JAG SUCOT SAMEAJ

JAG SUCOT SAMEAJ חג סוכות שמח

JAG SUCOT SAMEAJ

Tizcú LeShanim Rabot

Sea Tu voluntad, D. nuestro Señor y Señor de nuestros padres, que tal y como hemos sido merecedores de sentarnos en nuestras sucot, asi merezcamos tambien sentarnos el próximo año en la Sucá construida con la piel del Leviatan. ¡LeShaná Habaá Birushalaim! ¡El próximo año en Jerusalem! Amen.
¡¡Tizcú LeShanim Rabot!!

SUCOT(XIV):Hoshaná Rabá

Di-s le dijo a Abraham: “Si no son expiadas las trasgresiones de tus hijos en Rosh Hashaná, lo serán en Iom Kipur, y sino lo serán en Hoshaná Rabá”.

¿Y por qué aseguró esto Hashem a Abraham?

Porque la luz de Abraham Avinu empezó a iluminar el mundo después de 21 generaciones (desde la Creación), lo mismo pasa con sus hijos, su luz no será ocultada más de 21 días, un día luego del juicio de Rosh Hashaná hasta Hoshaná Rabá.

Final del veredicto

Hoshaná Raba es uno de los días más importantes y sublimes del año. En este día se produce el el fin del sellado del veredicto de cada persona para el próximo año.

En el día de Hoshaná Rabá Hashem termina de firmar nuestro juicio, aquel que comenzó en Rosh Hashaná. Al comenzar el juicio, en Rosh Hashaná y Iom Kipur, todas las criaturas del mundo pasan como hijos elevados y son observados cada uno en forma individual; en Jag Hasucot es juzgado el mundo en las aguas en general, sobre los frutos y cosechas y el día séptimo de la festividad, es Hoshaná Rabá, el día en que se confirma el veredicto. Por cuanto que la vida del hombre depende del agua y en Hoshaná Rabá se juzga sobre ellas, es así que este día se parece en cierto modo a Iom Kipur, aumentamos en Tefilot y Teshuvá, así como lo hacemos en Iom Kipur.

En el día de Hoshaná Rabá nos mostramos delante de Di-s como carentes de méritos, pidiendo por nuestra vida y por todo el mundo, solo por el merito de la Tefilá, con un corazón sincero. Las aravot (sauces de río) que tomamos en este día representan a la boca y los labios, como símbolo de aquellas personas que no tienen ni buenas acciones, ni Torá ; así nos postulamos nosotros en este día como la arava, sin méritos sino exclusivamente con nuestra boca para rezar.

En Rosh Hashaná las criaturas del mundo pasan delante de Hashem, los justos son escritos y sellados en el libro de la vida. Los beinonim (aquellos cuyas buenas y malas acciones son equivalentes) esperan hasta Iom kipur donde son sellados y esto concluye en Hoshaná Rabá y continua hasta la salida del sol de Shemini Hatzeret.

El octavo día de la festividad es llamado Shemini Hatzeret, porque nos paramos frente a Di-s y le decimos: “Nos es difícil separarnos de tus mitzvot”. Aunque hayamos terminado con el precepto de la Suca y del Lulav y los pedidos por lluvias a medida y tiempo, estamos contentos de tenerte con nosotros. Con esto demostramos nuestro amor hacia Hashem.

Hoshanot

Luego del recitado de Halel (alabanzas a Di-s) o luego de la Tefila de Musaf, en los días de la fiesta de Sucot, sacamos el Sefer Torá del Aron Hakodesh y lo traemos a la bima del bet hakneset, mientras el jazan y toda la congregación dicen en voz alta: “Hoshana”(Salvanos) cuatro veces (por Vos Nuestro Di-s, nuestro Creador, nuestro Salvador, El que busca nuestro bien) y luego se dicen los párrafos correspondientes al día y todo el pueblo rodea la bima sosteniendo en sus manos los arbat haminin (las cuatro especies), durante los seis primeros días de Sucot dando una sola vuelta alrededor de la bima, en el séptimo día, siete vueltas.

Esta costumbre es una recordación del Beit Hamikdash que en los siete días de la fiesta los cohanim rodeaban el Mizbeaj (altar) con alabanzas y alegría una vez cada día, y siete veces en Hoshaná Rabá (séptimo día del Jag) denominado “El séptimo día de la aravá” o “El día de la aravá”, pues en él eran depositadas muchas aravot (ramas de sauce) en el altar.

En Ierushalaim había un lugar llamado Motzá. Allí se dirigían y juntaban las aravot y las colocaban erguidas sobre el altar. También se tocaba el Shofar. Todos los días rodeaban el altar una vez y luego decían: “Ana Hashem Oshia na, Ana Hashem Hatzlija na” (Por favor, Hashem Salvanos; por favor Hashem ayudanos). En el día de Oshaná Rabá rodeaban el altar 7 veces y albaban a Hashem. Luego guardaban las Aravot en vasijas de oro para que no se arruinaran.

¿Por qué justamente se bendecía sobre la Aravá en Hoshaná Raba?

Por cuanto que la Aravá crece en el agua, y esté día se juzga sobre las aguas (cuanta lluvia caerá). Para recordar las Hakafot (vueltas alrededor de la Torá) que se hacían en el Beit Hamikdash en este Jag, nosotros rodeamos el Sefer Torá en el Beit Hakneset; mostrando que no nos resta sino la Torá y ella es para nosotros como el Altar que expiaba nuestras trasgresiones.

¿Por qué rodeamos 7 veces la Bima en Hoshana Rabá y no en los otros días de Sucot?

La respuesta a estas pregunta trae una comprensión sobre la propuesta primordial de Jag Hasucot.

El libro Ta’amei HaMinhagim U’Mekorei HaDinim afirma que las 7 vueltas son paralelas a las 7 veces que Yehoshua y su ejercito rodearon la ciudad de Ierijó antes de conquistarla.

La conexión es a través de la raíz hebrea. La palabra VaEsoveva ( y yo rodearé), solo aparece en 2 veces en el Tanaj. En Shir HaShirim (3:2), dice “Akuma Na Va’asoveva Et Ha’ir / Yo me levantaré y rodearé la ciudad” lo cual para el autor de Sefer Ta’amei HaMinhagim U’Mekorei HaDinim, se refiere a Ierijó. El Tehillim (26:6) dice, “Va’esoveva et mizbejeja, Hashem. Yo rodearé tu altar, Hashem,” lo que conecta el hecho de dar vueltas al Mizbeaj con como rodearon a Ierijó; el Mizbeaj era rodeado 7 veces en Hoshaná Raba así como Ierijó era rodeada 7 veces para ser conquistado.

El gran Rabino de Rupshitz esclarece la conexión entre Ierijó y Hoshaná Raba en relación con el Mizbeaj por medio de traer la costumbre de soplar el shofar siete veces durante las Hakafot en Hoshaná Rabá. Ellos dicen que la fuente esto era también de Ierijó. En Ierijó, la gente rodeaba la ciudad una vez por 6 días, y en el séptimo día, ellos la rodeaban siete veces, mientras que los cohanim soplaban shofarot y llevaban el Aron alrededor. El shofar, aparentemente milagroso, hacia que la muralla de la ciudad cayera. En Hoshaná Raba, debemos soplar el shofar y hacer siete hakafot para lograr “ que la pared de hierro entre nosotros y Hashem se derribe”.

