El mes de ELUL (II).Rezos de perdón (Selijot)

Las comunidades sefaraditas y orientales acostumbran a recitar por la madrugada las selijot (Rezos de Perdón) a partir del principio del mes de Elul hasta Iom Kipur. El motivo de esta costumbre se basa en la tradición que Moshe Rabenu subió al monte de Sinaí para recibir las segundas tablas de la ley, el primero de Elul, y oró allí a Dios para que perdone al pueblo de Israel por el pecado de adorar al becerro de oro, durante cuarenta días; o sea todo el mes de Elul y Diez días de Tishri y fue el diez de Tishri, Iom Kipur, que Dios expió el pecado del pueblo. Por ello la Tora fijó el día diez de Tishri como “Día del Perdón” por siempre; posteriormente adoptaron algunas comunidades la tradición de rezar plegarias especiales de exculpación durante los cuarenta días anteriores a Iom Kipur, para que seamos absueltos de nuestros pecados como sucedió con nuestros padres en la época de Moshe Rabenu.

2.Sin embargo las comunidades ashkenazitas (provenientes de Europa Oriental) acostumbran a recitar las selijot a partir del domingo anterior a Rosh Hashana; en el caso que Rosh Hashana cae un lunes o martes, se adelantan los rezos de congoja al domingo de la semana anterior a Rosh Hashana.

3. El momento más apropiado para recitar las selijot, es a partir de la medianoche hasta el amanecer, pero antes de la medianoche está prohibido decir selijot; por consiguiente las personas débiles que nos pueden recitar las selijot en la madrugada, deben hacerlo a la mañana o por la tarde antes de minha; ya que a partir de la salida de las estrellas hasta la medianoche está prohibido.

4.La persona que madruga para recitar las selijot, debe cuidarse de no dormitar en el rezo de shahrit, como dijeron nuestros sabios: “No se debe descuidar lo principal por causa de una costumbre secundaria” Por consiguiente quien no puede contener su sueño en el rezo de shahrit, es conveniente que recite las selijot antes de minha o a la medianoche.

5. Aquellos estudiantes de la Tora que la recitación de las selijot les provoca cansancio y de esta forma no logran estudiar correctamente, se les aconseja recitar las selijot a la medianoche, y si no consiguen un minian para ello, por lo menos es recomendable que las reciten los días lunes y jueves. Asimismo en los “Diez días del Retorno, deben esforzarse para recitar las selijot todos los días. La misma ley recae para los maestros y empleados que la recitación de las selijot les implique el incumplimiento de sus respectivos trabajos.

6. La recitación de las selijot debe efectuarse con temor y reverencia y no se debe apurar en su lectura. En el momento de las selijot debe cada persona concentrarse en los rezos, arrepentirse por sus faltas y comprometerse a mejorar sus acciones.

7.Las selijot pueden recitarse también sin la presencia de un minian (diez personas), con la condición que al pronunciar el versículo “Vaiaabor” piense que está leyendo únicamente, sin la intención de rogarle a Dios, por ser que dicho versículo se considera una “plegaria sagrada, como el “Kadish” y la “Kedusha”, que sólo se recitan en presencia de diez personas. Asimismo el que recita las selijot sin minian, debe omitir todos los pasajes en Arameo, como “Mahe u mase”, “De ane Laanine, etc., por ser que los ángeles no comprenden este idioma y no elevarán el rezo al Todopoderoso. Sin embargo en presencia de diez personas (Minian) se recitan estos pasajes ya que el Todopoderoso se encuentra con este grupo de creyentes y no necesitan de la mediación de los ángeles.

(selección extraída del libro “Torat Hamoadim”, por Rabi David Iosef © Rabi David Iosef)

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El mes de ELUL. Leyes y Costumbres del Mes de Elul

Los judíos de todas las comunidades del mundo acostumbraron en el mes de Elul a lo largo de la historia, distintas costumbres con la finalidad de prepararse de alguna u otra manera, para recibir a los solemnes días del año entrante: Rosh Hashaná e Iom Kipur.

El Toque del Shofar

Entre los judíos ashkenazim es costumbre tocar el shofar todas las mañanas del mes de Elul después del rezo de shajarit (matutino). Esta costumbre está basada en el Midrash Pirké Derabí Eliézer, donde nos es relatado que el día de Rosh Jódesh Elul (comienzo del mes), Moshé Rabenu ascendió al monte Sinai por última vez, para recibir las segundas tablas de piedra con los Diez Mandamientos, permaneciendo allí por cuarenta días hasta el día de Iom Kipur.

El Midrash nos dice que el día que Moshé ascendió al monte, se tocó el shofar en todo el campamento de Israel para avisarle al pueblo que Moshé había ascendido hacia la Divinidad, para prevenirlos de incurrir nuevamente en el pecado de la idolatría, como había ocurrido la primera vez, cuando el pueblo de Israel había hecho el becerro de oro mientras Moshé permanecía en la montaña.

Es por eso que en recuerdo de aquel shofar, las comunidades ashkenazitas acostumbraron tocar el shofar no sólo al finalizar el rezo de la mañana del primer día del mes, sino también durante todo el mes de Elul, para recordarle de esta manera a todo el pueblo que debe apresurarse a hacer teshuvá antes de los sagrados y solemnes días de Rosh Hashaná e Iom Kipur.

Las Selijot

Sin embargo, los judíos sefaraditas no acostumbraron tocar el shofar desde el comienzo del mes de Elul al finalizar el rezo de shajarit. En lugar de esto, la costumbre entre los judíos sefaradim es comenzar el recitado de las selijot (súplicas de perdón) a partir del día siguiente al comienzo del mes de Elul. (Para comprender el significado y el contenido de estas plegarias, véanse en la sección “Rezos y Plegarias” nuestros textos al respecto).

En cambio, entre los judíos ashkenazitas la costumbre es comenzar el recitado de las selijot el domingo anterior a Rosh Hashaná y si Rosh Hashaná cae un día lunes o martes, entonces las selijot comienzan a recitarse a partir del domingo de la semana anterior, para que por lo menos las selijot sean recitadas antes de Rosh Hashaná en cuatro oportunidades.

En principio, las selijot deben ser recitadas al final de la noche, antes del amanecer. Sin embargo, en caso de ser muy difícil para las personas levantarse a esa hora para ir a la sinagoga, las selijot pueden ser recitadas por la mañana o durante el transcurso del día. Asimismo, está permitido recitar las selijot a partir de la medianoche (de acuerdo con el horario de salida y puesta del sol), y es por eso que si las personas no tienen la posibilidad de recitar las selijot al final de la noche, antes del amanecer, es preferible que las reciten por la noche, después de la medianoche, y no durante la mañana o durante el transcurso del día.

Si por alguna razón a alguien le es muy dificultoso levantarse para las selijot, es correcto que consulte con un Rabino cual debe ser su proceder, ya que seguramente éste le podrá aconsejar una buena solución para su situación.

