La Teshuvá (Arrepentiemiento y retorno a D-s).Tres Pasos para un Cambio Genuino

Liberarnos de la prisión que hemos levantado a nuestro alrededor.

 Una de las fotografías más desgarradoras que he visto, apareció en la revista Newsweek. La cámara captó brevemente una vida que había, en muchos sentidos, desaparecido antes de comenzar. Un niño, que no puede haber tenido más de tres o cuatro años de edad, estaba cargando materiales de construcción. Podríamos llamarlo un preescolar; en la Sudan de hoy en día él – y sus padres – son esclavos.

  Él puede ser comprado por cualquier persona; alguien lo miró y vio dos brazos que crecerán largos y fuertes. No es probable que hayan visto una mente o un alma. En la entrevista de la revista Newsweek, el niño no tenía idea del nombre de su país o de su aldea. Mirándolo desde mi casa en Jerusalem, hice luto por su niñez, bastante más de lo que él pudo haber hecho. Desee en silencio que de alguna manera él pudiese regresar a sí mismo y aprender que es más que sus dos fuertes brazos.

  En el curso de nuestras vidas, cerramos las puertas a ser más elevados y profundos, y a veces olvidamos que nosotros, también, somos más que asalariados, compradores, y viajeros por la vida. Nuestra desconsiderada esclavización a la mecánica rutina, puede dejarnos sin mucha relación con nuestras almas. En una sociedad materialista, es demasiado fácil como el ver a los demás como competidores. Como niños, observamos que cuando tienes tres galletas y regalas una, todo lo que te queda son dos. Desde ese punto en adelante tenemos miedo de entregar.

  El problema es que el alma, a diferencia del cuerpo, prospera a través de la entrega, y del amor que es su resultado.

  Además tendemos a volvernos tan egoístas que el Dios que todos intuitivamente conocemos de niños (los niños casi siempre creen en Dios, a menos que sean enseñados a no hacerlo) se vuelve cada vez más alejado de nuestra conciencia. Actuamos como si fuéramos más que simples creaciones. Esto altera nuestro sentido de dependencia en el Creador y la correspondiente comprensión, de que somos receptores de interminables regalos gratuitos. Terminamos siendo amorales, sin nadie a quien rendirle cuentas por nuestras vidas. Como el niño en la revista Newsweek, no sabemos donde estamos o quien podríamos ser.

 La solución es la teshuvá, que significa “retorno” (no “arrepentimiento” o “hacerse más religioso”). A través de la teshuvá aprendemos a reestablecer una relación como creaciones de Dios. Es un modo mediante el cual aprendemos quienes somos y donde estamos.

  ¿Cómo funciona? Estos son los tres pasos principales. Revisémoslos uno a uno.

  Confesión

  El primer paso es la confesión a Dios. En términos concretos, esto significa examinar nuestras vidas y admitir honestamente nuestros errores y la posibilidad de haber desperdiciado oportunidades de crecimiento. Un método para hacer esto es dividir nuestra vida en periodos (niñez, adolescencia, años de adulto joven, matrimonio, carrera, años de padres, mediana edad, etc.). Pasa tiempo con un cuaderno, revisando cada periodo. La pregunta que debes hacerte a ti mismo es: “¿Qué aprendí de esto?” – no: “¿Cómo me sentí?” ni tampoco: “¿De quién es la culpa?” ya que son irrelevantes para nuestro proceso.

  Podemos examinar los efectos de nuestras experiencias positivas – es decir, Cuando fui voluntario en el campamento para niños con necesidades especiales, aprendí que la gente es bella en más formas de las que había conocido. O los efectos de las negativas – es decir, Cuando veo la cara de mi madre hoy en día, mientras pienso en lo que ocurrió cuando tenía 16 años, luego de que dije aquello que sabía que le llegaría tan profundo como una puñalada, se cuán poderosa se siente la destrucción, y cuán dañina es para todos nosotros.

  Este proceso puede tomar unas cuantas horas, y puede ser prudente dividirlo entre varios días. Cuando concluyas, revisa lo que has aprendido. Cuando veas las cosas negativas que has hecho, busca patrones. ¿Es la impulsividad la razón de que hayas tomado malas decisiones? Quizás el culpable es una insaciable necesidad de encontrar validación. (Recuerda, si este es el caso, no estamos buscando culpar a nadie. Estamos intentando descubrir nuestro yo más elevado y auténtico).

 Una vez que tengas una idea de cómo son los patrones, puedes confesar no sólo las acciones por las que te arrepientes ahora, sino también por las causas subyacentes a la elección de aquellas acciones.

 El propósito de esta confesión no es decirle a Dios algo que Él no sabe. Es ayudarnos a nosotros a recobrar nuestra identidad, a través de vernos a nosotros tal como somos, y pedirle a Dios que nos ayude a curar el daño que nos hemos hecho.

  Nosotros no podemos borrar las huellas de nuestras elecciones, pero Dios creó la teshuvá incluso antes de haber creado el mundo. Es la única creación que no está sujeta a la regla de que “el tiempo solamente fluye en una dirección”. Cuando hacemos teshuvá honesta, Dios revierte el tiempo y abre puertas que podemos haber cerrado hace años, borrando el impacto negativo de nuestras elecciones.

  Remordimiento

  El segundo paso es el remordimiento, el cual supone una disociación de los patrones negativos al punto en que ellos sean desmitificados y repugnantes. Veamos dos escenarios para comprender porque el remordimiento es tan esencial en el proceso de retorno.

 Escenario 1: Oscar era un implacable cazador de mujeres. Como estudiante universitario, su presa era cualquier niña que le resultara atractiva. A medida que fue ganando más edad, fue dándose cuenta de que quería obtener la estabilidad de la vida de casado y sentó cabeza con Betty. La semana pasada se encontró con Marcos, su antiguo compañero de cuarto, en la sala de espera del aeropuerto. Ambos se dirigían a México en un avión que estaba retrasado. Mientras se ponían al día de la vida de cada uno, y recordaban sus días universitarios, a Oscar le creció la nostalgia sobre sus conquistas de macho.

 Escenario 2: El mismo comienzo que el escenario 1, pero con una diferencia crítica: Una noche después de que los niños se habían ido a la cama, Betty se sinceró con él y le dijo como otros hombres la habían tratado como un objeto, y como ella nunca había confiado en nadie hasta que lo conoció a él. Esa noche, Oscar no pudo dormir. Se dio cuenta de cuanta desilusión y desconfianza había sembrado, y cuanto dolor había dejado tras de sí. Cuando se encontró con Marcos más adelante en la semana, la última cosa de la que quería hablar era su pasado. Era algo con lo que él tenía que lidiar, y el momento y el lugar definitivamente no eran en la sala de espera del aeropuerto.

  Remordimiento y culpa no son la misma cosa. La culpa genera una parálisis. El remordimiento crea una redefinición. La culpa es pasiva – es decir, No puedo lidiar con esto en este momento. Creo que comeré chocolate y me iré a dormir. El remordimiento es activo (eventualmente Oscar llamó a su rabino y le preguntó acerca de cual debería ser el siguiente paso). El remordimiento nos lleva a liberarnos de la prisión de la conducta auto-limitante. La culpa no lleva a ningún lado, y es tan desagradable que tendemos a culpar a cualquiera que esté disponible – solamente para liberarnos a nosotros de su violento apretón sobre nuestras almas.

 Resolución de Cambio

  El tercer paso es hacer cambios dentro de ti que sean tan reales que produzcan la desaparición paulatina de los patrones antiguos. Eventualmente llegará el día en que las elecciones anteriores dejarán de ser atractivas. Esto es análogo a cuando dejamos de morder a un amigo que nos molestaba, como era común a la edad de dos años.

  ¿Cómo cambiamos nuestros patrones? Hay varias formas que son recomendadas por diferentes sabios a lo largo de los siglos. Ninguna de ellas está pensada para ser la “Única Forma”. Utiliza lo que sea que sirva para ti, y reconoce que mientras cambias, métodos que fueron útiles en una época de tu vida, puede que no lo sean para siempre. Necesitaras cambiar de métodos de vez en cuando.

 Método 1: Contabilidad Diaria Este método fue desarrollado por los Baalei Musar (éticos) del siglo XIX: 1. Una vez que identifiques tus patrones, y detectes que características son la causa subyacente de tus errores, aprende tanto como puedas de la característica. Por ejemplo, si encuentras que una y otra vez la ira ha sido la causa de tus malos juicios, de los cuales te arrepientes profundamente, intenta leer el libro del Rabino Zelig Pliskin “Anger: The Inner Teacher” (Ira: Un Maestro Interno). Si hay varias características problemáticas, puede que tengas que leer bastante.

 Si pasas mucho tiempo viajando, escuchar muchas de las clases disponibles en archivos de audio sobre cualquier característica, puede ser una inversión valiosa.

