HAFTARA Parashá Jukat (Precepto). 10 TAMUZ 5772 (30 de Junio de 2012)

Shofetim (Jueces) 11:1-33

En la parashá de la semana habíamos leído acerca de las primeras guerras que liberó el pueblo de Israel en su camino hacia la tierra de Israel, en contra de Sijón – el rey de Emor, y Og – el rey del Bashán.  Es por eso que para la lectura de la haftará de esta semana ha sido escogido un pasaje del libro de los Jueces por su conexión con la parashá, pues aquí leemos acerca de la guerra que liberó Iftaj en contra del pueblo de Amón, que alegaba que el pueblo de Israel le había quitado su tierra muchos años antes (cosa que no fue verdad).

Antes de que el pueblo de Israel designe a Iftaj como su representante, encontramos que el texto nos dice que por una disputa determinada Iftaj tuvo que irse de su tierra:

“E Iftaj de Guilad era una valiente combatiente… Y se escapó Iftaj de sus hermanos y se asentó en la tierra de Tov…” (11:1,3).

 El lugar en el que Iftaj se asentó se llamaba “la tierra de Tov” – “éretz tov” en hebreo.  Algunos comentaristas dicen que Tov era el nombre de un hombre poderoso que dejó que Iftaj se asentara en sus tierras.

Sin embargo, en el Talmud Ierushalmi (Sheviit 6:1) encontramos una opinión que dice que este nombre se refiere a un área que está fuera de los límites de Israel, y la palabra “tov” que significa “bueno”, fue usada para referirse a este área porque en la diáspora no es necesario separar el diezmo de las cosechas.

 Sin embargo, esto parece muy extraño.  Si D’os nos aseguró que la tierra que Él nos dió era una buena tierra, ¿no es una contradicción referirse de esta manera a la diáspora?  El entendimiento de este versículo basado en la opinión del Talmud Ierushalmi  aparentemente implica que el resto del mundo es realmente mejor que la tierra de Israel!  ¿Esta expresión no es un insulto y una señal de ingratitud después de que recibimos la tierra de Israel?

Una pregunta más: ¿Cómo puede ser considerado bueno estar exento de los mandamientos de D’os cuando nosotros nos entristecemos si se nos niega la posibilidad de cumplir un mandamiento?  La Torá y los mandamientos son el regalo más grande que D’os nos ha dado.  Ellos son nuestra vida y no se puede obtener un verdadero bienestar sino cumpliendo con la voluntad de D’os y obedeciendo sus mandamientos!

El mandamiento del diezmo, en particular, es muy preciado para nosotros.  Mediante su cumplimiento nosotros somos merecedores de las bendiciones de D’os en nuestra tierra y se nos otorga buenas cosechas y prosperidad.  Entonces, ¿cómo puede ser considerado bueno estar exento de la obligación de diezmar nuestra cosecha?

 Es por eso que algunos comentaristas entienden que esta opinión del Talmud Ierushalmi se refiere a un lugar específico fuera de la tierra de Israel que era particularmente fértil.  Pero respecto de la Tierra de Santidad uno no puede decir que un área es buena y la otra no lo es, pues realmente todas las zonas de la tierra de Israel son buenas.  Si la persona cumplirá correctamente los mandamientos de D’os él será bendecido en todo lugar que se encuentre.  Pero si él no cumplirá Sus mandamientos ningún área será buena para él.  Dentro de la Tierra de Santidad todo depende de los actos de la persona.
 Pero fuera de la Tierra de Israel los actos de la persona no tienen tanta influencia sobre las bendiciones que ella recibirá, pues su vida está un poco más sometida a las leyes de la naturaleza, y la providencia personal de D’os sobre él se ve en algún sentido reducida.  Y es por eso que respecto de la diáspora sí se puede decir que una zona es mejor que otra.  (Basado en el libro Lev Aharón citado en el Ialkut Meam Loez).
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Parashá Jukat (Precepto). 1 TAMUZ 5771 (2 de Julio de 2011)


