Matot(Números 30:2-32:42)

A los Ojos del Hombre y de Dios

Los hijos de Gad y los hijos de Reuven vinieron y hablaron con Elazar el Cohén y los líderes de la asamblea, diciendo, “Las tierras de Atarot, Dibon, Jazer, Nimra, Heshbon, Eleale, Sebam, Nebo y Beon. Las tierras que Dios conquistó delante de la asamblea de Israel – son tierras aptas para ganado, y tus siervos tienen ganado”. (Números 32:2-4)

Tanto el pedido de Gad y Reuven de la tierra al lado este del Jordán y la respuesta de Moshé, son muy difíciles de entender por una variedad de razones. Ellos presentaron su pedido en un orden extraño. Primero le presentaron a Moshé la lista de las ciudades. Luego agregaron que la tierra era buena para pastar y finalmente que ellos tenían mucho ganado.

Esto es seguido por un párrafo cerrado (parashá stumá), como si ese tema particular hubiera terminado y uno nuevo comenzara. Sólo después de esa interrupción, ellos piden abiertamente lo que estaba en sus mentes aparentemente desde el principio: “Danos esta tierra y permite que nosotros nos quedemos en este lado del Jordán” (Números 42:5). Primero ellos deberían haber hecho su pedido, luego deberían haber explicado el porqué y sólo entonces deberían haber presentado una lista de ciudades.

La respuesta de Moshé también desafía el entendimiento. Primero, él parece asumir que ellos estaban asustados de entrar a la Tierra de Israel, así como los espías. Aparentemente no hay ningún intento de juzgarlos favorablemente; ellos son simplemente acusados sin ninguna exploración de sus motivaciones.

Sólo cuando ellos ofrecen dejar a sus esposas, hijos y ganado en las ciudades fortificadas en Transjordania, Moshé acepta la oferta. Esto también es desconcertante, ya que el miedo principal de los espías era que sus esposas e hijos murieran en la conquista de la tierra, y ahora Gad y Reuven estaban tratando de eximir a sus familias del peligro. Si Moshé sospechó que ellos compartían el espíritu de los espías, ¿por qué permitirles dejar a sus familias en la seguridad de Transjordania?

* * *

Efecto Desmoralizante

Me parece que la clave del entendimiento de esta secuencia radica en el lenguaje preciso de la respuesta de Moshé. Si Gad y Reuven cumplían su palabra de ir delante del resto de la nación a la guerra, Moshé les dijo, “Ustedes serán puros y libres de culpa ante los ojos de Dios y ante los ojos del pueblo judío” (Números 32:22). Los Sabios derivan de estas palabras que una persona no debe actuar de una forma tal que cause que otros sospechen que pecó. Todo el concepto de marit ayin  está basado en esta fuente. A pesar de que un judío debe juzgar a los otros judíos favorablemente, eso no es una licencia para levantar sospechas innecesarias que causen que otros lleguen a falsas conclusiones.

A la luz de este concepto, todo el intercambio adquiere un enfoque completamente distinto. Las dos tribus se dieron cuenta que su pedido podía levantar sospechas. Por eso en un comienzo sólo le insinuaron su pedido a Moshé en vez de hacerlo expresamente. Ellos esperaron que Moshé por motivación propia hiciera la sugerencia de que ellos se quedaran en Transjordania y con eso los absolviera. Por eso ellos empezaron con la lista de las ciudades, con la esperanza que Moshé mismo reconocería la idoneidad de esas tierras para sus grandes rebaños.

Cuando Moshé permaneció en silencio, ellos fueron más explícitos, agregando que esas ciudades estaban rodeadas por tierras ricas para pastar y que ellos tenían grandes ganados. En ese punto ellos terminaron su presentación, tal como está indicado por el párrafo cerrado del cual hablamos anteriormente (parashá stumá). Sólo porque Moshé siguió en silencio, ellos no tuvieron otra opción que hacer su pedido final explícitamente.

Por su parte, Moshé entendió sus intenciones desde el comienzo. Pero sintió que sin importar quien verbalizara la sugerencia de permanecer en Transjordania, eso tendría un efecto desmoralizante. Él no pensó que sus intenciones reales eran malas, pero quería que Gad y Reuven entendieran cuán sospechoso parecía su pedido superficialmente. Dado que la aparente sospecha de cobardía era todo el problema que Moshé estaba combatiendo, fue suficiente que las dos tribus ofrecieran liderar el ejército judío en la batalla para remover esa sospecha.

* * *

Sospechas Injustificadas

Aprendemos de esta parashá cuán cuidadosos debemos ser para considerar el efecto de las propias acciones en relación a otros. El Maharil Diskin explica que nosotros juzgamos a otros favorablemente por nuestro bien tanto como por el bien de los otros. La mayoría de las personas están altamente influenciadas por el comportamiento que presencian. Cuando juzgamos lo que los otros hacen de una forma favorable, elevamos el nivel de nuestro entorno a nuestros propios ojos y prevenimos que nos influencie negativamente. Más allá de eso, uno no debe ser un obstáculo, causando que otros alberguen una sospecha injustificada.

La Mishná (Avot 2:1) nos dice que debemos escoger el camino de servir a Dios que trae gloria y aprobación tanto de Dios como del hombre. La Torá y las mitzvot no son un dominio privado propio; uno tiene la obligación de fortalecer la Torá y las mitzvot de otros al ser un buen ejemplo.

Tal vez ese es el significado del siguiente Midrash (Vaikrá Rabá 34:8):

Rav Itzjak dijo que la Torá nos enseña derej eretz (comportamiento adecuado). Cuando uno realiza una mitzvá debe hacerla con alegría. Porque si Reuven hubiera sabido que la Torá iba a registrar que él intentó salvar a Yosef de sus hermanos, él lo habría cargado sobre sus hombros y hubiera corrido a casa.

Y si Aarón hubiera sabido que la Torá registraría que él saludó a Moshé con un corazón alegre después de que (Moshé) fue elegido para ser un Redentor, él habría ido (hacia él) con tambores y platillos.

Y si Boaz hubiera sabido que la Biblia registraría que él le dio a Rut un trigo seco para comer, él le hubiera ofrecido un banquete.

Cuando uno hace algo para enseñar a otros, lo hace de una forma mucho más clara que si lo hiciera sólo por su propio beneficio. Si Reuven, Aarón y Boaz hubieran sabido que sus acciones no eran solamente de su interés privado, sino que serían registradas en la Torá como una lección para la posteridad, ellos las habrían realizado con mucha más intensidad y celo.

