Rezos y Plegarias (III):Untané Tókef

Untané Tókef (La plegaria de Musaf)

Una de las partes más impactantes y conmovedoras de la tefilát musaf (rezo adicional) es el poema escrito por Rabí Amnón de Mainz – quien vivió en Alemania hace más de 1000 años – llamado “Untané Tókef”.

Rabí Amnón de Mainz

Hace aproximadamente 1000 años atrás, había en Europa una gran persona en la ciudad de Mainz (Maguncia), este hombre era el Rabí Amnón, un gran estudioso y un hombre muy piadoso. Era amado y respetado tanto por judíos y no-judíos, y su nombre era conocido en todas partes.

Incluso el mismo Duque de Essen de lo que es la actual Alemania, quien era el gobernante de esta tierra, admiraba y respetaba al Rabí Amnón por su gran sabiduría y su piedad. Muchas veces el Duque (y obispo) lo invitaba a su palacio y lo consultaba en todas las materias de Estado.

El Rabí Amnón nunca aceptó ningún premio por sus servicios al Duque o al Estado. De vez en cuando, sin embargo, el Rabí Amnón le pediría al Duque aliviar la posición de los judíos en su tierra, abolir algunos de los decretos y restricciones que existieron contra los judíos en ese momento, y generalmente eran para permitirles vivir en paz y seguridad. Éste era el único favor que Rabí Amnón pidió durante toda su vida al Duque, y el Duque prestaba atención a sus demandas.

Así que el Rabí Amnón y sus hermanos vivieron pacíficamente durante muchos años.

Pero los otros estadistas del Duque comenzaron a ponerse envidiosos de Rabí Amnón.

Y el más envidioso de todos ellos era el secretario del Duque que no podía soportar ver el honor y respeto que Rabí Amnón disfrutaba de su amo ya que entre ellos estaban desarrollando una gran amistad.

El secretario empezó a buscar las maneras y medios para desacreditar al Rabí Amnón ante los ojos del Duque.

Un día el secretario le dijo al Duque:

“¿Señor, por qué usted no persuade al Rabí Amnón para que se vuelva cristiano, como nosotros? – Yo estoy seguro que considerado el honor y los muchos favores que él ha disfrutado de su mano generosa, abandonará su fe alegremente y aceptará la nuestra.”

El Duque pensó que no era una mala idea.

Cuando el Rabí Amnón vino a su palacio al día siguiente, él le dijo:

“Mi buen amigo, Rabí Amnón, desde que yo le conozco usted ha sido fiel a mí por muchos años. Ahora yo deseo pedirle un favor personal.

“Abandone su fe, y vuélvase cristiano ya que ello a mí me simpatiza”.

“Si usted lo hace, yo lo haré el más destacado hombre de todo mi estado; usted tendrá tanto honor y opulencia que no haya disfrutado jamás otro hombre, y al lado mío usted será además el hombre más poderoso en mi estado…”

El Rabí Amnón se quedó pálido. La sorpresa fue tan grande que él no pudo encontrar ninguna palabra para contestar al Duque, pero después de un rato él dijo: “¡O Monarca ilustre! Durante muchos años yo lo he servido fielmente, y el hecho de ser un judío de ninguna manera disminuyó mi lealtad a usted o a su Estado. Al contrario, mi fe me dice que debo serle fiel a usted y fiel a la tierra de mi estancia. Yo estoy listo para sacrificar todo lo que poseo, incluso daría mi vida, por usted así como por el Estado. Pero hay una sola cosa, sin embargo, que yo nunca puedo quebrantar y ésa es mi fe.

Yo estoy limitado por un convenio irrompible a mi fe, la fe de mis antepasados.

¿Me pide usted traicionar a mi gente y los preceptos de mi D-s?

¿Querría acaso usted a un hombre que le sirviera pero que no tiene respeto para con su religión, y a los lazos que lo sostienen y le son más sagrados?