Otras Costumbres

Además, desde Rosh Jódesh Elul hasta el día de Sheminí Atzéret se acostumbra recitar el Salmo 27 dos veces al día, una vez después del rezo matutino, y otra vez después de la minjá (rezo de la tarde) o después de arvit (rezo de la noche) – variando la costumbre de acuerdo con las distintas comunidades.

Esta costumbre está basada en las palabras del Midrash Shojer Tov, donde Nuestros Sabios nos explican que en el primer versículo de este Salmo, cuando el rey David dice: “D’os es mi luz y mi salvación”, al decir: “D’os es mi luz”, se refiere a que D’os es nuestra luz en el día de Rosh Hashaná, y al decir: “y mi salvación”, se refiere a que D’os es nuestra salvación en el día de Iom Kipur.

Además, hay quienes acostumbran recitar durante los días hábiles del mes de Elul, diez salmos cada día después del rezo de shajarit.

Cuando escribimos una carta en estos días, es correcto expresarle a nuestro prójimo nuestros sinceros deseos de que el año entrante sea para él un año colmado de bendiciones y buenas noticias.

* * *

Debemos elegir muy bien el lugar donde concurriremos a los servicios de Rosh Hashaná e Iom Kipur. Esta aclaración se debe al hecho de que desgraciadamente hay muchas sinagogas que en estos días se llenan de personas que sólo van a encontrarse con sus amistades o a “mostrarse”, y no a comunicarse con el Creador.

Además, muchas veces la gente también habla dentro de la sinagoga durante el transcurso de los rezos, molestando a quienes realmente quieren rezar, y eso seguramente desconcentrará a quien desee elevarse mediante las conmovedoras plegarias de estos días.

Aún más, muchas veces las personas también hablan durante el toque del shofar confundiendo a la gente que sí quiere cumplir con la mitzvá de escuchar todos los sonidos del shofar, y a veces es muy difícil acallarlos.

Es por todas estas razones que debemos ser muy cuidadosos en la elección de la sinagoga donde rezaremos en estos solemnes días, pensando de antemano que tal vez – en caso de ser necesario – convendrá concurrir a una sinagoga a la cual nunca hemos ido con asiduidad, y no a la que estamos acostumbrados a ir.

Por otro lado, debemos considerar que en caso de tener niños pequeños, tal vez no será apropiado llevarlos a la sinagoga, ya que muchas veces ellos hacen mucho ruido allí, molestando a las demás personas, y nadie tiene derecho a molestar a los demás aunque sea para que uno pueda rezar.

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Leyes y costumbres (II)

(selección extraída del libro “Torat Hamoadim”, por Rabi David Iosef © Rabi David Iosef)

1. Durante el mes de Elul y los Diez días de Retorno, que se extienden desde Rosh Hashana hasta Iom Kipur, todo judío debe recapacitar sobre sus actos para corregir las malas costumbres y cualidades; también debe procurar hacer buenas acciones y acrecentar en lo posible la caridad como también fijar momentos para el estudio de la Tora. Por sobre todo debe arrepentirse de todos sus pecados y malos actos cometidos durante el año, tanto para con Dios como para con el prójimo, y abandonarlos por siempre.

A pesar que el arrepentimiento y el precepto del Retorno, son bien acogidos por Dios durante todo el año, el mes de Elul y los Diez dias de Retorno son más propicios para ello ya que fue dicho: “Busquen a Dios cuando se encuentra, llámenlo cuando esta cerca” (Isaías 55)

2. Es correcto prestar suma atención durante este mes, en la bendición “Hashibenu Abinu le torateja, (Haznos retornar), de la Amida (plegaria principal) , y rogar a Dios, para que nos ayude a enmendar nuestro comportamiento y acepte nuestra contrición; de] mismo modo se debe pedir por todos los seres humanos que se apartaron de Dios para que sean iluminados y retornen a la senda del bien.

3. Nuestros hermanos, los ashkenazim, acostumbran durante el mes de Elul a tocar el shofar después del rezo matutino (shahrit) para recordar la magnitud de estos días y despertar el sentimiento del retorno a Dios, (teshuba). También algunos sefaradim tocan el shofar en el momento que se recita el versículo “Vaiaabor, en las Selijot, (Rezos de Perdón).

4. Es una buena costumbre recitar el salmo “Le David, Ashem Orí ve Ishí”, posteriormente al rezo matutino, (shahrit), para evocar así la explicación de nuestros sabios sobre este versículo: “Orí” (mi luz), es Dios en Rosh Hashana, e “Ishi” (mi salvación), es en Iom Kipur.

5. A partir del comienzo del mes de Elul, se acostumbra bendecir en las cartas que manda a su prójimo, que sea escrito y sellado en el libro de la vida y la felicidad.

6. Hay quienes acostumbran a abrir los mezuzot y tefilin, en el mes de Elul, para controlar si se encuentran en buenas condiciones para cumplir con la mitzva; a pesar que no es una obligación se aconseja revisarlos. Si está seguro que sus tefilin y mezuzot han sido escritos estrictamente según la halaja, por un escriba conocido (Sofer Stam), temeroso de Dios, no es necesario revisarlos sino cada varios años los tefi,lin, y cada tres años y medio las mezuzot.

7. Esta permitido contraer matrimonio en el mes de Elul y también en Aseret Ieme Teshuba, (los Diez días de Retorno).

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Matrimonios mixtos (I): Preguntas frecuentes:

1) ¿Cual es el problema del matrimonio mixto?

Uno de los temas más preocupantes y poco entendidos es el de los matrimonios “mixtos”. Además de la falta de información objetiva al respecto, es un tema muy complejo emocionalmente.

Por un lado, los padres sienten que cuando un hijo se casa con una persona que no es judía, está rompiendo la perpetuación de la cadena judía milenaria y no lo quieren permitir. Por el otro lado, hay una incomodidad de manifestar abiertamente la oposición al matrimonio mixto, ya que tiene implicancias racistas. ¿Por qué descartar a una persona como pareja solamente por el hecho de que no haya nacido de vientre judío?. Parece ser una actitud discriminatoria.

Me parece que hay que subdividir el tema en partes:

• ¿En qué se basa la oposición al matrimonio mixto?

• ¿Cómo se puede aceptar dicha actitud sin contradecir el instinto natural que el judío tiene de luchar en contra de la discriminación, especialmente luego de todo lo que hemos sufrido en carne propia como pueblo, a raíz de la discriminación racial?

• ¿Qué argumento se le puede dar al amigo o amiga no judío, o a sus padres, para explicar el motivo por el cual uno no quiere considerar la posibilidad de matrimonio con el o ella?

2) ¿Cual es la base del problema

La fuente primaria en la cual se basa la prohibición para el judío de casarse con alguien que no lo es, está en la Torá (Deut. 7:3): “No te cases con ellos (los gentiles, de los cuales hace mención en los versículos anteriores), no des a tu hija al hijo de él, y no tomes la hija de él para tu hijo”.