Derej eretz es cualquier cosa que promueve y fortalece la sociedad. Por eso las relaciones maritales, los negocios y el comercio y las buenas características del carácter son todos aspectos del derej eretz. La lección de Rav Itzjak es que debemos realizar la mitzvá de tal manera que nuestra alegría por la mitzvá sea obvia, porque de esa forma inspiramos y fortalecemos a otros en su observancia de las mitzvot.

El Midrash de Rav Itzjak concluye que incluso hoy en día el Profeta Eliahu y el Mashiaj están aún registrando cuentas sobre todas nuestras acciones para ser incluidas en futuros libros sagrados. Esos trabajos son sellados y firmados por Dios mismo. De esto aprendemos que nuestras acciones no son algo solamente entre nosotros y Dios, sino que deben ser de tal manera que despierten respeto y admiración de la sociedad para promover la observancia de la Torá.

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Parashá Matot (Tribus) – Masé (Marchas). 28 TAMUZ 5770 (10 de Julio de 2010).Parashá y actualidad


Parashat Matot: Los hombres del mañana

Si quisiera fundarse una nueva sociedad, que sin duda tomaría el ambicioso nombre de Los hombres del mañana, no pocos se creerían dignos merecedores de ocupar el cargo presidencial. Cada uno presentaría su curriculum vitae con su trayectoria, que justificaría su preeminencia para dicho puesto.

Pero no cualquiera podría formar parte de la sociedad. Los requisitos serían rigurosísimos. Así se desprende del relato de uno de sus posibles fundadores (quien además aspira ser su primer mandatario):

Un día, al llegar a casa, encontré sobre mi escritorio una carta que me enviaba un gran amigo de la infancia. Me invitaba al casamiento de su hijo. A la boda no podía asistir, cientos de kilómetros nos separaban. Por eso decidí, aún con la carta en la mano, que debía escribirle unas líneas expresando profundos deseos de prosperidad y bienestar a la nueva pareja y asimismo mis disculpas por no concurrir.

El bolígrafo y las hojas estaban a mi lado, sin embargo me pareció conveniente dejar la redacción para después de la cena. Aclaro, para que no se me juzgue erróneamente, que tengo facilidad para escribir; hasta diría que me gusta hacerlo. Pero acabada la cena, y a pesar de que sabía que la carta me aguardaba, el cansancio me venció. Resolví dejarlo para la mañana, después del desayuno.

No obstante, la mañana siguiente me desperté unos minutos más tarde que de costumbre, motivo por el cual ya no me quedó tiempo para acometer la carta. “Sin falta”, me dije camino de la oficina, “sin falta esta noche me siento a escribirla”. Sólo que por la noche mi vecino me pidió que lo ayudara con la mudanza, y al regresar ya no tuve ánimo de escribir…

Transcurrieron varios meses. La pareja ya estaba por abrazar a su primer hijo; yo sentí que ahora no tenía ya sentido enviar unas palabras de felicitaciones.

Al reflexionar sobre el motivo que me había llevado a esa situación, llegué, después de descartar muchas hipótesis, a la simple conclusión siguiente: el haber dejado pasar el primer momento, cuando tuve la oportunidad y el tiempo para escribir la carta, fue causa de mi dejadez posterior. Nunca faltan justificativos para postergar nada.

Otro de los postulantes a la presidencia también nos refiere una de las tantas historias que experimentó en vida:

Comenzada otra semana de rutina, salí de mi departamento para ir al trabajo. En mi buzón había una citación del correo para que fuera a buscar un paquete a mi nombre. Miré el sobre nuevamente y advertí que el destinatario era un vecino de la cuadra y no yo. Me sobraban unos minutos, podía dejársela en su buzón, pero opté por ir a la oficina y entregársela personalmente al regresar. Guardé la citación en el bolsillo, para no olvidarme.

Al regresar del trabajo decidí cenar primero y luego hacerle a mi vecino el gran favor de darle la nota. Ocurrió sin embargo que acabada la cena, mi hijo no se sentía bien; decidimos con mi esposa llevarlo al médico. El día siguiente otro percance me impidió ir a lo de mi vecino, y así pasaron algunas semanas.

A veces, al despertar, me decía: “¡Basta! ¡No es posible!”, pero continuaba sin cumplir con mi obligación. Hasta que una mañana, en un arranque de furia contra mi propia pereza, salté de la silla, corrí a casa del vecino y le entregué la nota. El hombre me agradeció amablemente; luego agregó que le habían enviado otra citación y que ya había recogido el paquete. No hace falta gran imaginación para adivinar mi sensación en aquel momento. Al analizar lo sucedido, llegué a la conclusión de que todo comenzó cuando, teniendo la oportunidad de hacerlo, me dije: “Después, más tarde”.

Estos relatos reflejan nuestra frecuente conducta, que nos excluiría para siempre de la Sociedad del Mañana. Quien más, quien menos, todos tenemos un poco de estos personajes. En muchas ocasiones de la vida, e incluso sin darnos cuenta a veces, dejamos pasar las cosas, diciendo: “Después, mañana”. Este defecto no sólo nos afecta en nuestra vida material, sino que también, para mayor desgracia nuestra, en el terreno espiritual. Pero no sería tan grave si cumpliríamos al fin con el fatal “mañana”; la dolorosa realidad es que ni siquiera eso hacemos: ese mañana nunca llega. Se nos presenta la oportunidad de hacer una mitzvá y la postergamos (incluso con pretextos reales, lógicos); el tiempo transcurre y acabamos perdiéndola irremediablemente. La única manera de poder desarraigar este defecto es aprendiendo de quienes lo tuvieron y lo superaron.

En nuestra parashá, D”s manda a Moshé reunir un ejército para vengarse de los midianitas y le revela que inmediatamente después de obtener la victoria, fallecería. Lo que no le dijo es en qué momento específico presentar batalla: eso debía decidirlo Moshé mismo, cuando le placiere.
Como puede fácilmente comprenderse, la disyuntiva en que se encontraba Moshé era grande. Estaba ansioso por cumplir lo antes posible la orden de D”s; ello, no obstante, significaba el fin de su vida. El versículo siguiente nos dice que Moshé no se demoró y que comenzó sin tardanza a organizar un ejército para salir a la guerra. La pregunta que surge es: ¿Por qué Moshé no dejó pasar el tiempo? Si D”s hubiese querido que él salga a la guerra en un momento determinado, ¿No se lo hubiese dicho?