¿Si yo traiciono a mi D-s, podría confiar luego usted en mí?

“Ciertamente creo que el Duque no quiso decirlo. ¡El Duque está seguramente bromeando!”

“No, de ninguna manera yo no bromeo…” dijo el Duque.

Aunque él Rabí parecía un poco desconcertado, interiormente el Duque se impresionó con la contestación del Rabí Amnón.

Le dijo luego el Duque retírese y venga mañana.

El Rabí Amnón esperó que al otro día el Duque recapacitara en el pedido, pero cuando él llegó al palacio nuevamente, el Duque repitió su demanda. Y el Rabí Amnón se puso muy infeliz, y empezó a evitar visitar el palacio, a menos que si ello era completamente ineludible.

Un día el Duque, impaciente por la obstinación del Rabí Amnón, se plantó muy bruscamente delante de él diciéndole:

O te conviertes inmediatamente al cristianismo o sino deberás soportar las consecuencias por rehuirte.

Apretujado por el Duque para darle su respuesta en forma inmediata, el Rabí Amnón le pidió finalmente al Duque que le permitiera 3 días para considerar la misma. El Duque se lo concedió.

Prontamente el Rabí Amnón al dejar al Duque, recapacito sobre su respuesta y comprendió su grave pecado.

“¿Querido D-s,” él pensó, “Hay qué error he hecho yo”?

¿Está faltándome fe y también valor para que pedí yo tres días de consideración? ¿Puede haberle dado una respuesta en el momento, cualquiera pero una respuesta al fin? ¿Cómo podría mostrar yo semejante debilidad en ese momento?- O querido D-s, perdóname…”

El Rabí llegó a su casa con el corazón roto. Él se apartó en su cuarto y abatido se dedico los tres días a la oración y la súplica, mendigando el perdón de D-s por la debilidad de corazón que el había mostrado en ese momento.

Cuando el Rabí Amnón no llegó al palacio en el tercer día, el Duque se puso muy enfadado, y pidió que sus hombres trajeran al Rabí encadenado.

El Duque apenas reconoció al Rabí, el venerado hombre había cambiado en el curso de los últimos tres días. Sin embargo, el Duque se sacó rápidamente todo sentimiento de simpatía hacia él y todo recuerdo de amistad, y le dijo severamente:

“¡Cómo se atreve usted a desobedecer mis ordenes! ¿Por qué no apareció usted a tiempo ante mí para darme su respuesta? Por su causa yo confío que usted ha decidido hacer cuanto yo le digo. Si no será una pena para usted…”

Aunque el Rabí Amnón era ahora físicamente un hombre quebrantado, su espíritu era más fuerte que en toda su vida.

“Señor Duque ” le contesto intrépidamente el Rabí Amnón, ” Tengo una respuesta: ¡Yo seguiré siendo un judío fiel mientras, respire!”

El Duque estaba al lado de él con ira por causa de la respuesta y le dijo: “Está ahora de más la pregunta si se convertirá usted en un cristiano. Usted me ha desobedecido no viniendo a darme su respuesta voluntariamente. Y por ello debe ser castigado…”

El Rabí Amnón dijo, si señor Duque, “pidiéndole tres días de consideración para darle a usted una respuesta he pecado gravemente contra D-s.”

“Mi lengua debe recortarse para haber hablado falsamente”. El Duque respondió que él no le recortaría su lengua que porque había hablado propiamente

Estas palabras valientes enfurecieron al Duque mucho más aun. “Por pecar contra su D-s…” El Duque dijo enojadamente, ” Yo lo castigaré por desobedecer mis órdenes. Sus piernas pecaron contra mí, porque ellas se negaron a venir; ¡Por consiguiente sus piernas serán cortadas!”

