Parashá Ki Tavó- (Entres). 21 Elul 5772 (8 de Septiembre 2012).

Temas de la Parashá

 Devarim (Deuteronomio) 26:1 – 29:8
 Nuestra parashá habla sobre los  siguientes temas:
 Primera aliá  (26:1-11):  Las leyes de los bikurim (primicias).
 Segunda aliá  (26:12-15):  Las leyes de los diezmos.
 Tercera aliá  (26:15-19):  La recompensa por el cumplimiento de los mandamientos de  D’os.
 Cuarta aliá (27:1-10):  La  construcción de un altar de piedra para D’os.  Los hijos de Israel se convierten  en una nación.
 Quinta aliá (27:11 – 28:6):  Los montes Guerizim y Eval.  La maldición por la idolatría.  La  maldición por la falta de respeto a los padres.  La maldición por mover los  límites de los inmuebles.  La maldición por poner un obstáculo delante del  ciego.  La maldición por pervertir la justicia. La maldición por mantener  determinadas relaciones prohibidas.  La maldición por golpear al prójimo.  La  maldición por el soborno.  La maldición por no cumplir con la Torá.  Las  bendiciones por seguir el camino de D’os. 
 Sexta aliá  (28:7-69):  Otras bendiciones por seguir el buen camino.  El mal que recaerá  sobre el pueblo por los pecados.  El pacto de Jorev.
 Séptima aliá (29:1-8):  La  guía de D’os durante los cuarenta años en el desierto. 
 Comentario de la Parashá
 En la sexta aliá de nuestra  parashá encontramos lo que comúnmente se conoce con el nombre de la tojejá (reprimenda).  En estos versículos Moshé Rabenu le advierte al  pueblo de Israel sobre todas las maldiciones que recaerían sobre ellos como  castigo por un futuro alejamiento del camino de D’os.
 Pero las palabras de Moshé no  fueron una profecía sino sólo una advertencia, pues la elección no era de Moshé  y mucho menos del Creador.  Los únicos que decidieron, deciden y decidirán si  serán acreedores a todas las bendiciones prometidas a quienes escuchan la voz de  la Torá, o a todas las maldiciones destinadas a quienes la transgreden, son  solamente cada uno de los individuos del pueblo de Israel.
 En el libro “Or Iejezkel” (parte 2, pag 5), Rabí Iejezkel Levenshtain (1884 – 1974) nos enseña que las  enfermedades del alma – así como su curación – son similares a las enfermedades  del cuerpo, y utilizando los conocimientos que poseemos acerca de los métodos  para la curación de esas enfermedades, está obligada la persona a aprender y  entender todo lo relativo a las enfermedades del alma.
 Respecto de las enfermedades del  cuerpo, el peligro más grande que existe es cuando el enfermo no comprende que  él está enfermo y debe curarse.  Todo tiempo que el hombre entiende la gravedad  de su enfermedad existe la esperanza de encontrar para él alguna cura, pero  alguien que realmente está enfermo y no sabe que lo está ¿cómo hará para  realizar el tratamiento que necesita para reponerse de su afección?
 Y lo mismo ocurre con las  enfermedades del alma – dice nuestro autor.  Si la persona no tomará conciencia  y comprenderá que él está enfermo, entonces su enfermedad será terminal, y esto  lo podemos aprender de las palabras de la Torá en nuestra parashá, en uno de los  versículos de esa advertencia de Moshé: 
 “Te golpeará D’os con locura,  con ceguera y con perplejidad de corazón” (28:28).
 El golpe más duro que puede sufrir  el hombre es la ceguera y la perplejidad de corazón.  Todo tiempo que él puede  ver, hay una luz de esperanza para él, pero si su corazón estará bloqueado y  taponado, y él no comprenderá ni reconocerá la gravedad de su enfermedad, ese  será su fin.
 Mas no debemos equivocarnos.  Es  verdad que D’os puede llegar a golpear a alguien mediante estas cosas si así lo  decidió Su recta justicia, pero en ningún lado está escrito que el Creador no le  brindará a la persona la posibilidad de curarse.  El golpe solamente colocará al  hombre en una situación de decisión donde él será el único que podrá decidir si  querrá hacer su máximo esfuerzo para salir de esa situación de ceguera y  perplejidad escuchando las palabras de D’os.
 Agregaremos un punto más, que tal  vez redondeará esta idea expresada por Rabí Iejezkel Levenshtain.  Nosotros  hemos traducido las palabras “uvtimhón levav” como “y con perplejidad  de corazón”, pero esta no es la única posibilidad interpretativa de esta  expresión.  Es verdad que Rashí (Rabí Shelomó Itzjaki, 1040 – 1105) tradujo “uvtimhón levav” como “y con taponamiento de corazón”, y seguramente  basado en su comentario, nuestro autor nos enseñó todo lo que transcribimos  anteriormente.  Pero el Sabio llamado Onkelós (s. II) en su Targúm  (traducción de la Torá al arameo), tradujo “uvtimhón levav” como  “uvshaamamut libá” – que significa “y con aburrimiento de corazón”.
 El aburrimiento que puede sentir  la persona puede ser temporario o constante, y no depende en absoluto de lo  abultada que esté su agenda diaria.  Es verdad que si la persona estará  desocupado y sin nada en qué pensar, entonces esto provocará que él esté  aburrido, como dijeron Nuestros Sabios: “La holgazanería provoca el  aburrimiento”, pero es lógico suponer que Onkelós no se refirió a esta clase  de aburrimiento.
 Onkelós nos enseñó que uno de los  peores golpes que puede sufrir el hombre es vivir en un estado de constante  aburrimiento.  La peor pesadilla en la que se puede encontrar una persona es  vivir en un estado donde todo le da lo mismo, y donde él ya no tiene un motivo  claro por el cual vivir.  Una vida donde se come para vivir y se vive para  comer, donde se trabaja para irse de vacaciones pero cuando se está de  vacaciones éstas no se disfrutan, pues no podemos estar sin trabajar.  Eso no es  un aburrimiento casual.  Eso es “timhón levav” – un constante y total  aburrimiento de corazón causado por la falta de espiritualidad, por la carencia  de contenido verdadero en nuestras vidas.
 Hace mucho tiempo que Moshé Rabenu  nos previno de todos estos peligros a los cuales se expone quien se aleja de la  palabra de D’os.  Pero no debemos alarmarnos.  Nuestro maestro Moshé también nos  enseñó cuál es el antídoto que poseemos para no contagiarnos de todos estos  males.  La única cura es el estudio y el cumplimiento de nuestra Sagrada Torá,  como decimos en la tefilá: “ki hem jaienu veórej iamenu – pues ellas (las  palabras de la Torá) son nuestra vida y  la prolongación de nuestros días”.

