Parashá Ki Tetze – (Salieres). 11 Elul 5771 (10 de Septiembre 2011 ).

En la parasha de esta semana, Hashem nos manda a prepararnos para la guerra, ante esto surgen varias preguntas, una de ellas es: por que Hashem nos manda a prepararnos para la guerra, si sabemos que Hashem peleaba las guerras por el pueblo de Israel?
Para entender nuestra respuesta, debemos saber que la persona que iba a la guerra, debía ser una persona estudiosa de Torah y que no haya pecado, este ejército se llamaba “un ejército de tzadikim”.
Ahora bien explican nuestros sabios Z’’L que el prepararse para la guerra, en realidad era prepararse contra uno mismo, pero ¿cómo podemos entender esto? Entendiendo que en nuestras vidas vivimos una guerra constante, pero no una guerra física, sino más bien una guerra espiritual contra nuestro Yetzer Hará (mala inclinación). Es por eso, que Hashem nos manda a prepararnos y nos dice que no tengamos miedo, porque el miedo nos lleva a la confusión y así mismo a la transgresión.
Entonces cuando Hashem nos ordena alistarnos para la guerra, en realidad nos ordena estar preparados para la verdadera guerra, que es contra nuestro Yetzer Hará, que nos hace caer en nuestro camino de Torah y mitzvot, tenemos la promesa de Hashem, si salimos con fe hacia nuestro Yetzer Hará Hashem lo entregará en nuestras manos.

La Mitzva De Prestar A Un Judío Sin Interés

Como podemos ver, en nuestra parasha, se nos da el precepto de prestar a un hermano judío sin interés, pero ¿qué ganancia tenemos al prestarle a una persona sin recibir nada a cambio?
Nuestros sabios Z’’L dijeron que el pago por prestar a otra persona nos da una recompensa muy grande, pero la recompensa no se dará en este mundo, sino en el mundo venidero. Cuando nosotros préstamos a una persona judía sin cobrarle interés, estamos cumpliendo con dos mitzvot, la primera es el ayudar a tu prójimo y la segunda es reconocer que Hashem es el dueño de todo lo que existe, ya que el prestar a otra persona sin esperar ganancia por el préstamo, hace que se reconozca que todo lo que viene, viene directamente del cielo, es decir, que todo lo que se tiene es por Hashem.
También está escrito en la Torah, que una persona no puede retener un bien de otra persona que le pidió prestado, siempre y cuando, el que pidió prestado es pobre, ya que esto genera sufrimiento en él. La persona pobre pidió por necesidad, y no está bien prestarle algo con la condición de quitarle algo a cambio. En la Torah se nos dice explicitamente, que si una persona pobre nos da algo como garantía de préstamo, debemos devolvérselo al caer la noche, esto nos enseña acerca del tener amor y compasión sobre nuestro hermano judío, cuando uno tiene compasión y amor con su prójimo, así también Hashem actúa con amor y compasión con nosotros.

El Precepto De Recordar a Amalek

En nuestra parasha se nos habla también del precepto de recordar lo que nos hizo Amalek. Nuestros sabios Z’’L preguntan: ¿por qué de todos los pueblos que trataron de dañar al pueblo judío, tenemos que recordar a Amalek?
La respuesta es, que debido a que en la salida de Mitzraim (Egipto) fueron el único pueblo en no reconocer el poder de Hashem, es decir a pesar de que todo el mundo vio las maravillas y los milagros que Hashem hizo al pueblo de Israel, ningún pueblo atacó a Israel mientras que entraron en el desierto. Pero a pesar de ver la gloria de Hashem, el pueblo de Amalek se lanzó en contra del pueblo judío, no quisieron reconocer el poder de Hashem y cuando fueron al ataque, simbolizaban que estaban haciendo la guerra en contra del Trono de Gloria. Amalek e atacó a el pueblo judío sin ninguna razón y también se burló del brit mila, el pacto entre Hashem y el pueblo de Israel.
Es por esta razón que Hashem nos da el precepto de recordar a Amalek, para acordarnos que Amalek es como el Yetzer Hará, es decir que ataca al judío cuando más apegado está a Hashem y siempre ataca por la retaguardia. Es precisamente, en esta parasha que mencionamos el precepto de recordar a Amalek, ya que en ella Hashem nos dio el precepto de “salir a la a guerra” es decir saliendo a luchar contra nuestro mal interior y para que siempre estemos preparados para luchar conociendo a nuestro verdadero enemigo.
Así bien cada lucha nos va a ayudar a crecer no solamente como personas, si no también hace crecer el vínculo con Hashem y ahora que estamos en el mes de Elul, que es el mes en el cual las puertas del cielo están abiertas por completo, pedir para vencer en la guerra y traer al Mashiaj por nuestros méritos, el mérito de cada uno de nosotros y así prontamente traer la geula para todo el pueblo de Israel AMEN.

