Parashá Shoftim – (Jueces). 4 Elul 5771 (3 Septiembre 2011).

En nuestra parasha vemos, la ordenanza que nos da la torah, de nombrar jueces para el pueblo judío.

Como todos sabemos los jueces eran los encargados de dictaminar las leyes y hacer la justicia para todo el pueblo, por eso se especificó en esta parasha, que todas las ciudades tuvieran jueces para hacer cumplir la ley, un juez debía ser una persona estudiosa en torah y debía también ser una persona de buen dinero, ya que esto

También en nuestra parasha se habla sobre la prohibición de hacer aboda zara (idolatría), Hashem prohibió plantar un árbol en el lugar del templo y nuestros Sabios Z’’L expandieron esta ley alrededor de todo el templo, también es conocido como la prohibición de asherot, es decir el plantar árboles en el sitio de Hashem. Con esta ley fue dada también la prohibición de matzeva, es decir poner una piedra para la idolatría o así mismo, sea leshem shamaim, Hashem lo prohibió, ya que estas prohibiciones son costumbres de las otras naciones para hacer su adoración a sus ídolos.

Nuestros sabios Z’’L preguntan: ¿por qué en la sección de la parasha, que habla sobre la designación de jueces, también fue puesta la prohibición de asherot y matzeva? La respuesta es que Hashem asemeja a un juez o así mismo a una persona deshonesta como a una persona que hace idolatría.

En nuestra parasha, se nos da la prohibición de sacrificar para Hashem cualquier animal con defecto, es decir que tenga algún órgano con defecto o herida, en la guemara es llamado un mum, que quiere decir defecto.

La torah especifica en esta prohibición al buey y a la oveja, según el Rambam Z’’L, Hashem también conecta esta prohibición con el nombramiento de jueces, es decir un juez debe ser honesto tanto en lo superficial como en lo profundo, la oveja representa lo superficial y el buey lo profundo.

De acá nosotros debemos aprender que no solo un juez debe ser honesto, sino también cada judío del mundo, así como los sacrificios son para todo el pueblo, así también se nos exige honestidad en nuestras vidas, ya que cada uno de nosotros somos como los jueces de este mundo, es decir sobre la honestidad de cada uno de nosotros se decide el destino del mundo, está escrito en el Zohar que una persona deshonesta esta alejada de la kedusha.

El Nombramiento De Un Rey

En nuestra parasha se nos habla también sobre el precepto de nombrar un rey para el pueblo, Sobre esto comentan nuestros Sabios Z”L: “Tres preceptos le han sido ordenados a Israel al ingresar a la Tierra de Israel, nombrarás un rey, etc.”. De ello se desprende la importancia del precepto de designar un rey, algo que incluso pertenece al grupo de Mitzvot que dependen de la Tierra de Israel.

Un rey también tenía la obligación de escribir un sefer torah, esto era, para que siempre tuviera presente que la torah está en primer lugar y hacia que se alejara del camino de la codicia y la maldad.

Como podemos ver en nuestra parasha, el papel principal de un Rey era mantener al pueblo en la ley de la torah y mantenerlo unido.

Hoy en día no hay un rey, Sin embargo, nuestros Sabios Z”L dijeron: “¿Quiénes son los reyes? – los Rabinos”. Cada uno debe cumplir con lo que instruye la Mishná “Haz para ti un Rav”. Hay quienes piensan que es necesario aconsejarse con el Rav solo en temas elevados y fundamentales, pero no en lo que respecta a temas sencillos de la vida cotidiana.

En nuestros días cada uno de nosotros podríamos cumplir con el papel de Rey, es decir no solamente en lo material sino en los deberes que tenía el Rey, cuando una persona trata de mantener el amor por el prójimo y trata de unirse a esta, no solo está haciendo, por decirlo así la Mitzva de un Rey, sino también está poniendo de si mismo para construir el tercer Bet Hamikdash, ya que está escrito: si el motivo por el cual se destruyó el templo fue por Sinat Jinam (odio gratuito al compañero), la forma de traerlo de vuelta es con Ahabat Jinam ( amar al prójimo sin esperar nada de él)

Entonces cada vez que nosotros actuamos como un juez, es decir con justicia y honestidad, y cumplimos con el precepto de amar al prójimo, tratando de unirnos y ser un solo pueblo, estamos poniendo nuestro grano de arena para traer el Bet Hamikdash prontamente.

