento de nuestras vidas, lo cual lo pondría del lado de “los buenos”, es decir, de las víctimas inocentes y no del lado de los ladrones.

Sin embargo, la Torá no es tan condescendientes con nosotros. En realidad, la razón que no nos autodenominamos ladrones es precisamente porque hay tantos “peces gordos” de los cuales uno lee diariamente, que si alguna vez no somos del todo perfectos, lo nuestro sería “cosa de chicos”. Es allí donde comienza nuestro error. El ser mejor que otro, en la Torá, aun no significa nada. D”s nos dio leyes (en este caso sumamente estrictas), y nos podemos evaluar únicamente frente a nuestro propio potencial… y nada más. La moralidad de los demás, o la falta de ella, es problema de la conciencia de ellos y de quienes están encargados de juzgarlos. Obviamente, dada nuestra comodidad, no sólo nos evaluamos a nosotros mismos con parámetros subjetivos y relativos, sino que aprobamos y criticamos la conducta de las demás personas con aquel mismo metro.

¿Qué se llama entonces “robar” de acuerdo a la Torá?

1. Quien hace perder tiempo a otra persona. Hay una “cola” en el banco para abonar la cuenta de gas. Justo en aquel día hay muchos vencimientos y la “cola” es de media cuadra. Mientras Jorge camina haciendo un cálculo mental de los 45 minutos que demorará en llegar a la ventanilla para pagar, ve al vecino que ya le falta poco. Se acerca y lo saluda afectuosamente (la primera vez en su vida se acuerda de la máxima de los Sabios de la importancia de buscarse un buen vecino…) y le hace entrega de la cuenta a pagar con el efectivo. El vecino, muy “gaucho” le ahorra los 45 minutos… robados a 45 personas a razón de 1 minuto por persona. El problema: Dinero se puede devolver, tiempo no.

Jorge vuelve del casamiento del sobrino que realmente estuvo brillante… especialmente la sidra casher que se sirvió al final. Son las cuatro horas de la mañana. Sale del ascensor conversando en voz alta como si fuese pleno día. Los vecinos tienen un día difícil por delante y están durmiendo… o lo estaban hasta que llegó él a su palier y los despertó. El sueño tampoco se puede devolver.

En la oficina de Marta todos tienen mucha confianza. Para todo. La lapicera en la cartera de Marta es de la oficina. Asimismo, el papel sobre el cual escribe sus cartas personales. Los llamados telefónicos los hace desde su escritorio con el teléfono y el tiempo por el cual se le paga para que esté trabajando. Al “trompa” seguramente no le importa, pero, “por si acaso” cuando pasa por allí “corta” con lo que está haciendo y vuelve a su trabajo…

El Talmud califica a la persona que utiliza objetos ajenos sin permiso, un “sho-el sheló mida-at”, como ladrón. Si bien, esta es la regla, hay casos permitidos al tratarse de cosas insignificantes que todos autorizan o de objetos para cumplir una Mitzvá por lo cual se supone que el dueño estaría de acuerdo en que utilizaran para ese fin… siempre y cuando se devolvieran a su lugar indicado y no se sacaran del lugar. (Nunca entendí a la gente que se cubre la cabeza con kipot con la inscripción de una de las sinagogas que visitaron, como así también los Sidurim de una sinagoga que “caminaron” solos a otra sinagoga). Para esta ley, como para todas las otras se debe estudiar a fondo las Halajot pertinentes.

La organización X se dedica a atraer gente para que retorne al judaísmo. Sin duda, una tarea noble y virtuosa. En el folleto que están por sacar para esta próxima fiesta, copian para la tapa un diagrama de un libro conocido. ¿Plagio? Seguramente D”s lo perdonará. ¿Cómo? ¿Qué en la Torá no dice que “el fin justifica los medios”? No lo sabía.

Saludar. ¿Es cuestión de cortesía, de amabilidad, modales que impuso la sociedad? Dice el Talmud (Brajot) que quien quita el saludo al otro es como si le hubiese robado al pobre (lo poco que queda para quitarle – su dignidad de ser humano).

