Parashá Shavua: Mishpatim – (Leyes). 29 de Shevat 5773 (9 de Febrero de 2013).Enfoques sobre la Parashá

Mishpatim“…y estos  son los estatutos….” (Éxodo 23:9)

 Rashi explica que la razón por la cual la parashá comienza con “Y  estos…”, y no con “Estos…”, es para conectar la parashá de esta semana con  la pasada.Así como las leyes de la  relación entre el hombre y Di-s vienende Sinai, así también las leyes de justicia social vienen de Sinai.El resto del mundo civilizado también legisla  la justicia social, pero la diferencia entre sus decretos y el Judaísmo, es la  pequeña palabra en elcomienzo de  nuestra parashá.En el Judaísmo, aun las  leyes de justicia social son por mandato Divino del Sinai, mientras que en el  resto del mundo, están basadas en civilización y pragmatismo.

 Ninguna sociedad puede existir sin algún código de aceptable  comportamiento, pero la diferencia entre la Torá y cualquier otro sistemade leyes es enorme y fundamental.Ninguna ley hecha por el hombre puede abarcar  y entender el funcionamiento de los deseos del Yetzer Hará.

 En tiempos de pruebas, estas leyes se “pierden en el camino”.Ríos de sangre se han desparramado en  asesinatos y guerras en todas las áreas, incluyendo la nuestra, siendo que el  hecho de “No matarás” es una norma universalmente aceptada.De todas maneras, para el judío, el  imperativo esencial en las leyes de conducta social, no es moral, pragmático  ocultural, sino que es la Voluntad de  Di-s, no siendo menos que Tefilín o Kashrut.Esto es lo que da a los códigos de justicia social de la Torá, poder y  durabilidad miles de años después de su institución.

 (Adaptado del Rab Shlomó Yosef Zefin)

 “No oprimas a un extraño (converso)… porque  fueron extraños en Egipto” (Éxodo- 23:9)

 No hay que explicar estas palabras de acuerdo a su simple  significado: la razón por la cual no debemos oprimir al extraño es porque  nosotros mismos conocemos el sabor de la opresión y la aflicción; sino que  debemos saber que la obligación del hombre es sentir cada simjá y desgracia que  ocurre con el prójimo como si ocurriría con el mismo.La Torá nos enseña a “Amar a tu prójimo como  a ti mismo”, literalmente como a ti mismo.No es suficiente solo conectarse uno mismo con aquellos que están  alrededor de uno, sino que una persona debe verse a sí mismo y a sus prójimos  sin ninguna separación en absoluto: él y ellos están exactamente en el  mismolugar.

 (El Alter de Slabodka)

 “…Y todo lo que el pueblo dijo `Todo lo que  Di-s ha hablado haremos y escucharemos'” (Éxodo 24:7).

 “En el momento que el Pueblo Judío contestó `haremos y  escucharemos’, 600.000 ángeles descendieron y coronaron a cada Judío con dos  coronas, una por `haremos’ y otra por `escucharemos'” (Talmud Shabat 88a)

 Mediante la aceptación de la Torá sin haberla visto, uno puede  entender por qué el Pueblo Judío merecía una corona preciosa por su compromiso  incondicional a someterse totalmente a la voluntad de Di-s con perfecta fe.Pero, ¿cuál fue el significado de la corona  para `escucharemos’?¿No fue esto una  secuela inevitable del compromiso hecho?Obviamente en función de hacer, ellos tenían que saber cuál era la  demanda.¿Cuál es el verdadero  significado de esta segunda corona, y qué nos enseña?El hombre es alguien que camina, siendo lo  opuesto a los ángeles que están siempre parados.Elhombre, por su propia naturaleza, debe constantemente buscar  perfeccionarse a si mismo.Cuando no  asciende, esta necesariamente descendiendo.Uno crece o se estanca, no hay punto medio.La vida es como una escaleramecánica que baja.Si uno se queda parado, baja.Si uno camina, se quedaen el mismo lugar.Solo si uno hace el esfuerzo adicional de  correr,ascenderá.Este es el significado de la segunda corona,  el Pueblo Judío aceptó sobre él para todos los tiempos, para estar siempre listo  aescuchar.Para estar constantemente abierto a aprender  más en función de elevarse a sí mismo, escalón a escalón, hacia el cumplimiento  del potencial más alto de Torá que cada uno de nosotros posee.