Así bien que prontamente por el mérito de cada uno de nosotros, sea traída la geula para todo el pueblo de Israel y que prontamente estemos todos unidos siendo un solo pueblo junto al Bet Hamikdash AMEN.

Bajur David Moshe Shallem Lichtenstein

Parashá Shoftim – (Jueces). 4 Elul 5770 (14 de Agosto 2010).

Íntegros Seréis

Entre todos los preceptos que Moshé Rabenu ordena al pueblo de Israel antes de entrar a la tierra, encontramos el siguiente:

“Cuando vengas a la tierra que D’os te da, abstiénete de aprender para hacer como las abominaciones de aquellos pueblos” (Devarim 18:9).
Este versículo es como una introducción a los versículos subsiguientes, donde Moshé les prohibe tener brujos o hacer otro tipo de brujería para saber el futuro.

Realmente, llama la atención este precepto, ya que cada uno de los pueblos que estaba asentado en la tierra de Israel tenía muchas costumbres contrarias a la Torá, y las costumbres entre un pueblo y otro eran distintas. Entonces, ¿por qué motivo la Torá hace hincapié en el tema de los brujos?

La respuesta se encuentra más adelante en el versículo que dice: “íntegros seréis con vuestro D’os” (Devarim 18:13).

Rashí explica lo que significa ser íntegro con D’os de la siguiente manera: “Compórtate con Él con integridad; ten fe en Él y no indagues el futuro, sino que todo lo que venga sobre ti acéptalo con integridad; entonces estarás con Él”.

La enseñanza de Rashí es que la persona no debe intentar averiguar su futuro a través de la brujería u otros métodos, sino que debe dejar que cada cosa llegue a su tiempo para recibirla como D’os se la manda. Y esta no era una costumbre común entre aquellos pueblos, ya que toda la intención que estos tenían al querer saber el futuro era cambiarlo y mejorarlo según sus propios intereses.

En varias oportunidades la Torá nos ordena que no asimilemos costumbres de pueblos ajenos, pero en esta mitzvá hace más hincapié ya que esta costumbre provoca que la persona llegue a hacer idolatría.

Mediante este precepto, la Torá intentó inculcar al pueblo judío la mejor filosofía de vida. Los judíos nos distinguimos de los demás pueblos en muchos aspectos, y uno de ellos es en la manera de recibir los hechos que nos ocurren en la vida. El judío sabe que todo hecho que D’os le envía es para bien, a pesar de que en el momento no pueda verlo.

Esta fe es transmitida de generación en generación, de padre a hijo. De esta manera, el pueblo judío puede cumplir el precepto anteriormente recordado, ya que al aceptar el presente que D’os le envía sabiendo que todo es para bien, no tiene necesidad de cambiar el futuro a través de la idolatría.

Pero a los demás pueblos, que no tienen la fe que tiene el judío, les cuesta aceptar los problemas que D’os les envía, y por este motivo buscan saber el futuro, para tratar de mejorarlo según su parecer.

Es sabido que los preceptos de la Torá, no sólo benefician en el mundo venidero a quienes los cumplen, sino también en este mundo. Los preceptos fueron entregados también para beneficiar y aumentar los placeres de la persona durante sus años de vida. Y este precepto es un excelente ejemplo de lo antedicho, ya que quien recibe todo lo que le ocurre convencido realmente de que todo es para bien, aunque la situación que le toca vivir sea muy difícil, podrá superarla, depositando toda su fe en las manos de D’os.