Para entender el significado de nuestra parasha debemos primero saber que significa “Jukat” o “jok”.
En la entrega de la Torah, se nos dieron las leyes y entre las leyes mismas se dieron las llamadas “JUKIM”. Aunque la palabra jok (plural jukim) literalmente podríamos entenderla como ley, es en realidad un precepto que a la lógica humana no es comprensible.
Entre los jukim podemos encontrar la Ley de Ibum, que consiste en cuando un judío desposa a la esposa de su hermano estando este en vida o aun después de su muerte, incurriendo en la pena de caret (corta su alma del creador) esto es siempre y cuando tuviera hijos, pero si la viuda no tiene hijos, entonces esta permitido el matrimonio.
También encontramos la Mitzva de Shaatnez (mezcla de lana y lino), el Korban zazel (korban de expiación en yom kipur), la Ley de la Pará Adumá (la vaca roja) que es precisamente el jok del que habla nuestra parasha. Estas leyes aunque a la lógica humana no pueden ser entendidas, Hashem nos las entrego para cumplirlas aun en contra de nuestra lógica, todo esto para que nosotros santifiquemos el nombre de Hashem y para que nos demos cuenta que el mundo y todo lo que existe no se rige por la lógica si no por la fe.

La Pará Adumá

En nuestra parasha encontramos la ordenanza de la Pará Adumá, este korban consistía en traer una vaca roja sin ningún defecto o yugo por trabajo, y con menos de dos pelos blancos o de otro color, ya que esto la hacía pasul para korban.

La vaca era quemada en su totalidad y sus cenizas servían para purificar al pueblo por la tumá hamet y otros tipos de tumot. La vaca se degollaba fuera del campamento, y en época del Bet Hamikdash, en el monte de los olivos (har hazeitim). El kohen no la degollaba, sino otra persona frente a él, pues si se encargaba de degollarla contraía tumá y quedaba impuro. La persona que le hacia la shejita, quedaba impuro.

Si intentamos ver la lógica de esta ley nos preguntaremos ¿cómo es posible que las cenizas de la Pará Adumá purificaran al pueblo, pero al mismo tiempo hicieran impuro al que la degollaba?, precisamente Hashem nos dio este precepto para cumplirlo, a pesar que va en contra de nuestra lógica.

El kohen Hagadol tomaba con su pulgar la sangre de la vaca y la salpicaba siete veces en dirección a la tienda de reunión, después de hacer esto, tenía que sumergir sus vestiduras y su cuerpo en el mikve y quedaba impuro hasta el anochecer.
La ceniza purificaba a una persona con tumá, ya sea tumá por estar en contacto con un cadáver humano o por otro tipo de tumá, si una persona se hacía impuro por una persona muerta debía salpicarse con estas cenizas y quedaba impuro un periodo de siete días.
Algunos comentaristas dicen que la Pará Adumá hace expiación por el pecado del becerro de oro, ya que así como Israel pecó con un becerro, pues Hashem los limpia con la madre del becerro, así como el becerro fue quemado y fue hecho cenizas, así también la vaca roja se debe quemar y sus cenizas nos purifican.
Un total 9 vacas rojas fueron quemadas hasta la destrucción de los templos, esta escrito que la décima la traerá el mashiaj y con ella nos purificará a todos AMEN.

La muerte De Miriam y Aarón HaKohen

En nuestra parasha vemos que Hashem llamó a Miriam y a Aarón para que fueran extraídos del pueblo y volvieran con su creador, está escrito en los midrashim que Miriam y Aarón murieron con un beso divino, pero la Torah solo nos habla de Aarón entonces ¿qué paso con Miriam?

En realidad la Torah omite esto por tzeniut, ya que no se vería bien decir que Miriam murió con un beso del creador, de esto podemos deducir que el tzeniut no solo es a los ojos de las personas si no también es para cualquier lugar en el que uno se encuentre.

El Pecado de Aarón y Moshe

Cuando Miriam murió, la roca que emanaba un manantial y que daba agua a todo Israel dejo de manar esto fue debido a que por el mérito de Miriam la roca proporcionaba el agua al pueblo, una vez que murió el pueblo no tuvo suficientes méritos para
El pueblo se quejó en contra de Moshe y Aarón, ellos fueron hablar con Hashem y Le ordenó congregar a todo el pueblo, estudiar unas cuantas halajot con ellos y así hacerse merecedores del milagro del agua por medio de la piedra, Hashem le ordeno también a Moshe, hablarle después a la piedra para que ella manara agua, Moshe hizo todo lo que le dijo Hashem, pero cuando le hablo a la piedra, la piedra no mano agua, Moshe le hablo varias veces pero no salió agua, entonces Aarón le dijo a Moshe que golpeara a la piedra, así como le pego la primera vez, Moshe lo escuchó y le golpeó a la piedra y la piedra empezó a manar agua.
Hashem se enfureció con Aarón y con Moshe por desobedecer su orden de hablar a la piedra y en vez de eso golpearla y con esto haber evitado que el nombre de Hashem se santificara a todo el pueblo, por este pecado Moshe y Aarón no entraron a la tierra de Israel, pero acaso Moshe y Aarón que eran líderes de Israel, conocidos por su sabiduría, amor al pueblo y disposición y por ser tzadikim ¿merecían este castigo? De aquí podemos ver que cuanto más grande es la persona en Torah, es decir entre más tzadik. Más fuerte es su castigo, esto se debe a que una persona que ha llegado a un nivel tan alto como para ser llamado tzadik es más apreciado por Hashem, Hashem busca que esta persona este más apegada a él, cuando el tzadik peca, su castigo es grande, en primer lugar para que este tzadik no se acostumbre a pecar, y en segundo porque cuanto más apego tiene al creador, cualquier transgresión lo hace caer y esto lo hace alejarse del creador.