  El punto de recabar información es encontrar una frase que realmente resuene. Ella deberá convertirse en tu mantra, por decirlo así. Usando la ira como ejemplo, la frase “No seas reactivo. Se la persona que quieres ser” puede decirte algo (me dice algo a mí). Si quieres trabajar en varias características, tendrás varias frases.

 1. Compra un cuaderno (¡eso ya te hace sentir bien!). Si estás trabajando en cuatro características, comienza por estructurar cuatro páginas de la siguiente forma: En la parte de arriba escribe tu frase clave. Bajo ella, divide la página en siete secciones, dejando un amplio margen en el lado izquierdo de la hoja. Escribe los días de la semana en la parte de arriba de cada sección. En el margen izquierdo, escribe los nombres de las características en las que estás trabajando – es decir, Ira, Deshonestidad, Insensibilidad, Arrogancia (Nota que he presentado las características negativamente en vez de positivamente. La primera de la lista es la característica que encaja con la frase al comienzo de la hoja).

 2. Cada día de la “semana uno”, mira la frase clave a primera hora de la mañana. Repítela varias veces. Al final del día, anota la cantidad de veces en que olvidaste esa frase en el transcurso del día, marcando un punto por cada error. A pesar de que no estás trabajando en las características 2-4 tan intensamente esta semana, revisa tu día y escribe el número de errores que han ocurrido.

  3. La semana siguiente, pon la primera característica al final y mueve la segunda para arriba, y en un lapso de cuatro semanas, habrás tenido cada característica como la central en la lista una vez.

  4. ¿Esto parece infantil? ¡Sí! ¿Funciona? Sí – y con impresionante rapidez. En 40 días, comenzarás a ver dramáticos resultados, incluso con características con las que has vivido toda tu vida. Por supuesto que si no continúas el proceso, los resultados desaparecen, pero es un método asombroso.

  Método 2: El Método de Maimónides

  1. Imagínate a ti mismo en un momento de falla debido a tu inhabilidad (o falta de deseo) de superar cualquier característica(s) negativa(s) que es la fuente de tus dificultades. Ahora imagínate a ti mismo respondiendo a la misma situación de una manera totalmente diferente. Es importante realmente visualizar estas dos escenas para que el yo emocional, el cual es movido por las imágenes, esté tan involucrado como el yo intelectual.

  2. Hazte la pregunta crítica: Dado que la brecha entre como me gustaría responder y como respondo en realidad es tan grande, ¿Qué puedo hacer hoy concretamente para reducir esa brecha? Por ejemplo, si tiendo a perder la paciencia cuando mis planes se arruinan por las decisiones de otras personas, hoy puedo decidir que sin importar cuán afectado esté, no voy a levantar la voz. A pesar de que aún no estoy cerca de solamente tener la reacción correcta, o juzgar a la gente favorablemente, esto es, sin embargo, un buen primer paso.

 3. Se cuidadoso de fijar pasos suficientemente pequeños para que sean alcanzables, y suficientemente grandes para generar realmente un cambio.

  4. Una vez que consigas el primer paso, asegúrate de tomar un segundo.

 5. Anda mas allá de donde te gustaría llegar. Por ejemplo, si tu problema es la ira, apunta a la serenidad, no meramente a “no perder el control”. Hay dos ventajas en este método. Una es que funciona, con raras regresiones. Segundo, estás trabajando de “adentro hacia afuera”, lo cual te permite estar menos a la defensiva que si tuvieras que enfrentar directamente a tus demonios. La “desventaja” es que, como puedes ver, esto requiere un compromiso a largo plazo.

 Método 3: Recurre a Dios

  Este tercer método es radicalmente diferente a los otros dos. Es el método más recomendado por los maestros jasídicos.

 No te enfoques en ti mismo. No hagas tablas de conducta. Recurre a Dios directamente, abiertamente, apasionadamente, en tu propio lenguaje. Pídele que te libere de la prisión que has levantado a tu alrededor. Cuéntale donde has estado, que has hecho, y como sabes que te has hecho un gran daño a ti mismo y a los demás. Cuéntale de las veces en que has intentado cambiar y fallaste, y como reconoces que Él te quiere y te ha dado vida, y que sólo Él puede ayudarte.

  Haz de esto una práctica diaria en la que lo incluyas a Él en cada aspecto de tu camino.

 El último mes del calendario hebreo, Elul, es llamado el Mes de la Compasión y del Perdón. Es un tiempo en el que tenemos mayor capacidad de acercarnos al Dios que durante cualquier otro mes del año. Es un tiempo en el que podemos retornar. Ya que se acerca Rosh Hashaná, utilicemos el tiempo para acercarnos también a otras personas con compasión, y verlas a ellas de la forma en que a nosotros mismos nos gustaría ser vistos por Dios. Pidamos perdón de aquellos a los que hemos hecho daño, y a través de esto, llenemos nuestro mundo de compasión y cortesía.

  En memoria de mi padre, George Herman Kestel

 Rebetzin Tzipora Heller

 http://www.tora.org.ar/

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El mes de Elul (XVI). Midrashim sobre la teshuva

Nada puede ser un obstáculo para el penitente. Aún si uno era Rashá (transgredió la Torah) toda su vida, y al final tornó en Teshuva, El Santo Bendito Él lo acoge. (Yerushalmi Pea 6-1)

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Vuelve en Teshuva en tanto poseas fuerzas. Todo el tiempo que la llama esté encendida, puedes añadir aceite; mas si se apagó, el aceite ya no tiene efecto. (Yalcut Shimoni 2)

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El que vuelve en Teshuva, ejerce su influencia en todas partes: en las altas esferas y abajo; se enmienda y enmienda a todo el mundo. (Zohar, Perashá Nasso)
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Así dice Rabí Abahu: El lugar reservado a los penitentes, no es accesible a los justos perfectos, como está dicho: “Paz, paz al que está lejos y al que está cerca” (yeshayá 57-19). En primer lugar, al que está lejos y luego se acercó, y después al que estuvo siempre cerca.
(Berajot 34-B)
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Rabí Akivá dice: Dichoso Israel! Ante quién os purificáis, y quién os purifica? Vuestro D-s que está en los cielos, como está dicho (Ezekiel 36:25): “Yrociaré agua clara sobre vosotros, y seréis limpios de todas vuestras impurezas y de todos vuestros ídolos os limpiaré”. (Yoma 85-B)
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Dice Rabí Eliezer: “Torna en Teshuva un día antes de tu muerte”. Le preguntaron sus discípulos: “¿Acaso la persona puede saber cual será el día de su muerte?” Les respondió: Justamente al no saber cuando llegará su hora, que torne en Teshuva hoy, no sea que muera mañana; y así toda su vida será penitente. (Shabat 153-B)
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Dice Rabí Yohanán: grande es la penitencia que acerca a la redención, según está dicho: “Y vendrá un redentor a Sión y a los pecadores penitentes de Yaacob, dice el , Eterno”.’ ¿Que causará la llegada del redentor a Sión? La penitencia de los pecadores de Yaacob. (Yomá 56-B)
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Un lugar de primordial importancia es atribuído a la Teshuva, porque sin ella la humanidad no podría existir. Ésta sería inundada por las olas de la maldad. La Teshuva no solamente tiene la fuerza de rechazar el flujo del mal, sino que puede neutralizarlo y sanear la vida que fuera corrompida por la maldad.
Grande es la Teshuva ya que llega hasta el trono de Su Gloria. Grande es la Teshuva, ya que puede anticipar la redención. Grande es la Teshuva que alarga la vida del hombre. (Yoma 86)
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Como dicen nuestros Sabios, la Teshuva es parte de las siete cosas que D-s estableció antes de la creación del mundo, a saber: La Tora, la Teshuva, el paraíso, el gehena, el trono de gloria, el santuario y el nombre del Mesías. (Pesa’him 54a)
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El Santo Bendito Él dice a Israel: Hijos míos, sólo os pido de vuestra arte la más pequeña apertura hacia la Teshuva; perforad tan solo un orificio de la dimensión del ojo de una aguja, y Yo os abriré pórticos por los cuales pueden pasar grandes vehículos y carrozas. (Shir Hashirim Rabá 5-2)
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Las puertas de la oración están a veces abiertas y a veces cerradas. En cambio las puertas de la Teshuva están siempre abiertas. Como el mar que es siempre accesible, así la Mano de D-s está siempre abierta para recibir a los penitentes. (Devarim Rabá 2-12)
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Aquel que torna en Teshuva es considerado como si hubiese subido a Jerusalem, y hubiese construido el santuario, establecido el altar y ofrecido todos los sacrificios, como está dicho (tehilim 51-19): “Los sacrificios que agradan a D-s son el espíritu quebrantado”. (Vayikrá Rabá 7-2)
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Tres cosas tienen el poder de anular las malas sentencias: La oración, la beneficencia y la Teshuva. (Bereshit Rabá 44-15)

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El mes de Elul (XV). MES DEL DESPERTAR ESPIRITUAL

Nuestra vida se desenvuelve en una era de progreso tecnológico incesante, con grandes adelantos en los campos de la ciencia y la tecnica, pero no nos es dado comprobar que se operen transformaciones simultáneas en los valores éticos, en la misma progresión ascendente.

