PARASHÁ DE LA SEMANA: KORAJ (II)

ESTA PARASHÁ ES LA QUE SE LEERÁ B.H. ESTA SEMANA FUERA DE  ERETZ ISRAEL (EL RESUMEN DE LA MISMA SE PUBLICÓ LA PASADA SEMANA)

Estudiando los comentarios

Primer comentario (Rab Daniel Oppenheimer, www.ajdut.com.ar) Segundo comentario (Selección extraída del libro «El Rebe Enseña» (c) Kehot Sudamericana. Adquieralo en www.libreriajudaica.com)

Primer comentario – La muerte de los ideales

«La vida es una lucha» que «es cruel y es mucha». ¿Verdad? Así dicen. Mirando alrededor de uno, se ve que toda la gente se «mata» por sobrevivir y parecería ser que es verdad. La pregunta legítima es, sin embargo: ¿es lo mismo vivir que pelear por la subsistencia? No estoy tan seguro. Es más. Me parece que a la mayoría de la gente se le mezcla la terminología y siente que «luchar por la vida» es sinónimo con el esfuerzo diario por mantenerse «a flote». Efectivamente, considerando la incertidumbre en la que está sumida gran parte de la sociedad, pensar en una vida con un proyecto, se convirtió en un lujo para el cual cuesta encontrar tiempo y dedicación mental. Días vienen y días pasan, y así transcurren meses, años y nuestra vida completa sigue su curso sin tener un rumbo definido con un objetivo claro de «hacia dónde» o «para qué». Es lamentable decirlo, pero así se desliza la vida de muchos sin un plan, sin programa y sin propósito.

Cuando se escucha hablar a la gente, dicen que lo que importa, al final de cuentas, es poder llegara a gozar de un poco de tranquilidad, ver crecer sanos a los hijos («lo que importa es la salud») y tener una ancianidad sosegada. ¿Y qué decimos nosotros al respecto? Bajo ningún concepto, estamos de acuerdo con ese pensamiento. Sobrevivir, subsistir o prevalecer, pertenecen a los instintos y necesidades que tenemos en común con el género animal, pero no se pueden considerar, de ningún modo, objetivos humanos. ¿Por qué? Porque la estabilidad y la permanencia en si no explican la razón de existir, ni le dan significado o valor a la vida a un ser con raciocinio, como somos los seres humanos . Pues entonces: ¿de qué se trata esta pugna? ¿A qué denominamos «vida»?

La respuesta es que «vida» es la lucha por una causa o por un ideal. Lo que realmente le da significación a la vida es el fin y el objetivo por el cual se vivió. Posiblemente, para muchos judíos, aun siendo observantes, la vida no les parezca muy distinta a la del resto del entorno en el cual viven, con la diferencia que deben cumplir preceptos en distintos momentos del día, de la semana, etc. Obviamente que todas las Mitzvot que cumplen, son meritorias. Sin embargo, «vivir» es mucho más y no se reduce a ciertos momentos inspirados con espiritualidad. Quizás a esta clase de desafío se refieran las palabras de los Sabios: «Toda pelea que tenga un objetivo Di-vino, se mantendrá». Dado que la Torá es permanentemente innovadora, siempre desafía a la humanidad a superarse y a no caer en los vicios de la mediocridad, del auto-engaño y del egoísmo y quien adhiera a los principios que enseña la Torá, deberá luchar para difundirlos en condiciones indefectiblemente adversas. De esta manera, todos los momentos de la vida, cobran un sentido distinto, pues son todos una oportunidad de expresar ideas en la práctica. Aun, las acciones que no están habitualmente relacionadas, por su naturaleza, con lo ritual o lo religioso, como ser las necesidades laborales, sociales, recreativas, el deporte, el descanso, etc., si se practican con un objetivo y con una manera de conducirse espirituales, se transforman en elecciones morales.

El hecho de tener objetivos en la vida es esencial desde el punto de vista psicológico y desde lo estrictamente judaico. Cuentan acerca del Magguid (así se llama al cargo de aquel que enseña en público) de Koznitz, que desde joven había sido, por tendencia, una persona físicamente débil. Muchas veces se le dio poca posibilidad de sobrevivir las enfermedades que padecía. Sin embargo, vivió hasta muy anciano. Cuando se le consultó acerca del secreto de su longevidad, respondió que siempre había tenido proyectos para llevar adelante. Los músculos quedan atrofiados cuando no se los usa. Luchar por causas dignas, genera fuerzas. (R. Abraham J. Twersky en «Growing each week») Sin embargo, uno se siente «extraño» o «anómalo» en esta tarea. Al ver que todos los demás están «en otra cosa», se siente como si no tuviera un lenguaje en común con la gente y se pregunta: ¿no hubieron, acaso, tantos genios que tuvieron ideas meritorias, nobles y muy justas…, y, con el tiempo perdieron vigencia? Todos los que trataron de modificar el orden del mundo para mejorarlo, ¿qué fue de ellos? ¿No se habló en algún momento de «libertad, igualdad y fraternidad»?, ¿no se propuso defender los derechos de los trabajadores? Si pasan los años y la cosa queda igual, ¿qué es, acaso, lo que puedo transformar o corregir yo? Esta clase de planteos quita el deseo de proponerse desafíos morales y desanima a la persona. A su vez, es falsa. No se debe desmerecer el valor de cualquier obra ética, por más insignificante que pareciera. Pues aun si todos los que lucharon por alguna causa honrada y altruista no lograron que su idea se mantuviera, esto no quita la nobleza del acto en su momento. Toda acción bondadosa es válida aun si luego no continúa. Y, a diferencia de lo que muchos creen, las batallas internas – por más que no salgan a la luz del día, son las más difíciles de librar.

Los objetivos de la vida pasan por la corrección de las asperezas internas del alma, por el empeño que cuesta el cumplimiento minucioso de cada una de las Mitzvot, por el trato que se tiene con los que están cercanos a uno y por la ayuda que se pueda brindar a quienes necesitan de uno. Estas cosas cambian al mundo. La suma de muchas personas que obren acertadamente van uniéndose para que la sociedad se modifique para el bien. Sin embargo, existe un razón adicional del porqué las «grandes ideas» de la humanidad no tuvieron el eco que tiene la Torá por todas las épocas. Eso lo podemos aprender, posiblemente, de Koraj, de quien habla la lectura de esta semana. Koraj propuso ante Moshé y el pueblo que «todo el pueblo es sagrado y entre ellos mora D»s, y ¿por qué [Moshé y Aharón] se enaltecen por sobre el pueblo de D»s?» Qué palabras tan nobles! ¿Dónde estaba el error que lo hizo caer? Entre otras cosas fue el motivo que existió detrás de su protesta. Koraj se levantó en contra de Moshé, no por un ideal desinteresado, sino por celos por la posición encumbrada de Moshé y de Aharón. Dado que estaba empujado por la envidia, sus palabras que sonaban justas en un mero pretexto demagógico. Lo mismo sucedió con tantos que reclamaron derechos con una dialéctica muy abnegada, pero que en realidad encubrían ambiciones personales. Así crecieron, y luego desaparecieron. Aun en nuestra época, si bien nos gusta dividir el mundo entre los «buenos» y los «malos», siendo los buenos todos aquellos que están a favor nuestro y los malos, los que están en contra, podremos observar que aun los estadistas quienes aparentarían perseguir causas nobles en su discurso y a quienes aplaudimos por coincidir en su postura, demuestran tener una vida particular muy deplorable, y no son más que buenos administradores – y nada más. La Torá nos prohibe «matar el tiempo». Los ideales deben ser el motivo de nuestra vida. Los ideales, incluso, ya están explicitados claramente en la Torá. Depende de cada uno tomar conciencia que la vida no se reduce a subsistir económicamente tratando de sufrir menos y que se puede hacer algo y mucho para mejorar el mundo.

Daniel Oppenheimer

Segundo comentario – Discordia, Diversidad, y Distinción

[Kóraj y su séquito] se congregaron ante Moshé y Aharón y les dijeron: «¡Basta para vosotros! ¡Toda la congregación es santa!… ¿Por qué os alzáis por encima de la congregación de Di-s?»( Números 16:3)

¿Cuál es una controversia que no es en aras del Cielo? La de Kóraj y toda su compañía.( Pirké Avot 5:17)

Kóraj, el sublevado primo de Moshé, se ganó la dudosa distinción de padre y prototipo de toda riña y división. Su nombre mismo se volvió sinónimo de la desarmonía y el conflicto. El Talmud hasta llega a proclamar: «Quienquiera se dedica a sembrar la discordia viola una prohibición Divina, pues está escrito[1]: «Y no será como Kóraj y su compañía»[2]; cuando la Torá desea decirnos que no inspiremos disputas ni perpetuemos la desunión, lo hace diciendo: No seas como Kóraj…».

Pero Kóraj no era ningún peleador ordinario. Era un miembro principal de los Kehatitas, la más prestigiosa de las familias Levitas. Sumándose a su motín contra Moshé y Aharón estaban «doscientos cincuenta hombres de Israel, líderes de la comunidad, de aquellos regularmente convocados a la asamblea, hombres de renombre»[3]. La diferencia entre Kóraj y Moshé era ideológica, motivada por la manera en que entendían la relación de Israel con el Omnipotente y la manera en que sentían que debía estar estructurada la nación.

Y Kóraj fue mucho más allá de abocarse a la política divisiva comunitaria. Se rebeló contra la autoridad de Moshé y disputó la nominación de Aharón como Kohén Gadol (Sumo Sacerdote) por parte de Di-s. ¿Por qué, entonces, cada pendenciero insignificante es incluido en la prohibición de «no seas como Kóraj»? Obviamente, hay algo en el núcleo de la discusión de Kóraj que es esencia de toda discordia.

Con frecuencia, la antítesis de una cierta cualidad es superficialmente idéntica a ella. Esto es especialmente así cuando se trata de la «raíz» de una cuestión: una distinción del espesor de un cabello entre dos conceptos aparentemente similares se traduce, de hecho, en una diferencia abismal.