¿Qué anduvo haciendo en los ratos de ocio de estas vacaciones? ¿Su visita obligada al casino? ¿Qué quiere Ud. que haga, acaso, con todos estos días de lluvia? Aparte que la “timba” es divertida. Pues… ¿qué quiere que le diga? El Talmud debate sobre el tema de si los timberos (aun los no profesionales) son, o no, aptos para declarar como testigos…

Y un tema más antes de cortar por hoy. “Robo de mente” (Gneivat Da-at) es como denomina el Talmud el engañar a la gente “aparentando”, p.ej. entrar al negocio a consultar precios, cuando no se tiene la más mínima intención de comprar.

Bueno. Esto es “no más” lo relacionado con el robo. A su vez, la Torá habla del que hace “bicicleta” con los acreedores (Lo Ta-ashok), del que interfiere directamente en el negocio del otro (Lo Tasig Guevul Reaj-á), del que engaña (veLo Tonú Ish et Amitó), del que codicia los bienes ajenos (Lo Tajmod, Lo Tit-avé)…

¿Difícil? No, si se lo propone corregir. Siempre es peor dejar las cosas como están.

Daniel Oppenheimer

Segundo comentario – El Ojo Esencial

E Itró, el sacerdote de Midiá… oyó de todo lo que Di-s había hecho para Moshé y para Su pueblo Israel… E Itró… vino a Moshé, al desierto, donde había acampado en el monte de Di-s… E Itró dijo: “Ahora sé que Di-s es más grande que todos los dioses”.
— Exodo 18:1-11

Es un principio legal de la Torá que “oír no es comparable a ver”[1]. Esto significa que incluso si una persona ha sido plenamente informada de algo y confía absolutamente en la información, con todo, ello no es comparable a realmente verlo con los propios ojos. Esto no significa que la persona no pueda convencerse totalmente con información de segunda mano; un Tribunal, por ejemplo, determinará cuestiones de vida y muerte en base al testimonio que le es presentado. Pero hay un nivel de convicción que únicamente puede lograrse a través de la vista.

Un ejemplo de este principio ha de encontrarse en los arriba citados versículos describiendo el reconocimiento de Itró del Unico Di-s.

La Torá nos cuenta que “Itró oyó de todo lo que Di-s había hecho para Moshé y para Su pueblo Israel”; oyó del Exodo, la partición del Mar, la milagrosa victoria en la guerra contra Amalek [2]. No obstante, fue sólo cuando vino al campamento israelita en el Monte Sinaí y fue testigo, de primera mano, de la relación especial que aquellos disfrutaban con Di-s, que pudo decir: “Ahora sé que Di-s es más grande que todos los dioses”.

Observaciones Anteriores

Hay otros lugares en la Torá de los que puede inferirse este principio, incluyendo varios que aparecen en la Torá antes que la historia de Itró. Por ejemplo, en el capítulo 45 de Génesis leemos cómo los hijos de Iaacov le contaron que Iosef, sobre quien había guardado duelo tomándolo por muerto durante veintidós años, estaba vivo en Egipto. Primero, no les creyó; pero después de que le aportaron pruebas concluyentes, le dijeron cosas que Iosef les había contado y que nadie más podría haber sabido, “el espíritu de Iaacov revivió”[3]. No obstante, fue sólo cuando Iaacov vio a Iosef con sus propios ojos que dijo: “Ahora puedo morir en paz, habiendo visto tu rostro, porque estás vivo”[4]. El conocimiento de Iaacov de que Iosef estaba vivo, aunque completo antes de ver su rostro, era ahora de un nivel enteramente diferente.

Otro ejemplo surge de Exodo 14:10: “Y los Hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios marchan tras ellos; y estaban muy asustados; y los Hijos de Israel clamaron a Di-s”.

Pero Di-s ya les había dicho: “Yo endureceré el corazón del Faraón, y éste [los] perseguirá”[5]. De modo que el pueblo judío ya sabía qué habría de suceder. No obstante, viendo concretamente a los perseguidores egipcios provocó en ellos una reacción que su conocimiento anterior no había logrado.

Hombre de Mente

Sin embargo, hay algo peculiar en el caso de Itró. Hay algo de la experiencia de Itró que nos brinda una apreciación de la norma “oír no es comparable a ver” que no puede obtenerse de los ejemplos anteriores.