En nuestra generación vemos que los psicólogos y psiquiatras están colmados de trabajo, y es difícil entender cuál es el motivo por el que tanta gente precisa de un apoyo psicológico. En las generaciones anteriores la vida era mucho más sacrificada, los medios eran muy precarios y no se gozaba de todo el avance tecnológico que tenemos hoy en día. Y a pesar de eso, se vivía sin tantos problemas psicológicos.

¿A qué se debe tal incremento en el número de personas que requieren ayuda de esta índole?

Obviamente, los factores que llevan a las personas a esta situación son muchos y cada caso es totalmente distinto del otro. Pero lo que sí podemos afirmar, es que todos los casos tienen una raíz en común y esta raíz es la falta de fe en D’os.

Desde que nacemos vemos cómo toda la sociedad relaciona cada hecho que ocurre con algún factor casual. Por ejemplo, si llovió varios días seguidos y hubieron inundaciones, enseguida escuchamos: “tantos días de lluvia nos provocaron esta desgracia”. Es decir que el mensaje es limitado, ya que realmente se debería decir: “Es verdad que la lluvia provocó la inundación, pero la lluvia la mandó D’os, y sólo Él sabe por qué la inundación tuvo que ocurrir justo en este lugar”.

Cuando la persona limita su análisis a un factor casual que puede divisar, sin detenerse a examinar más profundamente acerca del motivo real que causó aquella situación – es decir, que hay un Ser Superior que la envió – sin darse cuenta estará provocando que en su corazón aparezcan preguntas como: “¿Por qué?” o “¿Por qué a mí?”, que aparentemente no tienen respuesta y le traen conflictos.

Día a día, esos interrogantes van aumentando y es así que la persona comienza a sentir cada vez más angustia y decepción de la vida por todos los hechos que le ocurren. Y al no entender el motivo termina enfermándose por eso.

Cuando la persona comienza a tener estos sentimientos, todo el bienestar que tiene a su lado, no lo ayuda, ya que ese bienestar sólo lo puede aliviar por algunos instantes, pero no logra sacar de su corazón los grandes problemas que lo aquejan…

Pero la Torá nos enseña que la única manera de poder vivir superando los problemas es sabiendo que hay un D’os que los envía, y entendiendo que cada hecho que ocurre tiene una razón y una intención por parte del Creador. De esta manera, al volcar toda nuestra fe en D’os, sin pedir saber los motivos de los acontecimientos, obtenemos una mayor tranquilidad tanto física como mental.

Tenemos que entender que el principal factor que contribuyó a que las fuerzas psicológicas de las personas de nuestra generación decayeran, es que la transmisión de los valores espirituales que siempre nos acompañaron no ha sido hecha adecuadamente.

Y este fue el mensaje que Moshé quiso transmitir al pueblo de Israel:

“No sean como los demás pueblos, que buscan saber los motivos de los hechos en distintos factores casuales y arbitrarios, y por eso quieren saber el futuro. Debéis aceptar el presente que D’os les envía con fe y alegría, pues esa es la mejor técnica y la más verdadera para vivir un buen presente, y un mejor futuro”.

Parashá Shoftim – (Jueces). 2 Elul 5769 (22 de Agosto 2009).Tres comentarios

Primer comentario (Selección de comentarios del Lubavitcher Rebe M.M. Schneerson, http://www.jabad.org.ar/)
Segundo comentario (Gentileza, http://www.judaicasite.com/)
Tercer comentario (Rab Daniel Oppenheimer, http://www.ajdut.com.ar/)

Primer comentario – Inmunidad Por Culpa

Si en un Sanhedrín juzgando un caso de pena capital todos comienzan con la opinión de “culpable”, el demandado es exonerado. Sólo cuando hay jueces que se inclinan al mérito argumentando en su favor, tras lo cual la mayoría lo encuentra culpable – sólo entonces es ejecutado.
(Mishné Torá, Leyes del Sanhedrín 9:1)

El Sanhedrín es un tribunal de veintitrés jueces que juzga ofensas capitales bajo la ley de la Torá (la halajá).