Relatan los textos homiléticos que en la época de Noé, inmediatamente posterior al diluvio universal, estaban los constructores de la torre de Babel tan enfrascados en su trabajo y era tan grande su afán por “tocar el cielo con las manos”, que cuando se rompía un ladrillo se sentaban a llorar por la pérdida; en cambio cuando un hombre sufría algún accidente, nadie su inmutaba por ello.

Algo análogo sucede en nuestros días. Se protege con todo celo cada ladrillo de la técnica, pero no se da importancia a la caída del hombre. En la antigua civilización egipcia, el río Nilo era un dios para los habitantes de sus márgenes, ya que las aguas del curso fluvial irrigaban las tierras egipcias y les proporcionaban buenas cosechas. En consecuencia, el Nilo constituía la fuente vital de supervivencia para los egipcios, y lo consideraban un dios de quien dependían sus vidas. Por eso el egipcio miraba siempre hacia el río, hacia abajo, para ver si sus aguas crecían o bajaban.

Muy por el contrario, en Israel la feracidad del suelo depende de las lluvias. Por eso el campesino israelita tenía que dirigir su vista al cielo para ver si anunciaba lluvia, de lo cual dependía el buen éxito o la pérdida de a cosecha. En eso se manifiesta claramente la diferencia entre la cultura judía y las demás civilizaciones del mundo: en la orientación de los sentimientos religiosos, que trasuntan el pensamiento y el espíritu de las personas.

Por idéntica razón surgió en el desierto el becerro de oro; cuando los libertos judíos decidieron hacer un ídolo, fundieron sus joyas y adornos de oro, y apareció por sí mismo un becerro que también mantiene la vista clavada en el suelo, de donde obtiene su alimento. Cuando comienza el mes de Elul, trayendo consigo el anuncio de los Días Solemnes, elevamos nuevamente la vista hacia arriba, hacia las alturas, emprendiendo la difícil tarea de la purificación espiritual para comenzar el nuevo año.

Según las Sagradas Escrituras, existen tres clases de santidades: La santidad de la tierra (Eretz Israel); la santidad del tiempo y la santidad del ser humano. La topografía del planeta no es uniforme: existen prominencias y depresiones, llanuras y montanas. Lo mismo sucede con el tiempo: no son todos los días iguales entre sí, puesto que hay días hábiles y feriados, sábados y festividades. No en vano el Creador “trabajó” durante seis días para crear el mundo, y en el séptimo día descansó. Por eso el séptimo día de la semana fue santificado como de descanso obligatorio, y en las bendiciones de las fiestas decimos: “Mekadesch Israel ve-haz’manim” (Santifica a Israel y a las festividades).

Elul es algo así como la primera estación en el tiempo, destinado al despertar espiritual, a la purificación del alma humana y a la elevación del individuo. Un pensador moderno afirmó que en el mes de Elul comienza el proceso espiritual que culmina con Rosh Hashaná y lom Kipur. Durante todo el año estamos atareados con nuestros propios asuntos, como si corriésemos una carrera automovilística; en Elul empezamos a disminuir la velocidad de nuestras máquinas, para poder detenerlas completamente llegado el momento. Si se frenara brusca e imprevistamente en mitad de una carrera vertiginosa, cualquier automóvil volcaría sin remedio. Por eso es imprescindible comenzar a disminuir la velocidad un tramo antes del sitio elegido para detenerse. Lo mismo ocurre con el ser humano: Si pretendiera frenar repentinamente su tren de vida al llegar Rosh Hashaná, no soportaría el violento cambio anímico y su espíritu se desequilibraría. Por eso comienza a aminorar la marcha con un mes de anticipación, y puede detenerse sin contratiempos en el lugar exacto: en los Días Solemnes del mes de Tishré. Ese es su punto terminal en el proceso de catarsis espiritual, que incluye las dos fases principales: el examen de conciencia y la contrición.

Este último acto – la contrición – comienza precisamente a principios de Elul, según consta en Deuteronomio, IV-30 y XXX-2: “Tornarás hasta el Eterno, tu Dios, y oirás Su voz”. Al respecto comentó un exégeta, que es particularmente importante el hecho de que se subraye “tu Dios” , en lugar de decir “tornarás hasta Dios”. Esto significa que hay que volver la vista y el pensamiento hacia el Dios interior que cada uno lleva en su corazón. Agrega el mismo comentarista que nuestros mandamientos son distintos que los de otros pueblos. Las leyes civiles, penales, comerciales, criminales y militares de todos los países, castigan los actos delictivos de las personas y nada más. El individuo sólo es responsable de sus actos frente a la ley, pero no de sus manifestaciones verbales; en los regímenes totalitarios también puede declaraciones inconvenientes, pero de ningún modo se pueden tomar medidas contra él por sus ideas o sentimientos, mientras no los públicamente. – ¿Cómo podría imponerse en una legislación corriente el mandato: “Tornarás hasta el Eterno, tu Dios? – ¿Cómo podría ordenarse a una persona: “Amaras al Eterno, tu Dios, con todo tu corazón, y con toda tu alma y con todo tu haber” (Deuteronomio, VI-5)? ¿Acaso se puede imponer rígidamente una conducta determinada en el sentir y en el pensar?

En esta emergencia acude en nuestra ayuda el Talmud, aclarando que el versículo citado en ultimo termino se refiere a la contribución personal de cada uno, para que el Nombre divino sea amado. -¿Cómo se puede lograr ese fin sublime? Mediante la práctica de las buenas costumbres, la probidad y la virtud. El Talmud dice; “Que el hombre lea y estudie, que sirva a los discípulos de maestros, que alterne plácidamente con sus semejantes, que trafique en el mercado honradamente, que maneje sus negocios de buena fe, etc.” Así se conseguirá hacer amar el Nombre del Todopoderoso. Es cierto que no se pueden imponer restricciones o directivas al pensamiento ni a las pasiones, pero sí se puede encaminar al hombre por el camino de las buenas acciones; y como “la costumbre se hace hábito”, la práctica de los preceptos de virtud y urbanidad conducirá a la contrición. Tal es la intención del mandato: “Tornarás hasta el Eterno, tu Dios”. La finalidad es retornar al cumplimiento de los preceptos de rectitud, integridad y hombría de bien que nos ordenó el Altísimo.

El valor práctico de los preceptos del judaísmo, es la superación ininterrumpida del individuo en la faz humana, que es mucho más importante que la faz intelectual. Se procura orientar los sentimientos en determinada dirección, aunque esto parezca arbitrario, porque el judaísmo no es una religión de sentimientos sino de principios, y los sentimientos deben educarse y refinarse en función de los principios – que son absolutos. Es solo una cuestión de aprendizaje.

Un judío piadoso dijo en cierta ocasión que la exhortación: “Oye Israel, el Eterno nuestro Dios, el Eterno es Uno. Y amarás al Eterno, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu haber” (Deuteronomio, VI-4/5), no es realmente un mandamiento ni una orden, sino un consejo amistoso. “Oye!” dice la Tora; oye y entiende cómo evoluciona y se comporta el cosmos, y llegarás por ti mismo a la suprema conclusión de que Dios es Uno; y lo amarás con todo tu ser, cumplirás Sus preceptos y obrarás según Su voluntad.

De modo que estamos frente a un problema de mero acostumbramiento; todo consiste en hacer frenar paulatinamente y con suavidad el tren de nuestra vida, hasta alcanzar la meta deseada – la purificación espiritual -donde nos estacionaremos.

Se cuenta de un cantor litúrgico, que en vísperas de los Días Solemnes, le anunció al rabino de su congregación que repasaría el Ritual de Oraciones, el “majzor”; a lo cual el rabino le respondió: “Mejor haría usted en efectuar un repaso de sí mismo, porque el “majzor” ya está repasado hace mucho…”

Por todo esto, cuando comienza el mes de Elul, que es el mes del despertar espiritual, estamos llamados a ennoblecer nuestros corazones, a hacernos mejores y más buenos, examinando nuestros actos – nuestro “majzor” – el libro de nuestra vida.

Para orientar los sentimientos, para dirigir las pasiones por medio de los preceptos, buenas acciones y hábitos que nos dicta el judaísmo, debemos hacer uso prudente del libre albedrío de que gozamos, sin abusar del mismo. Así, imponiendo las debidas restricciones al libre albedrío, “tornaremos hasta el Eterno, nuestro Dios, y oiremos su voz”.

