La Cuenta del Omer: El secreto de las 7 semanas

omerEl mandamiento de contar el omer es uno de los preceptos más curiosos de la Torá. Se nos pide contar los 49 días entre Pesaj y Shavuot a pesar de que, por supuesto, el número de días nunca cambia. Es por eso que en el cumplimiento de esta mitzvá, que requiere un esfuerzo continuo, el proceso es en sí mismo valioso.

La palabra para “número” en hebreo es “mispar” y su raíz está muy relacionada con la palabra “sipur” – que significa “cuento”. ¿Cuál es la relación entre estas dos palabras?

Contrariamente a una antología casual de eventos, una serie de eventos se convierte en un cuento o una historia cuando hay un comienzo en el cual los personajes son presentados, una trama en la cual toma lugar la situación, y un desenlace en el cual aparece el final de la historia.

Nuestras vidas corren tan rápido que frecuentemente perdemos conciencia del enorme poder de nuestras propias historias. La metamorfosis de hoy hacia mañana es lo suficientemente sutil como para que perdamos la conciencia sobre los comienzos y los finales de nuestras vidas.

El mandamiento de contar el omer nos enseña a prestar atención a las cosas, y reabre nuestros corazones para escuchar historias.

¿Y qué historia es contada?

Hay dos historias que están entrelazadas.

La primera es la historia de la transformación de un pueblo que en Pesaj se liberó físicamente, a un pueblo que en Shavuot se liberó espiritualmente.

El día que dejamos Egipto fue un día en el cual nosotros rechazamos la definición egipcia de lo que nuestras vidas pueden ser. Nosotros nos liberamos para ser lo que queríamos ser. Pero aún no conocíamos nuestra propia historia. Fue sólo cuando recibimos la Torá que encontramos los canales que podían darle expresión a nuestras almas.

Fue entonces así que aprendimos el proceso de encontrarnos con los desafíos que son genuinos y duraderos. Nuestra historia comenzó a evolucionar.

Cebada y trigo

Los rituales que definen esta época del año reflejan este cambio. El sacrificio que era ofrecido en Pesaj era de cebada. En tiempos pasados, la cebada era usada como pastura para los animales. El sacrificio que era ofrecido en Shavuot era de trigo. El trigo es frecuentemente usado como una alegoría de la capacidad humana para usar su inteligencia. Mientras que un animal puede comer una fruta o una hoja, hacer pan requiere de la inteligencia y creatividad humana.

El pueblo judío fue transformado de ser un buscador de libertad en ser un buscador de humanidad.

Lo que esto simboliza es la transformación del pueblo judío, que primero fue definido mediante las búsquedas y los deseos de una libertad que es compartida con los animales, en un pueblo de humanos verdaderamente evolucionados. Esto es realmente una historia.

¿Qué nos hace verdaderamente humanos? La literatura mística discute los vínculos que compartimos con Dios, siendo estos lazos el factor que nos humaniza. Estos vínculos son llamados sefirot, un nombre que, como es obvio, tiene también la misma raíz que “mispar” y “sipur” -número e historia.

Esta raíz en común nos muestra el hecho de que el comienzo, la trama y el final de nuestra historia son finalmente limitados y finitos, pero de todas maneras son tocados por la chispa infinita de Santidad que hay dentro de nosotros.

La mención más temprana de este concepto místico es presentada en un libro de cábala llamado “Sefer Ietzirá” – literalmente “Libro de Formación” – el cual es atribuido a Abraham Avinu. Hay más de mil comentarios escritos sobre el Sefer Ietzirá, pero aún así todavía es uno de los libros judíos más esotéricos sobre la naturaleza de Dios.

En el 1500, el Rab Itzjak Luria – un místico proveniente de Egipto que se asentó en Tzfat y que es conocido mundialmente con el nombre de Ari (literalmente “león”) – dilucidó con una increíble claridad las secciones más enigmáticas de la cábala a un grupo seleccionado de discípulos. Subsecuentemente, las enseñanzas místicas del judaísmo se hicieron mucho más accesibles de lo que habían sido en el pasado.

Una de sus enseñanzas centrales es el significado de obtener conciencia sobre el vínculo que compartimos con Dios, las sefirot de nuestras almas espirituales.

Los 7 aspectos de santidad

Examinemos ahora los vínculos con Dios que nos hacen humanos – los siete aspectos expresivos de santidad. Cada uno de estos siete aspectos se relaciona con una de las siete semanas de Sefirat haOmer.

1. El primero es Jesed, “benevolencia”.

Mientras que los impulsos del cuerpo están dirigidos hacia uno mismo, los impulsos del alma están dirigidos hacia afuera, hacia otros. Nosotros amamos a quien le entregamos porque ellos confirman la existencia de nuestra espiritualidad. Nosotros vemos nuestro “yo” más elevado reflejado en ellos.

2. El segundo es Guevurá, “fuerza” o “poder”.

Esto se refiere específicamente a fortalecer el alma de uno para sobrepasar los obstáculos que están delante de ella. Nosotros tenemos la capacidad de vivir por nuestras metas, y para hacer los sacrificios necesarios para obtenerlas. La meta final de cada judío es ser una fuente de luz. En función de llegar a este fin, debemos someter nuestro ego y nuestros deseos a la inspección minuciosa de la Torá de Dios.