Los no-judíos procedieron entonces a cortar cada coyuntura de sus piernas y brazos. Después de cortar cada una de sus articulaciones ellos le preguntaban si quería convertirse al Cristianismo y el Rabí Amnón se negaba una y otra vez. Cuando todo esto fue completado ellos lo enviaron a su casa junto con los miembros de su cuerpo.

Con señales muy débiles de vida el cuerpo del Rabí Amnón fue enviado a su casa, con el pesar de toda su familia herida, pues era el día de vísperas de Rosh Hashaná.

Las noticias sobre el terrible destino del Rabí Amnón se extendieron a lo largo de toda la ciudad. Cada persona de la comunidad estaba horrorizada y se apenaron muchísimo. Era un Día de Juicio muy trágico para los judíos de Mainz y se congregaron en la Sinagoga a la mañana siguiente.

A pesar de que su Rabí Amnón había sufrido tan terrible amputación y con las pocas fuerzas que le restaban recordó que era Rosh Hashaná, y pidió ser llevado a la Sinagoga. Ante su demanda él fue sentado delante del Arca donde se guarda la Torá. Todos los devotos, hombres, mujeres y niños lloraron y vieron a su querido Rabí mutilado en una agonía terrible, pero nunca jamás vieron un corazón Judío que rasgara tan bellas y emotivas oraciones ofrecidas por el Rabí en el día de Rosh Hashaná.

Cuando el “Jazan” (cantor litúrgico) empezó a recitar la oración Kedusha de Musaf, el Rabí pidió un intervalo mientras él le ofreció una oración especial de alabanzas a D-s.

El silencio cubrió a todos los presentes, y el Rabí Amnón empezó a decir “Unethaneh Tokef ” en el que él habla sobre el gran juicio que tiene lugar en Rosh HaShaná y que todos los juicios de HaShem son verdad.

La congregación repitió cada palabra y sus corazones salieron hacia D-s en esa nueva oración. Luego, al finalizar el rezo, ellos recitaron la oración de “Aleinu” solemnemente, y cuando llegaron a las palabras:

“Él es nuestro D-s, y no ningún otro”

Con las pocas fuerzas restantes, el Rabí Amnón se deleito con estas palabras llorando y emocionado falleció.

La oración “Unethaneh Tokef”, es una de las oraciones más solemnes de Rosh Hashaná y Yom Kipur, se recita en las comunidades judías de todo el mundo, y el valor de Rabí Amnón, el autor eterno de esta oración, sirve de gran inspiración a todos nosotros…

Tres días más tarde el Rabí se apareció en un sueño al Rabí Klonimus ben Meshulam de Mainz y le enseñó el texto completo de esta oración y le ordenó que lo extendiera a lo largo del mundo judío.

Untané Tókef

Hay quienes se conmueven al escuchar con qué sentimiento lo canta el jazán del bet hakneset (sinagoga), pero muchos otros – más elevados – prefieren meditar en el contenido que éste encierra. Traduciremos aquí una parte del poema:

“Relatemos ahora la santidad de este día, porque es imponente y temible. En él será exaltado Tu Reinado, se afirmará con benevolencia Tu Trono, y Te sentarás en él, en verdad. Es verdad que Tu eres el Juez y Quien prueba, el conocedor y el testigo, Quien inscribe y sella, y recuerdas todo lo olvidado. Abrirás el “libro de los recuerdos”, que se leerá por sí mismo, y el sello de todos los hombres está en él. Y un gran shofar será tocado, y un sonido calmo y delicado será escuchado. Los ángeles se apresurarán, temblor y estremecimiento se apoderará de ellos, y dirán: “He aquí el Día del Juicio, para reunirse con el “ejército celestial” para el juicio!” – porque no serán meritorios a Tus ojos en el juicio. Y todos los creados pasarán ante Tí como miembros del rebaño. Como el pastor pastando su rebaño, haciendo que las ovejas pasen bajo su vara, así Tu harás pasar, contarás, calcularás y recordarás el alma de todos los vivientes, y decidirás la asignación para todos Tus creados y escribirás su veredicto.

