Parashá Tazría (Concibiere) – Metzorá (Leproso). 3 de Iyar 5773 (13 de Abril 2013). Estudiando algunos midrashim

parsha-tazria-metzorah-tnLas numerosas bondades del Todopoderoso para los que aún no han nacido

 Hashem utilizó las siguientes palabras como prólogo para comenzar a explicar las leyes concernientes a las mujeres embarazadas, “Ishá ki Tazria/ Si una mujer concibe la descendencia…”

Esta frase nos hace notar Su gran bondad incluso para con aquellos que aún no han nacido. El crecimiento del feto en el útero materno nos llena de gratitud hacia el Creador por haberlo protegido incluso en ese momento. El Midrash emplea sus propios términos poéticos para describir ese período:
El Angel encargado de la concepción se llama Laila. Cuando el Todopoderoso desea que nazca un ser humano, El le pide al Angel Laila, “¡Tráeme esta neshamá (alma) del Gan Eden (paraíso)!”. Sin embargo, la neshamá se resiste a que se la arranque de su fuente Divina, y se queja al Todopoderoso, “Yo soy pura y sagrada, unida a Tu Gloria. ¿Por qué es que debo ser degradada e introducida a un cuerpo humano? “No es como tú dices”, Hashem le corrige. “El mundo en el cual vivirás es mucho más hermoso que el mundo del cual provienes. Fuiste creada con el solo objeto de que te conviertas en parte del ser humano y seas elevada con sus acciones.”

 Posteriormente, el Todopoderoso obliga al alma a que se una con la descendencia que le fue destinada. Incluso antes de que el feto se forme, el ángel le pregunta a Hashem, “¿Cuál será su destino?” En ese momento, todo el futuro de la criatura que está por nacer está predestinado. El Todopoderoso determina si será un hombre o una mujer, si él (o ella) será sano si sufrirá alguna enfermedad o incapacidad, su aspecto, el grado de inteligencia que poseerá, como también sus capacidades tanto físicas como psíquicas. Además, todos los detalles acerca de sus circunstancias ya se decidieron- si será rico o pobre, qué poseerá, y con quién contraerá matrimonio.

Podemos observar que todos los acontecimientos de la vida del hombre están predestinados. Sin embargo, hay una excepción. Hashem no determina si alguien se convertirá en un tzadik (justo) o en un rashá (malvado). Cada uno desea cómo formarse a sí mismo con las facultades y capacidades que le fueron preordenadas.

El profeta exclamó, “Así dice Hashem, “No dejemos que el hombre sabio se jacte de su sabiduría, ni el poderoso de su poder, ni el rico de sus riquezas, pero dejemos que aquél que reza se jacte de ello – de que Me conoce, que Yo soy Hashem Quien hace justicia y el bien en la tierra, éstas son las cosas que verdaderamente  aprecio”, dice Hashem” (Irmeiau 9:22-23).

Nadie debe sentirse orgulloso por su inteligencia, fuerza, o dinero, debido a que estas cualidades no son logros personales; en realidad, D- s se los otorgó antes de que naciera. Hay un sólo campo en el que los logros resultan del esfuerzo personal – si estudia la grandeza de Hashem a través de la Torá y al seguir Su camino. Según el grado de esfuerzo que realice para cumplir con éstos, así serán sus verdaderos logros personales.