Esto, de hecho, es la propuesta de Hoshaná Raba y Sucot en general: romper la barrera entre Hashem y nosotros. El comienzo del pasuk en Tehilim es “Erchatz B’Nikayon Kapi”. Yo lavaré mis manos en pureza.” La intención de rodear el Mizbeaj es purificarse, lo que tratamos de hacer en Sucot. Uno puede incorrectamente creer que los únicos días intensivos para pedir perdón son desde Rosh Hashaná hasta Iom Kipur. Sucot son días como estos también. Por siete días, vivimos en la Sucá, separándonos de nuestras posesiones materiales que nos distancian de Di-s. El número siete representa integridad, shlemut, completitud. En Sucot pasamos 7 días completos cerca de Hashem a través de lo natural. En el séptimo día estamos preparados para quebrar las puertas del cielo.

Hoshaná Raba es el último día para la mitzvá de los arbat haminim (4 especies) y para la mitzvá de Suca (en el galut, diáspora, se hace un día más del Sucot, en Shemini Atzeret) y es llamado Hoshaná Rabá por cuanto que aumentamos en Tefilot de Hoshaná en este día más que en el resto de los días del Jag.

A pesar de que la Torá no separa este día del resto de los días del Jag, tomaron los iehudim en todas las generaciones costumbres especiales para este día. Se visten ropas festivas y se acostumbra quedarse despiertos toda la noche estudiando Torá y aumentando en rezos. De esta forma, mostramos nuestro deseo de permanecer cercarnos a Di-s y añorar que el pose entre nosotros.

Sheminí Atzéret – Simjat Torá (I): Sheminí Atzéret, una Fiesta Singular


Al referirse a la festividad de Sucot, dice la Torá: “Y en el día quince del séptimo mes, festividad sagrada será para vosotros, ninguna labor habréis de hacer; y celebraréis una festividad ante D’os, siete días” (Bamidvar -Números- 29:12), y a pesar de que aparentemente la Torá nos quiso decir que después de festejar los siete días de la fiesta de Sucot ya no deberemos festejar más, para nuestra sorpresa, algunos pesukim (versículos) más adelante encontramos que la Torá dice: “En el día octavo: atzéret será para vosotros, ninguna labor habréis de hacer” (29:35).

De esto debemos deducir que la Torá nos quiso enseñar que al finalizar los siete días de la festividad de Sucot empieza otra fiesta, y ella es conocida con el nombre de Sheminí Atzéret. La palabra sheminí significa “octavo”, y la palabra atzéret, que generalmente significa “detención”, en nuestro caso se la podría traducir como “asamblea”, y el nombre de esta fiesta deriva de las palabras del versículo que recordamos anteriormente: “En el día octavo: atzéret será para vosotros”.

Dos Fiestas Distintas

A pesar de que la Torá llama a esta fiesta “el día octavo”, su intención no es decir que este día de fiesta pertenece a la fiesta de Sucot, pues en el versículo 12 ya había sido aclarado que la fiesta de Sucot sólo consta de siete días, y es por eso que realmente la fiesta de Sheminí Atzéret debe ser considerada una fiesta por sí misma. Por tal razón, aparte de recitar el sheejeianu en la primer noche de la fiesta de Sucot, también debe ser recitado en la noche de Sheminí Atzéret.

Intentando encontrar un lugar en la Torá en el que esté insinuado este concepto de que Sheminí Atzéret es una fiesta por separado, en el Talmud (Sucá 47a) figura una opinión que dice que cuando la Torá enumera los sacrificios que deberán ser ofrecidos en los distintos días de la fiesta de Sucot, está escrito: “Y en el segundo día…”, “Y en el tercer día…”, “Y en el cuarto día…”, etc., sin embargo al referirse al octavo día, dice la Torá: “En el octavo día…”, sin la conjunción copulativa “y” que relaciona a cada día de la fiesta con el día anterior, y esto es una clara alusión al hecho de que Sheminí Atzéret es una festividad por sí misma, como ya explicamos.

¿Qué Festejamos en Sheminí Atzéret?

En Sheminí Atzéret festejamos que el deseo de D’os es que estemos cercanos a Él. Festejamos que D’os nos acercó a Su Divinidad eligiéndonos de entre todos los pueblos de la tierra.

En su comentario sobre la Torá, Rashí (Rabí Shelomó Itzjaki, 1040 – 1105) nos recuerda el Midrash citado en el Talmud (Sucá 55b) que dice que cuando el pueblo de Israel terminó de ofrecer los sacrificios de la festividad de Sucot “les dijo D’os a ellos: Por favor, prepárenme una pequeña comida para que Yo tenga placer de ustedes”.

Nuestros Sabios nos quieren enseñar mediante este Midrash, que D’os únicamente tiene “paz y tranquilidad” cuando solamente nosotros, el pueblo de Israel, lo servimos y estamos cercanos a Él. Y es por eso que esta fiesta se llama Sheminí Atzéret, que significa algo así como “la detención o la asamblea del octavo (día)”, pues en este día D’os nos pide que nos detengamos junto a Él y que nos reunamos con Él.

En esta fiesta D’os quiere que lo sirvamos preparándoLe una “pequeña comida” para que pueda “disfrutar” de nosotros, es decir, de nuestra cercanía ya que eso le provoca “deleite”. La razón de nuestra alegría y nuestro regocijo debe ser que podemos estar al lado de “la Fuente de la Vida”.

La Finalización y el Comienzo de la Torá

De todas las formas que tenemos para acercarnos al Creador, la más elevada es el estudio de la Torá – ya que estudiarla es lisa y llanamente estudiar la palabra de D’os. Al estudiar la Torá estudiamos el pensamiento y la voluntad del Todopoderoso, acercándonos a Él de una manera especial y única.

Es por eso, que no es casualidad que se haya elegido al día de Sheminí Atzéret para concluir y recomenzar la lectura de la Torá. En esta fiesta finalizamos el ciclo anual de la lectura de los cinco libros que conforman la Torá leyendo la última parashá: Vezot Haberajá. Pero no esperamos hasta el próximo shabat para recomenzarla, sino que inmediatamente, después de terminar de leerla, comenzamos a leer Bereshit – la primer parashá de toda la Torá – demostrando así el profundo amor que sentimos por ella, es decir, por Quién la creó y la ordenó, el Santo – bendito es Él.

Ese es el motivo por el cual también se conoce a esta fiesta con el nombre de Simjat Torá (la alegría de la Torá). En la tierra de Israel – donde Sheminí Atzéret es un sólo día – a ese mismo día se lo llama también Simjat Torá, pero en la diáspora – donde Sheminí Atzéret tiene dos días de duración – al primer día se lo acostumbra llamar Sheminí Atzéret y al segundo día Simjat Torá, ya que en él se concluye la lectura de la Torá fuera de la tierra de Israel.