El motivo de dicha prohibición sigue en el siguiente versículo: “Porque él va a desviar a tu hijo de Mi y servirán a dioses ajenos…” (se puede entender el término “dioses ajenos” también como ideales que no conforman con los de la Torá, por los cuales uno inclina la cabeza y les rinde culto).

Nuestros sabios señalan el Talmud (Ievamot 23a) y el comentarista Rashi lo trae en su comentario sobre el versículo citado, que de la expresión precisa de dicho versículo (” el (y no ella) va a desviar a tu hijo “) se desprenden dos cosas. En el caso de que tu hija se case con el hijo de ellos, el “hijo de ellos” (esposo de tu hija) va a terminar alejando a tus hijos (o sea, nietos) del camino de la Torá. En el caso de que tu hijo se case con la “hija de ellos”, ya los nietos que nazcan no están considerados como tus hijos, sino hijos de ella, o sea ya no son judíos.

Queda claro entonces, que aquí no se trata de una discriminación racial que nace del rechazo subjetivo y personal que el judío tenga para con el gentil. Se trata de una orden Divina objetiva que viene acompañada de una explicación. Si tu hijo se casa con una mujer no judía, los hijos de ella ya no serán considerados tus hijos. En el caso que tu hija se case con un hombre no judío, inevitablemente los nietos se desviarán muy lejos del camino del judaísmo aunque sigan siendo judíos. Teniendo en cuenta que el deber principal del judío es cumplir con sus obligaciones como tal, respetando los preceptos de la Torá, es evidente que deviene indispensable casarse entre judíos, porque, de lo contrario no podrá cumplir debidamente con sus responsabilidades fundamentales de manifestar la dimensión Divina en el mundo, que es posible solamente por medio del cumplimiento de Su voluntad.

Para entenderlo mejor, hace falta aclarar un punto más. No solo que está prohibido para el judío casarse con una persona que no lo es, sino que es imposible que se case. Puede haber convivencia y puede haber cohabitación, puede haber, incluso, procreación, pero no existe matrimonio .

Las leyes de la Torá son tan (o más) objetivas como las leyes de la Naturaleza. Del mismo modo que uno no puede alterar la Gravedad, por ejemplo, no puede alterar las leyes de la Torá. El estudio de la Torá no tiene como objetivo inventar las leyes de la vida, sino descubrir la estructura Divina inherente en la existencia.

3) ¿Qué es el Matrimonio

Si nos ponemos a analizarlo, resulta bastante desafiante tratar de explicar cuál es la función del matrimonio en general. Si dos personas se quieren, ¿Por qué no vivir juntos?. El día en que no quieran compartir más sus vidas, cada uno puede irse por su lado! Aún en el caso que se casen, el día que no quieren vivir más en pareja, existe el divorcio que los separa. Así que ¿cuál es la función del matrimonio?

Generalmente la gente contesta que es nada más que un formalismo, una norma de la sociedad para “legalizar” la pareja. Pero si lo analizamos un poco, decir que el matrimonio es nada más que una norma social, implica que no tiene un sentido verdadero. Es arbitrario. Entonces, si a uno no le importa la autoridad y/o el estigma social, ¿está bien que viva en pareja y que tengan hijos sin casarse?

Si llegamos hasta el fondo del asunto, creo que no queda otra alternativa que la que entiende a la institución del matrimonio como una idea Divina. El concepto de casarse tiene su origen en la Torá. Aunque hayan muchas sociedades que no se basen en la Torá, y aún así tienen asumidos el concepto del matrimonio, no quita el hecho que en su origen, el verdadero sentido es Divino.

Para dar un ejemplo: ¿De dónde viene la semana de siete días? ¿Por qué no ocho o seis? El ciclo semanal de siete días nace con los siete días de la Creación. Para el que acepta la Torá, el ciclo semanal tiene un sentido espiritual profundo. Para el que no cree en la Torá, la semana de siete días no tiene sentido alguno. Del mismo modo es en cuanto al matrimonio. Para el que no cree en la Torá, el concepto del matrimonio no tiene mucho sentido y razón de ser. Es simplemente un trámite para registrar formalmente a la pareja para que los hijos del padre lo puedan heredar. Para el que cree en la Torá, el concepto de matrimonio asume una importancia y significado mucho más profundos y sustanciales.

Las fuentes talmúdicas y cabalísticas enseñan que el matrimonio no es meramente la unión entre dos individuos totalmente independientes entre sí, sino que es una reunión entre dos mitades de una y la misma unidad . La pareja comparte la misma alma que, al nacer , se dividió en dos mitades. Al casarse, vuelven a reunirse y completarse. Se trata de una unión no sólo a nivel físico, emocional y/o intelectual, sino de una unión a nivel esencia l. Hay almas que son compatibles y almas que no lo son. Además del caso del matrimonio mixto, la Torá enumera una cantidad de “uniones matrimoniales” que no son consideradas válidas, por ejemplo el “casamiento” entre hermanos biológicos o un hombre con una mujer casada, o sea el incesto y el adulterio. No se trata simplemente de prohibiciones, sino de hechos. En estos casos no rige el matrimonio, aunque sea posible cohabitar y procrear.

Así, que, es muy fácil explicarle a una persona no judía que uno no puede casarse con ella. No se trata de un defecto que tiene. Se trata, nada mas ni nada menos, de una concepción de matrimonio delineada en la Biblia a la cual uno se siente atado. Un caso hipotético: ¿qué pasaría si un chico y una chica (ambos judíos) deciden casarse y están profundamente enamorados y media hora antes de casarse se enteran que son hermanos biológicos? ¿Se casarían?. Obviamente, el hecho que no pueden casarse no implica un menosprecio o que el amor profesado fue falso. El amor es un factor importante en una relación de pareja, pero no es el único factor.

Puede suceder que un joven judío encuentre compatibilidad con una persona que no lo es y quiere formar su familia con esa persona. Dicha compatibilidad es posible solamente en el caso que ninguno de los dos manifieste el potencial esencial que los distingue. Mientras al judío no le importe su judaísmo y al no judío no le importe su fe, marcha todo bien. ¿Qué pasa el día que alguno de los dos se despierta y decide dar importancia a su identidad más profunda y esencial? Aparece, entonces, la incompatibilidad. O sea, dicha relación puede funcionar mientras que los integrantes “no existen” plenamente. En el momento en que cualquiera de los dos “aparece”, la relación no tiene más sentido y desaparece.

Conozco unos cuantos casos de parejas mixtas que estaban muy enamorados hasta el momento en el cual nacieron sus hijos. Ahí empezaron las discusiones muy fuertes en cuanto a su educación, por más que hasta el momento ambos habían resuelto el tema teóricamente . La madre judía quiere circuncidar al hijo, por ejemplo, mientras que el padre no-judío se niega a que su hijo sea diferente a él, etc. De golpe, salta al primer plano la incompatibilidad, pero ya es bastante tarde — hay un hijo de por medio al cual cada uno de los padres y los abuelos quiere llevar a su redil…

Claro que se puede traer ejemplos de parejas judías que viven con muchos conflictos, pero hay que examinar si su vida se lleva realmente de acuerdo a las normas delineadas en la Torá. Por lo menos, la pareja judía tiene siempre el potencial de lograrlo.