3. El tercero es Tiferet, “belleza”.

La belleza es creada a través de la armonía y el contraste – eso es, cuando nosotros hacemos una “unión”. Cuando nos convertimos en personas con el valor de la verdad, nuestras palabras, pensamientos y acciones se unen. Sólo los humanos pueden mentir. La razón para esto es que sólo los humanos tienen la posibilidad de crearse a sí mismos de alguna manera. Usando las palabras del Maharal de Praga: “nos damos nacimiento a nosotros mismos”. Cuando mentimos caemos en nuestro deseo animal de la comodidad y la facilidad. Cuando decimos la verdad, nos reconectamos con la realidad trascendental de Dios y elegimos ser auténticos como seres humanos.

4. El cuarto es Netzaj, “infinidad”.

Cualquiera que alguna vez haya resistido el deseo de obtener gratificación inmediata ha tocado esta cualidad. Es la fuente de la esperanza y la aspiración de crecer.

5. El quinto es Hod, “esplendor”.

En hebreo hod es un sustantivo que significa literalmente “esplendor”, pero como verbo significa “confesar” y “agradecer”. Como seres humanos nosotros podemos ser movidos por el esplendor, ya sea que su fuente esté en lo espiritual o lo físico. Nuestra habilidad para ser verdaderamente sensibles en este sentido es lo que nos inspira a expresar agradecimiento. Frecuentemente nos resistimos a permitirnos ser agradecidos por la fragilidad de nuestra autoestima. Cuando nosotros comenzamos el día con las palabras Modé Aní – “Te agradezco” – estamos expresando nuestro agradecimiento a Dios, y simultáneamente nos vemos a nosotros mismos como creaciones merecedoras de vida

6. El sexto es Iesod, “fundación”.

Esto se refiere a nuestra habilidad para vincularnos. Este aspecto es llamado “fundación” porque es la fundación misma de todas las interacciones. Lo que nosotros finalmente buscamos en las relaciones es bondad. Inevitablemente si tendríamos que elegir una característica en una futura pareja, sería una característica espiritual. Para algunos de nosotros sería la compasión, para otros sería la honestidad o la sensibilidad. Si nosotros vemos nuestro propio bien reflejándose hacia nosotros, nosotros amamos a la otra persona aún más. Lo que esto nos está diciendo es que lo que estamos buscando en última instancia, es un vínculo espiritual. Nosotros estamos buscando la cara de Dios.

7. El atributo final es Maljut, “reinado”.

Esto se refiere a nuestra habilidad de materializar el reinado de Dios en todo el mundo y en nuestros propios corazones. La manera de hacer esto es mediante el reconocimiento de que nuestras misiones son de significado infinito. Al mismo tiempo mantenemos la humildad que resulta de saber que sólo podemos ver como propio un pequeño trozo de infinidad.

Las siete semanas entre Pesaj y Shavuot tienen el potencial espiritual para darnos la habilidad de hacer que nuestras historias se desarrollen. Nosotros podemos hacer que cada día cuente, y lograr ser más humanos de lo que jamás hubiésemos imaginado.

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¿Por qué contamos el Omer?

A partir de la segunda noche de Pesaj hasta el día anterior a la fiesta de Shavuot, el pueblo judío comienza una Mitzvá única llamada sefirat ha’omer (cuenta del omer).La Tora nos ordena contar cada año siete semanas completando un total de 49 días. Al final de este período,celebramos Shavuot, que significa “semanas.”

Esto es considerado una Mitzvá, por eso la Cuenta del Omer, que recitamos cada noche, es precedida por una bendición. Sin embargo, podemos recitar la bendición, solo si no hemos faltado a la cuenta. Si hemos olvidado de contar el Omer, aunque sea una noche, no podemos recitar más la bendición, sino debemos escuchar la bendición de otra persona que si haya mantenido la cuenta completa y después hacemos nuestra cuenta.

Durante los tiempos del Santo Templo de Jerusalem, después de contar el Omer, era traída una ofrenda especial de grano. Esta ofrenda que se traía, era agitada en diversas direcciones, similarmente a cómo se agita el lulav durante la fiesta de Sucot, para demostrar que la presencia del Todopoderoso lo abarca todo.

¿Por qué contamos actualmente? Existen varias razones. La primera es, que la cuenta manifiesta nuestra emoción frente a la inminente entrega de la Torá, celebrada en Shavuot. De la misma forma que un niño cuenta a menudo los días hasta el termino de las clases, o por las próximas vacaciones de la familia, así también nosotros contamos los días para demostrar nuestro entusiasmo en recibir nuevamente la Torá (que de hecho, recibimos la Torá en un sentido renovado cada año).

También sabemos que este período es apropiado para prepararse y refinarse espiritualmente. Cuando el Pueblo judío estaba en Egipto hace casi 3.400 años, se habían asimilado a muchas de las inmorales costumbres de los egipcios. Los judíos se habían hundido en un nivel sin precedente de decadencia espiritual y estaban al borde de la destrucción. En el último momento posible, los hijos de Israel fueron redimidos milagrosamente. Experimentaron un renacimiento espiritual y ascendieron rápidamente a un estado colectivo de santidad nunca antes alcanzado. Eran tan santos, de hecho, que cuando estaban parados al pie del Monte Sinai para recibir el Torá, fueron comparados a los ángeles.

Fue durante ese período de 49 días que experimentaron esta transformación tan radical. ¡De los niveles mas despreciables, a las alturas más excelsas en apenas siete semanas!

Los mandamientos de la Torá no son simplemente una parte de nuestra historia, sino que por el contrario representan una lección de vida para cada judío. Vemos la Torá como si fuese entregada cada día nuevamente y nos ocupamos de ella y de sus mandamientos con un vigor renovado.

