behar“…en el Monte Sinai….”(Vayikrá 25:1)

Una conversación imaginaria:

– “Inventemos esta religión en la que decimos a la gente que cada siete años tienen que abandonar las herramientas, dejar de plantar y cosechar, y que milagrosamente van a recibir una cosecha abundante en el sexto año, el año siguiente y el año después de ese cuando, por supuesto, no va a haber nada para cosechar ya que nada habrá crecido en el año séptimo…”.

-“¿Estás loco, cómo puedes predecir el futuro?¡Tu religión va a fracasar en el primero de los siete años cuando todos comiencen a estar hambrientos, cuando no haya nada que cosechar ni que comer!”

La Parashá de esta semana se inicia con las palabras”Y Hashem habló con Moshé en el Monte Sinai…”.

¿Por qué la Torá se toma el trabajo de especificar quefue precisamente en el Monte Sinai que Hashem le explicó a Moshé la Mitzvá de Shemitá?¿Acaso en elSinai Moshé no recibió todas las otras Mitzvot?

El motivo por el cual la Torá conecta el Monte Sinai con la Mitzvá de Shemitá es para que entendamos que, asi como la Shemitá proporciona una prueba verificable de la veracidad de la Torá (pues seria imposible inventar una religión que tuviera un precepto semejante), del mismo modo, el resto de laTorá, que fue transmitido en el Sinai, es igualmente auténtico, tanto en lo general como en lo particular.

(Rashi y Jatam Sofer Rabí Yehudá ha Levi – Kuzari)

“…en el Monte Sinai…” (Vayikrá 25:1)

Toda la enseñanza de la Shemitá es que “la naturaleza” es una ilusión.Hashem dirige el mundo y asi como Él hace que no haya pérdida por no trabajar en Shabat, asi también él asegura que nada va a ser perdido por cesar de trabajar la tierra todo un año.Esto es para enseñarnos a no convertirnos en esclavos de la “naturaleza”, porque este mundo no es más que un corredor al verdadero mundo de la espiritualidad.Pero el hombre no puede desasociarse a sí mismo del marco del mundo en el cual existe; la Torá claramente le ordena sembrar y cosechar por seis años, así como tiene que trabajar seis días por semana.Pero a través de contar los días de trabajo en relación al Shabat y los seis años de cultivo en relación al año de Shemitá, podemos conectar lo mundano y la rutina con lo sagrado y lo especial.

“La tierra observará un Shabat para Hashem…” (Vayikrá 25:2)

Cuando el pueblo judío estuvo esclavizado en Egipto, Moshé fue a ver al Faraón y lo convenció de que debía aliviar el yugo de los israelitas.Le explicó que cuando los esclavos trabajan sin descanso, al final terminan muriéndose.Y asi fue como, simulando que aconsejaba al Faraón como aumentar la producción, le sugirió que le concediera al pueblo judío un día libre a la semana.El Faraón aceptó su consejo, y le dio permiso a Moshé para que escogiera el día.Cuando, más adelante, Hashem dio el precepto de que el Shabat debería ser un día de descanso, Moshé sintió gran alegría de haber anticipado cuál sería el día en el que el pueblo descansaría.

En otras palabras, en Egipto, el pueblo judío ya contaba con el Shabat, pero únicamente como un respiro del trabajo agotador, y no como un precepto.Pero cuando Hashem les mandó el precepto del Shabat: “Observarán mis Shabatot”, Israel descansa en Shabat, no porque necesite de un descanso, sino, única y exclusivamente, porque esa es la voluntad de Hashem.

En la parashá de esta semana hallamos un concepto parecido: “…La tierra observará un Shabat para Hashem”.En el séptimo año, cuando dejamos que los campos de Eretz Israel permanezcan inactivos, no es para darles un descanso, para mejorar su rendimiento o para que los procesos ecológicos los renueven.Los dejamos inactivos únicamente porque eso fue lo que nos ordenó Hashem.

(Kedushat Levi)

“.. en el Monte Sinai…” (Vayikrá 25:1)

La Mitzvá de la Shemitá le ordena al Pueblo judío que deje de trabajar sus campos cada séptimo año, con la promesa de que, milagrosamente, Hashem les proporcionará todas sus necesidades.

Sin embargo, el milagro de la Shemitá variaba de acuerdo con su nivel de bitajón (confianza en Hashem).

Cuando el pueblo judío tenía un nivel alto de bitajón, la cantidad de alimentos que se cosechaban en el sexto año no variaba de un año a otro; no obstante, alcanzaba para proveer nutrición durante tres años, en vez de uno.

Pero cuando el nivel de confianza en Hashem era bajo, los campos daban, en términos reales, tres veces la cantidad que se cosechaba en un año común.

En el primer caso, se producía un milagro oculto; en el segundo, un milagro descubierto. ¿Por qué el nivel más bajo invocaba un milagro aparentemente más grande, más abierto?El milagro descubierto siempre es el “segundo mejor” en el plan de Hashem.El Hombre es la criatura que está designada en forma especifica para tener libertad de elección.Los milagros abiertos son tan compulsivos que limitan la libertad de elección del Hombre.

No obstante, Hashem responde hasta al nivel más bajo de confianza en Él y proporciona la pirotecnia de un milagro abierto, si eso es lo que hace falta para hacer que el pueblo se sienta seguro.

Una vez, Rabí Jaim de Volozhin le preguntó al Gaón de Vilna qué es lo que quiere decir el Talmud cuando dice que uno de los atributos de Hashem es “estar satisfecho con Su parte”.El Gaón de Vilna le respondió que la parte de Hashem es el pueblo judío.El querría que estuviésemos en un nivel más elevado, pero no obstante está satisfecho con nosotros, cualquiera sea el nivel en que nos encontremos.

