Parashá Shavua: Vaerá – (Y me aparecí). 26 Tebet 5772 (21 de Enero de 2012).

וָאֵרָא אֶל אַבְרָהָם אֶל יִצְחָק וְאֶל יַעֲקֹב בְּאֵל שַׁדָּי וּשְׁמִי יְ־הֹוָ־ה לֹא נוֹדַעְתִּי לָהֶם
El nombre de nuestra parasha es וָאֵרָא (vaera) que significa y se revelo, precisamente, en esta parasha Hashem empieza a revelar al pueblo de Mitzraim, que él es Hashem único, que es bondad, pero también es din.
El Corazón Del Faraón (paro)
Como la Torah nos muestra, Hashem endureció el corazón de paro, es decir, le quito su libre albedrio, pese a todas las plagas que mando a Mitzraim, nuestros sabios z”l preguntaron, ¿por qué Hashem mando las plagas si endureció el corazón de paro? Es decir, ¿por que endureció el corazón de paro para después castigarlo con todas las plagas? Para entender esto, debemos entender primero que paro era un rasha, es decir que dedico su vida a desafiar a Hashem. Cuando una persona llega al nivel al que llego paro de no hacer teshuva sino mas bien dedicarse a pecar y a vivir en un mundo de transgresiones, automáticamente pierde su libre albedrio, ya que su conducta se sale de la bondad con la cual fue creado el mundo. Cuando Hashem creó el mundo, lo hizo con dos midot principales, la primera midat hadin que significa la justicia y la segunda midat harajamin que significa bondad, misericordia. Hashem es paciente en espera de nuestra teshuva, pero cuando uno comete una transgresión tantas veces hasta el punto que se vuelve algo diario en su vida, entonces Hashem rechaza esa teshuva, ya que la persona misma salió del marco de bondad que Hashem nos dio. Y asi precisamente, sucedió en paro, el llegó a un punto en el cual su vida diaria era transgredir, por esta razón paro no tuvo el derecho de ser juzgado con midat harajamin, sino con midat hadin y asi también, permitió que Hashem mostrara que Él es único que se demora en castigar y rápido para perdonar.
Las Diez Plagas (Asara makot)
Nuestra Torah kedosha nos relata acerca de las diez plagas que Hashem mando por medio de Moshe y Aarón a Mitzraim, el Midrash explica que cinco de las diez plagas, también pudieron hacerla los magos de Mitzraim, pero las otras cinco plagas siguientes no hubo poder de igualarlas ya que el nivel de sobrenaturalidad al cual llegaron, invirtieron el orden de la naturaleza, el Zohar explica que las diez plagas o asara makot son las mismas diez cosas que utilizo Hashem al crear el mundo solamente que de modo inverso, es decir cada plaga utilizada en Mitzraim fue en su punto positivo empleada para la creación del mundo.
Hoy en dia, no tenemos la capacidad de entender que significaron realmente las asara makot, pero si estamos seguros que aunque nos encontremos en el momento mas duro de nuestras vidas, Hashem nunca se olvida de nosotros. Nosotros mismos lo alejamos con nuestras acciones, pero para eso existe la teshuva, para poder cambiar nuestras malas conductas y para acercar la geula para todo el pueblo judío, y asi prontamente traer poder cumplir nuestro verdadero objetivo, el cual es la unión con nuestro creador, pero siempre hay que saber y este es un mensaje que nos da nuestra parasha, que Hashem es único y de nosotros depende como llevemos nuestro estilo de vida, si queremos dirigirla como paro o queremos dirigirla como verdaderos hijos de Hashem, pero siempre tengamos presente que Hashem es fácil para perdonar y difícil en castigar, esto es porque, como lo demostró con las asara makot, nos ama profundamente.Bajur David Moshe Shallem Lichtenstein

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Parashá Shavua: Vaerá – (Y me aparecí). 25 Tebet 5771 (1 de Enero de 2011).¿Cómo se construye la Emuná (fe)?

¿Qué lógica tiene el orden de las plagas traídas contra los egipcios? ¿Qué misterios encierra el acróstico que se encontraba grabado, desde los días de la creación del mundo, sobre el bastón de poder que portaba Moshé?