En la jurisprudencia halájica no hay abogados defensores ni fiscales; en cambio, los veintitrés jueces solían escuchar la evidencia provista por los testigos, y luego dividirse en equipos de “defensa” y “acusación”. Cada juez tomaba una posición en base a su primera impresión de la evidencia, y luego trataba de convencer a los demás.

Tras oír los argumentos de sus colegas y consolidar sus opiniones finales, los jueces votaban; la mitad más uno bastaba para exonerar, mientras que era necesaria una mayoría de dos para condenar a un acusado.

¿Qué pasaba si todos los veintitrés jueces se formaban una opinión inicial de culpabilidad; si la evidencia era tan precisa, y el crimen tan atroz, que ni un único juez elegía argumentar en favor del acusado?

En tal caso, ordena la Torá, el acusado ¡no puede ser condenado y debe ser exonerado por la corte!

Deseado Forzadamente

La razón de esto puede ser mejor entendida a la luz de otra ley, ésta relacionada con las leyes de divorcio.Según la ley de la Torá, un divorcio es válido únicamente cuando se otorga voluntariamente. Sin embargo, “si la ley dispone que una persona debe otorgar un divorcio a su esposa y se rehúsa, un Tribunal judío, en cualquier época o lugar, puede golpearlo hasta que diga “Estoy dispuesto”, y escribe el Acta de Divorcio (guet)”[1].

“¿Por qué no es considerado “forzado” e inválido semejante guet?”, pregunta el legislador judío del Siglo XII, Moshé Maimónides. “Porque”, responde Maimónides, “no se considera que un acto sea “forzado” a menos que la persona haya sido compelida a hacer algo que no está obligada por la Torá; por ejemplo, si fue golpeada hasta aceptar vender o firmar la cesión de su propiedad. Pero aquel que se ha visto desbordado por su Inclinación al Mal para negar una mitzvá o cometer una transgresión, y es compelido a hacer lo que es correcto, no es considerado “forzado”. Por el contrario, es su carácter negativo lo que antes lo ha coercido, en contra de su auténtica voluntad”.

“En verdad”, concluye Maimónides, “el individuo desea pertenecer al pueblo de Israel, observar todos los mandamientos y evitar todas las transgresiones de la Torá, sólo que su Inclinación al Mal lo ha desbordado. Por lo que si es golpeado para que su Inclinación al Mal se debilite y diga “Estoy dispuesto”, ha divorciado voluntariamente”[2].

Conocimiento Insuficiente

Así, la Torá está absolutamente convencida de que hay una defensa a argumentarse para cada individuo juzgado, independientemente de la gravedad del crimen y lo persuasivo de la evidencia. Pues el hombre fue creado a imagen de Di-s; la esencia del hombre es buena y perfecta, reflejando la bondad y perfección de su Creador.

Cada acto de mal es cometido en contra de la voluntad intrínseca de su perpetrador. Cada crimen es un resultado de fuerzas externas que han abrumado el verdadero ser del criminal. En otras palabras, cada “criminal” es inocente en el sentido más absoluto de la palabra: su genuino ser nunca estuvo voluntariamente involucrado; más bien, “su carácter negativo lo ha forzado, contra su auténtica voluntad”.No obstante, “el juez debe juzgar sólo por lo que sus ojos ven”[3]. El Sanhedrín debe decidir la premeditación del acto del criminal en base a la evidencia presentada ante ellos, y no en base a su conocimiento de la esencia de la humanidad. (De hecho, no basta con que sepamos que el reacio divorciador hace verdaderamente lo correcto; a menos de que pronuncie las palabras “Estoy dispuesto”, el guet es “forzado” e inválido. Es sólo después de que expresa su consentimiento que lo aceptamos, sabiendo que emana no solamente de su deseo de evitar la tunda sino también de su voluntad esencial).