 (Adaptado de Rabi Zev Leff)

 “Si encuentras el buey de tu enemigo o a su  asno que se ha extraviado, se los devolverás…” (Éxodo 23:4)

 Vivimos en una era en que resulta muy difícil hallar alguien  verdaderamente ateo.Habia una vez un  joven judío proveniente de un shtetl (pueblo), que había tomado la decisión de  ser un apikorus (ateo).Viajó a la  ciudad de Odessa con la esperanza de encontrarse con Yosel el apikorus, ateo de  gran renombre.Al arribar a la gran  ciudad, pidió que lo condujeran a la casa de Yosel el apikorus, y pronto se  encontró a sí mismo parado frente a la puerta de aquel hombre famoso.A través de la puerta alcanzó a oír la tan  familiar melodía del estudio de la Guemará.Golpeó a la puerta, y de repente cesó la melodía.”¡Entre, nomás!” , oyó que llamaban.Con gran cautela abrió la puerta, y allí,  sentado frente a él, halló a un anciano judío de larga barba blanca y  peiot.”Disculpe que lo moleste, pero  busco a Yosel el apikorus”.El anciano  judío hizo una pausa, lo miró, y le dijo: “Pues lo ha encontrado.Yo soy Yosel el apikorus”.”Pero… ¿y la barba, los peiot, la  Guemará?”.Yosel le respondió: “Yo soy  Yosel el apikorus, no Yosel el ignorante”.

 Hoy en día es muy difícil encontrar un auténtico ateo con  credenciales de identificación.Son una  especie en extinción, puesto que la mayoría de la gente en realidad no sabe que  es aquello en lo que no cree.Nuestras  dudas no se basan en el conocimiento; somos como extranjeros en una tierra  extraña, iletrados en nuestro propio legado.Mohamed nos llamó “el pueblo del Libro”.El problema es que la mayoría de nosotros ya no sabe leer el Libro, y  mucho menos entenderlo.Somos como  ovejas que se alejaron tanto de su casa, que hasta se olvidaron de que la casa  sigue existiendo.

 “Si encuentras al buey de tu enemigo o a su asno que se ha  extraviado, se los devolverás”.Si la  Torá demuestra tanto interés por el bienestar de la propiedad de una persona,  ordenándonos que hagamos todo lo posible por devolverle su propiedad, aunque  tengamos que hacerlo cien veces, ciertamente que mucho más debemos interesarnos  por devolver a una persona a sí misma, tratando de alcanzar a nuestros hermanos  y hermanas que han perdido su identidad de judíos, mostrándoles la belleza y la  profundidad de la Torá.

 En nuestros días, en que tantos judíos van como ovejas perdidas en  un desierto espiritual, en que no tenemos idea de cómo regresar a nuestra casa,  y hasta ya nos olvidamos de que alguna vez hubo una casa, es una mitzvá  extraordinaria ser el pastor que guíe a los perdidos por el sendero que ha de  conducirlos de regreso a la luz de la conciencia judía.

 (Basado en el Jafetz Jaim y, Rabí Nota  Schiller)

 “Si alguien robara un buey o un cordero o  cabra, y lo sacrificare o vendiere, pagará cinco vacunos por el buey y cuatro  por el cordero” (Éxodo 21:37)

 El ser humano es una criatura de enorme sensibilidad, que se ofende  y avergüenza con gran facilidad. Inconscientemente, se puede causar a sí mismo  heridas emocionales muy profundas.Pero  también, por la ironía de la vida, precisamente aquello que él piensa que es la  cura para sus males, puede ser el veneno emocional que le está haciendo  daño…

 En la parashá de esta semana aparece una Halajá que, a primera  vista, resulta muy sorprendente: la persona que roba un buey debe pagar con  cinco bueyes, pero el que roba una oveja solo debe pagar con cuatro ovejas.

 Nuestros Sabios nos enseñan que la Torá se interesa hasta por la  dignidad del ladrón: la persona que roba una oveja debe cargarla sobre sus  espaldas, lo cual dista de ser algo digno, y por eso, si lo detienen, debe pagar  solamente cuatro ovejas, mientras que quien roba un buey simplemente lleva al  animal de una soga, lo cual no es avergonzante, y por eso su penalidad es  mayor.Por lo tanto, se deduce que su  humillación no es algo abstracto, sino que es algo tan importante que se lo  puede contar en términos de dinero.Es  un poco raro, porque si de veras el ladrón siente tanta vergüenza, ¿por qué  habría de robar?Por otra parte, si nos  acercáramos al ladrón en la escena del crimen, y le comentáramos nuestra opinión  de que debe estar sintiendo un gran bochorno, seguramente respondería: “Pero  ¿qué dice?¡Me estoy por escapar con  esta oveja, que vale un montón de dinero!”.

