PARASHÁ DE LA SEMANA: JUKAT (II)

Estudiando algunos midrashim

Extraido de El Midrash Dice. Edit. Bnei Sholem

Las Leyes de Pará Adumá / La Vaca Roja

En el primero de Nisán, de 2.449, el último Día de Inauguración del Mishkán, Hashem le reveló a Moshé las leyes relativas a las personas impuras que son expulsadas del Campamento y las leyes de pureza de los cohaním. Hashem le enseñó cómo es alcanzada la purificación de los diferentes tipos de impurezas (o por inmersión en una mikvá (pileta de inmersión) o en manantial surgente, y así sucesivamente), así como los sacrificios que consuman el procedimiento de purificación. Cuando Hashem le enseñó a Moshé que un judío se vuelve tamé por tocar un cuerpo muerto, Moshé preguntó, «¿Cómo se purifica de su tumá?»

El Todopoderoso no contestó su pregunta, y el rostro de Moshé se oscureció de pena y vergüenza. (No puede haber más gran dolor para un talmid jajam (erudito de la Torá), cuyo objetivo de vida es perfeccionarse a sí mismo en el conocimiento y cumplimiento en Torá, que ser negado el conocimiento que él busca.)

Más tarde aquel día Hashem resumió el tema, explicándoles a Moshé y a Aarón ,»Si alguien se volvió impuro por contacto con un cadáver, debe ser salpicado con una mezcla especial de agua y cenizas de una vaca roja.»

El Todopoderoso los instruyó en las leyes de la pará adumá:

– La pará adumá es adquirida del tesoro del Beit Hamikdash, de un fondo conteniendo las donaciones anuales de medio shekel de cada judío.

– Para calificar como una pará adumá, una vaca debe tener al menos tres años (suficientemente madura para tener cría).

– Su color debe ser completamente rojo; aún dos pelos de otro color la descalifican.

– El animal también es descalificado si fue alguna vez enjaezado a un yugo, aún si no realizó labor.

Habiendo buscado por todas partes una vaca completamente roja, al Sanhedrín (la Asamblea) le fue finalmente informado que tal vaca era propiedad de cierto no- judío.
Se enviaron delegados para intentar adquirirla.
El propietario dijo, «Por un buen precio estoy dispuesto a vender el animal. Dádme cuatrocientas piezas de oro.»
«Vos las tendréis,» prometieron los jajamím. «Nosotros retornaremos con el dinero.»
Ellos partieron para obtener del Sanhedrín los fondos necesarios. Mientras tanto, no obstante, el no- judío contó a sus amigos acerca de la venta potencial, y descubrió cuán extraordinario y precioso era su animal.
Cuando los delegados retornaron con la suma acordada, el gentil les dijo, «He cambiado de opinión; no vendo mi vaca.»
«Nosotros estamos dispuestos a pagar un precio más alto,» replicaron los jajamím. ¿Queréis otras cinco piezas de oro?»
«No la venderé,» insistió el no- judío.
«Tomád diez piezas de oro más,» ofrecieron ellos.
«Vosotros no podéis tenerla,» repitió él.
«Os pagaremos veinte piezas de oro extra,» dijeron ellos.
«Fuera de la cuestión,» replicó él.
Los miembros del Sanhedrín elevaron su oferta, hasta que el hombre finalmente accedió a la venta por un adicional de cien piezas de oro. ( Algunos dicen, un adicional de mil.)
Los Sabios le dijeron que retornarían con la cantidad total e irían por el animal al día siguiente.
Después de que hubieron partido, el gentil dijo riendo a un vecino, «¿Sabéis vos por qué estos judíos insistieron en adquirir esta vaca particular? Ellos la necesitan para sus ritos religiosos porque nunca fue enjaezada a un yugo. No obstante, les jugaré un pequeño truco.»
Aquella noche el rashá (malvado) tomó su vaca roja, la enjaezó, y aró con ella.
A la mañana siguiente los jajamím retornaron. Antes de pagar, examinaron al animal. Ellos sabían que una vaca que no fue nunca enjaezada a un yugo es reconocible por dos cosas: 1. Dos pelos determinados sobre su cuello están derechos mientras no fueran tocados por un yugo, pero se doblan una vez que un yugo es puesto sobre el animal. 2. Los ojos de un animal no uncido están fijos. Después de que fue uncido parpadean porque el animal tuerce los ojos para ver el yugo.
Esta vaca, inmediatamente se dieron cuenta, tenía los signos de un animal uncido.
«Quedarás con la vaca,» le dijeron al gentil. «Nosotros no la necesitamos.»
Aún la boca blasfema de este rashá reconoció, «Bendito es El Quien escogió esta nación.»
Abatido al perder la fortuna que él podía haber ganado, el gentil se ahorcó.

– El cohén sacrifica la vaca «fuera del Campamento.» Durante los años en el desierto era sacrificada fuera de todos los tres Campamentos, y en el tiempo del Beit Hamikdash sobre el Monte de los Olivos, dado que esta montaña es considerada «fuera de Ierushalaim

– El colecta algo de la sangre de la vaca en su mano izquierda, sumerge su índice derecho dentro de ella, y la salpica en la dirección de la entrada al Heijal, la cual él puede ver desde la montaña.

– Un fuego es encendido, y el cohén supervisa la quema de la vaca.