Entre las muchas anécdotas risueñas que se cuentan del popular bromista Hershele Ostropolier, figura la siguiente: Oyendo cierta vez al rabino de su aldea llorar amargamente mientras decía: “El hombre proviene de la tierra y su fin es la tierra”, el alegre personaje le dijo: ¿De qué se lamenta usted tanto? Si bien es cierto que el hombre proviene de la tierra y que cuando muere vuelve a ella, entre el nacimiento y la muerte hay un lapso suficiente como para servir al Altísimo cumpliendo preceptos, haciendo méritos y disfrutando de la vida.- ¿Para qué, entonces, amargarse tanto? También se dice – según las Escrituras , que cuando los judíos practican la contrición el Todopoderoso en persona se envuelve en un manto ritual y ruega por su pueblo; Dios mismo se convierte en emisario del pueblo de Israel e intercede por su bienestar y buenaventura. El poder de la contrición es tan grande, que puede hacer maravillas; por las rendijas más pequeñas pueden atravesar las cosas más extraordinarias. Dice el Eterno: Abridme una puerta minúscula como una cabeza de alfiler, y yo abriré para vosotros portones como para que pasen los más grandes vehículos. Algo parecido ocurre con el “shofar”: cuando se sopla por el cuerno del lado más estrecho, se escuchan los sonidos por el extremo amplio.

El sentido del despertar espiritual, que se produce en el mes de Elul, es abrir aunque sólo fuere en mínima medida (aumentará con el tiempo) los corazones de los hijos de Israel, insuflar el aliento por el lado angosto del alma humana, con lo cual la vos saldrá por el lado opuesto y se ensanchará, llegando hasta las máximas alturas.

http://www.judaismohoy.com/

La Teshuvá (V).Tres Pasos para un Cambio Genuino

Liberarnos de la prisión que hemos levantado a nuestro alrededor.

Una de las fotografías más desgarradoras que he visto, apareció en la revista Newsweek. La cámara captó brevemente una vida que había, en muchos sentidos, desaparecido antes de comenzar. Un niño, que no puede haber tenido más de tres o cuatro años de edad, estaba cargando materiales de construcción. Podríamos llamarlo un preescolar; en la Sudan de hoy en día él – y sus padres – son esclavos.

Él puede ser comprado por cualquier persona; alguien lo miró y vio dos brazos que crecerán largos y fuertes. No es probable que hayan visto una mente o un alma. En la entrevista de la revista Newsweek, el niño no tenía idea del nombre de su país o de su aldea. Mirándolo desde mi casa en Jerusalem, hice luto por su niñez, bastante más de lo que él pudo haber hecho. Desee en silencio que de alguna manera él pudiese regresar a sí mismo y aprender que es más que sus dos fuertes brazos.

En el curso de nuestras vidas, cerramos las puertas a ser más elevados y profundos, y a veces olvidamos que nosotros, también, somos más que asalariados, compradores, y viajeros por la vida. Nuestra desconsiderada esclavización a la mecánica rutina, puede dejarnos sin mucha relación con nuestras almas. En una sociedad materialista, es demasiado fácil como el ver a los demás como competidores. Como niños, observamos que cuando tienes tres galletas y regalas una, todo lo que te queda son dos. Desde ese punto en adelante tenemos miedo de entregar.

El problema es que el alma, a diferencia del cuerpo, prospera a través de la entrega, y del amor que es su resultado.

Además tendemos a volvernos tan egoístas que el D-os que todos intuitivamente conocemos de niños (los niños casi siempre creen en D-os, a menos que sean enseñados a no hacerlo) se vuelve cada vez más alejado de nuestra conciencia. Actuamos como si fuéramos más que simples creaciones. Esto altera nuestro sentido de dependencia en el Creador y la correspondiente comprensión, de que somos receptores de interminables regalos gratuitos. Terminamos siendo amorales, sin nadie a quien rendirle cuentas por nuestras vidas. Como el niño en la revista Newsweek, no sabemos donde estamos o quien podríamos ser.

La solución es la teshuvá, que significa “retorno” (no “arrepentimiento” o “hacerse más religioso”). A través de la teshuvá aprendemos a reestablecer una relación como creaciones de Dios. Es un modo mediante el cual aprendemos quienes somos y donde estamos.

¿Cómo funciona? Estos son los tres pasos principales. Revisémoslos uno a uno.

Confesión

El primer paso es la confesión a D-os. En términos concretos, esto significa examinar nuestras vidas y admitir honestamente nuestros errores y la posibilidad de haber desperdiciado oportunidades de crecimiento.

Un método para hacer esto es dividir nuestra vida en periodos (niñez, adolescencia, años de adulto joven, matrimonio, carrera, años de padres, mediana edad, etc.). Pasa tiempo con un cuaderno, revisando cada periodo. La pregunta que debes hacerte a ti mismo es: “¿Qué aprendí de esto?” – no: “¿Cómo me sentí?” ni tampoco: “¿De quién es la culpa?” ya que son irrelevantes para nuestro proceso.

Podemos examinar los efectos de nuestras experiencias positivas – es decir, Cuando fui voluntario en el campamento para niños con necesidades especiales, aprendí que la gente es bella en más formas de las que había conocido. O los efectos de las negativas – es decir, Cuando veo la cara de mi madre hoy en día, mientras pienso en lo que ocurrió cuando tenía 16 años, luego de que dije aquello que sabía que le llegaría tan profundo como una puñalada, se cuán poderosa se siente la destrucción, y cuán dañina es para todos nosotros.

Este proceso puede tomar unas cuantas horas, y puede ser prudente dividirlo entre varios días. Cuando concluyas, revisa lo que has aprendido. Cuando veas las cosas negativas que has hecho, busca patrones. ¿Es la impulsividad la razón de que hayas tomado malas decisiones? Quizás el culpable es una insaciable necesidad de encontrar validación. (Recuerda, si este es el caso, no estamos buscando culpar a nadie. Estamos intentando descubrir nuestro yo más elevado y auténtico).

Una vez que tengas una idea de cómo son los patrones, puedes confesar no sólo las acciones por las que te arrepientes ahora, sino también por las causas subyacentes a la elección de aquellas acciones.

El propósito de esta confesión no es decirle a D-os algo que Él no sabe. Es ayudarnos a nosotros a recobrar nuestra identidad, a través de vernos a nosotros tal como somos, y pedirle a D-os que nos ayude a curar el daño que nos hemos hecho.

Nosotros no podemos borrar las huellas de nuestras elecciones, pero D-os creó la teshuvá incluso antes de haber creado el mundo. Es la única creación que no está sujeta a la regla de que “el tiempo solamente fluye en una dirección”. Cuando hacemos teshuvá honesta, Dios revierte el tiempo y abre puertas que podemos haber cerrado hace años, borrando el impacto negativo de nuestras elecciones.

Remordimiento

El segundo paso es el remordimiento, el cual supone una disociación de los patrones negativos al punto en que ellos sean desmitificados y repugnantes. Veamos dos escenarios para comprender porque el remordimiento es tan esencial en el proceso de retorno.

Escenario 1: Oscar era un implacable cazador de mujeres. Como estudiante universitario, su presa era cualquier niña que le resultara atractiva. A medida que fue ganando más edad, fue dándose cuenta de que quería obtener la estabilidad de la vida de casado y sentó cabeza con Betty. La semana pasada se encontró con Marcos, su antiguo compañero de cuarto, en la sala de espera del aeropuerto. Ambos se dirigían a México en un avión que estaba retrasado. Mientras se ponían al día de la vida de cada uno, y recordaban sus días universitarios, a Oscar le creció la nostalgia sobre sus conquistas de macho.

Escenario 2: El mismo comienzo que el escenario 1, pero con una diferencia crítica: Una noche después de que los niños se habían ido a la cama, Betty se sinceró con él y le dijo como otros hombres la habían tratado como un objeto, y como ella nunca había confiado en nadie hasta que lo conoció a él. Esa noche, Oscar no pudo dormir. Se dio cuenta de cuanta desilusión y desconfianza había sembrado, y cuanto dolor había dejado tras de sí. Cuando se encontró con Marcos más adelante en la semana, la última cosa de la que quería hablar era su pasado. Era algo con lo que él tenía que lidiar, y el momento y el lugar definitivamente no eran en la sala de espera del aeropuerto.

Remordimiento y culpa no son la misma cosa. La culpa genera una parálisis. El remordimiento crea una redefinición. La culpa es pasiva – es decir, No puedo lidiar con esto en este momento. Creo que comeré chocolate y me iré a dormir. El remordimiento es activo (eventualmente Oscar llamó a su rabino y le preguntó acerca de cual debería ser el siguiente paso). El remordimiento nos lleva a liberarnos de la prisión de la conducta auto-limitante. La culpa no lleva a ningún lado, y es tan desagradable que tendemos a culpar a cualquiera que esté disponible – solamente para liberarnos a nosotros de su violento apretón sobre nuestras almas.

Resolución de Cambio

El tercer paso es hacer cambios dentro de ti que sean tan reales que produzcan la desaparición paulatina de los patrones antiguos. Eventualmente llegará el día en que las elecciones anteriores dejarán de ser atractivas. Esto es análogo a cuando dejamos de morder a un amigo que nos molestaba, como era común a la edad de dos años.