“Y Hashem le habló a Moshé en el Monte Sinai, diciendo…” (Vayikrá 25:1)

Hashem le dijo a Moshé todas las Mitzvot en el Monte Sinai.Entonces ¿por qué la Torá registra en forma específica que la Mitzvá de Shemitá le fue transmitida a Moshé “en el Monte Sinai”?¿Acaso todas las otras Mitzvot no le fueron también transmitidas a Moshé en el Monte Sinai?

Uno de los efectos de la Mitzvá de Shemitá es implantar en el corazón de pueblo judío la idea de que Hashem, a pesar de toda Su Trascendencia, igualmente supervisa hasta el más mínimo detalle de este mundo.

La Shemitá nos enseña que Hashem nos proporciona todo lo que necesitamos a pesar de al parecer no somos más que un punto minúsculo en el espacio intergaláctico.En Sus ojos, todos esos billones de años luz no son más que un parpadear de ojos.

No está “por debajo de Su dignidad”, por decirlo de alguna manera, el interesarse por este plano físico nuestro.Pues “en el lugar de la grandeza de Hashem, allí está Su humildad”.

Hashem eligió, como el sitial para Su revelación, no al Monte Everest, la montaña más alta del mundo, sino al humilde, bajo Sinai.Fue en el Sinai que Él quiso revelarnos Su Torá. Pues a pesar de toda la inefable Majestad y Trascendencia de Hashem, la humildad de espiritu Le son muy preciadas.

Y precisamente ahí está la conexión entre la Shemitá y el Sinai: asi como la Shemitá pone de manifiesto que Hashem se ocupa hasta de este mundo tan bajo, asi también Él nos reveló la Presencia Divina en el Sinai, la más baja de las montañas.

“Y haréis Mis jukim, y Mis mishpatim, las observareis” (Vayikrá 25:18)

Todo el mundo sabe que los judíos no comen cerdo.¿Por qué?

La historia se remonta a hace tres mil años, cuando larefrigeración no había alcanzado aún gran nivel de sofisticación, y la contracción de triquinosis por comer cerdo era una amenazadora realidad.

Pero ahora, que todos contamos con heladeras queproducen cubitos de hielo a montones, y se puede congelar una chuleta uno y hasta dos años, uno no tiene por qué negarse uno de los deleites gastronómicos más finos de la “haute cuisine”.Ese es el cuento que te cuentan…

Pero la verdad del asunto es que el cerdo, al igual que el shatnez (la mezcla de lana y lino en la ropa) es un jok, una ley que está más allá del entendimiento humano.

Las leyes que prohíben la conducta antisocial en la Torá se llaman mishpatim.Toda persona razonable entiende que está prohibido robar o asesinar.Ninguna sociedad civilizada permite semejantes actos.

Sin embargo, para el judío el asesinato esta prohibido debido a que la Torá dice que está prohibido.Matar auna persona y llevar puesta una prenda que contiene shatnez son dos actos que comparten una misma esencia: ambos fueron prohibidos por el Creador.

Hashem le permitió a nuestra lógica comprender por qué está prohibido matar.Pero no hizo lo mismo con la prohibición de comer cerdo.

En el versículo antedicho, la Torá habla de “hacer” los jukim (los preceptos supralógicos), mientras que alreferirse a los mishpatim (leyes aparentemente lógicas) habla de “observar”.

¿Qué diferencia hay entre “hacer” y “observar”?La esencia misma del jok reside en hacerla.El desafiódel jok es decirse a sí mismo: “El mundo no se limita a lo que yo entiendo de él.Y porque no pueda entender algo no significa que no sea cierto”.Por eso, la esencia misma del jok es hacerla.Ese es el desafió.

Pero cuando se trata de los mishpatim, nos enfrentamos a un desafió diferente.Es obvio que está prohibido robar y matar.¿Cuál es la prueba?

Hace muchos años, ocurrió una tragedia desgarradora.Habia una mujer que sufría una terrible enfermedad incapacitada.Día tras día, su marido la veía sufrir.Un día, fuera de si de tanta angustia, le dio una sobredosis de barbitúricos.

El desafió de los mishpatim es observarlos.No excusar el asesinato, llamándolo “muerte piadosa” o “eutanasia”. Aquel Cuya piedad es eterna decreta queno debemos matar. ¿Cómo vamos a ser nosotros más piadosos que Di-s, Cuyo Nombre es”El Compasivo”?.El desafío de los preceptos “lógicos” consiste en no manipularlos indebidamente, no pervertirlos según nuestros propios conceptos de bien y mal.

Incluso cuando el corazón se quiebra de dolor, cuando nuestros seres más queridos se enferman ymueren, a veces con enorme sufrimiento, el desafío de los mishpatim es saber que nuestra mente no puede ni podrá entender nunca la lógica más esencial de hastaaquello que nos parece lógico a nosotros.

(Rabí Isajar Frand)

“Cuando vengáis a la tierra que os estoy dando, la tierra observará un descanso de Shabat para Hashem” (Vayikrá 25:2)

Al mirar el membrete de algunos estudios jurídicos, uno podría pensar que está leyendo la guía de teléfonos de Nueva York.Parecería que todo el mundo es un socio menor.

En cierto modo, nosotros también queremos ser socios menores.Los socios menores de Hashem.Pensamos: “Está bien, Di-s, Tú diriges el mundo.Tú eres el Jefe.Yo solamente quiero ser socio menor en mi zona, para poder hacer lo que me plazca.Necesito tener mipropio espacio”.

¿Cómo vas a tener tu propio espacio cuando “SuHonor colma la tierra”?¿Cómo vas a ser el socio menor de Aquél para el que no hay un “dos”?El judío está de servicio las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, desde la cuna hasta la tumba.

Nosotros somos el Pueblo que Di-s eligió para que Lo sirviera.Pero esto tal vez suene un poco prohibitivo.¿Acaso no soy más que una cifra?¿Un autómata sin mente que obedece instrucciones?¿Dónde está mi espacio?¿Dónde está mi individualidad?