– Con una cuerda de lana roja ata juntos una vara de cedro y algo de hisopo y pregunta a todos los presentes,
«¿Es ésta una vara de cedro?»
«Sí,» replican ellos.
«¿Es ésta una vara de cedro?» pregunta él una segunda y una tercera vez.
El recibe réplicas afirmativas a las tres preguntas. También pregunta tres veces, «¿Es ésta lana roja?» y se le responde cada vez afirmativamente.
¿Por qué esta ceremonia?
No todos los tipos de hisopo, cedro, y tintura roja son casher para la pará adumá. A menos que todas las especies utilizadas satisfagan requerimientos halájicos (de ley), la mitzvá entera es inválida. De ahí que, el cohén enfatiza que ellas están todas de acuerdo con los mandamientos de la Torá.

– Mientras la vaca está ardiendo, el atado conteniendo la vara de cedro y el hisopo es arrojado en su cadáver.

– Las cenizas de la vaca son divididas en tres partes: una es colocada en una cierta sección del patio del Beit Hamikdash, donde es preservada a fin de cumplir la mitzvá de que las cenizas de la pará adumá deben ser mantenidas para todas las generaciones. Una segunda parte es dividida entre los grupos de cohaním que sirven en el Mishkán, para estar a mano para purificar a un cohén quien se volvió tamé. La tercera parte es colocada en un lugar en el Monte de los Olivos para la purificación de Benei Israel.

– Quienquiera que fue comprometido en la preparación de las cenizas – por ejemplo, la persona que quemó la vaca, quien arrojó el atado dentro del fuego, quien recogió madera, quien tocó o transportó las cenizas – se vuelve tamé.(impuro)

– Las cenizas de la vaca son mezcladas con agua fresca de manantial en un utensilio.

– Las aguas mezcladas con cenizas de la pará adumá son salpicadas por alguien que está él mismo puro de tumat hamet (impureza por contacto con un muerto) sobre el judío que se purifica. Lo salpica en el tercer y séptimo día de la purificación del individuo. Más aún, durante el séptimo día la persona que está siendo purificada debe sumergirse ella misma en una mikvá para consumar su purificación.

Hasta este día, nueve Vacas Rojas han sido quemadas.

La primera fue preparada por Elazar ben Aarón bajo la supervisión de Moshé en el segundo día de Nisán, de 2.449. (Moshé dirigió los pensamientos apropiados hacia ella, porque Elazar no comprendía sus razones.) Algunas de las cenizas de la pará adumá de Moshé fueron mezcladas con las cenizas de cada una de las posteriores (dado que la vaca de Moshé fue la única preparada con los pensamientos apropiados).

Una bendición descansó sobre la porción de las cenizas de Moshé reservadas para purificación; ellas duraron hasta el tiempo de Ezrá. Bajo la supervisión de Ezrá, una segunda pará adumá fue quemada; una tercera y una cuarta bajo la guía de Shimón HaTzadik, y dos más en el tiempo de Iojanán Cohén Gadol. Desde entonces hasta la destrucción del Segundo Beit Hamikdash tres parot adumot adicionales fueron quemadas. La décima será preparada por Mashíaj, que él venga pronto.

El Fallecimiento de Miriam y la Desaparición del Manantial de Miriam

En el diez del mes de Nisán del cuadragésimo año en el desierto, ocurrió una tragedia nacional. Cuando los judíos arribaron al desierto de Tzin, la hermana de Moshé, Miriam falleció. Ella tenía ciento veinticinco años de edad. Miriam había enseñado y guiado a las mujeres, al igual que Moshé y Aarón habían enseñado a los hombres. Ella fue una de las siete profetisas conocidas. Miriam falleció sin dolor. La Shejiná (Divinidad) se le reveló, de ese modo atrayendo a su alma gozosamente de regreso a su fuente (mitat neshiká).

La narración de la muerte de Miriam sigue a las leyes de la pará adumá (a pesar de que su fallecimiento ocurrió en el cuadragésimo año en el desierto, mientras la pará adumá fue quemada en el segundo año). La Torá yuxtapuso estos dos eventos para enseñar que la muerte de un tzadik (justo) logra expiación para Kelal Israel, así como lo hacen las aguas de la pará adumá.

Tan pronto como Miriam falleció, Hashem provocó que el Manantial de Miriam desapareciera temporariamente, para que Benei Israel se dieran cuenta que su manantial de agua había sido dado en el mérito de Miriam. Así apreciando su grandeza, ellos harían duelo por esta tzadeket (justa) en una manera apropiada.

La generación del desierto recibió tres dones en mérito de sus tres grandes líderes:

– En el mérito de Miriam, un manantial
– En el mérito de Aarón, Nubes de Gloria
– En el mérito de Moshé, el man.

¿Por qué están estos tres líderes asociados con estos particulares dones?

Ellos personificaron los tres pilares que sostienen el mundo- Torá, avodá (servicio), y actos de bondad.

– Moshé fue el dador de la Torá y su maestro por excelencia. Por consiguiente, en su mérito los judíos recibieron el man, cuya entrega diaria aliviaba la necesidad de ganarse la vida y cuya ingestión los asistía en el estudio de Torá.

– Aarón personificó la avodá. Su devoción al Servicio de los sacrificios trajo la Shejiná (Divinidad) a Kelal Israel. Las Nubes de Gloria fueron por lo tanto provistas en su mérito, porque ellas representaban la Shejiná que moraba con el pueblo judío.

– Miriam sobresalió en el tercero de los tres fundamentos, bondad.
Desde su juventud se dedicó al bienestar de su pueblo. Aún como una niña pequeña, asistió a su madre como partera y llevó comida a los pobres.

A causa de su atributo de jesed (bondad), Hashem proveyó a los judíos de agua, una necesidad vital.