Parashá Ki Tavó- (Entres). 18 Elul 5771 (17 de Septiembre 2011).

En nuestra parasha de la semana, vemos que Hashem nos da el precepto de los Bikurim, con esta Mitzva, nosotros estamos aceptando que el Creador y dueño de todo lo que existe es Hashem.
También podemos encontrar el agradecimiento al Creador, cuando recitamos Mode Ani todas las mañanas y también cuando decimos Birkat Hamazon, más aun, vemos que en otras culturas o religiones, las personas agradecen antes o después de comer, o más aun al levantarse por las mañanas, Pero la mitzvá de Bikurim tiene un punto novedoso, ya que no implica solamente la expresión verbal, sino también física de reconocimiento, trayendo de “las primicias de la tierra”, al Beit Hamikdash, declarando que todo pertenece a Di-s, con el pensamiento, la palabra y la acción.
Nuestros sabios dicen que los Bikurim son como el pueblo judío, es decir, así como las primicias son el primer fruto que nos dió la tierra, así también el pueblo judío es el comienzo de la creación, Hashem creo la Torah para nosotros los judíos, nuestros sabios explican que aun, antes de la creación Hashem ya tenía pensado en crear al pueblo judío.
Esta Mitzva, también nos ayuda a saber, que nosotros no manejamos el control de la prosperidad, por decirlo así, más aun Hashem se encarga de darnos la bendición a nosotros.

Las Bendiciones y Las Maldiciones

Como podemos ver en nuestra parasha, Moshe reunió al pueblo de Israel antes de entrar a la tierra prometida, Moshe lo hizo el mismo día de su muerte. Nuestros sabios preguntan: ¿Por qué Moshe reunió al pueblo judío antes de entrar a la tierra prometida, entre dos montanas para escuchar bendiciones y maldiciones, sabiendo que en la parasha bejukotai ya había hablado de las maldiciones y bendiciones? La respuesta es, por cuanto Hashem iba hacer un nuevo pacto con el pueblo judío antes de entrar a la tierra, también los reunió ante dos montañas, para que sirvieran como testigos y a diferencia de la parasha bejukotai, que habla sobre maldiciones y bendiciones en general, es decir en plural, en nuestra parasha habla de forma singular, esto nos ensena que el pecado de un judío afecta a todo el pueblo entero, hasta por el pecado de uno todo el pueblo podría ser castigado, esto se debe a que somos un solo pueblo, es decir, somos uno para Hashem.
Moshe se preocupó mucho por el pueblo, al ver que todos estaban atemorizados al escuchar las maldiciones, pero Hashem calmó a Moshe diciéndole que solamente las maldiciones se cumplirán, el día que nosotros los judíos nos alejemos del camino de la Torah y de las mitzvot.
Hoy en día, nosotros creemos que estamos bien, ya sea porque tenemos suficiente dinero o porque tenemos mucha abundancia, sin embargo ¿quién nos dice que eso es estar realmente bien?
Las personas piensan que lo escrito en la Torah, ya no se cumple, pues no han visto que a ninguna persona que se aleja de la Torah, le caigan estas maldiciones, más aun nuestros sabios nos dicen que la vida en este mundo son solo esfuerzos que se verán recompensados en el mundo venidero, cuanto mejor esté la persona más preocupada debería estar, pero ¿cómo es esto? Hashem siempre va a probarnos para comprobar nuestro crecimiento y apego en Él, cuanto más dura es la prueba, más grande es la recompensa, esto se debe a que Hashem no ve el resultado sino el esfuerzo, cuando una persona que está alejada del mundo de la Torah goza de mucho placer material, quiere decir que en realidad Hashem le está dando su recompensa en este mundo para no “deberle nada”, por así decirlo, en el mundo venidero.
Esta parasha nos da la enseñanza, no solo de aceptar que Hashem es nuestro creador y que todo lo que existe es de Él, también nos enseña a tener emuna, y a tener fuerza en cualquier prueba, ya que, como dijimos anteriormente Hashem ve el esfuerzo de la persona, porque el esfuerzo que pone una persona, la lleva a tener más gozo del resultado.
Nosotros debemos saber que para lograr algo, debemos esforzarnos, esta parasha nos enseña claramente que el esfuerzo y el cumplimiento de la Torah y de las mitzvot llevan a la verdadera recompensa, más aun, se requiere del esfuerzo, nuestro esfuerzo hace que nuestras acciones valgan más y hacen que el resultado de haber superado las pruebas de la vida, sea más placentero, es decir hacen que nos sintamos más satisfechos, nosotros no debemos esperar a tener todo fácil, sin complicaciones, debemos buscar esforzarnos y saber que todo esfuerzo que hagamos leshem shamaim se verá bien recompensado, no solamente en este mundo, si no también en el mundo venidero.