Cuando Aarón HaKohen murió, las nubes de gloria se retiraron del pueblo de Israel, debido a que estaban ahí por el mérito de Aarón. Miriam recibió el mérito del agua por la bondad (hesed) Aarón recibió el mérito de las nubes por el amor al pueblo y Moshe recibió el mérito del man por su humildad y rectitud.

La Pelea Contra Amalek

Cuando el pueblo de Amalek supo que klal Israel no estaba protegido más por las nubes de gloria, pensaron que Hashem se había separado de ellos y por esto podrían aprovechar para atacarlos, pero Amalek sabía que el poder del pueblo de Israel no estaba en la fuerza, si no en la plegaria, por esto Amalek se hizo pasar por canaanim, por si el pueblo rezaba lo hiciera en contra de los canaanim y no en contra de ellos, para que sus plegarias no recayeran sobre ellos, pero el pueblo dudoso por ver a los canaanitas distintos rezaron al creador pidiendo por sus enemigos en general y no por un enemigo en particular, Hashem escucho sus plegarias y dio muerte a los Amalekim, de aquí podemos ver que es mas fuerte el poder de la plegaria que el poder físico de la fuerza y que todo esta en manos de Hashem.
Así bien que nuestras plegarias sean la fuerza que traiga prontamente la geula para todo el pueblo de Israel AMEN.

Esta parasha va dedicada para la refua shelema de Shimon ben Sol y Delicia bat Miriam que prontamente tengan una refua shelema y que estén siempre llenos de prosperidad

Bajur David Moshe Shallem Lichtenstein

Parashá Jukat (Precepto). 7 TAMUZ 5770 (19 de Junio de 2010)

Luz Para las Naciones


Esta parashá nos cuenta que el pueblo de Israel, en su camino hacia la tierra prometida, le pidió al rey de Edom que lo deje pasar por su territorio, para acortar camino al ingresar a la tierra desde el sur, sin tener que realizar un giro entrando por el este.

Moshé le dijo que el pueblo de Israel utilizaría solamente el camino principal, sin desviarse hacia otros rumbos. También le dijo que el agua que el pueblo habría de beber sería bien pagada. Sin embargo, el rey de Edom se rehusó, y le mandó a decir a Moshé que si los judíos intentarían pasar por su territorio, él les declararía la guerra. Entonces Moshé desvió al pueblo y no volvió a insistir.

Más tarde, un incidente similar tuvo lugar cuando el pueblo llegó a la frontera del pueblo de Emor. Moshé le pidió permiso al rey Sijón, para que los deje cruzar por su tierra, con las mismas condiciones que le ofreció al rey de Edom. En este caso el rey Sijón, sin responderle nada a Moshé, salió directamente a atacar al pueblo de Israel. El resultado fue que, con la ayuda de D’os, el pueblo conquistó su territorio, al este del río Jordán.

Estos dos sucesos que acabamos de citar son desconcertantes, ya que en ambas oportunidades lo único que se pidió fue acortar camino. Al rey de Edom le alcanzaba con responder que no nos daba permiso, pero además él amenazó con salir a la guerra. Y más asombrosa fue la reacción de Sijón, que sin responder salió a atacar a un pueblo que portaba un mensaje de paz en su boca – ya que el pueblo de Israel no estaba interesado en conquistar su territorio.

Sin embargo, el Rab Iehonatán Aibshitz nos explica que aquellos pueblos tuvieron una razón para hacer lo que hicieron, y para entender estos episodios debemos recordar el momento histórico que se estaba viviendo.

