Parashá Tzav – En acción de gracias

Leemos en nuestra Parasha: “Si en acción de gracias lo ofreciere, ofrecerá como sacrificio de la acción de gracias tortas cenceñas. Mezcladas en el aceite y bizcochos cenceños, untados con aceite de harina de sémola escalada, tortas mezcladas en el aceite. Con tortas de pan leudado ofrecerá su ofrenda, además del sacrificio pacífico de acción de gracias” (Vaikrá 7:11-13).

¿Quiénes son las personas que ofrendarán este sacrificio?

Dijo Rabí Iehuda en nombre de Rav: “Cuatro son los que deberán agradecer al Eterno por algún milagro que les ocurrió, como suele suceder a los que viajan en alta mar, a los que caminan por los desiertos, a los que caen prisioneros, o un enfermo que se curó”, en todos estos casos deberá agradecer, como está escrito: “Agradecerán a D-s su caridad y sus milagros hechos a los hombres con sacrificios de gracias” (Berajot 54)

¿Cuál es la intención de esta ofrenda?
Nos explica Isaac Abarbanel (Uno de los más importantes exegetas de la judería española) que la ofrenda en acción de gracias no es ofrecida al Eterno para perdonar un pecado, sino es una expresión de gratitud y reconocimiento del hombre por Sus milagros y bondades con las cuales favorece a sus criaturas y para que este sentimiento se exprese solamente en el ámbito familiar. Es por eso, sabiendo que el sacrificio de acción de gracias “deberá comer durante todo el día y hasta la media noche”, seguramente invitará a sus hermanos, familiares y amigos a comer y alegrarse junto a él y durante esa reunión le preguntará la razón de su ofrenda, le contará los milagros que hizo D-s, y al escuchar, los presentes elevarán sus alabanzas a l Todopoderoso. Naturalmente, en sus hermanos y demás allegados al asociarse a la “comida de acción de gracias”, el milagro actuará en sus almas y se concientizarán con él.

El dar las “gracias” profundiza el “reconocimiento” del milagro porque en el momento en que el individuo cayó en una desgracia no encuentra ninguna salida natural sino la esperanza de un milagro, y he aquí que la salvación esperada llega y lo salva, entonces reconoce concientemente que fue un milagro el que lo salvó, aunque puede también suceder que después del “milagro” salvador su debilidad humana pueda engañarlo y le dé otra explicación y diga que no fue un milagro sino una casualidad.

Pero he aquí que la sensación del milagro se infiltra en su corazón y poco a poco se convierte en una vivencia que perdura y que hace vivo el versículo de los Salmos. “Porque el Señor es bueno, hasta la eternidad es Su misericordia y hasta la postrera generación su felicidad…”

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Parashá Tzav (Ordena). Shabat 10 de Nisan 5769 (4/04/2009)

Resumen de la Parashá

A los cohanim les fue otorgado la mitzvá de t´rumat hadeshen, recoger las cenizas de las olot (ofrendas consumidas) diarias. También se les encargó mantener el fuego del altar encendido permanentemente. Aharón, el Cohén Gadol, recibió instrucciones de llevar diariamente una ofrenda de comida en la mañana y otra al anochecer.

Se promulgaron otras leyes que detallaban los deberes de los Cohanim y las partes de ofrendas que debían recibir. Debían comer de las ofrendas en lugar puro y dentro del atrio del Santuario.

El Todopoderoso dijo a Moshé que Aharón y sus hijos fueran puestos en sus cargos con sus vestiduras, con todos los elementos ubicados en el Santuario (el Arca, la mesa del pan de proposición, los candelabros, el altar del incienso, etc.), y que convocara a toda la congregación a la puerta del Tabernáculo. Los Cohanim se bañaron y Moshé vistió a Aharón su túnica, el manto, el efod, el pectoral; le colocó en la cabeza el turbante que tenía en el frente una lámina de oro. Tomó Moshé aceite de unción y lo vertió sobre la cabeza de Aharón y lo santificó. Luego vistió a los hijos de Aharón, con sus ropas especiales.

Moshé llevó luego, la ofrenda de expiación, un novillo, y posteriormente la ofrenda quemada, un carnero. Durante siete días Aharón y sus hijos moraron en el Tabernáculo y se repitieron durante esos días los mismos rituales.

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