Las Piedras

Como podemos ver Hashem le ordeno a Moshe hacer doce piedras, en ellas escribir toda la Torah en los setenta idiomas y colocarlas en la entrada de Eretz Israel (en la entrada del Yarden).
¿Qué significado tienen estas piedras y por qué en setenta idiomas? Las piedras hacen alusión a la mezuza, es decir que estamos en el Hogar de Hashem, también se escribieron en setenta idiomas para darle la oportunidad a todos los pueblos, para que pudieran estudiarla y así llegar al cumplimiento de las siete leyes de Noaj, de este modo todo el mundo llegaría al reconocimiento absoluto, que Hashem es Uno y Único
Así bien, en nuestras manos esta, el recibir la bendición o la maldición (jas veShalom) y está en cada uno de nosotros, saber si queremos una vida cómoda sin complicaciones y así sin darnos cuenta alejarnos de nuestro Creador, o tomar nuestras decisiones de esforzarnos, es decir, tomar esos esfuerzos y luchar por nuestros ideales y apego a Hashem, teniendo siempre la emuna, que todo se puede lograr si estamos en Torah y mitzvot.
Que prontamente nuestros esfuerzos traigan la geula para todo el pueblo judío y que prontamente todos estemos en Yerushalaim cumpliendo la Mitzva de Bikurim AMEN.Bajur David Moshe Shallem Lichtenstein

Parashá Ki Tavó- (Entres). 18 Elul 5770 (28 de Agosto 2010).Una Serie de Magníficas Bendiciones y de Terribles Maldiciones

“Rabino Eliahu Kramer de Vilna”, gritó el alguacil, “¡Usted ha sido acusado de ayudar a John el Cristiano a abandonar la fe de sus padres para unirse a las supersticiones judías inferiores!”.

El alguacil esperó la respuesta del rabino, pero sólo recibió silencio. El rabino, amarró sus Tefilin (filacterias) y se cubrió con su Talit, estaba totalmente inmerso en el libro que tenía abierto enfrente de él y no hizo ningún esfuerzo por responder.

En cada momento del caso, el tribunal pidió una respuesta, pero el rabino ignoró completamente sus procedimientos. “Otro año en Siberia por desprecio al tribunal” proclamaron ellos, sin embargo, el rabino siguió estudiando atentamente su libro.

Aumentó la tensión, mientras la sentencia estaba pronta a ser leída. Los discípulos le informaron al rabino, “¡Maestro, debe hacer algo ahora mismo o nunca más lo volveremos a ver!”. El rabino procedió entonces a descubrir los Tefilin que estaban cubiertos por su Talit y repentinamente un gran estremecimiento reverberó en la sala de la corte. Los miembros del tribunal temblaron de miedo e inmediatamente aplazaron la corte y le dijeron al rabino que era libre y que podía irse.

Esta historia del Gaón de Vilna está basada en el verso de nuestra parashá que afirma: “Entonces, verán todas las naciones de la tierra que el nombre del Eterno fue invocado sobre ti y te temerán” (Deuteronomio 28:10). El Talmud afirma que esto se refiere a los Tefilin de la cabeza. (Por supuesto que probablemente no funcionaría con nosotros, porque uno debe estar en contacto con las cualidades espirituales del Tefilin y ¡no actuar y sentir como muchos de nosotros, como si fuera una papa en la cabeza!).

En Ki Tavo, Moshé concluye la transmisión de las 613 Mitzvot y empieza la sección final de Deuteronomio, la despedida de Moshé de su pueblo. Él pone delante de ellos posibles bendiciones y maldiciones y describe en líneas generales lo que sucederá si ellos cumplen la Torá (y lo que sucederá si no la cumplen). Por segunda vez (la primera en Levítico, Parashá Bejukotai), la Torá describe el dolor y el sufrimiento que va a experimentar el pueblo judío si olvidan la Torá.

Najmánides destaca que la primera reprimenda se refiere específicamente a la destrucción del Primer Templo, mientras que nuestra parashá se refiere a la destrucción del Segundo Templo. Sin embargo, entre líneas, hay pistas de todo el sufrimiento judío incluyendo el Holocausto (y más).

La parashá empieza con dos leyes, “los primeras frutos” y el “segundo diezmo”.

Los Primeros Frutos

Antes de la cosecha, una persona entraba a su campo y encontraba la primera fruta en su árbol. La primera reacción natural es tomarla y comerla, sin embargo, la Torá nos pide controlar nuestros deseos y atar un hilo rojo alrededor de ella como un recordatorio. Cuando las frutas están maduras, el granjero recolecta todas las primeras frutas en una canasta y viajar a Jerusalem para presentarlas al Cohén.

Este es el principio de gratitud, en contraste con el pueblo de Amalek al final de la parashá Ki Tetzé que era la epítome de la ingratitud, y que además, atacaron a los judíos.

La Mishná describe la procesión de los judíos cargando sus primeras frutas en los lomos de sus bueyes, todos decorados para la ocasión. Mientras la gente de todos los pueblos llegaba a Jerusalem, los locales salían a saludarlos: “¡Bienvenidos peregrinos de esta y aquella ciudad!”. Luego, ellos se reunían frente al Monte del Templo y cada terrateniente debía subir con su canasta de frutas sobre sus hombros (incluyendo al rey de Israel) – y presentarla ante los Cohanim.