 Aun así, la Torá, que percibe hasta los niveles más profundos de la  psiquis del individuo, nos dice que el ladrón en realidad esta sufriendo una  humillación tremenda, equivalente al pago de dinero. Si no fuera así, ¿por qué  la reducción del castigo?La verdad es  que, al momento del robo, el ladrón si siente una humillación tremenda. Siente  su inferioridad. Experimenta un trauma emocional enorme, y aun así no tiene idea  de por que se siente así. Por eso sigue robando y se causa más y más angustia  emocional, pensando que con otro “trabajito” saldrá de este pozo emocional.Y así el círculo vicioso se repite una y otra  vez, hundiéndolo cada vez más.Únicamente quien cumple con la Torá puede ser realmente feliz en este  mundo, pues sabe que el Creador conoce la verdadera naturaleza de Sus  creaciones, y solo Él sabe que lo hace feliz, y que lo pone triste.Únicamente Hashem sabe de qué actos debe  alejarse el individuo, y qué actos debe llevar a cabo a fin de vivir una vida  feliz, plena y llena de logros.

 (Adaptado del Jidushei Halev)

 “La aparición de la gloria de Hashem fue como  un fuego que consume…” (Éxodo 24:17)

 ¿Cómo puedo saber si Hashem esta contento conmigo?¿Cómo sé si lo que hago en mi servicio del  Creador es tal como Él quiere que sea?A  partir de este versículo podemos discernir un poderoso indicador del modo en que  Hashem percibe nuestro servicio.Para  comprobar si la “aparición de la gloria de Hashem” esta presente en nuestro  servicio del Creador, debemos saber que el deseo de servir a Hashem “como un  fuego que consume”, con un poderoso entusiasmo y un profundo amor hacia Él, es  señal de que Hashem acepta nuestro servicio, pues dichos sentimientos fueron  implantados en nuestros corazones desde el Cielo y por lo tanto, son señal  inequívoca de que nuestro servicio es aceptado de un modo  favorable.

 (Kedushat ha Levi)

 “Subieron Moshe, Aharón, Nadav y Avihu y  setenta de los ancianos de Israel.Ellos  vieron al Di-s de Israel, y bajo Sus pies habia la semejanza de un ladrillo de  zafiro, y su pureza era como la esencia de los Cielos” (Éxodo  24:9,10)

 Querido diario:

Ayer me pasó algo muy raro.

 Ayer era Simjat Torá (la fiesta en que nos regocijamos junto con la  Torá).

 Tal como se dieron las cosas, termine celebrando la fiesta en  Tikvat Sión, una ciudad israelí típicamente corriente…

 Las descascaradas fachadas grises atestiguan que esta ciudad no ha  de convertirse en otra pequeña New York, o en otra Tel  Aviv.

 Sea como fuere, ayer me dirigí hacia la sinagoga municipal de la  ciudad para celebrar Simjat Torá. La verdad es que no habia mucha gente. No es  una ciudad religiosa. A decir verdad, la mayoría de los que allí habia rondaban  cerca de los setenta y ochenta años. Y la mayoría habia venido a Israel después  de la guerra. La mayor parte habia estado en los campos de  concentración.

 El motivo por el cual escribo todo esto es porque allí ocurrió algo  muy pero muy raro.

 Todos estaban bailando con los Sifré Torá (Rollos de la Torá), como  en cualquier Simjat Torá, cantando y bailando y haciendo mucho ruido.Brindando “lejaim”…Y de pronto, cesó el cantar y el bailar.Todos se quedaron mudos.La sinagoga en  silencio.

 Uno de los viejitos fue detrás del Arca sagrada.Y sacó una tabla de madera de cerca de un  metro y medio de largo y la puso en el suelo en medio de la  sinagoga.

 Lentamente, como si hubieran sido convocados a cierto rito atávico,  todos los ancianos miembros de la sinagoga les entregaron sus rollos de Torá a  los jóvenes, y silenciosamente comenzaron a dar vueltas alrededor de la tabla  que habia en el suelo.Una vuelta y otra  vuelta más.Silencio  absoluto.