También debemos aplicar a nuestra vida cotidiana esta lección de la cuenta de omer. Es específicamente durante este periodo que debemos esforzarnos para crecer y madurar en nuestro estado espiritual. La Torá no nos permite que nos consideremos satisfechos con nuestro actual nivel de espiritualidad. Por el contrario nos exhorta a fijarnos altas metas para nosotros mismos y después esforzarnos metódicamente hasta alcanzar esas metas.

El crecimiento que experimentamos durante este tiempo es comparable con un maratón. Establecemos el ritmo y lo intentamos mejorar día a día hasta que alcanzamos el día en que recibimos nuevamente la Torá. En este proceso miramos profundamente dentro de nosotros y trabajamos sobre todos nuestros aspectos negativos. Si nos vemos desprovistos de amabilidad, cambiamos nuestra agenda para hacer mas obras caritativas. Si estamos faltando en el área de la justicia, nos comprometemos a elevar nuestros niveles de entereza mejorándolos para elevarlos al máximo de nuestras posibilidades. Y así también en todas las áreas de nuestra personalidad.

La energía del Omer

En su profecía de exhortación al pueblo, el Profeta Jeremías dice: Tampoco dijeron en su corazón: `Temamos ahora al Señor, nuestro Di-s, que envía la lluvia temprana y la tardía a su debido tiempo, que cuida para nosotros las semanas fijas de la cosecha´. Vuestros pecados han apartado todo ello, y vuestras iniquidades han impedido el bien de vosotros (Jeremías 5:24-25). Aquel que da la lluvia, la temprana y la tardía, también tiene el poder de retenerla. ¿No deberíamos temerle y abstenernos de despertar Su ira? Incluso después de que Di-s saturó los suelos con la lluvia temprana e hizo caer la lluvia tardía sobre los campos llenos de paja y rastrojo, mientras no hayan transcurrido las siete semanas de cosecha entre Pesaj y Shavuot el mundo sigue necesitado de El, Quien cuida para nosotros las semanas fijas de la cosecha de los rocíos previos y los vientos peligrosos, de las fuertes ráfagas y del dañino gusano. ¿No deberíamos temerle y abstenernos de provocarlo?

Durante este período de cosecha de siete semanas el sustento del hombre está en juego, ¿será bendecido con abundancia o maldecido con hambruna? Si tiene méritos, se abren para él los tesoros de la vida, la bendición y la abundancia. Pero si -Di-s libre- carece de ellos, entonces en verdad debe temer que la ira Divina se encienda en este período.

Es en ese momento que contamos los días del Omer, en el período de la cosecha, para que podamos determinar cuántos días han transcurrido sin traer consigo tormento. La persona debe orar para que estos días continúen libres de perturbaciones, que la cosecha del trigo se complete, y que seamos bendecidos con abundancia y sustento para todo el año.

La Torá no hace referencia alguna al hecho de regocijarse en Pesaj, pues en esta Festividad se emite el juicio Divino respecto del éxito de nuestra producción (Ialkut Shimoní, parshat Emor).

Será siete semanas completas (Levítico 23:16) – ¿Cuándo son “completas” [es decir, sin contratiempos ni catástrofes]? Cuando el pueblo de Israel cumple la voluntad de Di-s (Vaikrá Rabá 28).

Dado que éste es un largo período de juicio de cincuenta días, el sentimiento de zozobra que se experimenta en él es inmenso, pues deseamos que transcurra con éxito, sin que se produzcan incidentes o tragedias. Por ello, es esencial mostrar en estos días un comportamiento adecuado hacia nuestros semejantes, procurando la armonía y la paz.

Di-s dijo: “Os trato como príncipes y nobles. Mientras dormís en paz en vuestros lechos, guardo vuestras vidas y bienes. Preparo vuestro sustento para todo el año, para que seáis amables unos con otros, ¡y sin embargo entre vosotros mismos no os tratáis con respeto! ¡Enviaré retorcijones de hambre al mundo en vez de bendiciones, hambruna en lugar de tranquilidad, y muchos de vosotros pereceréis en masa! ¡Por no haber honrado a los vivos, honraréis a los muertos! ¿No es mejor que honréis a los vivos, como lo hago Yo con vosotros? Así vuestros días se colmarán de bien y de bendiciones”.

(Extraído de Viviendo con el tiempo, del Rab Eliahu Kitov)

Viviendo cada día: la cuenta del omer

Bendito eres Tú, Señor nuestro Di-s, Rey del universo, que nos ha santificado con Sus mandamientos y nos ha instruido sobre la cuenta del Omer (bendición diaria entre Pascuas y Shavuot).

Entre los muchos milagros del Exodo, no fue el más pequeño la transformación de un pueblo que había estado en esclavitud por centurias, viviendo con una mentalidad esclava, en un pueblo que fue un “reino de sacerdotes y un pueblo sagrado” (Exodo 19:6). ¿Cómo fue lograda esta transformación?
Desde el Exodo de Egipto hasta la revelación en Sinai, transcurrieron siete semanas. Paralelo a eso, nosotros tenemos la mitzvá de contar el Omer desde el día después de la celebración del Exodo hasta el día en el cual celebramos la revelación en Sinai. Por siete semanas nosotros contamos cada día: Hoy es el primer día del Omer, hoy es el segundo día del Omer, etc.
Desarrollar una nación espiritual de entre un grupo de recién emancipados esclavos es una tarea que parece rayar en lo imposible.
Pero es sólo imposible si uno trata de abrazar demasiado, demasiado pronto. Si uno puede trabajar sobre la espiritualidad “un día a la vez”, y lograr hoy sólo lo que necesita ser logrado hoy, lo imposible se torna posible.
Como con la generación del Exodo, así es con nosotros. Nosotros debemos dividir el tiempo en segmentos manejables, y vivir un día a la vez.