Bajur David Moshe Shallem Lichtenstein

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Parashá Ki Tetze – (Salieres). 11 Elul 5770 (21 de Agosto 2010). Visiones

Oficina de objetos perdidos…
“De devolver devolverás a tu hermano…” (Devarim 22.1)

Entre los preceptos que contiene esta sección de la Torá, nos encontramos con la obligación de devolver aquellos objetos que se encuentran perdidos, previa investigación sobre sus dueños. Nuestra parashá es un capítulo más en el discurso de Moshé a la nación, antes de su fallecimiento. Todos los preceptos con que nos topamos son concretos y prácticos. Tratan en su gran mayoría de situaciones, al menos aparentemente, “nimias” que surgen en el proceso de la vida; acciones pequeñas que simplemente ocultan ciertos sentimientos y requieren un desarrollo también no necesariamente profundo.

A simple vista esta sección de la Torá contiene pasajes que no abundan en filosofías, sino que preferentemente en la cualidad de la vida, instrucciones sociales para una generación que construirá la nación hebrea dentro de límites territoriales, por lo tanto son normas concretas que de uno u otro modo se conectan con las reglas de la guerra aprendidas en la parashá precedente, por ejemplo: leyes sobre la herencia, cómo actuar frente a un hijo rebelde, cómo honrar al ser humano muerto, la honradez en las pesas y medidas, etc. Dentro de estos preceptos resalta por su simpleza la obligación de devolver los objetos perdidos como ya indicamos, idea general que contiene muchos detalles y conforma elementos espirituales y sociales en el hombre.

Los siguientes versículos fijan el marco dentro del cual se encuentra el precepto de devolver los objetos perdidos:

“No verás la burro de tu hermano…. y te desentenderás de él, de devolver lo devolverás a tu hermano. Si tu hermano no está cerca tuyo… llevarás (la pérdida) a tu casa … hasta que tu hermano te la pidiera, y entonces se la devolverás” (Devarim 22.1-3).

Incluso una persona que jamás tomó nada que le perteneciera a su prójimo, nunca se llevó como recuerdo un cenicero de algún hotel, verá como algo permitido sin duda levantar algún objeto caído que de seguro se le perdió a alguien en la calle. No es una situación común que sea devuelto a sus dueños y no se deduce de suyo que alguien se esforzará en buscar al dueño, incluso que la pérdida tenga algunas mínimas señales que permitan una identificación, aunque sea también mínima”.

Los hechos por si mismos se presentan como un grupo de posibles motivos para no devolver la pérdida, el dueño del objeto perdido no es conocido por el hombre, por lo tanto todo sentimiento con respecto a la propiedad del prójimo se derrumba de pronto. Es por lo tanto muy directo pensar que si alguien encuentra un reloj perteneciente a un pariente, a un amigo o conocido, lo devolverá sin retraso; pero la pérdida perteneciente a un extraño, a una persona completamente anónima… Por o tanto, hay que poner atención al estilo personal y educativo de estos pasajes, que directamente se dirigen a los sentimientos de hermandad (la palabra “tu hermano” es mencionada cinco veces), y esto para aludir y enseñar que debemos abrir dentro nuestro un sentido de hermandad que nos incluya a todos, algo como “todo Israel son hermanos”, porque así no podrás desentenderte de la pérdida de tu hermano, ya que ahora esta pérdida pasa a tener para la persona que la encontró un cierto valor de cercanía con su dueño.