A los niños, se les enseña la Torá desde que se encuentran en el útero materno. También, se les muestra el Gan Eden y el Gueinom, y el ángel le implora, “¡Conviértete en un tzadik! ¡No te conviertas en un rashá!” Cuando  el niño llega a este mundo, el ángel le toca los labios, y hace que olvide todo el conocimiento relativo a la Torá que previamente se le había impartido. (Sin embargo, ese conocimiento había sido absorbido por su subconciente, y podía ser recuperado durante su vida.)
A menudo pensamos en keriat Iam Suf, la separación de las aguas del Mar Rojo, como un milagro asombroso. En verdad, la habilidad del feto de existir dentro del útero de la madre es un milagro de proporciones no menores a la separación de las aguas del Iam Suf. Si no fuera por la Providencia minuciosa de Hashem, el embrión no podría sobrevivir.
Nuestros Sabios citan varios ejemplos que ilustran de qué forma maravillosa Hashem protege a los que aún no han nacido, entre ellos citamos los siguientes:
– Todos sabemos que alguien que está sumergido, incluso por un período corto, en una bañera llena de agua caliente sufre una agonía severa y sale lastimado. Sin embargo, el feto se queda nueve meses en el clima cálido del útero materno y sobrevive gracias a la Providencia Especial de Hashem.
– La mujer que tiene un bebé en el útero se asemeja a un recipiente vertical cuya abertura se encuentra en la parte de abajo. Sólo gracias a la grandeza de Hashem el feto se mantiene en su lugar y no se cae.
– Si una persona come varias comidas diferentes una atrás de la otra, cada una de ellas hace que la otra se desplace en el estómago y que baje cada vez más. Gracias al diseño especial del ser humano que Hashem realizó, no importa cuanto coma o beba la futura madre: el feto no se desplazará.
– La grandeza de Hashem se refleja también al determinar que todos los alimentos que la madre ingiere se transmiten automáticamente a través de la placenta para nutrir al embrión.
– Es un milagro que el embrión no excreta lo que consume. Si lo hiciere, el estómago de la madre explotaría y ella moriría.
– Cuando nace el bebé no se lo extrae del útero de manera repentina (lo cual lo lastimaría). Hashem, en cambio, dilata el cuello del útero en forma gradual de la misma manera cuidadosa y lenta que alguien abre la puerta de la prisión para dejar a un convicto en libertad quien había estado capturado por un largo tiempo, y asegurándose de esta manera que su transición a la libertad será tranquila.
Si bien el Todopoderoso designó a un ángel que se encargue de los embarazos, El mismo supervisa directamente los nacimientos. Las llaves de los tres puntos (que son claves para la humanidad) no fueron confiadas a un ángel, sino que se quedaron en manos del Todopoderoso:
1. El nacimiento
2. La lluvia (en este contexto, “lluvia” también se refiere a la parnasá (sustento), ya que la mayoría de los judíos se ocupaban de la agricultura, la calidad de la cosecha, y por consiguiente sus ingresos, dependían de la lluvia.)
3. Tejiat Hametim (la Resurrección de los muertos).

 La Mitzvá del Brit Milá/ Circuncisión

 Junto con las leyes de embarazo de las mujeres, la Torá menciona que el brit milá se le debe realizar a los varones cuando tienen ocho días de edad.

Esta mitzvá fue mencionada por primera vez en la parashat Lej Lejá, cuando Hashem le ordenó a Abraham que se hiciera el brit milá a sí mismo. A partir de ahí, Hashem ordenó que toda la descendencia masculina deberá ser circuncidada a los ocho días de su nacimiento.
¿Por qué es que un brit milá no se puede realizar antes de los ocho días?
Nuestros Sabios nos dan varias razones, entre ellas:
1. Hashem nos ordenó que esperemos hasta el día en que El sabe que el niño posee fuerza suficiente para soportar la operación.
2. Se considera que la circuncisión es similar a un sacrificio debido a que el niño es llevado a través de ésta bajo las alas de la shejiná (divinidad). Por lo tanto, se requiere que el niño haya vivido al menos un Shabat para ser santificado y para que su kedushá (santidad) sea elevada. Entonces, el niño está en condiciones de ser un “korbán” para Hashem. (De manera similar, los animales no son aceptados para sacrificios antes de que alcancen los ocho días de vida.)

En una ocasión en la que su amigo lo visitó, el rey le había organizado un gran banquete de bienvenida. Cuando estaban a punto de sentarse para comer, el rey le comentó, “No es apropiado comenzar a comer antes de que conozcas a la reina. ¡No conoces absolutamente nada de este palacio si no visitas antes a la reina, debido a que ella es tan bella que sería imposible describirla!”
De manera similar, el Todopoderoso decretó, “A menos que el niño haya estado cara a cara con una Reina Shabat, y absorbido su santidad, aún no está preparado para ser sometido al brit.”
Es costumbre reservar una silla especial para el Angel del Pacto, el profeta Eliahu, quien está presente en cada brit milá. Su presencia se requiere debido a que una vez él habló en forma despectiva de los Bnei Israel.

El profeta Eliahu era un gran fanático del Honor de Hashem. Le dijo al Todopoderoso de manera acusativa, “Los Bnei Israel no han cumplido Tu pacto” (Melajim 19:10). El se refería al pacto de milá que fue desatendido por los judíos debido a la prohibición de realizar circunsiciones que decretó el malvado rey Ajav. A pesar de que Eliahu hablaba para resguardar la Gloria de Hashem, el Todopoderoso desaprobó la acusación contra Su gente. Le ordenó a Eliahu que ungiera a Elishá como profeta en su lugar, y además, le ordenó que reaparezca en cada brit  milá para testificar el cumplimiento de la mitzvá por los judíos.