Esta es justamente la respuesta: como D”s, bendito Él y bendito Su Nombre, sabía que para Moshé la situación no podía ser fácil, no estipuló un tiempo determinado para cumplir con Su orden. Moshé, por su parte, no hizo cálculos, sino llevó a cabo la voluntad de D”s lo antes posible, aun (y acaso en especial) cuando eso conllevaba un costo tan caro para él.

Nosotros, demás está decirlo, no estamos en la categoría espiritual en la que se encontraba Moshé Rabenu; pero debemos, en la medida de lo posible, aplicar sus enseñanzas, imitarlo en nuestro propio nivel. Así como él no dejó pasar la oportunidad de cumplir con una mitzvá, lo mismo debemos hacer nosotros. No postergar la oportunidad de cumplir cada mitzvá que se nos presenta, aunque estemos seguros de que después podremos hacerla.

Así, y si el Santo, bendito Él, nos asiste, lograremos aprovechar el presente y también el futuro, y podremos aspirar a pertenecer a la Sociedad del Mañana que prescribe nuestra sagrada Tora, fuente de toda vida.

Parashat Masé: La clave de la educación

En nuestra parashá, D”s manda al pueblo de Israel destinar, una vez conquistada la Tierra, tres ciudades-refugio a lo largo de todo el territorio, para que quien habiendo, sin intención, matado a otro judío no fuera víctima del dolor sordo de los familiares del fallecido. Todos los caminos del país debían estar correctamente señalizados con claros letreros que indicaban cómo llegar a una ciudad-refugio.

No obstante, paradójicamente, en los caminos del país no había ninguna señalización que indicara cómo llegar al Bet Hamikdash. Pero si para las ciudades-refugio, que como es de suponer no se usaban con frecuencia, había señales cada tantos metros, para el mismo Bet Hamikdash, que continuamente era visitado por miles de personas, ¿Cómo es posible que D”s, bendito Él, no exigió poner letreros?

Aquí, sin embargo. El quiso enseñarnos un secreto fundamental tocante a la educación de nuestros hijos.

La Tora nos muestra en más de una oportunidad hechos aparentemente triviales; estos, sin embargo, pueden contener un gran mensaje con respecto a la educación. Así, el motivo por el cual los caminos debían estar señalizados en el caso de las ciudades-refugio, es el siguiente: la Tora quiso con ello evitar que el asesino preguntara pueblo por pueblo dónde quedaba la ciudad-refugio, ya que los niños, primeros destinatarios de toda pregunta por un sitio, al encontrarse con frecuencia en la calle, comenzarían a inve-tigar el motivo que lo llevó a escaparse, y sabrían que existe algo llamado “asesinato”. Y siendo que los niños recuerdan cada información, por mínima que sea, que llega a sus oídos, había que intentar inculcarles sólo valores positivos, dado que desgraciadamente los negativos se adquieren por sí mismos con el correr del tiempo.

Mediante esta explicación podemos entender también por qué no habían carteles señalizadores que indicaban cómo llegar al Bet Hamikdash: pues así, las miles de personas que asiduamente se dirigían al Templo deberían preguntar constantemente qué camino debían tomar para llegar allí.

De esta forma, los niños veían que los judíos llevaban ofrendas al Templo y enseguida iban a preguntar a sus padres para qué y por qué se llevaban los animales. Entonces, al responder, sus padres se verían obligados a explicarles que no se debe pasar por sobre la palabra de D”s, aunque quien lo hacía tenía al fin, porque su misericordia es grande, la posibilidad de remediar la situación mediante un sacrificio en el Templo, en lerushalaim.

Con lo cual aprendemos cuan grandes y decisivas pueden llegar a ser las vivencias en la educación de nuestros hijos, aun las más triviales a nuestros ojos.

En Pirké Avot (4,25) se compara al niño con una hoja en blanco, nueva, donde todo lo que se escribe en ella se lee claramente, y aunque se borre, siempre quedarán las huellas de lo escrito anteriormente.

Lo mismo con nuestros hijos. Cada dato que absorben, mientras son pequeños, se graba muy fuerte en su mente y aun en su subconsciente. Por más esfuerzos que hagamos, después, para borrar lo negativo y dejar lo positivo, nada lograremos: la marca persistirá en ellos para siempre, e ignoramos las consecuencias que acarreará.

Es nuestra función prevenirlos, protegerlos, y la única manera de hacerlo consiste en inculcarles valores verdaderos desde pequeños.

El ministro de tránsito de Israel reunió a los profesionales más entendidos en la materia, para tratar de buscar una solución a los accidentes de tránsito, que como sabemos, aumentan aquí día a día.

Se presentaron algunas ideas:

Aumentar la cantidad de patrulleros que vigilen sólo el tránsito.

Entregar la licencia de conducir sólo a partir de los 21 años de edad.

Los primeros seis meses después de haberla recibido, no se podrá conducir sin un acompañante experimentado. Desarrollar un sistema que bloquee los motores que viajan a más de 100 Km/h.

Pero después de analizar estas ideas y muchas otras más, se llegó a la conclusión de que ninguna de ellas sería efectiva, pues la única manera de prevenir accidentes de tránsito es llevar a los conductores a que tomen conciencia de que tanto sus vidas como las de los demás dependen sólo de ellos mismos. Mientras esto no se logre, nada ayudaría.

En base a esta conclusión, la campaña tomó otro rumbo. Se citaron a los más importantes psicólogos para tratar de encontrar el modo de llegar a la conciencia de los conductores. Luego de varias semanas de analizar la situación, el ministerio decidió comenzar una gran campaña consistente en mostrar películas de accidentes automovilísticos para así tratar de impactar a los conductores.

Han pasado ya varios años y, lamentablemente, los resultados no son satisfactorios. El problema sigue existiendo; todos piensan: “Es verdad, hay accidentes de tránsito, pero a mí no me ocurrirá nada”.

Este simple ejemplo refleja de alguna manera lo que explicamos anteriormente. El niño que desde muy pequeño oyere a su padre decir lo peligroso de conducir a grandes velocidades y que observare que su padre se cuida de no hacerlo, probablemente seguirá esa conducta cuando él mismo tenga un auto. Pero si el niño viere que su padre conduce a velocidades más altas que las permitidas (aunque sólo cuando hay prisa) no pensará que él debe conducir mejor que su padre, al considerar que el tener prisa es un justificativo válido para poner en peligro su vida, la de sus acompañantes y la del resto de las personas que están en la calle con vehículo o a pié.