La Proclamación

En el momento en el que la primera fruta era presentada al Cohén, era necesario que el propietario de la tierra hiciera una proclamación. Básicamente era una breve sinopsis de la historia judía resumiendo la esclavitud y el éxodo de Egipto. (La hagadá de Pesaj adapta estos versos como una reseña de la historia de redención, tal como es narrada en el Seder). Nosotros recordamos cada detalle del sufrimiento judío y por eso apreciamos más aún, que estamos en nuestra propia tierra y podemos traer los primeros frutos.

La proclamación comienza en singular, cambia a plural y luego vuelve a singular para indicar la identificación del individuo con la historia de la nación. Esto es la “memoria nacional colectiva” judía a través del milenio.

El Segundo Diezmo

Después de dar el primer diezmo de la cosecha a la Tribu de Leví (que no recibieron porción de tierra), un segundo diezmo se separaba de la cosecha. Éste era comido por el dueño y su familia en Jerusalem, en pureza y santidad. En caso de que la logística impidiera que la producción se transportara una larga distancia, uno podía redimir la santidad en monedas y transferir la santidad nuevamente a comida comprada en Jerusalem.

La meta era elevar el nivel espiritual de la nación incluso al hacer actos físicos – lo que constituye la idea principal detrás de todas las Mitzvot. Por lo tanto esta fue la última mitzvá que se enseñó formalmente al pueblo; se dan pistas de otras Mitzvot después. (Rabino S.R. Hirsch)

Bien Explicado

Al pueblo se le ordena que al entrar a la Tierra de Israel debían poner grandes piedras de yeso e inscribir en ellas el texto de la Torá Escrita. En el versículo está escrito que debía “explicarse bien” – Rashi dice que esto significa que debía estar escrita en 70 idiomas, para que todo el mundo puediera estar consciente de las profundas enseñanzas de la Torá. De acuerdo a la tradición, las naciones enviaban representantes y copiaban la Torá en su idioma y así todos estaban consientes de la Ley Escrita.

Las Montañas Gemelas

Se le ordenó al pueblo judío reunirse en las montañas gemelas (ya mencionadas en la parashá Ree) cuando cruzaran el río Jordán. El Monte Grizim era frondoso y verde con árboles y follaje. El Monte Aival era desierto y desolado.

La lección que se está enseñando es el concepto de libre albedrío. Las dos montañas están situadas en la misma área. Ambas gozan de la misma cantidad de lluvia y de luz solar. La fertilidad del suelo es la misma y sin embargo una crece con follaje y la otra es desolada.

La analogía es que así como dos personas con los mismos dones y bajo las mismas circunstancias pueden crecer uno en una dirección determinada y el otro en la dirección contraria. Así mismo tenemos el libre albedrío de decidir nuestra dirección espiritual. (Rabino S.R. Hirsch)

Bendiciones y Maldiciones

A una mitad de la nación se le instruye ascender a una montaña y a la otra mitad a la otra montaña. La tribu de Leví se paró en la mitad y proclamó las bendiciones en frente del monte Grizim y las maldiciones en frente del monte Aival. (A pesar de que el texto sólo menciona las maldiciones, la tradición es que las bendiciones fueron dadas para aquellos que no cometieron estos actos).

Los comentaristas explican que el común denominador de las maldiciones es “actos que no son de conocimiento público”. En este punto, los integrantes del pueblo judío se hicieron responsables el uno por el otro.

Aquí está la lista de las maldiciones:

– Alguien que mantiene un ídolo oculto. Incluso a pesar de que actúe y se vista como piadoso, ¡debajo de su cama hay un “dios vudú”!

– Alguien que subestima a sus padres (sin conocimiento público).

– Alguien que mueve la línea de demarcación de su vecino, aumentando desapercibidamente la extensión de su terreno.

– Alguien que guía erróneamente a un ciego (incluyendo el hecho de dar un mal consejo) sin conocimiento público.

– Alguien que juzga erróneamente al extranjero, a la viuda o al huérfano (que no tienen nadie que defienda sus derechos).

– Alguien que tiene relaciones prohibidas con miembros de la familia que están siempre disponibles (madrastra, hermana, y suegra) o con animales (que no pueden delatar a nadie).

– Alguien que causa daño a sus compañeros en secreto (esto se refiere a “lashón hará” – chisme y daño severo a la reputación) desconocido para todos.

– Un juez que acepta un soborno para derramar sangre inocente (sin conocimiento público).

– Cualquiera que no lleva a cabo las Mitzvot de la Torá para cumplirlas.

Pregunta: ¿Cuál es el significado de las palabras extras “para cumplirlas”?

Respuesta: Siempre existieron aquellos que creyeron que si sólo fuéramos un poco permisivos con la ley judía, seríamos exitosos en atraer a las masas en vez de repelerlas con nuestros estrictos códigos de vida (es decir, no realizar una mitzvá, para “cumplir” con el resto de la Torá). Esto probó ser una falsa premisa una y otra vez. (Si permites que la gente maneje sus autos en Shabat sólo para ir a la sinagoga, finalmente van a manejar en Shabat para ir a cualquier parte, ¡menos a la sinagoga!).

La Reprimenda

Las buenas noticias son que si cumples la Torá:

(1) “Bendito serás en la ciudad, bendito serás en el campo” (Deuteronomio 28:3)

Pregunta: Pareciera que el orden es inverso. ¿Si hay bendición en los campos con una buena cosecha, entonces, por supuesto que habrá bendición en la ciudad con suficiente comida?