¿Cómo cambiamos nuestros patrones? Hay varias formas que son recomendadas por diferentes sabios a lo largo de los siglos. Ninguna de ellas está pensada para ser la “Única Forma”. Utiliza lo que sea que sirva para ti, y reconoce que mientras cambias, métodos que fueron útiles en una época de tu vida, puede que no lo sean para siempre. Necesitaras cambiar de métodos de vez en cuando.

Método 1: Contabilidad Diaria

Este método fue desarrollado por los Baalei Musar (éticos) del siglo XIX:
Una vez que identifiques tus patrones, y detectes que características son la causa subyacente de tus errores, aprende tanto como puedas de la característica. Por ejemplo, si encuentras que una y otra vez la ira ha sido la causa de tus malos juicios, de los cuales te arrepientes profundamente, intenta leer el libro del Rabino Zelig Pliskin “Anger: The Inner Teacher” (Ira: Un Maestro Interno). Si hay varias características problemáticas, puede que tengas que leer bastante.

Si pasas mucho tiempo viajando, escuchar muchas de las clases disponibles en archivos de audio sobre cualquier característica, puede ser una inversión valiosa.

El punto de recabar información es encontrar una frase que realmente resuene. Ella deberá convertirse en tu mantra, por decirlo así. Usando la ira como ejemplo, la frase “No seas reactivo. Se la persona que quieres ser” puede decirte algo (me dice algo a mí). Si quieres trabajar en varias características, tendrás varias frases.

1. Compra un cuaderno (¡eso ya te hace sentir bien!). Si estás trabajando en cuatro características, comienza por estructurar cuatro páginas de la siguiente forma: En la parte de arriba escribe tu frase clave. Bajo ella, divide la página en siete secciones, dejando un amplio margen en el lado izquierdo de la hoja. Escribe los días de la semana en la parte de arriba de cada sección. En el margen izquierdo, escribe los nombres de las características en las que estás trabajando – es decir, Ira, Deshonestidad, Insensibilidad, Arrogancia (Nota que he presentado las características negativamente en vez de positivamente. La primera de la lista es la característica que encaja con la frase al comienzo de la hoja).

2. Cada día de la “semana uno”, mira la frase clave a primera hora de la mañana. Repítela varias veces. Al final del día, anota la cantidad de veces en que olvidaste esa frase en el transcurso del día, marcando un punto por cada error. A pesar de que no estás trabajando en las características 2-4 tan intensamente esta semana, revisa tu día y escribe el número de errores que han ocurrido.

3. La semana siguiente, pon la primera característica al final y mueve la segunda para arriba, y en un lapso de cuatro semanas, habrás tenido cada característica como la central en la lista una vez.

4. ¿Esto parece infantil? ¡Sí! ¿Funciona? Sí – y con impresionante rapidez. En 40 días, comenzarás a ver dramáticos resultados, incluso con características con las que has vivido toda tu vida. Por supuesto que si no continúas el proceso, los resultados desaparecen, pero es un método asombroso.

Método 2: El Método de Maimónides

1. Imagínate a ti mismo en un momento de falla debido a tu inhabilidad (o falta de deseo) de superar cualquier característica(s) negativa(s) que es la fuente de tus dificultades. Ahora imagínate a ti mismo respondiendo a la misma situación de una manera totalmente diferente. Es importante realmente visualizar estas dos escenas para que el yo emocional, el cual es movido por las imágenes, esté tan involucrado como el yo intelectual.

2. Hazte la pregunta crítica: Dado que la brecha entre como me gustaría responder y como respondo en realidad es tan grande, ¿Qué puedo hacer hoy concretamente para reducir esa brecha? Por ejemplo, si tiendo a perder la paciencia cuando mis planes se arruinan por las decisiones de otras personas, hoy puedo decidir que sin importar cuán afectado esté, no voy a levantar la voz. A pesar de que aún no estoy cerca de solamente tener la reacción correcta, o juzgar a la gente favorablemente, esto es, sin embargo, un buen primer paso.

3. Se cuidadoso de fijar pasos suficientemente pequeños para que sean alcanzables, y suficientemente grandes para generar realmente un cambio.

4. Una vez que consigas el primer paso, asegúrate de tomar un segundo.

5. Anda mas allá de donde te gustaría llegar. Por ejemplo, si tu problema es la ira, apunta a la serenidad, no meramente a “no perder el control”.

Hay dos ventajas en este método. Una es que funciona, con raras regresiones. Segundo, estás trabajando de “adentro hacia afuera”, lo cual te permite estar menos a la defensiva que si tuvieras que enfrentar directamente a tus demonios. La “desventaja” es que, como puedes ver, esto requiere un compromiso a largo plazo.

Método 3: Recurre a D-os

Este tercer método es radicalmente diferente a los otros dos. Es el método más recomendado por los maestros jasídicos.

No te enfoques en ti mismo. No hagas tablas de conducta. Recurre a Dios directamente, abiertamente, apasionadamente, en tu propio lenguaje. Pídele que te libere de la prisión que has levantado a tu alrededor. Cuéntale donde has estado, que has hecho, y como sabes que te has hecho un gran daño a ti mismo y a los demás. Cuéntale de las veces en que has intentado cambiar y fallaste, y como reconoces que Él te quiere y te ha dado vida, y que sólo Él puede ayudarte.

Haz de esto una práctica diaria en la que lo incluyas a Él en cada aspecto de tu camino.

El último mes del calendario hebreo, Elul, es llamado el Mes de la Compasión y del Perdón. Es un tiempo en el que tenemos mayor capacidad de acercarnos al Dios que durante cualquier otro mes del año. Es un tiempo en el que podemos retornar. Ya que se acerca Rosh Hashaná, utilicemos el tiempo para acercarnos también a otras personas con compasión, y verlas a ellas de la forma en que a nosotros mismos nos gustaría ser vistos por Dios. Pidamos perdón de aquellos a los que hemos hecho daño, y a través de esto, llenemos nuestro mundo de compasión y cortesía.

Rebetzin Tzipora Heller

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La Teshuvá (IV).Leyes de Teshubá

1. La persona fue creada con libre albedrío y tiene la posibilidad de escoger el buen o el mal camino. No se debe creer que la persona desde su nacimiento está destinada a ser buena o mala. No es así, sino que cada uno fue creado con dos fuerzas contrarias que en él y tiene el poder de ser tan ZADIK (recto, justo) como MOSHE RABENU o tan RASHA (perverso) como el Rey YEROVAM. Así pues, el pecador es responsable de delito cometido.

2. La persona ha de abandonar el camino del pecado y esforzarse en corregir su conducta. Al hacer TESHUVA sobre tal pecado, ha de confesarlo verbalmente.

3. La persona podría pensar que la TESHUVA se aplica a actos de delitos solamente, como robo, acto inmoral, etc En realidad, del mismo modo que la TESHUVA es obligatoria para malos actos, así lo es para malas cualidades como odio, celo, burla, cólera, cuidar su propio lucro, búsqueda de honores, etc.

4. Las malas cualidades son pecados más graves aún que los malos actos, porque una vez que la persona se contamina con una de esas malas cualidades, le es muy difícil alejarse de ella.

5. El que hace TESHUVA no debe imaginar que sus pecados le han alejado de forma irreparable de los ZADIKIM sino que al volver al camino recto es estimado y querido por el Creador, como si nunca hubiera cometido el delito. Más aún, el mérito del pecador que hace TESHUVA es muy grande ya que después de probar el pecado, se alejó de él y supo vencer a su mal instinto, por lo cual dijeron nuestros Sabios: El lugar que ocupa el que hace TESHUVA es superior al del ZADIK completo(Masejet Berajot, 34-6).

6. El que hace TESHUVA debe ser de naturaleza humilde y modesta. Si personas sin conciencia le insultan recordándole su pasado pecador, debe soportar con calma la ofensa y aún escuchar y alegrarse interiormente Por el gran mérito que representa para él sufrir estos insultos. La verguenza que siente por los pecados cometidos en el pasado no hace más que multiplicar su mérito.

7. Las condiciones para una TESHUVA. verdadera son las siguientes:

a) arrepentirse del pecado cometido,
b) disposición de no repetir dicho pecado,
c) confesar verbalmente su pecado,
d) sentimiento constante de quebranto del corazón ante el recuerdo del pecado,
e) practicar caridad, ZEDAKA, según sus posibilidades.

8. El más merecedor entre los que hacen TESHUVA es aquél que confiesa públicamente su pecado y expresa su sincero arrepentimiento.

9. La TESHUVA del orgulloso que cubre su pecado no es verdadera. No es menester confesar en público sus pecados en asuntos que no atañen a relación humana, sino que se refieren a la del hombre hacia su Creador y si uno revela dichos pecados carece de verguenza.