Lo mismo es cierto de «paz» y «discordia». La fuente de toda discordia es algo que erróneamente se parece a la paz auténtica. Es esta pseudo-paz lo que se hallaba en el núcleo de la errada visión de Kóraj, y que en última instancia llevó a su corrupción y catastrófico fin.

¿Qué Quiso Kóraj? ¿Qué es paz? «Tal como sus rostros no son semejantes, así tampoco lo son sus mentes y carácter»[4]. Tal es la naturaleza de la raza humana: individuos y pueblos difieren uno del otro, separados por diferencias de enfoque, orientación emocional, pericia, vocación, y las numerosas demás diferencias, grandes y pequeñas, que distancian a uno del otro.

Frecuentemente, estas diferencias dan origen a la animosidad y el conflicto. Y, con todo, en el núcleo del alma humana está el anhelo de paz. Intuitivamente sentimos que pese a las tremendas (y aparentemente inherentes) diferencias entre nosotros, un estado de armonía universal es tanto deseable como lograble. Pero ¿qué es exactamente la paz? ¿Es la supresión de las diferencias entre hombres y naciones? ¿Es la creación de una sociedad «fraccionada pero igual», en la que las diferencias se preservan pero sin distinción alguna de «superior» e «inferior»? ¿O no es ninguna de las dos?

Si comprendemos a Kóraj, también comprenderemos la fina línea que separa la auténtica paz de la esencia del disenso.¿Qué era exactamente lo que quiso Kóraj? Sus argumentos contra Moshé y Aharón parecen cargados de contradicción. Por un lado, parece desafiar la institución misma del sacerdocio (kehuná), sosteniendo que «como toda la comunidad es santa, y Di-s está en medio de ellos, ¿por qué os alzáis vosotros por encima de la congregación de Di-s?»[5] Pero de la respuesta de Moshé[6] vemos que Kóraj en verdad deseó el cargo de Kohén Gadol para sí mismo.

Esta paradoja aparece una y otra vez en diversos relatos del motín de Kóraj, en los midrashím y en los comentaristas. Kóraj aparece como un paladín de la igualdad, criticando vehementemente un «sistema de clases» que jerarquiza niveles de santidad dentro de la comunidad (Israelitas, Levitas, Sacerdotes y el Sumo Sacerdote). Y, sin embargo, en un mismo hálito, ¡argumenta ser el candidato más digno para el Sumo Sacerdocio!

Aguas Celestiales, Aguas Terrenales

En la narración de la Torá de los seis días de creación del mundo por parte de Di-s, la obra de cada día concluye con la declaración: «Y vio Di-s lo que había creado, y he aquí que era bueno». Cada día, excepto el segundo, aquel en que «Di-s hizo el firmamento [del cielo], y separó entre las aguas que están debajo del firmamento y las que están encima del firmamento»[7].

Explica el Midrash: «¿Por qué no dice «y he aquí que era bueno» respecto del segundo día? Porque en ese día se creó la discordia; como está escrito: «y separará entre agua y agua»».

Sin embargo, el Midrash prosigue señalando que en el tercer día la Torá dice «y era bueno» dos veces, porque «la obra de las aguas», comenzada en el segundo día, fue terminada entonces. En otras palabras, la división provocada en el segundo día era un fenómeno menos que deseable, pero solamente porque todavía no estaba terminada; en el tercer día, esta discordia misma es considerada «buena»[8].

Nuestros Sabios nos cuentan que los seis días del génesis Divino se corresponden con los seis milenios de empeño humano que le siguen[9]. En ello radica el significado de las palabras del Midrash: en el tercer milenio de existencia del mundo, fue introducido en nuestras vidas el elemento que resuelve los conflictos creados por la diversidad. Este es la Torá, revelada a nosotros en Sinaí en el año 2448 desde la Creación.

La Torá fue «dada para hacer la paz en el mundo»[10]: paz entre los conflictivos impulsos dentro del corazón del hombre, paz entre los individuos, paz entre los pueblos, y paz entre la creación y su Creador.

El Midrash expresa la cualidad pacificadora de la Torá con la siguiente metáfora: Había una vez un rey que decretó: «La gente de Roma tiene prohibido descender a Siria, y la de Siria tiene prohibido ascender a Roma». Asimismo, cuando Di-s creó el mundo, decretó y dijo: «Los cielos son de Di-s, y la tierra es dada al hombre»[11]. Pero cuando deseó entregar la Torá a Israel, rescindió Su decreto original y declaró: «Los planos inferiores pueden ascender a los superiores, y los superiores pueden descender a los inferiores»[12].

El cisma y decreto[13] de separar lo celestial de lo terrenal, puesto en vigencia por la «división de las aguas» por parte de Di-s en el segundo día de la Creación, fue aliviado, así, en el tercer «día» de la historia con la revelación en Sinaí. Lo material y lo espiritual dejaron de ser dos planos irreconciliables. En ese día, «Di-s descendió sobre el Monte Sinaí»[14], «Y a Moshé dijo: «asciende a Di-s»[15]. Di-s llegó «abajo» para impartir de Su santidad al mundo, y el hombre fue facultado para lograr una proximidad con Di-s.

Pero la Torá no viene a nublar la distinción entre santo y mundano. Ni se empeña en crear una sociedad mundial uniforme. Esto, a duras penas, calificaría como un estado de «paz» más que como podría decirse que una pintura de un único matiz o una sinfonía compuesta enteramente por notas idénticas fueran una creación «armoniosa».

La Torá hace la paz en el mundo al definir los diferentes roles (hombre y mujer, judío y no-judío, Israelita, Levita y Kohén, erudito e iletrado) para abarcar la misión global de la humanidad.A ello se debe que la Torá esté asociada al número tres: una entidad única o una colección de entidades idénticas, pueden deletrear unanimidad, pero no paz. Si «uno» representa singularidad y «dos» implica divisibilidad, «tres» expresa el concepto de paz: la existencia de dos entidades diferentes, o incluso antitéticas, pero con la adición de un tercer elemento de unificación que los abraza y satura a ambos, abarcando sus diferencias como componentes diversos pero armoniosos de un entero mayor. El «tercer día» no deshace la división del segundo. Más bien, introduce un «tercer» elemento todo-trascendente a cuyo servicio aquella división aplica sus propias cualidades peculiares. Y es esta introducción de armonía en la diversidad lo que la «completa» y convierte en «buena».

Volviendo a Kóraj

En vista de esto, sintió Kóraj, ¿cómo podemos hablar de roles «superiores» e «inferiores» en el mundo de Di-s? ¿Cómo puede decirse que el Sumo Sacerdote sea más excelso que el obrero común? Cierto, la vida del Kohén Gadol está dedicada por entero a empeños espirituales en tanto que el Israelita «ordinario» debe lidiar con la mundanalidad del mercado. Pero «dentro de ellos está Di-s»; ellos sirven al propósito Divino con el cumplimiento de su rol para nada menos que el Kohén Gadol en el cumplimiento del suyo.

Kóraj no se oponía a la división de la comunidad según vocación, ni a la distinción entre lo espiritual y lo material. Todo lo contrario. El mismo anhelaba la senda espiritual del Sumo Sacerdocio, servir al Omnipotente estando totalmente apartado de los asuntos mundanos. Lo que sí disputó era la manera en que Moshé definía la división de roles dentro del pueblo.

«¿Por qué os alzáis vosotros por encima de la congregación de Di-s?», argumentó. ¿Por qué esta «escalera» de espiritualidad en la que los Moshés y Aharónes de la generación ocupan un peldaño más alto que el granjero que trabaja su tierra o el mercader absorto en sus cuentas? ¿Por qué se dice al judío «ordinario» que vea a Aharón como aquel que lo representa en el Santuario y facilita su relación con Di-s? ¿Está Di-s más cerca del cielo que de la tierra? ¿Es servirlo trascendiendo lo material una parte más importante de la misión de la humanidad que utilizar la existencia material para cumplir Su voluntad? Dame el Sumo Sacerdocio, dijo Kóraj, y yo eliminaré las connotaciones de «liderazgo» y «superioridad» que Moshé y Aharón le han conferido. Para mí, el estilo de vida más espiritual y el más ligado a lo material, y todas las graduaciones intermedias, todas son sendas distintas pero paralelas en nuestro empeño por servir al Omnipotente.

La visión de Kóraj parece el paradigma de la armonía: elementos diversos unificados por una meta común. Sin embargo, al descuidar la incorporación de un aspecto crucial de la concepción de paz de la Torá, se convirtió en fuente de toda discordia y rencilla.El mundo «separado pero igual» de Kóraj podría unir sus diversos componentes en el hecho de que todos sirven a una misma meta global, pero fracasa en la tarea de proporcionar conexión alguna entre ellos. Los senderos podrían converger en su destino, pero están separados por muros que los aíslan y dividen. Y sin una relación de da-y-toma entre ellos, sin ningún sentido de dónde se posicionan uno respecto del otro, su separación inevitablemente se desintegrará en partidismo y conflicto.

Si volvemos a la parábola del Midrash, la de romanos y sirios, podemos ver dónde se aparta la visión de Kóraj de la definición de paz de la Torá. La diferencia entre los dos planos (material y espiritual) es preservada, pero hay movimiento e interrelación entre ellos. Y su relación se define en términos de «superior» e «inferior»: lo celestial desciende a la tierra, y lo terrenal asciende al cielo.

Como es visto por la Torá, las gradaciones de espiritualidad de los diversos segmentos del pueblo asumen la forma de una «escalera» en la que el individuo ligado a lo material alza la vista hacia su hermano más espiritual, y lo más espiritual se traslada hacia abajo para proveer de dirección e inspiración a aquello ligado a lo material. El granjero da de su producto al kohén; considera este regalo como la parte más sagrada de su cosecha, representativa del foco espiritual de todos sus empeños. El comerciante mira al erudito como un modelo ideal; se siente atrapado y sofocado por las demandas de su vocación y vive para los pocos minutos diarios que logra dedicar al estudio.