En Rosh Hashaná serán inscriptos y en Iom Kipur serán sellados cuántos se irán y cuántos serán creados, quién vivirá y quién morirá, quién morirá en su tiempo y quién antes de su tiempo, quién mediante el agua y quién mediante el fuego, quién mediante la espada y quién mediante fieras salvajes, quién a causa del hambre y quién a causa de la sed, quién por un terremoto y quién por una plaga, quién por estrangulación y quién por apedreamiento, quién descansará y quién vagabundeará, quién vivirá en calma y quién será acosado, quién disfrutará de la tranquilidad y quién sufrirá, quién será empobrecido y quién será enriquecido, quién será rebajado y quién será elevado. Pero el arrepentimiento, el rezo y la caridad remueven lo malo del decreto!”.

En este poema, Rabí Amnón incluyó muchos puntos de gran profundidad, e intentaremos explicar algunos de ellos:

“En él será exaltado Tu Reinado, se afirmará con benevolencia Tu Trono, y Te sentarás en él, en verdad”.

Durante todo el año no pensamos en arrepentirnos de nuestras malas acciones así como lo hacemos en estos días, puesto que no recordamos que D-os nos juzga. Sin embargo en estos días albergamos un profundo sentimiento de temor ante el “Día del Juicio”, y cuando hacemos esto, de alguna manera, estamos reconociendo que D-os es el Rey de Reyes y es el único que tiene, en verdad, el poder para juzgar. Es por eso que se podría decir que en Rosh Hashaná de alguna forma estamos “coronándolo” a D-os, pues un rey que no tiene sobre quien reinar, no es digno de llamarse rey. Y cuando D-os ve esto se apiada de nosotros en el juicio y nos juzga con benevolencia.

“Es verdad que Tu eres el Juez y Quien prueba, el conocedor y el testigo, Quien inscribe y sella, y recuerdas todo lo olvidado”.

Él es el único que nos juzga. En las cortes de justicia terrenales, se necesitan varios jueces, abogados, testigos, fiscales, secretarios, etc., pero no es así en el Juicio Divino, donde D-os mismo es Quien juzga, testimonia e inclusive inscribe y sella el veredicto. Además, Él recuerda incluso lo que las personas ya se olvidaron, poniendo en la balanza las buenas acciones que las personas hicieron a pesar de que se olvidaron de ellas, así como las malas.

“Abrirás el “libro de los recuerdos”, que se leerá por sí mismo, y el sello de todos los hombres está en él”.

La veracidad del “libro” en el cual están registradas las acciones de los hombres es tan grande, que pareciera ser como si se leyera por sí mismo, y aún más, como si cada persona hubiera firmado y sellado aquel libro para autentificar su contenido.

“Y todos los creados pasarán ante Tí como miembros del rebaño”.

Esta parte del poema está basada en la Mishná que dice: “En cuatro momentos el mundo es juzgado: en Pesaj – por la cosecha, en Shavuot – por los frutos de los árboles, en Rosh Hashaná – todos los creados pasan delante de Él como miembros de un rebaño, así como está escrito: “Quien crea en conjunto sus corazones, Quien entiende todas sus acciones” (Tehilim -Salmos- 33:15), y en Sucot – son juzgados por el agua” (Rosh Hashaná 16a).

En Rosh Hashaná somos conducidos como un rebaño al que se lo hace pasar por una puerta angosta, uno detrás del otro, para contarlos y verificarlos. Por esa puerta no pueden pasar a la vez dos corderos, ni quedará un cordero sin ser contado, y así es con las personas en Rosh Hashaná: todo ser humano – ya sea piadoso o malvado – es juzgado por todo lo que hizo el año anterior.