Surge la pregunta: ¿Qué pasa en el caso de un judío no-practicante o ateo? ¿Sigue siendo relevante esa incompatibilidad? Si uno no practica el judaísmo ¿por qué darle importancia justamente en el momento de elegir la pareja?

Para entender esto, hace falta definir otro concepto básico: ¿Qué es el ser judío? ¿Qué es lo que distingue al judío de su vecino que no lo es? Aclaro que no estoy preguntando ¿Quién es judío? sino ¿Qué es? Ya que la respuesta a la pregunta de ¿Quién es? Es obvia: el que nace del vientre de una mujer judía o se haya convertido en judío de acuerdo a las normas estipuladas en la Torá, pero no responde a la pregunta de ¿qué es?

Generalmente me contestan que ser judío significa “sentirse parte del pueblo judío”, pero esa respuesta sirve solamente para trasladar la pregunta, ya que ¿Qué es, entonces, el pueblo judío? ¿Un pueblo compuesto de individuos que no tienen otra definición mas allá de pertenencia a un pueblo que no tiene definición? Es como decir que un árbol es integrante de un bosque. El razonamiento es al revés. Una vez que sé lo que es un árbol puedo definir lo que es un bosque: un conjunto de árboles, pero, ¡no puedo definir al árbol, diciendo simplemente que es algo que es parte de un bosque!

También es obvio que no es válido definir al judío por el cumplimiento de las Mitzvot, porque también allí el razonamiento es a la inversa: se tiene la obligación de cumplir con las Mitzvot debido a que se es judío, y no se es judío porque se cumple con las Mitzvot. ¡Téngase presente que un niño recién nacido es judío aunque no haya cumplido con ninguna Mitzvá y no tenga fe consciente alguna!

4) ¿Qué es un judío

Luego de años de estudiar el tema y una cantidad sinfín de conversaciones con judíos de todo nivel de práctica religiosa y orientación filosófica, creo que la definición más contundente es que lo que distingue al judío es la Neshamá (alma) que posee. El alma del judío es diferente al alma del no judío. Tienen potenciales, características y necesidades diferentes. Cada judío tiene la misma esencia que cualquier otro, la cual hereda de su madre. Es el común denominador que relaciona al judío ruso con el sirio, yemenita, canadiense o marroquí a pesar que no hablen el mismo idioma y tengan idiosincrasias diferentes. La única diferencia entre un judío y otro es simplemente el grado de manifestación de esa esencia que logra expresar. En algunos, dicha esencia se manifiesta en cada momento, en otros se la ve una vez al año y en otros, puede llegar a expresarse una sola vez en la vida.

Esto no va en contra de la aspiración de ser un ser “universal”, ya que para poder realmente ser un ser “universal” hace falta cumplir debidamente con la función específica que uno tiene dentro de la realidad universal. Ser un ser “universal” no implica negar el rol particular que uno tiene, sino insertarse en la sociedad con una identidad y objetivo bien definidos.

5) ¿Cuál es la característica especial de la Neshamá (alma)?

Rabí Schneur Zalman de Liadí, fundador del Movimiento Jabad, lo define de la siguiente manera: ” Un judío no quiere ni puede apartarse de D-os”. Puede ser que el judío no esté consciente que por medio de una acción u otra esté afectando su relación con D-os, pero al estar consciente de las consecuencias de sus acciones, no quisiera perjudicar dicha relación. Cada judío tiene una “línea roja” por la cual no está dispuesto a pasar aunque tenga que pagar por ello con su vida.

Muchos judíos lo son muy a pesar suyo. Pasan su vida negando su condición de judío, pero en algún momento inesperado, cuando sus defensas están bajas, y están distraídos, salta. Muchos judíos invierten tiempo, energía y recursos en negar su condición de tal. Esta conducta es una prueba más de su condición de judío inalterable, ya que si así no lo fuera, ¿por qué les importa tanto negarlo?

Así que el problema no empieza cuando un chico se casa con una chica no judía. El problema radica en que ha sido privado de una educación y formación judías a tal punto que ya ni se da cuenta de lo que es y de la incompatibilidad básica y esencial que existe entre él y su novia no judía.

Para muchos, la oposición al matrimonio mixto parece ser una actitud elitista, incluso racista. ¿Por qué negarle a un hijo casarse con una chica sólo por el hecho que no sea judía? ¿Qué diferencias prácticas hay entre su comportamiento y el de ella?

Quizás estaría de acuerdo con quienes opinan así si no fuera por el hecho que atribuyo esa actitud irracional por parte de los padres a la Neshamá que poseen, a pesar de todo. La Neshamá no los deja aceptar con brazos cruzados el pasar esa “línea roja” que corta la cadena en forma tajante aunque ellos mismos no sepan explicar por qué les molesta tanto.

6) ¿Qué pasa con la Conversión?

Una de las “soluciones” que la gente propone para solucionar el dilema del matrimonio mixto es “convertir” al novio/a no judío/a en judío/a.

¿Es una solución válida?

Encontramos que el judaísmo reconoce la posibilidad de convertirse en judío. El proceso de “Guiur” (Conversión) es muy simple. Consiste en tres pasos: 1) Circuncidarse (en el caso de un hombre); 2) Sumergirse en una Mikve (baño ritual); 3) Aceptar el cumplimiento de la Torá en su totalidad . Dichos pasos tienen que realizarse ante un tribunal rabínico válido . (Un tribunal rabínico válido quiere decir tres rabinos que aceptan la Torá como palabra Divina y cumplen con sus preceptos en su vida personal.)

El judaísmo no es proselitista, ya que entiende que no hace falta ser judío para merecer la gracia de D-os y un lugar en el Mundo Venidero. Para un gentil, hace falta cumplir con el código de leyes conocido como las “Siete Leyes de los Hijos de Noé” para merecer el lugar máximo en el Mundo Venidero. En el caso que un no-judío desea – con sinceridad – convertirse en judío y asumir una vida de acuerdo a las normas delineadas en la Torá, lo aceptamos con brazos abiertos.

Es evidente. Que en el caso que uno quiere convertirse al judaísmo para poder casarse con un/a judío/a, es poco probable que su “conversión” sea sincera.