Nos relata el Midrash: “le dijo: ¿cómo traeré sobre él diez plagas? Le respondió: este bastón tomarás en tu mano (Shemot 4,17). Dijo Rabí Yehudá: el bastón pesaba cuarenta sea, y era de sampirín, y las diez plagas estaban grabadas en él en forma de acróstico: DaTzaJ (dam, sangre; tzefardea, rana; kinim, piojos), AdaSh (arov, mezcla de animales; déber, epidemia; shejin, llagas), BeAJaV (barad, granizo, arvé, langosta, jóshej, oscuridad, vejorot, primogénitos). Le dijo Dios: con este instrumento traerás sobre él diez plagas”.

El acróstico del bastón de Moshé lo conocemos todos por la lectura de la Hagadá de Pésaj, sin embargo en el relato de Pésaj nos encontramos con un texto escueto: “Rabí Yehudá solía describir las plagas con ciertos acrósticos: DaTzaJ, AdaSh, BeAJaV”. Quien profundiza en la explicación de este texto de Rabí Yehudá, es proclive a pensar que toda su finalidad es proporcionar una ayuda de memoria, un acróstico nemotécnico que nos permita recordar el orden de las plagas.

Sin embargo, este acróstico tiene un significado más profundo, es descrito en el Midrash como un “instrumento” que por medio del cual Moshé golpeará a Egipto. Están las iniciales de las plagas grabadas en él, según nuestros sabios maestros (cf. Avot 5,6) fue una de las diez entidades de poder que fueron creadas la víspera del primer shabat cósmico, precisamente en un momento denominado “ben hashemashot” (el lapso de tiempo que va desde el ocaso hasta la salida de las estrellas), y podemos preguntar por su significado más profundo hasta donde pueda nuestro entendimiento escudriñar.

Ya el comentario “Lékaj Tov” distinguió que la división de las plagas en grupos de a tres no es algo casual, en cada una de estas tríadas dos plagas tenían advertencia previa mientras que en la tercera no había advertencia, así las plagas de piojos (kinim), llagas (shejin) y oscuridad (jóshej) golpearon a los egipcios sin que fueran previamente advertidos. Las iniciales de estas plagas forman en hebreo la palabra KaJaSh, que significa “silenció, no manifestó”, lo cual podemos ver dentro del acróstico de Rabí Yehudá si ponemos atención en las letras finales de cada una de las tres palabras que forman las iniciales, es decir siguiendo a “Lékaj Tov” la finalidad de Rabí Yehudá en proporcionarnos las iniciales de las plagas en grupos de a tres es mostrar en orden interno de ellas. Este orden interno está basado en un sistema que agrupa el orden de las plagas en forma de tríadas, siguiendo un modelo que expresa la forma que estas golpearon a Egipto, desde el punto de vista de la advertencia o carencia de ella en su realización. La primera de cada uno de estos grupos (sangre, mezcla de animales y granizo) fue anunciada al borde del Nilo, mientras que en las plagas intermedias (ranas, epidemia y langosta) el Faraón fue advertido en su casa, y las últimas, como ya dijimos golpearon sin aviso previo.

Don Isaac Abravanel fue uno de los primeros que distinguió que el orden de las plagas y el lugar donde fueron anunciadas no eran un elemento casual del relato del éxodo, sino que tenían un contenido de tipo filosófico, una finalidad que desde la perspectiva de la Emuná (fe) se relacionaba con las otras plagas que conformaban cada uno de las grupos. La advertencia precisamente hecha sobre las orillas de Nilo, el dios de Egipto, define el fin teológico del orden de las plagas que seguirán y es posible contemplar como esta finalidad se concreta por medio de las plagas que pertenecen a cada una de las tríadas.