Sin embargo, la obligación de devolver las pérdidas es bastante más amplia de lo que se entiende desde un perspectiva superficial, las palabras repetidas en este pasaje, y el estilo redundante en algunos casos mantiene oculto dentro de estos mismos términos la conducta a seguirse en la práctica.

En el primer versículo se declara: “de devolver devolverás”, esta repetición de términos responde al siguiente estudio: “De devolver devolverás, si devolviste un animal perdido y se escapó, deberás devolverlo una segunda vez – así incluso cuatro o cinco veces…” (Midrash Sifrí 46).

Aprendemos de esta fuente que no es suficiente conformarse con una devolución realizada una sola vez, sino que debemos realizar esto todas las veces que sea necesario. Por ejemplo, una vaca que se escapó y fue encontrada y devuelta, si nuevamente se escapa del establo de su dueño, estamos obligados a devolverla si la encontramos, del mismo modo que si fuese la primera vez. Incluso que esta obligación se contradiga con una cierta idea peregrina que tenemos en nuestro corazón: “¡Qué la cuide el dueño mucho mejor!, ¿Acaso, yo le debo algo?”. Este precepto por lo tanto enseña, que ciertamente yo le debo algo a mi prójimo y en cierta medida recae una responsabilidad sobre todos los hombres en lo referente a la propiedad de lo otros.

Es importante aclarar, que no nos referimos a un pedido altruista que no corresponde a la realidad, así vemos que no hay obligación de devolver la pérdida, cuando a partir de esta acción se va a producir algún daño en la persona misma que encontró una pérdida. Así no está obligada la persona a interrumpir su trabajo diario para ocuparse en la pérdida del otro. Quien profundice en el Talmud en los lugares donde se trata el tema, distinguirá un sistema completo de límites, cuyas definiciones estarán siempre referidas a las circunstancias en las cuales alguien se puede desentender de una pérdida y preferir la propiedad particular sobre la del otro o viceversa.

Así también encontramos la siguiente deducción, en un pasaje del tema están simplemente demás dos palabras: “y entonces se la devolverás”, hubiese sido suficiente y decir: “hasta que tu hermano te la pidiera”, y ciertamente hubiera sabido que recae sobre mi la obligación de la devolución. Por ende los maestros estudiaron de esto la siguiente normativa: “Debe realizarse una devolución real, o sea que no coma (el toro perdido) en tu propiedad según su precio y te empobrezcas por él. Por este motivo han dicho: toda pérdida que produzca frutos, pueden aprovecharse estos frutos para mantener a la pérdida, y si no produce que se venda” (Rashí al pasaje). Es claro, no obstante, que el toro perdido, en el ejemplo proporcionado, no comerá de la propiedad del que lo encontró; por otro lado, no corresponde que siendo que alimentó al animal perdido, en el momento de devolverlo no le presente al dueño una cuenta con los gastos. De o ser así nadie cuidaría pérdidas de este tipo. En los Midrashim, los sabios traen varios ejemplos de la efectividad en la práctica del cumplimiento de este precepto, especialmente por aquellos que eran muy fieles a la normativa de la halajá. Así este relato lo demuestra:

“Ocurrió con Rabí Pinjás Ben Yair, que vivía en una ciudad del sur, y fueron unas personas a buscar trabajo allí. Estas personas tenían en su poder dos medidas de cebada y las depositaron donde él, y las olvidaron y luego se fueron. Rabí Pinjás Ben Yair tomó estas semillas y las plantaba cada año, y luego con la cosecha llenó unos silos. Después de siete años fueron aquellas personas a buscar la cebada e inmediatamente los reconoció Rabí Pinjás Ben Yair y les dijo: Vengan y tomen sus depósitos” (Devarim Rabá 3.3)

He aquí, las medidas de cebada habían fructificado, en estos casos el precepto es práctico y concreto, pero además crea en el corazón del hombre un sentimiento de responsabilidad que forma el marco verdadero del pensamiento judío; ya que la preocupación por la propiedad del otro es un punto básico en las relaciones sociales dentro del pueblo. Esta situación va creando nuevas perspectivas y una sensibilidad especial para poder formar una sociedad con valores espirituales.