Me viene al recuerdo una anécdota de un chico judío que decidió casarse con una chica no judía. Los padres del chico insistieron que la chica vaya a estudiar algo de judaísmo antes de aceptarla como nuera. La chica se fue a una institución religiosa para estudiar los fundamentos del judaísmo. Por mas que el motivo inicial para ir a estudiar fue simplemente para aplacar a los futuros suegros, en el transcurso de sus estudios descubrió un mundo nuevo que la atrajo de verdad y se dedicó a los estudios con un interés genuino. Pasaron los meses y el chico la llamó para saber cuándo se iban a casar. ‘¿Cómo?,´ preguntó la chica. ‘¿Piensas que me interesa casarme con un chico que estaba dispuesto a casarse con una chica no judía?´

Hay quienes argumentan que si no aceptamos dichas “conversiones” o parejas “mixtas”, terminaremos alejando a los jóvenes judíos quienes contraen “matrimonio” con parejas no judías o convertidas “cosméticamente”. En cambio, si los aceptamos, estamos “ganando almas” para el pueblo judío.

En primer lugar, el judaísmo no es un negocio y menos cuando esté basado en mentiras y engaños. El judaísmo se basa en tratar de cumplir al máximo de nuestra capacidad con la voluntad de D-os. No hay que estar más preocupados por el futuro del pueblo judío de lo que D-os mismo lo está. D-os también conoce dicho argumento y sus “beneficios” para el futuro de dichos individuos y para el pueblo judío. No obstante, dice claramente en la Torá (Deut.7: 7), que no tiene preferencia por el pueblo judío debido a su superioridad en cantidad ni en poder, sino por su cualidad de la humildad y por el pacto que ha hecho con nuestro patriarca Abraham. El pueblo judío ha sobrevivido a todos sus opresores, no gracias a su viveza, dinero o poder político, sino gracias a su sinceridad, autenticidad y auto sacrificio para preservar dicha pureza y autenticidad.

Además: por más que quisiéramos y por más que nos parezca conveniente aceptar dichas ‘conversiones´, no está en nuestras manos negar o cambiar los hechos. No está en nuestras manos hacer ese ‘favor´, de la misma manera que no está en nuestras manos hacer el favor a unos padres quienes querían un hijo varón y les nació una hija. Podemos hacerle a la niña cambios cosméticos, pero no deja de ser otra cosa que una mutilación engañosa y cruel.

Es interesante notar la expresión que el Talmud (Ievamot 48b) utiliza al hablar de ‘conversos´ (auténticos): ‘Guer shenitgaier kekatan shenolad dami´. Quiere decir: Un converso que se convirtió está considerado como un bebé recién nacido.

Cuando el Talmud habla de un esclavo que se liberó, no dice un ‘liberado´ que se liberó, sino un esclavo que se liberó. ¿Por qué, entonces, al hablar de un converso no se dice un gentil que se convirtió, sino un converso que se convirtió? También, ¿por qué se compara al converso con un niño recién nacido?

Nuestros sabios lo explican de la siguiente manera:

Un converso auténtico es una persona que, aunque haya nacido de un vientre no judío, nació con una Neshamá, un alma judía. Es esa Neshamá la que le empuja a ‘convertirse´. O sea, en cierta manera, podemos decir que nació (destinado o con una predisposición a convertirse en) ‘converso´. Por ese motivo es que se le compara con un ‘bebé recién nacido´. Un bebé recién nacido, hace nueve meses que existe. La diferencia entre el momento antes de nacer y después de nacer es que antes de nacer no es un ser independiente. Del mismo modo, un ‘converso´ antes de pasar por el proceso de conversión se considera como un judío en estado ‘embriónico´ y no tiene las responsabilidades de un judío. Una vez que se convierte, se transforma en un judío pleno. Pero, como señalamos antes, para que dicha transformación ocurra, hace falta pasar por el proceso de conversión auténtico y no por los procesos ‘cosméticos´ que abundan y se hacen pasar por opciones mas ‘abiertas´.

Hay quienes preguntan: ¿Por qué hace falta que el converso sea más practicante que la mayoría de los judíos, quienes no lo practican plenamente y no se consideran “religiosos” y aún así no pierden su condición de judíos? En otras palabras: si el judío no-practicante está considerado judío, ¿por qué no se considera como judío a una persona que se haya ‘convertido´ por medio de una ‘conversión´ que no concuerda con la Halajá?

La respuesta es muy sencilla. Un judío de nacimiento es judío a pesar de todo lo que piense, hable o haga. La misma Torá que determina este hecho, dice también que uno que quiere convertirse en judío debe – antes que nada – aceptar cumplir con la Torá en su totalidad para que sea aceptado como tal. Si uno dice que está dispuesto a aceptar los 613 preceptos, pero que hay uno solo que no le gusta y no lo quiere aceptar, se le dice ‘¿Quién te obliga a convertirte en judío?´ ¡Es preferible que no se convierta y que siga cumpliendo con su misión en la vida como no judío, a que se convierta en judío y caiga en infracción!

En realidad, es un criterio muy entendible. Si uno nació en el Uruguay, por ejemplo, la ley uruguaya lo considera como uruguayo, haga lo que haga. En cambio, si uno quiere adquirir la ciudadanía uruguaya, pero dice que no está dispuesto a reconocer como válida alguna cláusula de la constitución uruguaya ¿lo aceptarán? Claro que no. Si no le gusta la constitución uruguaya, pues que busque su ciudadanía en otro país con cuya constitución esté de acuerdo… Uno que no quiere reconocer a la constitución uruguaya en su totalidad puede ser aceptado como residente extranjero pero no como ciudadano legal. El ciudadano naturalizado debe aceptar la constitución del país como autoridad máxima para que se le otorgue la ciudadanía. ¿Acaso alguien quiere sugerir que sea más fácil convertirse en judío que asumir una ciudadanía? ¿Acaso las leyes Divinas son mas negociables que las leyes humanas?

7) ¿Entonces, cual es el verdadero problema?

En realidad, el matrimonio mixto es un síntoma de un problema mucho más importante: la falta de educación judía adecuada.

¿Qué tipo de educación judía estamos dando a nuestros hijos? ¿Les estamos dando realmente las experiencias y herramientas para que puedan entender y valorar por qué y para qué son judíos?

También: ¿Qué pasa con nuestra propia educación judía? ¿Cuánto tiempo dedicamos nosotros, los padres, a nuestro propio desarrollo espiritual personal? ¿Cuál es la autoridad máxima en nuestra propia vida personal? Si yo hago solamente lo que me gusta o me conviene y no reconozco la obligación de acatar a una autoridad superior ¿cómo puedo pretender que mi hijo no haga lo mismo? Claro, que me va a decir: ‘¡Papá! ¡Tu haces lo que quieres, déjame hacer lo que yo quiero!´ Si el padre no reconoce ninguna autoridad moral, ¿por qué pretende que el hijo le haga caso? ¿Sólo por el hecho que lo haya engendrado?

La prioridad máxima hoy en día debe ser la educación judía. No podemos conformarnos con el mínimo que reciben en las escuelas y liceos. Debemos exigir el máximo. ¿Acaso mandaríamos a nuestros hijos a un liceo en el cual, al salir, no sepan calcular el área de un círculo? ¿O que no sepan quién fue Napoleón? ¿Por qué nos conformamos con un sistema educativo del cual salen sin saber leer ni entender ni una página de la Biblia o del Talmud en su texto original o sin saber quiénes fueron y qué dijeron Rabi Akiva, Abaye, Rava, Rashi, Rambam y Rabi Iehuda Halevi?