* * * * *

Sea Tu voluntad que en virtud de mi cuenta del Omer este día, haya una corrección de los defectos que yo he causado, y que sea purificado y santificado por la Santidad de lo alto (Plegaria que sigue a la cuenta del Omer).

Nosotros reconocemos que como humanos tenemos muchas imperfecciones, y que es nuestra responsabilidad mejorar nuestros rasgos de carácter.
Cuando nos damos cuenta cuán lejos estamos del ideal, podemos exclamar: “¡Qué mandamiento!” Podemos estar tan abrumados por la enormidad del desafío de mejorarnos nosotros mismos que podemos desesperar de lograrlo, y simplemente no hacemos nada.
Mientras contamos el Omer un día a la vez, se nos ayuda a darnos cuenta que la tarea no es tan abrumadora como pensábamos. No se nos requiere lograr perfección, y lo que hacemos, podemos hacerlo en entregas diarias. El mejoramiento del carácter puede ser en pequeños trozos, y no necesita ser en montones.
A pesar de que no podemos lograr perfección por nuestro propio esfuerzo, si sinceramente hacemos lo que podemos, todo lo que nosotros podemos, la perfección para la que nos esforzamos nos será concedida como un obsequio de lo alto.

(Rabbi Twersky. Extraido de Viviendo cada día)

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Los 49 días del Omer…tiempo de purificarnos

Los siete atributos

Los maestros del misticismo judío consideran los cuarenta y nueve días -siete semanas- del Omer como un período destinado a la rectificación de las mellas que han afectado los siete atributos sobre los cuales está basado el mundo temporal. Ellos son: Jésed – Bondad, Guevurá – Fortaleza, Tiféret – Armonía, Nétzaj – Eternidad, Hod – Esplendor, Iesod – Fundamento, Maljut – Soberanía. Nuestros Sabios, quienes ahondaron en los significados profundos de la Torá, enseñan que este estado de perfección del mundo aparece expresado en el versículo: Y vio Di-s todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno (Génesis 1:31).

Estos siete atributos fueron reimplantados en el mundo -luego de que el pecado de Adám hubiera afectado su perfecto orden- por nuestros grandes antepasados, “los siete pastores”, y permanecen en plena actividad aun después de los varios pecados cometidos por el pueblo judío luego de haber recibido la Torá. En cada generación y época, siempre que el hombre lo desee, puede venir y aferrarse a los atributos de los siete pastores, pues las cualidades que ellos implantaron poseen una fuerza eterna. En particular, el período de la cuenta del Omer es el más propicio para lograr este perfeccionamiento, pues desde el momento en que los Hijos de Israel salieron de Egipto convirtiéndose en el pueblo de Di-s se abrió ante ellos en este período la senda de la pureza, logrando su total purificación en los cuarenta y nueve días sucesivos. De su condición de fabricantes de ladrillos y recolectores de paja para el Faraón en Egipto ascendieron y se convirtieron en un pueblo especialmente elegido por Di-s, una nación de kohaním, reyes y ministros, todos consagrados a Su servicio.

Esta senda de purificación fue allanada entonces, y cada año, al llegar este período, una vez más se abren las puertas y se despeja el camino para todos aquellos que desean poseer los siete atributos en su integridad (Para más detalles, consultar “Guía Espiritual para la Cuenta del Omer, Ed. Kehot Sudamericana).

Los siete pastores

Nuestro Patriarca Avraham constituyó la personificación del atributo de Jésed, Bondad. El alimentó y sustentó a todo el mundo con su inmenso amor, y con su abrumadora amabilidad los atrajo bajo las alas de la Shejiná. En su personalidad no había sentimientos de celos, crueldad u odio.

Nuestro Patriarca Itzjak fue la encarnación de la Guevurá, Fortaleza. Por su intermedio fue introducido en el mundo el temor a Di-s. Toda su fuerza estuvo consagrada al servicio y temor de Di-s. En ello no vaciló. Cuando fue amarrado al altar, no fue su fe la que se estaba poniendo a prueba, sino la de Avraham.

Nuestro Patriarca Iaacov fue la personificación de Tiféret, la Armonía. Todo lo que hizo fue realizado con simplicidad y perfección. Era puro en su relación con el Cielo y con sus padres. Todo lo realizaba de una especial manera armoniosa que se expresó tanto en su relación con Laván, en su relación con Eisav, y en su lucha contra el ángel. Estaba exento de engaño y traición. Podríamos pensar que fue deshonesto y falso con su padre Itzjak y su hermano Eisav, pero la Torá (Génesis 25:27) atestigua su auténtica talla ante Di-s y el hombre: Iaacov era un hombre perfecto; una perfección nunca antes vista. Hay quienes parecen justos en su naturaleza y rectos en sus acciones, pero en realidad son corruptos. Por el contrario, aunque las acciones de Iaacov puedan parecer a primera vista deshonestas, cuando analizamos detenidamente su personalidad encontramos que son el epítome de la gloria y la rectitud.

