¿Es Kasher la medicina?

¿Está mal procurarse atención médica? ¿Seguir las instrucciones de un médico mortal disminuye nuestra subordinación al Sanador Divino? ¿Interfiere la ciencia médica con la voluntad de Di-s? ¿Por qué ocultó el Rey Jizkiahu el “Libro de la Curación”?

La referencia original a la medicina en la Torá se encuentra en la Sección Semanal de Mishpatím (Exodo 21:19): “Si una persona golpea a otra… el atacante deberá pagar… y sanarlo”. Los Sabios explican (Bavá Kamá 85a): “De aquí aprendemos que el médico ha sido autorizado para curar”.

En otras palabras, puesto que podríamos pensar que dado que todo, incluyendo heridas y enfermedades, proviene de Di-s, quizás deberíamos por lo tanto confiar sólo en Di s para la curación. Viene la Torá y dice “No”. La víctima debe ser tratada, y sus cuentas médicas abonadas por el atacante.

Sin embargo, los comentaristas encuentran una contradicción entre esta idea y el pecado de Asa, Rey de Judea: “Cuando estaba enfermo, no buscó a Di-s sino a los médicos” (II Crónicas 16:12). ¿Implica esto que pecó al consultar con médicos, y que a ello se debe que muriera?
A continuación veremos varias posturas para resolver esta contradicción:

El Ibn Ezra (en su comentario a Levítico 21:19) establece una diferencia entre lo que denomina “heridas externas” y “enfermedades internas”. Las heridas externas tienen autorización de atención médica a partir del mencionado versículo de Exodo. Pero en el caso de las enfermedades internas, debemos volver nuestra mirada al Curador de toda carne. Iyov, quien padeció mucho dolor, se refiere a la enfermedad interna cuando expresa (5:18): “Di-s causa ambos, tanto el dolor como la curación”. El Rey Asa cometió un error, así, al emplear médicos para tratar sus enfermedades internas.

Rabeinu Bajia, y Rabí Ionatán Eibeshutz en su obra halájica Kreití uPleití (10 188:8), concuerdan con Ibn Ezra.

Otros comentaristas (véase Rambán a Levítico 21:1) establecen una diferencia entre médico y paciente. La declaración Rabínica de que “el médico tiene autorización para curar” lo faculta sólo a él, mas no al paciente. Idealmente, éste último no debe depender del médico. Pero si de todos modos escoge ir al médico, éste lo puede curar, y el enfermo no tiene prohibido seguir sus prescripciones. Aunque los médicos tienen permitido curar, no obstante, desde la perspectiva de paciente el Rey Asa actuó mal (véase Akedat Itzjak para obtener explicación adicional).

Pero Maimónides disiente enérgicamente con esto. El no ve ninguna diferencia entre médico y paciente, o entre dolores internos y externos, y dice que la Torá desea que nos procuremos de asistencia médica en todas las instancias.

Siendo así, ¿cuál fue, en la óptica de Maimónides, el problema del Rey Asa? Además, el Talmud (Pesajím, Capítulo 4, Mishná 9) declara que el Rey Jizkiahu ocultó el “Libro de la Curación” con la anuencia de los Sabios. Rashi explica que el “Libro de la Curación” era perjudicial porque “ellos no rezaban a Di-s suplicando Su curación ya que podían obtenerla por sus propios medios”.
Según la mencionada óptica de Maimónides, ¿qué tenía eso de malo?

En su Comentario a la Mishná, y en la Guía de los Perplejos (Parte 3, Capítulo 33), Maimónides resuelve esta contradicción al comparar las heridas y sus curaciones con el hambre y los alimentos.

Maimónides escribe: “Tal como agradecemos a Di-s cuando comemos, del mismo modo debemos agradecerle la curación médica de nuestras enfermedades”. Maimónides pregunta retóricamente: ¿Deberíamos acaso privarnos del alimento porque éste disminuye nuestra dependencia de Di s?
Pues entonces, ¿por qué se ocultó el “Libro de la Curación”? Hay al respecto varias respuestas, pero éstas no satisfacen a Maimónides.
Maharshá (sobre Talmud, Guitín 68b) explica que a Jizkiahu disgustó el hecho de que semejante compendio de curación permitía el acceso a todos, incluso a `gente inapropiada´, los que no creerían en absoluto en el rol de Di-s en la medicina, sino sólo en la curación humana per se.
Pero esta preocupación, dice Maharshá, se volvió luego irrelevante. Tal como posteriormente se permitió transcribir la tradición Oral en el Talmud, por temor a que fuera olvidada, del mismo modo se volvió permitido publicar las fórmulas médicas en un libro, por miedo a que fueran olvidadas. También muestra que “el Talmud engloba asimismo todas las demás ciencias y sabidurías, incluyendo la medicina”.

Maimónides mismo, quien no ve problema alguno en utilizar medicamentos, lo explica de una manera diferente: Jizkiahu ocultó el “Libro de la Curación” porque no era un libro científico confiable, sino un tratado que contenía supersticiones curativas prohibidas.

Bajo la opinión de Maimónides, una autoridad que fomenta la medicina en todas las situaciones, empero, aun nos resta comprender por qué fue pecado el hecho de que Asa consultara médicos.

El Alter Rebe Rabí Shneur Zalman de Liadí nos ofrece dos explicaciones posibles:

1) El Rey Asa tenía médicos que ejercían la brujería, similares a las “prácticas médicas” prohibidas del “Libro de la Curación” que Jizkiahu ocultó.
2) El Rey Asa pecó al confiar sólo en los médicos y no orar a Di-s en absoluto. Esto no puede compararse con satisfacer nuestro hambre con alimentos, instancia en la que sí ofrecemos nuestro agradecimiento a Di-spor nutrirnos a través de la comida que ingerimos.

Opción u Obligación de Curar

La opinión aceptada es la de Maimónides, como escribe el Rebe: “Seguimos la opinión de Maimónides para emplear la medicina en cada situación”. Según Maimónides, el médico “tiene la obligación, de acuerdo a la Torá, de curar al enfermo”.

Maimónides deriva esta obligación de curar de la mitzvá de devolver un objeto perdido, Hashavat Aveidá, que también incluye “devolverle su cuerpo”, su salud. Maimónides dice que esta mitzvá es tan grande, que incluso uno que promete no disfrutar de ningún beneficio de su semejante tiene permitido ser tratado por aquél, porque no es meramente una opción, es una mitzvá”.