 Todo finalizó en cuestión de minutos. De la misma forma mecánica en  que habia comenzado, así terminó.La  sinagoga retornó a la típica escena de Simjat Torá, como si no hubiera pasado  nada.Los niños en los hombros de los  padres, agitando banderas, cantando y bailando…

 Cuando el hombre que había sacado la tabla volvió a salir de detrás  del Arca Sagrada, tras devolverla a su sitio, le pregunté que era lo que acababa  de presenciar.Y esto fue lo que me  dijo:

 “En la guerra, estuvimos todos juntos en el mismo campo de  concentración.Por milagro, alguien  logro entrar de contrabando un Séfer Torá. Era justo antes de Simjat Torá.Teníamos muchísimo miedo de que lo  encontraran los Nazis, imaj  shemam.Por eso levantamos el  suelo de madera y lo escondimos debajo de las tablas del piso.Cuando llegó Simjat Torá, los Nazis estaban  por todas partes; deben haber sabido que estaba por pasar algo.No podíamos de ninguna forma arriesgarnos a  sacar la Torá de su escondite, y, además, teníamos miedo de que el guardia nos  oyera si hacíamos mucho ruido. Así que simplemente nos pusimos a dar vueltas y  más vueltas alrededor del sitio donde estaba oculta la Torá. Una vez entraron. Y  nosotros hicimos como si estuviéramos yendo a las literas o a la puerta, hasta  que se fueron, y entonces seguimos dando vueltas.

 Por eso, ahora, cada año, conmemoramos aquel Simjat Torá del campo  de concentración tal como acaba de ver.

 Al final de la parashá de esta semana, la Torá describe un ladrillo  de zafiro.En la época en que el pueblo  judío fue esclavo, ese ladrillo se encontraba delante de  Hashem.

 Ese ladrillo era un recordatorio del sufrimiento que pasaron cuando  construyeron las ciudades tesoro de Egipto con ladrillos de  mortero.

 La “esencia de los cielos” se refiere a la luz y la alegría ante  Hashem que hubo cuando fueron redimidos.

 Cada vez que la Torá describe los rasgos de Hashem, es para que  tratemos de imitarlos.

 Inclusive cuando se reveló la “esencia de los Cielos”, inclusive en  la luz y la alegría de la redención, “el ladrillo de zafiro” del sufrimiento  seguía presente.

 Al acordarnos de nuestro sufrimiento en el pico de nuestra alegría,  percibimos una dimensión absolutamente nueva de la felicidad.Y así podemos comprender a un nivel más  profundo todo el bien que el Todopoderoso nos concede, y agradecerle con todo el  corazón.

 (Rashi, Rabí Ierujam Levovitz, Zale Newman, Moshe Averick)

 http://www.mesilot.org/

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Parashá Shavua: Mishpatim – (Leyes). 29 de Shevat 5770 ( 13 de Febrero de 2010).Comentarios


Primer comentario (www.judaicasite.com)
Segundo comentario (Rab Daniel Oppenheimer: http://www.ajdut.com.ar)
Tercer comentario (Rab Moshe Hoffer: fabibbk@einstein.com.ar)

Primer comentario – Rehabilitando a la manera de la Torá

Uno se pregunta por que la perasha Mishpatim, fuente de tantas leyes Civiles judias, comienza con el tema de la servidumbre. Despues de todo Hashem, Quien ve el futuro en toda su extension, sabe que habria generaciones en que toda esta cuestion de los siervos ya no seria aplicable. No hubiera sido mejor empezar la perasha con otro tema relevante para todas las generaciones?

Una posibilidad es que la Tora quiera hacernos reflexionar sobre la gran distincion que existe entre la jurisprudencia biblica y la secular.

Nuestra vision de la servidumbre en el Jumash (Pentateuco) gira alrededor de un ladron que robo una considerable suma de dinero y, luego de ser traido ante la justicia, es incapaz de reembolsar a sus victimas. En este caso el Bet Din (la Corte) procede a venderlo por seis años, entregando el producto de esa venta a la parte afectada (aquel o aquellos a quienes se les robo).

Estudiemos la sabiduria encerrada en este procedimiento.