Nuestro Maestro Moshé fue la encarnación de Nétzaj, la Eternidad; la eternidad de la Torá. Todo lo que el hombre adquiere es pasajero. Pero si adquiere la Torá de otros, u otros la adquieren de él, es un bien con el cual se benefician tanto el dador como el receptor. No existe nada pasajero o temporario en relación con la Torá; así, Moshé -quien estuvo dispuesto a entregar su vida por la Torá- tuvo el privilegio de convertirse en su maestro y transmitirla a todas las generaciones.

Aharón personificó el atributo de Hod, Esplendor; amó la paz y luchó por ella, amó a la humanidad y la acercó a la Torá. Todo aquel que observaba el esplendor y la santidad de Aharón se veía estimulado a emular sus cualidades y forma de conducirse. Sobre él decía la gente: “Mirad a Aharón, quien aprendió Torá de su hermano menor y se regocijó en su grandeza sin envidiarlo. Cuán agradables son sus caminos y cuánto esplendor irradia de él”.

Iosef personificó el atributo de Iesód, Fundamento: la virtud de la moralidad. La piadosa moralidad de Iosef era tan inmensa que logró el máximo nivel de santidad. Esta cualidad se denomina Fundamento pues es la base principal sobre la cual descansa el mundo. Si la generación del Diluvio no hubiera pecado desviándose del pilar de la moralidad, sus otras transgresiones no habrían sido consideradas motivo suficiente para traer la destrucción al mundo.

El Rey David fue la encarnación del atributo de Maljút, Soberanía. David no alcanzó el reinado por sí solo. No llegó a ser rey en razón de su poder ni por su sabiduría, ni tampoco obtuvo la corona por herencia. Sólo Di-s, el Rey de reyes, lo llevó de cuidador de ovejas a convertirse en el fiel pastor de Israel. Eligió a David porque El sabía que aunque recibiera la capacidad de ascender a las más insignes alturas, continuaría siempre sintiéndose un mero siervo. David era humilde en todo momento: cuando cuidaba sus ovejas, y cuando los reyes del oeste y del este acudían a su corte para honrarlo. Fue David quien coronó a Di-s como Rey de la humanidad y fue él quien suministró al mundo los medios para alabar a Di-s -el Libro de Salmos-. El se regocijó en la grandeza de otros y la combinó con la propia para honrar a Aquel que es dueño de toda la grandeza: Y David bendijo a Di-s ante toda la congregación, y dijo David: Bendito eres Tú HaShem, Di-s de Israel…Tuyos son, Di-s, la grandeza, el poder, la gloria, la victoria y la majestad… Tuyo es el reino y Tú eres ensalzado, supremo sobre todos los gobernantes… ¿Quién soy yo y qué es mi pueblo para que Te hagamos dones de esta clase?… pues todo es de Ti, y de lo Tuyo Te hemos dado (I Crónicas 29:10-14).

Estos siete atributos están relacionados unos con otros, y cada uno incluye en sí a todos los demás. Así, por ejemplo, no puede haber Bondad sin Fortaleza, pues en tal caso ésta no se consideraría un Atributo, sino tan sólo una expresión de ternura y sensibilidad de corazón. De igual modo, si Bondad careciera de Armonía podría degenerar en apatía e insensibilidad; y así también con los demás atributos, cada uno de ellos posee una luz propia que brilla al combinarse con los otros.

Los maestros del misticismo judío designaron la cuenta del Omer como el período en el cual debemos corregir las fallas en cada uno de los atributos y sus combinaciones. Los cuarenta y nueve días se dividen en siete semanas, y en cada semana prevalece un atributo específico.

La primera semana está consagrada completamente a Bondad. En el primer día, el énfasis recae sobre la conjugación de Bondad en Bondad, que representa la expresión del amor propio y la intensidad que éste alcanza. A medida que pasan los días el énfasis se pone sobre una cualidad diferente siempre combinada con Bondad: Fortaleza en Bondad, Armonía en Bondad, etc. Durante la segunda semana Fortaleza pasa a ser el atributo principal, incluyendo en sí, cada día, a otra cualidad distinta. Este mismo patrón se repite durante las siete semanas.

Cuando los Hijos de Israel salieron de Egipto contaron 49 días hasta que llegaron a Jorev y acamparon al pie del monte para recibir la Torá. Durante este período se fueron perfeccionando gradualmente, agregando virtudes una a una y combinándolas con aquellas previamente adquiridas, hasta alcanzar el último día la Soberanía completa. Todo el mundo se convirtió, ante sus ojos, en un reino Celestial donde debía morar la Presencia Divina, y ellos mismos pasaron a ser un reino de kohaním (sacerdotes) y una nación santa, santificada para siempre por la Torá.

Si el esplendor de estas nobles virtudes se empañara, ello sería temporario, pues con sólo poner nuestro esfuerzo por retornar y recuperar aquel esplendor original que quedó arraigado profundamente en nuestros corazones, habremos alcanzado nuevamente esta pureza y santidad eterna. La pureza que el pueblo de Israel adquirió en aquel entonces nunca podrá ser eliminada en su totalidad. Cualquier judío que quiera regresar a ese estado de pureza alcanzado en la entrega de la Torá, puede hacerlo más fácilmente durante estos cuarenta y nueve días del Omer, especialmente propicios para la purificación. Desde entonces y para siempre.