Mei Merivá / Moshé y Aarón Pecan en las Aguas de Merivá

Hashem dijo a Moshé, «El pueblo será ahora testigo de un milagro que santificará Mi Nombre. «Reúne a los tzadikím (justos) y grandes personas ante la roca de la cual el agua fluía mientras Miriam estaba viva. Mándale proveer a los judíos de agua una vez más.

«Mientras estés parado con la santa congregación frente a la roca, enséñales a ellos una halajá (ley judía) o un pasaje de Torá. Luego ordena a la roca emitir agua. El mérito del estudio de Torá comunal causará que produzca agua, como hizo en el mérito de Miriam.» «Más aún, todos aquellos que atestiguen el milagro aprenderán la gran lección de que, `Si aún una dura roca obedientemente se vuelve un manantial a instancias de Hashem, nosotros los judíos estamos ciertamente obligados a obedecer a Hashem con felicidad y buena voluntad (¡y no porque nos sentimos compelidos a servirlo a El!)»

Hashem había advertido a Moshé llevar sólo a los tzadikím a la roca, pero Moshé (quien deseaba que todos vieran el milagro) reunió a la congregación entera de grandes a pequeños, incluyendo aún a los erev rav. Un milagro permitió a todo el pueblo pararse directamente delante de la roca, a pesar de que el área era demasiado pequeña para contener a todos.

A algunos de entre los erev rav se les escuchó burlarse, «¿Quién dice que Ben- Amram realizará un verdadero milagro? Debe haber una razón por la que él está determinado a dirigir la palabra a una roca particular. Quizás él sabe que la roca contiene humedad y puede por consiguiente producir agua. Moshé solía ser un pastor y está familiarizado con diferentes tipos de minerales. ¡Veamos si puede realizar esta hazaña sobre una roca de nuestra propia elección!»

La mofa de los burlones hizo impresión sobre el pueblo, llevándolo a dispersarse en todas direcciones. El jefe de cada Tribu alzó una piedra y demandó, «Moshé, ¡nosotros queremos agua de esta roca!»

Los erev rav proclamaron, «¡A menos que nos des agua de la roca de nuestra elección, no queremos nada en absoluto!»

Moshé estaba extremadamente afligido. El había esperado estudiar Torá junto a una solemne reunión de judíos delante de la roca. Ellos entonces experimentarían por medio del impactante milagro que su estudio de Torá tenía el poder para cambiar las mismas leyes de la naturaleza. En lugar de ello, él encaraba a una multitud de burlones que cuestionaba si un milagro real estaba a punto de suceder.

Más aún, Moshé se dio cuenta de que la Shejiná (Divinidad) estaba ausente. (En la primera ocasión, cuando se le mandó golpear la roca en Refidím, él había percibido la Shejiná.) La mofa del pueblo había causado a la Shejiná partir.

Moshé estaba inseguro de cómo proceder. La atmósfera no era conducente al estudio de Torá. ¿Cómo podía él enseñar a un pueblo que se rebelaba contra su maestro? ¿Y qué roca debía él escoger? ¿Debería ignorar la demanda del pueblo y traer agua del verdadero Manantial de Miriam? Si fuera así, los erev rav alegarían que él no realizó un genuino milagro. ¿O debería acceder a realizar el milagro por medio de una roca diferente? Si así fuera, él podría ser culpable de transgredir el mandamiento de Hashem. Más aún, Hashem podría juzgar al pueblo indigno de recibir agua de una roca diferente.

Moshé decidió que él debía reprochar incisivamente al pueblo por desafiar descaradamente a su rebe. Se dirigió a ellos estrictamente, «¡Oíd ahora, vosotros rebeldes y tontos! ¿Por qué vosotros pensáis que vuestro entendimiento es más grande que el de vuestro maestro?»

Al comienzo del liderazgo de Moshé, el Todopoderoso le había advertido en contra de encolerizarse con los judíos. Moshé se había guardado siempre a sí mismo cuidadosamente del enojo, no importaba cuán grandemente él fuera provocado. No obstante, ahora su reproche, a pesar de ser dicho para el beneficio del pueblo, traicionaba un sutil grado de enojo. Hashem no lo perdonó por esto.

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PARASHÁ DE LA SEMANA: JUKAT

ESTA PARASHÁ ES LA QUE SE LEERÁ B.H. ESTA SEMANA EN ERETZ ISRAEL, FUERA DE ISRAEL SE LEERÁ LA PARASHA KORAJ

Resumen de la parashá

Una ceremonia especial de purificación fue establecida para aquellos que habían tocado un cadáver o habían estado bajo el mismo techo. Como parte de los ritos fue sacrificada una pará adumá (vaca roja) sin defectos fuera del campamento, y quemada junto con madera de cedro, hisopo y un hilo escarlata. Sus cenizas fueron mezcladas con agua de una corriente y salpicadas sobre la persona impura en el tercero y el séptimo día de su impureza. Al finalizar este último, después de haberse lavado las ropas y sumergido en un mikvé, la persona afectada podía participar nuevamente en el culto del Santuario.

Durante treinta y ocho años los israelitas erraron por el desierto y en ese tiempo murieron todos los miembros de la generación mayor de entre veinte y sesenta años, con excepción de Iehoshua y Calev. A comienzos del cuadragésimo año del éxodo, el resto de la población regresó a Kadesh. Fue allí donde murió Miriam, la hermana de Moshé y Aharón.

A su muerte dejó de fluir el agua del pozo que había acompañado milagrosamente a los israelitas. El pueblo comenzó a murmurar nuevamente contra Moshé por la falta de agua. Hashem dijo a Moshé y Aharón que le hablaran a cierta roca, de la cual fluiría agua suficiente para satisfacer a todos. Pero Moshé estaba tan disgustado por la constante falta de respeto del pueblo que golpeó impacientemente la roca en lugar de hablarle. Por no haber cumplido las instrucciones de D´s y haberlo deshonrado delante del pueblo, no se permitió a ninguno de los dos hermanos entrar en Tierra Santa.