SUCOT(XIII): Leyes de Jol Hamoed

Los días entre el primero y el séptimo de Pesaj, y el primero y octavo de Sucot, y en los países de la Diáspora, cuatro días en Pesaj, y cinco de Sucot, se denominan Jol Hamoed (días hábiles en la festividad) – (Mishné Torá. Leyes de Iom Tov, 6:22)
En estos días debemos estar en alegría, junto a nuestros familiares, no haremos ayuno alguno, usaremos nuestras mejores vestimentas, y fijaremos dos comidas con pan (por la noche y por la mañana).

Estos días son considerados festivos y por esa razón hemos de realizar las labores que enunciaremos los siguientes incisos:

1. Está permitido, preparar alimentos, para el mismo día, o para el sábado, o día festivo, lo que realizará en forma habitual.

2. La panaderías, restaurantes y otras podrán cocinar y hornear y todo lo necesario, para la elaboración de alimentos, para ser consumidos en los días de Jol Hamoed.

3. Se puede preparar más cantidad de lo necesario.

4. Podrá utilizar toda clase de instrumentos necesarios para la elaboración de los alimentos, y si necesita, podrá repararlos (aunque se debe hacer antes del comienzo de la festividad).

Fuentes: Leyes de Jol Hamoed
a. Shulján Aruj, Oraj – Jaim: 399, Rama – Shaj
b. Shulján Aruj , Oraj – Jaim: 581,
c. Shulján Aruj , Oraj – Jaim: 640,
d. Shulján Aruj , Oraj – Jaim: 661, Rama
e. Shulján Aruj , Oraj – Jaim: 660
f. Shulján Aruj, Oraj – Jaim: 672 Mishná Berura.

Higiene Personal:

1. Se debe afeitar, cortar el pelo y la uñas en la víspera de la festividad para que la reciba en buena presencia.

2. Está prohibido afeitarse y cortarse el pelo (hombres y mujeres) en los días intermedios.

3. Aquel que se liberó de prisión, o un niño que tiene su cabello crecido y le molesta, como aquel que no pudo hacerlo en la víspera de la festividad, podrá hacerlo en los días citados.

4. Está prohibido cortar las uñas, con la excepción de la mujer que tiene Mikve en su tiempo, aquel que está acostumbrado a hacerlo, en la víspera de Shabat o de un día festivo, podrá hacerlo en la forma habitual.

Fuentes:
a. Shulján Aruj Oraj Jaim 529:1.
b. Mishná Berura, ídem 11, Biur Halaja.
c. Shulján Aruj, ídem 530, Mishná Berura
d. Aruj Ha Shulján – 530.
e. Ramban, Leyes de Iom Tov, 7:1.
f. Shulján Aruj Oraj Jaim: 542 – Mishná Berura 4.
g. ídem, ídem:533:1 Mishná Berura.
h. ídem, ídem: 539 – Mishná Berura.
i. ídem, ídem:545:7 – Rama – Mishná Berura.
j. ídem, ídem: 533 – Taz – Maguen Abraham.
k. ídem, ídem:537 – Shaar Hatziun:49.

Otras Necesidades en Jol Hamoed

1. Labores realizadas por un experto, profesional (Melejet Oman) (costurera etc), podrá hacer su trabajo, si lo necesita en estos días intermedios, por medio de un cambio.

2. Aquel que no es profesional, podrá realizar la labor en forma habitual.

3. Un trabajo fácil se podrá hacer sin ningún cambio.

4. Esta prohibido dejar premeditadamente trabajo, para hacerlo el Jol Hamoed, pero si por una fuerza mayor, o por haber sido forzado por las circunstancias, podrá hacerlo en estos días.

5. Todas las labores permitidas, se harán sin pago alguno.

6. Se tomarán en cuenta los días de Jol Hamoed, al preparar los sueldos.

7. Se podrá realizar labores, en honor a la persona en estos días, (Lustrar, zapatos, reparar ropa, coser botones, reparar zapatos, etc)

8. Se podrá reparar una ventana que se rompió y escribir cartas de salutación.

9. Se puede escribir en máquinas de escribir y sellar con sellos y escribir con una escritura que no perdurará (escribir por medio de vapor, hacer cuentas con una calculadora, porque lo escrito se borra.

10. Está permitido doblar un mantel, según las señales acentuadas en el artículo, como también plancharlo. (No es considerado “trabajo profesional”), no podrá hacerlo al no cumplir lo citado.

11. Está permitido regar plantas y árboles y recoger frutas, para estos días (Jol – Hamoed).

12. Está permitido viajar en carro, como repararlo, sin ayuda profesional (un técnico no podrá hacerlo).

13. Se podrá tocar instrumentos musicales en Jol Hamoed.

Lavado de Ropa en Jol Hamoed

1. Está prohibido lavar la ropa en Jol Hamoed.

2. Está permitido lavar ropas de bebes, niños, paños de cocina, medias; todo aquello que lavamos antes de la festividad pero no tenemos suficiente cantidad, para toda la festividad.

3. Vestimenta que se mojó se podrá exprimir el agua.

4. Manchas en la ropa: Si se manchó la ropa antes de la fiesta, no podrá lavar la ropa en estos días; si se manchó en la fiesta, y no tiene otra ropa adecuada para la ocasión, podrá lavarla en Jol Hamoed.

http://www.torahenfamilia.com/

Jol Hamoed – Los días intermedios de la festividad

(selección extraída del libro “”La Hagadá de Breslov” © Breslov Institute Research – http://www.breslov.org)

Enseña el Rebe Najmán:

Las características de cada nación se encuentran imbricadas en su lengua, en su idioma. Una lengua sagrada trae santidad y lo opuesto genera lo contrario. Así, hablando la Lengua Santa uno puede llegar a purificarse. Y a la inversa, existen lenguas extranjeras que llevan a la persona hacia la impureza. Entre estas dos lenguas se encuentra el idioma Arameo; una combinación de lo sagrado y de lo no santo, la cual hace de puente entre ambos (Likutey Moharán I, 19).

En Iom Tov, la festividad, se prohibe toda clase de tareas. La festividad nos fue otorgada para disfrutar y utilizar su tiempo en la introspección y la contemplación. En los Días Intermedios, sin embargo, algunas clases de trabajo se permiten mientras que otros continúan prohibidos. Aunque Jol HaMoed, estos días de semana festivos, poseen leyes similares a las de las festividades, de hecho no son “días santos” en y por sí mismos. Así, cualquier tarea necesaria para el Iom Tov puede ser realizada en estos Días Intermedios. Y si, por no trabajar en Jol HaMoed, la persona podría sufrir una pérdida, se le permite entonces hacer lo necesario como para evitar esa pérdida. Los detalles de lo que está prohibido y de lo permitido han sido muy meticulosamente decididos por nuestros Sabios. El Rabí Natán compara el concepto de los Días Intermedios al concepto de la lengua Aramea. Tal como el Arameo se encuentra entre las dos lenguas, la sagrada y la profana, de la misma manera Jol HaMoed se encuentra entre la santidad de un día en el cual uno se halla completamente libre del peso de sus tareas y la falta de santidad que predomina durante los días de semana cuando es necesario trabajar. Comenzamos cada festividad celebrando un Iom Tov (un Buen Día), un día santo libre de tareas y trabajos. Esto indica que nuestra acción inicial debe ser el traer todo hacia la completa santidad. Sin embargo, muchas veces nos excedemos de nuestro nivel y debemos descender a un nivel de santidad más cercano a nuestros verdaderos logros. Aun así, no debemos caer en el ámbito de lo totalmente físico, al nivel de los días de la semana. Debemos encontrar un punto medio, hasta que logremos alcanzar verdaderamente la santidad del “Día Santo” en todos nuestros días. Esto es el Jol HaMoed, los Días Intermedios. Ellos nos recuerdan que somos capaces, con el esfuerzo adecuado, de volver a elevarnos hacia el ámbito de la santidad (Likutey Halajot, Jol HaMoed 1)