De modo que en el caso de que ni siquiera uno solo de los veintitrés miembros del Sanhedrín vea fundamentos para la inocencia del acusado, sabemos que está siendo maljuzgado.
Sabemos que su auténtico ser ha sido tan suprimido por su maldad superficial que ni siquiera el más tenue fulgor de éste resuena en su ser exterior. Un Tribunal con un conocimiento tan exiguo del ser humano sometido a su juicio, no puede juzgarlo.

Esencia del Castigo

Se puede obtener un conocimiento más profundo de la razón para esta ley comprendiendo la función de los “castigos” impuestos por la Torá.

El máximo propósito de los castigos decretados por un Sanhedrín no es tomar venganza, ni servir de escarmiento para otros potenciales criminales (aunque la Torá lo menciona como una función secundaria), sino la rehabilitación del criminal [4]. En el caso de que se libre una sentencia de muerte (Di-s libre) ello señala un crimen tan severo, que sólo puede repararse con esta terrible pena. Pero el castigo siempre viene a lograr la purificación del alma del criminal, a limpiarla de la mancha infligida por el mal de su acto.

En vista de ello, los argumentos de inocencia ofrecidos por el “equipo de defensa” del Sanhedrín pueden entenderse no solamente como un intento de exonerar al acusado sino también como parte del proceso de su rehabilitación.

También en el caso de que la mayoría (o siquiera todo el tribunal) finalmente lo encuentre culpable, estos argumentos sirven como primer paso en el exorcismo por parte de la corte de la mancha que su crimen generó en su alma. Estos argumentos acentúan su inocencia intrínseca, una que existe incluso en el más “culpable” de los criminales.

A veces, triunfarán en traer la inocencia del demandado a luz también en un nivel perceptible al magistrado que debe juzgar “únicamente por lo que sus ojos ven”, y el acusado será declarado inocente en la sala del tribunal terrenal.

En otras instancias, la inocencia intrínseca del acusado no se encontrará como habiéndose afirmado lo suficiente en su comportamiento real, y su culpabilidad y sentencia serán decretados. En tal caso, el castigo complementará y completará lo que los argumentos en su defensa han comenzado: la supresión de su culpabilidad externa y la reafirmación de su perfección y bondad subyacentes.

Así, un veredicto y castigo que no son precedidos por la exposición de la integridad quintaesencial del demandado por parte de la corte, adolece de la base misma sobre la que se consuma un castigo. Habiendo fracasado en la tarea de percibir siquiera el más tímido resplandor de su inocencia, la corte se ha inhabilitado a sí misma para extirpar su culpabilidad.

(Basado en una Sijá de Adar 14, 5745 )

Notas:
1. Mishné Torá, Leyes de Divorcio 2:20.
2. Ibíd.
3. Talmud, Sanhedrín 6b.
4. Véase el comentario de Rashi sobre Deuteronomio 25:3; Talmud, Makot 23b; Kesef Mishné sobre Mishné Torá, Leyes de Testigos 20:2.

Segundo comentario – Tora y Ecología: No Destruirás

“Cuando sitiares alguna ciudad por varios dias peleando contra ella para tomarla, no destruiras sus arboles alzando contra ellos el hacha porque de ellos podras comer…”(Devarim 20:19)

La Tora introdujo el concepto de la ecologia en el mundo; sus mandatos prohiben al hombre ejercer una irreflexiva interferencia sobre los procesos naturales que hacen posible la vida sobre la Tierra. Cuando en Bereshit/Genesis 1:28 leemos: “…Sed fructiferos y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla…”, de ninguna manera significa que el hombre manifieste una brutalidad insensible contra el mundo subhumano y que su derecho a sojuzgar la naturaleza sea ilimitado. Muy por el contrario, el rol dominante del hombre en el mundo implica la correspondiente responsabilidad por mantener el orden natural.

Puede gobernar sobre la naturaleza pero no arruinarla. Y esto… solo durante seis dias a la semana. En el septimo dia, Shabat, debe cesar completamente su interferencia en la naturaleza (esa es la definicion que la ley judia da al termino “melaja”, trabajo) y con este acto de renunciacion demostrar su conocimiento de que la tierra es de Di-s. En Shabat el hombre debe dar cuenta a su Propietario sobre la forma en que ha dispuesto de la tierra en los dias en que la domino.