Así como el rebaño no puede atravesar ese lugar angosto para pasar a un lugar más amplio, a menos que el pastor así lo disponga, asimismo las personas no pueden salir meritorias en el Juicio Divino sin pasar antes por ese momento de estrechez, y unicamente lograrán atravesarlo gracias a la benevolencia de D-os, el Pastor de Israel.

“En Rosh Hashaná serán inscriptos y en Iom Kipur serán sellados”.

En estos días de juzgamiento D-os decide la suerte de toda la población – en general, y la suerte de cada individuo – en particular. D-os decide cómo morirán aquellos que son condenados a morir y qué clase de vida tendrán aquellos que vivirán. Nuestro autor nos enseña que no importa lo que le pase a una persona, ya sea bueno o malo, ello es únicamente el resultado del Juicio Divino, la consecuencia de la evaluación de sus actos. La causa de alguna muerte puede parecer natural, accidental o violenta; pero es sólo una apariencia externa, aún eso está predeterminado desde Rosh Hashaná.

“Pero el arrepentimiento, el rezo y la caridad remueven lo malo del decreto!”.

Aquí, Rabí Amnón describe la fórmula mediante la cual el hombre puede causar que la severidad de la decisión sea revocada. El arrepentimiento, el rezo y la caridad tienen el poder para que D-os anule la dureza del decreto, pues al ver que nosotros no nos comportamos como acostumbrábamos, es obvio que D-os también se hará eco de nuestro cambio, pues ya no somos los mismos. Ahora rezamos mejor, nos arrepentimos de nuestras malas acciones y también tenemos más piedad por nuestros semejantes.

En casi todas las ediciones de los majzorim (libro se oraciones) de Rosh Hashaná e Iom Kipur, las palabras: “el arrepentimiento, el rezo y la caridad” tienen encima de ellas escritas otras tres palabras: “ayuno” – sobre “arrepentimiento”, “voz” – sobre “rezo” y “dinero” sobre “caridad”. Esto es para indicarnos que la verdadera teshuvá incluye ayunar, rezar en voz alta y dar caridad.

¿Cuánta caridad uno tiene que dar? ¿Es suficiente con dar justo lo que la ley requiere y no más? Rabí Israel Meir Hacohén (conocido como el “Jafetz Jaím”, 1839 – 1933) solía decir que si uno está satisfecho con un mínimo absoluto de comida, morada y ropa para él y su familia, entonces alcanza con que dé ese mínimo de caridad a los demás. Pero si él quiere más de lo necesario para sí mismo, él debe dar lo mismo a los necesitados.

http://fkpaya.blogspot.com y http://www.tora.org.ar

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El mes de Elul (XIII).LA PLEGARIA: UNA ESCALERA AL CIELO

El muro occidental en Jerusalem…hombres, mujeres y niños… turístas, jerosolimitanos, sabras. Se mecen de aquí para allá, mientras canturrean las antiguas plegarias de nuestros antepasados. ¿Qué fórmulas especiales contienen sus Libros de Oraciones? ¿Qué significado y fortaleza se encuentra disponible para cada judío a través del rezo? De hecho, ¿por qué orar del todo?

Para el judío, la plegaria es el nexo más cercano que él o ella tienen con Di-s. La plegaria puede alterar el curso de la vida de la persona, acercar más al judío a su Creador, y proveemos de nuestras necesidades y deseos.