En realidad, Hashem sí nos deja ser los socios menores.Pero no entramos en sociedad para poder “hacernos una escapadita” para ir a jugar al tenis a la tarde.No.Esta es una sociedad en la mismísima creación del tiempo.

Cuando Hashem creó el mundo, lo creó con dos clases de santidad, que están expresadas en el Shabat, por un lado, y en las Fiestas, por el otro.

La santidad del Shabat es fija e inmutable.Cada siete días entramos a un mundo llamado “Shabat”.No precisa de intervención de nuestra parte.El Shabat fluye desde los mundos superiores sin nuestra asistencia, y por encima de nuestro control.

Las fiestas de Pésaj, Shavuot y Sucot son otro tema.Hashem le permite al Hombre, en tanto que Beit Din, que establezca el día en que comienza el mes, y, por ende, las fechas exactas de las fiestas.

Con respecto a la Shemitá (el año sabático para la tierra), la Torá afirma: “La tierra observará un Shabat para Hashem”.Exactamente la misma expresión que se emplea en la creación del Shabat.”Un Shabat para Hashem”.

Asi como hay dos tipos de santidad en los días y en los meses, el Shabat y las fiestas, también hay dos tipos desantidad en los años.El séptimo año es como unShabat de la tierra.Su santidad es “fija”, como la del Shabat.La santidad de yovel (el año de jubileo) escomo la santidad de las fiestas.Su santidad representa la relación de Di-s con el Hombre.”Porque es un yovel; santo será para vosotros”.

Si no se toca el Shofar al comienzo del año de yovel, entonces el año no es yovel.Si no se libera a los esclavos, ese año no es yovel.Si no se devuelven los campos a sus dueños originales, ese año no posee el status de yovel y está permitido cosechar y sembrar, como en cualquier otro año.

El año de Shemitá es diferente.Su santidad es fija, independiente del Hombre.Aunque no se hayan contado los años, aunque el Beit Din no hay santificado el año como un año de Shemitá, y no haya habido cese de cosecha y de siembra, el año de cualquier forma es de Shemitá.

Es por eso que la Shemitá es llamada “un Shabat paraHashem”.La Semita, igual que el Shabat, no permite “socios menores”.

(Torat Cohanim, Rosh Hashaná 9, Rambán Hiljot Shemitá y Yovel. cap. 26, Meshej Jojma en Iturei Torá)

Shabat Shalom.

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HISTORIAS PARA CONTAR EN SHABAT (XXXI):Que bueno es estar feliz con lo que uno tiene

rico-y-pobreHabía dos individuos que eran vecinos, y uno de ellos era muy rico, poseedor de ganado lanar y vacar, dueño además de campos y viñedos, siendo su mesa, mesa de reyes, y su vivienda hermosa y amplia, solo que era muy delgado y débil.Había dos individuos que eran vecinos, y uno de ellos era muy rico, poseedor de ganado lanar y vacar, dueño además de campos y viñedos, siendo su mesa, mesa de reyes, y su vivienda hermosa y amplia, solo que era muy delgado y débil.

 Su vecino sin embargo, era un trabajador que se ocupaba en el proceso de elaboración de plata, y no podía comprar carne para comer todas las noches, sino solamente de Shabat en Shabat.

 Su casa estaba vacía de muebles y utensilios. Camas placenteras tampoco poseía, y su vivienda era tan pequeña que vivían ajustados.

 Pero era un hombre sano y fuerte, de amplia contextura física y siempre estaba alegre.

 El vecino rico le pregunta: ¿Por qué conmigo sucede así y así, mientras que contigo acontece así  y así?”.

 Le responde: “La causa es porque tu eres por naturaleza, una persona con tendencia permanente a enojarse y ponerse nervioso, por lo que al menos diez veces al día se hace presa de ti el enojo y el nerviosismo con tus servidores y habitantes de tu casa, y el enojo disminuye la carne de la persona y debilita las fuerzas de su cuerpo, además de provocarle mucho daño adicional.

 Además tienes por naturaleza, tendencia a la codicia y a las tentaciones mundanas, y también a sentir envidia por lo de los demás, por tales razones, todos tus días son solo aflicción y dolor, ya que estás siempre inmerso en la tentativa de obtener más dinero, y es imposible que puedas saciar todas tus tentaciones y codicias, por eso, por la fuerza constantemente sufres y gimes, motivo que provoca la disminución de tu carne y tus fuerzas, ya qué: ¿Cómo pueden otorgarte los alimentos que consumes fuerza y vigor, con semejantes cualidades que tienes y consumen todo lo que comes?.

 Pero yo por naturaleza soy diferente y me siento bien, ya que no tengo tendencia a enojarme y ponerme nervioso, inclusive en las ocasiones en que se dan como para que lo haga, además, cuento con la virtud de conformarme con lo que tengo, y lo poco que está delante de mi, es ante mis ojos como si fuera mucho, además, no siento envidio por lo que poseen los demás, por eso estoy siempre sano es producto del confort interior que siento”.

 Queda claro que no debemos preocuparnos por acumular riquezas en este mundo, solo debemos conformarnos con lo que Hashem nos da, y debemos disfrutar de ello y agradecerle, sin entrar en disputas por pequeñeces ni ponerse nervioso por ningún motivo, ya que como vimos, los nervios consumen la vida y cuando nos llegue el momento de devolver nuestra alma al Creador, no podremos llevar nada de lo que tuvimos en este mundo, solo las buenas obras que hemos realizado.

 Y esto se parece a aquel zorro que vio detrás del cerco un huerto en el que habían magníficos árboles frutales, y deseaba comer de esas frutas, pero el agujero que había en el cerco era demasiado pequeño para poder entrar por allí, y día tras día contemplaba el huerto y sentía codicia por los frutos que allí había, por lo que finalmente decidió ayunar varios días hasta que su cuerpo quede del tamaño del agujero que había en el cerco para poder entrar, y así lo hizo.