Y el líder espiritual desciende para elevar a su comunidad. Di-s define el papel de Aharón como uno que «alza las lámparas»: además de (y a causa de) su servicio espiritual «personal» al Omnipotente, Aharón es la llama que enciende el «alma del hombre, una lámpara de Di-s»[16] convocando su potencial iluminador[17]. Todo esto no es porque quienes cumplen los roles más espirituales son más importante para el propósito Divino que aquellos que lo sirven mediante su involucración con lo material. Por el contrario, el propósito de Di-s en la Creación es, dicen nuestros Sabios, que «El deseó tener una morada en los planos inferiores»; que el plano inferior de lo material se transforme en un ambiente acogedor y receptivo de Su ser[18]. En la tarea de llevar esto a cabo, aquellos que se encuentran en «el peldaño más bajo» deben jugar el papel más central y crucial. Pero su especialidad radica precisamente en que ellos tratan con los más bajos elementos de la Creación (esto es, aquellos que expresan menos la realidad de Di-s de cualquier manera manifiesta) y los encaminan hacia el propósito superior de servir a su Creador.

En el momento en que el individuo ligado a lo material comienza a sentirse cómodo en su ambiente, en el momento en que cesa su afán de escapar a lo material, ya no puede verdaderamente sublimarlo más; él es ahora parte de éste. Sólo viéndose a sí mismo en el fondo mirando hacia arriba, sólo cuando su involucración con lo mundano se percibe como forzada por la convocatoria del deber en tanto que su alma anhela una existencia más espiritual, se está en posición de elevar verdaderamente el entorno.

Curiosamente, aunque Kóraj desconoció esta conexión «vertical» entre materia y espíritu, él mismo era un ejemplo primario de ella. Su deseo del Sumo Sacerdocio, su anhelo de ascender un peldaño espiritual más que el propio en la escalera, era una ambición positiva[19], y la máxima refutación de su propia «paz» divisiva.

Basado en Sijot de Shabat Kóraj 5718, 5724, 5727

Notas: 1. Números 17:5 2. Talmud, Sanhedrín 110a. 3. Números 16:2. 4. Midrash Rabá, Bamidbar 21:2. 5. Números 16:3. 6. «¿No os basta con que el Di-s de Israel os ha distinguido de la comunidad de Israel para aproximaros a Sí, para llevar a cabo el servicio del Santuario de Di-s, y para alzaros ante la comunidad… que también deseáis el Sacerdocio?» – ibíd. 5-10. 7. Génesis 1:6-7. 8. Midrash Rabá, Bereshit 1:8. 9. Najmánides, Génesis 2:3; así, tal como los seis días de la Creación culminan en un séptimo de retiro y descanso Divino, 6.000 años de logro humano resultan en «el día de Shabat y serenidad eterna», la era del Mashíaj. 10. Talmud, Guitín 59b; Mishné Torá, Leyes de Janucá 4:14. 11. Salmos 115:16. 12. Midrash Tanjumá, Vaerá 15. 13. La palabra hebrea empleada por el Midrash, guezerá, significa tanto «decreto» como «escisión». 14. Exodo 19:20. 15. Ibíd. 24:1. 16. Números 8:2. 17. Proverbios 20:27. 18. Midrash Tanjumá, Nasó 16. «De esto se trata el hombre», escribe Rabí Shneur Zalman de Liadí en su Tania, «éste es el cometido de su creación y de la creación de todos los mundos, superiores e inferiores: que Di-s tenga un lugar de morada en este mundo inferior» (Tania, Cap. 36). 19. Esto explica por qué toda una sección de la Torá (Números 16-18) lleva el nombre de «Kóraj» – el nombre de un pecador. Porque debemos derivar los aspectos positivos del acto de Kóraj, su anhelo de una existencia más espiritual que la propia, y aplicarla a nuestras vidas.

TODO LO REFERENTE A ESTA PARASHÁ HA SIDO OBTENIDO DE: https://www.tora.org.ar/

PARASHÁ DE LA SEMANA: KORAJ

ESTA PARASHÁ ES LA QUE SE LEE ESA SEMANA EN ERETZ ISRAEL

Los Rebeldes en el Desierto son Tragados Vivos (KORAJ. BAMIDBAR 16 – 18)

“Rabino Moshé, si le place, ¡nos gustaría que resolviera este problema!”. Pidió Koraj el hijo de Yitzjar, que era primo-hermano de Moshé. En frente de él había 250 hombres vestidos con prendas azules de cuatro puntas. “¿Debemos poner tzizit con el hilo azul en este tipo de prenda?”, preguntó Koraj, haciendo ver que ya eran completamente azules.

“Tiene cuatro puntas, ¿cierto?”, contestó Moshé de manera afirmativa.

Ante esto, todos los 250 hombres se rieron a carcajadas: “Si la prenda es de cualquier otro color, un hilo azul cumple la obligación”, dijeron los hombres de Koraj, “entonces, ¿por qué una prenda azul no queda liberada de la obligación?”.

Luego Koraj continuó: “Otra pregunta, Rabino Moshé. ¿Un cuarto lleno de Torot, necesita una Mezuzá en su puerta?”.

“Definitivamente”, respondió Moshé y nuevamente la multitud se rió: “¡Si un pequeño pergamino puede liberar a un cuarto de su obligación, ciertamente un cuarto lleno de rollos de Torá debe ser suficiente!” (Midrash).

Rebelión en el Desierto

Nuestra parashá cuenta la historia de la primera rebelión. Koraj un gran hombre, pero sumamente ambicioso, se atrevió a desafiar el liderazgo de Moshé. Es importante aclarar de qué cosa “no” se trataba esta rebelión. A pesar de que Koraj buscaba quitarle el poder a Moshé, él nunca negó que Moshé los hubiera sacado de Egipto, ni que hubiera abierto el Mar Rojo, ni que hubiera bajado las tablas ni que fuera un gran profeta. Estos hechos eran de conocimiento popular en esa época y eran imposibles de negar. Koraj sólo afirmaba que no todo lo que decía Moshé venía directamente de Dios.

Agitador De Multitudes

Koraj, de la familia de Kehat, se unió a sus vecinos de la tribu de Reuven, (llevando al Talmud a exclamar: “¡Desgracia para el malvado y desgracia para su vecino!”) que estaban enojados por que su tribu había perdido el privilegio de ser considerados los “primogénitos”. Además, los 250 hombres a los que nos referimos anteriormente eran malhumorados “hijos primogénitos” que habían perdido su estatus después del Becerro de Oro.

A pesar de que dicen que la política forma extrañas parejas, esta era una coalición bastante peligrosa, cada uno con su propia hacha para destruir. Dice el Talmud que Koraj también tenía una segunda intención. Él estaba celoso de Elitzafan, el hijo de Uziel, que había sido nombrado príncipe de la familia de Kehat.

El razonamiento de Koraj fue el siguiente: El hermano mayor Amram tuvo dos hijos, Aarón y Moshé en posiciones de alto liderazgo. El padre de Koraj, Yitzjar, era el siguiente en la línea de Amram, entonces Koraj (como hijo primogénito de Yitzjar) debía haber recibido la siguiente posición disponible, que era la de príncipe. Pero en vez de eso, fue saltado y resultó elegido Elitzafan (el hijo del hermano menor, Uziel).

¡El plan de Koraj era anular los nombramientos de Moshé para tener la oportunidad de convertirse en príncipe! Entonces empezó a agitar a la multitud, declarando que Moshé estaba actuando por su propia cuenta y que estaba asumiendo todo el poder para si mismo.

Cumplir con Tu Obligación

Koraj desarrolló una filosofía que todavía es común hoy en día. Koraj alegó, “Toda la congregación es santa, entonces, ¿por qué ustedes se elevan por sobre la nación de Dios?” (Números 16:3) (De hecho, todos los judíos “deben ser santos”, como vimos la semana pasada – “Deben ser santos” (Números 15:40) – pero la nación aún no alcanza el nivel de santidad que Dios espera. El libro de Números es una larga historia de la distancia entre la que el pueblo estaba y donde se suponía que debía estar). (Rabino Hirsch)

Sigamos el razonamiento de Koraj. Los ejemplos de “la prenda azul” y del “cuarto lleno de Torot” tenían la intención de demostrar un principio. Todos tenemos obligaciones que preferimos no cumplir. Muchas personas tienen la actitud de: “Déjame sólo cumplir con mi obligación mínima, tan fácil y rápidamente como pueda. Si el rabino es piadoso, tanto mejor. Él puede ser designado para cumplir con nuestras obligaciones en lugar de nosotros. Así que asegurémonos de que el rabino sea santo y así podremos disfrutar su mérito”.

En otras palabras, en el caso de los Tzizit, idealmente toda la prenda debía ser confeccionada de tela azul, sin embargo, un solo hilo azul cumple con la obligación. En relación a las Torot, idealmente todo el cuarto debe estar lleno de rollos de Torá y a pesar de eso, una sola mezuzá cumple con la obligación. Entonces, toda la nación debe ser santa, sin embargo, un solo rabino cumple la obligación de toda la comunidad. Por lo tanto, Koraj pensó que si toda la prenda es azul, entonces no se necesitan los Tzizit; si todo el cuarto está lleno de Torot, entonces no necesitamos la Mezuzá y si toda la congregación es santa, ¡entonces no necesitamos al rabino! Conclusión: ¡No necesitamos a Moshé! (Rabino Shlomo Wolbe)

(Esta lógica era incorrecta porque sin importar cuán grande es el grupo de personas, aún así necesitan un líder).

Desafío a un Duelo

Después de tratar de apaciguar a Koraj y sus hombres sin resultado, Moshé los desafió a un “duelo espiritual”. Les presentó una oportunidad para cumplir con sus deseos de convertirse en Sumos Sacerdotes. Ellos tenían que llevar incienso al Tabernáculo y Aarón llevaría también. El incienso que fuera aceptado por Dios sería el que determinaría quién estaba en lo correcto.