La plegaria es un maravillo regalo de Di-s, entregado especialmente al judío y a la nación judía como un todo. Con ella hemos sobrevivido privación y dolor en el curso de los milenios. Cuando la vieja nación Moabita planeó el ataque a los israelitas mientras marchaban por cl desierto, pidieron consejo a la nación de Midián: “¿Cuál es el secreto que se oculta detrás de esta nación y su líder?”, preguntaron. Los Midianitas contestaron, “Su poder radica sólo en la boca (la plegaria)
Una característica importante de la plegaria del judío es su poderoso efecto. En la Biblia se nos cuenta que nuestra Matriarca Leá tenía “ojos débiles”. El Talmud explica que sus ojos estaban débiles y enrojecidos de tanto llorar. ¿La causa de sus lágrimas? Como era una mujer virtuosa, sufría incomparablemente al enterarse de que estaba destinada a casarse con Esaú, su primo. Ella era la hija mayor de Labán, Esaú era el hijo mayor de Rivká, de modo que estaban destinados a casarse. Rajel, la hija más joven, estaba destinada a casarse Iaacov, el hijo más joven.
Esaú era conocido como un ladrón, un asesino y un individuo brusco y tosco, en tanto que Iaacov era una persona justa y piadosa.
¿Qué hizo Leá? Lloró… y rezó. De hecho, el Talmud explica que Leá rezó tan fervientemente a Di-s, que sus ojos se pusieron literalmente débiles de tanto llorar. Ella rogó: “Por favor, no permitas que mi destino sea”
La plegaria nunca es en vano. Por eso, los esfuerzos de Leá fueron premiados debidamente. Sus plegarias fueron respondidas, y ella se casó con el tzadik Iaacov y no con el malvado Esaú. De hecho, Leá se casó con Iaacov incluso antes que su hermana Rajel, quien estaba destinada por el Cielo a ser su esposa.
Además, Leá fue la madre de seis de las Doce Tribus de Israel y se convirtió en una figura principal en la historia de nuestro pueblo.
Uno podría preguntarse: estas historias de la Biblia están bien, pero, ¿cómo se aplican a nosotros, en nuestra época y era moderna?
La respuesta es que la plegaria tiene el poder de sanar en cada generación y para todos los pueblos del mundo. Ayuda al judío no solamente en épocas de dificultad y severa tensión; al examinar sus cualidades de cerca, nos percatamos de las muchas aplicaciones y la naturaleza especial de la plegaria en el judaísmo.
En hebreo, la palabra para ‘plegaria’ es tefiá, derivada de la palabra palel que significa ‘unión’. Rezando, el judío se conecta con Di-s (según el grado de sentimiento del alma y su poder de comunicación). Esos factores determinan la “cercanía” del nexo entre uno y Di-s.
Nuestras acciones mundanas cotidianas, cuando no se hacen con el pensamiento de algún propósito espiritual, a duras penas nutren al alma. Por el otro lado, cuando ésta se acerca a su unión con su fuente, el Creador, experimenta entonces verdadero placer espiritual.
Nuestros Sabios comparan la plegaria con la “escalera de Iaacov” en la Biblia. Pues tal como la escalera se extendía desde la tierra hasta los cielos, así también la plegaria lleva al judío más allá de sus asuntos terrenales y eleva un espacio de su tiempo a empeños más celestiales.
En su más excelso nivel, por supuesto, el alma desea una unión absoluta con Di-s, incluso al grado de abandonar el cuerpo. Se cuenta la historia del Rebe jasídico que cada mañana, antes de sus plegarias, se despedía cariñosamente de su amada esposa y familia, pues temía que su alma ascendiera a las esferas supremas. Contenta de estar allí, ¡bien podría rehusarse a volver a la tierra!
Claramente, el judío término medio no alcanza niveles tan elevados inmediatamente. Comienza escalando hacia arriba desde abajo, abriéndose camino hasta la cima. Lo hace, en primer lugar, meditando acerca del significado literal de las palabras de la plegaria.
Examinando nuestras plegarias diarias, encontramos que consisten de tres elementos:
1) Alabanzas al Todopoderoso