La norma de la Tora que apunta mas directamente a la situacion ecologica es la conocida como “Bal Tashjit” (No destruiras), de acuerdo al versiculo citado al comienzo. La mencion de destruir “alzando un hacha” no es tomada por la ley judia como el medio exclusivo de destruccion, sino que queda prohibida cualquier clase de depredacion, como por ejemplo el desvio de canales de riego sin los cuales el arbol se marchita y muere. Asimismo la nocion de “arboles de frutos” se extiende hasta cubrir practicamente todo lo demas, y no solo arboles. Cualquiera que rompa vasijas, que derrumbe lo que esta construido, que detenga fuentes o desperdicie la comida de una manera destructiva, transgrede el mandamiento de “bal tashjit”. Los Sabios del Talmud hicieron una prohibicion general en contra del desperdicio (ver Maimonides, Hiljot Melajim 6:10). Bal Tashjit prohibe la destruccion completa o incompleta, directa o indirecta, de cualquier objeto de beneficio potencial para la gente. El Talmud (Berajot 52b) menciona que se debe ensenar a los judios desde muy jovenes, que es un pecado desperdiciar hasta la mas minima cantidad de alimento.Rabi Aharon de Barcelona, autor del Sefer Hajinuj (S.XIV) afirma que el proposito del mandamiento es entrenar al hombre a amar el bien absteniendose de toda destructividad, “porque esa es la vida de los piadosos…aman la paz, son felices cuando pueden hacer el bien a otros y acercarlos a la Tora, y no haran que ni un grano de mostaza se pierda para el mundo…”.

(Basado en palabras del Dr.N.Lamm)

Tercer comentario – Las autoridades de Israel

Existen muchos conceptos a los cuales nos acostumbramos a asociar mentalmente con situaciones que surgen a partir de nuestra propia experiencia o por la connotación que le da la gente que nos rodea o con quienes solemos tener cierto diálogo. Uno de ellos es la noción de autoridad. La primer reacción que tendrían la mayoría de nuestros compatriotas al escuchar este vocablo, sería una especie de cautela con esa idea. ¿Por qué? Porque la historia reciente de nuestro país nos demostró lo que sucede en el instante en que un grupo de personas tiene el poder exclusivo en sus manos y hace abuso de su autoridad. En el momento en que se asocia el término autoridad con el ejercicio del poder, inmediatamente se despiertan nuestros reflejos de auto-defensa para protegernos de algún déspota que intenta imponer sus caprichos sobre otros. Esto no necesita ser a nivel nacional. Esto puede ocurrir en cualquier institución pública, aun de “las nuestras” como ser una comunidad religiosa, una escuela o aun dentro del propio seno familiar.

Por otro lado, todo aquel que razone un poco acerca del proceder de los seres humanos y de su historia, comprenderá que nuestra convivencia no puede estar liberada a la anarquía y que debe existir un orden respetado por todos los ciudadanos o integrantes de una comunidad para que los seres humanos podamos coexistir. De entre muchas propuestas que surgieron de los pensadores de todas las épocas, la que parece ser la más “potable”, es la democracia (el gobierno del pueblo) y por eso, fue adoptada en muchos países del mundo en nuestra época y se defiende como una virtud en si misma por los amantes de los derechos del hombre. Con justa razón podemos comparar los males que ocurren en países democráticos con otros que están regidos por regímenes en los cuales el poder pertenece a una elite determinada, y llegaremos a la conclusión que en los primeros, el individuo goza de más derechos personales que en los segundos.