Selección extraída del libro “Nosotros y el tiempo”, escrito por Eliahu Kitov

La Mitzvá de la Cuenta del Omer. Leyes de la Cuenta del Omer

Es una mitzvá (mandamiento) contar cuarenta y nueve días a partir del día de la ofrenda del Omer, el dieciseis de Nisán. La mitzvá consiste en contar tanto la cantidad de días como de semanas, como lo indica la Torá, “Deberán ser siete semanas completas” (ibid).
¿Cuál es el verdadero significado de esta cuenta?
Cuando los Bnei Israel fueron liberados de Egipto, Moshé les dijo que se les daría la Torá luego de cuarenta y nueve días. Con gran expectativa de recibir ese regalo Divino, cada judío llevó una cuenta propia, esperando que el gran día llegue. Luego, Hashem estableció la cuenta como una mitzvá permanente.

Contamos desde Pesaj, el tiempo de redención de la esclavitud física de Egipto, hasta la entrega de la Torá para demostrar que la redención espiritual alcanzada por el estudio y el cumplimiento de la Torá se consideran aún más importantes que lo que fue la liberación física.

Rabí Abá y Rabí Jiá caminaban y hablaban sobre temas de la Torá.

Rabí Jiá le preguntó a su colega, “La Torá ordena, “Y ustedes deberán contar … siete semanas completas”. ¿Cuál es el significado profundo de esa cuenta?”
Rabí Abá contestó, “Durante el Exodo, el pueblo judío era como una kalá que es nidá y debe purificarse para su marido. De acuerdo a los siete días que ella cuenta, ellos contaron siete semanas. El día de Matán Torá (entrega de la Torá), ellos quedaron libres de la impureza espiritual de Egipto y quedaron listos para dedicarse a Hashem en Har Sinai.”
“Un talmid jajam también debe purificarse durante estas siete semanas para que en la noche de Shavuot esté preparado para recibir la Torá con la mayor devoción y apego”.

La Torá nos ordena que contemos siete “semanas completas serán” (23:15), haciendo alusión a ellas durante este período, éste es un deber especial para perfeccionarnos nosotros mismos y sobrellevar cualquier obstáculo que nos aparte de Hashem.

Durante los cuarenta y nueve días de sefirá, el Todopoderoso le revelaba a Moshé un concepto nuevo en la sabiduría Divina hasta el día cuarenta y nueve, Moshé estaba muy cerca del entendimiento Divino. Sin embargo, el concepto cincuenta era secreto aún para él ya que excedía la capacidad de comprensión humana.

(selección extraída del libro “El Midrash Dice” por Rabino Moshe Weissman, © Ed. Benei Sholem)

Leyes de la Cuenta del Omer

1. Se cuenta el Omer día por día y a partir del séptimo día, se cuentan los días y las semanas.

2. Se cuenta el Omer de pie. Sin embargo, se cumple con su obligación si se cuenta sentado.

3. La obligación de contar el Omer cada noche empieza a partir de la caída de la noche (aparición de las estrellas). Si por error se contó el Omer durante el crepúsculo, antes de la aparición de las estrellas, según cierta opinión de nuestros Sabios se cumple con la obligación, pero se recomienda en este caso volver a contar a la caída de la noche sin repetir la Berajá.

4. Se cuenta el Omer hacia el final de Arbit, al cabo de la Amidá. Si ya es de noche, se cuenta el Omer aún antes de la oración de Arbit.

5. El oficiante empieza por decir la Berajá seguida de la cuenta del Omer. Luego cada uno de los fieles repite la Berajá y cuenta él mismo, pues el deber de contar es personal.

La Bendición es la siguiente:

Baruj Atá, Ado-nai, Elo-heinu melej haolam, asher kidshanu bemitzvotav vetzivanu al sefirat haomer

Bendito eres Tú, Señor, nuestro Dios, Rey del Mundo, que nos has santificado con Tus preceptos y nos ordenaste lo que se refiere al cómputo del Omer

Luego se menciona el número del día, y el número equivalente de semanas y días que representa, por ejemplo:

– Hoy, son cinco días de Omer
– Hoy , son catorce días, que son dos semanas del Omer

6. A partir del crepúsculo no debe cenar antes de cumplir con la obligación del Omer, pero si empezó a comer antes de la hora del Omer, no es preciso interrumpir y contará después de la comida.

7. Si no sabe contar en Hebreo, se cuenta el Omer en cualquier otro lengua que conoce.

8. Si, antes de contar, nos preguntan cual es la cuenta del Omer, hemos de responder: Ayer era tal día del Omer, pues si mencionamos la cuenta de hoy, ya habremos así cumplido con la obligación y no podríamos ya contar normalmente con la Berajá.

9. Si se olvidó de contar al principio de la noche, puede hacerlo toda la noche. Si omitió de contar durante la noche, puede reparar este olvido durante el día, pero sin decir Berajá, y en las noches siguientes sigue contando con la Berajá.

10. Pero si omitió de contar aun durante el día, la cuenta de 49 días ya no será completa y, no habiendo observado la condición de “siete semanas enteras”, ya no podrá decir la Berajá durante el resto del período del Omer y tendrá que contentarse en pedir cada día a otra persona cuando bendice que piense incluirlo en su Berajá y él mismo contará sin Berajá.

11. Antes de decir la Berajá, hay que saber qué día se va a contar.

12. Si se equivocó una noche en la cuenta y sólo a la noche siguiente se dio cuenta del error, es como si no hubiese contado aquel día, y ya no puede decir la Berajá los días siguientes. Esto se aplica en el caso que está seguro del error, pero ante la duda si se equivocó o no, puede seguir contando los demás días con Berajá.