El emperador romano Turnus Rufus le preguntó a Rabí Akivá, “¿Qué es superior, la obra de D- s o la del hombre?”
“La del hombre,” respondió Rabí Akivá. 

“Su respuesta me sorprende,” exclamó Turnus Rufus. “¿Trata de decir que el hombre puede crear algo que se asemeje al cielo o la tierra?”“No me refiero a las creaciones que superen las habilidades manuales de los seres humanos,” contestó Rabí Akivá, “sino a aquellas que estén dentro de sus posibilidades.”“¿Por qué es que ustedes los judíos se circuncisan?” Turnus Rufus continuó con sus preguntas, “¿Acaso ustedes presumen que el trabajo del Creador necesita ser mejorado?” “Esta es precisamente la pregunta a la que yo me había anticipado,” Rabí Akivá explicó, “y yo por lo tanto sostengo que los logros humanos son superiores a los del Creador.”“Si esta es su opinión, pruébela,” le exigió Turnus Rufus. Rabí Akivá regresó a su casa y le ordenó a su esposa, “horneá un delicioso pan que esté compuesto con harina, aceite y especias.”Al volver a ver al emperador le llevaba, un pan en una mano y un puñado de granos de trigo en la otra.“Ahora dígame, Oh rey, ¿cuál de los dos es superior – el trigo o el pan?” le preguntó. “El pan, por supuesto,” respondió Turnus Rufus. “Ya ve,” replicó Rabí Akivá, “usted mismo confesó que el trabajo del hombre es mejor que el del Creador. Cuando El diseñó el universo, le dejó al hombre la misión de perfeccionarlo; el grano debe ser cortado y horneado para convertirse en pan, y los vegetales deben ser cocinados y condimentados. Por lo tanto, al realizar la milá en un niño perfeccionamos la obra del Creador.”“Si Hashem quería que el niño fuese circuncidado, lo pudo haber creado de esa forma,” insistió Turnus Rufus.“¿Por qué es que hace esa afirmación sólo con respecto a la circuncición?” respondió Rabí Akivá. “Se podría preguntar también por qué es que Hashem dejó el cordón umbilical unido al recién nacido, dejando al hombre para que lo corte.”A pesar de que Rabí Akivá concluyó el debate con este comentario, nuestros Sabios nos revelaron la verdadera razón por la cual los niños llegan al mundo sin la circuncisión. Hashem hizo que el niño fuera imperfecto para otorgarnos el mérito de realizar Sus mitzvot cuyo cumplimiento nos purifica y nos eleva.

Lashón hará (Difamación) Causa de Inmediato el Estado Final del Tzaraat

Si un judío cometía alguna de las transgresiones pasibles de ser castigadas con la enfermedad de tzaraat,(lepra) la enfermedad generalamente comenzaba con los síntomas que requerían cuarentena y luego se los volvía a revisar. En Su misericordia el Todopoderoso generalmente no provocaba de inmediato la aparición de señales definitivas de tumá (impureza) porque El esperaba que durante el período de la reclusión requerida el pecador se arrepentiría. Se le perdonaría el estado final de tzaraat, a aquél que sólo necesitaba aislamiento.
Sin embargo, había una clase de pecado que era diferente, y la persona culpable padecía de inmediato los síntomas definitivos de la lepra. Ese pecado no era, según nuestras posibles conjeturas, ni asesinato, ni idolatría, ni inmoralidad; sino que era la ofensa de lashón hará, la acción de difamar al prójimo está prohibida por la Torá.
Nuestra parashá nos muestra la gravedad de esta ofensa:
Zot tihié torat hametzorá / Estas son las leyes de la Torá respecto de un leproso…(Vaikrá 14:1).
Nuestros Sabios explican que la palabra leproso es un acróstico de difamador”.
Debido a que lashón hará es uno de los pecados más serios que se castiga con la enfermedad de tzaraat, los síntomas definitivos de tumá aparecen sobre la persona de inmediato. Esta debía llevar a cabo los procedimientos especiales de purificación detallados en nuestra parashá, principalmente sacrificios y rasuración, si los síntomas de tumá se aclaraban con posterioridad.
¿Por qué es el pecado de lashón hará tan severo que debe ser castigado con la enfermedad de tzaraat en su manifestación más extrema?
1. Si alguien habla lashón hará se lo considera igual que alguien que niega al Todopoderoso y transgrede la Torá en su totalidad. Con repecto a este individuo Hashem dice, “¡Yo y él no podemos coexistir en el mundo!”
Todos los libros de la Torá abogan por jesed, por la gentileza y la dedicación hacia el prójimo. Por consiguiente, degradar a otro judío es ir por el camino diametralmente opuesto a los principios fundamentales de la Torá.
2. El grado de maldad de esta transgresión sobrepasa a otras debido a que ésta daña a todas las partes involucradas, al que habla, al que escucha y a la víctima.