Respuesta: Si hay o no bendición en los campos, eso depende de las Mitzvot que se cumplen en la ciudad. Cuando cumples las Mitzvot en la ciudad, recibirás bendiciones en los campos.

(2) “Bendito serás cuando entres, bendito serás cuando salgas” (Deuteronomio 28:6). Los rabinos interpretan esto como cuando entras al mundo y sales del mundo. Tal como un bebé entra al mundo sin pecado, así debe salir del mundo, sin pecado. (Rashi)

Las malas noticias con que si no cumplimos con la Torá:

(1) “Maldito serás en la ciudad y maldito serás en el campo” (Deuteronomio 28:16). Si eres maldito en la ciudad (no cumples las Mitzvot), serás maldito en el campo con una mala cosecha.

(2) “Maldito serás cuando entres y maldito serás cuando salgas” (Deuteronomio 28:19). Tal como un bebé entra al mundo llorando a gritos, así mismo tú dejarás este mundo con lágrimas en tus ojos. (Sifsei Jajamim)

(3) “Los cielos serán de cobre y la tierra de hierro” (Deuteronomio 28:23). A pesar de que en Levítico la Torá afirma lo contrario, los sabios explican que Moshé fue más indulgente que la maldición de Dios. El cobre (como en las tuberías de cobre) transpira, el hierro no transpira. Si los cielos son de cobre habrá algo de humedad y si la tierra es de hierro, por lo menos las cosechas que ya existan no se van a arruinar. En contraste, en Levítico la maldición es que los cielos no darán una sola gota de lluvia y la tierra estará húmeda y la cosecha que ya esté ahí se va a descomponer.

La Causa del Dolor

“¡Porque no serviste a Dios con alegría y con buen corazón cuando tenías todo lo bueno!” (Deuteronomio 28:47)

No apreciamos nuestra bendición hasta que, Dios no lo permita, ¡la perdemos! Servir a Dios con alegría ¡es la fuente de todas las bendiciones en este mundo!

Roma

“Dios traerá sobre ti, un pueblo desde lejos, desde donde vuela el águila, un pueblo que no entenderás su lengua, un pueblo duro de rostro que no respetará a los ancianos y no se compadecerá de los niños” (Deuteronomio 28:49)

Najmánides ve una clara referencia a Roma, cuyo símbolo era el águila, venía de lejos, hablaba latino y no tenía compasión de otras personas. (La distancia desde Roma a Israel es igual a la extensión del vuelo de un águila).

Murallas

“Hasta que las murallas y las fortificaciones de las que dependes caigan” (Deuteronomio 28:52)

Desde 1967 hasta 1973, Israel dependía de la “Línea de Bar Lev” para mantener lejos a los Egipcios. La Guerra de Iom Kipur hizo que eso cambiara. Le tomó a Anwar Sadat 24 horas atravesar la línea de Bar Lev. El mismo mito de seguridad que cayó con los ataques del 11 de septiembre.

Profecías cumplidas

Dentro de las predicciones de las calamidades, encontramos un número de profecías abiertas de las que un autor humano no podría tener consciencia. Aquí hay algunos ejemplos:

(1) “Tus cadáveres serán comida para los pájaros y las bestias y nadie los espantará” (Deuteronomio 28:26)

En el libro de historia de Flavio Josefo, “Las Guerras Judías” (4:6), Josefo describe la crueldad de los romanos que – luego de matar a los judíos (durante la segunda destrucción) – dejaron los cuerpos para que se descompusieran al calor del sol y les prohibieron enterrarlos.

(2) “Tú serás para desolación, para ejemplo y para burla, entre todos los pueblos a donde te guiará D-os” (Deuteronomio 28:37) Esto se refiere al antisemitismo.

“El antisemitismo es como ningún otro fenómeno en la historia del mundo. Ninguna otra nación ha odiado a otra nación con tanta intensidad. No hemos merecido todavía ninguna explicación lógica que permita explicar este fenómeno o su frecuente reaparición sin ninguna razón ni lógica”. (Dr. Ben Shalom, Universidad Hebrea)

(3) “El Eterno te retornará a Egipto en naves. Serás vendido a tus enemigos como esclavos y nadie te comprará” (Deuteronomio 28:68). Existe un camino terrestre entre Egipto e Israel, sin embargo la Torá predice que serán transportados en barcos.

“Innumerable fue la multitud de aquellos que fueron vendidos como esclavos. En el mercado anual de Hebrón, eran ofrecidos a la venta en tanto número que un esclavo judío no tenía más valor que un caballo. Los esclavos de los que no podían deshacerse ahí, eran traslados a Gaza y luego vendidos o enviados a Egipto, camino en el cual muchos murieron de hambre o por naufragio”. (E. Schwrer: “A History of the Jewish People”, Edinburgh, 1890, p. 314)

Parashá Ki Tavó- (Entres). 16 Elul 5769 (5 de Septiembre de 2009).Tres comentarios

Primer comentario – Reconocer a Hashem en todo momento

Uno de los principios fundamentales de nuestra Tora es el de reconocer a quien nos hizo un bien. Suele ocurrir que mucha gente en momentos de aprieto acuden a personas en buena posicion para que los ayuden, pero cuando la suerte los favorece se olvidan de quienes los ayudaron en sus momentos dificiles.