Torá Temimá formula una pregunta: ¿Por qué emplea Maimónides como fuente de su decisión la ley de Hashavat Aveidá, en lugar del más obvio versículo de la Sección Bíblica de Mishpatím, “él lo curará”, del que aprendemos que el médico tiene permitido curarlo? Torá Temimá responde: ¡Maimónides quiere enfatizar que la mitzvá de curar al enfermo no es meramente optativa sino obligatoria!

Todas las demás autoridades halájicas siguen también esta opinión, como dice el Rambán en Torat HaAdam: “Esta palabra, `opcional´, significa en este caso mitzvá, pues involucra la salvación de una vida”.

El Beit Iosef, en el Shulján Aruj, dice: “La Torá permite al médico curar, y es una mitzvá salvar una vida. Si un médico no cura, derrama sangre. Aun cuando haya otros médicos disponibles, este médico debe hacer lo imposible para ayudar, porque no por vías de cada médico la persona consigue ser sanada del mismo modo”.

El Jidá aclara en su libro, Birjéi Iosef, que la obligación no recae solamente sobre el médico. También el paciente debe buscar al médico, y “está prohibido rehusarse a la atención médica”.

Ahora vayamos a la pregunta fundamental respecto de la medicina: ¿No parecería interferir con los senderos de Di-s? Puesto que Di-s ha hecho que la persona enfermara, ¿quiénes somos nosotros para inmiscuirnos y alterar el curso del destino?

La respuesta también está contenida en la declaración Talmúdica: “La Torá autoriza al médico para curar”. En otras palabras, la ciencia médica, también, es una expresión de Di-s.
El jasidismo da incluso un paso adicional. Esta `autorización´ no solamente permite al médico brindarnos tratamiento, sino que realmente lo “faculta”, le da los poderes necesarios, para curarnos adecuadamente. Di-s, quien ha golpeado a la persona, proporciona la ciencia médica al médico, brindándole las facultades necesarias para curar. ¡No hay aquí ninguna contradicción, sino el cumplimiento de la voluntad de Di-s!

Pero aun cuando nos procuramos de tratamiento médico, debemos siempre recordar que Di-s es el verdadero Médico que cura a todos los mortales. Tal como la persona hambrienta debe recordar agradecer a Di-s “quien abre Su mano y satisface las necesidades de todo ser viviente” luego de disfrutar de su comida.

Esta idea es magníficamente ilustrada por el siguiente Midrash:
Rabí Ishmael, Rabí Akivá y otra persona caminaban por Jerusalén. Un hombre enfermo se encontró con ellos y les dijo:
“¡Rabíes! ¿Cómo puedo curarme?”
Ellos le dijeron: “Haz tal y cual cosa hasta que seas curado”.
Les dijo a ellos: “¿Quién me golpeó?”
Respondieron: “Di-s”.
“¿No están ustedes entrometiéndose en algo que no les pertenece? ¿No están yendo contra Su voluntad?”
“¿Cuál es tu trabajo?”
“Soy granjero; ven, tengo una guadaña en mi mano”.
“¿Quién creó el viñedo?”
“¡Di-s!”
“¿No te estás entremetiendo en algo que no es tuyo? El creó la fruta, ¿y tú la cortas?”
“¿No ven la guadaña en mi mano? Si no labro, entremetiendo y desyerbo la tierra, nada crecerá”.
“¡Tonto! ¿No sabes de tu trabajo que `los días del hombre son como pastos altos´. Si un árbol no es podado, fertilizado y labrado, no crecerá. Si creció y no bebió agua y no fue fertilizado, pronto morirá. Así es el cuerpo: el fertilizante es la medicina y sus medicamentos, y el granjero es el médico”.

El Zohar cita de un libro en posesión de un Doctor Kartna: “Cuando un médico sabio va a visitar al enfermo, lo encuentra en estado yermo”. Esto significa lo siguiente: La enfermedad lo ha puesto en la cárcel del rey, llamada “el desierto yermo”. Ahora bien, dado que Di s ordenó que fuera arrestado y puesto en la cárcel, ¿no debería tratar de volver a Di s y arrepentirse? El Rey David dice en los Salmos: Ashrei Maskíl el dal, `Afortunada la persona que es sabia con el hombre pobre´. La persona que yace en su lecho de enfermo es pobre. Si su amigo es un médico sabio, Di s bendice sus esfuerzos por curar.

Curar el Cuerpo y el Alma

Otra pregunta: Es sabido que las 248 mitzvot positivas de la Torá se corresponden con los 248 órganos de la persona, mientras que los 365 mandamientos negativos se corresponden con las 365 venas y arterias. En otras palabras: la estructura física del cuerpo del hombre depende de su estructura espiritual, como declara el Midrash: “Di-s dice al hombre: `tienes 248 órganos, y hay 248 mitzvot positivas. Si cuidas la Torá, Yo cuidaré tu cuerpo´”.

Si es tan simple, ¡que la persona enferma se arrepienta y mejore espiritualmente… y se curará! ¿Para qué precisamos médicos? Si el problema es básicamente espiritual, que la persona recupere lo que le falta en Torá y mitzvot, ¡y listo! Además: ¿cómo puede ayudar la prescripción de un médico, cuando según la Torá las mitzvot deberían ser la verdadera `prescripción´?

Según el Alter Rebe, hay una diferencia entre las ideales épocas del Santo Templo y nuestras más oscuras épocas en el exilio. Cuando el Gran Templo estaba en pie, el ser físico y el ser espiritual del judío estaban más estrechamente entretejidos. Cuando el judío observaba todas las mitzvot los 613 `órganos´ espirituales como debía ser, así las 613 partes de su cuerpo se encontraban en su nivel deseado. Como está escrito en la Torá: “Si escucharás la voz de Di s… no pondré sobre ti ninguna enfermedad, porque Yo, Di s, soy tu Curador”. Si, Di-s libre, a un judío le faltaban mitzvot, ¡ninguna de las medicinas del mundo podrían curarlo!