La finalidad del primer grupo, sangre, ranas y piojos, es esencialmente el reconocimiento de la existencia de Dios, dentro de un marco que claramente diferencia entre la existencia de un Dios verdadero y la existencia de poderes imaginarios y la fuerza impura de los brujos y hechiceros según sus especies, los cuales llenaban la tierra de Egipto. En la advertencia sobre la orilla del rió que precede a la plaga de sangre, se define esta finalidad teológica: “con esto sabrás que Yo soy el Eterno” (Shemot 7, 17). En el trascurso del tiempo que las plagas de sangre y ranas golpearon a Egipto lograron los brujos imitarlas con diferentes hechizos, sin embargo en la tercera plaga se logra el objetivo esencial de este grupo y los brujos debieron reconocer que la aparición de los piojos no podía ser sino “el dedo de Dios” (8,15).

Después que se construyó este primer peldaño en la escalera de la Emuná, es decir el reconocimiento básico en la existencia de Dios, es designada la segunda tríada de plagas, mezcla de animales, epidemia y llagas, para agregar un segundo peldaño, un escalón que afirmará la supervisión cósmica del Creador. En su libro “El Kuzarí” Rabí Yehudá Haleví trae la famosa tesis del filósofo que reconoce la existencia de un Creador pero niega que la divinidad pueda tener alguna relación con el mundo que creó, dentro de una visión general que se desentiende del principio del premio y el castigo, y de la distinción entre un justo y un réprobo. Sin embargo, frente a opiniones de este tipo, fija en forma rotunda la advertencia sobre la orilla del Nilo que se realiza previa a la plaga de mezcla de animales: “separaré en aquel día la tierra de Goshen que mi pueblo habita, para que no haya allí mezcla de animales, de tal modo sabrás que Yo soy el Eterno dentro de la tierra” (8,18). De tal modo las plagas que pertenecen a este grupo acentúan la distinción entre Israel y Egipto, e incluso entre el rebaño de Israel y aquel de Egipto, para que aprendamos la supervisión universal de Dios sobre sus criaturas y la distinción que hace entre los justos y los réprobos.

El tercer peldaño se define dentro de la advertencia que precede a la plaga del granizo, que abre el tercer grupo: “para que sepas que no hay como Yo en toda la tierra” (9, 14). Según el sistema psico-cultural pagano imperante en Egipto, incluso después que una persona haya reconocido la existencia de Dios y su supervisión cósmica, siempre es proclive a pensar que ciertamente la Divinidad es poderosa, pero es un poder entre otros. Por este motivo se acentúa en estas últimas plagas lo especial de cada una de ellas; en el granizo – “muy pesado que no hubo como este en la tierra de Egipto desde que existe hasta ahora…” (9,18); langosta – “que no vieron tus padres ni los padres de tus padres desde el día que estuvieron sobre la tierra hasta ahora…” (10,6). La plaga de la oscuridad expresa también lo exclusivo del poder divino, que muestra el control de Dios sobre el presuntamente más fuerte de todos los dioses egipcios, el sol.

La plaga de la muerte de los primogénitos representa el golpe final de este instrumento que es el bastón de poder de Moshé, que incluye dentro suya la combinación de los tres peldaños que conforman la escalera de la Emuná, el primero se expresa en la acentuación del hecho que Dios la realiza por si mismo: “Yo saldré dentro de Egipto” (11,4); Yo – y no un ángel; Yo – y no un serafín. El segundo peldaño se acentúa en el hecho de la distinción entre los primogénitos egipcios y aquellos de Israel, e incluso entre esos que pusieron la sangre en los dinteles de las puertas y aquellos que se abstuvieron de hacerlo. Finalmente el tercer peldaño lo observamos en la descripción del gran grito que llenó la tierra del Faraón “en toda la tierra de Egipto que como ese grito no hubo y no habrá…” (11,6)

Después de reflexionar en estos conceptos, según como los expresa Abravanel, es posible comprender un poco más el misterio que envuelve el acróstico grabado sobre el bastón de poder que portaba Moshé, que se encontraba allí desde los albores de la creación universal. Podemos por lo tanto hacernos eco de Abravanel para explicar que el orden de las plagas contiene un sentido esencial y no es un mero hecho casual, menos aun el acróstico grabado en el bastón de poder y que es descrito por Rabí Yehudá son las señales que acentúan el plan que trasciende los simples hechos del éxodo; en la sucesión de las plagas y en la descripción de sus acontecimientos, advertencias y lugares se va construyendo un concepto clave para la vida del pueblo judío en el futuro, las ideas básicas de la Emuná, existencia de Dios, supervisión universal y el principio de la recompensa y castigo que incluye la distinción entre el justo y el réprobo.