El pueblo de Israel acababa de salir de Egipto y de recibir la Torá. La salida de Egipto no sólo fue importante para los judíos por haberse liberado de la esclavitud, sino también por haber vivido durante diez meses todos los milagros que D’os les hizo allí, durante el proceso de la liberación. Con cada plaga sobre los egipcios, los judíos palpaban más la existencia de D’os y, consecuentemente, se acercaban más a Él.

Cincuenta días más tarde, la fe del pueblo llegó a la cima cuando vivieron la revelación de D’os mediante la entrega de la Torá, que como sabemos, fue un acontecimiento único en la historia. A partir del momento en que se entregó la Torá, el judío obtuvo respuesta a la famosa pregunta: ¿Cuál es el significado de la vida?

Un pueblo entero se encaminaba ahora según los valores espirituales que les enseñó la Torá.

Tanto el rey de Edom como el rey Sijón, sabían muy bien que la cultura en la cual sus pueblos crecieron, no ofrecía respuestas a las preguntas más fundamentales de la vida. Ellos tampoco le entregaron a sus pueblos un proyecto de vida como el que acababa de recibir el pueblo judío, y eso los enfrentaba a un riesgo muy grande, ya que si permitirían que el pueblo de Israel pasase a través de su territorio, sus pueblos verían que en el pueblo judío sí había valores reales.

Es por este motivo que estos dos reyes prefirieron amenazar o salir a la guerra, a pesar del costo tan alto que ello implicaba, antes que darle a su gente la oportunidad de ver a un pueblo con ideales elevados.

Y este punto lo vemos a través de toda la historia, cuando los judíos que rigieron sus vidas como realmente pide la Torá fueron un ejemplo para todos las personas que los vieron.

En el tratado de Avodá Zará, el Talmud cuenta que el Cesar envió a su sobrino Onkelós a que salga a conocer el mundo, pues él sería el heredero del trono, y para poder ser un buen emperador había que conocer las necesidades del pueblo, tanto las económicas como las sociales.

Onkelós salió a cumplir con el pedido de su tío y como era de esperarse, él se encontró con el pueblo judío. No transcurrió mucho tiempo hasta que se dio cuenta de que la verdad estaba en el pueblo judío y no en el imperio romano.

Onkelós siguió averiguando e investigando hasta que decidió convertirse al judaísmo. Obviamente, esa no fue una decisión fácil para él, pues en esa época el imperio romano dominaba sobre la mayor parte del mundo, y él era el heredero del trono. Y por supuesto que al convertirse al judaísmo, él perdería todo ese gran honor.

A pesar de la gran prueba que tenía delante de él, Onkelós decidió formar parte del pueblo judío, y después de convertirse no regresó al palacio real, pues naturalmente prefirió vivir entre los judíos.

Al enterarse de esto, el Cesar mandó una distinguida comitiva para que lo convencieran de volver al palacio, y de esta manera abandonar su nuevo camino. Pero cuando los hombres de la comitiva se encontraron con Onkelós, éste comenzó a formularles preguntas que los convencieron de que no hay una mejor vida que la del judío, y todos ellos terminaron convirtiéndose.

Al llegarle esta noticia al Cesar, decidió enviar otra comitiva ordenándoles que trajeran a su sobrino sin hablar ni una palabra con él. Ellos llegaron a la tierra de Israel, y sin decir ni una sola palabra, lo arrestaron.

Cuando estaban saliendo de la casa, Onkelós se acercó a la puerta y besó la mezuzá.

Él les preguntó: “¿Saben qué es esto?”.

“No” – respondieron.

Entonces Onkelós les respondió que eso era una mezuzá, y que se ponía en el marco de las puertas para que D’os cuide a quienes están adentro.

“Y esta es la diferencia entre D’os y los reyes humanos” – agregó. “Pues los reyes están sentados en sus tronos y sus soldados los cuidan, pero D’os se comporta de manera opuesta, pues mientras sus hijos están sentados adentro, Él los cuida desde afuera”.

De esta manera, él logró convertir también a la segunda comitiva.

Cuando el Cesar se enteró de lo ocurrido, ya no volvió a insistir, pues se dio cuenta de que el cambio que hizo su sobrino fue bien meditado, y no la consecuencia de un entusiasmo momentáneo, motivo por el cual no podría persuadirlo de volver al palacio.

Este es un punto muy importante que aprendemos de nuestra parashá: La responsabilidad que tiene cada judío de demostrar mediante su comportamiento que hay una sola verdad y a ella todos pueden acceder, aprendiendo qué es lo que D’os pide de nosotros.

Ese fue el miedo de los reyes de Edom y Emor, que surgió como consecuencia del ejemplar comportamiento del pueblo judío.

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