Una buena educación desde la más tierna infancia es sin duda la mejor campaña de prevención ante cualquier cosa, pues el ejemplo de nuestros actos tiene el poder de educar a nuestros hijos para bien o lo contrario.

Aunque no nos demos cuenta, los niños analizan cada acción de los padres. Si nuestro comportamieto es acorde a los mensajes que tratamos de transmitir a nuestros hijos, podremos inculcarles fácilmente los verdaderos valores que enseña la Tora, y por más alejada que esté la sociedad de ellos, nuestros hijos seguirán apegados a nuestras raíces.

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Parashá Matot (Tribus) – Masé (Marchas). 26 TAMUZ 5769 (18 de Julio de 2009).

QUE EL MASHIAJ SE LLEVE A LOS PIRATAS

Otro año, y otro año, y el Mashiaj no viene, el Beit Hamikdash continua en ruinas, y nosotros volvemos a entrar en “duelo” en estas tres semanas, en los días conocidos como “Ben Hametzarim”. Las costumbres del duelo en estos días van en aumento. Desde el 17 de tamuz hasta el principio del mes de “ab”, tenemos un duelo, al que podemos llamar “leve”. Desde “Rosh Jodesh” en adelante (para los ashkenazim), o en la semana en que cae Tisha Beab (para los sefaradim), el duelo se vuelve mayor. La víspera de Tisha Beab tiene leyes particulares. Y el momento más grave es el día de Tisha Beab.

Las costumbres del duelo, quieren hacernos ver, o sentir, por lo que ahora nos falta. Pero, en verdad, durante todo el año tenemos preceptos “en recuerdo del jurban”. Frente a la entrada de nuestras casas dejamos un cuadrado de 60 cm. de lado sin revoque, en los compromisos rompemos un plato, en los casamientos rompemos un vaso y ponemos ceniza en la cabeza del novio, todo en recuerdo de nuestro Beit Hamikdash. Está prohibido “llenar” nuestras bocas con risas, tampoco se puede cantar mientras se toma vino, y otros preceptos que tienen todos en común disminuir las alegrías, sabiendo que nuestro Beit Hamikdash todavía está en ruinas…

Podemos suponer que si hubiéramos vivido en la época de la destrucción del Beit Hamikdash, nuestra “relación” con el jurban sería totalmente distinta. Trae el Midrash, que cuando estaban destruyéndolo, muchos de los Cohanim que lloraban allí se arrojaban al fuego. Y escuchamos en nombre del rab hagaon Iejezkel Levinstein ztz”l, que decía que era muy comprensible que los Cohanim se tiraran al fuego, lo que no se podía entender era como había algunos que “no se tiraban”! Vemos entonces que quienes “vivieron” la destrucción, quienes la vieron con sus ojos, tuvieron un sufrimiento muy, pero muy profundo. Y con el paso de los años, se hace cada vez más difícil sentir lo que sería digno sentir por Ierushalaim y el Beit Hamikdash.

El “Ramó”, cuenta en su libro “Torat Haola”, que platon, el gran filósofo griego, fue a Ierushalaim junto con nebucadnetzar. Después de la destrucción del Beit Hamikdash, pasaron por entre las ruinas y vieron a Irmiahu Hanavi sentado, llorando por la destrucción.

Platon se asombró: ¿cómo puede ser que vos, Irmiahu, el gran sabio y profeta, llora por unas maderas y unas piedras? Y agregó otra pregunta: ¿cuál es la finalidad del llanto, el Beit Hamikdash ya está destruido, y no es digno de un sabio llorar por el pasado?

Irmiahu le contestó con una pregunta: ¿Acaso tienes dudas filosóficas que ninguna persona pueda resolver? Parece que tu ciencia no alcanza para comprender la gran sabiduría de la Tora. Pero vos hacés creer a todo el mundo que tu ciencia es lo más grande, ¿cómo es posible que entonces tengas dudas?

Desde luego, contestó, tengo muchísimas dudas que ni yo ni nadie en el mundo puede contestar…

Vamos a ver, empezá a preguntar, inquirió Irmiahu, mostrame tus dudas que estoy preparado para aclarártelas una por una!

Y como dijo, así fue. Platón preguntó e Irmiahu contestó como si las preguntas no fueran preguntas. El gran filósofo quedó helado, y llegó a pensar que estaba parado frente a un “extraterrestre”, ya que de acuerdo a su sabiduría no había persona que pudiera contestar sus preguntas, entonces, por la deducción de un sabio, sin ninguna persona en el mundo podía contestar sus preguntas, y el profeta contesó, entonces Irmiahu no podía ser una persona…

Vos estás sorprendido por mis respuestas, pero más te va a sorprender el saber que toda la sabiduría que te acabo de mostrar la adquirí de estas maderas y piedras! Esto responde tu primera pregunta (por qué lloro sobre maderas y piedras). A tu segunda pregunta, de como un sabio llora por el pasado, no puedo contestarte porque no estás preparado para comprenderlo.

El Saba Mikelem agrega sobre la segunda pregunta, que es muy sencilla su respuesta. Nosotros no lloramos por el pasado, lloramos por el futuro, para que las puertas de las lágrimas no se cierren, y que por el mérito de éstas podamos ver el Beit Hamikdash construido. Irmiahu no le contestó, porque este gran filósofo griego nunca podrá entender esto. Por eso, dice el Saba, debemos “despertarnos” y apreciar cuán grande es la santidad del alma de un iehudi. Una cosa tan simple que cualquier iehudi puede entender, para el más sabio de cualquier otro pueblo resulta incomprensible, inalcanzable…

De todas formas, el llanto de Irmiahu, nos muestra el sentimiento de la generación que “vivió” el jurban Beit Hamikdash. La forma de vida mientras el Beit Hamikdash estaba en pie, y la tristeza del después, era como decir “blanco y negro”.