El libro Mesilat Iesharim escribe que asi como uno a traves de las acciones manifiesta sus sentimientos, muchas veces los sentimientos son consecuencia de las acciones. Nuestro pueblo, que estuvo doscientos diez años en Egipto, cuarenta años en el desierto y luego se instalo en la Tierra de Israel, tal vez en los buenos momentos podrian incurrir en el grave error de olvidar su procedencia, su origen. Ante esta posibilidad nos dice la Tora: “Y tomaras de los primeros frutos de la tierra”. Esto significa que cuando estemos residiendo en la Tierra de Israel, y nuestros arboles saquen sus primeros frutos, debemos cargar un canasto sobre nuestros hombros y expresar al llevarlo al Bet Hamikdash delante del Cohen: “Declaro hoy ante D”s que vine a la tierra que el juro a nuestros padres”. Luego de colocar sus manos delante del Cohen y este dejarlo delante del Mizbeaj (altar), debera declarar que Laban, el suegro de Iaacov, quiso exterminar a su yerno y a su familia. Acabar con nuestro pueblo de donde provenimos. Tambien recordar en ese momento que fuimos esclavos en Egipto y nos dieron trabajo duro, nos oprimieron, les hemos clamado a nuestro D”s y el atendio nuestro pedido, sacandonos de Egipto y llevandonos a esta tierra (Israel), que mana leche y miel.

Cuando la Tora en esta Perasha dice “Y le diras” segun Rashi significa “le diras a D”s que no eres desagradecido”. Precisamente esto es lo que el Creador pretende de nosotros, que reconozcamos Sus bondades, que seamos humildes tal como lo dice la Tora muchas veces: “Recordaras que esclavo fuiste en la Tierra de Egipto”. Hashem conoce al ser humano, el es su Creador y sabe que este tiende a enorgullecerse y a olvidar su origen, su pasado. Por tal motivo nos encomendo poner en practica estas mitzvot para que hagamos un ejercicio de la memoria y recordemos que todo le pertenece a D”s. Esta es la manera en que quiso Hashem que actuemos “diciendo y haciendo” acciones que nos lleven a Su reconocimiento.

En los momentos mas alegres de nuestra vida, debemos recordar aquellos dias de opresion, de tristeza, pues esa es la manera correcta de festejar. Por ejemplo: uno de los momentos mas alegres que tiene el ser humano es el de su casamiento; sin embargo aun en el rompemos una copa recordando la destruccion del Gran Templo de Jerusalem. La copa rota es un simbolo para nosotros, el recuerdo de una felicidad incompleta por no tener el Bet Hamikdash. En un momento pleno de dicha, no olvidamos que todavia la felicidad no es total. Dice el pasuk “De Hashem es la tierra y su contenido”. El libro Najaliel explica que las primicias, año tras año, son la manifestacion de una nacion feliz y bendita, que habita en su tierra con tranquilidad y seguridad. Queremos exteriorizar nuestro reconocimiento a D”s por parte de su pueblo, que recibe anio tras anio humildemente la tierra de su Creador. El libro Haketab Vehacabala explica que al traer el iehudi las primicias al Creador, esta doblegandose frente a El. El hombre es el arrendatario que
trabaja el campo de su amo y debe llevar los mejores frutos al dueño del mismo.

(Rab Moshe Hoffer fabibbk@einstein.com.ar)


Segundo comentario – Los Iehudím son como los bikurim

La mitzvá de Bikurim, con la que comienza esta Parshá, refleja los sentimientos de agradecimiento del judío a Di-s por la abundancia recibida. Encontramos que expresiones de gratitud se repiten en la vida diaria de Torá y Mitzvot, comenzando por el “Mode Aní” (oración de agradecimiento al despertar), ó el Birkat Hamazón (agradecimiento después de las comidas), Más aún, encontramos que otros credos también dan las gracias luego de la comida. Pero la mitzvá de Bikurim tiene un punto novedoso, ya que no implica solamente la expresión verbal, sino también física de reconocimiento, trayendo de “las primicias de la tierra”, al Beit Hamikdash, declarando que todo pertenece a Di-s, con el pensamiento, la palabra y la acción.

El verdadero lugar

Los Bikurim representan la unión del judío con Hashem, ya que Am Israel es llamado también Bikurim. Y así como las primicias son el primer fruto que dio la tierra, el pueblo de Israel es el comienzo de la Creación, ya que de acuerdo a lo que dicen nuestros Sabios, la intención de crear a Israel precedió a todo, aun a la creación del mundo. De la misma forma que los Bikurim deben ser traídos a Ierushalaim, también el lugar verdadero de un iehudí es el Beit Hamikdash, ya que debe constantemente estar unido a Di-s en todos los órdenes de la vida y de su existencia.

En todos los aspectos diarios

Esta idea debe colmar toda la vida del iehudí. Debe sentir que él es semejante a los Bikurim, no sólo cuando se ocupa del estudio de la Torá y del cumplimiento de las mitzvot, sino inclusive cuando se encuentra ocupado en temas cotidianos, como ser su trabajo, sus comidas, etc., ya que éstas son partes de su vida y también tienen una relación con las “primicias”. Y cuando se trate aunque sea de un pensamiento o una acción, concentrándose en el hecho de que también son parte de los “Bikurim”, seguramente se esforzará para que cada uno de sus actos se realice con el mayor cuidado.

¿Hasta cuando?

De todas formas la Mitzvá de Bikurim podrá ser llevada a la práctica concretamente con la venida de la redención, cuando se reconstruya el Tercer Beit Hamikdash, y como de acuerdo a todas las señales estamos cercanos a su llegada, debemos reforzar lo relacionado con el contenido
espiritual de este precepto. Más aún cuando esta Mitzvá nos da la oportunidad de “y contestarás y dirás delante de Di-s” es decir, aprovechar para repetir el pedido de “¿Hasta cuando tendremos que esperar?, queremos que el Mashíaj venga ya!!”. Y seguramente Hashem escuchará, el llamado de sus Bikurim, Am Israel, y tendremos el mérito ya mismo de cumplir con la Mitzvá de las primicias, con la redención verdadera y completa.