Quisiera concluir compartiendo un episodio que me pasó poco después de haber llegado al Uruguay y la lección que aprendí.

Nuestro hijo mayor había nacido, y debido a nuestra inexperiencia como padres, y menos en un país nuevo y todavía en una época en la cual cada dos por tres hubo paros, no llegamos a inscribirlo en el registro civil dentro del plazo normal. Como consecuencia de esto, hubo que tramitar una inscripción tardía, un proceso que llevaba meses.

En el ínterin, mi Sra. y yo quisimos viajar con nuestro hijo al exterior. Debido a que somos ambos ciudadanos norteamericanos, le hicimos a nuestro hijo un pasaporte norteamericano.

Llegamos todos al aeropuerto de Carrasco, prontos para viajar. Al llegar a migraciones, el oficial nos solicitó la documentación uruguaya de nuestro hijo. Le explicamos el motivo por el cual no la tenía y nos dijo que no podía salir del país.

‘¿Cómo, no podemos viajar con nuestro hijo?´ pregunté. ‘Tiene un pasaporte norteamericano!´

‘Para nosotros es uruguayo, y no puede viajar sin documentación uruguaya,´ nos explicó.

‘Pero, es nuestro hijo!´ insistí.

‘Es uruguayo,´ reiteró el oficial de migraciones.

No viajamos ese día.

Aprendí de ese episodio una enseñanza impresionante. Por más que mi hijo es mi hijo, mis derechos no anteceden los derechos del Estado.

Lo mismo es aplicable en cuanto a nuestra relación con nuestros hijos. Antes de pensar en nuestros derechos sobre ellos, debemos pensar en los derechos que el pueblo judío tiene sobre ellos y los derechos que nuestros propios hijos tienen, para que les demos todas las herramientas posibles para que puedan valorar y vivir su judaísmo plenamente.

por Rabino Eliezer Shemtov

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Lag baomer – 33 de Omer. HILULA DE RABI SHIMON BAR YOHAI (12 de Mayo de 2009)- IV

Rábí Shimón Bar Iojai

Tanaíta de la cuarta generación (135-170) Uno de los alumnos más importantes de Rabí Akiva, estudió con él en la Yeshivá de Bne – Brak durante trece años, junto con su compañero Jananiá ben Janijai (Ktubot 62:2).

Rabí Shimón, fue el que preguntó en la Yeshivá de Yavne, si la oración de Arbit (noche) es Reshut (si depende de la voluntad de la persona) o Joba (es obligatoria) pregunta qué hizo renunciar a Raban Gamliel de la presidencia del Sanhedrín.

Cuando Rabí Akiva fue apresado por los romanos, fue Rabí Shimón a escuchar sus enseñanzas.

Rabí Akiva, su maestro lo estimaba en gran manera, y le dijo: “Basta yo y tu Creador conocemos tu valor” (Ierushalmi, Sanhedrín 1:2).

Muchas veces discrepaba con su maestro, pero grande era su admiración por él, cuando una vez no le hizo honor debido “sus dientes se volvieron negro de tanto ayunar” (Nazir 52:2).

Entre los alumnos más importantes encontramos a Rabí Hanasí, que estudio en su Yeshivá en Tekoa (Erubin 91:1), y su yerno el Tana milagroso Rabí Pinjas Ben Yair.
Rabí Shimón bar Iojai amó inmensamente a la Torá, su pueblo y su país, he aquí algunos de sus conceptos:

“El Señor ha dado a los Israelitas tres buenos regalos, que solo les ha otorgado en medio de sufrimientos”.

Estos tres regalos son: La Torá, La Tierra Prometida y el Mundo Venidero (Berajot 5:1).
“Midió el Santo bendito sea a todas las naciones y no encontró ninguna nación apta para recibir la Torá, sino Israel…” “Midió el Santo Bendito sea todos los países y no encontró un país apto y adecuado para la residencia de Israel, sino Eretz Israel” (Vaikra 13:2).

Grande era su amor a cada uno de Israel: Todo Israel son hijos de reyes (Mishná Shabat 14:6).

“Ven y ve, cuan queridos son Israel ante el Santo bendito sea, que en cada lugar fueron exilados, la “Shejina” – Divina Providencia” – fue con ellos, y cuando serán redimidos, ella vendrá con ellos” (Meguilá 29:1)

Eretz Israel:

De la misma manera al pueblo de Israel, Rabí Shimón amaba a la Tierra Prometida Tebel.

¿Por qué llamaba a la tierra de Israel Tebel?

Porque tiene toda clase de condimentos (Tablin), todos los países tienen una u otra característica, pero a Eretz Israel, no le falta nada, ya que está escrito. (Devarim 8:9).

Salir de Eretz Israel era considerado por Rabí Shimón uno de los pecados más grandes.

Así nos relata el Midrash:
Uno de los alumnos de Rabí Shimón bar Iojai, salió fuera de Israel y volvió al país rico y poderoso, sus alumnos lo vieron y se llenaron de envidia, decidiendo salir también al exterior del país. Rabí Shimón lo supo, los reunió y los llevó a un valle no lejos de Meron, elevó su voz y dijo: ¡Vale, Valle, llénate de talentos de oro! De inmediato comenzó a llenarse de monedas brillantes.

Les dijo: Si ustedes buscan monedas de oro, ¡Tómenlas! Pero han de saber que lo que ahora toman es su parte en el mundo venidero (Shmot Raba 52:3).

Rabí Shimon y los Romanos:

El Rabí odiaba a muerte a los romanos, opresores del pueblo hebreo, sus opiniones las expresaba libremente y sin temor.

Leamos lo que nos cuenta el Talmud:
Rabí Yehuda (bar Ilay), Rabí Iosi (bar Halafta) y Rabí Shimón (bar Iojai) están sentados juntos, y con ellos Yehuda ben Guerim (hijo de Yehuda, padres conversos). Durante la conversación Rabí Yehuda dijo: ¡Qué útiles y que hermosas son las obras de ese pueblo (romano)! Han establecido mercados, han tendido puentes sobre los ríos y han edificado baños.

Ante esta observación, Rabí Iosi calló; pero Rabí Shimón replicó; sí, así es, pero todo lo han hecho en beneficio propio. Han abierto mercados para sustentar el libertinaje, han edificado baños para su propio placer y han tendido puentes para cobrar impuestos.

Yehuda ben Guerim fue y les denunció, y cuando la noticia llegó a oídos del emperador, éste mandó a publicar un edicto, en virtud del cual Rabí Yehuda sería ascendido, Rabí Iosi desterrado a Tzipori y Rabí Shimón sería apresado y ejecutado. Pero Rabí Shimón y su hijo Rabí Eleazar consiguieron refugiarse en una academia, donde eran mantenidos por la esposa del Rabino, que les llevaba diariamente pan y agua, Cierto día la desconfianza se apoderó de Rabí Shimón, y le dijo a su hijo: las mujeres son volubles, los romanos pueden importunarla y ella puede descubrirnos.