Se instruyó entonces a la gente a fin de que se preparara para las etapas finales de su largo viaje. La única ruta disponible para ellos se extendía a traves de la tierra de Edom, al sur del Mar muerto. Moshé envió mensajeros al rey de Edom solicitando permiso para atravesar su territorio y ofreciendo pagar por el agua que el pueblo y el ganado pudieran beber. El rey no sólo se rehusó, sino que además les obstruyó el paso ubicando una fuerza armada. En consecuencia, los israelitas se vieron obligados a hacer un rodeo por el camino de las fronteras sureñas de Edom. Cuando la congregación llegó al monte Hor, Aharón murió y fue sepultado allí. Moshé designó a su hijo Elazar como Cohén Gadol (sumo sacerdote)

Después de rechazar exitosamente un ataque del rey canaanita de Arad, los fatigados israelitas se quejaron amargamente de la falta de agua y alimento. Consiguientemente, fueron castigados con una plaga causada por las mordeduras fatales de feroces serpientes. Cuando el pueblo admitió su error, Moshé ubicó una serpiente de bronce sobre una vara. Quienquiera que la mirara se curaría.

La congregación que había deambulado por el sur, el este y luego el norte, pasando por las tierras de Edom y Moav, se detuvo cuando llegó al río Arnón, la frontera entre Moav al sur y Emor al norte.

Sijón, rey de Emor, no quiso permitir que los israelitas pasaran por su tierra y lanzó su ejército contra ellos. Empero, con la ayuda de Hashem, la batalla terminó con la derrota total de los emoritas. Volviendo hacia el norte, a las fértiles tierras de Guilad y Bashán, los israelitas derrotaron la resistencia de Og, rey de Bashán, y tomaron posesión de su territorio. La tierra al este del Jordán había sido conquistada y los israelitas acamparon finalmente en la frontera de Moav, frente a Jericó.

(Extraído del libro «Lilmod ULelamed» de Edit. Yehuda)

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PARASHAT HASHAVUA: JUKAT (Números 19:1-22:1) Las “razones” de los mandamientos

La parashá de esta semana comienza diciendo “este es el estatuto (jok) de la Torá” y procede a discutir las leyes de la vaca roja (pará adumá), una mitzvá imposible de entender de acuerdo a la lógica humana.

El Or HaJaim pregunta por qué esta mitzvá se llama “el jok de la Torá, siendo que hubiese sido más apropiado decir “este es el jok de pureza” ya que se relaciona con las leyes de pureza e impureza, y responde que la Torá nos está enseñando que si cumplimos esta mitzvá a pesar de que no tiene una razón, entonces la Torá considera como si hubiésemos cumplido todas sus leyes, ya que muestra que estamos dispuestos a seguir la voluntad de Dios de forma incondicional (1).

Rav Jaim Shmulevitz explica que cuando una persona cumple una mitzvá cuya lógica es obvia, aún no es claro que esté dispuesta a cumplir toda la Torá sólo porque Dios lo exige. Podría ser que está cumpliendo esa mitzvá simplemente porque le parece lógica. Sin embargo, cuando la persona cumple una mitzvá cuya lógica no es obvia, entonces demuestra que respeta todas las mitzvot no porque las entiende, sino porque Dios las ordenó (2).

Este es un principio fundamental de la Torá: aceptamos que debemos cumplir la voluntad de Dios independientemente de lo que nos parezca a nosotros. Así, reconocemos que la sabiduría de Dios está muy por encima de la nuestra y que sus mandamientos tienen sentido. Una vez que reconocemos intelectualmente que hay un Dios Todopoderoso que nos dio la Torá en el Monte Sinaí, entonces debemos estar dispuestos a aceptar las mitzvot que están incluidas en la Torá. El hecho de que no siempre logremos apreciar su lógica no significa que no tengan sentido.

A luz de este principio surge una dificultad: muchos de los más grandiosos eruditos de Torá, como el Rambam, el Séfer HaJinuj y más recientemente Rav Shimshon Rafael Hirsh, hicieron todo lo posible para explicar las “razones” que hay detrás de las mitzvot. Sin embargo, vemos con claridad de la vaca roja que la razón fundamental de cada mitzvá está más allá del entendimiento humano; el Rey Shlomó creyó que había entendido la razón fundamental de cada mitzvá hasta que llegó a la vaca roja, la cual no pudo comprender. Entonces se dio cuenta que no había logrado entender la razón fundamental de ninguna de las mitzvot. Teniendo esto en cuenta, ¿cómo es posible que alguien afirme conocer la razón para cualquier mitzvá? Después de todo, ni siquiera el Rey Shlomó —el más sabio de todos los hombres— pudo hacerlo.

Rav Itzjak Berkovits responde explicando que los comentaristas no están afirmando haber entendido la razón fundamental que hay detrás de la mitzvá —ya que no podemos entender la verdadera razón que hay detrás de ninguna mitzvá—, porque eso es algo que sólo se puede apreciar en los más elevados mundos espirituales. Sin embargo, esto no niega que las razones ofrecidas para las mitzvot sean verdaderas. Dios, en Su infinita sabiduría, se encargó de que cada mitzvá tuviera lógica en muchos niveles diferentes de existencia. Por ejemplo, las mitzvot pueden ayudar a una persona a desarrollar rasgos de personalidad deseados y a mejorar sus relaciones.