El incienso era la ofrenda más sublime en el servicio del Templo, quemado completamente casi sin dejar residuo, simbolizando la devoción total a Dios. En Iom Kipur, el Sumo Sacerdote debía entrar al Santo Sanctorum con el incienso en la mano para ofrecerlo a Dios. Sin embargo, había un gran riesgo. De hecho, los hijos de Aarón murieron al ofrecer un incienso no autorizado. ¿Acaso estaban Koraj y sus hombres preparados para arriesgar sus vidas por convertirse en “Sumos Sacerdotes”?

El Punto Controversial

Moshé alegaba que todas sus decisiones – desde designar a Aarón como Sumo Sacerdote, hasta la elección de Elitzafan como príncipe – eran tomadas por Dios. Koraj reclamaba que Moshé estaba influenciado y que era responsable por sus decisiones. La controversia se decidiría al día siguiente y sólo uno sobreviviría. ¡Este era un duelo a muerte!

El Error de Koraj

Los rabinos preguntan ¿cómo pudo Koraj, un hombre grande y sabio, estar tan equivocado? La respuesta es que su propia grandeza lo engañó. A través de profecía, Koraj fue capaz de ver que tendría eminentes descendientes. Los famosos Levitas, que posteriormente cantarían en el Templo y que compondrían Salmos que comienzan con las palabras: “Una canción a los hijos de Koraj”, eran de su progenie. El famoso profeta Shmuel, quien es igualado a Moshé y a Aarón (en el Salmo 99), también era descendiente de Koraj. Koraj pensó: “¡Con toda esta grandeza reservada para mí, debo ser yo el que sobrevivirá!”.

Sin embargo, Koraj cometió un error fatal: él se equivocó al no considerar que sus hijos, que al comienzo también estaban involucrados en la controversia, posteriormente se arrepentirían y por eso sobrevivirían y alcanzarían grandeza. En la mente de Koraj el concepto de arrepentimiento no existía.

El Momento Oportuno

Koraj programó su insurrección para hacerla calzar con el momento de descontento del pueblo por tener que pasar 40 años en el desierto y morir en él. La designación de Eliztzafan había ocurrido mucho antes de la rebelión, sin embargo, Koraj había esperado por el momento adecuado para empezar su demagogia, cuando pensó que la gente lo seguiría. Koraj y sus seguidores instigaron: “Nos prometiste una tierra de leche y miel, pero ahora dices que moriremos en el desierto” (Ver Números 16:14)

Psicología de Koraj

Un juego político de poder usualmente comienza con una segunda motivación. Esta motivación frecuentemente produce que haya un plan escondido y una ideología racional, que generalmente está basada en la realidad. La constitución de regímenes brutales como el de Rusia o China esta repleta de lenguaje diplomático con promesas de igualdad y derechos para los ciudadanos. (Por supuesto, si eres miembro del partido, ¡eres un poco más igual!)

En la parashá de la semana pasada, los espías también tenían segundas intenciones. Ellos temían que perderían sus posiciones cuando los judíos entraran a la tierra. Este miedo los llevó a crear una ideología racional (“no estamos en el nivel espiritual que se requiere para entrar a la tierra”) a lo que se agregaron algunas cosas verdaderas (“de la tierra mana leche y miel”).

Así también, Koraj tenía una segunda intención (celos) que llevó a desarrollar una ideología (la no necesidad de Moshé), con un pequeño agregado de verdad (sus eminentes descendientes). (Escuchado del Rabino Shlomo Wolbe).

Un Reto Abierto

Moshé continuó persiguiendo su plan de paz y convocó a los problemáticos Datan y Aviram. Ellos se negaron a asistir de manera desafiante. Ellos dijeron: “Incluso si él decreta cegarnos (al quitarse el velo que cubre su brillante rostro), nosotros no iremos a él” (Números 16:14).

Dice el Midrash que en ese momento, ellos sellaron su veredicto. “Ellos no iban a ascender nunca más, ¡sólo descender!”.

El Castigo de Koraj

Moshé proclamó: “Si estos hombres mueren una muerte natural (Su Alteza, ¡yo elijo morir a una edad avanzada!) eso probaría que estas fueron mis propias decisiones. Sin embargo, si yo [sólo] seguí las instrucciones de Dios, que la Tierra se los trague vivos” (Números 16:29).

Este fue un castigo “medida por medida” porque ellos habían acusado a Moshé – “el más humilde de todos los hombres” – de ser arrogante. Dado que Moshé estaba a nivel del suelo, ¡el castigo de ellos debía ser más bajo que eso! En ese momento, la Tierra abrió su boca (que había sido creada en el amanecer de la creación – Avot 5:8) y se tragó a Koraj y a sus hombres de en medio del pueblo. Al mismo tiempo, un fuego devoró a los 250 hombres que habían aceptado el desafío de Moshé de ofrecer un incienso. Los rabinos dicen que Koraj fue consumido por las llamas y tragado por la tierra.

Sus hijos reconsideraron sus acciones y se arrepintieron en su camino hacia abajo y una escalinata permitió que salieran. Durante ese tiempo compusieron un salmo.

Deja el Fuego Ardiendo

Dios le dijo a Moshé que le ordenara a Eleazar, hijo de Aarón, que recolectara y vaciara el incienso de los utensilios y que los batiera para hacer un cobertor para el altar para que todas las generaciones recordaran este evento.

Debemos apreciar la grandeza del pueblo judío. Estos rebeldes deseaban sinceramente servir como sacerdotes del Templo. Si su intención no hubiera sido sincera, sus utensilios no se habrían considerado santos. A pesar de que se desorientaron y pagaron por sus errores con sus vidas, su motivación básica era acercarse a Dios. Pero debemos recordar, además, que Dios es quien nos enseña cómo acercarnos a Él adecuadamente. (Rabino Shlomo Wolbe)

Detén al Ángel de la Muerte

El pueblo aún se quejaba de que Moshé causó un derramamiento de sangre. Ellos dijeron que él podía simplemente haber ignorado la ofensa y no haber causado tanta muerte. Ellos exclamaron: “¡Mataste al pueblo de Dios!” (Números 17:6).

Esta actitud hizo que ellos perdieran todo el punto de la controversia. Ellos debieron haber entendido que todo lo que hace Moshé es 100% por Dios. La responsabilidad comunitaria entró en efecto y Dios decretó eliminar a toda la nación. Esta vez Moshé no tenía nada que decir en defensa de ellos.

Luego, mientras el ángel de la muerte empezó su atroz tarea, Moshé recordó la información que el ángel le había enseñado en Sinai sobre el poder del incienso e inmediatamente mandó a Aarón con incienso para detener la plaga. Esto le enseñó al pueblo que no era el incienso el que era tan mortal, sino el poder del pecado.

Aarón detuvo al ángel en la mitad de su camino al exigir el cese de la matanza. El ángel anunció que estaba siguiendo órdenes Divinas. Aarón argumentó que todo lo que dice Moshé es la voluntad de Dios – ¡anda a preguntarles! Esto detuvo la plaga y salvo la situación.

El Bastón de Aarón

Finalmente, la singularidad de Aarón fue probada de una manera pacífica. Moshé le ordenó a cada jefe de tribu que escribiera su nombre en su bastón y que se lo enviara a él. La tribu de Levi estuvo representada por el bastón de Aarón. Moshé puso todos los bastones en el Santo Sanctorum, ubicando el bastón de Aarón en el centro. A la mañana siguiente, el bastón de Aarón había florecido con almendras para que todos lo vieran. Luego cada jefe de tribu tomó su bastón y así se estableció para siempre que Dios había elegido a Aarón y a sus descendientes como los sacerdotes de Israel

Pregunta: ¿Por qué almendras?

Respuesta: Los almendros son los primeros árboles que dan fruto en su temporada. Esto significa que los Cohanim son energéticos como las almendras, realizando sus obligaciones en el Templo de forma veloz. Además, ¡cualquiera que desafíe a los hijos de Aarón será rápidamente castigado como el veloz crecimiento de las almendras!

El bastón de Aarón fue colocado en al Arca junto con las tablas, la jarra con maná y la Torá de Moshé, para recordarle al pueblo que la familia de los Cohanim fue elegida para siempre.

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Parashá KORAJ. 23 SIVAN 5771 (25 de Junio de 2011)

Nuestra parasha empieza hablándonos sobre la rebelión que hizo Koraj contra Moshe. Koraj era un miembro de la tribu de Levì, era un hombre muy sabio y estudioso de la Torah, ¿qué fue lo que le llevo a rebelarse en contra de Moshe? Koraj fue incitado por su esposa a rebelarse contra Moshe, ella le reprochaba el hecho que el siendo descendiente del segundo hijo de Kehat, debía por consiguiente tener el derecho a la kehuna.
Koraj reunió consigo a 250 hombres, entre ellos Datan y Aviram, Rashi explica que eran primogénitos de la tribu de Reuben; Koraj llamó su atención diciéndoles que a ellos como primogénitos les estaba permitidos ser sacerdotes, y que Moshe había escogido a su hermano Aarón como kohen por conveniencia ya que eran familia (midrash Parashat Koraj)
Cuando Moshe escuchó estas objeciones que hacia Koraj en su nombre, les dijo que trajeran al día siguiente un incienso para Hashem, el plan de Moshe de hacer el incienso, era para que recapacitaran sobre sus objeciones e hicieran teshuva. ¿Con que objeción fue Koraj ante Moshe? Koraj hizo un tzit –tzit todo de tejelet y le preguntó a Moshe si esa prenda, a pesar que era toda de tejelet, necesitaba por una hebra de tejelet a lo que Moshe respondió que si la necesitaba , Koraj tomó esta halaja diciendo que era sin sentido, al igual que todas las mitzvot (jas veShalom) y que Moshe mismo las había inventado.
Koraj junto con esos 250 hombres no recapacitaron sobre los reproches en contra de Moshe y decidieron hacer el ketoret (el incienso), cuando llegaron ante la entrada de la tienda de reunión Hashem estaba dispuesto a consumir a todo el pueblo por su reproche, ya que dijeron nuestros sabios “una persona que reproche las palabras de su Rebe, es como si reprochara la Torah misma y por consiguiente a Hashem”.
Moshe y Aarón rezaron por el pueblo entero, pidieron Hashem no fuese castigado todo el pueblo, si no solamente aquellos que se revelaron, Hashem escuchó las palabras de Moshe y Aarón y así hizo.
El Ketoret