Nuestros Sabios cuentan que Itró era un buscador de toda la vida, un hombre que había estudiado y probado cada filosofía y teología sobre la faz de la Tierra antes de llegar a la verdad del único Di-s [6]. Itró era un auténtico científico, uno para el que la mente es el máximo árbitro de la verdad. El verdadero científico desconfía totalmente de sus sentidos, apoyándose en cambio sobre “datos firmes” y lo que las leyes de la lógica infieren de ellos. Si estas conclusiones contradicen lo que sus sentidos le dicen, no importa; las deducciones lógicas de su mente siempre rechazarán lo que se percibe o siente como verdad.

Uno pensaría por lo tanto que cuando un hombre como Itró infiere que algo es cierto, no puede haber mayor validación para él que aquello que su mente le ha demostrado. Si oye sobre el Di-s de Israel, sopesa la evidencia en su mente y concluye que El es el auténtico Di-s. ¿Qué puede agregarse al ver la Presencia Divina en el campamento israelita?

Sin embargo, cuando Itró llegó al pie del Monte Sinaí, proclamó: “Ahora sé”. Si era apenas cuestión de “demostración”, entonces, de hecho, para un hombre como Itró, la vista no provee demostración mayor alguna que su audición y validación lógica de lo que oyó. Pero la demostración es sólo acerca de la cosa, mientras que ver es una experiencia directa de la cosa misma.

Cuando oímos acerca de algo o lo inferimos de pruebas lógicas, la mente recoge la evidencia trozo a trozo, detalle por detalle, y luego arma los pedazos en una percepción del tema. Pero cuando vemos algo, “absorbemos” la totalidad de la cosa misma incluso antes de ser conscientes de los detalles. Nuestros ojos nos proveen de un nexo con la esencia de la cosa, con una visión de su alma misma.

Es por eso que Di-s quiso que Lo veamos en Sinaí [7], y que la culminación de la historia se describa como un tiempo en el que “toda carne verá”[8].

Al concedernos el don de la vista, nuestro Creador nos ha provisto con más que otra herramienta recolectora de datos. Nos ha otorgado la capacidad de penetrar la profusión de detalles que atascan nuestra realidad neurológica y relacionarnos con la quintaesencia de las cosas, la esencia de un ser humano, la esencia del mundo en que vivimos y, en última instancia, la esencia misma de Di-s.

Basado en una Sijá del 29 de Shvat, 5740

Notas:
1. Mejilta sobre Exodo 19:9; Talmud, Rosh HaShaná 26a.
2. Exodo 18:1; Rashi sobre el versículo.
3. Genesis 45:27; Rashi sobre el versículo.
4. Genesis 46:30.
5. Exodo 14:4.
6. Mejilta sobre Exodo 18:11; Zohar II, 69a.
7. Comp. con Exodo 24:10; Deuteronomio 4:35; Mejilta sobre Exodo 19:9.
8. Isaias 40:5.

Tercer comentario – ITRO Y LA ENTREGA DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS

La perasha de la semana pasada nos mostraba a un pueblo judio asombrado por los grandes milagros que Hashem les hizo, incluida la derrota de su peor enemigo, Amalek. De repente, nuestra perasha actual comienza hablandonos… de quien? Pues de Itro.

Y no solo eso, sino que esta perasha fundamental, que contiene la entrega de la Tora al pueblo de Israel, como se la conoce? Con el nombre de “Itro”! Como encaja esto en la historia y por que la seccion que describe el momento mas trascendental en la vida de la nacion judia fue designada con el nombre de un individuo?

Una respuesta posible nos la da Rab Zweig al sugerirnos que esto nos esta transmitiendo una grande e importante leccion: si bien los milagros que ocurrieron hasta entonces fueron impresionantes, nada significaban a menos que condujeran a los hijos de Israel a estar mas cercanos a Di-s. Itro escucho acerca de todos los milagros sucedidos y se convirtio al Judaismo.
Puso sus pensamientos en accion y ese fue el verdadero fin de la esclavitud para el, porque hizo algo practico con sus ideas.