Vemos esto en muchas mitzvot. Las leyes de pureza e impureza están entre las más difíciles de comprender; sin embargo, las más relevantes de esas leyes hoy en día (las de pureza familiar) tienen beneficios obvios. La Guemará explica que es muy beneficioso que el marido y la mujer se separen por un tiempo todos los meses, para así evitar el problema de la falta de interés en la relación (3). Basado en esta Guemará, el Séfer HaJinuj escribe que esa ventaja es una de las razones de la mitzvá de pureza familiar (4). Esto no significa que la única razón por la que respetamos las leyes de pureza familiar es porque ayudan a la relación, pero no es coincidencia tampoco que Dios haya hecho que así sea.

Otro ejemplo es la mitzvá de faenar animales casher de una manera específica (conocida como shejitá). El Rambán escribe que a Dios no le cambia que matemos un animal mediante shejitá o estrangulamiento, pero sin embargo, nos instruyó que matemos al animal de la manera menos cruel para enseñarnos que debemos ser misericordiosos incluso cuando matamos (5). De nuevo, esto no significa que la razón detrás de nuestra forma de matar animales sea porque nos ayuda a ser más misericordiosos; lo hacemos así sólo porque Dios lo ordenó, pero sin embargo, Dios quiso que desarrollemos rasgos favorables por medio de la observancia de las mitzvot.

Por lo tanto, a pesar de que no podamos comprender la razón fundamental de las mitzvot, sí podemos entender razones que son ciertas en un determinado nivel. Esto nos ayuda a apreciar por qué los comentaristas consideraron tan importante enseñarnos varias razones para los mandamientos. Es cierto que respetamos las mitzvot porque Dios nos dijo que lo hagamos, pero hacer las mitzvot mecánicamente, sin pensar en lo que estamos haciendo, no alcanza.

Las mitzvot tienen el objetivo de convertirnos en mejores personas. El Séfer HaJinuj nos dice la razón básica de cada mitzvá; ¿para qué? Para que tengamos una idea de lo que deberíamos ganar al realizar cada mitzvá y que consecuentemente podamos trabajar para lograr dicho beneficio.

La prohibición de lashón hará (habla negativa) demuestra esta idea. Rabeinu Yoná explica la razón de esta prohibición con una historia. Un hombre sabio caminaba con sus estudiantes cuando de pronto se cruzaron con el cuerpo de un perro muerto. Uno de los estudiantes comentó lo desagradable que era el cuerpo, a lo cual el hombre sabio replicó que tenía dientes blancos y muy bonitos (6). Este hombre le estaba enseñando a su estudiante el rasgo de enfocarse en lo bueno, el cual de acuerdo a Rabeinu Yoná es la razón de la mitzvá de cuidar el habla.

No hay ninguna prohibición de lashón hará sobre enfocarse en los aspectos desagradables de un perro muerto, pero quien ve las cosas con un foco negativo pierde el objetivo de la mitzvá de lashón hará. No hablar mal de los demás no es suficiente; la raíz del mandamiento es enfocarse en lo bueno de las personas. Al evitar hablar mal sobre los demás uno debería buscar transformarse en una persona con una perspectiva positiva en la vida.

Hemos visto cómo la mitzvá de la vaca roja nos enseña que estamos obligados a cumplir todas las mitzvot sin cuestionar su lógica pero, al mismo tiempo, que debemos entender las razones de las mitzvot para poder crecer gracias a ellas en la dirección correcta. Una forma recomendable para lograr esto es invertir un poco de tiempo en el análisis de las razones que hay detrás de los mandamientos. Hay muchas fuentes que uno puede revisar; uno puede recurrir a las más antiguas, como el Séfer HaJinuj, o ir a comentarios posteriores, como Rav Hirsh o Rav Aryeh Kaplan. Al hacerlo, nos recordaremos a nosotros mismos que cada mitzvá tiene razones que debemos conocer y aprovechar para crecer. Todas las mitzvot tienen mensajes en su interior, pero depende de nosotros aprenderlos y usarlos como corresponde.


Notas:

(1) Or HaJáim HaKadosh, Jukat 19:2.

(2) Sijot Musar, Jukat, Maamar 78.

(3) Nidá 31b.

(4) Sefer HaJinuj, Mitzvá 166.

(5) Rambán, Ki Tetzé 22:6.

(6) Shaarei Teshuvá, Sháar 3, Maamar 216,217.

http://www.aishlatino.com

HAFTARA Parashá Jukat (Precepto). 10 TAMUZ 5772 (30 de Junio de 2012)

Shofetim (Jueces) 11:1-33

En la parashá de la semana habíamos leído acerca de las primeras guerras que liberó el pueblo de Israel en su camino hacia la tierra de Israel, en contra de Sijón – el rey de Emor, y Og – el rey del Bashán.  Es por eso que para la lectura de la haftará de esta semana ha sido escogido un pasaje del libro de los Jueces por su conexión con la parashá, pues aquí leemos acerca de la guerra que liberó Iftaj en contra del pueblo de Amón, que alegaba que el pueblo de Israel le había quitado su tierra muchos años antes (cosa que no fue verdad).

Antes de que el pueblo de Israel designe a Iftaj como su representante, encontramos que el texto nos dice que por una disputa determinada Iftaj tuvo que irse de su tierra:

“E Iftaj de Guilad era una valiente combatiente… Y se escapó Iftaj de sus hermanos y se asentó en la tierra de Tov…” (11:1,3).

 El lugar en el que Iftaj se asentó se llamaba “la tierra de Tov” – “éretz tov” en hebreo.  Algunos comentaristas dicen que Tov era el nombre de un hombre poderoso que dejó que Iftaj se asentara en sus tierras.