¿Por qué Moshe escogió precisamente el ketoret para la prueba? La respuesta está en que el ketoret tiene una maldición para la gente que no puede ofrecerla, como es esto? Una persona que no era apta para la kehuna y ofrecía este ketoret, moría, esto lo podemos ver con los hijos de Aarón, de quienes nos dice la Torah que ofrecieron un fuego extraño, este fuego era el del ketoret, por cuanto no eran aptos para la kehuna murieron. Pero siendo así ¿por qué Koraj decidió ofrecerlo aun sabiendo que podría morir? Él había visto por profecía que tendría descendientes que serían grandes Tzadikim, entre ellos Shemuel, y entonces pensó erróneamente que no podría morir, así mismo ínsito a sus 250 seguidores diciéndoles que todo el pueblo estuvo en la entrega de la Torah, cuando Hashem dijo “y kohanim serán para mi entre las naciones”.
Moshe rezo a Hashem para que se hiciera justicia y que Koraj recibiera su castigo, pero no por medio de una plaga si no por medio de una muerte en la que el pueblo viera que Moshe hablaba lo que Hashem ordenaba, Moshe pidió a Hashem que abriera la boca de la tierra y tragarse a Koraj y a su familia.
Hashem mando un fuego del cielo que consumió también a los 250 hombres, los cuales habían ofrecido este ketoret.
¿Cuál fue la transgresión de estos hombres? Ellos pecaron al escuchar y hacer caso de las palabras de Koraj, ya que eso los llevo a revelarse contra la Torah misma sin darse cuenta. En realidad ellos pensaron que podrían ser aptos para el servicio de Hashem y su ofrecimiento del ketoret fue leshem shamaim (en el nombre del cielo) ya que ellos buscaban acercarse más a la shejina.
Las vasijas del ketoret de estos 250 hombres fueron convertidas en placas y puestas en el mishkan para que cualquier persona que la viera recordara que la palabra de Hashem es emet (verdad) y los que se revelan reciben su castigo.

Los Hijos De Koraj
Moshe hablo a todo el pueblo para decirles que se apartaran de la tienda de Koraj y la tienda de Datan y Aviram y no tomaran ninguna de sus pertenencias, el pueblo así hizo, la tierra se abrió y devoró a Koraj junto con su familia, y a Datan y Aviram.
Los hijos de Koraj sabían que su padre hacia mal en reprochar a Moshe, cuando Moshe fue a ver a Koraj, ellos no sabían que hacer, si por respeto a su padre no revelarse o hacerlo en honor a Moshe. Finalmente, se pusieron en pie ante Moshe, cuando la tierra se los iba a comer ellos rezaron a Hashem haciendo teshuva por sus transgresiones y así pudieron ser salvados.
La Vara De Aarón
Después que el pueblo mismo vio que las palabras de Moshe eran verdad, que Moshe actuaba siempre por orden del cielo y no por él mismo, Hashem le ordeno a Moshe recoger doce varas, una por cada tribu y en ellas escribió el nombre cada nasi (líder), Hashem le dijo que en la vara de Leví pusiera el nombre de Aarón, ya que los kohanim son leviim también y constituyen una sola tribu, Moshe recogió estas doce varas y las puso a la entrada de la tienda de reunión, la vara de Aarón la puso al medio para que la gente no dijera que por cuanto estaba más cerca floreció
Las varas estuvieron toda la noche a la entrada de la tienda de reunión, y al amanecer ocurrió que la vara de Leví floreció y brotaron nueces de ella y ¿por qué precisamente nueces? Los comentaristas explican que la nuez brota y madura rápido, con lo cual Hashem nos quiso enseñar que, así como una persona se apresura en revelarse a la palabra de Hashem, así también recibirá su castigo rápidamente, también nos enseña que si una persona esta en el estudio de Torah y en mitzvot , esto le hará acercarse a la shejina y por consiguiente podrá madurar, es decir conseguir éxito en su vida.
La Mitzva de Pidion Haben (Rescate del primogénito)
Hashem le dijo a Moshe que cada primogénito del pueblo de Israel será del kohen y este debe ser redimido, lo cual tendría lugar los 33 días de haber nacido, ya que al alcanzar esa edad se le considera una persona viva.
Hashem nos dio esta Mitzva para enseñarnos que ciertamente todo lo que existe le pertenece, al cumplir con esta Mitzva estamos reconociendo el poder de Hashem y que todo le pertenece a Él, esto hace que cumplamos con la Mitzva también de Kidush Hashem (santificar el nombre de Hashem)
En el camino de la Torah nos encontraremos con muchos obstáculos, pero la solución a esos obstáculos esta en el estudio de la Torah y el cumplimientos de mitzvot, así bien que prontamente podamos florecer como floreció la vara de Aarón, florecer en la vida con Torah y mitzvot y así traer prontamente la geula para todo el pueblo de Israel AMEN.

ESTA PARASHA ESTA DEDICADA A LA REFUA SHELEMA DE SHIMON BEN SOL YOSEF BEN SHLOMO DELICIA BAT MIRIAM, QUE PRONTAMENTE RECIBAN UNA REFUA SHELEMA Y Hashem los colme de bendiciones

Bajur David Moshe Shallem Lichtenstein

Parashá KORAJ. 30 SIVAN 5770 (12 de Junio de 2010)

La anatomía de una controversia.
Sobre los primeros versículos de esta sección de la Torá, la traducción aramea de Yonathán Ben Uziel nos relata lo siguiente:

“Tomó Kóraj una prenda suya completamente celeste… y se levantó con petulancia y enseñó leyes delante de Moshé sobre las prendas de color celeste. Dijo entonces Moshé: yo escuché de boca del Creador que los flecos de las prendas (Tzitziot) deben tener hilos blancos y un hilo de color celeste. Kóraj y sus adherentes hicieron prendas e hilos todos de color celeste, lo que no había ordenado Hashem…” (Traducción a Bemidvar 16.1-2)

La impureza de las controversias que suelen asentarse en las gargantas de los seres humanos tiene un ejemplo paradigmático en el “affaire” de Kóraj y sus adherentes, y tal vez, sin exagerar, la raíz de toda discusión y discordia encuentra en esta parashá su origen. En esta semana encontramos al gran maestro de la discordia, el análisis que él hace de la “verdad” y de la “justicia” es una clase magistral de los elementos que se encuentran en una controversia como concepto, como una inclinación turbia del espíritu humano. En nuestra sección se concentran las ideas principales que caracterizan a este instinto turbio de manera tal que nosotros, muchos años después, podamos corregir nuestra conducta y no caer en la penumbra de la discordia; tiene además esta sección el objetivo de enseñarnos lo que no hacer y como enfrentar las ideas y las discrepancias; queda al examen de la historia averiguar si algo se ha concretado de estos objetivos.

El personaje central que significó una piedra de tropiezo en este arduo periplo por el desierto es Kóraj; este es el hombre que ideó una polémica contra la conducción social y espiritual de Moshé y Aharón. Él construyó su polémica basándose en una idea principal, muchas veces repetida en el devenir político social de la historia universal, el slogan de la igualdad:

“Toda la congregación, todos son santos y dentro de ellos está Hashem” (Bemidvar 16.3)

A partir de este slogan conocido, alega Kóraj que la conducción de la comunidad debería estar en manos de todos, buscó enfrentar la realidad misma del control, del gobierno, con un valor ético que no siempre acompaña a estos cargos, pidió de ellos más “humildad”:

“¿Por qué ustedes se han elevado arrogantemente sobre la congregación de Hashem?” (Ibíd.)

No le importó alzar la bandera de la igualdad, a pesar que él mismo era un hombre cuya protesta se originó a partir de su gran petulancia y propia arrogancia, cuando se sintió discriminado porque una función, que pensaba le era correspondiente, le fue entregada a otro; así nos enseña Rashí (ad. Ibíd. 16.1) que Kóraj tuvo envidia del puesto que recibió su pariente Elitzafán Ben Uziel, cuando fue designado, por mandato divino, como contralor sobre la familia levítica de Kehat; entonces realzó el hecho que este familiar suyo era hijo del más pequeño de los hermanos de su padre, siendo que su padre le precedía debía él mismo, es decir Kóraj, haber tomado las funciones respectivas. Esta función era para Kóraj y desde su perspectiva un reconocimiento a su capacidad, por lo tanto el hecho que haya sido otra persona designada era una ofensa de tipo personal.

El tropiezo de la envidia es un factor importante también dentro de este tema, y tiende incluso a alcanzar a personas de elevada espiritualidad, personas que no son simples ni comunes, como dice Rashí: “Kóraj que era una persona inteligente…” (ad Bemidvar 16.7). Esta mala cualidad, la envidia, puede hacer que el hombre salga a protestar y a crear ideologías, como una especie de adorno para su imaginaria contienda; tal confusión de valores e ideas le pueden llevar a sostener exteriormente y a pensar en su interior que tal contienda no es particular, sino una lucha social por un mejor futuro, para combatir en especial la corrupción fiscal, aunque todo encubre una inclinación turbia del espíritu.

En esta gran revuelta en contra de Moshé encontramos, como un sistema básico, dos elementos que analizaremos para introducirnos en el marco de la estructura de esta polémica, ejemplo de todos los demás deseos de alcanzar poder.

1. Un acto de tontos.

En un primer lugar, toda polémica contra un designio divino es considerada como un acto ilógico. Como los maestros nos enseñan: “Kóraj, que era una persona inteligente, ¿Qué vio para dejarse llevar por esta tontera?” (Ibid. 16.7)

La descripción de este acto con el término “tontera” nos indica que esto fue algo que no tuvo ninguna utilidad, y así se entiende el significado de “tontera”, o sea carente de utilidad. Así simplemente se considera a la controversia y la separación, la controversia ciertamente no tiene fundamento, base y tono constructivo. Cabe entonces preguntar, ¿Por qué alguien como Kóraj se inclinó a esta polémica carente de utilidad?