Si bien el precepto cubre una situación social como hemos señalado, en la cual cada persona se considera nuestra familia, y por lo tanto ya no es la pérdida de un ser anónimo, sino de un “pariente”, es decir de alguien a quienes los lazos afectivos no nos permitirán desentendernos de su propiedad. Estos conceptos ideales son parte de las finalidades de los preceptos, pues a través de estos mismos preceptos se va adquiriendo una personalidad diferente.

Parashá Ki Tetze – (Salieres). 9 Elul 5769 (29 de Agosto 2009).Tres comentarios

Ki Tetzé

Primer comentario (Selección de comentarios del Lubavitcher Rebe M.M. Schneerson, http://www.jabad.org.ar)
Segundo comentario (Rab Daniel Oppenheimer, http://www.ajdut.com.ar)
Tercer comentario (Rab Moshe Hoffer, fabibbk@einstein.com.ar)

Primer comentario – Cerrado por inventario

“Cerrado por inventario”, se lee en el cartel. Todos sabemos lo que eso significa. La compañía está observando las existencias, contando cuánta mercadería se vendió y cuánta quedó; qué se perdió y qué se arruinó. Y, dependiendo de cuándo comienza y termina el año fiscal de la compañía, se efectúa el inventario. Una vez que se ha realizado esto, la información correcta se encontrará disponible al llenar los reportes del banco, la compañía de seguros y el gobierno. Con el comienzo del mes de Elul, el mes que precede a las Altas Festividades, se inicia la época del inventario de la vida Judía. Y típicamente, el mes contiene varias costumbres que nos infunden un ánimo de introspección y nos sacude de nuestro letargo y complacencia. El reloj despertador de Elul es el Shofar, que se hace sonar cada mañana con excepción a Erev (el día previo) Rosh-Hashaná. El Profeta Amos dice, “¿Es posible que el Shofar suene en la ciudad y el Pueblo no se estremezca?”. En tiempos remotos, el Shofar llamaba para la guerra. Aparte de su utilización para Rosh Hashaná y al cierre de Iom Kipur, es el sonido que los Judíos han largamente esperado, que anunciará la llegada del Mashíaj. El hecho de que muchos de nosotros no nos estremezcamos al escuchar al Shofar, no denota una falta de fuerza en la influencia del Shofar sobre nosotros, sino, desafortunadamente, nuestra insensibilidad hacia su mensaje: “Despierten, Uds. dormidos de vuestro sueño y de vuestra modorra. Examinen vuestras acciones y retornen”. El Shofar es la “Sirena” del alma, a la que debemos prestar nuestra atención. Las empresas que imprimen los “Shaná Tová” hacen un gran negocio en Elul, sin embargo, la idea de enviar tarjetas por el Año Nuevo Judío, tiene su base en una costumbre y no en lo comercial. La costumbre Judía es que cuando les escribimos a nuestros amigos o conocidos, les deseamos un “Buen Año”, o “que sean inscriptos y, sellados para bien”. Estos saludos son para recordarnos, que estos son días de juicio, cuando el cálculo de nuestra Cuenta Celestial se está realizando. Y así como pedimos misericordia por nosotros, debemos también pedir a Di-s que sea generoso y compasivo con nuestros amigos y parientes. Por último, Elul es la época en que debemos intentar especialmente incrementar e intensificar nuestra observancia de las Mitzvot. Así como cuando hacemos el inventario, examinamos el depósito y miramos cada estante minuciosa y escrupulosamente, exactamente igual debemos hacer con nuestro inventario Judío. Debemos considerar que se ha perdido o arruinado y colocarlo como gasto, así también anotar todas las buenas acciones que tenemos o suponemos tener y qué Mitzvot debemos almacenar o realmacenar para el año entrante. Dichosos seremos, cuando tomemos nuestro inventario Judío y no debamos cerrar el negocio.