*
Enseñó el Rebe Najmán:

Las festividades revelan la Voluntad y el Deseo de Dios. Las tres festividades son conocidas como Mikr´ey Kodesh, el Llamado de Santidad. Ellas llaman a que todos reconozcan la Grandeza de Dios. Mediante este reconocimiento la abundancia llega al mundo de modo que la persona no tenga que hacer ninguna clase de trabajo. Todos los aspectos de la vida serán una clara expresión del Deseo y la Voluntad de Dios. Nada estará oculto como “Acto de la Naturaleza.” Como opuesto al Llamado de Santidad existe el Llamado de la Impureza – los filósofos que creen en el poder de la naturaleza. Ellos tratan de devorar la santidad. Sin embargo, los verdaderos Tzadikim de la generación pueden unir el Deseo a su Fuente – los más altos niveles de santidad – y son capaces de anular y destruir a esos filósofos. También la caridad tiene este poder. Dar caridad es tan grande que permite que la gente escuche el llamado de Santidad y lleva a la gente hacia el arrepentimiento (Likutey Moharán II, 4).

El Rabí Natán muestra cómo todos los conceptos de esta lección del Rebe Najmán se encuentran relacionados a los conceptos de Iom Tov y del Jol HaMoed. En la festividad se revela la Voluntad de Dios en un nivel que anula la necesidad de trabajar. En este sentido se asemeja al Shabat. Sin embargo, a diferencia del Shabat cuya santidad es intrínseca, el Iom Tov es un Llamado de Santidad que depende de los Sabios. Ellos son los que determinan la Luna Nueva y gobiernan así la llegada de las festividades, las que se determinan de acuerdo a los días del mes (Rosh HaShaná, 24a). De modo que es de los Sabios, de los Tzadikim de la generación, de donde proviene la santidad del Iom Tov. Y también de la caridad. Se nos ordena dar caridad en las festividades; de modo que la persona no sólo provee a su familia sino a los vecinos necesitados, a las viudas, los huérfanos, etc. Tal caridad, de hecho, revela la Voluntad de Dios. Ahora, el Iom Tov es seguido por los Días Intermedios los que, a su vez, son seguidos por el Iom Tov. De hecho, también el Jol HaMoed es llamado Iom Tov, pese a la permisividad que se aplica respecto a la prohibición de trabajar en estos Días Intermedios. Esto se debe a que en primera instancia, el tipo de trabajo permitido se encuentra limitado a aquello que impide una pérdida. ¿Qué es una pérdida? Esto alude a esas chispas de santidad que se han perdido en el Otro Lado, en el ámbito de la impureza. Sin embargo, incluso aquello que está “perdido” siempre querrá volver, especialmente cuando existe un llamado al retorno. Así, en respuesta al Llamado de Santidad del Iom Tov estas chispas comienzan a desear volver y ser incluidas en la Voluntad de Dios. Y es durante los Días Intermedios que se les da esa oportunidad. Es por ésto que ciertos trabajos son permitidos durante el Jol HaMoed: para elevar estas chispas y recuperar la pérdida de santidad. Si embargo, cuando aumenta la santidad, también el Otro Lado desea hacer lo mismo. Quizás esta vez podrá ganarle a la santidad y en especial ahora que – en los Días Intermedios – la santidad ha descendido del Iom Tov a los días de trabajo en busca de aquellas chispas caídas. Es esta la razón del segundo Iom Tov inmediatamente después del Jol HaMoed. Es a través de él que podemos atraer del nivel superior de la santidad del Iom Tov y preservar a las chispas caídas que ya han sido elevadas desde el Otro Lado (Likutey Halajot, Jol HaMoed 3).

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Cada una de las festividades y no solamente Peisaj, conmemora el Exodo de Egipto. En los primeros días de la festividad celebramos con alegría y felicidad, con la plegaria y el estudio de la Torá. El trabajo no tiene lugar alguno en nuestra celebración del Iom Tov. Sin embargo, durante los Días Intermedios, cuando ciertas tareas están permitidas, hay poder suficiente – aunque no en abundancia – como para subyugar las fuerzas que se oponen a la santidad. Sin embargo, este subyugar de la impureza no dura mucho. Casi de inmediato vuelven estas fuerzas antagónicas, retornando a la batalla, como antes. De modo que volvemos al día final de la festividad cuando nuevamente celebramos como lo hicimos en los primeros días – con alegría y absteniéndonos de trabajar. Y ésto es lo que sucedió exactamente durante nuestro Exodo de Egipto. El Faraón permitió que los Judíos salieran. Este fue el primer día de la festividad, un tiempo de celebración. Pero inmediatamente después, el Faraón se arrepintió de su decisión y persiguió a los Judíos con la intención de volver a esclavizarlos una vez más. De modo que los Judíos se vieron forzados a “batallar” nuevamente contra él. Todo ésto tuvo lugar durante los Días Intermedios de Peisaj. Entonces, el último día de Peisaj, tanto el Faraón como todo el ejército Egipcio fueron totalmente aniquilados con la Separación del Mar Rojo. Nuevamente fue un tiempo de celebración. Lo mismo puede decirse de la festividad de Sukot que comienza y concluye con Iom Tov y tiene un período de Días Intermedios. Sin embargo la pregunta se presenta cuando se llega a la festividad de Shavuot. ¿Por qué esta festividad no tiene Días Intermedios? La respuesta es que la rectificación más importante de algo en este mundo se produce a través del poder de la Torá. La Torá revela la Grandeza de Dios y nos da la fuerza con la cual podemos batallar contra el Otro Lado. Nos da consejos y establece las condiciones mediante las cuales es posible derrotar al Otro Lado. Shavuot fue el momento en el cual recibimos la Torá, el momento en el cual se nos entregó este poder. La derrota del Otro Lado, de las fuerzas antagónicas se logra en su totalidad sin la necesidad de los Días Intermedios y el Iom Tov posterior (Likutey Halajot, Jol HaMoed 4).

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Uno de los propósitos primarios de las Tres Festividades es el rectificar las pasiones cardinales: dinero (Peisaj); la lujuria (Shavuot); la comida (Sukot). Esto puede alcanzarse mediante la plegaria. Sin embargo, existen tres tipos de pecados que minan el poder de la plegaria: ridiculizar a los demás, la pérdida de fe e impurificar el Pacto. Controlar estos tres pecados permite a los Judíos ser redimidos del exilio (Likutey Moharán II, 1).