Entonces se marcharon y se refugiaron en una cueva (en la que permanecieron doce años) (CA). (Shabat 33b).

Al terminó de los doce años, volvieron y estuvieron en la cueva un año más.

Durante esos años se alimentaron de frutas de algarrobo hasta que su piel recibió un color grisáceo (Prikta de Rab Kahana 88:2).

Esos trece años de estadía en la cueva, les hizo alejarse de lo mundano y de las necesidades materiales.

Entre las hojas del Talmud, encontraron sus enseñanzas, siempre envueltas en parábolas, aforismos y ejemplos, he aquí algunos:
Rabí Shimón bar Iojai dijo a su hijo: “Han llegado unos eruditos y hombres de bien. Ve a la fonda y pídeles su bendición”.

El muchacho volvió y dijo a su padre: En lugar de bendecidme me han maldecido. Me han dicho: “Que siembres, pero no cortes el sembrado; que hagas entrar pero no salir; que hagas salir pero no entrar, que tu morada quede arruinada, pero tu vivienda temporal sea firme; que tu pan sea consumido y no llegue nunca año de regocijo”.

Esas no son maldiciones, hijo – dijo Rabí Shimón – sino bendiciones. Este es su significado; Tendrás hijos y no veras su muerte; verás entrar a tu casa tus nueras y no las verás abandonar a tus hijos para regresar al hogar de sus padres; a tus propias hijas las verás salir de tu casa, y no las verás regresar para vivir contigo, vivirás tanto tiempo que tu tumba familiar caerá en ruinas, pero tu casa será firme y perdurará por mucho tiempo. Tu pan será consumido por una familia grande. Finalmente, tu mujer vivirá mientras vivas tú, y no tendrás que volver a casarte ni tener el año de llevar regocijo a una nueva mujer como lo prescribe la Torá (Moed Katan 9).

Una de las enseñanzas de Rabí Shimón bar Iojai es que cada judío es responsable de su prójimo, y como ejemplo relató lo siguiente: “Cierta vez uno de los pasajeros de un barco tomó un pico y comenzó a hacer un orificio debajo de su asiento. Los restantes pasajeros enseguida comenzaron a retarlo, a lo que él respondió: ¿Qué les importa a ustedes lo que yo hago bajo mi asiento?, ¡yo he pagado por el!

“Tonto, tú has pagado por el viaje, pero no tienes derecho a perforar el barco ni siquiera debajo de tu asiento, porque de lo contrario nos hundiremos todos”. De la misma manera ocurre con el pueblo judío, ya que el comportamiento de cada individuo influye sobre sus semejantes.

Rabí Shimón bar Iojai, fue famoso por ser “Hacedor de Milagros”, y por serlo fue elegido para viajar a Roma y anular los malos dictámenes y edictos decretados por el emperador.

Fue Rabí Shimón quien dictó a su alumno Rabí Aba, el libro de Zohar, libro básico de la Cábala; el libro de la ciencia de la verdad, el libro que describe y revela a los estudiosos, la esencia de todas las fuerzas existentes en el mundo. No existe nada en el mundo sobre lo cual el “Zohar” no expresa su opinión y posición.

Rabí Shimón ameritó las tres coronas; las corona del sabio de la “halaja” (ley) la corona de la sabiduría esotérica y la corona del héroe de la nación.
La más brillante de las tres, es la corona del misticismo judío. Con el descubrimiento del libro del “Zohar”, salió Rabí Shimón de los límites del mundo terrenal para entrar en la esfera superior.

Felices ellos, los que están en el umbral de su “lugar espiritual”.
Todos los años en “Lag Baomer”, 33 días de Omer, el 18 de Iyar, en Meron donde se encuentra la tumba del justo Rabí, acuden decenas de miles de personas, donde se reza, se leen Salmos de Tehilim. Se estudia párrafos del “Zohar” y se encienden hogueras y danzan alrededor de ellas en honor del santo y venerado Rabí Shimón bar Iojai.

http://www.torahenfamilia.com/

SHABAT SHALOM

YOM HA SHOAH: Los Justos de las Naciones

Acerca de los Justos de las Naciones

En un mundo de debacle moral generalizada, hubo una pequeña minoría que supo desplegar un extraordinario coraje para mantener los valores humanos en pie. Ellos fueron los Justos de las Naciones, que remaron contra la corriente general de indiferencia y hostilidad que prevaleció durante el Holocausto. Contrariamente a la tendencia generalizada, estos salvadores veían a los judíos como seres humanos comunes y corrientes, incluidos dentro de su universo de obligaciones.

(Foto: El Jardín de los Justos)

La mayoría de los salvadores comenzaron como observadores pasivos. En muchos casos el cambio ocurría cuando eran confrontados con la deportación o la matanza de judíos. Algunos habían permanecido indiferentes en las etapas tempranas de la persecución, cuando los derechos de los judíos eran restringidos y sus propiedades confiscadas, pero llegó un punto en el que decidieron actuar, una barrera que no estaban dispuestos a cruzar. A diferencia de otros, ya no pudieron consentir con las crecientes medidas que afectaban a los judíos.