“Dos Enemigos, una sola Raíz”

El primer versículo de la Parshá dice: “Si sales a la guerra sobre tus enemigos y te lo entregará Di-s tu Di-s en tus manos”. Aparentemente existe un error gramatical en la frase ya que al principio se refiere al enemigo en plural y después en singular. En la Torá todo es exacto y perfecto, y cada detalle tiene también un contenido oculto y profundo por sobre la explicación simple. De la misma forma en este caso, aunque se habla de una guerra común, en un sentido más profundo hay una alusión a la batalla espiritual que libra cada individuo.

Los enemigos del cuerpo y el alma

Los enemigos del iehudí se dividen en dos clases, existe quien lucha contra la existencia física del judío, y quien pelea contra la santidad especial que existe en él, es decir, contra su alma. La Torá incluye a estos dos arquetipos en un solo concepto “tus enemigos”, ya que el cuerpo y el alma de un iehudí son una sola cosa y ambos son para servir a Di-s. Por eso quien es el contrincante del cuerpo también lo es del alma, y viceversa. La Torá nos indica cuál es la forma de salir a la guerra para enfrentar a estos enemigos: Antes que nada, se requiere que la persona se aliste, y se sienta plena de un sentimiento de confianza y fe en Di-s. Y esta relación debe ser en términos de superioridad, “sobre tus enemigos”, desde un principio estamos en una situación de supremacía ya que Hashem nos acompaña y ayuda a triunfar en la guerra.

Sentimiento de superioridad

Cuando salgamos a este enfrentamiento con semejante aproximación tendremos asegurada la victoria, que no será únicamente sobre aquellos contrincantes que vemos delante nuestro, sino también sobre la raíz primaria de todos los enemigos: el instinto del mal, que sobre él dice la Guemará: Es el Satán ( enemigo del alma), es el Ángel de la muerte (enemigo del cuerpo). Cuando el judío sale a la guerra con el sentimiento tenaz de que en realidad no existe fuerza que pueda oponerse al bien y a la santidad, triunfará no solamente sobre la expresión externa del mal sino también sobre su raíz espiritual. Por eso la Torá se expresa en singular al decir: “te lo entregará” ya que aquí estamos hablando del instinto del mal, principio y fuente de toda adversidad.

Rescate de prisioneros

Además el versículo nos dice: “Y llevarás a sus prisioneros”. Sucede que a veces el iehudí no es precavido y cae en las manos de su instinto del mal, poniendo a su disposición fuerzas elevadas que le fueron entregadas para servir a Hashem. Las mismas quedan prisioneras del mal. La Torá nos asegura que inclusive es posible rescatar de las manos del ietzer hará (el mal instinto) a sus prisioneros, todo el potencial allí detenido. Como dicen nuestros Sabios: “que los pecados realizados con intención, por medio de la Teshuvá, se convierten en mitzvot”. Esta guerra también traerá la redención total y completa, donde se vencerá totalmente al instinto del mal, logrando así una victoria total.

Likutei Sijot, tomo 2, pag 697

Segundo comentario – El mejor amigo del Hombre

Este “Ajdut” quisiera dedicarlo a un mundo que nos es sumamente cercano, y que, sin embargo, nos suele parecer un tanto ajeno a nuestros deberes como judíos. Me refiero al mundo animal, al cual aluden numerosas Mitzvot (preceptos) de la Torá. ¡¿El mundo animal?! ¡Sí, señor! Muchas de las Mitzvot, las debemos practicar en relación con los animales. No nos vamos a dedicar en este momento a los Korbanot (ofrendas), (ni a la costumbre de muchos de visitar el zoológico en Jol HaMoed…) sino a la vida cotidiana.