Uno de los mayores problemas de nuestra sociedad es el aumento y “adiestramiento” de la poblacion carcelaria. La sociedad se ve cargada con la responsabilidad de mantener y satisfacer las necesidades de sus malhechores y, tristemente, el sistema no es en absoluto efectivo… Veamos un caso hipotetico: Fulano roba una suma de dinero. Se lo encierra a este hombre en prision, donde debe vivir en compania de criminales de todas las variedades. Alli obtiene una “educacion” multifacetica: como violar una caja fuerte, como abrir con ganzua un automovil, como obtener y utilizar un arma. En resumen, se vuelve un profesional. Para nuestra desventura, cuando llega el momento de su liberacion, sale de alli completamente “torcido”. “Gran” rehabilitacion ha sido su paso por la carcel! Y que le sucede a la familia de este hombre mientras el esta en prision? El sistema no los puede ayudar. Deben vivir sin la persona que los mantenia y si el esta en prision por mucho tiempo, tendran una gran cuota de sufrimiento, sin contar que quizas sus hijos por el apremio economico tambien se vean impulsados a delinquir.

Y que hay respecto a las victimas (los que habian sido robados)? En la mayoria de los casos, quedan quebrados por el deficit y la deuda a raiz del dinero que les fue quitado.

Ahora veamos el camino de la Tora para rehabilitar a delincuentes. Cuando un delincuente entra al “sistema penal” judio, es colocado en las manos del Bet Din (la Corte), la cual le encuentra una familia estable que no sea afectada por la negativa influencia de esta persona. El delincuente permanece con ellos como siervo durante seis años, aprendiendo como trabajar productivamente y absorbiendo su correcto modo de vida.

La Tora ademas ordena que se debe tambien tomar en el hogar a la esposa e hijos de este hombre, asegurando asi que no queden librados al destino y sin proteccion, perdiendose en la sociedad. El dinero obtenido por la venta a la nueva familia, como se dijo antes, va a manos de las personas que fueron afectadas por el robo, quienes resultan asi debidamente recompensadas.
Finalmente, la belleza de este sistema es que el costo del procedimiento no recae sobre los hombros de la sociedad, que no se ve asi cargada por anios con abultados impuestos.

De esta forma, abriendo la perasha Mishpatim con un pantallazo de “Hamavdil ben Kodesh leJol” (la diferencia entre lo sagrado y lo secular), la Tora nos da el mensaje de que todas las intrincadas leyes civiles explicadas en esta misma seccion, estan igualmente repletas de una sabiduria practica y profunda.

Que tengamos el merito de absorber la multitud de lecciones “ben adam lejavero”, entre el hombre y su projimo, que estan expresadas en esta perasha y que por ese merito disfrutemos de la amistad y el amor hasta la llegada del Mashiaj muy pronto en nuestros dias.
Amen

(Fuentes: Rabbi M.M.Weiss)

Segundo comentario – El Dinero…. y Yo

En el número pasado hemos comentado acerca del alcance que posee en la Torá la prohibición de robar. Sin duda que el tema da para mucho más. Esta semana, leemos en la Torá acerca de la responsabilidad que le incumbe a aquel que dañó, en resarcir a su víctima por los perjuicios ocasionados. Nuevamente, encontraremos que la Torá es sumamente estricta al exigir que el agresor indemnice totalmente aquello que ha destruido.

Encontramos en la lectura de esta semana que aquel que golpeó o que le causó una herida al otro debe pagarle por uno o varios de los siguientes conceptos: “Nezek”, el daño permanente que le causó al compañero; “Shevet”, el tiempo que la víctima no pudo trabajar; “Tza-ar”, el dolor del golpe o la herida; “Ripui”, son los gastos médicos y “Boshet”, se refiere a la vergüenza que sufrió la persona al ser atacada. Todo esto que dijimos es a grandes rasgos, pues el Talmud en el tratado de Babá Kamá explica minuciosamente como se evalúa el daño ocasionado en cada caso.

No sólo debe pagar la persona por los daños a personas, sino que la Torá lo responsabiliza, a su vez, por los daños a la propiedad del prójimo. No sólo es responsable la persona por el daño que ocasionó él mismo, sino que debe resarcir al semejante por el daño que ocasionaron sus bienes que no estuvieron debidamente cuidados y que, debido a aquella negligencia, ocasionaron el perjuicio. Si sus animales destruyeron en la manera habitual de hacerlo (por ejemplo, comieron de la cosecha del vecino), debe pagar por todo el daño. Si dejó un fuego desatendido y éste se desplazó al campo del vecino causando destrucción en su camino, pues debe pagarlo todo. Si cavó un pozo en una zona pública y causó daños, también en ese caso debe indemnizar a la víctima por sus daños. La Mishná debe agregar a todo esto, que “Adam mu-ad le-olam”, es decir que la persona está permanentemente advertida y no puede defenderse con el pretexto de haber estado distraído o dormido cuando hizo el daño.