 Llegó el día en que probó si podía atravesar el hueco y lo consiguió, ingresó al huerto, estando ya muy débil por los ayunos a los que había sometido a su cuerpo, pero se alegró de haber alcanzado el éxito en lo que se había propuesto, y permaneció en ese huerto por varios días, en el cual comía sin ningún tipo de limitación de los deliciosos frutos.

 Pero llegó el día en que recordó que del otro lado había quedado su familia y sus amigos, por lo que pensó que es mejor abandonar todos estos placeres y disfrutar de los suyos.

 Quiso entonces atravesar el cerco para regresar a su hogar, pero se llevó una gran sorpresa, su cuerpo no pasaba por el agujero, ya que había comido muchas frutas y había engordado, motivo que lo llevó a la reflexión y a tomar una decisión, la cual fue ayunar nuevamente, desprenderse de todo el materialismo que había ingresado a su cuerpo, es decir, adelgazar nuevamente y así pudo regresar a su casa y volver a estar con su familia.

 Y se dio cuenta que debe conformarse con lo que Hashem le dio, pues cuando quiso más, debió primero reducir su propio peso y cuando obtuvo lo que quería, se dio cuenta que eso no es lo importante, que lo importante es conformarse con lo que se tiene y donde uno lo tiene.

Su vecino sin embargo, era un trabajador que se ocupaba en el proceso de elaboración de plata, y no podía comprar carne para comer todas las noches, sino solamente de Shabat en Shabat.

Su casa estaba vacía de muebles y utensilios. Camas placenteras tampoco poseía, y su vivienda era tan pequeña que vivían ajustados.

Pero era un hombre sano y fuerte, de amplia contextura física y siempre estaba alegre.

El vecino rico le pregunta: ¿Por qué conmigo sucede así y así, mientras que contigo acontece así  y así?”.

Le responde: “La causa es porque tu eres por naturaleza, una persona con tendencia permanente a enojarse y ponerse nervioso, por lo que al menos diez veces al día se hace presa de ti el enojo y el nerviosismo con tus servidores y habitantes de tu casa, y el enojo disminuye la carne de la persona y debilita las fuerzas de su cuerpo, además de provocarle mucho daño adicional.

Además tienes por naturaleza, tendencia a la codicia y a las tentaciones mundanas, y también a sentir envidia por lo de los demás, por tales razones, todos tus días son solo aflicción y dolor, ya que estás siempre inmerso en la tentativa de obtener más dinero, y es imposible que puedas saciar todas tus tentaciones y codicias, por eso, por la fuerza constantemente sufres y gimes, motivo que provoca la disminución de tu carne y tus fuerzas, ya qué: ¿Cómo pueden otorgarte los alimentos que consumes fuerza y vigor, con semejantes cualidades que tienes y consumen todo lo que comes?.

Pero yo por naturaleza soy diferente y me siento bien, ya que no tengo tendencia a enojarme y ponerme nervioso, inclusive en las ocasiones en que se dan como para que lo haga, además, cuento con la virtud de conformarme con lo que tengo, y lo poco que está delante de mi, es ante mis ojos como si fuera mucho, además, no siento envidio por lo que poseen los demás, por eso estoy siempre sano es producto del confort interior que siento”.

Queda claro que no debemos preocuparnos por acumular riquezas en este mundo, solo debemos conformarnos con lo que Hashem nos da, y debemos disfrutar de ello y agradecerle, sin entrar en disputas por pequeñeces ni ponerse nervioso por ningún motivo, ya que como vimos, los nervios consumen la vida y cuando nos llegue el momento de devolver nuestra alma al Creador, no podremos llevar nada de lo que tuvimos en este mundo, solo las buenas obras que hemos realizado.

Y esto se parece a aquel zorro que vio detrás del cerco un huerto en el que habían magníficos árboles frutales, y deseaba comer de esas frutas, pero el agujero que había en el cerco era demasiado pequeño para poder entrar por allí, y día tras día contemplaba el huerto y sentía codicia por los frutos que allí había, por lo que finalmente decidió ayunar varios días hasta que su cuerpo quede del tamaño del agujero que había en el cerco para poder entrar, y así lo hizo.

Llegó el día en que probó si podía atravesar el hueco y lo consiguió, ingresó al huerto, estando ya muy débil por los ayunos a los que había sometido a su cuerpo, pero se alegró de haber alcanzado el éxito en lo que se había propuesto, y permaneció en ese huerto por varios días, en el cual comía sin ningún tipo de limitación de los deliciosos frutos.

Pero llegó el día en que recordó que del otro lado había quedado su familia y sus amigos, por lo que pensó que es mejor abandonar todos estos placeres y disfrutar de los suyos.

Quiso entonces atravesar el cerco para regresar a su hogar, pero se llevó una gran sorpresa, su cuerpo no pasaba por el agujero, ya que había comido muchas frutas y había engordado, motivo que lo llevó a la reflexión y a tomar una decisión, la cual fue ayunar nuevamente, desprenderse de todo el materialismo que había ingresado a su cuerpo, es decir, adelgazar nuevamente y así pudo regresar a su casa y volver a estar con su familia.

Y se dio cuenta que debe conformarse con lo que Hashem le dio, pues cuando quiso más, debió primero reducir su propio peso y cuando obtuvo lo que quería, se dio cuenta que eso no es lo importante, que lo importante es conformarse con lo que se tiene y donde uno lo tiene.

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HISTORIAS PARA CONTAR EN SHABAT (XXX):EL CIRCULO DEL 99

oroHabía una vez un judío cortesano. Vivía en un gran castillo, lleno de habitaciones, grandes jardines y mucho lujo. Sin embargo, este hombre, como muchos otros, tenía un problema: no se sentía feliz.