Hay en el mundo un concepto, que el hombre o la sociedad, pueblo o estado podrá alcanzar éxitos no cuando se encuentren discerniendo sobre la naturaleza de una discusión, sino solamente cuando se encuentren en la paz y la moderación. Así nuestros maestros nos han enseñado sobre las sutilezas de la corrección de nuestras cualidades: “Por medio de la cualidad de la paciencia, alcanza la persona siempre mucho más que con toda la fuerza violenta que quiera aplicar” (Rav Jayim de Volhozin). Esta verdad es públicamente conocida por cada hombre y cada sociedad. A pesar de esto, la gran mayoría de los seres humanos actualmente se dirigen hacia el instinto de la división, y de la disputa, quieren de una u otra manera mostrar su fuerza, su capacidad de imponer y controlar. Las ideas de vencedor y vencido son términos de uso común entre las personas, tanto a nivel micro como macro, la presencia de una fuerza victoriosa es considerada como valor, sin embargo en el examen más profundo de los hechos casi siempre vemos que un vencedor termina finalmente siendo un vencido. Los valores éticos son afectados en cualquier lucha y el vacío que conlleva esta aparente victoria bajo el uso de la fuerza, hace que poco a poco el gusto de la victoria sea amargo, muy amargo.

2. Los adherentes:

Kóraj, sin embargo, no estuvo solo. Estuvo de una coalición de personas irritadas y molestas, en estos encontramos otro de los puntos que llevan a que un líder, en el peor sentido del término, obtenga algún tipo de ventaja. Pero, ¿Quienes eran sus adherentes? La Torá nos relata que había tres personas de la tribu de Reubén mencionados con sus nombres: Datán, Avirán y On Ben Pelet. Esta tribu, el primogénito de Yaakov, mantuvo en el orden del campamento un lugar cercano a las tiendas que habitaban Kóraj y su familia, la influencia de ellos fue fundamental para atraerlos a ser parte de la revuelta, en especial cuando tal influencia aprovechó el hecho que el primogénito de Yaakov no ocupaba un lugar de vanguardia en el campamento, sino secundario, así nos enseñan los sabios un dicho escueto pero profundo “¡Pobre del malvado y pobre de su vecino!”.

Según la opinión de los comentaristas, los ciento cincuenta hombres que apoyaron esta revuelta eran a su vez primogénitos que se sintieron desplazados, el nuevo orden del pueblo les había dado un puesto diferente al que hubieran deseado. Después del pecado del becerro de oro, donde tomaron parte los primogénitos de Israel, el sacerdocio que poseían como privilegio de primogenitura fue entregado a los Kohanim, quienes serían desde entonces los servidores en el Templo; esta disposición irritó a algunos que vieron en esta revuelta el momento para mostrar su molestia.

Vemos que los elementos de esta coalición son de suyo significativos y contradictorios. Todos tenían una objetivo: cambiar la conducción actual de Israel por un gobierno del pueblo, por esto se presentaron con una prenda toda celeste; quisieron indicar que ya no hay un solo hilo celeste, la conducción que reflejaba la individualidad de un solo líder, sino todos son “santos y dentro de ellos está Hashem”. Sin embargo en el corazón de cada uno de ellos se presentaron anhelos diferentes y contrarios; Kóraj, el levita, pidió la corona del liderazgo para él mismo; Datán y Avirán, los hijos de Reubén, pretendían devolver el gobierno a su tribu y desplazar precisamente la conducción de los levitas, mientras que los doscientos cincuenta hombres soñaron con devolver el liderazgo a los primogénitos, como si pretendieran desplazar tanto a los levitas y a todos los hijos de Reubén juntos.

Una coalición de una naturaleza tal no podía prosperar, así concluye la Mishná en Pirkey Avot (5.17): “toda discusión con fines espirituales, se mantendrá, una discusión que no tiene fines espirituales, desaparecerá.”

Parashá KORAJ. 5 TAMUZ 5769 (27 de Junio de 2009)

Comentario: La muerte de los ideales

“La vida es una lucha” que “es cruel y es mucha”. ¿Verdad? Así dicen. Mirando alrededor de uno, se ve que toda la gente se “mata” por sobrevivir y parecería ser que es verdad. La pregunta legítima es, sin embargo: ¿es lo mismo vivir que pelear por la subsistencia? No estoy tan seguro. Es más. Me parece que a la mayoría de la gente se le mezcla la terminología y siente que “luchar por la vida” es sinónimo con el esfuerzo diario por mantenerse “a flote”. Efectivamente, considerando la incertidumbre en la que está sumida gran parte de la sociedad, pensar en una vida con un proyecto, se convirtió en un lujo para el cual cuesta encontrar tiempo y dedicación mental. Días vienen y días pasan, y así transcurren meses, años y nuestra vida completa sigue su curso sin tener un rumbo definido con un objetivo claro de “hacia dónde” o “para qué”. Es lamentable decirlo, pero así se desliza la vida de muchos sin un plan, sin programa y sin propósito.

Cuando se escucha hablar a la gente, dicen que lo que importa, al final de cuentas, es poder llegara a gozar de un poco de tranquilidad, ver crecer sanos a los hijos (“lo que importa es la salud”) y tener una ancianidad sosegada. ¿Y qué decimos nosotros al respecto? Bajo ningún concepto, estamos de acuerdo con ese pensamiento. Sobrevivir, subsistir o prevalecer, pertenecen a los instintos y necesidades que tenemos en común con el género animal, pero no se pueden considerar, de ningún modo, objetivos humanos. ¿Por qué? Porque la estabilidad y la permanencia en si no explican la razón de existir, ni le dan significado o valor a la vida a un ser con raciocinio, como somos los seres humanos . Pues entonces: ¿de qué se trata esta pugna? ¿A qué denominamos “vida”?

La respuesta es que “vida” es la lucha por una causa o por un ideal. Lo que realmente le da significación a la vida es el fin y el objetivo por el cual se vivió. Posiblemente, para muchos judíos, aun siendo observantes, la vida no les parezca muy distinta a la del resto del entorno en el cual viven, con la diferencia que deben cumplir preceptos en distintos momentos del día, de la semana, etc. Obviamente que todas las Mitzvot que cumplen, son meritorias. Sin embargo, “vivir” es mucho más y no se reduce a ciertos momentos inspirados con espiritualidad. Quizás a esta clase de desafío se refieran las palabras de los Sabios: “Toda pelea que tenga un objetivo Di-vino, se mantendrá”. Dado que la Torá es permanentemente innovadora, siempre desafía a la humanidad a superarse y a no caer en los vicios de la mediocridad, del auto-engaño y del egoísmo y quien adhiera a los principios que enseña la Torá, deberá luchar para difundirlos en condiciones indefectiblemente adversas. De esta manera, todos los momentos de la vida, cobran un sentido distinto, pues son todos una oportunidad de expresar ideas en la práctica. Aun, las acciones que no están habitualmente relacionadas, por su naturaleza, con lo ritual o lo religioso, como ser las necesidades laborales, sociales, recreativas, el deporte, el descanso, etc., si se practican con un objetivo y con una manera de conducirse espirituales, se transforman en elecciones morales.

El hecho de tener objetivos en la vida es esencial desde el punto de vista psicológico y desde lo estrictamente judaico. Cuentan acerca del Magguid (así se llama al cargo de aquel que enseña en público) de Koznitz, que desde joven había sido, por tendencia, una persona físicamente débil. Muchas veces se le dio poca posibilidad de sobrevivir las enfermedades que padecía. Sin embargo, vivió hasta muy anciano. Cuando se le consultó acerca del secreto de su longevidad, respondió que siempre había tenido proyectos para llevar adelante. Los músculos quedan atrofiados cuando no se los usa. Luchar por causas dignas, genera fuerzas. (R. Abraham J. Twersky en “Growing each week”) Sin embargo, uno se siente “extraño” o “anómalo” en esta tarea. Al ver que todos los demás están “en otra cosa”, se siente como si no tuviera un lenguaje en común con la gente y se pregunta: ¿no hubieron, acaso, tantos genios que tuvieron ideas meritorias, nobles y muy justas…, y, con el tiempo perdieron vigencia? Todos los que trataron de modificar el orden del mundo para mejorarlo, ¿qué fue de ellos? ¿No se habló en algún momento de “libertad, igualdad y fraternidad”?, ¿no se propuso defender los derechos de los trabajadores? Si pasan los años y la cosa queda igual, ¿qué es, acaso, lo que puedo transformar o corregir yo? Esta clase de planteos quita el deseo de proponerse desafíos morales y desanima a la persona. A su vez, es falsa. No se debe desmerecer el valor de cualquier obra ética, por más insignificante que pareciera. Pues aun si todos los que lucharon por alguna causa honrada y altruista no lograron que su idea se mantuviera, esto no quita la nobleza del acto en su momento. Toda acción bondadosa es válida aun si luego no continúa. Y, a diferencia de lo que muchos creen, las batallas internas – por más que no salgan a la luz del día, son las más difíciles de librar.