Sin embargo, en el Talmud Ierushalmi (Sheviit 6:1) encontramos una opinión que dice que este nombre se refiere a un área que está fuera de los límites de Israel, y la palabra “tov” que significa “bueno”, fue usada para referirse a este área porque en la diáspora no es necesario separar el diezmo de las cosechas.

 Sin embargo, esto parece muy extraño.  Si D’os nos aseguró que la tierra que Él nos dió era una buena tierra, ¿no es una contradicción referirse de esta manera a la diáspora?  El entendimiento de este versículo basado en la opinión del Talmud Ierushalmi  aparentemente implica que el resto del mundo es realmente mejor que la tierra de Israel!  ¿Esta expresión no es un insulto y una señal de ingratitud después de que recibimos la tierra de Israel?

Una pregunta más: ¿Cómo puede ser considerado bueno estar exento de los mandamientos de D’os cuando nosotros nos entristecemos si se nos niega la posibilidad de cumplir un mandamiento?  La Torá y los mandamientos son el regalo más grande que D’os nos ha dado.  Ellos son nuestra vida y no se puede obtener un verdadero bienestar sino cumpliendo con la voluntad de D’os y obedeciendo sus mandamientos!

El mandamiento del diezmo, en particular, es muy preciado para nosotros.  Mediante su cumplimiento nosotros somos merecedores de las bendiciones de D’os en nuestra tierra y se nos otorga buenas cosechas y prosperidad.  Entonces, ¿cómo puede ser considerado bueno estar exento de la obligación de diezmar nuestra cosecha?

 Es por eso que algunos comentaristas entienden que esta opinión del Talmud Ierushalmi se refiere a un lugar específico fuera de la tierra de Israel que era particularmente fértil.  Pero respecto de la Tierra de Santidad uno no puede decir que un área es buena y la otra no lo es, pues realmente todas las zonas de la tierra de Israel son buenas.  Si la persona cumplirá correctamente los mandamientos de D’os él será bendecido en todo lugar que se encuentre.  Pero si él no cumplirá Sus mandamientos ningún área será buena para él.  Dentro de la Tierra de Santidad todo depende de los actos de la persona.
 Pero fuera de la Tierra de Israel los actos de la persona no tienen tanta influencia sobre las bendiciones que ella recibirá, pues su vida está un poco más sometida a las leyes de la naturaleza, y la providencia personal de D’os sobre él se ve en algún sentido reducida.  Y es por eso que respecto de la diáspora sí se puede decir que una zona es mejor que otra.  (Basado en el libro Lev Aharón citado en el Ialkut Meam Loez).

Parashá Jukat (Precepto). 1 TAMUZ 5771 (2 de Julio de 2011)


Para entender el significado de nuestra parasha debemos primero saber que significa “Jukat” o “jok”.
En la entrega de la Torah, se nos dieron las leyes y entre las leyes mismas se dieron las llamadas “JUKIM”. Aunque la palabra jok (plural jukim) literalmente podríamos entenderla como ley, es en realidad un precepto que a la lógica humana no es comprensible.
Entre los jukim podemos encontrar la Ley de Ibum, que consiste en cuando un judío desposa a la esposa de su hermano estando este en vida o aun después de su muerte, incurriendo en la pena de caret (corta su alma del creador) esto es siempre y cuando tuviera hijos, pero si la viuda no tiene hijos, entonces esta permitido el matrimonio.
También encontramos la Mitzva de Shaatnez (mezcla de lana y lino), el Korban zazel (korban de expiación en yom kipur), la Ley de la Pará Adumá (la vaca roja) que es precisamente el jok del que habla nuestra parasha. Estas leyes aunque a la lógica humana no pueden ser entendidas, Hashem nos las entrego para cumplirlas aun en contra de nuestra lógica, todo esto para que nosotros santifiquemos el nombre de Hashem y para que nos demos cuenta que el mundo y todo lo que existe no se rige por la lógica si no por la fe.

La Pará Adumá

En nuestra parasha encontramos la ordenanza de la Pará Adumá, este korban consistía en traer una vaca roja sin ningún defecto o yugo por trabajo, y con menos de dos pelos blancos o de otro color, ya que esto la hacía pasul para korban.

La vaca era quemada en su totalidad y sus cenizas servían para purificar al pueblo por la tumá hamet y otros tipos de tumot. La vaca se degollaba fuera del campamento, y en época del Bet Hamikdash, en el monte de los olivos (har hazeitim). El kohen no la degollaba, sino otra persona frente a él, pues si se encargaba de degollarla contraía tumá y quedaba impuro. La persona que le hacia la shejita, quedaba impuro.

Si intentamos ver la lógica de esta ley nos preguntaremos ¿cómo es posible que las cenizas de la Pará Adumá purificaran al pueblo, pero al mismo tiempo hicieran impuro al que la degollaba?, precisamente Hashem nos dio este precepto para cumplirlo, a pesar que va en contra de nuestra lógica.

El kohen Hagadol tomaba con su pulgar la sangre de la vaca y la salpicaba siete veces en dirección a la tienda de reunión, después de hacer esto, tenía que sumergir sus vestiduras y su cuerpo en el mikve y quedaba impuro hasta el anochecer.
La ceniza purificaba a una persona con tumá, ya sea tumá por estar en contacto con un cadáver humano o por otro tipo de tumá, si una persona se hacía impuro por una persona muerta debía salpicarse con estas cenizas y quedaba impuro un periodo de siete días.
Algunos comentaristas dicen que la Pará Adumá hace expiación por el pecado del becerro de oro, ya que así como Israel pecó con un becerro, pues Hashem los limpia con la madre del becerro, así como el becerro fue quemado y fue hecho cenizas, así también la vaca roja se debe quemar y sus cenizas nos purifican.
Un total 9 vacas rojas fueron quemadas hasta la destrucción de los templos, esta escrito que la décima la traerá el mashiaj y con ella nos purificará a todos AMEN.