Sefer Hasijot, 5751, tomo 2 pag 810. De la Enseñanza semanal de Jabad Lubavitch (Selección de comentarios del Lubavitcher Rebe M.M. Schneerson, www.jabad.org.ar)

Tercer comentario – Gratitud

La tía Clara es conocida como la “generosa” de la familia. Nunca se olvida de los cumpleaños, de los aniversarios y de toda buena ocasión en la que se pueda obsequiar algo. Dany, el sobrino, sabe que en el día de su cumpleaños, bien temprano a la mañana, la tía ya se va a hacer presente en su casa con un enorme paquete (la tía no sabe de regalos chiquitos) y un gran beso que le va a quedar bien marcado en la mejilla para que se entere todo el vecindario de la muy grata visita… Cada año se repite la escena. Dany, muy entusiasmado y curioso por ver qué es lo que le trajo la tía este año, se dedica precipitadamente a romper el envoltorio y disfrutar del obsequio olvidando el mundo de su alrededor. Acto seguido, la mamá se enoja avergonzada y le reprocha: “¿Cuántas veces te tengo que recordar que le digas “gracias” a la tía?!” Entonces Dany, con un toque de rubor, se acerca a la tía Clara y le dice en voz apenas perceptible: “Gracias”, se da vuelta, y sigue gozando entusiasmado de su nuevo presente. La tía, como de costumbre, responde que “está bien, no importa”, aun cuando no está muy convencida de lo que dice. ¿Por qué cuesta tanto decir “gracias”?

¿Es un problema de los niños que no se acuerdan de los buenos usos y modales de la sociedad de los adultos, o hay algo más profundo? Y… ¿existe alguna impedimento al momento de agradecer? ¿Cómo? ¿Ud. dice que no es tan difícil agradecer y que la gente educada decimos “gracias” cuando corresponde? Y yo le pregunto a Ud.: ¿”decir gracias” equivale a “agradecer”? A tal fin, debo aclarar un concepto que suele ser confundido por el público. En el judaísmo, y en particular en el mundo de las Ieshivot (casas de estudio) se suele hacer hincapié en el perfeccionamiento de las cualidades humanas. Es lo que se denomina en hebreo “middot”. Una de las middot de las cuales hablamos, es el sentimiento y la demostración de gratitud por todo lo que recibimos de terceros. Sobre ello se habla en numerosos lugares de la Torá. Ya volveremos sobre este tema.

Middot no son modales. Modales son los gestos que nuestra educación nos enseña, y se reducen a ser eso: gestos, para que los vean los demás. Los gestos, si bien no son malos, se limitan a demostrar algo al prójimo y ayuda en muchas instancias a que el otro se sienta bien, como, por ejemplo en este caso, con el hecho que la tía Clara reciba su merecido reconocimiento por su acto de bondad con Dany. Sin embargo, los gestos pueden llegar a ser hipócritas, pues al estar inernalizados y provenir de la conciencia de la persona, suelen fingir o simular sentimientos inexistentes. Decir “gracias”, entonces, puede convertirse en una simple usanza o costumbre de una sociedad, sin que provoque algún cambio o mejoría en la profundidad del alma. Las middot, por otro lado, no están relacionadas con lo que ven los demás, sino que, en su esencia, se vinculan con la intimidad moral y el crecimiento ético de la persona. En el caso de la gratitud, ese sentimiento ayuda a vencer la soberbia indebida de la persona y su prepotencia. Para aquel que se cree invulnerable e insuperable, la gratitud por todo lo que él recibe de fuentes ajenas, le hace tomar conciencia que está sometido y es dependiente del mundo que lo rodea no menos que cualquier otro ser. Sentir genuino agradecimiento es entonces una obligación aun cuando la persona a quien uno retribuye, no está enterada del tema.

En Parshat Ki Tavó, nos encontramos ya al comienzo de la lectura con la obligación de traer los primeros frutos de ciertas especies que rinde el campo al Bet HaMikdash (templo de Jerusalén) y ofrendarlos (los Cohanim los llevan y los consumen). Al momento de presentar estos frutos delante del Mizbeaj (altar), el productor declara ante su Creador que “retribuye” el hecho de haber sido redimido de Egipto, de haber heredado la tierra de Israel y de haber sido bendecido con la abundancia de los frutos de la tierra. Una de las demostraciones más contundentes de que el agradecimiento que espera la Torá de cada uno de nosotros no se limita a verbalizar la palabra gracias, sino que está relacionado con un esmero moral interno, se encuentra en el hecho que Moshé delegó a Aharón la tarea que le encomendó D”s de realizar las primeras tres plagas de Egipto (sangre, ranas y piojos). Los Sabios entienden que la razón de esta transmisión de misión, radica en que Moshé se había salvado del decreto del Faraón de arrojar a los niños al agua (que luego se convertiría en sangre y de la cual saldrían las ranas) y que el polvo (que luego produciría los piojos) le había permitido ocultar al egipcio sádico que había matado en cierta oportunidad. Ni el agua, ni la tierra sienten que les están agradeciendo. Es Moshé mismo a quien la ejecución de la plaga con los elementos que oportunamente le ayudaron es censurable. “Un pozo del cual haz bebido agua, no le arrojes tierra” – dicen los Sabios en el Talmud (Bava Kama 92b).