 A pesar de ser el cortesano del rey y tener mucha fortuna y gran prestigio sentía que le faltaba algo. Nunca estaba contento con lo que tenía.

 En el castillo trabajaba un hombre que siempre estaba alegre; realizaba sus tareas con placer y en su rostro se dibujaba una eterna sonrisa.

 Al encontrarse con él, el cortesano se preguntaba siempre cómo podía ser que un hombre así, tan pobre y con un trabajo tan humilde, se sienta feliz.

 Un buen día, comentó el asunto con uno de sus consejeros: -“No entiendo cómo este obrero puede sentirse feliz. No lo he visto nunca enojado, en su cara siempre hay dibujada una sonrisa.”

 “Lo que sucede, mi señor, es que este hombre no ha ingresado al “círculo del 99″: es por esto que él es feliz”, contestó el consejero.

 – “¿Y qué es el “círculo del 99”? – preguntó el cortesano. muy extrañado.

 – “Se lo voy a demostrar.” – dijo el consejero con firmeza. – “Hoy a la noche, cuando el obrero llegue a su casa, dejaremos en su puerta una bolsa con 99 monedas de oro. El resto lo comprobará Usted por su cuenta.”

 Y así sucedió. Por la noche, cuando el sirviente se encontraba en su humilde casa, feliz., con su esposa y sus hijos, el cortesano y el consejero golpearon en la puerta del pobre hombre y dejaron en el suelo la bolsa con las 99 monedas. Rápidamente se escondieron detrás de un árbol y observaron todo lo que sucedía en la casa.

  El hombre abrió la puerta, miró hacia un lado y hacia el otro, pero no  vio a nadie. Sin embargo, encontró en el suelo una bolsa que parecía no pertenecer a nadie. La recogió del suelo y la llevó a su casa. Junto a su mujer y a sus hijos comenzó a abrirla, muy extra­ñado por lo que estaba sucediendo.

 Al ver el contenido, comenzó a llorar de alegría, ¡una bolsa con monedas de oro! ¡Qué bien le venía este regalo! A partir de ese momento no tendrá más preocupaciones, sus hijos podrán vestir y comer como los ricos, y su mujer se comprará las mejores ropas. Irán de paseo todos los días, y serán aún más felices.

 Pero en ese momento decidió contar las monedas, para saber cuán grande era su fortuna. Y comenzó con la cuenta: una, dos noventa y ocho, noventa y nueve…

 El hombre se puso furioso,  no podía creer lo que estaba pasando.

 “¡Me robaron una moneda!”, – comenzó a gritar. – “¡No hay justicia en este mundo! ¡Alguien se llevó mi moneda!”

 Y fue en ese instante cuando el hombre entró en el “círculo del 99”.

 La expresión de su cara cambió, la eterna sonrisa se transformó en una mueca de bronca y odio, y la sensación de felicidad desapareció para siempre.

 En el trabajo, el pobre hombre ya no sonreía ni era amable con la gente, hasta con el cortesano se mostraba hostil.

 Un buen día, el cortesano le preguntó qué le ocurría, ¿por qué andaba siempre con esa expresión tan triste en su cara?

 “Y qué crees tú, ¿que debo andar siempre contento?” – dijo casi gruñendo. “Yo no soy tu bufón. Hago mi trabajo, y por eso me pagan, pero nadie puede obligarme a estar alegre.”

 Frente a esta contestación tan agresiva, el cortesano se ofendió mucho y pronto comprendió lo que significaba pertenecer al “círculo del 99”. Ese pobre obrero vivió el resto de su vida creyendo que le faltaba una moneda para ser feliz. Y él, el cortesano con tantos recursos y tanto prestigio, vivía de la misma manera, creyendo que siempre le faltaría algo para sentirse completamente feliz.

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HISTORIAS PARA CONTAR EN SHABAT (XXIX): Tres Muchachas, Tres Tumbas, Una Torah

seferEl domingo pasado por la noche, que ahora parece como hace cien años, junto con los otros doce padres de alumnos de la escuela ,Tali, mi hija y yo fuimos invitados a un “Hachnasat Sefer Torah,” al (Recibimiento de un Sefer Torah a la sinagoga) No hay nada particularmente inusual sobre un “Hachnasat Sefer Torah” en Jerusalén, o en Israel, cosa que sucede con bastante frecuencia. Pero éste era muy singular

Hace unos años, alrededor de 1990, un grupo de jóvenes estudiantes de Pelech – secundaria del grado de Tali – fueron en el viaje anual de la escuela, a Polonia. Un día, estando en la ciudad de Cracovia, notaron a un hombre joven vendiendo muñecas. Eran “muñecas con características judías,” hecho para judíos tradicionales. Algo extraño en Polonia, quizás, pero no particularmente significativo, hasta que algunas de las muchachas notaron que los libros que estas muñecas cargaban parecían notablemente auténticos. Se acercaron, y se convencieron que estos “libros” habían sido cortados de un Sefer Torá.

Preguntaron al vendedor dónde consiguió el pergamino, y él les dijo que su tío tiene un libro con pergaminos escritos de la misma manera en un lugar llamado Luminosa y le preguntaron donde lo obtuvo, y este les dijo que durante la guerra, había estado en la casa de un judío, y su tío lo había tomado después de que desapareciera el judío. ¿Podríamos ver? – desearon saber – Él acordó traerlo al día siguiente.

Cumpliendo su palabra, trajo el libro. Vieron que lo quedaba del Sefer era, Breshit (Génesis), Shmot (Exodo) y Vaikra (Levitico). Los dos otros libros, Bamidbar (números) y Debarim (Palabras) habían sido cortados para la fabricación de las muñecas. Las jóvenes sabían lo que tenían que hacer. Reunieron su dinero relativamente limitado, y compraron la Torá del hombre para salvarla y tal vez poder repararla.