La muerte De Miriam y Aarón HaKohen

En nuestra parasha vemos que Hashem llamó a Miriam y a Aarón para que fueran extraídos del pueblo y volvieran con su creador, está escrito en los midrashim que Miriam y Aarón murieron con un beso divino, pero la Torah solo nos habla de Aarón entonces ¿qué paso con Miriam?

En realidad la Torah omite esto por tzeniut, ya que no se vería bien decir que Miriam murió con un beso del creador, de esto podemos deducir que el tzeniut no solo es a los ojos de las personas si no también es para cualquier lugar en el que uno se encuentre.

El Pecado de Aarón y Moshe

Cuando Miriam murió, la roca que emanaba un manantial y que daba agua a todo Israel dejo de manar esto fue debido a que por el mérito de Miriam la roca proporcionaba el agua al pueblo, una vez que murió el pueblo no tuvo suficientes méritos para
El pueblo se quejó en contra de Moshe y Aarón, ellos fueron hablar con Hashem y Le ordenó congregar a todo el pueblo, estudiar unas cuantas halajot con ellos y así hacerse merecedores del milagro del agua por medio de la piedra, Hashem le ordeno también a Moshe, hablarle después a la piedra para que ella manara agua, Moshe hizo todo lo que le dijo Hashem, pero cuando le hablo a la piedra, la piedra no mano agua, Moshe le hablo varias veces pero no salió agua, entonces Aarón le dijo a Moshe que golpeara a la piedra, así como le pego la primera vez, Moshe lo escuchó y le golpeó a la piedra y la piedra empezó a manar agua.
Hashem se enfureció con Aarón y con Moshe por desobedecer su orden de hablar a la piedra y en vez de eso golpearla y con esto haber evitado que el nombre de Hashem se santificara a todo el pueblo, por este pecado Moshe y Aarón no entraron a la tierra de Israel, pero acaso Moshe y Aarón que eran líderes de Israel, conocidos por su sabiduría, amor al pueblo y disposición y por ser tzadikim ¿merecían este castigo? De aquí podemos ver que cuanto más grande es la persona en Torah, es decir entre más tzadik. Más fuerte es su castigo, esto se debe a que una persona que ha llegado a un nivel tan alto como para ser llamado tzadik es más apreciado por Hashem, Hashem busca que esta persona este más apegada a él, cuando el tzadik peca, su castigo es grande, en primer lugar para que este tzadik no se acostumbre a pecar, y en segundo porque cuanto más apego tiene al creador, cualquier transgresión lo hace caer y esto lo hace alejarse del creador.

Cuando Aarón HaKohen murió, las nubes de gloria se retiraron del pueblo de Israel, debido a que estaban ahí por el mérito de Aarón. Miriam recibió el mérito del agua por la bondad (hesed) Aarón recibió el mérito de las nubes por el amor al pueblo y Moshe recibió el mérito del man por su humildad y rectitud.

La Pelea Contra Amalek

Cuando el pueblo de Amalek supo que klal Israel no estaba protegido más por las nubes de gloria, pensaron que Hashem se había separado de ellos y por esto podrían aprovechar para atacarlos, pero Amalek sabía que el poder del pueblo de Israel no estaba en la fuerza, si no en la plegaria, por esto Amalek se hizo pasar por canaanim, por si el pueblo rezaba lo hiciera en contra de los canaanim y no en contra de ellos, para que sus plegarias no recayeran sobre ellos, pero el pueblo dudoso por ver a los canaanitas distintos rezaron al creador pidiendo por sus enemigos en general y no por un enemigo en particular, Hashem escucho sus plegarias y dio muerte a los Amalekim, de aquí podemos ver que es mas fuerte el poder de la plegaria que el poder físico de la fuerza y que todo esta en manos de Hashem.
Así bien que nuestras plegarias sean la fuerza que traiga prontamente la geula para todo el pueblo de Israel AMEN.

Esta parasha va dedicada para la refua shelema de Shimon ben Sol y Delicia bat Miriam que prontamente tengan una refua shelema y que estén siempre llenos de prosperidad

Bajur David Moshe Shallem Lichtenstein

Parashá Jukat (Precepto). 7 TAMUZ 5770 (19 de Junio de 2010)

Luz Para las Naciones


Esta parashá nos cuenta que el pueblo de Israel, en su camino hacia la tierra prometida, le pidió al rey de Edom que lo deje pasar por su territorio, para acortar camino al ingresar a la tierra desde el sur, sin tener que realizar un giro entrando por el este.

Moshé le dijo que el pueblo de Israel utilizaría solamente el camino principal, sin desviarse hacia otros rumbos. También le dijo que el agua que el pueblo habría de beber sería bien pagada. Sin embargo, el rey de Edom se rehusó, y le mandó a decir a Moshé que si los judíos intentarían pasar por su territorio, él les declararía la guerra. Entonces Moshé desvió al pueblo y no volvió a insistir.

Más tarde, un incidente similar tuvo lugar cuando el pueblo llegó a la frontera del pueblo de Emor. Moshé le pidió permiso al rey Sijón, para que los deje cruzar por su tierra, con las mismas condiciones que le ofreció al rey de Edom. En este caso el rey Sijón, sin responderle nada a Moshé, salió directamente a atacar al pueblo de Israel. El resultado fue que, con la ayuda de D’os, el pueblo conquistó su territorio, al este del río Jordán.