Pero cuando estamos en exilio, las cosas son diferentes. Hay canales `alternativos´ de la maldad de la sitrá ajará un concepto cabalístico que literalmente se traduce como `el otro lado´ (opuesto al de la santidad) que también dan vida. El judío tiene libre albedrío para elegir entre dos fuentes de las que él puede recibir su nutrición vital; a través de la santidad, al observar las 613 mitzvot o, Di-s libre, de otras maneras: la medicina, etc.
Esta explicación del Alter Rebe nos ayuda también a resolver la contradicción anterior entre “él será curado” en relación con el pecado del Rey Asa, y el hecho de que el Rey Jizkiahu ocultara el “Libro de la Curación”. El hecho de que Asa muriera por su enfermedad no fue un castigo, sino un resultado directo y natural de su comportamiento; “él no buscó a Di-s” en la época del Templo. Los médicos no le podían ayudar en absoluto, dado que él no sostuvo sus 613 `órganos´ espirituales.

Esto explica también por qué fue escondido el “Libro de la Curación”. No porque olvidarían a Di-s, o porque fuera supersticioso, sino porque sin “buscar a Di-s” a través de cumplir las 613 mitzvot adecuadamente, semejante libro no tendría valor. ¡Una vez que cumplía las mitzvot adecuadamente, la persona no necesitaba el libro para nada! ¡En esa época, ese libro era ciertamente innecesario!

Naturaleza

En la serie de Igrot Kodesh, el Rebe da otra explicación:

Aunque nuestros 613 órganos, venas y arterias, dependen directamente de las 613 mitzvot, no obstante precisamos de la medicina y de los médicos porque “Estamos en el más bajo de los mundos que fue creado por Di-s. En su conducta física exterior, a nuestros ojos éste parece ser exclusivamente natural, pero en esencia es Divino. Todos los conceptos e ideales espirituales deben estar conectados con la naturaleza”.
En otras palabras: Es cierto que la salud física de la persona depende de la salud de su alma. Pero como sucede con todo lo demás en nuestro mundo físico, ésta está conectada con el mundo natural, lo que nos hace necesario procurar asistencia médica.
Esto explica también una historia sobre el Alter Rebe.
El Alter Rebe curó cierta vez a alguien dándole un trozo de su matzá shemurá y media taza de agua. Puesto que no lo curó de manera natural, ¿por qué precisaba el trozo de matzá y agua? Probablemente porque debe haber una base natural, aun cuando sea muy sutil.
Vale la pena notar que comúnmente, cuando se pide al Rebe una bendición por un problema médico, él nos instruye a incrementar nuestro empeño en Torá y mitzvot, sea agregando una mitzvá, revisando la aptitud religiosa de los tefilín y las mezuzot, etc.
Esto se combina bien con la explicación del Alter Rebe. Por un lado hay una necesidad de proveer una `base natural´ al consultar a médicos y expertos clínicos, y seguir sus instrucciones. Por el otro, la persona debe esforzarse también por mejorar sus `órganos´ espirituales.
Combinando lo físico con lo espiritual, el Rebe nos devuelve a la época del Beit HaMikdash, cuando los aspectos físicos y espirituales de la vida estaban estrechamente conectados.

Quiera Di-s que el Beit HaMikdash sea reconstruido prontamente a través del Mashíaj, cuando mereceremos ser totalmente curados, ya mismo en nuestros días.

http://www.tora.org.ar/

¿Es Kasher la medicina?

¿Está mal procurarse atención médica? ¿Seguir las instrucciones de un médico mortal disminuye nuestra subordinación al Sanador Divino? ¿Interfiere la ciencia médica con la voluntad de Di-s? ¿Por qué ocultó el Rey Jizkiahu el “Libro de la Curación”?


La referencia original a la medicina en la Torá se encuentra en la Sección Semanal de Mishpatím (Exodo 21:19): “Si una persona golpea a otra… el atacante deberá pagar… y sanarlo”. Los Sabios explican (Bavá Kamá 85a): “De aquí aprendemos que el médico ha sido autorizado para curar”.
En otras palabras, puesto que podríamos pensar que dado que todo, incluyendo heridas y enfermedades, proviene de Di-s, quizás deberíamos por lo tanto confiar sólo en Di s para la curación. Viene la Torá y dice “No”. La víctima debe ser tratada, y sus cuentas médicas abonadas por el atacante.

Sin embargo, los comentaristas encuentran una contradicción entre esta idea y el pecado de Asa, Rey de Judea: “Cuando estaba enfermo, no buscó a Di-s sino a los médicos” (II Crónicas 16:12). ¿Implica esto que pecó al consultar con médicos, y que a ello se debe que muriera?

A continuación veremos varias posturas para resolver esta contradicción:

El Ibn Ezra (en su comentario a Levítico 21:19) establece una diferencia entre lo que denomina “heridas externas” y “enfermedades internas”. Las heridas externas tienen autorización de atención médica a partir del mencionado versículo de Exodo. Pero en el caso de las enfermedades internas, debemos volver nuestra mirada al Curador de toda carne. Iyov, quien padeció mucho dolor, se refiere a la enfermedad interna cuando expresa (5:18): “Di-s causa ambos, tanto el dolor como la curación”. El Rey Asa cometió un error, así, al emplear médicos para tratar sus enfermedades internas.

Rabeinu Bajia, y Rabí Ionatán Eibeshutz en su obra halájica Kreití uPleití (10 188:8), concuerdan con Ibn Ezra.

Otros comentaristas (véase Rambán a Levítico 21:1) establecen una diferencia entre médico y paciente. La declaración Rabínica de que “el médico tiene autorización para curar” lo faculta sólo a él, mas no al paciente. Idealmente, éste último no debe depender del médico. Pero si de todos modos escoge ir al médico, éste lo puede curar, y el enfermo no tiene prohibido seguir sus prescripciones. Aunque los médicos tienen permitido curar, no obstante, desde la perspectiva de paciente el Rey Asa actuó mal (véase Akedat Itzjak para obtener explicación adicional).

Pero Maimónides disiente enérgicamente con esto. El no ve ninguna diferencia entre médico y paciente, o entre dolores internos y externos, y dice que la Torá desea que nos procuremos de asistencia médica en todas las instancias.

Siendo así, ¿cuál fue, en la óptica de Maimónides, el problema del Rey Asa? Además, el Talmud (Pesajím, Capítulo 4, Mishná 9) declara que el Rey Jizkiahu ocultó el “Libro de la Curación” con la anuencia de los Sabios. Rashi explica que el “Libro de la Curación” era perjudicial porque “ellos no rezaban a Di-s suplicando Su curación ya que podían obtenerla por sus propios medios”.
Según la mencionada óptica de Maimónides, ¿qué tenía eso de malo?