Llevaron la Torá, destruida e inutilizable con ellas, para el resto de su viaje. Al acercarse el momento de abandonar Polonia, no sabían que hacer. De acuerdo al régimen comunista de Polonia, todo patrimonio judío pertenecía ahora al estado. Así, el fabricante de las muñecas no tenía ningún derecho de venderlo, y las jóvenes ciertamente no tenían ningún derecho de sacarlos del país.

Hablaron entre ellas, y después de un rato, recordaron lo que les enseñó su profesor esa semana, “ha-lev gavar ha-sechel” — “el corazón triunfa sobre la razón.” Decidieron pasar de contrabando la Torá y traerla al hogar a Jerusalén.

En el aeropuerto, sin embargo, a cada una de ellas le fue requerido poner todos sus bolsos sobre la máquina de rayos X. La primera muchacha que se paró en la línea, le dijeron que colocara los bolsos en la correa, y ella pasó el bolso que tenía la Torá a la muchacha siguiente en la línea y así sucesivamente. En los siguientes minutos, la Torá pasó silenciosamente de mano en mano, hasta que se encontró sobre la correa.

De repente la correa se rompió y la máquina se detuvo. Las autoridades polacas, estaban tan ocupadas arreglando la correa que dejaron de examinar los bolsos y valijas, y en un momento el bolso con el libro de la Torá se encontraba ya fuera de la aduana, camino a Jerusalén. Llevaron la Torá a un lugar en Jerusalén en donde eran reparadas, pero el trabajo era excesivamente costoso, y como no tenían bastante dinero para solventar el costo de la reparación decidieron dejarlo así hasta que se lograra reunir el dinero necesario.

La vida seguía su curso. Las jóvenes fueron unas al ejército otras al servicio nacional, y otras a la universidad, mientras tanto la Torá seguía sin ser reparada.

Catorce años más tarde, otro grupo de jóvenes viajaron a Polonia. Talía era parte de este grupo. Las muchachas tenían una experiencia extraordinaria de gran alcance, y durante su viaje, oyeron la historia del Sefer Torá que sus antecesoras, ahora en sus 30 años, habían pasado de contrabando fuera de Europa. El actual grupo resolvió reunir el dinero para reparar el Sefer Torá, Al volver a Israel, reunieron el dinero, y la Torá fue reparada, lo que tardo muchos meses, y justamente este domingo pasado, fue colocado en su nuevo hogar en la sinagoga, donde, en vez de ser dividido para las muñecas, será utilizado regularmente, durante la semana, los días de Shabat y en las festividades. Fue un momento muy especial, las oraciones, los discursos, la gente especial que participó en esta gran mitzvá, la de redimir un Sefer Torá, que sirvió a la comunidad de Luminova. Entre otros se menciono que las redentoras del Sefer Torá, eran ya la tercera generación de sobrevivientes del holocausto.- Fue un gesto maravilloso, digno de elogio, las jóvenes sintieron que debían salvar al sagrado libro porque era un remanente de una comunidad judía destruida por los criminales nazis, con su gesto a viva voz se pudo demostrar que el pueblo judío vive y existe. Am Israel Jai.

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HISTORIAS PARA CONTAR EN SHABAT (XXVIII): ¿Qué es lo importante?

gallinas%20cuchaEn una hostería a la salida de la ciudad, el llanto de uno de sus huéspedes era tan fuerte que despertó a Berl el dueño de la pensión y au esposa de sus profundos sueños.

Su mujer preocupada le preguntó: – ¿por qué nuestro huésped llora tan amargamente en medio de la noche?, ¡algo le debe suceder!

 Berl, subió a la habitación del huésped y encontró a un judío, vestido con ropas de granjero descalzo, sentado en el suelo, llorando y con lágrimas en los ojos (esta persona era una de las figuras más prestigiosas del mundo jasídico, que viajaba de incógnito para ver de cerca la situación en la que se encontraba el mundo), y todas las noches (a excepción de los sábados y días festivos) se levantaba a medianoche a llorar y lamentarse por la destrucción del Sagrado Templo.

 – ¿Por qué lloras?, ¿qué desgracia te ha sucedido? – Le preguntó Berl. – El huésped contestó: – lloro por la destrucción del Sagrado Templo y ruego al Santo bendito es, que traiga al Mashiaj para que nos lleva a Eretz Israel.

 Berl, tranquilizado dijo: – ¿es todo?, por favor llora menos fuerte, para que no molestes a los otros huéspedes y diciendo estas palabras volvió a su cuarto y explicó a su mujer la razón de tal llanto.

 Cinco minutos después se escuchó que golpeaban en la puerta del huésped, era nuevamente Berl, quien le formuló la siguiente pregunta: Mi esposa quiere saber, ¿Cuándo el Mashiaj venga, y nos devuelva a Eretz Israel, nos permitirá llevarnos las gallinas? El huésped se sorprendió por aquella pregunta ¿gallinas? respondió; según mis conocimientos no hay nada escrito sobre las gallinas. Puede que tendrá que dejarlas, cuando venga el Mashiaj. También esta vez Berl transmitió la información a su mujer.

 No pasaron cinco minutos, cuando nuevamente se escuchó que golpeaban en la puerta, al abrir vio a Berl quien le dijo, mi esposa pregunta si puedes dejar de rezar, por favor, para que venga el Mashiaj. Nosotros nos arreglamos aquí bastante bien y preferimos quedarnos con las gallinas.

 A estas alturas el huésped no se pudo aguantar más y le respondió que significa “bastante bien”, ¿acaso tu no sabes cuan peligroso es nuestro Galut, en el lugar donde vivimos? A cada momento los cosacos pueden llegar, y tomar tus gallinas, tu mujer, todo tu dinero y también tu vida. ¿No es mejor que dejemos este lugar y vayamos a la Tierra Prometida? Para Berl aquellas palabras eran bastantes lógicas, pero todavía tenía la obligación de informarle a su esposa.