 Como Combatir el Deseo de Hablar Lashón Hará

 La gente se enfrenta a diario con innumerables ocasiones que dan lugar a hablar lashón hará. De todas las extremidades y órganos, la lengua es el órgano que se mueve con menos dificultad y mayor rapidez. Por consiguiente, lashón hará es uno de los pecados que se comete con más frecuencia. Asimismo, los efectos de la palabra hablada no son tangibles, como son los del pecado consumado con acciones, y por eso tendemos a tratar a esta clase de agravios de forma menos dura que otras prohibiciones de la Torá. El castigo de tzaraat ya no tiene efecto, y su amenaza no nos detiene de hablar mal como lo hacía en la época del Beit Hamikdash. ¿Cómo podríamos fortalecernos contra la tentación de hablar lashón hará?

El Midrash ofrece varios pensamientos que sirven como consejos valiosos.
1. Nuestros Sabios nos enseñan que cada palabra que deja nuestra boca se graba en el Cielo. Algún día todas esas palabras nos las van a hacer escuchar. Entonces, trataremos de excusarnos con frases tales como “Yo no era conciente de la gravedad de la transgresión; no pequé intencionalmente”. No obstante, se nos responderá, “¡Demasiado tarde ahora! Era tu deber darte cuenta de que tanto las cosas buenas como las malas que decías quedaban registradas, así las dijeras de forma intencional o no.
La gente debe darse cuenta de que una vez que uno pronuncia una palabra, ésta no se evapora en el aire sin dejar rastro, y por lo tanto debe ser tomada con seriedad. Cada palabra que uno pronuncia graba una marca que queda eternamente y que no se puede borrar.
2. La gente debe considerar la posición especial que el Todopoderoso le asignó a la lengua.
Hashem reprende a la lengua, “¡Oh, lengua malvada! ¡¿Por qué es que te mueves constantemente a pesar de que te coloqué en una posición diferente a la de todos los otros miembros y órganos del cuerpo humano?! Coloqué a las otras extremidades en una posición vertical o inclinada, mientras que tu yaces en la boca con posición horizontal para que descanses (esto es para indicar que la posición natural de la lengua es la de descanso; y que esta no debería estar en movimiento permanentemente).”
“Además,” le dijo el Todopoderoso a la lengua, “Te encerré. Te cerqué con dos tapias (para advertirle a su dueño que no deje que te pierdas), un cerco interno formado por dientes, y una barrera externa formada por carne, los labios que te encierran. ¿Cuántas otras barreras acaso son necesarias para impedir que hables mal?

 Hashem le encomendó a cada órgano una tarea especial y cada uno de ellos nos deberían alentar para que los empleemos sólo para los usos benéficos que el Creador desea. La lengua fue otorgada para que pronuncie las palabras de la Torá, tefilá, y para que beneficie al prójimo.

 Extraido de El Midrash Dice. Edit. Bnei Sholem

http://www.tora.org.ar/

Anuncios

Parashá Tazría (Concibiere) – Metzorá (Leproso). 6 de Iyar 5772 (28 de Abril 2012). Aspectos.

Tazriá(Levítico 12-13)