En muchos casos eran los judíos los que se dirigían a los gentiles en busca de ayuda. No sólo los salvadores manifestaron ingenio y coraje, sino también los judíos luchaban por su supervivencia. Wolfgang Benz, quien realizara una exhaustiva investigación sobre el rescate de judíos durante el Holocausto, sostiene que, al escuchar las historias de salvataje, las personas rescatadas pueden ser vistas como meros objetos de cuidado y caridad. Sin embargo, “el intento de sobrevivir en la clandestinidad era, antes que nada, un acto de autoafirmación y un acto de resistencia judía contra el régimen nazi. Sólo unos pocos tuvieron éxito en dicha resistencia”.
En el encuentro con judíos llamando a sus puertas, los observadores pasivos debían tomar una decisión inmediata. Ésta era a menudo un gesto humano instintivo, un impulso irreflexivo, seguido sólo después por una elección moral. Frecuentemente se trataba de un proceso gradual, en el que los salvadores se involucraban de modo creciente en la ayuda a los judíos perseguidos. El consentimiento a ocultar a alguien durante una redada – proveyendo refugio por un día o dos hasta encontrar otro lugar- podía convertirse en un rescate de meses e incluso años.
El precio que los salvadores debían pagar por su acción difería de un país a otro. En Europa Oriental, los alemanes ejecutaban no sólo a las personas que ocultaban judíos, sino también a toda su familia. Los nazis colocaban por doquier avisos de advertencia contra la ayuda a judíos. En general, el castigo era menos severo en Europa Occidental, aunque también allí las consecuencias podían resultar terribles, y algunos de los Justos de las Naciones fueron encarcelados y asesinados en campos de concentración.
Además, a la luz del trato brutal dado a los judíos y la determinación de parte de los perpetradores de dar caza hasta al último de los judíos, las personas debían temer grandes sufrimientos si intentaban ayudar a los perseguidos. En consecuencia, los salvadores y sus protegidos vivían en constante temor de ser apresados; existía el continuo peligro de ser denunciados por vecinos o colaboracionistas. Esto incrementaba el riesgo y dificultaba a las personas del común el desafiar las convenciones y las reglas. Aquellos que decidían dar refugio a judíos debían sacrificar sus vidas normales y emprender una existencia clandestina -a menudo contra las normas aceptadas por la sociedad en que vivían, temiendo a sus vecinos y amigos- y aceptar una vida regida por el pavor a la denuncia y la captura.
La mayoría de los salvadores eran personas corrientes. Algunos actuaban por convicción política, ideológica o religiosa; otros no eran idealistas, sino meros seres humanos a los que les importaba la gente a su alrededor. En muchos casos nunca planearon convertirse en salvadores, y no estaban en absoluto preparados para el momento en el que debieron tomar una decisión de tan largo alcance. Eran seres humanos comunes, y es precisamente su humanidad la que nos conmueve y la que debiera servir de modelo. Hasta ahora, Yad Vashem ha reconocido a Justos de 44 países y nacionalidades; hay entre ellos cristianos de todas las denominaciones e iglesias, musulmanes y agnósticos, hombres y mujeres de todas las edades; provenientes de todos los estilos de vida; altamente educados, así como campesinos analfabetos; figuras públicas y marginales; citadinos y granjeros de los más remotos rincones de Europa; profesores universitarios, maestros, médicos, clérigos, enfermeras, diplomáticos, trabajadores no calificados, sirvientes, miembros de la resistencia, policías, pescadores, un director de zoológico, el propietario de un circo, y muchos más.
Los investigadores han intentado rastrear las características que estos Justos comparten y de identificar quién sería aquel que se convertiría en salvador de judíos o a de una persona perseguida. Algunos sostienen que los Justos son un grupo diverso y que el único común denominador es la humanidad y el coraje que pusieran en juego en la defensa de sus principios morales. Samuel P. Oliner y Pearl M. Oliner han definido la personalidad altruista. Al comparar y contrastar a los salvadores con los observadores pasivos durante el Holocausto, señalaron que aquellos que decidieron actuar compartían características tales como la empatía y un gran sentido de conexión con los demás. Nehama Tec, quien también estudiara diversos casos de Justos, halló un conjunto de características y condiciones comunes, relativas a su aislamiento, individualismo y marginalidad. Su independencia les permitía actuar contra las convenciones y creencias aceptadas.

Ser observador pasivo era la regla; rescatar era la excepción. Por más difícil y atemorizador que fuese, el hecho de que algunos hubieran hallado el coraje para convertirse en salvadores demuestra la existencia de cierta libertad de elección, y que el salvataje de judíos no estaba fuera de la capacidad de las personas comunes a lo largo de la Europa ocupada. Los Justos de las Naciones nos enseñan que cada persona puede marcar la diferencia.
Existían distintos grados de ayuda: algunos daban alimentos a los judíos, deslizando una manzana en sus bolsillos o dejando comida donde estaban por pasar de camino a su trabajo. Otros derivaban a los judíos a personas que pudieran ayudarlos; algunos les daban refugio por una noche y les decían que tendrían que partir por la mañana. Sólo unos pocos asumían la total responsabilidad por la supervivencia de los judíos. Son los miembros de este último grupo, en particular, los que cumplen los requisitos para el título de Justo de las Naciones.

Principales formas de ayuda ofrecida por los Justos de las Naciones:

Ocultamiento de judíos en los hogares de los rescatadores o en sus propiedades

En las áreas rurales de Europa Oriental eran cavados guaridas o “bunkers“, como se los llamaba, debajo de casas, tambos o establos, donde los judíos pudieran ocultarse. Además de la amenaza de muerte que pendía sobre las cabezas de los judíos, las condiciones físicas en lugares tan oscuros, fríos, faltos de aire y hacinados durante largos períodos de tiempo eran difíciles de soportar. Los salvadores, también ellos aterrorizados, tomaban a su cargo las tareas de proveerles alimentos –una hazaña nada fácil para familias pobres en tiempos de guerra- retirar los excrementos y atender todas sus necesidades. Los judíos eran ocultos también en áticos, escondites en los bosques y en cualquier lugar que les pudiera ofrecer refugio, tales como cementerios, cloacas, jaulas de animales en zoológicos, etc. A veces, los judíos ocultos eran presentados como no judíos, como parientes o niños adoptados. También se ocultaban en apartamentos en ciudades, y los niños eran ubicados en conventos, donde las monjas ocultaban su verdadera identidad. En Europa Occidental, los judíos eran ocultos mayormente en hogares, granjas o conventos.
Falsificación de documentos e identidades
Con el fin de asumir la identidad de no judíos, quienes huían necesitaban documentos falsos y asistencia para establecer una existencia bajo una nueva identidad. Los salvadores en este caso eran falsificadores, o funcionarios que emitían documentos falsificados, clérigos que fraguaban certificados de bautismo, y algunos diplomáticos extranjeros que emitían visados o pasaportes, contrariando las instrucciones y la política de sus países. A fines de 1944, diplomáticos en Budapest emitieron salvoconductos e izaron sus banderas en edificios enteros, de modo de poner a los judíos bajo la inmunidad diplomática de sus países. Algunos salvadores alemanes, como Oskar Schindler, utilizaron falsos pretextos para protejer a sus trabajadores de la deportación, argumentando que los judíos en cuestión eran requeridos por el ejército para el esfuerzo de guerra.
Traslado clandestino y asistencia para la fuga
Algunos salvadores ayudaron a los judíos a salir de una zona de especial peligro hacia un lugar menos riesgoso. Sacaban a los judíos de guetos y prisiones, los ayudaban a cruzar fronteras hacia países no ocupados o a áreas donde la persecución era menos intensa, por ejemplo a la Suiza neutral, a zonas controladas por los italianos desde las cuales no se producían deportaciones, o a Hungría antes de la ocupación alemana en marzo de 1944.
El rescate de niños

Los padres enfrentaban desgarrantes dilemas a la hora de separarse de sus hijos y entregarlos a manos ajenas, en la esperanza de aumentar sus posibilidades de supervivencia. A veces, los niños abandonados luego que sus padres fueran asesinados, eran amparados por familias o conventos. En muchos casos eran individuos particulares los que decidían amparar a un niño; en otros, y en algunos países, en especial en Polonia, Bélgica, Holanda y Francia, existían organizaciones clandestinas dedicadas a hallar hogares para los niños, proveían fondos, alimentos y atención médica, y se aseguraban de que fueran bien atendidos.

Shabat Shalom

SHABAT SHALOM