En su Comentario a la Mishná, y en la Guía de los Perplejos (Parte 3, Capítulo 33), Maimónides resuelve esta contradicción al comparar las heridas y sus curaciones con el hambre y los alimentos.

Maimónides escribe: “Tal como agradecemos a Di-s cuando comemos, del mismo modo debemos agradecerle la curación médica de nuestras enfermedades”. Maimónides pregunta retóricamente: ¿Deberíamos acaso privarnos del alimento porque éste disminuye nuestra dependencia de Di s?
Pues entonces, ¿por qué se ocultó el “Libro de la Curación”? Hay al respecto varias respuestas, pero éstas no satisfacen a Maimónides.
Maharshá (sobre Talmud, Guitín 68b) explica que a Jizkiahu disgustó el hecho de que semejante compendio de curación permitía el acceso a todos, incluso a `gente inapropiada´, los que no creerían en absoluto en el rol de Di-s en la medicina, sino sólo en la curación humana per se.
Pero esta preocupación, dice Maharshá, se volvió luego irrelevante. Tal como posteriormente se permitió transcribir la tradición Oral en el Talmud, por temor a que fuera olvidada, del mismo modo se volvió permitido publicar las fórmulas médicas en un libro, por miedo a que fueran olvidadas. También muestra que “el Talmud engloba asimismo todas las demás ciencias y sabidurías, incluyendo la medicina”.

Maimónides mismo, quien no ve problema alguno en utilizar medicamentos, lo explica de una manera diferente: Jizkiahu ocultó el “Libro de la Curación” porque no era un libro científico confiable, sino un tratado que contenía supersticiones curativas prohibidas.

Bajo la opinión de Maimónides, una autoridad que fomenta la medicina en todas las situaciones, empero, aun nos resta comprender por qué fue pecado el hecho de que Asa consultara médicos.

El Alter Rebe Rabí Shneur Zalman de Liadí nos ofrece dos explicaciones posibles:

1) El Rey Asa tenía médicos que ejercían la brujería, similares a las “prácticas médicas” prohibidas del “Libro de la Curación” que Jizkiahu ocultó.
2) El Rey Asa pecó al confiar sólo en los médicos y no orar a Di-s en absoluto. Esto no puede compararse con satisfacer nuestro hambre con alimentos, instancia en la que sí ofrecemos nuestro agradecimiento a Di-spor nutrirnos a través de la comida que ingerimos.

Opción u Obligación de Curar

La opinión aceptada es la de Maimónides, como escribe el Rebe: “Seguimos la opinión de Maimónides para emplear la medicina en cada situación”. Según Maimónides, el médico “tiene la obligación, de acuerdo a la Torá, de curar al enfermo”.

Maimónides deriva esta obligación de curar de la mitzvá de devolver un objeto perdido, Hashavat Aveidá, que también incluye “devolverle su cuerpo”, su salud. Maimónides dice que esta mitzvá es tan grande, que incluso uno que promete no disfrutar de ningún beneficio de su semejante tiene permitido ser tratado por aquél, porque no es meramente una opción, es una mitzvá”.

Torá Temimá formula una pregunta: ¿Por qué emplea Maimónides como fuente de su decisión la ley de Hashavat Aveidá, en lugar del más obvio versículo de la Sección Bíblica de Mishpatím, “él lo curará”, del que aprendemos que el médico tiene permitido curarlo? Torá Temimá responde: ¡Maimónides quiere enfatizar que la mitzvá de curar al enfermo no es meramente optativa sino obligatoria!

Todas las demás autoridades halájicas siguen también esta opinión, como dice el Rambán en Torat HaAdam: “Esta palabra, `opcional´, significa en este caso mitzvá, pues involucra la salvación de una vida”.

El Beit Iosef, en el Shulján Aruj, dice: “La Torá permite al médico curar, y es una mitzvá salvar una vida. Si un médico no cura, derrama sangre. Aun cuando haya otros médicos disponibles, este médico debe hacer lo imposible para ayudar, porque no por vías de cada médico la persona consigue ser sanada del mismo modo”.

El Jidá aclara en su libro, Birjéi Iosef, que la obligación no recae solamente sobre el médico. También el paciente debe buscar al médico, y “está prohibido rehusarse a la atención médica”.

Ahora vayamos a la pregunta fundamental respecto de la medicina: ¿No parecería interferir con los senderos de Di-s? Puesto que Di-s ha hecho que la persona enfermara, ¿quiénes somos nosotros para inmiscuirnos y alterar el curso del destino?

La respuesta también está contenida en la declaración Talmúdica: “La Torá autoriza al médico para curar”. En otras palabras, la ciencia médica, también, es una expresión de Di-s.
El jasidismo da incluso un paso adicional. Esta `autorización´ no solamente permite al médico brindarnos tratamiento, sino que realmente lo “faculta”, le da los poderes necesarios, para curarnos adecuadamente. Di-s, quien ha golpeado a la persona, proporciona la ciencia médica al médico, brindándole las facultades necesarias para curar. ¡No hay aquí ninguna contradicción, sino el cumplimiento de la voluntad de Di-s!

Pero aun cuando nos procuramos de tratamiento médico, debemos siempre recordar que Di-s es el verdadero Médico que cura a todos los mortales. Tal como la persona hambrienta debe recordar agradecer a Di-s “quien abre Su mano y satisface las necesidades de todo ser viviente” luego de disfrutar de su comida.

Esta idea es magníficamente ilustrada por el siguiente Midrash:
Rabí Ishmael, Rabí Akivá y otra persona caminaban por Jerusalén. Un hombre enfermo se encontró con ellos y les dijo:
“¡Rabíes! ¿Cómo puedo curarme?”
Ellos le dijeron: “Haz tal y cual cosa hasta que seas curado”.
Les dijo a ellos: “¿Quién me golpeó?”
Respondieron: “Di-s”.
“¿No están ustedes entrometiéndose en algo que no les pertenece? ¿No están yendo contra Su voluntad?”
“¿Cuál es tu trabajo?”
“Soy granjero; ven, tengo una guadaña en mi mano”.
“¿Quién creó el viñedo?”
“¡Di-s!”
“¿No te estás entremetiendo en algo que no es tuyo? El creó la fruta, ¿y tú la cortas?”
“¿No ven la guadaña en mi mano? Si no labro, entremetiendo y desyerbo la tierra, nada crecerá”.
“¡Tonto! ¿No sabes de tu trabajo que `los días del hombre son como pastos altos´. Si un árbol no es podado, fertilizado y labrado, no crecerá. Si creció y no bebió agua y no fue fertilizado, pronto morirá. Así es el cuerpo: el fertilizante es la medicina y sus medicamentos, y el granjero es el médico”.