La conexión entre las tres pasiones cardinales y las festividades es la siguiente. La plegaria, nuestra relación directa con Dios, es minada por la falta de fe. Esto se encuentra directamente relacionado con la idolatría, la cual se corresponde con adorar o desear el dinero. Este deseo y la idolatría implicada en ello son corregidos en Peisaj. Los Hijos de Israel dejaron Egipto el primer día de Peisaj. Al salir llevaron consigo los tesoros de Egipto. Todos los Judíos fueron ricos, tal como Dios se lo prometiera a Abraham. Aun así, a Sus ojos, el cumplimiento de esa promesa aún no estaba completa. El día final de Peisaj, el séptimo día del Exodo, Dios abrió el Mar y ahogó a todo el ejército Egipcio. El botín que entonces recogieron los Judíos sobrepasó en mucho a lo que ya tenían. Ahora eran increíblemente ricos. Pero y a pesar de su gran riqueza, Dios les proveyó de todas sus necesidades materiales en el desierto. El mensaje era claro. Se les estaba diciendo que debían confiar sólo en Dios y no en su dinero. ¿Cuál era el motivo entonces de semejante riqueza? La respuesta es que la riqueza de Egipto tenía como finalidad ser elevada al ofrecerse como donación para la construcción del Mishkán, del Tabernáculo en el desierto. De modo que la destrucción de los Egipcios es sinónimo de la destrucción de la idolatría y de la eliminación del deseo de dinero. Un segundo pecado que mina el poder de la plegaria es el ridiculizar a los demás. Esto se corresponde con el deseo de comer, el cual se rectifica en Sukot. Explica el Rebe Najmán que la pasión por la comida indica un deterioro en el honor y es sinónimo de avergonzar a los demás (Likutey Moharán I, 67). “El respeto por los otros trae respeto y honor sobre uno mismo. La falta de respeto por los otros, trae el deshonor sobre uno mismo” (Avot 4:1). Ahora bien, la Mitzvá primaria de Sukot es comer en la Suká. Esto rectifica el deseo por la comida. La conclusión de Sukot es llamada Simja Torá. Este es el día en el que todos son llamados a la lectura de la Torá. “El honor de la Torá es el verdadero honor” (Avot 6:3). Así, el primero y el último día de la festividad rectifican el honor, es decir, la pasión por la comida. En Peisaj y Sukot tenemos Días Intermedios pues cada una de estas festividades incluye dos conceptos: en Peisaj se rectifican la idolatría (falta de fe) y el deseo por el dinero; en Sukot se rectifican la falta de honor y el deseo por la comida. En ambos casos, se requiere del tiempo entre el primero y el último día del Iom Tov para poder implementar completamente la corrección de estas cualidades. Pero Shavuot no posee Días Intermedios pues la pasión por las mujeres y la impurificación del Pacto son una y la misma cosa. Ambas son comparables al único día de la Festividad. Así, la festividad de Shavuot tiene el poder de anular la lujuria y de ayudar simultáneamente a que la persona alcance los niveles de pureza que son sinónimos de guardar el Pacto (Likutey Halajot, Jol HaMoed 5).

http://www.tora.org.ar/

SUCOT(XII): Simjat Bet HaShoeva – La Felicidad de la Unidad

Durante la época del Templo, los sacrificios traídos al mizbeaj (altar) en la época de Sucot eran especiales.

Cada mañana de Sucot, una libación de agua era derramada sobre el Mizbeaj cuando era traído el sacrificio de la mañana (Tamid shel Shajar). El derramamiento del agua, “Nisuj HaMayim” era celebrado con una fiesta muy alegre. Desde la tarde anterior, toda la gente se congregaba en el monte del Templo para ver a los grandes sabios de la generación bailar, actuar y cantar en celebración de este especial evento. Lámparas gigantes especiales eran encendidas, cuya luz iluminaba a todo Jerusalem. Esto ocurría cada noche de Sucot, excepto en Rabat y en la primera noche de Yom Tov.
Nuestros sabios escribieron en el Talmud (Sucah 51a): “Quien no ha visto esta celebración, nunca a visto una celebración en sus días”. La celebración era conocida como Simjat Beit HaShoeva – El Regocijo por la Extracción del agua (shoe’v significa extraer agua).
Por que era traída una ofrenda especial de agua en Sucot? El Talmud (Rosh Hashana 16a) escribe que por cuanto que el mundo es juzgado por agua en Sucot, traemos una ofrenda de agua para que las lluvias del año venidero sean bendecidas.
Otro motivo por el cual Sucot es la festividad en la cual tenemos la Simja de Beit aShoeva es relacionado a que Sucot cae inmediatamente después de Yom Kipur en la estación de la cosecha. Durante la estación de cosecha, una persona puede ponerse arrogante y olvidar a Hashem, cuando esta recolectando toda su producción. Esta arrogancia puede venir por parte de los agricultores, de la misma forma el sabio se puede sentir gran cosa por su sabiduría y a si el resto de las personas. El hecho es que todo lo que recibimos, bien sea dinero, sabiduría o respeto viene de D–S. Cuando las personas se olvidan de esto empiezan los problemas.
Uno comienza a pensar que es superior al otro. Una persona puede comenzar a separar en su mente a la población en categorías. Todo esto crea disputas y tensión, y la unidad en el Pueblo de Israel no puede y no existirá cuando las personas piensan de esta manera.
En Yom Kipur todos nos paramos juntos y somos juzgados. Le pedimos a D–S perdón. Le rogamos por misericordia. Afirmamos que no repetiremos los malos hechos. En Yom Kipur, Yo no soy mejor que el otro.
Yo puedo ser mas rico, pero puede ser que el sea una mejor persona. Yo soy vivo, pero puede ser que el sea mas correcto que yo.
Las divisiones que hemos creado en nuestra mente de desmoronan. Nos damos cuenta que todo lo que cualquier persona tiene es de D–S y que todos somos verdaderamente lo mismo. La barrera hacia la unidad que nuestra inclinación al mal creo, se cae. En Yom Kipur somos un pueblo unido y unidos queremos permanecer. En Sucot, tanto ricos como pobres se mudan a viviendas temporales. Estamos todos protegidos, únicamente por D–S. Nuestra unidad es reforzada. Somos una sola nación, todos celebrando juntos la festividad de Sucot, juntos en alegría. D–S nos recuerda que El quiere a cada uno de nosotros, sin importar lo que aparenta ser nuestro status en la tierra.

Por lo general, vino es derramado en el altar. vino refinado es utilizado. Los viñedos son nutridos cuidadosamente, las uvas son seleccionadas tiernamente, el vino exprimido por expertos y totalmente filtrado.