Conexión Comunal

La parashá Tazria habla acerca de una enfermedad en la piel llamada “Tzaraat”. El Talmud explica que esta es una dolencia espiritual que aparece al hablar lashón hará, es decir, hablar negativamente de otros.
Además de la enfermedad en la piel, la persona castigada con Tzaraat debía permanecer una semana aislada – viviendo en las afueras de la comunidad y advirtiéndole a los demás que se mantuvieran alejados de él.
Los comentaristas explican que este castigo es “medida por medida”. Al haber desmerecido a una persona en los ojos de otros, el hablante efectivamente había separado y distanciado a aquella persona de la comunidad. Ahora el hablante, al permanecer aislado durante una semana, experimentaría por sí mismo lo que se siente estar aislado de los demás.
En el libro de Génesis, la Torá afirma “No es bueno para el hombre estar solo”. Estar solo es muy doloroso para un alma humana que busca conectarse. Así que recuerda, si deseas estar con otros, debes ser capaz de tolerar sus idiosincrasias, y siempre debes tratar de ver el lado positivo.
Hoy en día se habla mucho de la “unión judía”. El Talmud dice que fue el lashón hará, el habla negativa, lo que causó la destrucción del Segundo Templo en Jerusalem hace 2000 años. El Templo era una fuerza clave unificadora del pueblo judío. Pero cuando la lucha y la discordia tomaron fuerza, la base del Templo fue, conceptualmente, destruida. A partir de allí, fue solo una formalidad que el ejército romano destruyera las maderas y las piedras del Templo.
El mundo, hoy en día, se encuentra en un momento crucial en la historia. Ahora, más que nunca, intentemos hablar de manera positiva.


Metzorá(Levítico 14-15)

La Luz del Alba

El nombre de esta parashá es “Metzorá”; que hace alusión a un tipo de enfermedad espiritual cutánea. El comentarista Sfat Emet explica que la palabra “metzorá” representa la contracción de dos palabras “motzí-ra”, que significa “eliminar lo malo”.
La idea es que cuando a una persona le aparece un sarpullido, o sufre de fiebre, a pesar de que todo parece estar mal, en realidad el cuerpo está eliminando toxinas y está atravesando un proceso de limpieza.
Se puede traer esta idea a nuestra vida. A veces, parece que estamos colmados de dificultades y confusiones. Pero los cabalistas opinan que, de cierto modo, esto es un signo positivo ya que todas las toxinas están saliendo a la superficie, y de esta manera, nos estamos purificando.
La verdad de esta idea se esconde en la palabra “Nega”, empleada por la Torá para describir las manchas en la piel que se discuten en esta parashá. Nega se escribe con las letras hebreas Nun-Gimel-Ayin. Si cambiamos el orden de las letras leeríamos “Oneg”, una placentera celebración de satisfacción, paz y regocijo. Al liberar las toxinas, las manchas de Nega se convierten en un encantador Oneg.
Imagina una semilla que ha sido plantada en la tierra. Esta semilla lentamente comienza a podrirse y justo cuando alcanza su máximo punto de descomposición – cuando la semilla parece muerta y destruida – ahí es precisamente cuando empieza a germinar. El momento más oscuro de la noche es un signo inminente de la luz del amanecer.
El mundo atraviesa tiempos confusos. Recemos para sobrepasar nuestros desafíos y para empezar un proceso de purificación que nos lleve a la redención personal y nacional… rápidamente y en nuestros días.
http://www.aishlatino.com/

Parashá Tazría (Concibiere) – Metzorá (Leproso). Shabat 3 de Iyar 57 (17 de Abril 2010).Enfoques sobre la Parashá

“…Una mujer cuando engendrare y diere a luz a un varón…” (Vayikrá 12:2)

Después de las leyes de pureza espiritual respecto de los animales, la Torá se dirige a las leyes de pureza espiritual en el hombre. Así como la creación del hombre viene después de la creación de los animales, asi tambien sus leyes son explicadas después de las de los animales.

Si un hombre es merecedor, si él hace que su alma sea la esencia de su ser, entonces él precede a toda la creación, porque fue su espiritu que flotó sobre las profundidades aún antes de la creación de la luz; pero si no es merecedor, si se glorifica en su dimensión física, entonces en términos de precedencia física, aun el mosquito lo precede…

(Basado en el Midrash y Rashi)

“Y en el día octavo, habrá de ser circuncidada la carne de su prepucio” (Vayikrá 12:3)

La costumbre en un Brit Milá es decirle a los padres “Que así como el hijo ha sido llevado al Pacto (Brit), asi sea llevado a la Torá, al matrimonio y los buenos actos”. En otras palabras: Que así como se lo ha llevado al Brit, que es ahora una parte inseparable de él, también todas las otras Mitzvot de la Torá formen una parte inseparable de su persona.

(Iture Torá)

“Cuando una mujer concibe…” (Vayikrá 12:2)

Si el Hombre es digno, si hace que el alma sea la esencia de su ser, entonces antecede a toda la Creación. Pues era el espíritu del Hombre el que flotaba por sobre los abismos antes de que se creara la luz.