Y que hay con nosotros? Cuando vemos un milagro, lo utilizamos como una oportunidad de fortalecer nuestra fe? Si no es asi, el milagro fue malgastado, vano. Y todos los dias nos ocurren milagros, a cada segundo. Solo hace falta abrir los ojos para verlos. Y toda vez que se nos presenta una mitzva y no emprendemos el camino apropiado para llevarla a cabo, para seguir con celeridad y buena voluntad los lineamientos que Hashem nos dio, otra oportunidad de cumplir y respetar la Tora se habra nuevamente desaprovechado.

La historia no finaliza con los judios escapando del Faraon y sumergiendose en el crepusculo y en la rutina de su vida, sino con los judios comenzando su vida como individuos y como nacion, con el firme reconocimiento de todo lo que Hashem ha hecho por ellos, y de todo lo que hara! Y amandoLo aun mas por ello. De eso se tratan las mitzvot. Son formas para expresar nuestra agradecimiento a Di-s. Hasta que no apreciemos verdaderamente lo que Hashem hace por nosotros y aprendamos mas modos de expresar nuestro aprecio por medio del cumplimiento de Sus preceptos, la historia de nuestra propia esclavitud a la sociedad aun no habra terminado!

(Basado en Shlomo Ressler)

http://www.tora.org.ar/

Parashá Shavua: (Itró – Jetró). 22 de Shevat 5770 ( de Febrero de 2010).

Resumen de la Parashá

Itró sacerdote de Midián y suegro de Moshé supo de todo lo que Hashem había hecho por Moshé y el Pueblo de Israel sacándolos de Egipto. Tziporá, esposa de Moshé, junto a sus hijos Guershom y Eliézer, regresaron a Midián. Itró posteriormente los llevó a Refidim, lugar donde estaba acampado el pueblo. Itró reconoció el poder del Todopoderoso y Le brindó sacrificios.

Itró aconsejó a Moshé que nombrara jueces que lo ayudaran a juzgar, que él sea sólo el representante del pueblo ante el Eterno. Así hizo Moshé e Itró regresó a Midián.

Transcurrieron tres meses de la salida de Egipto y los Bnei Israel llegaron al desierto de Sinai y acamparon frente al monte. Moshé subió al monte y el Eterno le dijo que instruyera al Pueblo para que recordara como Él los liberó de Egipto. Asimismo, señaló que si el pueblo Le oyese y mantuviera Su pacto, sería un “reino de sacerdotes y un pueblo santo”. Moshé descendió del monte y transmitió esas palabras a los ancianos y al pueblo. El pueblo respondió: “Haremos todo lo que dijo el Eterno”. Hashem le indicó a Moshé, que Él aparecería como una densa nube y de ese modo hablaría a todo el pueblo. Los Bnei Israel debían prepararse en tres días para recibir la Torá y Él bajaría al monte de Sinai. Nadie debía acercarse al borde del monte, ya que el que lo hiciera moriría.

El seis de Siván, o sea, después de transcurridos los tres días, hubo truenos y relámpagos y una espesa nube se posó sobre la cima del monte, con humo y fuego. Se oyó un fuerte sonido de cuerno, que se intensificaba. El pueblo se acercó al pie del monte y Moshé subió a la cima.

Se produjo el momento en que el mundo sufriría un cambio histórico, al recibir todos los humanos las raíces de comportamiento moral y religioso, para la eternidad.

El Todopoderoso ordenó Sus palabras, en los Diez Mandamientos:

1.- Yo soy el Eterno, tu Hashem, que te saqué de la tierra de Egipto…

2.- No tendrás otros dioses delante de Mí…

3.- No pronuncies el nombre del Eterno, tu Hashem, en vano…

4.- Acuérdate del Shabat para santificarlo…

5.- Honrarás a tu padre y a tu madre…

6.- No matarás

7.- No cometerás adulterio

8.- No robarás

9.- No levantarás falso testimonio contra tu prójimo

10.- No codiciarás la casa de tu prójimo

El pueblo sintió gran temor por lo que estaba presenciando y pidieron a Moshé que él hablara en lugar del Todopoderoso, pues temían morir.

Luego Moshé se acercó a la espesa oscuridad y recibió una cantidad de leyes, preceptos sobre el culto divino, prohibición de idolatría, erigir un altar de tierra para ofrendar sacrificios al Eterno, y la prohibición al sacerdote de ascender al altar por una rampa, sólo por escalones.