Es el producto de energía y trabajo. En Sucot agua es derramada también sobre el altar. Agua es simple. No se efectúa ningún trabajo para producir el agua. Sin embargo, el agua es aceptada sobre el altar al igual que el vino. Agua corriente es aceptada al mismo nivel que el vino refinado. El denominador común de ambos es que deben permanecer puros y sin ser adulterados. Podemos ser como el vino refinado, el producto de mucha sangre, sudor y lagrimas. Podemos ser como el agua, simple y recto. Sin embargo, esta clasificación, D—S
nos dice que es irrelevante, lo importante es mantenernos puros en pensamiento y entregados a Su servicio. Si nos recordamos que esto es lo importante, y que estos son los parámetros, la unidad permanecerá.
Por que es este un tiempo de regocijo? Cuando el agua es derramada sobre el altar, todos vemos que Hazme acepta todo nuestro servicio a El, mientras sea hecho con la pureza del corazón. Podemos confortarnos con el hecho de que Hashem ve que lo queremos servir a El, y que las mitzvot que hacemos son realizadas con la mente. Aunque puede ser que nuestras oraciones no sean perfectas y nuestra observancia no es perfecta, si tratamos con toda nuestra fuerza de servir a Hashem correctamente, nuestro servicio es aceptado. El hecho de que Hashem nos manda un mensaje inmediatamente después de Yom Kipur es motivo para celebración. Sucot es el tiempo de inculcar dentro de nosotros la experiencia de Yom Kipur. En Yom Kipur estuvimos todos parados como iguales, y le pedimos a Hashem un buen ano. Demostramos abiertamente que sabemos que todo lo bueno que recibimos nos lo otorga Hashem. Este reconocimiento es también una afirmación de nuestra creencia de que somos como una persona, unidos en el servicio a D–S. Si todos reforzamos estas lecciones en Sucot como D–S quiere que lo hagamos, podemos estar seguros de que este va a ser un buen ano para todos nosotros.

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SUCOT(XI): SHALOM BEHAG SUCOT SAMEAJ

SUCOT(X): Relatos de Sucot

Recuerdos de un Jasid

Sucot (la Fiesta de los Tabernáculos) es llamada la “estación del júbilo”, y para mí era precisamente eso.

Cuando yo era niño, no existían las sucot prefabricadas ni los revestimientos para techos. Poco antes de Sucot, jonie venía con un ayudante y sacaba la leña del garage para construir la sucá. Tenía entonces la oportunidad de usar martillo y clavos y todas esas herramientas maravillosas.

Dicho sea de paso, conservo un recuerdo más vívido que todos los demás. Había tomado un largo trozo de leña y martillado un clavo en él, sólo por diversión. Jonie me regañó diciéndome: “Alguien podría tratar de serruchar ese leño, y cuando se le estropeara el serrucho por causa del clavo, podría maldecir a quien puso allí ese clavo. Nunca hagas algo que podría traerte aparejada la maldición de alguien”. Tenía razón. Lo que más me gustaba era ir en el carro de caballo de Hersh a juntar ramas de sauce para cubrir la sucá. Solía ayudar a Hersh a hacer atados con las ramas y a cargarlos en el carro. Hoy, en mis ensueños, puedo revivir esas escenas, y a veces hasta oler las ramas recién cortadas.

Hoy, los adornos de la sucá pueden comprarse. En aquellos días, teníamos que hacerlos nosotros mismos. Papá solía escribir las letras sobre un trozo de cartón, y nosotros las coloreábamos. Pintábamos la fruta con pintura dorada para que pareciera oro.

Hacíamos pájaros de adorno para la sucá. Como no existían las pelotas de plástico, el cuerpo de los pájaros era un cascarón hueco de huevo. Lo obteníamos agujereando el huevo de los dos lados y soplando el contenido hacia afuera. (Este es el origen de la expresión idish de que algo “vale tan poco como un huevo vacío”).
Las alas las hacíamos de papel plegado de colores y las sujetábamos al cascarón del huevo con cera de sellar. La cabeza del pájaro se moldeaba con cera de abejas. Este era un procedimiento delicado, y si el frágil caparazón se rompía, había que repetir todo el procedimiento.
En nuestra sucá siempre había mucha gente comiendo, tanto rabinos itinerantes como habitantes del pueblo que no, tenían su propia sucá. Siempre había gente cantando y danzando, y se relataban muchas, muchas historias.

Simjat Torá marcaba el final de Sucot. El júbilo de bailar con los Rollos de la Torá no tenía límite. Quien hubiera visto a Papá bailar con la Torá nunca lo olvidaría. La danza de Papá definía esencialmente el concepto de júbilo tal como se entendía en las enseñanzas jasídicas. Papá sostenía la Torá mientras se unía en el canto de una jubilosa melodía, una melodía que se reservaba exclusivamente para Simjat Torá, y que nuestro antepasado, el Maguid de Chernobl, afirmaba haber escuchado a los ángeles celestiales en su adoración a Di-s. Papá luego permanecía quieto mientras el canto continuaba, y de pronto irrumpía en una danza que era a un tiempo serena y estática.