10. A pesar de que la TESHUVA tiene valor en cada momento, es más rápidamente aceptada en los 10 días de TESHUVA entre Rosh Hashana y Kipur

11. Yom KIPUR es un gran día para la TESHUVA, en que se perdonan los pecados a Israel tanto al individuo como al público, por lo cual cada uno debe. completar su TESHUVA en ese día y confesar sus pecados: VIDUY.

12. El día de KIPUR acompañado de TESHUVA perdona únicamente los pecados de relaciones del ser humano hacia su Creador. Pecados de relaciones humanas requieren otra condición previa: el pedir perdón a la persona ofendida.

(selección extraída del libro “La Práctica del Judaísmo”, por Nissim Behar © Centro Educ. Ohr Hachaim)

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La Teshuvá (III).Culpa y Teshuvá

La culpa es una sensación importante que puede funcionar bien o mal. Cuando la culpa funciona adecuadamente, es constructiva. De lo contrario, puede ser muy destructivo, y en lo que se refiere a la autoestima, la culpa puede corroer seriamente el sentimiento de valía, tan esencial para ella.

La culpa sana, al igual que el dolor físico, es una señal de advertencia de que existe una amenaza, algo peligroso que le está ocurriendo a la persona, o de que ya ha sucedido algo que necesita ser corregido. La culpa es a la conducta inadecuada lo que el dolor a la lesión fisica. Si no hay dolor físico, la persona puede estar en contacto directo con el fuego o con un instrumento filoso sin darse cuenta, siquiera, de que está siendo lesionada. Similarmente, la culpa es un sentimiento penoso que evita que la gente viole sus propios valores o sirve como indicador de que uno ha transgredido un valor y necesita hacer algo para que el sistema recupere su funcionamiento adecuado.
Consideraremos esta clase de culpa como una “culpa sana”, normal y apropiada, que cumple una función muy útil. También existe otra clase de culpa que es patológica y puede ser comprendida por comparación con el dolor físico.

Existe un fenómeno de “dolor crónico de etiología indeterminada”, un malestar severo y persistente sin ninguna causa fisica detestable. Este dolor persistente frustra tanto a los médicos como a los pacientes, puesto que es lastimosamente poco lo que se puede hacer para aliviarlo. Innumerables pacientes que sufren de dolor crónico se convierten en víctimas de la adicción a los narcóticos como resultado de la acción de los médicos que tratan de mitigar un dolor carente de causa evidente. Cuando este tipo de dolor persiste es que algo está descaminado en el sistema, que envía señales de peligro cuando éste no existe.

Cuando la culpa está relacionada con una conducta impropia, ya se trate de una culpa anticipada antes de la acción o de remordimiento posterior, es constructiva. Cuando la culpa se produce sin una causa justificada, o cuando persiste después de haber sido hechas las rectificaciones adecuadas, entonces es muy destructivo. Así como la persona que sufre de dolor crónico busca alivio en cualquier fuente, del mismo modo la persona agobiada por una culpa crónica intentará huir de su malestar en una de varias formas inadecuadas.

Veamos, primero, el remordimiento sano. El punto de vista de la Torá es registrado y repetido muchas veces en las plegarias de Iom Kipur. D-s sabe que los hombres son capaces de obrar mal. Por lo tanto, brindó la idea de teshuvá (arrepentimiento), con métodos de reparación que pueden anular la mala acción. La teshuvá exige no sólo el reconocimiento de que uno ha actuado incorrectamente y un sincero pesar por el error cometido, sino también una acción que asegure que no volverá a repetirse. Análogamente, si estalla un incendio en la casa de una persona debido a la instalación eléctrica defectuosa, ella no se satisfará solo con extinguir el fuego. Antes bien investigará la causa y cuando descubra la instalación eléctrica defectuosa la hará arreglar a fin de prevenir un nuevo incendio. Esto es, precisamente, lo que requiere la verdadera teshuvá: un examen completo del propio carácter a fin de descubrir qué fue lo que permitió que se cometiese la transgresión, para después efectuar los cambios necesarios con el objeto de evitar la repetición del delito cometido. Por más loable que sea el remordimiento, no es suficiente para la teshuvá, como no lo es el acto de lamentar, simplemente, que ocurra un incendio para evitar que se repita.

Es necesario tomar conciencia de que los actos censurables no se efectúan en el vacío. Hay cosas que le son tan aborrecibles y extrañas a una persona, que nunca las llegará a hacer. Por ende, si hemos violado los valores de la Torá, debemos darnos cuenta de que eso ha ocurrido debido a que ese acto no nos era lo suficientemente repulsivo, ni le era suficientemente ajeno a nuestro carácter. Las distintas obras autorizadas sobre teshuvá refieren, esencialmente, los distintos pasos que una persona debe dar para comprender cómo es que ha llegado a pecar, y qué debe hacer para provocar los cambios necesarios en su carácter. El efectuar tales cambios constituye la teshuvá sh-leimá, la expiación total. La persona se convierte, entonces, en una b-riá jadashá, una persona creada de nuevo, dado que no es más la misma que ha cometido el pecado.

Una vez que se ha verificado una teshuvá satisfactoria, la posterior reflexión acerca del pecado cometido es contraproducente. Asimismo, la preocupación continua por la transgresión efectuada resulta deprimente. Al respecto uno debe confiar en que D-s ha aceptado la teshuvá y estar preparado para seguir adelante con tareas positivas. El regocijo, tan esencial en el culto a D-s, se extinguirá si uno continúa rumiando los pecados del pasado.

El gran rabí de Kotzk dijo: “A pesar de lo que uno piensa vehementemente de un pecado o de que se hiera por él con gran remordimiento, el hecho es que en cualquier caso la mente se ocupa del pecado. La transgresión es como el cieno, e independientemente de cómo uno lo considere, permanecerá enlodado”. El profeta dijo: “¡Ya ha sido quitada la iniquidad y está perdonado tu pecado!” (Ieshaiahu VI, 7). Después de que la verdadera teshuvá fue efectuada, debemos creer en las palabras del profeta y proseguir el trabajo que tenemos por delante. Generalmente damos por sentado que el iétzer hará (el tentador) trata de dirigirnos por el mal camino, incitándonos a cometer actos prohibidos. Esto no es verdad. La función del iétzer hará es destruirnos y le resulta indiferente la forma en que esto se realice. Puede, por cierto, paralizamos por medio de la depresión que agota nuestras energías, de modo que no podamos alcanzar nuestros objetivos en la vida, y esto representa una conquista para él. Puede ser tan engañoso como para envolverse en un manto de piedad, como si tratara de ayudarnos a hacer teshuvá. Entonces intentará que rumiemos nuestros errores pasados y estemos tan afligidos y descorazonados, que no podamos actuar de un modo constructivo. Debemos ser tan precavidos con estas maquinaciones del iétzer hará como con aquellas que nos son más conocidas. “¿Cómo puedes emprender el cumplimiento de mitzvot”, pregunta el iétzer hará, “cuando estás tan lleno de pecados sin retomo? Piensas, acaso, que D-s está mínimamente interesado en tu estudio de la Torá o en tu observancia de las mitzvot, cuando eres tan corrupto? Antes debes hacer una teshuvá sincera y recién después podrás acercarte a la Torá y las mitzvot” De este modo puede impedirle a uno actuar en forma constructiva, disimulando su malvada intención bajo una máscara de moralidad.

El rebe de Porisov aconsejaba que se evitase todo diálogo con el iétzer hará, e ilustraba esto con el relato de un borrachín que le solicitó al cantinero otro trago, sin tener dinero para pagarlo. “De todas maneras te debo diez copas”, dijo el borrachín” “Que sean once, pues. ¿Cuál es la diferencia?” El cantinero, queriendo desembarazarse del beodo, le dijo: “Olvídalo, no me debes nada. Pero ahora, ¡vete de aquí!” .

En ocasiones, el Iétzer hará utiliza el argumento siguiente: “Has cometido ya tantos pecados. ¿Por qué hacer tanta alharaca por esta nueva transgresión?” En este caso uno debe responder: “He hecho teshuvá por todos mis errores pasados. Ya no existen más. Por lo tanto, mis manos están limpias, de modo que vete y déjame en paz”. Es propio del iétzer hará sacar partido del cuestionamiento de la validez de tu teshuvá y hacerte creer que sigues estando, de alguna manera, comprometido con él. En ningún otro lugar se expone un concepto tan amplio de la transformación generada por la teshuvá. El Talmud establece que si un hombre celebra un contrato de matrimonio que estipula que se concretará a condición de que sea un perfecto tzadik (persona virtuosa), entonces aún cuándo esa persona fuera conocida como un rashá (malvado) declarado, un pecador de la peor especie, el matrimonio debe ser considerado como posiblemente válido, puesto que puede haber tenido la intención de arrepentirse y expiar sus culpas. Observa: aún la sola intención de teshuvá puede ser tan efectiva que hasta una persona que ha desafiado totalmente a D-s y ha sido desconsiderada con sus semejantes, ¡puede transformarse inmediatamente en un perfecto tzadik!