 Pasado varios minutos, se escucha tocar la puerta, era nuevamente Berl quien dijo: Mi esposa dice, que mejor reces para que venga el Mashiaj y lleve consigo a los cosacos a Israel, y así nos podremos quedar aquí con las gallinas.

HISTORIAS PARA CONTAR EN SHABAT (XXVII): El feliz zapatero

 ZAPATEROHace muchos anos, vivio en una ciudad de Georgia, un pobre zapatero judio. Trabajaba el judio durante el dia en su humilde oficio durante el dia. Todo el dinero que ganaba en el dia, lo gastaba en comidas y bebidas, que comia junto a su familia por la noche.

El zapatero estuvo siempre contento, viviendo su vida libre de angustias y preocupaciones, D-s le mandaba diariamente lo necesario para su manutencion y la de su familia y nunca se preocupo en ahorrar dinero para el dia siguiente. En esos dias gobernaba Georgia, un rey despota y astuto y los habitantes del pais sufrieron de sus decretos y locuras.

Una noche en la que lo ataco el insomnio, estuvo ocupado en diferentes pensamientos. Uno de estos pensamientos encontrd gracia en los ojos del rey: salir al dia siguiente dizfrazado, como un simple ciudadano y pasear y deambular por la ciudad para ver como viven sus siibditos.

Asi hizo y en horas de la noche sali6 a recorrer las calles de la ciudad y quiso revelar alguna persona o algiin hecho singular.

 Despues de una larga caminata, no encontrd nada particular, un hombre le grita a sus hijos, otro pelea con su mujer, un tercero hace un balance de ganancias y perdidas luego del trabajo de toda la Jornada. Solo de una casa se escuchaban voces de canto y alegria.

 Decidio el rey averiguar, cual era la fuente de la alegria y regocijo, en medio de la semana laboral.

 Golpeó el rey a la puerta y le abrieron, invitindolo a sentarse. No habia alii huespedes o invitados y no habia manjares sobre la mesa. De todos modos la alegria se hacia sentir en la casa.

 Cu£l es tu oficio? — preguntd el rey al dueno de casa.

 — Soy un humilde zapatero — respondid el dueno de casa.Tengo un pequeno negocio en el mercado, a uno le arreglo las botas, a otro le coso los zapatos. De dia trabajo y a la noche me siento y como con mi familia y agradezco a D-s por todo lo que me ha brindado.

Que harias si en forma repentina te cerrarian el negocio? — volvid a preguntar el rey.

— Para que me voy a molestar en semejante pensamiento quien se le ocurriria atentar contra mi pobre negocio? contestó el zapatero.

Se sento un rato el rey en la casa, probo de la comida y la bebida que le sirvieron y se fue.

 Al día siguiente, envió el rey emisarios a todo los puntos del reino ordenando a todos los zapateros que tenían negocios en los mercados, cerrar sus negocios hasta que reciban nueva orden.

No entendieron los ciudadanos que nueva locura había atacado al rey. Los zapateros se desplazaban ociosos, maldiciendo al rey, pero sin atreverse a violar su decreto.

Al anochecer el rey volvió a vestirse de simple ciudadano y volvió a visitar al zapatero.

— ¡Veremos! — pensó — si va a seguir contento.

Entro en la casa y vio al zapatero sentado con su familia comiendo, bebiendo y alegre según su costumbre.

— La paz sea contigo — exclamó el zapatero al ver a su visitante de ayer, siéntate con nosotros. Dijo el rey: veo que hoy todo sigue como anoche, ¿Cómo te arreglaste hoy para conseguir dinero? ¿Acaso violaste el decreto real?

— Maldito sea el rey y borrado sea su nombre — proclamó el zapatero. Por su culpa casi me quedo hoy sin alimentos.

Pero gracias a D -s, salí a las calles de la ciudad y a una persona ayude a llevar agua, a otro lo ayude a cortar leña, al tercero le transporte un cargamento, así junte un poco de dinero y al llegar a mi casa todo sigue como de costumbre, la comida sobre la mesa y la alegría acompaña a toda la familia.

Se sentó el rey un rato, hablo un poco con el dueño de casa y partió.

Al día siguiente, llego un emisario con una orden real que ordenaba al zapatero a presentarse en el palacio. Al llegar el zapatero se le ordeno a ceñir una pesada espada y custodiar el palacio, durante todo el día.

Se paró el pobre zapatero frente al palacio todo el día, sin abandonar su lugar un momento y sin preocuparse por el dinero necesario para mantener a su familia.

Al volver al atardecer a su casa, tomo un pedazo de madera, lo modelo, le dio forma de espada, lo afilo y lo coloco en la vaina en lugar de la espada de acero que recibió del rey.

La espada real se la vendió a su vecino, que comerciaba con objetos de metal, recibiendo una buena suma de dinero a cambio. Con el dinero compro alimentos volvió a su casa a sentarse a comer con su familia una opípara comida. Al llegar le dijo a su familia: vengan a comer, alabemos a D-s y agradezcamos al rey por la suculenta comida que tenemos hoy.

El rey volvió a disfrazarse y visito nuevamente la casa del zapatero, pensando que esta vez no tendría el zapatero dinero para comprar alimentos.

Cuando le abrieron la puerta, pudo comprobar que estaba equivocado, una singular alegría se sentía en el hogar. Apenas lo vieron lo invitaron a sentarse a comer. Con gran regocijo le conto el zapatero que vendió la espada del rey, colocando en su lugar una de madera.

Dirigiéndose a su mujer pidió: trae por favor la espada de madera para mostrársela al visitante. Trajo la mujer la espada y la presento delante del invitados, toda la familia río explosivamente, solo el rey prefirió el silencio.

Al finalizar la cena, volvió el rey a su palacio pensando en qué forma podría vengarse del perspicaz zapatero.