Parashá Shavua: Vaerá – (Y me aparecí). ROSH HODESH Shevat 5770 (16 de Enero de 2010).

Resumen de la Parashá

En esta parashá el Eterno se le presenta a Moshé afirmándole que con Su mano fuerte el Faraón dejará ir al Pueblo de Israel y los expulsará de la tierra de Egipto. También le recordó Su Pacto con Abraham, Itzjak y Yaacob, que daría la tierra de Canaán a los Hijos de Israel. Y el pueblo no quiso oír las palabras de Moshé por impaciencia y por sentirse quebrantados por la servidumbre. Moshé temió, ya que si sus hermanos no lo oían ¿cómo lo iba a escuchar el Faraón, aún más por su problema de dicción? Una vez más, el Todopoderoso le dijo a Moshé, que quien hablaría por él sería su hermano Aharón y no obstante el corazón del Faraón sería endurecido por Él y sobre el pueblo egipcio caerían severos castigos.

Moshé tenía ochenta años de edad y Aharón ochenta y tres. El Eterno dijo a Moshé que cuando el Faraón le dijera que hiciera milagros, Aharón debía tomar la vara de Moshé y la arrojaría ante el Faraón y se convertiría en culebra. Así ocurrió y también los magos egipcios hicieron lo mismo, pero el bastón de Aharón se tragó a los bastones de los egipcios. Igualmente, a pesar de este milagro, el corazón de Paró se endureció.

Comenzaron a producirse plagas sobre Egipto. Moshé advirtió al Faraón de lo que iba a ocurrir. La primera fue cuando Aharón, según lo instruido por Moshé, agitó su bastón sobre el río Nilo, sobre canales, lagunas y reservorios, y todas las aguas se convirtieron en sangre. Los peces murieron y hubo un olor hediondo. Todo esto obligó a los egipcios implorar a los judíos que les dieran agua, ya que éstos no sufrieron los efectos de la plaga. El Faraón no cambió su tiesa actitud. Posteriormente Aharón extendió su mano sobre el Nilo y aparecieron ranas que envolvieron la tierra. El Faraón suplicó a Moshé que contuviera los efectos de la plaga y que luego permitiría salir al pueblo. Moshé oró al Eterno para detener la plaga, pero el Faraón no cumplió con su promesa.

Aharón apaleó con su bastón sobre el polvo de la tierra, y éste se convirtió en piojos que envolvían a hombres y animales. Esta plaga, los magos egipcios no pudieron repetirla, admitiendo así la superioridad del Todopoderoso. Pero el corazón del Faraón seguía endurecido.

Moshé señaló que animales salvajes asediarían las casa egipcias, no así las de Goshen donde vivían los judíos. Nuevamente Paró prometió dejar salir al pueblo por tres días para que ofrecieran sacrificios al Eterno, pero cuando se detuvo la plaga, su corazón volvió a endurecer.

Nuevamente Moshé advirtió al Faraón sobre una nueva plaga que afectaría a los animales. Esta mató al ganado de los egipcios, no así al de los hebreos. El Faraón comprobó lo ocurrido, pero no cambió su postura.

El Eterno ordenó a Moshé y a Aharón tomar en sus puños cenizas y arrojarlas hacia el cielo, en presencia del Faraón, las que se transformaron en pústulas sarnosas, atacando a hombres y animales. Los magos también fueron afectados por esta plaga, y, aún así, el Faraón no accedió a los pedidos de Moshé.

Se le advirtió a Paró sobre una nueva plaga que destruiría cosechas y mataría el ganado que aún sobrevivía. Consistió en una terrible tormenta con fuerte granizo de fuego y hielo, que también mató a hombres, pero la tierra de Goshen no se vio afectada. Paró mantuvo duro su corazón y no permitió salir al pueblo de Israel.