El mensaje de la danza era que el júbilo era una experiencia interior que debe hallar expresión externa sólo cuando llega a una intensidad tal que ya no puede contenerse. Entonces, y sólo entonces, puede explotar en una acción espontánea y manifiesta. Incluso entonces, la expresión de júbilo debe ser modesta y discreta.
Muchos años después, cuando aprendí las explicaciones jasídicas detalladas sobre “regocíjate con temblor” (Salmos II:11) pude comprenderlas. La danza de Simjat Torá de Papá fue una lección imborrable.
En los servicios de la noche del viernes ocasionalmente Papá recitaba el kadish de duelo. Nos contó la siguiente historia.
El Rebe de Apt, un antepasado cuyo nombre (Abraham Ioshúa Heshel), tengo el honor de llevar, solía vivir en la pobreza más abyecta. Algunas comunidades no podían pagar el sueldo de un rabino, y éste se ganaba la vida merced a la exclusividad que tenía su esposa sobre la venta de levadura. En el mejor de los casos, esto le permitía subsistir modestamente, pero las condiciones distaban de ser ideales.
Un año se aproximaba el festival de Sucot y el Rebe de Apt no tenía suficiente dinero para comprar comida para la fiesta, menos aún velas y ni remotamente lo necesario como para adquirir un etrog y un lulav. Como no tenía nada que preparar en su casa la víspera de la fiesta, el Rebe regresó a la sinagoga, tras advertir a su mujer que no pidiera dinero prestado ni aceptara beneficencia. Lo que el Todopoderoso deseara para ellos, es lo que tendrían.
Cuando el Rebe salió, un extraño golpeó la puerta y le dijo a la Rébetzin que era un mercader que se hallaba camino a casa y que veía que le resultaría imposible llegar antes del anochecer. Por lo tanto, debería pasar Iom Tov en uno de los pueblos por el camino, y éste le resultaba igual que cualquier otro, Sin embargo, como llevaba consigo una importante suma de dinero, deseaba alojarse en un lugar seguro, y el lugar más seguro que podía imaginar era el hogar del rabino local. Por eso, pedía permiso para pasar allí Iom Tov.
La Rébetzin le respondió que les agradaría mucho recibirlo en su casa pero que, como pasarían un Iom Tov hambriento, no sería muy apropiado invitar a otra persona a compartir su miseria.
“Eso no es problema”, dijo el extraño, sacando de su bolsa un billete de gran valor. “Todavía hay tiempo para comprar provisiones, y el gasto bien vale la pena pues estaré en una casa donde puedo descansar en paz y confianza”.
La Rébetzin tomó el dinero y se apresuro en ir al mercado. El extraño, seguro de que el Rebe indudablemente no tenía dinero para comprar un etrog y un lulav salió en procura de ellos.
Esa noche, al terminar los servicios, el Rebe se demoró estudiando en la sinagoga, pues sabía que no había apuro en llegar a casa, y tanto podía ayunar en la sinagoga como en la casa. Cuando finalmente llegó a su casa, le sorprendió ver desde lejos el resplandor de su sucá, pues sabía que no tenían velas. Cuando entró en la sucá y vio la mesa tendida con jalá y vino, su primer pensamiento fue que la Rébetzin no se había podido resignar a pasar un Iom Tov sin provisiones y había caído en la tentación de aceptar limosnas. Entró, pues, en la casa, con el ceño fruncido y regañó a su esposa por contrariar sus deseos.
¡Di-s no lo permita!”, dijo la Rébetzin, y le contó al Rebe sobre el extraño que había venido y le había pedido alojamiento, y había provisto las necesidades para él y para ellos también.
El Rebe no cabía en sí de júbilo, pues ahora el Todopoderoso le había permitido celebrar Iom Tov de manera festiva sin tener que aceptar beneficencia. Cuando entró el forastero, el Rebe lo abrazó, y cuando le mostró el etrog y el lulav con los que podría cumplir la sagrada mitzvá, el júbilo del Rebe ya no tuvo límites. Tomó al extraño de las manos y entró bailando con él en la sucá.
El rostro del Rebe irradiaba luz cuando se sentaron a la mesa y el extraño ocupó su lugar junto al Rebe. Le sorprendió que el Rebe le pidiera que se corriera un poco, y luego otro poco, y así hasta terminar sentado en el extremo de la mesa. Al terminar la comida, el extraño se acercó al Rebe. “Te ruego que no me interpretes mal”, le dijo. “Realmente no me debes nada, pues hice comprar las provisiones fundamentalmente para satisfacer mis propias necesidades. Si hubiera otros invitados en la sucá, podría comprender que tal vez ellos merecieran sentarse más cerca de ti que yo. Pero como tú y yo éramos los únicos en la sucá, ¿por qué me empujaste hasta el extremo de la mesa? ¿Por qué te molestó que me sentara cerca de ti?”, le preguntó.
El Rebe abrazó al extraño. “Hijo mío”, le dijo, “no pienses así. Eres muy querido para mí, y sólo el Todopoderoso puede recompensarte por lo que has hecho por mí. .¿Pero cómo puedes decir que no había otros invitados en la sucá? Sabes que los Patriarcas Abraham, Itzjak, Iaacov, Moshé, Aharón, losef y David, visitan la sucá. ¿Dónde se sientan? Perdoname, pero tenía que hacerles lugar”.
Al hombre le brillaron los ojos. ¡Pensar que tenía el privilegio de estar en compañía de los Patriarcas! Besó las manos del Rebe y lo abrazó. A la mañana siguiente cuando entró en la sucá, el extraño inmediatamente se sentó de buena gana en el extremo de la mesa.
Tras la comida de la segunda noche, el extraño se dirigió al Rebe. “Rebe”, le dijo, “si realmente he sido bendecido con el privilegio de compartir la sucá con los Patriarcas, me gustaría verlos en realidad”.
El Rebe meneó la cabeza. “No, hijo mío”, le dijo. “Sería una visión demasiado intensa como para que tu alma quedara contenida en tu cuerpo, y todavía tienes muchos años por delante”.
Al día siguiente, el extraño insistió. “He pensado” mucho en esto”, dijo.
“Ya tengo casi sesenta años, y tal vez todavía viva diez años más o menos. Valoro ver a los Patriarcas mucho más que unos pocos años de existencia sobre la tierra”. El Rebe trató de disuadirle pero como el extrañó se mostró inflexible, finalmente le concedió la capacidad de contemplar a los Patriarcas.
Al día siguiente, el extranó cayó enfermo, y cuando el Rebe se sentó junto a su lecho de enfermo, le dijo: “Siento que mis energías me abandonan, y sé que he de morir. Créeme, Rebe, no lo lamento. Haber podido contemplar a los Patriarcas valió más para mí que una docena de años; con gusto volvería a hacerlo. Sólo tengo una preocupación: no tengo hijos. ¿Quién dirá el kadish por mí?”.
El Rebe le aseguró que observaría el kadish. “¿Y qué pasará con el íortzait (el recuerdo anual)? Tú también eres sólo mortal, ¿y he de ser totalmente olvidado cuando tú hayas fallecido?”.
El Rebe pensó un momento y luego dijo: “Dejaré instrucciones en mi testamento para que mis descendientes reciten el kadish en tu memoria los viernes por la noche”. Así pues, Papá recitaba el kadish en nombre del extraño que había merecido tanto el privilegio de facilitar a su antepasado la posibilidad de pasar un Iom Tov festivo, como de ver a los antepasados de la nación judía.

(extraído del libro “Generación en Generación” por Abraham Twersky, © Edit. Kehot Lubavitch)

Un Etrog del Paraíso

Era el primer día de Sucot (la Fiesta de las Cabañas) y todos los congregados en el Beit Hakneset del santo Rabí Elimelej de Lizensk estaban impregnados de un espíritu festivo singular. Se sentía el Iom Tov en el aire.

Rabí Elimelej se puso de pie en el “Amud” (púlpito) para comenzar a recitar el “Halel” pero se interrumpió. Todos los ojos se volvieron hacia él. ¿Por qué se detenía tan súbitamente en medio de su vaivén, mientras empujaba firmemente el etrog en sus manos? ¿Y por qué no proseguía con el servicio en su manera habitual? Era evidente que algo le preocupaba. Algo muy emocionante, a juzgar por la mirada de su radiante rostro.
Rabí Elimelej se dirigió a su hermano, el santo Rabí Zushe, quien había venido a pasar la festividad con él, para decirle ansioso: -¡Ven y ayúdame a encontrar el etrog que está impregnando toda la sinagoga con la fragancia del Jardín del Edén!

Y juntos fueron recorriendo el lugar, hasta llegar a un rincón del Templo. Allí estaba parado un individuo de aspecto tranquilo evidentemente sumido en sus pensamientos.

-¡Es éste! -dijo Rabí Elimelej, encantado. Y dirigiéndose a él le preguntó:
-Por favor, querido amigo, digame quién es y adónde consiguió ese magnífico etrog.
El hombre, con expresión sobresaltada por la inesperada pregunta, replicó lentamente, eligiendo con cuidado sus palabras:
-Con el debido respeto, Rabí, es una larga historia. ¿Quiere sentarse y escucharla?
-¡Por supuesto que si! -contestó el Rabí Elimelej.
-Estoy seguro que será una. historia que vale la pena oír.
-Mi nombre -comenzó el hombre de aspecto tranquilo- es Uri, y vengo de Streslisk. Siempre he considerado la bendición del Etrog como una de mis Mitzvot favoritas. Como soy un hombre pobre normalmente no podría darme el lujo de comprar un “etrog” según mis deseos, pero mi joven esposa está de acuerdo conmigo en su importancia y me ayuda trabajando de cocinera, así se independiza económicamente de mí. Estoy empleado como maestro en la aldea de Yanev, que no queda lejos de mi ciudad natal. En general uso la mitad de mi salario para nuestras necesidades y con la otra mitad compro un “etrog” en Lemberg. Pero, para no gastar dinero en el viaje, generalmente voy allí a pie.
Este año durante los Diez Días de Retorno (Aseret Iemei Teshuvá) entre Rosh Hashaná y Iom Kipur caminaba hacia Lemberg con cincuenta monedas en mi bolsa, con las cuales comprara un “etrog”. Cuando atravesé el bosque me detuve a la vera del camino para comer algo y descansar. Como era el momento de rezar Minjá, me dirigí hacia un rincón y oré.
Estaba en la mitad de Shemoné Esré (oración silenciosa de “19 bendiciones”) cuándo escuché quejas y lamentos, como de una persona en agonia. Instintivamente supe que era judío, aunque el hombre no había dicho una sola palabra intelegible. Me apuré en terminar mi plegaria para averiguar que ocurría y ver si podía ayudar en alguna forma.