13. Las mujeres están exentas de contar el Omer. Si lo desean, pueden contar sin Berajá.

14. Las mujeres tienen la costumbre de no hacer labores durante las noches del Omer, a partir de la caída de la noche.

(Selección extraída del libro “Shuljan Aruj”, por Rabí Abraham Hassan, © Ed. Jerusalem de México)

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La ofrenda del Omer

Además de los sacrificios Musaf de Iom Tov, el dieciseis de Nisán, el segundo día de Pesaj, se traía una ofrenda omer para la comunidad.
Consistía en un “omer” (una medida equivalente a 2,5 kg. aprox.) de harina de cebada que se mezclaba con aceite e incienso. Se acompañaba con un cordero que se ofrendaba como sacrificio olá.
El omer se debía ofrendar “un día posterior a Shabat”(23:10). Conforme a nuestra Tradición Oral, “Shabat” en este caso significa “Iom Tov”, que quiere decir que fue traído el día posterior al primer día de Pesaj.
Los Baitusim (una secta durante la existencia del Segundo Templo que negaba la Tradición Oral) declararon que la Torá deseaba que se ofrezca el omer el día siguiente al Shabat semanal, en otras palabras, un domingo.
Entonces, los Sabios ordenaron que todas las preguntas y respuestas formuladas durante la preparación de la ceremonia sean reiteradas tres veces para refutar con énfasis la doctrina incorrecta de los Baitusim.
Los preparativos para obtener el omer de harina fueron conducidas con gran regocijo y con la participación del público en honor a la mitzvá.

En Erev (víspera) Pesaj, los delegados del Beit Din visitaban el campo donde sería cosechada la cebada para el omer. Ataban las espigas de los granos para facilitar su corte luego de Iom Tov.

En Motzae Iom Tov, la noche siguiente al primer día de Iom Tov, todo el pueblo se reunía para estar presente durante el corte. Creaban una gran conmoción para dar publicidad a la mitzvá.
Se designaban tres judíos como cosecheros. Al atardecer, los cosecheros anualmente seguían el ritual de preguntar a todos los presentes,
“¿Se ha puesto el sol?” (porque la mitzvá comienza al atardecer).
“Sí”, contestaban los espectadores.
“¿Se ha puesto el sol?” repetían los cosecheros.
“Sí”.
“¿Se ha puesto el sol?” preguntaban por tercera vez.
“Sí”, contestaba la multitud.
Todas las preguntas y respuestas se reiteraban tres veces para contradecir las enseñanzas falsas de los Baitusim.
Luego, cada uno de los cosecheros preguntaba,
“¿Corto con esta hoz?”
“Sí”, respondía la gente.
“¿Corto con esta hoz?”etc. , cada pregunta y su respuesta afirmativa era repetida tres veces.
“¿Coloco lo cosechado en esta canasta?” preguntaban los cosecheros.
“Sí”, contestaba la gente, y así, tres veces más.
Si era un Shabat, los cosecheros preguntaban,
“¿Es Shabat hoy?” (queriendo decir, “¿Cosechamos aún siendo Shabat?”)
“Sí”, respondían (debido a que el corte de omer anula la prohibición de trabajar en Shabat).
También, repetían esta pregunta tres veces, y finalmente cada cosechero preguntaba,
“¿Debo cosechar ahora?”
“Sí”, era la respuesta general.
“¿Debo …?”, etc.
¡Qué grandioso que era presenciar cómo se reunían los judíos, que se esmeraban para realizar mejor la mitzvá!

Hashem le dijo al K-lal Israel, “¡Ofreciéndome un omer de cebada, la cosecha de granos en sus campos será bendecida!”

Esta ofrenda se traía en Pesaj porque Pesaj era la época en la que el Tribunal del Cielo dictaba sentencia acerca de la cosecha de granos de todo el año.

Hashem dijo a los judíos, “Espero que Me devuelvan sólo una fracción diminuta de lo que Yo les confiero. Aunque en el desierto yo le doy a cada miembro de la familia un omer de maná diariamente, no les pido a cada uno de ustedes que me de un omer de cebada cada uno. La nación entera ofrece sólo un simple omer!”

Se cosechaban tres seín (aproximadamente 8 kg.) de cebada con el objeto de obtener un omer (2,5 kg. aproximadamente) de harina tamizada pura. Luego de la cosecha, las espigas de cebada se llevaban a la azará (Atrio del Beit Hamikdash), desgranadas, las semillas se tostaban al fuego, sobre el suelo, y luego se tamizaban trece veces para obtener harina totalmente pura.

El kohén mezclaba el omer de harina con aceite, preparándolo de la manera indicada para una ofrenda minjá.
Luego realizaba la ceremonia de tenufá (agitación de los brazos). Levantaba el kli sharet (fuente usada en el servicio) que contenía la ofrenda, hacia los cuatro puntos cardinales, y hacia arriba y hacia abajo.

La ceremonia de alzar en brazos simboliza nuestra aceptación de la autoridad del Amo del Universo. Al alzar la ofrenda y moverla de atrás hacia adelante, afirmamos que el mundo Le pertenece; y al moverla de arriba hacia abajo, que El es el Amo de las esferas superiores e inferiores.

Asimismo, como recompensa por alzarla en todas las direcciones, Hashem protege a la cosecha de los vientos malvados que provengan de los cuatro puntos cardinales, y al moverla de arriba hacia abajo, del rocío que cae. Protege nuestros cultivos de los vientos y del rocío que pueden dañarlos o destrozarlos.

Luego, el kohén tomaba un puñado (kometz) de pasta, lo salaba y lo quemaba en el mizbeaj. El remanenente se lo comían los kohanim hombres mientras permanecían en la azará.