Sin embargo, antes de entrar en el tema de los preceptos puntuales, debemos ubicar al ser humano (que somos nosotros) en su posición frente a los animales. En el génesis del universo, se habla del ser humano como aquel que recibe las guías del Todopoderoso acerca del rumbo que debe tener el cosmos en su totalidad y la responsabilidad del hombre frente a las demás creaciones. En aquel momento trascendental, D”s le advirtió que “señoree sobre los peces del mar y las aves del cielo… (Bereshit 1:26 y 28)”. “Lo has hecho gobernar sobre Tu creación, todo has colocado bajo sus pies” (Tehilim 8:7-9). Nuevamente, después del gran diluvio que ocurrió en la época de Noé, D”s declaró (Bereshit 9:2) que “vuestro temor y pavor será sobre todo animal en la tierra y toda ave en los cielos…” (Bereshit 9:3) “todo reptil que vive, a vosotros servirá para comer, como la verdura de hierba…”.

De estos versículos queda bastante claro, que el mundo animal está a disposición de los seres humanos para utilizar y para consumir. En los distintos escritos de los Sabios, encontramos que las creaciones se clasifican en cuatro categorías que son cada una superior a las anteriores: los elementos inertes, los vegetales, los animales y el hombre. Este último que se denomina “medaber”, o sea parlante, supera a todas. “¿Has visto alguna vez un bicho o ave que tengan un oficio?” – pregunta R. Shimon ben Eleazar en la Mishná al final del tratado de Kidushin (4:14) – “sin embargo, se alimentan sin aflicción, y estos no han sido creados sino para servirme, mientras que yo fui creado para servir a mi Creador (es decir que vivo en un plano mas elevado). ¡¿No debiera estar provisto mi sustento al menos tan disponible como el de ellos?! Sin embargo, he corrompido mis acciones y frustré mi manutención”. La visión de los Sabios en cuanto al rol honorífico y diferenciado del hombre frente al animal, es sumamente claro. “Si no hubiese sido entregada la Torá, hubiésemos podido aprender la conducta recatada de los gatos, la abstención del robo de las hormigas, la fidelidad hacia la pareja de las palomas y la conducta conyugal de las gallinas” (Talmud Kidushin 100:).”Iehudá ben Tiemá dice: Debes ser valiente (ante la adversidad externa) como una pantera, ingrávido (suave con la gente) como el águila, rápido (diligente con el cumplimiento de los preceptos) como el ciervo y fuerte (firme en las convicciones) como el león para cumplir la voluntad de tu Padre del Cielo” (Pirkei Avot 5:23, explicado a base de “Visions of the Fathers” de Rav Avraham Twersky M.D.- rtscroll/Mesorah)) “El buey conoce a su dueño y el asno el pesebre de su amo; mas Israel no quiso conocer… (Ieshaiahu 1:3)

Dada su inteligencia, el ser humano debe poder contemplar (hasta discernir lo positivo de sus conductas) y emplear a todos sus subalternos en su propia misión divina, moral, libre y soberana, sin abusarlos en el modo que no corresponde. ¿Qué es lo que no corresponde? – pregunta Ud. Bien.

La Torá nos hace saber, mediante varias leyes, que todo tormento y suplicio causado innecesariamente a los animales está prohibido. Si bien existe una discusión en la Mishná acerca de si esta prohibición es de orden bíblico o rabínico, la definición legal queda como la primer postura: Causar dolor superfluo (Tza-ar ba-alei jaim) al animal es una prohibición bíblica (Maimónides Mishné Torá, Hiljot Rotzeaj 13:8).

El pueblo de Israel no ha conocido cazadores de animales como lo fueron los “caballeros” de la Edad Media y la aristocracia de la Edad Moderna.

Las corridas de toros y las riñas de gallos, pertenecen a otras culturas. Varias de las leyes que nos enseñan a tener consideración especial con la
aflicción del animal, están en Ki Tetzé. Otras están ubicadas en otros sitios de la Torá. El orden que seguimos a continuación al enumerar los preceptos no corresponde a la secuencia en la cual se encuentran en el texto de la Torá. Veamos: “No deberás colocar un bozal al toro cuando está trillando” (Devarim 25:4): pues el toro ve las espigas que trilla, pero no puede comer. “No ararás con el toro y el asno juntos” (Devarim 22:10) según algunos: el asno mira cómo el toro rumia y vuelve a masticar, mientras él tiene la boca vacía. “No verás al asno de tu hermano o a su toro caídos en el camino… ciertamente lo ayudarás a levantarlos” (Devarim 22:4). Al encontrarse simultáneamente con esta última Mitzvá y aquella que ordena a asistir a otra persona a cargar los bultos sobre su asno, dado el dolor del asno caído, se deberá priorizar a aquel que sufre (Talmud Baba Metzia 32:). “Si te encontraras con un nido de pájaros en el camino… no tomarás a la madre que está con los hijos…” (Devarim 22:6).