Sin embargo, no podemos dejar de reconocer que la misma democracia no garantiza el bienestar de los individuos ni impide la llegada al poder de personas que no son idóneas para determinados cargos. ¿Por qué? Porque lamentablemente la realidad nos demostró que mucha gente se deja llevar por demagogos que se apropian de las ilusiones ingenuas del pueblo, en particular cuando éste se encuentra en dificultad y con la promesa de cumplir con sus ensueños, pueden tomar las riendas de un país para luego llevar a cabo los peores desastres. Uno de los casos más crudos de la historia reciente es el del tercer Reich en Alemania cuyos líderes llegaron al mando a través del proceso democrático. Si bien en nuestro país los infortunios no tienen afinidad con lo sucedido en Alemania, sucedió a menudo en muchos lugares que la mayoría vota a una persona que cree confiable, para luego encontrarse con la sorpresa que las expectativas de esperanza eran totalmente exageradas. Cada vez que se acerca una campaña electoral, escuchamos a los postulantes a cargos públicos hablar en términos despectivos acerca de sus adversarios. Cada candidato espera ver caer primero a sus contrincantes del propio partido para asegurar su propia candidatura para luego hacer trastabillar a los rivales del partido opuesto.

Aun estando en la mitad de la campaña actual, cada uno ya calcula sus posiblidadespara la campaña próxima… Uno tiene sus serias dudas si, acaso, existe un interés abnegado por parte de algún candidato. No obstante, y a pesar de todo eso, para la forma de pensar laica del mundo occidental en que vivimos, la democracia sigue siendo la mejos de las opciones.

¿Qué sucede, sin embargo, en el judaísmo? La Parshá Shoftim enumera distintas autoridades que cargaban con el deber de conducir al pueblo de Israel. Pero, antes de entrar a estudiar las atribuciones y obligaciones de los diferentes cargos, escuchemos la reacción de Shmuel, el profeta, cuando el pueblo le pidió que ungiera un rey sobre Israel. “Y vieron Uds. que Najash rey de Amón los atacó, y me pidieron que coronara un rey, siendo que D”s, vuestro D”s, es vuestro rey”. Lo que queda sumamente claro de este versículo, es que la autoridad auténtica pertenece únicamente a D”s y que todos los que ejercen algún cargo están sumisos a Su Ley y a Su Mando. Sería bueno escuchar, entonces, qué espera la Torá de cada “funcionario” judío.

“Un tribunal de tres personas (el más común y de menor jerarquía) debe tener todas las siguientes cualidades: sabiduría, modestia, temor (reverencia) a D”s, antipatía por el dinero, amor por la verdad, amor por las personas y buen nombre” (Ramba”m Hil Sanhedrín 2:7)

“Esta era la costumbre de los sabios de antaño: intentaban escapar a ser nombrados y procuraban no ser designados jueces a menos que supieran que no se encontraba personas más idóneas que ellos y que, en su ausencia, se fallaría equivocadamente…” (Ramba”m ibid 3:10).

“Una persona no debe, en ningún momento, tratar al público con y altanería sino con humildad y temor…y toda autoridad que atemoriza al público con propósitos non-santos será castigada” (Ramba”m, ibid 25:1)

Todo esto que hemos enunciado habla de los jueces. La Parshá misma, como es sabido, nos hace saber acerca de la prohibición de recibir soborno de alguna de las partes. Los Sabios fueron sumamente cautelosos en recibir favor alguno de una persona que en algún momento estaría involucrada en un juicio.

El rey de Israel, por su parte, debe ser el modelo de modestia para todo el pueblo. “Para que no se enaltezca su corazón sobre sus hermanos…” El Ramba”m, a su vez amplía este concepto, y nos dice que “actúe con extrema sencillez… y tolere sus molestias, cargas, quejas y enojos…” (Melajim 2:10).

En nuestros rezos rogamos diariamente por que D”s haga volver a nuestros jueces como antaño. No hay autoridad posible, en ningún espacio, si esa persona no ha trabajado previamente y durante el ejercicio de su cargo sobre sus características y debilidades humanas. Todos somos esa autoridad en algún momento. Cómo es nuestra conducta en esas oportunidades?

Que nuestras plegarias por volver a la pureza de corazón que caracterizó a nuestras autoridades de tiempos pasados se vuelva realidad.

Daniel Oppenheimer