La Torá nos sigue dando evidencias de esa línea de pensamiento. Los perros reciben la comida taref (no apta para el consumo de los judíos) gracias a que no ladraron cuando los judíos abandonaron Egipto. Con los borricos primogénitos se aplica la ley del rescate (por una oveja ante el Cohen), por haber cargado con enorme bulto que llevaban los israelitas al abandonar Egipto. De todos modos, la exigencia, va más allá y es más cotidiano de lo que acabamos de describir. Cada mañana, al despertar, declaramos “Modé aní”, nuestro reconocimiento por haber recibido nuevamente nuestro alma. Bendecimos por la comida antes de consumirla y antes de levantarnos de la mesa. Existe una Brajá por un paisaje extraordinario y por los aromas que disfrutamos. Recitamos una bendición cada vez que salimos del baño habiendo nuestro cuerpo cumplido con sus necesidades fisiológicas. Agradecemos a D”s y también a los seres humanos. Acorde a esa percepción, parte de la razón de la obligación de respetar a los padres surge del agradecimiento por la preocupación constante que ellos tuvieron por nuestro bienestar, por las noches en vela que pasaron para alimentarnos y protegernos, cambiarnos los pañales, llevarnos a la escuela, confortarnos frente a nuestras enfermedades y dolencias, consolarnos ante nuestros fracasos, animarnos ante nuestros temores, prepararnos para la vida, por sus enseñanzas morales, etc.

Siguiendo en este camino de reflexión, podemos agregar que el mero hecho de saber agradecer, especialmente en un mundo que se caracteriza por conducirse de modo opuesto, se considera un privilegio por si mismo. Es por eso que en el rezo de “Modim” (agradecimiento) de la repetición pública de la Amidá, terminamos diciendo que: “Modim anajnu laj… al sheanajnu modim laj” (Te agradecemos por el hecho que Te podemos agradecer…)

EL R. Jaim Shmuelevitz sz”l, Rosh Ieshivá de Mir, solía tocar el tema de “Hakarat haTov” que estamos tratando aquí con frecuencia. Obviamente, que en su vida personal, esto se mostraba con los hechos. En cierta oportunidad, durante el último año de su vida cuando su salud estaba muy frágil, se acercó a su departamento un conocido, R. Meir Kleiman, que colaboraba con él en sus alocuciones públicas del Bet HaMusar (un lugar de estudio de temas éticos), para anunciarle el Brit Milá de su nieto. En la puerta, la Rabanit le pidió al señor que no lo invitara a R. Jaim, pues su salud no permitía tales esfuerzos. La persona comprendió y se retiró. A la otra mañana, cuando llegó al Brit Milá, se encontró con que R. Jaim ya estaba presente! No entendía nada. Resulta, que R. Jaim escuchó la conversación desde el departamento. Cuando le preguntó a la esposa por qué había venido ese señor, ella le comentó del Brit Milá. R. Jaim insistió en ir. “Cómo puedo faltar a su momento de alegría, cuando cada vez que él dice Tehilim en público de manera tan hermosa, siento una inspiración especial…” (In the footsteps of the Maggid)

(Daniel Oppenheimer, www.ajdut.com.ar)

Parashá Ki Tavó- (Entres). 16 Elul 5769 (5 de Septiembre de 2009).

Resumen de la Parashá

La parashá de esta semana comienza con el enunciado que realiza Moshé sobre las ceremonias a realizarse en la Tierra de Israel referidas a las leyes de las primicias (bikurim), los primeros frutos de las siete especies (minim). Los mismos debían ser presentados ante el sacerdote (cohén). También recuerda las leyes del diezmo de la cosecha (maaser) de cada tercer año del ciclo de la shemitá, como el apartar maaser para los levitas, los huérfanos y las viudas.

Moshé recuerda al Pueblo de Israel que el cumplimiento de los mandamientos del Eterno, sin desviarse de Sus caminos y Sus mandatos, los recompensaría con la elevación del Pueblo sobre los demás.

Otra instrucción que Moshé y los ancianos dieron al Pueblo, es que una vez cruzado el río Jordán, debían colocar grandes piedras en el monte Eival, sobre las que escribirían todas las palabras de la Ley. También, y en segunda instancia, debían construir un altar de piedras y sobre él sacrificar ofrendas. En tercer lugar, las doce tribus debían ratificar la aceptación de las Leyes del Todopoderoso, ubicándose seis tribus sobre el monte Guerizim representando las bendiciones y las otras seis debían ascender al monte Eival representando las maldiciones. Los levitas se ubicarían entre los dos montes y procederían a advertir a quienes cometieran pecados, como los de idolatría, faltar el respeto a los padres, desplazar los límites de separación con el vecino, poner obstáculos al ciego, no actuar con justicia con el extranjero, el huérfano o la viuda, el mantener ciertas relaciones prohibidas, herir traicioneramente al prójimo, recibir soborno, no cumplir con los mandamientos de la Torá. Ante cada advertencia, el Pueblo debía responder “Amén”. Luego procederían a bendecir, por seguir los caminos del Eterno.

Moshé enfatizó sobre lo qué sucedería si el Pueblo se conducía observando los mandamientos del Eterno, y así lograrían prosperidad en sus ciudades, sus campos, sus ganados, sometiendo a los enemigos y estando por sobre las demás naciones. Por el contrario, su comportamiento contrario, traería como consecuencias enfermedades, hambruna y muerte y la Tierra de Israel sería destruida y dominada por naciones violentas, y los judíos diseminados y convertidos en esclavos.

Por último, Moshé comenzó su última exposición ante el Pueblo, exhortándole recordar al Todopoderoso que los protegió en Egipto, durante los cuarenta años en el desierto y los seguiría protegiendo en el futuro.