El Zohar cita de un libro en posesión de un Doctor Kartna: “Cuando un médico sabio va a visitar al enfermo, lo encuentra en estado yermo”. Esto significa lo siguiente: La enfermedad lo ha puesto en la cárcel del rey, llamada “el desierto yermo”. Ahora bien, dado que Di s ordenó que fuera arrestado y puesto en la cárcel, ¿no debería tratar de volver a Di s y arrepentirse? El Rey David dice en los Salmos: Ashrei Maskíl el dal, `Afortunada la persona que es sabia con el hombre pobre´. La persona que yace en su lecho de enfermo es pobre. Si su amigo es un médico sabio, Di s bendice sus esfuerzos por curar.

Curar el Cuerpo y el Alma

Otra pregunta: Es sabido que las 248 mitzvot positivas de la Torá se corresponden con los 248 órganos de la persona, mientras que los 365 mandamientos negativos se corresponden con las 365 venas y arterias. En otras palabras: la estructura física del cuerpo del hombre depende de su estructura espiritual, como declara el Midrash: “Di-s dice al hombre: `tienes 248 órganos, y hay 248 mitzvot positivas. Si cuidas la Torá, Yo cuidaré tu cuerpo´”.

Si es tan simple, ¡que la persona enferma se arrepienta y mejore espiritualmente… y se curará! ¿Para qué precisamos médicos? Si el problema es básicamente espiritual, que la persona recupere lo que le falta en Torá y mitzvot, ¡y listo! Además: ¿cómo puede ayudar la prescripción de un médico, cuando según la Torá las mitzvot deberían ser la verdadera `prescripción´?

Según el Alter Rebe, hay una diferencia entre las ideales épocas del Santo Templo y nuestras más oscuras épocas en el exilio. Cuando el Gran Templo estaba en pie, el ser físico y el ser espiritual del judío estaban más estrechamente entretejidos. Cuando el judío observaba todas las mitzvot los 613 `órganos´ espirituales como debía ser, así las 613 partes de su cuerpo se encontraban en su nivel deseado. Como está escrito en la Torá: “Si escucharás la voz de Di s… no pondré sobre ti ninguna enfermedad, porque Yo, Di s, soy tu Curador”. Si, Di-s libre, a un judío le faltaban mitzvot, ¡ninguna de las medicinas del mundo podrían curarlo!

Pero cuando estamos en exilio, las cosas son diferentes. Hay canales `alternativos´ de la maldad de la sitrá ajará un concepto cabalístico que literalmente se traduce como `el otro lado´ (opuesto al de la santidad) que también dan vida. El judío tiene libre albedrío para elegir entre dos fuentes de las que él puede recibir su nutrición vital; a través de la santidad, al observar las 613 mitzvot o, Di-s libre, de otras maneras: la medicina, etc.
Esta explicación del Alter Rebe nos ayuda también a resolver la contradicción anterior entre “él será curado” en relación con el pecado del Rey Asa, y el hecho de que el Rey Jizkiahu ocultara el “Libro de la Curación”. El hecho de que Asa muriera por su enfermedad no fue un castigo, sino un resultado directo y natural de su comportamiento; “él no buscó a Di-s” en la época del Templo. Los médicos no le podían ayudar en absoluto, dado que él no sostuvo sus 613 `órganos´ espirituales.

Esto explica también por qué fue escondido el “Libro de la Curación”. No porque olvidarían a Di-s, o porque fuera supersticioso, sino porque sin “buscar a Di-s” a través de cumplir las 613 mitzvot adecuadamente, semejante libro no tendría valor. ¡Una vez que cumplía las mitzvot adecuadamente, la persona no necesitaba el libro para nada! ¡En esa época, ese libro era ciertamente innecesario!

Naturaleza

En la serie de Igrot Kodesh, el Rebe da otra explicación:

Aunque nuestros 613 órganos, venas y arterias, dependen directamente de las 613 mitzvot, no obstante precisamos de la medicina y de los médicos porque “Estamos en el más bajo de los mundos que fue creado por Di-s. En su conducta física exterior, a nuestros ojos éste parece ser exclusivamente natural, pero en esencia es Divino. Todos los conceptos e ideales espirituales deben estar conectados con la naturaleza”.
En otras palabras: Es cierto que la salud física de la persona depende de la salud de su alma. Pero como sucede con todo lo demás en nuestro mundo físico, ésta está conectada con el mundo natural, lo que nos hace necesario procurar asistencia médica.
Esto explica también una historia sobre el Alter Rebe.
El Alter Rebe curó cierta vez a alguien dándole un trozo de su matzá shemurá y media taza de agua. Puesto que no lo curó de manera natural, ¿por qué precisaba el trozo de matzá y agua? Probablemente porque debe haber una base natural, aun cuando sea muy sutil.
Vale la pena notar que comúnmente, cuando se pide al Rebe una bendición por un problema médico, él nos instruye a incrementar nuestro empeño en Torá y mitzvot, sea agregando una mitzvá, revisando la aptitud religiosa de los tefilín y las mezuzot, etc.
Esto se combina bien con la explicación del Alter Rebe. Por un lado hay una necesidad de proveer una `base natural´ al consultar a médicos y expertos clínicos, y seguir sus instrucciones. Por el otro, la persona debe esforzarse también por mejorar sus `órganos´ espirituales.
Combinando lo físico con lo espiritual, el Rebe nos devuelve a la época del Beit HaMikdash, cuando los aspectos físicos y espirituales de la vida estaban estrechamente conectados.

Quiera Di-s que el Beit HaMikdash sea reconstruido prontamente a través del Mashíaj, cuando mereceremos ser totalmente curados, ya mismo en nuestros días.