2) Pedidos por nuestras necesidades diarias
3) Agradecimiento por la generosidad de Di-s.
Estos componentes constituyen plegaria del judío.
Pero surgen preguntas: si de hecho el judío cree que todo viene de Di-s, ¿por qué debe pedir por sus necesidades en la plegaria? El Creador ciertamente conoce nuestras necesidades. En segundo lugar, ¿qué beneficio deriva El de nuestra plegaria humana? ¿Cómo pueden nuestras palabras dar a Di-s cualquier medida de satisfacción?
El Talmud afirma que cierto hombre justo concluía siempre sus plegarias con las siguientes palabras:
“Di-s, Tú sabes qué es bueno para mí y mi modo de vida. No he venido a informarte de mis necesidades o para llamar Tu atención a ellas; más bien, para que yo me dé cuenta de cuánto dependo de Ti…”
La respuesta es que Di-s Mismo no requiere de nuestros recordatorios. Más bien, es nuestro deber rezar para que nosotros mismos recordemos a nuestro Creador y cómo todo surge de El.
Si Di-s nos otorgara cada una de nuestras necesidades sin la plegaria, podríamos pronto llegar a creer que nuestras bendiciones de subsistencia, salud y felicidad, son el resultado de nuestros propios esfuerzos humanos. Por lo tanto, rezamos para tornar conciencia de nuestra dependencia de Di-s para nuestro bienestar espiritual y material; pues El es la genuina fuente de todo lo que recibimos en la vida.
La plegaria, tefilá, es como los demás mandamientos en este respecto. No podemos decir que el Creador de toda la vida dependa de nuestro desempeño, de los ceremoniales y rituales judíos. Más bien, los mandamientos, como la plegaria, sirven para beneficiar al judío mismo.
Esta idea arroja luz sobre otro aspecto importante de la plegaria.
Di-s es Omnisapiente y Omnipresente, nada Le falta. Así que no podemos decir que El precise de nuestras alabanzas. Más bien, las palabras de alabanza que recitamos del Sidur sirven para recordar al judío que es Di-s, nuestro Padre y Rey, quien concede nuestros deseos. Tal como un súbdito alaba al Rey antes de formular un pedido, así también el judío inicia la plegaria formal con la alabanza apropiada de Di-s.
Nuestros Sabios enfatizan que la alabanza debe adaptarse al pedido. Así, antes de que pidamos lluvia (que en la tradición judía simboliza el “sustento”) decimos: “Tú, Di-s, eres Aquel que hace que el viento sople y la lluvia caiga”. Antes de hacer nuestro pedido, recordamos fortalecer nuestra fe implicando que Di-s realmente puede conceder aquello que pedimos.
Dejando de lado los momentos y tipos específicos de plegarias (que son aspectos esenciales pero demasiado extensos como para su análisis aquí) el factor principal en la plegaria es kavaná, que significa devoción sincera. Como exhorta el Código Judío de Leyes: “Mejor menos súplicas con kavaná, que muchas sin kavaná”. En otras palabras, Di-s no cuenta el número de páginas que se dieron vuelta, sino la intención de uno en la plegaria. Como declara el Talmud: “Di-s desea el corazón”.
Hay una historia que ilustra la importahcia de la kavaná. Cierta vez, un hijo de Rabí lehudá Arié Leib de Gur se puso muy enfermo. Su hermano fue inmediatamente enviado a ver al tzadik Rabí lejíel Meir de Gotstynin, para pedir que intercediera en el Cielo por el muchacho. Dijo Reb lejíel Meir: “Obligar al Rebe de Gur a recitar todo el libro de Salmos es difícil. Pero al menos diez Salmos debería leer”. Cuando Reb lehudá Arié Leib recibió este mensaje, exclamó: “¡Diez Salmos! Cuando leo un único Salmo, mi cabeza literalmente comienza a dolerme (por la intensa devoción y concentración). ¿¡Y él dice ‘Diez’!?”
La importancia de kavaná no pretende servir jamás de excusa como para atenuar el orden apropiado de nuestras plegarias. El concepto es, más bien, rezar con sentimiento, en lugar de hacerlo de una manera mecánica y superficial. “No hagas de tu plegaria una rutina fija”, dice la Etica de Nuestros Padres.