Esto también se reflejaba en la santidad, en la pureza y en la calidad del estudio y del entendimiento de la Tora. Sobre esto está escrito en la Meguilat Eja: “cuando vivimos gobernados por otros pueblos, no hay Tora”, mostrándonos que el entendimiento de la Tora se debilita, mientras estamos viviendo en el destierro. Y este es el motivo por el cual, cuando pedimos que se reconstruya el Beit Hamikdash, agregamos y pedimos tener nuestra parte en la Tora, porque una cosa depende de la otra: sheibane Beit Hamikdash bimera beiameinu… veten jelkenu betorateja, que se construya el Beit Hamikdash y que Hakadosh Baruj Hu nos entregue nuestra parte en Su Tora…

Y nuestra situación, lamentablemente, se compara con la de los animales en el zoológico… Cuando “cazan” a un animal y lo llevan al Zoo, este animal no piensa en otra cosa que escaparse, no puede soportar la jaula, quiere su vida en libertad. Pero sus hijos, y las generaciones siguientes, que nacieron “allí”, y no sintieron jamás lo que es la libertad, no piensan en escapar. Así también David Hamelej nos muestra esta situación en su Mizmor: “ani abdeja ben amateja…”, si yo fuera el esclavo que vendieron, pensaría en escapar, ahora que soy la segunda generación de esclavos, no hace falta atarme, no tengo intenciones de escapar…

Estos ejemplos nos muestran que estamos muy lejos de sentir “algo” por el Beit Hamikdash, al menos si hubiéramos escuchado de alguien que lo vivió, o de alguien que escuchó de alguien…, pero después de un destierro de 2000 años…

El gaon hatzadik Eliahu Lupian ztz”l solía contar que en su juventud había gente que iba a los Beit Haknesiot en estas semanas, a decir el Tikun Jatzot, y ¿quiénes iban?… todos, o casi todos! Se sentaban en la tierra y lloraban. Hoy puede ser que algunos elegidos estén preparados para sentarse y llorar en Tisha Beab… Más años pasan, más difícil sentir…

Cuentan sobre rabi Najum Mishernobil, que recorría los pueblos tratando de acercar a los iehudim al Todopoderoso. Un día, al llegar a una pequeña aldea, se dirigió a una hostería familiar para pasar la noche que era propiedad de un iehudi muy sencillo. En la mitad de la noche se despierta la señora del dueño y le dice al marido: “andá rápido al cuarto del iehudi que llegó hoy, y fijate qué le pasa. Escucho llantos que vienen de su pieza. Y nuestra obligación es preocuparnos por la salud de nuestros hospedados, que están bajo nuestro techo.”

El hombre entró al cuarto de rabi Najum y lo vio sentado en el suelo llorando. ¿qué le pasa, rabi iehudi?… Está todo bien, contestó rabi Najum, ¿sabés por qué estoy llorando? Porque estoy diciendo el Tikun Jatzot.

En mi vida escuché semejante cosa, dijo el hostelero.

Rabi Najum le preguntó: ¿acaso no sabés que nosotros teníamos el Beit Hamikdash, y que fue destruido?, ¿no sabés que desde entonces estamos en el destierro y rodeados de sufrimientos? Por eso lloramos por este destierro y rogamos por la pronta venida del Mashiaj. ¿O acaso tampoco querés que venga el Mashiaj y que subamos todos a Ierushalaim?

Las últimas palabras ya molestaron un poquito al dueño de casa, no entendía de lo que hablaba rabi Najum y se sintió avergonzado al no saber nada: yo no sé si queremos subir a Ierushalaim, me aconsejaré con mi esposa…

Fue y le contó todo a la esposa y ella le dijo: andá y decile que nosotros nos quedaremos aquí, no podemos asociarnos en el viaje a Ierushalaim, no tenemos con quien dejar a nuestras ovejas y gallinas…

Aparentemente, era tan sencillo este hombre, que no sabía dar un paso sin preguntarle a su esposa. Cuando el hombre volvió con los dichos de su señora, rabi Najum le preguntó, ¿y qué van a hacer si vienen los piratas (que abundaban en ese lugar) y les roban todas sus pertenencias?, ¿alquien puede asegurarles que después de que ellos pasen por aquí ustedes queden con vida?…

El hombre, nuevamente sin respuestas, volvió a pedirle permiso al rab para consultar la situación con su señora y ésta le mandó a decir: si es así, que el Mashiaj se los lleve a los piratas a Ierushalaim, y nosotros nos quedaremos acá…

Esto que parece cómico es por demás triste, porque pone de manifiesto cuán lejos estamos de esperar al Mashiaj. Veámonos un poco por dentro, y encontraremos que no somos mejores que el hombre del relato. ¿Acaso nosotros esperamos en verdad la llegada del Mashiaj? Seguro, pero también queremos que, mientras tanto, nuestra situación particular esté cada vez mejor. Que nuestra vida espiritual sea “rica”, que podamos crecer espiritualmente y por supuesto, también materialmente. Queremos que no haya más guerras. Queremos que no haya pobreza. Que tengamos salud… Pero como todo esto que queremos, lo queremos aunque el Mashiaj no llegue, puede ser que nos estemos conformando sólo con esto.

Entonces, ¿somos realmente diferentes a la pareja de hoteleros? La esperanza en la venida del Mashiaj es fundamental para poder ver el Beit Hamikdash reconstruido y para poder vivir una vida espiritual totalmente opuesta a la nuestra.

Lekaj Tob.

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Parashá Matot (Tribus) – Masé (Marchas). 26 TAMUZ 5769 (18 de Julio de 2009).COMENTARIOS.

Primer comentarioLos Obstáculos fortifican

Las tribus de Israel son llamadas en la Torá con dos nombres: SHBATIM y MATOT, cuya significancia simple es: ramas de un árbol. Shebet se refiere a una rama frágil, que aún está unida al árbol, mientras que Maté es un palo fuerte hecho de una rama que ya ha sido cortada. Ambos nombres nos muestran dos situaciones del Pueblo de Israel: el “árbol” del cual han sido extraídas las almas de los iehudim, es su Fuente Original, Hashem.
Cuando la relación entre las almas y Di-s está revelada éstas son llamadas Shbatim, pero cuando esta unión está oculta y desde un punto de vista externo no se ve, los iehudim son llamados Matot.

Relación limitada

En general la primer situación (shebet) se relaciona con el alma cuando ésta aún no ha descendido a este mundo y no se ha envestido en un cuerpo.

Está allí en un ámbito totalmente espiritual y elevado, apegada totalmente a Di-s, tal como la rama lo está al árbol. Pero después que el alma desciende a este mundo, dentro de un cuerpo físico, ya no siente su relación intrínseca con la Fuente, es decir, Di-s. Inclusive puede existir un sentimiento de desconexión, ya que el cuerpo y los instintos físicos luchan contra el alma y tratan de obstaculizar su relación con Hashem, pareciéndose a un Maté (palo)que fue cortado del árbol.