La Torá no permite desesperar de uno mismo, pues hace caso omiso de lo que alguien pudo haber hecho en el pasado. Una tradición de prístina belleza refuerza esta actitud. Se dice que el Baal Shem Tov instituyó la práctica de servir “farfl-tzimes” (un plato secundario de cebada tostada) en la cena sabática (la del viernes por la noche) a fin de subrayar que así como la semana llega a su fin, de la misma manera debemos aceptar que todo el pasado es “farfaln” (está perdido), de modo que podemos comenzar la nueva semana aliviados de la carga de los errores cometidos anteriormente.

Puesto que la autoestima se basa en la toma de conciencia de que “puedo hacerlo” antes de que “lo he hecho, uno puede elevarse por la perspectiva de lo que está en condiciones de realizar en el futuro, haciendo caso omiso de cuán negligente ha sido en el pasado.

Hay un ingrediente crítico en la teshuvá que está implícito en el misterioso aserto talmúdico: “El término ahora se refiere a la teshuvá” (Bereishit Rabá). Obviamente, no puede haber teshuvá sin que uno reconozca que ha obrado mal. Sin embargo, el reconocimiento inmediato de un error es muy importante.

Existe una tendencia natural a negar que lo que uno ha hecho estuvo errado, y a tratar de justificar las propias acciones de varias maneras. Esto es un grave error no solo en la práctica de la Torá sino en cualquier aspecto de la vida. Haríamos bien en seguir este consejo: “Nunca defiendas un error”. Los intentos de justificar un acto erróneo pueden conducir no sólo a racionalizaciones complejas que son consideradas evidentemente falsas por todos, menos por nosotros, sino que también pueden generar mentiras y otras transgresiones. Cuanto más racionalizamos nuestra conducta, tanto más nos inclinamos a creer, realmente, que hicimos lo correcto, y aún cuando después reconozcamos o admitamos nuestro error, los juicios distorsionados provocados por nuestras racionalizaciones no serán erradicados fácilmente. El momento más valioso para la teshuvá es, pues, “ahora”. La rapidez del reconocimiento de un error es esencial.

(selección extraída del libro “Hagamos un hombre, por Abraham Twersky © Edit. Yehuda)

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La Teshuvá (II).Teshuvá: por el merito de Abraham

Abraham y los Cuatro Exilios

Sobre lo que es llamado “el pacto entre las partes”, D-os le dijo a Abraham:

“Toma tres vacas, tres cabras, tres carneros, una paloma y un pichón (gozel)”. (Abraham) los trajo, los cortó a la mitad y puso cada mitad opuesta a la otra. (Ésta era una forma en la que se efectuaba un contrato en tiempos bíblicos). Sin embargo, a los pájaros no los dividió. (Bereshit 15:9-10)

Cada animal representa un exilio diferente. Las vacas representan Babilonia, las cabras, Persia, los carneros, Grecia y los pájaros, Edom-Roma.

¿Por qué los pájaros fueron los únicos animales que no se dividieron? El gran pensador judío y figura rabínica, el Maharal de Praga, responde que todas las otras filosofías tienen un punto de vista para argüir en contra.
Babilonia declara: Que el hombre más fuerte gane; supervivencia del más apto; la fuerza impone el bien. Mientras más músculos tenga uno, más derecho tiene de vivir y gobernar sobre otros. Tiene, por lo tanto, el derecho sobre el que es más débil que él. Nabucodonosor no tiene ninguna necesidad de justificarse por causar destrucción. Cualquiera que fuera más débil que él debía esperar ser dominado.

Esta ideología puede ser argumentada en contra. En otras palabras, tal como Abraham cortó las vacas, el argumento de Babilonia puede ser cortado en dos, es decir, existe otra parte en el argumento.

“Sí, puedes tener fuerza física con la cual dominar”, puede argumentarse con una persona con mentalidad de Babilonia, “sin embargo, D-os no le dio a la Humanidad la capacidad de dominar para dominar a otros, sino con objeto de enseñarte que tienes la obligación de dominarte a ti mismo: ´¿Quién es fuerte? El que se conquista a sí mismo´. Debes, por lo tanto, aprender a contenerte. Debes tener tu lado espiritual dominando sobre tu lado físico”.
Lo mismo es cierto para Persia. El mundo filosófico persa argumenta, “¿Por qué el Creador le dio al hombre la capacidad de experimentar belleza, placer, alegría y lujuria? Debe ser a fin de pasar la vida persiguiéndolos. Y mientras más placer, hay más valor en la vida”.

Esto es discutible. Lo podemos dividir en dos opiniones. El punto de vista de la Torá es: “Sí, existe lujuria, placer, deseo, etc., sin embargo el propósito de D-os en hacerlos parte del hombre, es para aprender a dominar cada uno de ellos para ser usado para el bien, como se prescribe en la Torá. Estos placeres deben ser controlados y limitados”.

El tercero es Grecia. El filósofo griego dice, “Dominación y placer no son tan nobles como las ocupaciones del intelecto. Estoy de acuerdo con los judíos que hablan de psique, de alma, de espiritualidad. La espiritualidad es un placer muy superior a la dominación y la lujuria física”.

Su argumento es persuasivo pero defectuoso, y más peligroso que otros porque está muy cerca de la verdad. Voy a explicar esto usando el símbolo de la fiesta de Janucá, el aceite.
Una aceituna se compara al mundo físico. Es dura y amarga; no vale mucho por sí misma. Sin embargo, las aceitunas pueden presionarse para hacer salir su valioso aceite, el cual es dulce y útil.

El Talmud afirma: Rabí Yojanán dice, “¿Por qué se compara a Israel con las aceitunas? Así como la aceituna no renuncia a su aceite a menos que sea presionada y aplastada, así también Israel regresa al bien solamente a través de la lucha y el sufrimiento”. El aceite de oliva es un símbolo del fruto de la lucha; es la sabiduría que uno gana después de sobreponerse a la adversidad.

El simbolismo, entonces, del aceite en la aceituna, es: el mundo físico no es un fin en sí mismo. Tiene una contraparte espiritual, abstracta. Y es esto lo que le da a la existencia física su verdadero significado.

¿Dónde estaba la diferencia real entre la filosofía griega y la Torá? La respuesta puede verse en las dos formas en las que uno puede usar el aceite.
El aceite de oliva tiene un sabor grato. En muchas culturas se considera un manjar. Por un lado, entonces, el aceite puede consumirse.
Por otro lado, el aceite tiene otra función: puede ser usado como combustible para luz.
El que consume el aceite es el único que puede disfrutar su sabor. Grecia quería usar la espiritualidad para sus propios fines. Ése es el defecto de su argumento. Ellos dicen: “¡Sé espiritual! Ten tu religión para servirte a ti mismo.” Es su espiritualidad y su moralidad la que se alude cuando el versículo afirma: “La bondad de las naciones es (en realidad solamente) pecado”. Todo lo que hacen es realmente sólo para ellos mismos.

El punto de vista de la Torá, sin embargo, replica, “Cierto, la función principal de la oliva es ser una fuente de aceite, pero el aceite tiene el propósito de ser usado para otros. Toma el aceite de oliva y después prende la menorá (candelabro). De esta luz, cientos más pueden beneficiarse simultáneamente. Trae luz al mundo con éste”.

Éste es el concepto de espiritualidad de la Torá. Debemos extraer el aceite de la oliva (a través de la diligencia y, si es necesario, con el sufrimiento) pero el aceite debe ser benéfico para todos; debe alumbrar al mundo entero.

Y esto es lo que Grecia trató de quitar. Los griegos llegaron al Templo y contaminaron todo el aceite, contaminaron la idea de aceite usado para fines desinteresados. Ellos afirmaban, “Úsalo para ti mismo, para tu placer intelectual y estético; y no difundas la idea de usarlo para el bien de otros”.

Grecia tiene un argumento delicado: El mundo está aquí para nosotros y la espiritualidad es otro tipo de experiencia que puede ser usada para nuestros propios propósitos. Pero ellos también deben oponerse a usar el aceite por su luz.

Ahora podemos entender el simbolismo de Abraham cortando solamente tres animales. La idea es que existen dos puntos de vista. Las civilizaciones que provocaron el exilio representan un punto de vista. Su punto de vista es contrastado y choca con el de la Torá. Al cortar Abraham los animales en dos, indicó que el buscador diligente de la verdad siempre será capaz de discernir las raíces de sus argumentos defectuosos y llegar a la verdad. En esencia, la Torá enseña que las experiencias físicas, emocionales e intelectual-espirituales tienen propósitos más elevados y desinteresados. Ése es el propósito de la vida.

Por lo tanto, las perspectivas de Babilonia, Persia y Grecia pueden ser debatidas. Sin embargo, Edom, el cuarto imperio, es diferente. Abraham no cortó los pájaros. Y el Maharal explica por qué:

[…]
Redención de Edom

En el “pacto entre las partes”, después que Abraham cortó a los animales, descendió un buitre sobre los cadáveres.