El tema no se agota aquí, pero alcanza para darnos a entender el compromiso que nos incumbe respecto al cuidado de estos seres que son inferiores a nosotros y que D”s puso a nuestra disposición. Antes de pasar a un incidente aleccionador del Talmud, sería útil agregar que los Sabios han desplazado ciertas leyes rabínicas en situaciones en que chocaban con Tza-ar ba-alei jaim (sufrimiento de los animales). Rabi Iehudá HaNasí estaba estudiando, cuando un ternero – que estaban llevando para carnear – se escapo y ocultó bajo la vestimenta del Rab. R. Iehudá lo alejó y le dijo que fuera con sus dueños, pues para ese fin había sido creado. Desde aquel momento comenzó a sufrir espantosamente. Su padecimiento persistió por trece largos años y no se calmó hasta que ocurrió otro episodio: la empleada estaba limpiando la casa y, en algún rincón se habían refugiado unas crías de comadrejas. Cuando R. Iehuda vio a la empleada barriendo a las crías con la escoba, intercedió para protegerlas, diciendo: “Su misericordia (se extiende) sobre todas las criaturas” (Tehilim 149:9). En aquel momento, desaparecieron los sufrimientos que lo torturaban. (Talmud Baba
Metzia 85.)

¡Qué importante esta lección! La mayor jerarquía del hombre, se traduce en mayor responsabilidad. Nuestros líderes: Ia-acov, Moshé y el rey David, fueron pastores. El Midrash nos cuenta que Moshé fue declarado digno de guiar a su pueblo, después que demostró su preocupación para con las ovejas. Por otro lado, Noaj (Noé), perdió su encumbramiento (de haber
sido el salvador de la humanidad), cuando expresó al cuervo (que no quería alejarse del arca por miedo a arriesgar la continuidad de la especie): “¿Y quién, acaso, te necesita?”

El único espacio en que las proporciones de los sentimientos encuentran un equilibrio perfecto, es la Torá. En la edad contemporánea, nos encontramos con el extremo del absurdo, cuando los nazis, asesinos de hombres, mujeres y niños, prohibieron la Shejitá (modo ritual de faenar) por no responder a los lineamientos de su “sociedad protectora de animales”… El profeta Hoshea (13:2) los singularizó: “los que sacrifican personas, besan animales”.

La gente suele decir que el perro es “el mejor amigo del hombre”. ¡Qué triste! ¡Qué mal habla esto de nosotros. El perro suele ser fiel al amo (aun si fuera cruel y desalmado), pues responde al instinto que D”s le confirió. No tiene otra opción. ¿No debiera el hombre mismo ser “el mejor amigo del hombre” (su prójimo) por elección moral? ¿Es que solo en el animal, encuentra el hombre un “mejor amigo”? Posiblemente el versículo de Tehilim (49:21) nos dé la respuesta: “Cuando el hombre, que vive en su gloria, no quiere comprender (su potencial, prestigio y preponderancia espiritual con las consiguientes obligaciones), pues se compara a un animal sin vida” (“El animal no domina al hombre, sino cuando intuye que este se le asemeja” – Talmud Shabbat 151:) ¿Será, quizás, que el ser humano perdió el timón?

Daniel Oppenheimer

Tercer comentario – Salgamos a la guerra

Una de las cosas mas descreidas por nosotros, es pensar que podemos luchar contra nuestros impulsos. Sin embargo si nos dirijimos al Talmud, en el Tratado de Berajot nos indica cual es la estrategia a seguir. “Siempre, que haga enojar el hombre al instinto bueno sobre el instinto malo”.