Afirmación y fortaleza

Analizando lo antedicho notamos que cuando la rama aún está unida al tronco se encuentra débil y blanda, y aparentemente luego de ser cortada adquiere mayor vigor y fortaleza, incomparable a su estado anterior. Y esto es, en realidad, el motivo del descenso del alma a nuestro mundo material, ya que justamente a través del aparente desprendimiento de la Fuente Divina, el alma revela un vigor y fortaleza colosales llegando a un nivel más elevado aún, ya que los obstáculos y el instinto del mal despiertan al “Maté” del alma que se empecina en permanecer unida a pesar de todo a Hashem, haciendo que su lazo con Él sea mucho más profundo.

El propósito de la destrucción

Todo esto es aplicable a nuestros días también. En la época en que el Beit Hamikdash (Gran Templo de Jerusalem) estaba en pié, la Santidad iluminaba en forma revelada, reflejando la situación de Shebet. Pero luego de la destrucción, cuando el pueblo judío fue llevado al duro exilio donde reina una intensa oscuridad, nos parecemos al Maté, teniendo que sacar a la luz todo nuestro potencial interior, para poder enfrentar todos los impedimentos y pruebas de esta época que nos toca vivir. Encontramos una señal de esto en el hecho que esta Parshá es leída en “las tres semanas de duelo” que se extienden del 17 de Tamuz a Tishá beAv, quedando a la vista el verdadero sentido del galut (exilio), es decir, ¡lograr que emerja el Maté de nuestra neshamá, llegando a la revelación completa del Honor de Di-s, con la llegada del Mashíaj.

(Likutei Sijot, tomo 18, pag. 382. De las Enseñanzas del Rebe de Lubavitch)

Segundo comentario – Cuando hablamos por demás

“¿Estás seguro que tenés ganas de venir a pasear?” – pregunta Jaim. “Te juro que sí!” – responde Rafael con seguridad, tratando de dejar tranquilo a su interlocutor quien lo cree titubeante. ¿Escuchó Ud. alguna vez esta clase de conversación? ¿O este estilo de expresarse? Bien, es muy común que la gente se manifieste de este modo. Dada la creciente pérdida de credibilidad que creemos tener a ojos de los demás, pensamos que es conveniente reforzar nuestras declaraciones con el apoyo del “te lo juro” o de algún sinónimo. Esto no es nuevo ni privativo de nuestro idioma o de nuestra cultura. (En el idioma hebreo cotidiano se suele escuchar con frecuencia los términos “bejaiai” o “bejaieja”, que equivalen a decir “te lo juro por mi vida o – por las dudas – por tu vida”).

En el Talmud se debate ampliamente acerca del valor legal de las declaraciones que son obviamente exageradas o que surgen en momentos de apuro. La fuente de todo este tema está en la lectura de esta semana , en la cual se habla de la prohibición de “profanar” las palabras que salen de nuestra boca por el incumplimiento de nuestras promesas. La Torá nos enseña que nadie, por más sabio y santo que fuere, puede anular lo que dijo por si mismo, sino que depende de un tribunal experto, que es aquel que tiene la autoridad, luego de un minucioso análisis de las circunstancias bajo las cuales se había realizado el voto en primer término, más las razones por las cuales el declarante desea cancelar lo que ha dicho, para decidir si dicho voto puede ser anulado.

Si bien la Torá es muy breve al ocuparse de este tema, hay varios tratados completos en el Talmud que polemizan acerca de los detalles de esta ley que se denomina “Hatarat Nedarim” (revocación de los juramentos), y que la gente asocia habitualmente con uno de los preparativos para Rosh haShaná. El propio Kol Nidré (rezo inicial de Rosh Hashaná) está relacionado con la revocación de los juramentos asumidos durante el año en curso, si bien los Sabios ya nos hacen saber claramente que, tanto Hatarat Nedarim como el Kol Nidré, tienen ciertas limitaciones por las cuales una persona no debe basarse en ellos para descalificar sus compromisos sin previa consulta rabínica. El hecho que la Torá defina el no cumplimiento de las obligaciones contraídas por medio de un voto como una “profanación” de manera análoga a la violación de la palabra Di-vina es en si, digno de destacar. Pues, si bien los seres humanos no somos quienes definimos qué conducta es buena para nosotros y cuál no, D”s nos confió un fuero propio, en el cual estamos obligados a obedecer lo que hemos decretado mediante nuestra palabra.

Al mismo tiempo, y en las fuentes recién mencionadas (Nedarim 22.), los Sabios nos hacen saber que quien asume un voto, es considerado como si hubiese construido un altar (en la época y en el lugar en donde está prohibido hacerlo), y quien lo mantiene en pie, es como si trajera sacrificios sobre él, lo que torna peor su actitud (pues, si bien piensa que está obrando con santidad por prohibirse cosas permitidas, en realidad está actuando como si las leyes de D”s no fuesen lo suficientemente adecuadas – Ra”n).

El Talmud aclara, a su vez, que cuando hablamos de promesas, no es necesario haber utilizado esta expresión (“promesa” o “juramento”), sino que nos basamos en la manera habitual de expresarse de la gente, para requerir que, en caso que fuese posible, la declaración deba ser anulada. (Ver el Shulján Aruj, Ioré Deá 206:5 y 237:4, con los comentaristas). No sólo eso, sino que existen instancias en las cuales por el mero hecho de haber seguido un Minhag Tov (cierta costumbre adecuada) pero no obligatorio por ley, no se puede abandonarla, sin previamente haberla abolido frente a un Tribunal competente. (Ver Shulján Aruj, ibid 214:1) Antes de seguir con el tema de las promesas, nos debiera alarmar el hecho mismo que el valor de la palabra fluctúe de modo tal que en nuestros tiempos “se cotice en baja”, posiblemente porque hablamos tanto que no se distinga el mérito de la palabra. Dicha sea la verdad, por más que la persona agregue las palabras “te lo juro”, esto no le suma valor real a la declaración de una persona a quien creemos poco creíble. Y, si realmente es verosímil, pues entonces no requiere este sostén artificial. Antes de pasar de tema quiero dejar en manos de cada lector la autoevaluación de la exactitud de las cosas que va asegurando en el día. Luego, debemos dedicar una líneas a la prohibición de jurar en vano, que también consta en la Torá, y que, tristemente, es ampliamente ignorada aun en círculos observantes. Esta prohibición en si, se divide entre lo que es “shvuat shav” (un juramento innecesario, por el cual la persona jura ratificando lo que es evidente, lo imposible de llevar a cabo, lo que no depende de uno mismo para que se cumpla, lo que contradice una realidad incambiable), y “shvuat sheker” (una declaración no-veraz de lo que uno u otros hicieron o dejaron de hacer). (Ver Shulján Aruj, ibid 236)