Estos dos sucesos que acabamos de citar son desconcertantes, ya que en ambas oportunidades lo único que se pidió fue acortar camino. Al rey de Edom le alcanzaba con responder que no nos daba permiso, pero además él amenazó con salir a la guerra. Y más asombrosa fue la reacción de Sijón, que sin responder salió a atacar a un pueblo que portaba un mensaje de paz en su boca – ya que el pueblo de Israel no estaba interesado en conquistar su territorio.

Sin embargo, el Rab Iehonatán Aibshitz nos explica que aquellos pueblos tuvieron una razón para hacer lo que hicieron, y para entender estos episodios debemos recordar el momento histórico que se estaba viviendo.

El pueblo de Israel acababa de salir de Egipto y de recibir la Torá. La salida de Egipto no sólo fue importante para los judíos por haberse liberado de la esclavitud, sino también por haber vivido durante diez meses todos los milagros que D’os les hizo allí, durante el proceso de la liberación. Con cada plaga sobre los egipcios, los judíos palpaban más la existencia de D’os y, consecuentemente, se acercaban más a Él.

Cincuenta días más tarde, la fe del pueblo llegó a la cima cuando vivieron la revelación de D’os mediante la entrega de la Torá, que como sabemos, fue un acontecimiento único en la historia. A partir del momento en que se entregó la Torá, el judío obtuvo respuesta a la famosa pregunta: ¿Cuál es el significado de la vida?

Un pueblo entero se encaminaba ahora según los valores espirituales que les enseñó la Torá.

Tanto el rey de Edom como el rey Sijón, sabían muy bien que la cultura en la cual sus pueblos crecieron, no ofrecía respuestas a las preguntas más fundamentales de la vida. Ellos tampoco le entregaron a sus pueblos un proyecto de vida como el que acababa de recibir el pueblo judío, y eso los enfrentaba a un riesgo muy grande, ya que si permitirían que el pueblo de Israel pasase a través de su territorio, sus pueblos verían que en el pueblo judío sí había valores reales.

Es por este motivo que estos dos reyes prefirieron amenazar o salir a la guerra, a pesar del costo tan alto que ello implicaba, antes que darle a su gente la oportunidad de ver a un pueblo con ideales elevados.

Y este punto lo vemos a través de toda la historia, cuando los judíos que rigieron sus vidas como realmente pide la Torá fueron un ejemplo para todos las personas que los vieron.

En el tratado de Avodá Zará, el Talmud cuenta que el Cesar envió a su sobrino Onkelós a que salga a conocer el mundo, pues él sería el heredero del trono, y para poder ser un buen emperador había que conocer las necesidades del pueblo, tanto las económicas como las sociales.

Onkelós salió a cumplir con el pedido de su tío y como era de esperarse, él se encontró con el pueblo judío. No transcurrió mucho tiempo hasta que se dio cuenta de que la verdad estaba en el pueblo judío y no en el imperio romano.

Onkelós siguió averiguando e investigando hasta que decidió convertirse al judaísmo. Obviamente, esa no fue una decisión fácil para él, pues en esa época el imperio romano dominaba sobre la mayor parte del mundo, y él era el heredero del trono. Y por supuesto que al convertirse al judaísmo, él perdería todo ese gran honor.

A pesar de la gran prueba que tenía delante de él, Onkelós decidió formar parte del pueblo judío, y después de convertirse no regresó al palacio real, pues naturalmente prefirió vivir entre los judíos.

Al enterarse de esto, el Cesar mandó una distinguida comitiva para que lo convencieran de volver al palacio, y de esta manera abandonar su nuevo camino. Pero cuando los hombres de la comitiva se encontraron con Onkelós, éste comenzó a formularles preguntas que los convencieron de que no hay una mejor vida que la del judío, y todos ellos terminaron convirtiéndose.

Al llegarle esta noticia al Cesar, decidió enviar otra comitiva ordenándoles que trajeran a su sobrino sin hablar ni una palabra con él. Ellos llegaron a la tierra de Israel, y sin decir ni una sola palabra, lo arrestaron.

Cuando estaban saliendo de la casa, Onkelós se acercó a la puerta y besó la mezuzá.

Él les preguntó: “¿Saben qué es esto?”.

“No” – respondieron.

Entonces Onkelós les respondió que eso era una mezuzá, y que se ponía en el marco de las puertas para que D’os cuide a quienes están adentro.

“Y esta es la diferencia entre D’os y los reyes humanos” – agregó. “Pues los reyes están sentados en sus tronos y sus soldados los cuidan, pero D’os se comporta de manera opuesta, pues mientras sus hijos están sentados adentro, Él los cuida desde afuera”.

De esta manera, él logró convertir también a la segunda comitiva.

Cuando el Cesar se enteró de lo ocurrido, ya no volvió a insistir, pues se dio cuenta de que el cambio que hizo su sobrino fue bien meditado, y no la consecuencia de un entusiasmo momentáneo, motivo por el cual no podría persuadirlo de volver al palacio.

Este es un punto muy importante que aprendemos de nuestra parashá: La responsabilidad que tiene cada judío de demostrar mediante su comportamiento que hay una sola verdad y a ella todos pueden acceder, aprendiendo qué es lo que D’os pide de nosotros.

Ese fue el miedo de los reyes de Edom y Emor, que surgió como consecuencia del ejemplar comportamiento del pueblo judío.

http://judaismohoy.com

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