Cuando me volví hacia el hombre, que estaba en evidente zozobra, contemplé a una persona singular y de aspecto tosco, vestido con ropas de campesino, con un látigo en sus manos, contando sus penas al cantinero.

De su perturbador relato, más incoherente aún por lo sollozos intermitentes, pude recoger que el hombre era un pobre judío que se ganaba el pan como carrero. Tenía esposa y varios hijos y apenas al ganaba lo suficiente para poder vivir. Y ahora le había ocurrido una terrible calamidad. Su caballo, sin el cual nada podía hacer, se había desplomado repentinamente en el bosque, no lejos de la taberna y se quedó allí sin poder levantarse.
Yo no podía soportar el verlo tan desesperado, y traté de consolarlo y asentarlo, diciéndole que no debía olvidar que hay un Di-s sobre nosotros, y que él siempre podía ayudarlo en su infortunio, por más grande que le pareciera.
El dueño del bar, conmovido por la historia del carrero le dijo: -Le vendo otro caballo por cincuenta monedas, aunque le puedo asegurar que vale por lo menos ochenta. Pero quiero ayudarlo en su dificultad.
-No me haga reir -replicó el carrero amargamente. -Ni cinco monedas siquiera tengo y me dice que puedo comprar otro caballo por cincuenta.
Sentí que no podía guardar el dinero para el “etróg” cuando había un hombre en una situación tan desesperante.
-Digame cuál es el precio más bajo que aceptaría por su caballo, le dije. El cantinero se volvió sorprendido
-Si me paga en efectivo, me conformo con cuarenta y cinco monedas ni un centavo menos. ¡Estoy vendiendo mi caballo con pérdidas ya!
Imediatamente extraje mi billetera y le entregué cuarenta y cinco monedas, mientras el carrero lo miraba, con los ojos desorbitados de sorpresa. Estaba mudo y su alegría era indescriptible.
-Ahora ve como el Todopoderoso puede ayudarlo, aún cuando su posición parezca completamente desoladora -le dije, antes de que saliera con el cantinero a ensillar el nuevo caballo.
Ni bien salieron, rápidamente junté mis pocas cosas y desaparecí, pues quería evitar el agradecimiento.
Luego llegué a Lemberg con las cinco monedas restantes en mi bolsillo, y naturalmente tuve que contentarme con comprar un etrog comun. Mis intenciones originales eran gastar cincuenta monedas en un etrog excepcional.
Generalmente mi etrog es el mejor de Yaner y todo e mundo suele venir a recitar la bendición apropiada con él. Este año me daba verguenza volver a casa con un ejemplar tan pobre, de manera que mi esposa estuvo de acuerdo en que viniera aquí, a Lizensk donde nadie me conoce.
-Pero mi querido Rabí Uri -gritó Rabí Elimelej, ahora que el maestro habla finalizado su historia- el suyo es verdaderamente un etrog excepcional, en el mejor de los sentidos! ¡Ahora me doy cuenta por qué tiene la fragancia del Jardín del Edén! Déjeme contarle la continuación de su historia.

-Cuando el carrero, a quien usted salvó del desastre, contempló su inesperada buena fortuna, pensó que usted debía haber sido nada menos que el mismo profeta Elias, a quien el Todopoderoso habla enviado a la tierra disfrazado de hombre para ayudarlo en su desesperación. Habiendo llegado a esa conclusión, el feliz carrero buscó una manera de. expresar su gratitud al Creador pero el pobre hombre no sabía ni una palabra de hebreo, ni una oración. Entonces buscó un modo adecuado de dar las gracias.

Súbitamente su rostro se iluminó. Tomó su látigo y castigó al aire con todas sus fuerzas, al tiempo que gritaba de lo más profundo de su ser:
-¡Oh querido Padre en el Cielo! ¡Te amo mucho! ¡Te amo más aún que a mi querida esposa y a mis hijos! ¿Qué puedo hacer para demostrar mi amor por Ti? ¡Déjame hacer sonar mi látigo como prueba de mi amor! De inmediato el carrero hizo resaltar su látigo tres veces.
En vísperas de Iom Kipur -continuó su relato Rabí Elimelejel Todopoderoso estaba sentado en su Trono del Juicio, escuchando las primeras plegarias del Día del Perdón.
Rabí Levi Itzjak de Berdichev, quien actuaba como Asesor de la Defensa de sus hermanos judíos, empujaba un carro lleno de Mitzvot (buenas acciones) de los judíos hacia los Portones del Cielo, cuando apareció Satán, acusador de los judíos, y obstruyó el camino con bolsas de malas acciones, de modo que el carro no podía pasar y Rabí Levi Itzjak no podía proseguir su camino.
Mi hermano, Rabí Zushe y yo agregamos nuestras fuerzas para ayudar a Rabí Levi Itzjak a mover el carro hacia adelante, pero todo era en vano. Aún nuestros esfuerzos combinados no lo lograron.
De pronto llegó el sonido de restallar de un látigo, y un enceguecedor rayo de luz apareció, iluminando todo el universo, hasta los cielos mismos.
Ahí vimos a los ángeles y a los Tzadikin sentados en círculo, cantando alabanzas a Di-s. Al escuchar las palabras del carrero y el restallar de su látigo dijeron:
-¡Feliz el Rey que así es alabado!
De pronto, el ángel Mijael apareció trayendo un caballo, seguido por el carrero con el látigo en mano.
El ángel Mijael ató el caballo al carro de las Mitzvot judías y el carro hizo sonar su látigo. Súbitamente el carro dió un tirón hacia adelante, aplastó los pecados judíos que obstruían el camino y lo hizo llegar hasta el Trono de Honor. Allí el Rey de los Reyes, Di-s, lo recibió graciosamente y levantándose del Trono del Juicio, se dirigió a sentarse al Trono de la Piedad. Así un Feliz Año Nuevo quedó asegurado a todos los judíos.
-Y ahora querido Rabí Uri -concluyó Rabí Elirnelej- ya ve que todo esto fue a causa de su noble acción. Regrese a su casa en paz pero antes de irse, permítame tomar en mis manos este magnífico “etrog” y recitar “el Halel” con él.

(extraído de Maase Abot, Relatos Jasídicos, © Edit. Benei Sholem)

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