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Tefilá para el marido cuando su señora está embarazada

Señor del Mundo, agradezco delante de Ti por haberte apiadado de mí y hacer que mi esposa se encuentre embarazada:
Que el nombre de Hashem sea bendecido y elevado por sobre toda la bendición y alabanza. Que sea Tu Voluntad, Hashem nuestro y nuestros Patriarcas, que te apiades sobre todas las mujeres embarazadas de Tu Pueblo Israel, alivianes de ellas el dolor del embarazo y las protejas para que no aborten. Aquellas que se encuentren en el momento del parto, sálvalas con Tu Gran Piedad de todo mal y que den luz para buena vida. Entre ellas, apiádate sobre tu sierva mi esposa (recordar su nombre) y aliviana el dolor de su embarazo.

Que cuando llegue el momento del nacimiento, el bebé nazca en buena hora y cono un buen Mazal para nosotros y para él. Que se encuentre completo en todos sus miembros y sentidos, que decretes sobre él buenos decretos y que sea favorable su Mazal. Que se alegre mi mujer por el fruto de su vientre en este mundo y en el venidero. Que no nos avergoncemos ni tengamos tropiezos eternamente, porque en Tu Nombre Sagrado Grande, Poderoso y Temible confiamos.

Hashem Piadoso, apiádate sobre nosotros, haz callar la boca del Satán y que no acuse a mi esposa en el momento del parto. Sobre todos los que se levantan sobre nosotros para hacernos mal, haz caer sobre ellos el miedo y el temor. Con la grandeza de tu brazo haz que se callen como la piedra.

Rápidamente adelanta Tu Piedad porque hemos empobrecido mucho. Dueño de la piedad, compórtate con nosotros con Tu cualidad de piedad y favor, favorécenos más allá del juicio estricto y nos juzgues por nuestros actos, Haz con nosotros caridad y favor por Tu Nombre Grande y otórganos larga vida para servirte.

Danos el mérito a mi esposa y a mí de llegar a la ancianidad en nuestra Tierra Sagrada y de allegarnos de ver nuestros descendientes haciendo tu voluntad. Que completemos todo nuestra alma y espíritu debe realizar en esta vida y tengamos el zejut de vivir y heredar el bien y la bendición para el mundo venidero. Para poder cantar Tu Honra sin callar, Hashem mío, por siempre te agradeceré. Haz por Tu Gran Piedad y por nuestros Patriarcas Sagrados: Abraham, Itzjak e Israel tus siervos, por Moshe y Aharon, Iosef y David y por todos los Sadikim.

Que el Zejut de ellos nos proteja. Hazlo por Ti, no por nosotros.
Que sean de Tu Voluntad lo dichos de mi boca y el pensamiento de mi corazón delante de Ti Hashem mi protector y mi Salvador.

Del Origen Divino de la Torá (II)

Del Origen Divno de la Torá Oral

En la introducción a su obra Mishné Torá escribe RaMBaM: “Todas las mitzvot le fueron dadas a Moisés en el monte Sinaí, con su correspondiente significado, como está escrito: “Y te doy las tablas de piedra, la Torá y la mitzvá; la Torá es la Ley escrita y la mitzvá es la Ley oral”. Antes de su muerte Moisés puso por escrito toda la Torá. Le dio un libro a cada una de las tribus, y otro libro fue puesto en el Arca para todo tiempo… No puso por escrito la mitzvá, que es la explicación de la Torá, pero la enseñó a los ancianos, a Iehoshúa y a todo Israel”.

¿Por qué no la puso Moisés por escrito? ¿Por qué nos dio D-s parte de la Ley por escrito y su interpretación general en forma oral?

Si examináramos los métodos de enseñanza de las distintas instituciones educacionales veríamos que la instrucción se basa, usualmente, en material escrito al que se le agrega una explicación oral. La lección escrita no puede, por sí misma, presentar la substancia de un modo totalmente carente de ambigüedad, ni puede agotar efectivamente todas las posibilidades que ofrece la explicación oral. Por consiguiente, nuestra Ley nos fue dada del modo más efectivo combinando los preceptos escritos concisamente con una amplia y detallada explicación oral tendiente a ilustrar la implementación de los preceptos en uso.

Además, puesto que la nuestra es una Ley viva, que liga al judío a cualquier sociedad en la que viva, aquélla debe ser claramente entendida a la luz de las civilizaciones cambiantes y las distintas sociedades. ¿Qué requiere la Ley en distintos sistemas de comercio, cómo nos orienta para vivir en una era tecnológica de avanzada, cuál debe ser nuestra posición moral en vista de los efectos del avance tecnológico sobre la sociedad? Por ejemplo:

a) ¿Cuál es la actitud de la Ley respecto de la polución ambiental, los derechos de privacidad o los precios exorbitantes?

b)¿Cuál debe ser nuestra actitud hacia los numerosos artefactos eléctricos? ¿Puede el hígado ser asado sobre un artefacto eléctrico en lugar de serlo sobre fuego? ¿Puede cumplirse el precepto de la bendición después de la comida haciendo uso de un micrófono? ¿Los platos de carne o leche tratados químicamente son casher?

Para la Historia

Aun cuando la explicación hubiese sido puesta por escrito, habría sido necesario agregar, con el correr del tiempo, nuevas interpretaciones. Y así fue como Rabí Iehudá Hanasí decidió que la Ley Oral debía ser registrada pues “es tiempo de realizar la obra de D-s y difundir Tu Ley” (Berajot LIVa). Recopiló todas las leyes existentes hasta fines del siglo II de la era actual y le dio a esta colección el nombre de Mishná. Con la ayuda de esta obra la gente de su generación pudo estudiar la Ley y recordarla más fácilmente. Pero pronto resultó obvio que esa explicación era solo apropiada para su generación.

Las explicaciones de la Mishná requirieron trescientos años en ser compiladas y son conocidas con el nombre de Talmud. Rabina y Rav Ashi, que lo organizaron y completaron, confiaron en que sirviese como una clara exposición de la Ley para los estudiosos de su generación y las siguientes. Pero el Talmud tuvo que ser interpretado ya para la siguiente generación y de este modo, los comentarios de los Gueonim y los Rishonim fueron anexados a él.