Los objetivos de la vida pasan por la corrección de las asperezas internas del alma, por el empeño que cuesta el cumplimiento minucioso de cada una de las Mitzvot, por el trato que se tiene con los que están cercanos a uno y por la ayuda que se pueda brindar a quienes necesitan de uno. Estas cosas cambian al mundo. La suma de muchas personas que obren acertadamente van uniéndose para que la sociedad se modifique para el bien. Sin embargo, existe un razón adicional del porqué las “grandes ideas” de la humanidad no tuvieron el eco que tiene la Torá por todas las épocas. Eso lo podemos aprender, posiblemente, de Koraj, de quien habla la lectura de esta semana. Koraj propuso ante Moshé y el pueblo que “todo el pueblo es sagrado y entre ellos mora D”s, y ¿por qué [Moshé y Aharón] se enaltecen por sobre el pueblo de D”s?” Qué palabras tan nobles! ¿Dónde estaba el error que lo hizo caer? Entre otras cosas fue el motivo que existió detrás de su protesta. Koraj se levantó en contra de Moshé, no por un ideal desinteresado, sino por celos por la posición encumbrada de Moshé y de Aharón. Dado que estaba empujado por la envidia, sus palabras que sonaban justas en un mero pretexto demagógico. Lo mismo sucedió con tantos que reclamaron derechos con una dialéctica muy abnegada, pero que en realidad encubrían ambiciones personales. Así crecieron, y luego desaparecieron. Aun en nuestra época, si bien nos gusta dividir el mundo entre los “buenos” y los “malos”, siendo los buenos todos aquellos que están a favor nuestro y los malos, los que están en contra, podremos observar que aun los estadistas quienes aparentarían perseguir causas nobles en su discurso y a quienes aplaudimos por coincidir en su postura, demuestran tener una vida particular muy deplorable, y no son más que buenos administradores – y nada más. La Torá nos prohibe “matar el tiempo”. Los ideales deben ser el motivo de nuestra vida. Los ideales, incluso, ya están explicitados claramente en la Torá. Depende de cada uno tomar conciencia que la vida no se reduce a subsistir económicamente tratando de sufrir menos y que se puede hacer algo y mucho para mejorar el mundo.

Rab Daniel Oppenheimer http://www.tora.org.ar/www.ajdut.com.ar/default.htm

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Segundo Comentario: Discordia, Diversidad, y Distinción

[Kóraj y su séquito] se congregaron ante Moshé y Aharón y les dijeron: “¡Basta para vosotros! ¡Toda la congregación es santa!… ¿Por qué os alzáis por encima de la congregación de Di-s?”

(Números 16:3)

¿Cuál es una controversia que no es en aras del Cielo? La de Kóraj y toda su compañía.

(Pirké Avot 5:17)

Kóraj, el sublevado primo de Moshé, se ganó la dudosa distinción de padre y prototipo de toda riña y división. Su nombre mismo se volvió sinónimo de la desarmonía y el conflicto. El Talmud hasta llega a proclamar: “Quienquiera se dedica a sembrar la discordia viola una prohibición Divina, pues está escrito[1]: “Y no será como Kóraj y su compañía”[2]; cuando la Torá desea decirnos que no inspiremos disputas ni perpetuemos la desunión, lo hace diciendo: No seas como Kóraj…”.

Pero Kóraj no era ningún peleador ordinario. Era un miembro principal de los Kehatitas, la más prestigiosa de las familias Levitas. Sumándose a su motín contra Moshé y Aharón estaban “doscientos cincuenta hombres de Israel, líderes de la comunidad, de aquellos regularmente convocados a la asamblea, hombres de renombre”[3]. La diferencia entre Kóraj y Moshé era ideológica, motivada por la manera en que entendían la relación de Israel con el Omnipotente y la manera en que sentían que debía estar estructurada la
nación.

Y Kóraj fue mucho más allá de abocarse a la política divisiva comunitaria. Se rebeló contra la autoridad de Moshé y disputó la nominación de Aharón como Kohén Gadol (Sumo Sacerdote) por parte de Di-s. ¿Por qué, entonces, cada pendenciero insignificante es incluido en la prohibición de “no seas como Kóraj”? Obviamente, hay algo en el núcleo de la discusión de Kóraj que es esencia de toda discordia.

Con frecuencia, la antítesis de una cierta cualidad es superficialmente idéntica a ella. Esto es especialmente así cuando se trata de la “raíz” de una cuestión: una distinción del espesor de un cabello entre dos conceptos aparentemente similares se traduce, de hecho, en una diferencia abismal.

Lo mismo es cierto de “paz” y “discordia”. La fuente de toda discordia es algo que erróneamente se parece a la paz auténtica. Es esta pseudo-paz lo que se hallaba en el núcleo de la errada visión de Kóraj, y que en última instancia llevó a su corrupción y catastrófico fin.

¿Qué Quiso Kóraj? ¿Qué es paz? “Tal como sus rostros no son semejantes, así tampoco lo son sus mentes y carácter”[4]. Tal es la naturaleza de la raza humana: individuos y pueblos difieren uno del otro, separados por diferencias de enfoque, orientación emocional, pericia, vocación, y las numerosas demás diferencias, grandes y pequeñas, que distancian a uno del otro.

Frecuentemente, estas diferencias dan origen a la animosidad y el conflicto. Y, con todo, en el núcleo del alma humana está el anhelo de paz. Intuitivamente sentimos que pese a las tremendas (y aparentemente inherentes) diferencias entre nosotros, un estado de armonía universal es tanto deseable como lograble. Pero ¿qué es exactamente la paz? ¿Es la supresión de las diferencias entre hombres y naciones? ¿Es la creación de una sociedad “fraccionada pero igual”, en la que las diferencias se preservan pero sin distinción alguna de “superior” e “inferior”? ¿O no es ninguna de las dos?

Si comprendemos a Kóraj, también comprenderemos la fina línea que separa la auténtica paz de la esencia del disenso.¿Qué era exactamente lo que quiso Kóraj? Sus argumentos contra Moshé y Aharón parecen cargados de contradicción. Por un lado, parece desafiar la institución misma del sacerdocio (kehuná), sosteniendo que “como toda la comunidad es santa, y Di-s está en medio de ellos, ¿por qué os alzáis vosotros por encima de la
congregación de Di-s?”[5] Pero de la respuesta de Moshé[6] vemos que Kóraj en verdad deseó el cargo de Kohén Gadol para sí mismo.

Esta paradoja aparece una y otra vez en diversos relatos del motín de Kóraj, en los midrashím y en los comentaristas. Kóraj aparece como un paladín de la igualdad, criticando vehementemente un “sistema de clases” que jerarquiza niveles de santidad dentro de la comunidad (Israelitas, Levitas, Sacerdotes y el Sumo Sacerdote). Y, sin embargo, en un mismo hálito, ¡argumenta ser el candidato más digno para el Sumo Sacerdocio!

Aguas Celestiales, Aguas Terrenales

En la narración de la Torá de los seis días de creación del mundo por parte de Di-s, la obra de cada día concluye con la declaración: “Y vio Di-s lo que había creado, y he aquí que era bueno”. Cada día, excepto el segundo, aquel en que “Di-s hizo el firmamento [del cielo], y separó entre las aguas que están debajo del firmamento y las que están encima del firmamento”[7].

Explica el Midrash: “¿Por qué no dice “y he aquí que era bueno” respecto del segundo día? Porque en ese día se creó la discordia; como está escrito: “y separará entre agua y agua””.

Sin embargo, el Midrash prosigue señalando que en el tercer día la Torá dice “y era bueno” dos veces, porque “la obra de las aguas”, comenzada en el segundo día, fue terminada entonces. En otras palabras, la división provocada en el segundo día era un fenómeno menos que deseable, pero solamente porque todavía no estaba terminada; en el tercer día, esta discordia misma es considerada “buena”[8].

Nuestros Sabios nos cuentan que los seis días del génesis Divino se corresponden con los seis milenios de empeño humano que le siguen[9]. En ello radica el significado de las palabras del Midrash: en el tercer milenio de existencia del mundo, fue introducido en nuestras vidas el elemento que resuelve los conflictos creados por la diversidad. Este es la Torá, revelada a nosotros en Sinaí en el año 2448 desde la Creación.

La Torá fue “dada para hacer la paz en el mundo”[10]: paz entre los conflictivos impulsos dentro del corazón del hombre, paz entre los individuos, paz entre los pueblos, y paz entre la creación y su Creador.

El Midrash expresa la cualidad pacificadora de la Torá con la siguiente metáfora: Había una vez un rey que decretó: “La gente de Roma tiene prohibido descender a Siria, y la de Siria tiene prohibido ascender a Roma”. Asimismo, cuando Di-s creó el mundo, decretó y dijo: “Los cielos son de Di-s, y la tierra es dada al hombre”[11]. Pero cuando deseó entregar la Torá a Israel, rescindió Su decreto original y declaró: “Los planos inferiores pueden ascender a los superiores, y los superiores pueden descender a los inferiores”[12].

El cisma y decreto[13] de separar lo celestial de lo terrenal, puesto en vigencia por la “división de las aguas” por parte de Di-s en el segundo día de la Creación, fue aliviado, así, en el tercer “día” de la historia con la revelación en Sinaí. Lo material y lo espiritual dejaron de ser dos planos irreconciliables. En ese día, “Di-s descendió sobre el Monte Sinaí”[14], “Y a Moshé dijo: “asciende a Di-s”[15]. Di-s llegó “abajo” para impartir de Su santidad al mundo, y el hombre fue facultado para lograr una proximidad con Di-s.

Pero la Torá no viene a nublar la distinción entre santo y mundano. Ni se empeña en crear una sociedad mundial uniforme. Esto, a duras penas, calificaría como un estado de “paz” más que como podría decirse que una pintura de un único matiz o una sinfonía compuesta enteramente por notas idénticas fueran una creación “armoniosa”.

La Torá hace la paz en el mundo al definir los diferentes roles (hombre y mujer, judío y no-judío, Israelita, Levita y Kohén, erudito e iletrado) para abarcar la misión global de la humanidad.A ello se debe que la Torá esté asociada al número tres: una entidad única o una colección de entidades idénticas, pueden deletrear unanimidad, pero no paz. Si “uno” representa
singularidad y “dos” implica divisibilidad, “tres” expresa el concepto de paz: la existencia de dos entidades diferentes, o incluso antitéticas, pero con la adición de un tercer elemento de unificación que los abraza y satura a ambos, abarcando sus diferencias como componentes diversos pero armoniosos de un entero mayor.
El “tercer día” no deshace la división del segundo. Más bien, introduce un “tercer” elemento todo-trascendente a cuyo servicio aquella división aplica sus propias cualidades peculiares. Y es esta introducción de armonía en la diversidad lo que la “completa” y convierte en “buena”.