Al mismo tiempo, encontramos en el texto de la lectura semanal acerca de la responsabilidad que le incumbe a quien está encargado de cuidar un bien ajeno (lo recibió prestado o lo recibió para hacer alguna reparación), si éste se pierde o se destruye. De acuerdo al caso, si recibiera algún beneficio indirecto o un pago por estar a cargo de dicho bien, puede ser que sea responsable de resarcir, o no, si le fue robado o, en ciertas circunstancias, aun si hubiese fuerza mayor. No obstante, en todos los casos, si hubiese “P-shiá” (descuido) por parte de la persona responsable (o, mejor dicho, irresponsable), deberá hacerse cargo de pagar lo que se perdió.

En todos las situaciones que acabamos de describir, no hay diferencia entre si el daño fue ocasionado a un particular o al bien común, p.ej. el bien del estado o el de una comunidad, consorcio, escuela, etc. Curiosamente, solamente está exento aquel que dañó cosas que le pertenecen al “Kodesh” (Santuario del Templo). Es interesante notar, que en el Talmud se declara repetidamente que D”s tiene “lástima” por el dinero (=los bienes) de Israel. ¡Qué bueno sería si tuviésemos nosotros aquel mismo criterio, uno con el dinero de su compañero! Es más, a D”s no le faltan recursos para devolverle a una persona si le faltara algo, y, aun así, no quiere que suframos dolor al partir con el dinero que nos
costó tanto juntar…

Esto se nota claramente, pues, si bien no hay un límite en cuánto uno debe estar dispuesto a perder para evitar de cometer una prohibición, sí existe un límite para las Mitzvot activas; es decir, que D”s no quiere que gastemos todo lo que tenemos para cumplir con una Mitzvá. (Para mayor información halájica, se debe consultar una autoridad rabínica pues aquí sólo queremos destacar el concepto en sí).

¡Cuánto que sentimos que el dinero es nuestro y cuánto nos cuesta desprendernos de él! El Talmud afirma, a su vez, que la mayoría de las personas incurren cotidianamente en prácticas que se acercan al robo. (Pues no distinguen claramente entre lo propio y lo ajeno, ni se preocupan por el daño que ocasionen a otros, cuidando las cosas como si fuese propias).

En la escuela me enseñaron que el dinero sirve como “medio de canje” para poder comprar y vender con más facilidad, y como “común denominador de todos los bienes y servicios” para expresar el costo de las cosas.

Todo esto es teoría. En la práctica la gente evalúa a los demás por el dinero que poseen y los seres humanos en general buscan su seguridad en el dinero. La gente convirtió así al dinero en el eje central de su razón de ser y de su quehacer diario.

El Midrash en B-amidbar explica el porqué de las denominaciones del dinero de aquella época. “Zuz” (del verbo “mover”), pues se mueve contínuamente de mano en mano. “Mamón” (de “moné” = contar), pues la gente se la pasa contándolo. “Ma-ot” (de “Me-et le-et” = de un día al otro), pues nunca permanece demasiado tiempo en las manos del mismo dueño. ¿Quiere hacer Ud. una encuesta? Pregúntele a los encuestados que adquieren un billete de la lotería: “¿Qué haría Ud. si se ganara los $10 millones?” Se sorprenderá de las respuestas que escuchará. Comience indagándoselo Ud. mismo… En la Torá, no obstante, no valemos ni más ni menos a causa del dinero que poseamos. Yo soy yo, y la plata, es la plata…

Se cuenta que cuando Alejandro Magno intentó pesar un ojo humano, vio que excedía en peso a todo lo que pusiera del otro lado de la balanza. Le explicaron los Sabios, que nada alcanza a satisfacer el ojo humano.”Un ojo puede ver muy lejos, mas una pequeña moneda puede cubrir toda su visión”, dijo un gran Sabio judío.

Daniel Oppenheimer

Tercer comentario – De la mentira, alejate


Los prejuicios y el interes personal son los grandes enemigos de la verdad. Aquel individuo que se coloca anteojos de esa clase, le distorcionan todo el campo visual de la realidad en que se encuentra; pero ve lo que quiere ver. Lo peor de todo, es que “el no lo siente esto en absoluto”. He visto personas que tratan de hacer de la mentira, verdad y todo lo que nadie puede negar que es una verdad tajante, buscan todas las maneras para negarlo.