En la introducción a su Mishné Torá, compilada en 1180 e. a., RaMBaM escribe: “En ese tiempo hubo muchas aflicciones y nuestros problemas inmediatos ensombrecieron todo lo demás, y la sabiduría de JaZaL (sabios) se perdió, y el conocimiento de nuestros eruditos se tornó oscuro. En consecuencia, las interpretaciones, leyes y respuestas escritas por los Gueonim, que parecían perfectamente claras, se tornaron difíciles de entender y solo unos pocos pueden interpretar correctamente su sentido. Obviamente esto es también cierto respecto de los comentarios sobre el Talmud jerosolimitano, el babilónico, Sifra, Sifre y la Tosefta, que requieren conocimiento, reflexión e inteligencia, además de mucho tiempo para estudiar en ellos qué está prohibido y qué permitido, como así también los demás preceptos de la Torá. Por esta razón me animé a mí mismo, yo, Moisés Ben Maimón, el sefaradí, y tomando fuerzas de D-s estudié todos esos libros y decidí compilar lo que he entendido de ellos respecto de lo que está prohibido y lo que está permitido, de modo que haya aquí una Ley oral completa, comprensible para todos, sin necesidad de cuestionamientos ni disecciones”.

En el año 1565 apareció la primera edición del Shulján Aruj, escrito por Rabí Iosef Caro, quien se basó en los estudios de los Rishonim, los Gueonim, los Amoraím, los Tanaím y así sucesivamente hasta Moisés (Séfer Haikarim III, 23).

Durante nuestro siglo XX el Jafetz Jaím compiló la Mishná Berurá. Este libro es un compendio de las decisiones halájicas de nuestros sabios de bendita memoria respecto de todos los aspectos de la vida cotidiana. En la introducción a su obra el autor escribe: “Estudiar cada precepto del Shulján Aruj, tanto en su sentido llano como en el más profundo, desde el Tur y Bet Iosef, puede ser ahora muy dificultoso para una persona porque en nuestra gran iniquidad la cantidad de creyentes se ha reducido en tanto que nuestras ansiedades se han acrecentado, de modo que si una persona desea efectuar este estudio para aprender cabalmente un tema simple debe trabajar en él unos cuantos días y, en ocasiones, hasta varias semanas…” No cabe duda de que si RaMBaM y el autor del Shulján Aruj hubieran podido ver la Mishná Berurá, la hubieran aprobado, al igual que lo hubieran hecho Rabí Iehudá Hanasí y todos los tanaítas y amoraítas que compilaron el Talmud, aun cuando no hubiesen juzgado necesario redactar una obra así en su generación.

Muchos lectores seguramente sabrán que desde que la Mishná Berurá fue escrita se publicaron otros libros basados en esta obra y en las resoluciones de grandes rabinos contemporáneos, que contienen nuevos temas y dictámenes que surgieron desde entonces y que continúan apareciendo cada año.

De esta revista histórica, entonces, resulta claro que a pesar de que la Ley oral fue registrada, eventualmente, permaneció, básicamente, como una tradición oral totalmente distinta de la Ley escrita. Todo lo que ha sido consignado después del cierre de la Torá es considerado como Ley oral, la que sigue siendo expuesta actualmente. Todo aquél que se dirige a un rabino o a un maestro respecto de algún problema contribuye a la continua creación de la Ley oral. Se entiende, también, que muchos de esos asuntos exigen un estudio cuidadoso de lo que fuera escrito por las generaciones anteriores y una explicación pormenorizado en una forma comprensible para nuestra generación.

Más aún, al poner a consideración actualmente nuevas cuestiones cumplimos el precepto de la Torá consignado en Devarim XVII, 8-11: “Cuando alguna causa te fuera oculta en juicio entre sangre y sangre, entre causa y causa, y entre llaga y llaga, en negocios de litigio en tus ciudades; entonces te levantarás y recurrirás al lugar que el Señor, tu D-s, te escogiere. Y vendrás a los sacerdotes y levitas, y al juez que fuere en aquellos días, y preguntarás; y te enseñarán la sentencia del juicio. Y harás según la sentencia que te indicaren los del lugar que el Señor escogiera, y cuidarás de hacer según todo lo que te manifestaren. Según la ley que ellos te enseñaren, y según el juicio que te dijeron, harás: no te apartarás ni a diestra ni a siniestra de la sentencia que te mostraron”.

Manual de la Mitzvá

La explicación que nos fuera dada por D-s con la Torá nos capacita para comprender Su intención y nos orienta de tal modo que podemos cumplir los preceptos en la actualidad. Sin esta explicación no entenderíamos, en realidad, la intención subyacente de gran parte del texto, ni sabríamos cómo llevar a la práctica los preceptos de la Torá.

Por ejemplo, entre las instrucciones para sacrificar una res se consigna: “… matarás de tus vacas y de tus ovejas que el Señor te hubiera dado, como te he mandado Yo, y comerás en tus puertas…” (Devarim XII, 21). Pero en ningún lugar de la Torá se explica con precisión cuál es el lugar del cuerpo escogido para efectuar el sacrificio del animal. En ningún lugar de la Torá se discute este tema, a pesar de que el texto afirma: “como te he mandado”. ¡El precepto fue transmitido en forma oral, y no por escrito!

En Devarim XXII, 13-29, leemos que una joven prometida que transgrede no recibe el mismo castigo que una mujer casada que incurre en el mismo pecado. Pero en ningún lugar de la Torá se definen con precisión los términos compromiso y casamiento. El alcance y significado de estas dos palabras a las que alude la Torá fueron dados oralmente.

También hay versículos que parecen contradecirse mutuamente. En Vaikrá XII, 15: “Sietedías comerás ázimos y en Devarim XVI, 8: “Seis días comerás ázimos”. De la Ley Oral entendemos que la comida de ázimos es obligatoria el primer día, pero no los seis días siguientes.

De modo semejante sabemos por la Ley Oral que el precepto sobre la “cidra” en Sucot se refiere al Etrog, ya que conocemos qué son, exactamente, las aristas y sinuosidades laterales que la Torá prohibe sean dañadas. Asimismo el versículo “y has de atarlas por señal en tu mano, y estarán por frontales entre tus ojos” (Devarim VI, 8) indica que las filactelias o tefilín deben ser colocadas en el brazo y la cabeza. Sin la explicación oral no sabríamos qué es la “señal”, qué debemos atar o en qué lugar del brazo o cabeza colocarlas.