Deberíamos pensar que esta ofrenda, que consistía simplemente de unos pocos kilos de harina de cebada, no podía tener una consecuencia de gran importancia. Sin embargo, es un error, el mérito de esta mitzvá previno varias catástrofes que podían haber afectado al pueblo judío.

– La ofrenda del omer era la mitzvá que protegía a los judíos en los tiempos de Guidón (Shoftim 6,7).

Hashem le pidió al Juez Guidón que librara la guerra contra los Midianim que estaban oprimiendo a los judíos. Sin embargo, Guidón temía que su propio mérito y el del resto de la gente fueran insuficientes para obtener una victoria. Entonces, el Todopoderoso para reforzar su confianza les dio varias señales. La noche anterior al enfrentamiento, El le ordenó al juez, “lleva a tu sirviente Furá y vayan silenciosamente al campo de los Midianim. Cuando escuches sus conversaciones te sentirás más seguro del resultado de la guerra.”
A la noche, Guidón y su sirviente, furtivamente, se acercaron a los alrededores del campo Midianita. Delante de ellos se veían, esparcidos, los miembros del ejército enemigo; eran tantos que parecían langostas, y también había un sinnúmero de camellos.
Hashem hizo que Guidón escuchara la siguiente conversación:
Un hombre le decía a su amigo, “Soñé que veía una rebanada de pan de cebada rodando por el campo Midianita, llegaba a la carpa y la chocaba con tanta fuerza que se daba vuelta y se venía abajo por completo”.
Su amigo le respondía, “Hay sólo una manera de interpretar este sueño, tu viste la espada de Guidón ben Ioash, un hombre judío. D-s le ha entregado en su mano a Midián y al campo entero”.
Guidón se postró delante del Todopoderoso dándole las gracias. Luego se dirigió a los judíos y les ordenó, “Vayamos a luchar, porque Hashem nos ha entregado a los habitantes de Midián en nuestras manos!”
Guidón no sabía si el Klal Israel poseía méritos suficientes para ganar esta guerra. Cuando escuchó el sueño, comprendió su significado.
Era Pesaj, y la ofrenda del omer de la comunidad ya se había traído. El sueño le revelaba en virtud de qué poder espiritual Hashem arrollaría el campo Midianita, en el mérito de la mitzvá del korbán omer, la rebanada de cebada!

– El mérito del omer salvó a los judíos en los tiempos del Rey Jizkiau. Mientras que dormían durante la noche de Pesaj, el ángel de Hashem salió y atacó el campo de Ashur (2 Melajim 19:35).

El Todopoderoso luchó a favor de Bnei Israel porque ellos habían cumplido la mitzvá de la ofrenda del omer.

– Era precisamente esa mitzvá la que libró a los judíos de Hamán.

Mientras que el Rey Ajashverosh en su palacio ordenaba a Hamán que tomara su vestimenta real, su corona, y su caballo, que vistiera a Mordejai, y que lo condujera por las calles de Shushán, Mordejai estaba enseñando a sus alumnos en el Beit Hamidrash. Como era el dieciseis de Nisán, el día en que se solía ofrecer el omer en el Beit Hamikdash, él les enseñaba las leyes.
Mordejai levantó sus ojos y vio que Hamán se aproximaba al Beit Hamidrash a caballo. “Debe de estar buscándome para matarme!” exclamó, temblando.
“Apúrense”, les ordenó a sus alumnos, “huyan para que no los maten conmigo!”.
“Ya sea por la vida o por la muerte”, contestaron sus alumnos, “nos quedaremos contigo y no te dejaremos.”
Mordejai se envolvió en su talit y suplicó al Todopoderoso que los libere.
Mientras tanto, Hamán ingresó al Beit Hamidrash y, al ver las filas de estudiantes, preguntó, “¿Qué están estudiando aquí?”
“Hablamos acerca del omer, una ofrenda que solía traerse al Todopoderso en este día, el dieciseis de Nisán, en nuestro Templo Sagrado de Jerusalén”.
“Esa ofrenda de omer”, preguntó Hamán, “¿cuál es su valor? ¿miles de monedas de oro o plata?”
“No, en absoluto”, le dijeron. “Consiste en harina de cebada y su valor es de apenas diez maná”.
“¡ Maldito sea!” gritó Hamán. “Quítense esta vestimenta de sacos y cenizas que están usando y dejen de rezar. Ustedes judíos con sus ofrendas baratas – y no sólo con la ofrenda real sino con el estudio de sus leyes – no vencerán a mi ofrenda de 10,000 kikar de plata al rey!
“Levántese, Mordejai, ya que se me ha ordenado que lo vista con estas vestimentas reales, lo siente en el caballo del rey, y lo lleve por las calles de Shushán”.
Hamán vistió a Mordejai luego de obligarlo a hacerse un corte de cabello y a darse un baño ya que las peluquerías y casa de baños de Shushán estaban cerradas por orden de Ester. Luego inclinó su espalda para que Mordejai pudiera montar el caballo, cumpliendo literalmente la promesa al pueblo judío (Devarim 33:29), “Tus enemigos se presentarán ante tí y tú deberás pisotearlos en sus altos lugares”.

Esta historia demuestra que aunque después de la destrucción del Templo no podemos ofrecer un Korbán omer, el mérito de estudiar sus halajot (leyes) es equivalente a traer de hecho la ofrenda al altar.

Hoy en día, debido a que no hay korbán omer para levantar la prohibición de consumir jadash/ el nuevo cultivo, la halajá establece que se permite que se consuma cada año después del dieciseis de Nisán.