El Jafetz Jaim era muy meticuloso en controlar los libros que vendía para corroborar que no tuvieran hojas en blanco o mal impresas. Por lo tanto, revisaba cada volumen que saliera a la venta. Cuando una vez le pidió a su hija Feigue Jaia (que tenía 10 años) que lo ayudara a revisar unos libros del Mishná Brurá, ella justo quería salir a jugar con las amigas. Antes de salir, le dijo al papá que cuando volviera controlaría “10 juegos de libros”. Cuando regresó a casa, la niña encontró preparados los 10 juegos de Mishná Brurá (60 libros en total). Cuando le preguntó al padre, este le respondió que era la cantidad a la cual se había comprometido. “A Mensch darf wissen az a Wort is a Wort” (una persona debe saber que la palabra es palabra). Al leer la Meguilá de Eijá en Tish-á beAv encontramos que en varios capítulos los versículos comienzan sucesivamente según el orden de las letras del abecedario hebreo, salvo una excepción. La letra Pé está antes que la Ayin. Los Sabios nos transmitieron que pusieron su boca (= Pé) antes que sus ojos (=Ayin), es decir, que no calcularon el daño que causaban con sus palabras indebidas. Y ahora nos queda por formular la pregunta: ¿existe alguna situación en la cual sí son positivas las promesas? La respuesta es un rotundo: “sí”, si bien no deja de constituir una poderosa medicina que puede curar a quien realmente está preparado para administrarla correctamente, pero que, a su vez, tiene contraindicaciones para quien no está lo suficientemente aprestado para emplearla (a quien se refiere la comparación anterior de los Sabios con aquel que “construye el altar…”). ¿Para qué sirven, entonces, las promesas? El R. I.D.Salomon shlit”a lo explica en su libro “BeAyin Iehudit”. Todas las personas tenemos momentos de debilidad espiritual. Es por eso que no actuamos en toda coyuntura a la altura que suponemos debiera caracterizarnos. Esto es más evidente que nunca para aquel que hace un análisis objetivo de su propia conducta cuando se acerca Iom Kipur. En aquel momento de reflexión, uno querría mantener esa objetividad e integridad durante el resto del año para que no volver a errar, si bien sabe que es muy difícil sostener ese nivel. Lo mismo acontece con cualquier otra circunstancia análoga que ocurriera a una persona en el momento en que se le muestra con evidencia el resultado nefasto de una actitud viciosa. ¿Cómo hacer para conservar aquel grado de claridad de visión? A tal fin, la Torá le dio a la gente la posibilidad de poder limitar la propia libertad de actuación con el objetivo de circunscribir su acción en el sentido correcto sin caer nuevamente en la tentación. La promesa que asume en tal situación no necesita ser eterna. Puede ser provisoria para canalizar su conducta restringiendo las facultades en forma voluntaria, para luego reanudar su vida de manera habitual. Sin embargo, para que la promesa tenga el efecto deseado, debe existir una premisa ineludible. La persona debe respetarse a si mismo, y por ende a su palabra. De otro modo, su voto no le ayudará en absoluto. La libertad es una de las cesiones Di-vinas de mayor alcance. Mediante ella, los judíos fuimos capaces de elegir el someternos a las leyes de la Torá. Por la misma vara, tenemos la oportunidad de exigirnos más, no por creernos superiores a la Sabiduía de D”s, sino – por el contrario – para obedecerla mejor. De todos modos, nuevamente vemos cómo el atributo del habla nos puede elevar. Sepamos cuidarlo.

Rab. Daniel Oppenheimer

Tercer comentario – Kidush Hashem

Esta escrito en Bamidbar 32: “Y un gran ganado tenia la gente de Reuben y la gente de Gad y vieron la tierra de Iazer… He aqui un lugar de ganado, dijeron: “si hemos hallado gracia en Tus ojos, sera entregada esta tierra para Tus siervos… No nos hagas cruzar el Jordan”, y dijo Moshe a la gente de Gad y a la de Reuben: “¿vuestros hermanos saldran a la guerra y ustedes residiran aqui?” Moshe Rabenu acepto que con la condicion de que participaran de la conquista de Israel, podrian despues residir en la Tierra de Iazer. De todo este relato surge una pregunta: Moshe toma una decision sin consultarle a Hashem. ¿Como es esto posible?

Segun el Rab Dessler, aquella generacion involucrada en este relato poseia un nivel muy alto de apego a D”s, por eso la llamaban “Dor Dea” (la generacion del conocimiento). El conocimiento respecto a Hashem lo tenian bien incorporado, estaban apegados a el constantemente. Es de extrañarse que esta eleccion de la tierra de Iazer no les fuera considerada un pecado.

Tambien debemos comprender como esa aspiracion no les provoco un poco de alejamiento. Todo el servicio del hombre al Creador consiste en aumentar la santificacion del Nombre de Hashem y toda la creacion esta para servir al hombre para ser los instrumentos para servirLo y asi santificarLo, como esta escrito en el Profeta Ieshaia: “Todos los llamados de Mi nombre, por Mi honra los cree, los forme” y tambien escribieron los cabalistas, que la servidumbre a D”s consiste en salvar las chispas de Kedusha (santidad) que hay en el exilio dentro de la impureza. Cada individuo tiene que redimir chispas especiales, nos referimos a aquellas cautivas por la impureza.

Vamos a explicarlo segun nuestro nivel de entendimiento. Todo lo oculto que hay en la Creacion, el hombre a traves de su eleccion lo puede transformar en la revelacion de la honra de Hashem. Cada detalle y detalle que hay en la Creacion tiene escondida la posibilidad de santificar el Nombre de D”s. El individuo sacara lo puro de lo impuro cuando lo emplee como instrumento para servir a D”s. Todo lo mundano debe ser aprovechado solo en la medida necesaria para servir a Hashem y no mas. Hay en esto una revelacion de Su honra y santificacion de Su Nombre. Incluso el instinto malo fue creado para que por su intermedio santifiquemos el Nombre de D”s, cuando el hombre no se deja seducir, sino que rompe su voluntad y sus deseos. Esta escrito que la impureza se alimenta de las chispas de kedusha que hay en ellas, pues la impureza solamente esta cuando es un instrumento, para que sean rescatadas las chispas de kedusha. Si no tiene ese objetivo, desaparece. Si el ser humano pierde la oportunidad y no santifica el Nombre de D”s a traves de sus instrumentos, no supo aprovechar el ocultamiento y la impureza para santificar el Nombre de D”s, sino para complacerse a si mismo, entonces estas chispas se anulan y estan como muertas en el exilio, y el hombre perdio su parte en el servicio a D”s.