Pero si no es digno, si glorifica su dimensión física, entonces, en términos de precedencia física, hasta el mosquito lo antecede… Es por eso que la Torá trata de las leyes de pureza del Hombre luego de las leyes de pureza de los animales: asi como la creación física del hombre vino después de la de los animales, sus leyes se explican con posterioridad a las leyes de los animales. Esto ocurre únicamente cuando el hombre se comporta como nada más que un animal sofisticado. Sin embargo, si él relega su lado físico al alma, si cumple con el propósito de la Creación, reconociendo y sirviendo a su Creador, entonces es el que antecede a toda la Creación.

(Basado en el Midrash y Rashi)

“Y al octavo día, la carne del prepucio será circuncidada” (Vayikrá 12:3)

La grandeza del Shabat puede apreciarse a partir del hecho de que no se realiza el Brit Milá al niño hasta que no cumple ocho días de vida, vale decir, hasta que no pasa su primer Shabat. En otras palabras, la razón por la cual el Brit Milá se realiza recién al octavo día de vida es para que el bebé pueda experimentar el Shabat antes que el Milá. Únicamente al sentir la santidad del Shabat, puede alcanzar el nivel en que es apto de ingresar en la santidad del Pueblo Judío, a través del Brit Milá.

(Yalkut Yehudá)

“El Cohén mirará y he aquí que la mancha no cambió de color” (lit. no cambió su ojo) (Vayikrá 13:55)

Denme una palabra en castellano que equivalga a “chic” en francés. Chic es algo tan pero tan francés que para traducirlo al castellano haría falta un cargamento entero de adjetivos. Los rasgos de un país se evidencian en su idioma. En cada idioma hay palabras que no pueden traducirse directamente a ninguna otra lengua.

En Yidish (y en hebreo) hay una palabra: fargin. Fargin significa sentir placer cuando a otra persona le va bien, sin sentir ni una pizca de celos.

La felicidad depende del modo en que se mira la vida.

El vaso puede parecernos medio lleno o medio vacío. Depende de cómo uno utilice los ojos.

En la parashá de esta semana hay una detallada descripción de una enfermedad espiritual denominada tzaraat. Una de las faltas que produjo está aflicción fue no saber fargin; el ojo angosto, la constricción de la visión.

Cuando una persona enfoca la realidad del modo correcto, se da cuenta de que no hay nada en este mundo que sea mera coincidencia. Por ejemplo, pongamos por caso que mi vecino y yo compramos billetes de lotería. El compró el No. 17756233/a/th/567 y yo compré el No. 17756233/a/th/568. Dos semanas más tarde me levanto y oigo que mi vecino grita con todos sus pulmones: “¡¡¡Me gané diez millones!!! ¡¡¡Me gané diez millones!!!”.

Si mis ojos enfocan en la realidad del modo correcto, de inmediato voy a sentir una inmensa felicidad por mi vecino, porque yo no tenía ninguna chance de ganar la lotería. Aunque yo tenia el billete siguiente, hubiera dado exactamente lo mismo si hubiese tenido el billete 0001. La misma diferencia. La felicidad es entender que lo que Hashem decreta para una persona es de esa persona y siempre fue suyo.

No hay “cerca” de lo que les toca a los demás. El que piensa lo contrario se está engañando a sí mismo. Y darse cuenta de eso es uno de los secretos de la felicidad en este mundo. Cabe destacar que en hebreo, las palabras “aflicción de tzaraat” (nega) y “placer” (oneg) se escriben exactamente con las mismas letras: nun, guimel, ain. La única diferencia entre ambos términos es donde se coloca la letra ain. En hebreo, ain significa “ojo”. Si uno coloca el ojo en el sitio equivocado, termina sufriendo una enfermedad espiritual, nega. Pero si coloca el ojo en el lugar adecuado, uno siente placer, oneg. El placer que viene de “farginear”. El placer que viene de mirar el mundo a través de la lente de la realidad.

(Mesilat Yesharim, Jidushei ha Rim)

“Una mujer, cuando diere a luz…” (Vayikrá 12:2)

Cuando un primogénito viene al mundo, ocurren dos creaciones: el niño, y los padres. El equipo de tres socios que conforman Hashem y los dos padres crean al niño, pero el niño tambien “creo” a los padres. Hasta ahora eran simples personas. Ahora son padres. El Midrash dice que si el hombre es digno “precede a toda la creación”. ¿Cómo el hombre va a preceder a toda la creación, cuando fue creado último, el sexto día?

En la ley judía, el padre le lega a su primogénito una porción doble. ¿Por qué? Porque ese hijo fue el que lo convirtió en padre.