Son una clase de gente que se creen justas, correctas y no advierten que son sus intereses personales que los impulsan para actuar de ese modo. A todo le encuentran una justificacion. Por ejemplo, el bien del pais, la familia y la justicia estan frente a sus ojos. La Tora en nuestra Perasha empleo las siguientes palabras: “De la mentira alejate”. No nos equivoquemos en pensar que en este versiculo se nos prohibe mentir, esa mentira tan despreciable; esa orden la expresa la Tora mas adelante y en forma bien explicita: “No mienta cada hombre a su companiero”. Surge entonces la siguiente pregunta: ¿que es lo que la Tora me agrega a traves de este versiculo, que no me lo dijo antes? Ciertamente del pasuk (versículo) que nos indica no mentir aprendemos la prohibicion de decir mentiras, pero ahora me esta enseñando un nuevo concepto: “debo tomar distancia de la mentira”.

Ocurre que podemos no estar incurriendo en la mentira propiamente dicha, pero tampoco estamos diciendo la verdad absoluta. ¿Que significa la verdad absoluta? Aquella que carece de todo enganio y de toda alteracion. Sobre las cosas a medias tintas dice la Tora: “De la mentira alejate”.

Los libros de Musar (etica), nos ensenian como debe ser honesta nuestra conducta con el otro, con la sociedad, con el pais, con todos. Lamentablemente vivimos en un mundo de enganios, de falsedad; un mundo donde muchas veces el bueno parece malo, porque la escala de valores esta
distorsionada. Estamos sobornados por nuestros propios intereses y no queremos ver la verdad. Solemos decir “asi estoy bien”, sin tener en cuenta que no obrando bien nosotros, somos los primeros perjudicados.

En la Guemara (Shebuot 30 b) dice: ¿de donde sabemos que un juez, que sabe que esta frente a un juicio enganioso, no puede decir: “por cuanto que asi testifican los testigos, dare el veredicto segun sus palabras y el pecado correra por cuenta de ellos”. El pasuk dice “de la mentira alejate”. Cabe aclarar que se trata de un juez leal, que cuenta con el alegato de los testigos pero… influye el hecho que es falso. Tal vez no este capacitado para senialar que por tal motivo declaro que son testigos falsos.
Si dictamina el juicio se estaria rigiendo por lo que dice la Tora que el juez debe determinar segun lo que ven sus ojos. Sin embargo el juez -que no mintio-, tampoco esta en lo cierto. Debe declararse incompetente y poner este caso en manos de otro juez, que tal vez pueda descubrir si eran testigos falsos o no. Cuantas cosas no las tenemos en claro, aunque intuimos que estamos equivocados, no nos abstenemos de actuar como queremos, sin tener en cuenta si vamos detras de la verdad o no. Dijeron nuestros sabios: Aquellas personas que se enganian y enganian a otros, no podran ver la luz divina en el mundo venidero. Por eso hay que hacer tanto hincapie en seguir el camino de la verdad. Pidamos con todo nuestro corazon “Purifica nuestros corazones para servirte de verdad”.

Rab Moshe M Hoffer

http://www.tora.org.ar/

Parashá Shavua: Mishpatim – (Leyes). 29 de Shevat 5770 ( 13 de Febrero de 2010).


Resumen de la Parashá

En esta parashá el Todopoderoso enumera ciertas leyes de importancia existencial del Pueblo de Israel.

Comienza con el trato con el siervo hebreo, quien, si fue comprado, al séptimo año de servidumbre, debe ser liberado. Si fuera casado con mujer judía al comenzar el tiempo de servicio, ella también será liberada al séptimo año, así como los hijos que tuvieren. Siendo soltero y si durante el período de servidumbre su amo le diera una mujer pagana, y tuvieran niños, al séptimo año él saldrá solo, quedando su mujer y los hijos para su amo. Si el siervo, después de los seis años decide quedarse con su amo, tendrá que declararlo ante los jueces y su amo deberá con un punzón perforarle su oreja contra la puerta de su casa.

Un hombre podrá vender a su hija como sirvienta hasta la edad de doce años. Si no agradare a su amo y no casara con éste, no podrá ser vendida a extranjeros y podrá ser devuelta a sus padres. Si el hijo del amo se casara con ella, será tratada como una judía libre. Sus derechos matrimoniales no le serán negados, y si uno de los dos se hubieran casado con ella y a su vez se casaran con otra mujer, la sirvienta queda en libertad.

Si un hombre golpea a su esclavo no judío causándole la muerte, su amo se será castigado con muerte, salvo que lo haya hecho sin intención.