Cada ser humano tiene un temperamento diferente y cada uno tiene una parte determinada en su santificacion a D”s; de acuerdo a ello son las pruebas que se le presentan. El contenido de la persona es la santificacion de Hashem que le toco. Esa es su alma sagrada, ese es su fuero interno, espiritual. El hombre debe rescatar todas las chispas de su alma y aprovecharlas para servir a Hashem.

Rab Moshe M Hoffer

Parashá Matot (Tribus) – Masé (Marchas). 26 TAMUZ 5769 (18 de Julio de 2009)

Resumen de la Parashá Matot

Moshé transmitió a los jefes de las Tribus, las órdenes del Eterno. Si un hombre formulare promesa al Todopoderoso, o se comprometiera con un juramento, no podrá profanar su palabra. Todo aquello que hubiera expresado o jurado, deberá cumplirlo. Sin embargo, esta regla general era restringida en los casos de una promesa hecha por una mujer bajo la jurisdicción del padre o el esposo. Así, una mujer joven y soltera que vivía en la casa del padre, o una mujer que estaba a punto de casarse o que ya lo había hecho, no estaba obligada a cumplir su promesa si el padre o el esposo (según fuera el caso), la desaprobaba. Esta reprobación debía ser expresada el mismo día en que se había enterado de la promesa, o de otro modo cargaría con la culpa por su incumplimiento. Las promesas de una viuda o divorciada creaban también una obligación.

Continúa la parashá relatando sobre el ataque a los midianitas que fue llevado a cabo por doce mil guerreros israelitas, mil por cada tribu. Fueron acompañados por Pinjás, quien llevó consigo las vasijas sagradas y las trompetas para llamar a la batalla. Durante la guerra fue matado todo midianita varón, incluso los cinco reyes de Midián y Bilam Ben Beor. Los vencedores tomaron a las mujeres, los niños, el ganado y otras posesiones de los midianitas como botín. Pero, sin embargo, Moshé los amonestó por haber dejado con vida a las mujeres, que habían sido la causa de la plaga sobre los Hijos de Israel.

Los soldados, se tornaron impuros por su contacto con los muertos, y recibieron orden de permanecer fuera del campamento durante siete días a fin de someterse a la ceremonia de purificación. Todas sus vestimentas y utensilios fueron limpiados de acuerdo con las reglas establecidas por Elazar, el Cohén Gadol. Los objetos capturados fueron divididos en partes iguales entre los que habían ido a la guerra, por un lado, y los restantes por el otro. A su vez una parte fue separada para los Cohanim y otra para los Leviim. Los guerreros que regresaban, agradecidos por no haber caído en la batalla, hicieron una ofrenda voluntaria al Mishkán, consistente en elementos de oro.

También refiere la Torá que las tribus de Reuvén y Gad poseían grandes rebaños de ganado y pidieron permiso a Moshé para establecerse en la tierra de pasturas de Guilad, al este del Jordán. Al principio Moshé no aceptó este plan. Él temía que si estas dos tribus quedaban atrás durante la conquista de Canaán, las otras tribus podrían desanimarse. Sin embargo, cuando los reuvenitas y gaditas explicaron que tenían la intención de cruzar el Jordán y luchar junto con el resto de la Congregación, mientras que sus familias permanecerían en Guilad, Moshé cambió de opinión y indicó a Yehoshúa que se cerciorara de que esa promesa fuera cumplida. De otro modo, estas tribus perderían el derecho a todo reclamo sobre su asentamiento en Guilad.

Resumen de la Parashá Masé

Moshé registró por escrito el trayecto del Pueblo de Israel a través del desierto desde el momento en que partieron de Egipto hasta su llegada a las llanuras de Moab. Los israelitas acamparon en cuarenta y dos lugares distintos durante sus cuarenta años de deambular.

Con posterioridad a haber expulsado a los habitantes de Canaán, el pueblo recibió la orden de destruir todo rastro de idolatría en ese territorio. La tierra sería distribuida en partes proporcionales a la cantidad de miembros de cada tribu. Fueron designados diez dirigentes, uno para cada una de las tribus respectivas. A ellos, juntamente con Yehoshúa y Elazar, el Cohén Gadol, se les confió la entrega equitativa de la tierra. Los Leviim no recibieron ningún territorio. En parte de ello se les otorgaron cuarenta y ocho ciudades a ambos lados del Jordán.

Seis de ellas, tres a cada lado de este río, fueron instituidas como arei miklat (ciudades de refugio). Ellas se utilizarían como asilo para cualquier persona que hubiera matado a otra accidentalmente, permitiéndole así escapar a la acción vengadora de los parientes del muerto. Luego de un asesinato accidental, el que lo hubiera consumado podía huir a esas ciudades de refugio, donde sería llevado ante un tribunal. Si los jueces decidían que se trataba de un caso de asesinato intencional, la persona sería entregada al vengador de la víctima (un pariente cercano).

Por otra parte, cualquiera que cometiese un asesinato deliberado, sería ejecutado. Asimismo, si el crimen no había sido premeditado y no tenía intención maligna, el que lo hubiera realizado tendría que permanecer en la ciudad de refugio hasta la muerte del Sumo Sacerdote. También un asesinato intencional no podía ser condenado a muerte, salvo que hubiera dos testigos que imputaran al asesino. La sentencia de muerte por asesinato premeditado no podía ser conmutada por medio del pago de dinero, ni tampoco podía el asesino por accidente, librarse del exilio en la ciudad de refugio con ese subterfugio.

Relata la parashá que los dirigentes de la familia de Guilad, de la tribu de Menashé, plantearon el problema de la tierra heredada por hijas, tales como las de Tzelofjad. Si estas mujeres se casaban con miembros de otras tribus, sus propiedades se perderían para su tribu original y pasarían a las nuevas. Entonces, esto llevaría a la reducción de las posesiones de la tribu a la que perteneciesen las mujeres. El problema fue resuelto con la decisión de que en tales casos, la heredera debía casarse con un miembro de la tribu de su padre. Y esto es lo que ocurrió, justamente, en el caso de las hijas de Tzelofjad, que se casaron con sus propios primos.