Al día siguiente, llego nuevamente un emisario ordenando al zapatero a volver a custodiar durante el día el palacio del rey. Se paró el zapatero frente al palacio erguido, ciñendo la espada de madera.

El rey estaba sentado sobre su trono y de sus labios se deslizo una sonrisa. Esta vez, pensó, no se salvara el sinvergüenza. Grito el rey: ¡Traidor! infiel! ladrón! estafador!, cien monedas de oro fueron robadas de mi tesoro. Inmediatamente ordeno traer al tesorero real, lo reprimió severamente y ordeno que le sea cortada la cabeza por el guardián de turno.

Trajeron delante del rey al zapatero y el rey le dijo: corta sin demora la cabeza de este hombre, robo de mi tesoro cien monedas de oro.

Gimió y sollozo el tesorero: mi rey, vuelvo a jurar que soy inocente, vuelve a contar las monedas del tesoro y vera Su Excelencia que todo fue un error.

— No escuchare tus viles palabras — gritó el rey volviendo a ordenar: centinela corte le cabeza!

El confundido zapatero, no sabía qué hacer para salvarse de la desgracia. Por el tesorero no debía preocuparse, ya que de todos modos no podría cercenarle la cabeza con una espada de madera, así que toda su preocupación residía en como salvar su propia cabeza de la furia del rey, cuando se descubriera el cambio de las espadas.

Rogo el zapatero al rey: Por favor Su Majestad, perdone a este pobre hombre con su real misericordia, incluso si es cierto que este hombre robo, no osara de aquí en adelante volverlo a hacer.

— No se merece que lo perdone — contestó el rey — eso es lo que le corresponde al hombre que engaña a su rey, así todo el pueblo sabrá el castigo de los estafadores. Ahora corta pronto su cabeza, si no la tuya también va a ser degollada.

Elevo el zapatero sus ojos y exclamó: Padre Celestial, si este hombre es inocente, que se produzca un milagro y se transforme la espada de acero en espada de madera. Cuida mis manos de arrojar sangre inocente y salva de la muerte al tesorero. Al terminar sus palabras desenvaino la espada y los ojos de los presentes se clavaron en la espada, he aquí madera en lugar de acero! y una sonrisa se deslizo de la boca del rey.

— Muy bien! — dijo el rey —, me venciste con tu inteligencia y a pesar que me engañaste, admiro tu astucia y perspicacia.

Le entrego el rey al zapatero un importante regalo y lo envió de regreso a su casa. El zapatero continúo trabajando en su humilde oficio durante el día y sentándose feliz con su familia por las noches.

HISTORIAS PARA CONTAR EN SHABAT (XXVI): Pensando Sólo en el Prójimo y Ser agradecido

jafezPensando Sólo en el Prójimo

 Una vez, cuando el Jafetz Jaim era  el invitado en la casa del Rabino local, la Rabanit preparó una elaborada comida  en su honor, y puesto que estaba apurada olvidó mencionarle a la sirvienta que  ya había puesto sal a la sopa y es por eso que la sirvienta también le agregó  sal a la sopa, como solía hacerlo habitualmente.

 Cuando la sopa salada fue servida  al Jafetz Jaim, él no expresó ninguna clase de insatifacción, sino que tomó la  sopa hasta la última gota. Por otro lado, el Rabino, al probar la sopa salada  mostró un gesto de mal gusto corriendo su plato hacia el medio de la mesa y miró  sorprendido al Jafetz Jaim, quien aparentemente no había percibido el fuerte  gusto de la sopa.

 Calladamente, sin que nadie lo  notara, el Jafetz Jaim tomó al Rabino de la manga y le rogó que terminara la  sopa y no revelara que estaba muy salada. Él dijo: “Yo imagino que por el apuro  en cumplir con la mitzvá de hajnasat orjim (recibir invitados), la sirvienta le  puso sal dos veces a la sopa. Si ella se enterara de eso, se angustiará mucho y  por otro lado, la Rabanit también se enojaría y llegarían a entrar en una  desagradable discusión. No reaccione en absoluto, sino que por el contrario,  alabemos la sopa y digamos que estuvo muy rica!”.

 Ser Agradecido

 Una vez, un  hombre le preguntó a su Rabino la siguiente pregunta: “¿Cómo es posible que una  persona cumpla con lo que nuestros Sabios dijeron en el Talmud: ‘una persona  debe agradecer a D’os por lo malo de la misma manera que lo hace por lo  bueno'(Berajot 33b)? ¿Cómo es que una persona que no tiene comida para él o para  su familia, que no tiene ropa para vestir y que no tiene ningún lugar para vivir  puede agradecer a D’os como lo hace un hombre rico, cuya casa está llena de  todo, y que puede tener todo lo que desee?”.

 El Rabino le  contestó: “Yo tampoco entiendo completamente las palabras de nuestros Sabios.  Pero nosotros tenemos en nuestra ciudad un verdadero tzadik (justo), alguien que  casi no tiene que comer, que duerme sobre un banco duro en la sinagoga local y  que no tiene zapatos para vestir y su mujer e hijos reciben ayuda de la  comunidad; sin embargo, él sirve a D’os con felicidad. Él bendice a D’os cada  día, y siempre está agradecido y lleno de alabanzas hacia Él. Yo creo que esa es  la persona que le podrá decir cómo uno puede agradecer a D’os por lo malo así  como lo hace por lo bueno”.

 El hombre  escuchó el consejo del Rabino y fue a buscar a este tzadik para pedirle que le  explique las palabras de los Sabios. Para su sorpresa, el tzadik le respondió:  “Usted sabe, yo tampoco entiendo completamente las palabras de nuestros Sabios.  Yo no soy el indicado para contestar su pregunta, pues a mi me parece que nunca  tuve un mal día en toda mi vida; no me falta nada y D’os ha sido bueno conmigo  siempre

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