Quien matare con alevosía a su prójimo, o quien golpeare a su padre o a su madre, o quien raptare a un hombre, o quien maldijere a su padre o a su madre, la pena será muerte. También será esta pena para prácticas de brujería, de bestialidad y de sacrificio de ídolos.

En caso de herir a otro, por causa de una pelea, deberá resarcir por la pérdida de beneficios del herido y los gastos de su curación. Si durante una pelea se golpea por accidente a una mujer embarazada y se le causa aborto, deberá pagar por el daño que causó. Si un animal mata a un ser humano, se sacrifica al animal y su dueño pagará una compensación. Si un hombre abriere un pozo que queda al descubierto, y cayere en él un animal que muere por la caída, el responsable de esa desidia deberá indemnizar al propietario del animal.

Quien robara un buey y posteriormente lo sacrifica o vende, deberá pagar a su propietario 5 veces el valor del animal y si se trata de un ovino, el valor de 4 veces. Si al ladrón se lo captura en poder del animal, paga el doble.

Si un ladrón es sorprendido al asaltar una casa, y fuera herido de muerte, si esto ocurre durante la noche, nadie será culpado. En cambio si el hecho ocurriera de día, se acusa a quien lo mató, como asesinato. Si el ladrón no muere y no puede devolver lo robado, se lo vende como esclavo.

Si alguien con su ganado dañara el campo o el viñedo de otro, deberá compensar los daños. También quien hiciere fuego y por descuido produce un incendio sobre propiedad ajena, deberá indemnizar.

Si alguien diera a otro dinero o cosas para su custodia, y le fuera robado, deberá pagar al propietario de las cosas el doble del valor de lo faltante, si fuera hallado el ladrón. Y si este último no fuese encontrado, deberá jurar ante jueces que no fue responsable de la falta de los objetos.

Cuando se confía a alguien pago la guarda de un animal y éste muere o es lastimado o robado sin testigo alguno, deberá jurar que no fue responsable y no habrá indemnización. Pero si el animal le fuere robado, deberá pagar al propietario. Si el animal fuera maltratado por bestias salvajes, no pagará. Si alguien pidiere prestado un animal, y éste fuera lastimado o muerto, deberá pagar indemnización, salvo que el dueño estuviera presente durante el hecho.

Está prohibido maltratar a un extranjero, al igual que la viuda o el huérfano. En su caso, Hashem encenderá Su ira.

Al prestar dinero a un pobre del propio Pueblo, no se le cobrará intereses.

El testigo no levantará falso testimonio en favor de un culpable; no debe seguir a la mayoría durante un proceso, que desvirtúe a la justicia. No se debe pervertir el derecho del pobre en un juicio. No se debe aceptar soborno, ya que desnaturaliza las palabras de la justicia.

Los primeros productos y frutos de la tierra y viñedos, deberán ser ofrecidos al Todopoderoso, ya que ellos fueron dados por Él. De la misma manera, se Le ofrecerán los primogénitos de hombres y animales.

Se sembrará durante seis años y el séptimo año deberá descansar la tierra, ya que es un año sabático. No se sembrará ni se cosechará durante el mismo.

Cada uno deberá observar el Shabat, no realizando por completo labores, como tampoco los sirvientes ni el ganado. Tres veces por año, Pésaj, Shavuot y Sucot, cada judío adulto deberá peregrinar hacia el Templo Sagrado, en Jerusalem, llevando ofrendas de gratitud al Eterno.

Está prohibido remojar o cocinar la carne de un cabrito en la leche de su madre.

Por orden del Eterno, Moshé, Aharón, Nadav y Avihú, junto con setenta ancianos de Israel, ascendieron al monte, no así el resto del Pueblo, y únicamente Moshé podía acercarse hasta el lugar indicado por Hashem. Moshé contó al Pueblo lo dicho por el Eterno y enumeró Sus leyes, y el Pueblo respondió: “Todo lo que mandó el Eterno haremos”.

Escribió Moshé todas Sus palabras y construyó un altar al pie del monte. Nuevamente Moshé fue convocado por el Todopoderoso para recibir las Tablas de la Ley sobre las que estaban inscritos los Diez Mandamientos para luego ser enseñados detalladamente al Pueblo. Moshé subió junto a Yehoshúa, quien quedó en la parte baja del monte, y Moshé permaneció durante cuarenta días y cuarenta noches en la cima del Monte Sinai.