El Pueblo Judío es llamado “Mi hijo, mi primogénito, Israel”, porque el Pueblo Judío fue el que, por decirlo de alguna manera, “convirtió a Hashem en el Padre del mundo”. Ellos son los que atestiguan Su existencia.

Todos los israelitas son los primogénitos de Hashem. Si, a causa de nuestras acciones, hacemos que el nombre de Hashem sea querido en este mundo, si la gente nos mira y ve que hay un Di-s que rige el mundo, entonces somos considerados dignos. Y entonces “precedemos a toda la Creacion”. Cuando hacemos a Hashem el Padre del mundo, nos hacemos dignos de ser los “primogenitos”.

(Meshej Jojmá)

“Esta es la ley que rige para el Metzorá” (Vayikrá 14:2)

Metzorá: Motzí – sacar, (shem) ra – (un) mal (nombre): Hablar mal sobre alguien.

Hubo una vez un vendedor ambulante que viajaba de ciudad en ciudad. Él llamaba a las personas diciendo “¿Quién quiere comprar la esencia de la vida? ¿Quién quiere comprar la esencia de la vida?. Rabí Ianai lo escuchó y quiso comprar un poco de su poción. “Usted no necesita mi esencia, ni aquellos que son como usted”-contesto el vendedor. Pero Rabí Ianai presiono al vendedor y finalmente el vendedor saco un “Libro de Tehilim”(Salmos), y le leyó a Rabí Ianai: “Quien quiere vida…”- “Cual es la siguiente línea?” – pregunto el vendedor. Contesto Rabí Ianai “Cuide su lengua del mal!… Yo he leído este versículo toda mi vida y nunca me di cuenta de su significado hasta que este vendedor me lo enseñó!!”.

(Midrash)

“Y será traído al Cohén” (Vayikrá 14:3)

Cuando una persona habla lashón hará (malas lenguas), demuestra que no tiene idea del poder del habla. Demuestra que para él las palabras son insignificantes en comparación con los actos. Al hablar las malas lenguas, se despierta a un acusador en el Cielo, no solamente contra el objetivo de su lashón hará, sino también contra sí mismo. Un ángel, provisto de un “grabador stereo” se para al lado de cada uno de nosotros y graba cada una de las palabras que pronunciamos. Y para enseñarles a los que hablan lashón hará el poder que tiene hasta una sola palabra, la Torá ordena que el trasgresor sea traído al Cohén. Pero, inclusive cuando va a ver al Cohén, con todo el cuerpo lleno de tzaraat, para que todos lo vean, y hasta que el Cohén pronuncie la palabra “Impuro”, se lo sigue considerando totalmente puro. Del mismo modo, no puede retornar a su antigua situación, a pesar de que la enfermedad se haya curado por completo, hasta que el Cohén pronuncie la palabra “Puro”. Así, el trasgresor aprende el poder que tiene hasta una sola palabra. Porque con una sola palabra, se lo segrega, y con una sola palabra, se lo redime.

(Basado en Ohel Yaacob)

“Hashem le habló a Moshé, diciendo: Esta será la ley del Metzorá” (Vayikrá 14:1)

Metzo-ra —Motzi-(shem)-ra—-hablar mal de alguien (lit. “sacar un mal nombre”, implica mentir).

Sobre gastadas ruedas de acero, las puertas de la fábrica se abrieron de par en par. Allí, bajo la luz gris del alba, estaban las máquinas. Una detrás de la otra, en una larguísima fila cuyo fin se encontraba lejos, muy lejos. Eran grises y azul opaco. Majestuosas. Maravillosas. Las 248. Una máquina tras otra máquina tras otra máquina. El supervisor condujo a su nuevo empleado por el pasillo central. Pasaron junto a todas ellas en reverente silencio. Después de lo que pareció como un siglo, llegaron al final. Y allí se pararon, juntos, al final de este vasto despliegue de poder industrial, contemplándolo.

Allí estaba, diferente del resto de las maquinas igual que Moby Dick era diferente del resto de las ballenas. Enorme, imponente, sola, formidable. “Es esta” dijo el supervisor. “Esta. Sin esta máquina, todas las otras máquinas no valen absolutamente nada. Nada de nada. De esta máquina penden la vida y la muerte”.

La lengua es la máquina más poderosa del mundo entero.

En esta vasta fábrica llamada el Hombre, hay doscientas cuarenta y ocho máquinas, cada tendón corresponde a una Mitzvá. Pero la lengua tiene un poder mayor que el resto.