Un buitre (ayit, singular) bajó a los cadáveres y Abraham los (plural, es decir buitres) ahuyentó (vayashev) (Bereshit 15:11).

De acuerdo al Midrash, cuando el buitre descendió súbitamente sobre los cadáveres, Abraham tomó un instrumento pesado y trató, sin éxito, de matarlo. Sólo después tuvo éxito en salvar a los cadáveres, y en breve explicaremos cómo.

¿Qué representa el buitre? El buitre (un ave, es decir un animal en la misma clasificación que la paloma y el pichón) es Edom. (De hecho, el buitre es una tercera ave, que es el mismo número requerido en relación a los otros animales usados en el pacto). Es referido en el mismo versículo una vez en singular y luego en plural porque Edom abarca numerosas filosofías que están bajo el mismo único encabezado: “Opresor y Confusor de Israel”. Asumen muchos nombres y caras, pero están unidos en un objetivo: confundir a Yaakov y vencer a Israel.
Después que Abraham ahuyentó el ave, se durmió:

Y sucedió, cuando el sol estaba a punto de ponerse, un profundo sueño cayó sobre Abram (Abraham); y he aquí, un temor, una gran oscuridad cayó sobre él. (Bereshit 15:12)

Como explican los Sabios del Midrash, el “temor” que experimentó Abraham fue una visión profética en relación a los cuatro exilios. El significado profundo del pacto que acababa de cortar fue comprensible para él: Al final de los cuatro exilios, justo antes de la llegada del Mesías, todos sus descendientes caerán víctimas de los cuatro exilios y la gran mayoría del pueblo judío perdería su identidad como judíos. Algunos van a ser eliminados físicamente a través de Babilonia, algunos van a ser afectados en su corazón y se volverán casi religiosos y algunos van a ser afectados en su intelecto y se van a volver creyentes fanáticos de ideologías extrañas. Edom, la herencia de la cultura Occidental, entonces vendrá y combinará las culturas de los tres exilios previos. Sin embargo, no va a estar satisfecho con eso. Él, como el buitre, se va a querer unir a las otras culturas en su intento de consumir todos los remanentes del pueblo de Israel.

A Abraham se le demostró todo esto en una visión de temor. Él percibió las pruebas y las tribulaciones de sus hijos, el pueblo judío. Él deseó salvar los remanentes finales, aun aquéllos que de una forma u otra eran nada más que cadáveres. Éste es el simbolismo de haber tomado un instrumento pesado en un intento de matar al buitre.
Sin embargo, no podía hacerlo. No era posible.

Viendo que enfocarse en el buitre era infructuoso, se dio cuenta que la única solución era hacer volver en sí al cadáver. El Midrash dice que él lo logró haciéndolos hacer teshuvá, arrepentimiento. [La palabra vayashev, “y lo ahuyentó (al buitre)” consiste en la raíz de la palabra que puede interpretar al versículo para dar a entender: “y les provocó que retornaran”, es decir, hacer teshuvá].

Abraham se dio cuenta que la única manera de apartar la influencia de Edom, que tiene el arsenal de los tres imperios previos a su disposición, es a través de la teshuvá.

El Maharal pregunta: ¿Por qué no podía Abraham matar al buitre? La respuesta es porque no puedes debatir con él. Te dice que tienes razón y continúa en sus caminos. Él dice, “No me confundas con los hechos”. Está enfocado en sus deseos y ningún hecho en el mundo lo va a hacer ver las cosas lógicamente. Por lo tanto, no hay debate.

Éste es uno de los errores que la gente comete cuando piensa que cualquier cosa puede obtenerse a través del debate. Puedes ganar el debate indiscutiblemente, pero si el perdedor determinó de antemano que no iba a cambiar, nada lo va a cambiar.
¿Entonces qué debe hacerse?

Debemos ir con nuestra propia gente y despertarla, como Abraham hizo con el cadáver. No deberíamos perder nuestro tiempo intentando matar al buitre o queriéndolo hacer cambiar. Todo vuelve para cambiarnos a nosotros mismos; cambiarnos en medio de la misma sociedad que su inercia y estancamiento espiritual son legendarios. Debemos regresar a nosotros mismos.

El Midrash continúa: ¿Cuándo va a ocurrir eso? ¿Cuándo va a convertir Abraham los remanentes en baalé teshuvá? La respuesta es: Cuando tus hijos se vuelvan como cadáveres, vacíos de todo, sin huesos, sin venas, sin recuerdo en ellos de que alguna vez fueron judíos. Entonces tu mérito, Abraham, los va a representar, vas a ser capaz de traerlos de regreso.
Esto es lo que estamos presenciando en la actualidad. Vemos el increíble regreso de judíos totalmente alienados. ¿Por qué no empezó hace cien o cincuenta años, cuando muchos de nuestro pueblo emigraron a la tierra de Israel? La respuesta es que entonces éramos como cadáveres, desprovistos de vida judía. Sin embargo, todavía teníamos algunos tendones y huesos, todavía teníamos muchas características de judaísmo. Todavía teníamos alguna fidelidad a una asociación superficial con judíos o judaísmo.

Y Abraham solamente viene cuando ya no queda nada. Es por esto que vemos el fenómeno que cuando más asimilados son sus antecedentes, más se despiertan a la Torá y se convierten en Abrahames individuales.

Ahora, ¿por qué el Midrash afirma que esta teshuvá iba a ocurrir específicamente por el mérito de Abraham? ¿Por qué no en el mérito de Yitzhak o de Yaakov?

Si Yitzhak o Yaakov vinieran a nosotros y nos dijeran que empezáramos de nuevo, nuestra respuesta sería: ¿Cómo puedo compararme contigo? Yitzhak, tú tenías de padre a Abraham; Yaakov, tu padre era Yitzhak, y tu abuelo Abraham. Es fácil para ti hablar de reconstruirse espiritualmente. Sin embargo, yo no tengo a nadie. ¿Cómo puedo empezar?

Sin embargo, Abraham viene a nosotros y dice: “¿Por qué no puedes empezar de nuevo? ¿Por qué no naces nuevamente?” No vamos a tener excusas porque Abraham puede respondernos, “No importa en qué circunstancias te encuentres, yo estaba en peores circunstancias cuando descubrí a D-os. Tuve que luchar en contra de mis propios padres. Mi padre Teraj, era un líder de idolatría. Nimrod, un dios autodeclarado, gobernaba a todo el mundo civilizado. Sin embargo, yo solo descubrí la verdad. Me di nacimiento a mí mismo. Revolucioné el mundo. ¿Por qué no puedes lograr lo mismo?

Cuando Abraham se presenta con este argumento, nadie tiene excusas. Todos nosotros podemos empezar de nuevo. Es por esto que se usa el mérito de Abraham.

No obstante qué tan lejos pensemos que estamos de la Torá, no estamos tan alejados. Cuando concibes la situación como una línea recta, mientras más te alejes del origen, más alejado estás del origen. Sin embargo, cuando te das cuenta que la situación es más similar a un círculo de 360 grados, entonces si empiezas a las 12, lo más que te puedes alejar de tu origen es 359.9 grados. No obstante, en ese punto estás a sólo un paso del comienzo.

Los Sabios escribieron que el Mashiaj nació en la tarde de Tisha B´av. Tisha B´av es el día más solemne del calendario judío, el día en que ambos, el Primer Templo y el Segundo Templo fueron destruidos y quemados. La tarde de Tisha B´av fue realmente cuando ocurrió la culminación del incendio, cuando la esperanza estaba perdida.

Si tu casa se está consumiendo en llamas, piensas, “Quizá, por lo menos un cuarto se va a salvar”. Luego, mientras el incendio continúa, hasta la tarde, te parece que todo está totalmente perdido. Ésta es la forma en la que el judío se siente en la tarde de Tisha B´av. Sin embargo, los Sabios nos dicen que precisamente en ese momento el Mashiaj nació (potencialmente).

La lección que nos están enseñando es la misma que la citada anteriormente: Cuando D-os nos despoja de todo, cuando no somos nada más que huesos desprovistos de piel y venas, entonces estamos listos para la redención. En el mismo momento en que la desesperación está en lo más alto y todo parece perdido, en ese preciso momento, podemos adquirir nuevamente todo a través de nosotros mismos.

Antes que el Mesías llegue, vamos a estar aparentemente lo más alejados de nuestros orígenes, 359.9 grados de lejanía. En ese punto, en realidad, estamos solamente un paso alejados de Abraham y nuestros orígenes.

El exilio es seguido inevitablemente de la redención. El fin de un círculo es el inicio del siguiente. En el Zohar, el proceso se llama atar el fin con el inicio. El pueblo de Israel nunca se puede perder. Es un asunto de círculos. Nosotros que somos los que estamos presenciando los últimos deterioros, somos los más cercanos a la renovación absoluta, y deberíamos aprender a tomar ventaja de esto.

Extraído de Los días están llegando, por el Rab Ezriel Tauber