Volviendo a Kóraj

En vista de esto, sintió Kóraj, ¿cómo podemos hablar de roles “superiores” e “inferiores” en el mundo de Di-s? ¿Cómo puede decirse que el Sumo Sacerdote sea más excelso que el obrero común? Cierto, la vida del Kohén Gadol está dedicada por entero a empeños espirituales en tanto que el Israelita “ordinario” debe lidiar con la mundanalidad del mercado. Pero “dentro de ellos está Di-s”; ellos sirven al propósito Divino con el cumplimiento de su rol para nada menos que el Kohén Gadol en el cumplimiento del suyo.

Kóraj no se oponía a la división de la comunidad según vocación, ni a la distinción entre lo espiritual y lo material. Todo lo contrario. El mismo anhelaba la senda espiritual del Sumo Sacerdocio, servir al Omnipotente estando totalmente apartado de los asuntos mundanos. Lo que sí disputó era la manera en que Moshé definía la división de roles dentro del pueblo.

“¿Por qué os alzáis vosotros por encima de la congregación de Di-s?”, argumentó. ¿Por qué esta “escalera” de espiritualidad en la que los Moshés y Aharónes de la generación ocupan un peldaño más alto que el granjero que trabaja su tierra o el mercader absorto en sus cuentas? ¿Por qué se dice al judío “ordinario” que vea a Aharón como aquel que lo representa en el Santuario y facilita su relación con Di-s? ¿Está Di-s más cerca del cielo que de la tierra? ¿Es servirlo trascendiendo lo material una parte más importante de la misión de la humanidad que utilizar la existencia material para cumplir Su voluntad? Dame el Sumo Sacerdocio, dijo Kóraj, y yo eliminaré las connotaciones de “liderazgo” y “superioridad” que Moshé y Aharón le han conferido. Para mí, el estilo de vida más espiritual y el más ligado a lo material, y todas las graduaciones intermedias, todas son sendas distintas pero paralelas en nuestro empeño por servir al Omnipotente.

La visión de Kóraj parece el paradigma de la armonía: elementos diversos unificados por una meta común. Sin embargo, al descuidar la incorporación de un aspecto crucial de la concepción de paz de la Torá, se convirtió en fuente de toda discordia y rencilla.El mundo “separado pero igual” de Kóraj podría unir sus diversos componentes en el hecho de que todos sirven a una misma meta global, pero fracasa en la tarea de proporcionar conexión alguna
entre ellos. Los senderos podrían converger en su destino, pero están separados por muros que los aíslan y dividen. Y sin una relación de da-y-toma entre ellos, sin ningún sentido de dónde se posicionan uno respecto del otro, su separación inevitablemente se desintegrará en partidismo y conflicto.

Si volvemos a la parábola del Midrash, la de romanos y sirios, podemos ver dónde se aparta la visión de Kóraj de la definición de paz de la Torá. La diferencia entre los dos planos (material y espiritual) es preservada, pero hay movimiento e interrelación entre ellos. Y su relación se define en términos de “superior” e “inferior”: lo celestial desciende a la tierra, y lo terrenal asciende al cielo.

Como es visto por la Torá, las gradaciones de espiritualidad de los diversos segmentos del pueblo asumen la forma de una “escalera” en la que el individuo ligado a lo material alza la vista hacia su hermano más espiritual, y lo más espiritual se traslada hacia abajo para proveer de dirección e inspiración a aquello ligado a lo material. El granjero da de su producto al kohén; considera este regalo como la parte más sagrada de su cosecha, representativa del foco espiritual de todos sus empeños. El comerciante mira al erudito como un modelo ideal; se siente atrapado y sofocado por las demandas de su vocación y vive para los pocos minutos diarios que logra dedicar al estudio.

Y el líder espiritual desciende para elevar a su comunidad. Di-s define el papel de Aharón como uno que “alza las lámparas”: además de (y a causa de) su servicio espiritual “personal” al Omnipotente, Aharón es la llama que enciende el “alma del hombre, una lámpara de Di-s”[16] convocando su potencial iluminador[17]. Todo esto no es porque quienes cumplen los roles
más espirituales son más importante para el propósito Divino que aquellos que lo sirven mediante su involucración con lo material. Por el contrario, el propósito de Di-s en la Creación es, dicen nuestros Sabios, que “El deseó tener una morada en los planos inferiores”; que el plano inferior de lo material se transforme en un ambiente acogedor y receptivo de Su ser[18]. En la tarea de llevar esto a cabo, aquellos que se encuentran en “el peldaño más bajo” deben jugar el papel más central y crucial. Pero su especialidad radica precisamente en que ellos tratan con los más bajos elementos de la Creación (esto es, aquellos que expresan menos la realidad de Di-s de cualquier manera manifiesta) y los encaminan hacia el propósito superior de servir a su Creador.

En el momento en que el individuo ligado a lo material comienza a sentirse cómodo en su ambiente, en el momento en que cesa su afán de escapar a lo material, ya no puede verdaderamente sublimarlo más; él es ahora parte de éste. Sólo viéndose a sí mismo en el fondo mirando hacia arriba, sólo cuando su involucración con lo mundano se percibe como forzada por la convocatoria del deber en tanto que su alma anhela una existencia más espiritual, se está en posición de elevar verdaderamente el entorno.

Curiosamente, aunque Kóraj desconoció esta conexión “vertical” entre materia y espíritu, él mismo era un ejemplo primario de ella. Su deseo del Sumo Sacerdocio, su anhelo de ascender un peldaño espiritual más que el propio en la escalera, era una ambición positiva[19], y la máxima refutación de su propia “paz” divisiva.

Basado en Sijot de Shabat Kóraj 5718, 5724, 5727

Notas:
1. Números 17:5
2. Talmud, Sanhedrín 110a.
3. Números 16:2.
4. Midrash Rabá, Bamidbar 21:2.
5. Números 16:3.
6. “¿No os basta con que el Di-s de Israel os ha distinguido de la comunidad de Israel para aproximaros a Sí, para llevar a cabo el servicio del Santuario de Di-s, y para alzaros ante la comunidad… que también deseáis el Sacerdocio?” – ibíd. 5-10.
7. Génesis 1:6-7.
8. Midrash Rabá, Bereshit 1:8.
9. Najmánides, Génesis 2:3; así, tal como los seis días de la Creación culminan en un séptimo de retiro y descanso Divino, 6.000 años de logro humano resultan en “el día de Shabat y serenidad eterna”, la era del Mashíaj.
10. Talmud, Guitín 59b; Mishné Torá, Leyes de Janucá 4:14.
11. Salmos 115:16.
12. Midrash Tanjumá, Vaerá 15.
13. La palabra hebrea empleada por el Midrash, guezerá, significa tanto “decreto” como “escisión”.
14. Exodo 19:20.
15. Ibíd. 24:1.
16. Números 8:2.
17. Proverbios 20:27.
18. Midrash Tanjumá, Nasó 16. “De esto se trata el hombre”, escribe Rabí Shneur Zalman de Liadí en su Tania, “éste es el cometido de su creación y de la creación de todos los mundos, superiores e inferiores: que Di-s tenga un lugar de morada en este mundo inferior” (Tania, Cap. 36).
19. Esto explica por qué toda una sección de la Torá (Números 16-18) lleva el nombre de “Kóraj” – el nombre de un pecador. Porque debemos derivar los aspectos positivos del acto de Kóraj, su anhelo de una existencia más espiritual que la propia, y aplicarla a nuestras vidas
.

(Selección extraída del libro “El Rebe Enseña” (c) Kehot Sudamericana. Adquieralo en www.libreriajudaica.com)

Parashá KORAJ. 5 TAMUZ 5769 (27 de Junio de 2009)

Resumen de la Parashá

Dentro de la congregación, un grupo de levitas dirigidos por Kóraj y otro de la tribu de Reubén comandados por Datán, Aviram y On, se levantaron contra Moshé y Aharón. Participaron en la rebelión, doscientos cincuenta hombres y ambos grupos reclamaban para sí, el liderazgo en reemplazo de Moshé.

Moshé Dijo a Kóraj y su gente que esperaran un día, hasta la mañana siguiente, en que el Eterno haría saber quién sería el líder. Moshé indicó cómo se demostraría el deseo del Todopoderoso.

Hashem ordenó que el Pueblo se alejara de las tiendas de Kóraj, Datán y Aviram. Entonces Moshé dijo al Pueblo que si los rebeldes morían de muerte natural, significaría que Moshé no sería el enviado de Hashem, pero si ellos fueran tragados por la tierra, Moshé sería confirmado como líder del Pueblo de Israel.

No bien Moshé terminó sus palabras, la tierra se abrió y tragó a los rebeldes y todos sus bienes. El resto de la congregación huyó asustada por lo ocurrido.

No obstante al día siguiente los Benei Israel comenzaron a murmurar sobre Moshé, como responsable de la muerte de Kóraj y sus seguidores. Pero por medio de una plaga fueron castigados, muriendo catorce mil setecientas personas. Moshé ordenó a Aharón tomar el incensario y poner en él fuego del altar y transitarlo por la congregación a modo de expiación por el Pueblo, cesando así la plaga.

Moshé ordenó a cada jefe de tribu que entregaran a Aharón un bastón por cada tribu y éste debía grabar el nombre de la tribu en esos bastones. El bastón de la tribu de Leví debía llevar grabado también el nombre de Aharón. Todas las varas debían ser colocadas en el Tabernáculo. Al día siguiente, Moshé entró al Tabernáculo y vio que solamente el bastón de la tribu de Leví, donde estaba escrito el nombre de Aharón, había florecido con almendras, lo que indicó que el Todopoderoso había elegido a Aharón como Cohén Gadol de manera irrefutable. Este bastón fue mantenido frente al Arca como señal para las futuras generaciones sobre la rebelión contra Aharón.

El Eterno señaló que, dado que los Cohanim y los Leviim no tendrían tierras cuando entraran a Eretz Israel, ellos serían mantenidos por contribuciones del Pueblo. Así, los Cohanim recibirían bicurim (las primicias de los frutos), pidión bejorim (el rescate de los primogénitos), diversas ofrendas. Los Leviim recibirían el maaser rishón (el diezmo de lo producido por cada persona).

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