Una palabra puede matar a distancias que ni siquiera el más poderoso cohete puede alcanzar. Una palabra puede causar una plaga más nociva que el ántrax. Y aún así, una palabra puede curar con más poder que una cirugía a corazón abierto. Una palabra puede decir más que el más brillante y colorido ramo de flores.

El mundo fue creado con palabras: “En el comienzo Di-s creó los Cielos y la Tierra…”. Él creó toda la existencia con las dos veintidós letras del alfabeto hebreo. Y le dio al hombre esa máquina tan increíblemente poderosa: la lengua. No hay ningún animal en el mundo que pueda hablar. Podrán hacer ruidos, si. Pero hasta la fecha, ninguna ballena publicó un libro de poemas.

El Hombre es el único Hablador de toda la existencia. A él se le confió una máquina muchísimo más poderosa que el átomo, y además, mucho más peligrosa. Porque con una sola palabra se pueden destruir mundos y con una sola palabra se los puede crear.

(Jafetz Jaim)

Parashá Tazría (Concibiere) – Metzorá (Leproso). Shabat 1 de Iyar 5769 (25 de Abril 2009)

Resumen de la Parashá Tazría

El Eterno se dirigió a Moshé, indicando las leyes referidas a la mujer parturienta, quien al dar a luz un hijo varón, será impura durante siete días y durante treinta y tres días se purificará. En el octavo día se circuncidará al recién nacido. Si diere a luz una niña, será impura dos semanas y se purificará durante sesenta y seis días. En ambos casos de nacimiento, la mujer, una vez purificada, deberá dar ofrenda de expiación ante el Cohén en el Tabernáculo, consistente en un cordero y, si no fuere posible, presentará dos tórtolas o dos pichones de paloma.

Si una persona contraía la enfermedad de tzaráat (padecimiento comparable a la lepra) debía ser traído frente al Cohén Gadol o uno de sus hijos, quien debía examinar al enfermo y sería declarado impuro. Tenía prohibido entrar al Santuario. Se lo aislaba durante siete días y luego se lo volvía a examinar. Si aun mantenía la afección, debía continuar aislado durante otros siete días y luego, si la mancha no se extendía, se lo consideraría puro.

Las leyes relacionadas con la tzaráat se extienden en diversas condiciones dadas por el Todopoderoso. Incluso si la ropa hubiera tenido mancha de lepra, también debía ser presentada ante el Cohén y se mantenía aislada esa prenda durante siete días. Luego debía ser examinada nuevamente por el Cohén y si la mancha se hubiera extendido, sería impura. Debía quemarse la ropa. En caso de no haberse extendido la mancha, sería lavada la mancha y separada la ropa durante otros siete días. Al cabo de ese tiempo, el Cohén veía si la mancha no cambió de color, determinando que sea quemada la prenda.

Resumen de la Parashá Metzorá

El Eterno transmitió a Moshé, las leyes referidas al leproso para su purificación. La persona enferma de tzaraat, era declarada metzorá y enviada fuera del campamento de la congregación, para vivir y con sus ropas rasgadas. Debía gritar “impuro, impuro”, como señal para que nadie se acercara a tocarle.

Cuando la enfermedad se reducía, la persona era nuevamente examinada por un Cohén, fuera del campamento, y así asegurarse de que la recuperación era total. Las ceremonias de purificación se extendían durante ocho días, y se observaban ciertos ritos especiales durante el primero y el último día. El Cohén ofrecía sacrificios y en el proceso de purificación se usaba madera de cedro e hisopo. El ex metzorá era declarado miembro pleno de la comunidad.

Las leyes de tzaraat se aplicaban tanto a una vestimenta como a una casa. Si las ropas mostraban signos de tzaraat, podían llegar a ser quemadas. Si una casa aparecía repentinamente marcada con rayas verdes o rojas, era cerrada por siete días. Si las rayas se extendían, las piedras afectadas eran reemplazadas por otras nuevas. La casa era revocada y las viejas piedras y el polvo eran arrojados en un área contaminada, fuera del campamento. Si aún quedaban signos de tzaraat en las paredes, todo la casa era destruida y los materiales arrojados en el área contaminada fuera del campamento.

El Eterno también indicó sobre ciertas impurezas físicas, como ser pérdida de semen, flujo, que afectaban a las personas y por ello tenían prohibido entrar al Santuario o tocar objetos sagrados. Esta situación terminaba luego de un proceso de ceremonias específicas para su purificación.