Aunque el enojo esta considerado una mala conducta, en este caso es bueno; debemos luchar. Para vencer a nuestro instinto malo se requiere de una lucha constante. Para poder comprender mejor este concepto, vamos a ilustrarlo con el siguiente midrash: En la feria de Roma, los perros eran muy astutos; un perro se acostaba en la puerta de la panaderia, se hacia el dormido, y disimuladamente dirigia sus ojos a las exquisiteces que despedian un rico aroma. El perro aprovechaba un momento de distraccion, revolvia todo lo que estaba en la bandeja y se llevaba un pan. Cuando el panadero ordenaba todos los panes, notaba que le faltaba solo uno.

Entonces, decia: “no es tan grave”.

Asi es el camino del instinto malo: quiere hacer tropezar al hombre solo en un detalle, para que maniana pueda hacerlo caer en otro. No hay que distraerse. Asi dijeron nuestros sabios, en Shabbat 105 b: “Asi es la profesion del instinto malo, hoy te dice: “peca en esto”, mañana, “peca en esto otro”, hasta que te dice: “practica idolatria” “. ¿Pero que persona dotada de inteligencia va a dejar al instinto que lo haga tropezar la primera vez? ¿Que debemos hacer? La respuesta es: salir a la guerra.

Nuestra Perasha comienza diciendo: “Ki teze lamiljama al oiebeja untano Hashem Elo-heja veiadeja” “Cuando salieres a la guerra contra tu enemigo, y Hashem, Tu D-s, lo entregare en tu mano, y llevares de ellos cautivos”. El Jafetz Jaim trae una explicacion sobre este pasuk (versículo). En primera instancia estamos hablando de la lucha del hombre consigo mismo. Luego la Tora nos trae un apartado para refrescarnos la memoria. Al final de nuestra Perasha nos dice: “Recuerda lo que te hizo a ti Amalek en el camino, cuando salieron de Egipto, que te encontro (en hebreo “Kareja”) en el camino”. La palabra “Kareja” significa “a tu encuentro” y tambien se interpreta como deribado del termino “kor” – frio. Amalek vino a “enfriar” tus sentimientos, tu creencia. En este caso ya no estamos hablando de la lucha del hombre consigo mismo sino de el con la sociedad, con el medio que lo rodea. Las compañías, nuestro entorno puede acercarnos o alejarnos del camino de la Tora.

Amalek esta catalogado como: “Velo iare Elokim”, como una persona que no tiene temor de Hashem el nos aconseja que nos alejemos de la Tora y que no acatemos los consejos de los Jajamim (sabios). No solamente que Amalek no teme, sino que su lucha consiste en enfriar y alejar. Intenta por todos los medios que el hombre se aparte del camino correcto. Analicemos: ¿Quien esta frente a Hashem en peor situacion? ¿el que mata o el que induce al pecado? Segun los jajamim, el segundo, pues lo saca de este mundo y del mundo venidero. De acuerdo a una explicacion del Rab Israel Salanter no solo es malo inducir a una persona al pecado sino tambien privarse de dar una ayuda por medio de la cual alguien se abstendria de pecar. Estamos incitando indirectamente a que esa persona peque. La Tora nos dice “Si vieres al buey de tu hermano o a su carnero extraviados, no te haras el desentendido: restituir lo restituiras a tu hermano” (Debarim 22 pasuk 1).

Pensemos un instante, por un animal extraviado la Tora viene a remarcarnos que debemos preocuparnos por su devolucion. Si un alma judia esta extraviada del camino… ¿no deberiamos ocuparnos aun mas de hacerla regresar? Estamos en Jodesh Elul, cada uno segun sus posibilidades debe hacer lo que esta a su alcance para lograr sus objetivos. Lo mejor en estos casos es pelear contra nuestro Ietzer Hara (instinto del mal) y ayudar a los demas para que tambien puedan hacerlo. Tengamos en cuenta lo que dijeron nuestros sabios: “quien viene a purificarse, de los cielos lo ayudaran”.

Rab Moshe M Hoffer