Rabí Shimshón Refael Hirsh compara la relación entre la Ley oral y la escrita con la existente entre los apuntes tomados durante una disertación y la disertación misma. Los apuntes taquigráficos le resultan suficientemente claros al que ha escuchado la disertación, pero le pueden resultar incomprensibles al que no la ha oído. Las pocas palabras, letras o signos son suficientes para recordarle al primero la progresión de ideas y comentarios de la disertación, pero para el último constituyen solo un rompecabezas.

Como hemos visto, solo una comprensión total de la Ley escrita puede capacitarnos para profundizar sus requerimientos e instrucciones. El problema que le sigue es, naturalmente, qué cualidades son necesarias para estar en condiciones de lograr este conocimiento de la Torá. Para obtener una respuesta debemos efectuar un paralelo con la disciplina de la poética, a la que D-s se refiere en la Torá.

En Devarim XXXI 19, leemos: “Ahora, pues, escribíos este cántico y enséñalo a los hijos de Israel; ponlo en boca de ellos para que este cántico Me sea por testigo contra los hijos de Israel”.

D-s le ordena a Israel copiar la Ley que El dio oralmente y en Su precepto se refiere a la Ley como un cántico, es decir, poesía. El análisis de la poesía es una materia enseñada en muchas escuelas y en distintos niveles. Una persona que no tiene sensibilidad poética la considerará carente de importancia. Pero quien sí la posee comprenderá el tema y aprenderá mucho de la estructura de los versos, la rima y la forma en la cual se expresa el tema del poema. Los poemas son distintos a los ensayos y los relatos, pues están escritos en un estilo peculiar y sólo aluden al tema que tratan. El análisis de la poesía nos hace deducir las aplicaciones, obtener un panorama claro del tema abordado y observar la actitud del poeta (HaNaTziv en su introducción al comentario sobre la Torá, Haémek Davar).

Veamos si una persona de cierto país puede ser capaz de analizar la obra del poeta nacional de otro país. Lo primero que le hace falta es un sentimiento natural por la poesía, o adquirido a través del estudio. Aún cuando se lo considerase una autoridad en Poética, tendría que estudiar el idioma del poeta. Su comprensión se vería enriquecida, ciertamente, por el conocimiento de la historia, sociología y geografía de su país, su infancia, educación y aspecto. Además, debe leer permanentemente las obras del poeta.

En todos los campos hay expertos cuyas opiniones deben ser conocidas porque desarrollan un entendimiento instintivo de su materia como resultado de su permanente y esforzado estudio. Esto es aún más cierto en el caso del estudio de la Torá. El conocimiento completo de la Torá no consiste sólo en conocer lo escrito actualmente, aunque para ello uno deba concentrar todas sus facultades para adquirir el vasto conocimiento contenido en los veinticuatro libros de las Sagradas Escrituras. El conocimiento cabal consiste en comprender el sentido de la Torá, esto es: como resultado de su vasto conocimiento de la Torá, una persona ilustrada percibe intuitivamente el sentido de los preceptos de D-s. Cuando ha absorbido todas las instrucciones de la Torá se vuelve naturalmente capaz, con la ayuda de su experiencia e instintos adquiridos, de ponerlas en práctica. La concentración total no le es suficiente, al estudiante, para adquirir ese instinto. Esto le exige la entrega total de todo su ser. Solo aquél que posee la cualidad de la dedicación íntegra a sus estudios puede ser considerado una autoridad en la Ley y merecer el título de “sabio”. Los sentidos e instintos de este hombre han sido agudizados y su ser interior ha adquirido la capacidad de entender las sutiles diferencias en las palabras de la Torá y sus leyes.

Nuestros sabios poseían estas cualidades. Es interesante leer, en este sentido, las palabras del historiador Flavio Josefo al final de su libro “Antigüedades de los judíos”:

Nosotros, los judíos, no reverenciamos a aquéllos que conocen distintos idiomas y pueden mejorar su habla, dado que éstas son cosas que cualquiera puede hacer; no sólo los hombres libres sino incluso los esclavos liberados lo saben. Los únicos a los que llamamos sabios son aquéllos que poseen un total conocimiento de la Torá, que pueden explicar e interpretar la Biblia de acuerdo con su sentido y palabras. Si bien hay muchos que trabajan y se esfuerzan por estudiar la Torá, solo dos o tres han alcanzado este grado de perfección.

Además, la Torá es esencialmente un código que orienta e instruye al hombre en todo lo que hace, y no siempre en la forma en que su naturaleza lo dirige o induce. Por consiguiente, la capacidad de estudiar la Torá y entender su sentido puede darse solo en un hombre preparado de antemano para practicar todo lo que le demanden sus investigaciones, aunque ello atente contra su cuerpo, su alma o su propiedad. Una persona que pone reparos instintivos para cumplir la Ley o cualquiera de sus preceptos, dejará a menudo de entender correctamente estos preceptos.

Fuente Insondable

Además de las instrucciones específicas respecto de cómo cumplir los preceptos, nuestros sabios eran capaces de obtener de los pasajes de la Torá la necesaria orientación acerca de cómo conducir sus vidas en asuntos que parecieran no tener una relación directa con el tema en discusión.

La Guemará (tratado Guitín LVI) habla de Rabí Iojanán Ben Zakai, quien abandonó Jerusalén para reunirse con Vespasiano, que pusiera a la ciudad bajo sitio. Cuando Rabí Iojanán vio a Vespasiano, exclamó: “¡Salud, rey!” Vespasiano respondió: “Usted se hace pasible de ejecución por llamarme rey cuando, en realidad, no lo soy”. (Si Vespasiano no lo hubiese castigado, él mismo se expondría a ser acusado de rebelión contra el reino.) Rabí Iojanán respondió: “Usted será rey, pues de lo contrario Jerusalén no sería suya, como está escrito: Y el Líbano caerá con gran fuerza (Ieshaiahu X, 34), y no hay fuerza sino en un rey, como está escrito: “Y de en medio de él saldrá su príncipe” (Irmiahu XXX, 21), y no hay Líbano más que el Templo, según reza Devarim III, 25: “Aquel buen monte y el Líbano”.
La misteriosa declaración de Rabí Iojanán al rey sólo puede ser comprendida cuando se la explica con las mencionadas citas de Ieshaiahu, Irmiahu y Devarim. Líbano significa Templo Sagrado, pues los sabios dan a entender que el “monte y el Líbano” significan Jerusalén y el Templo Sagrado; “gran fuerza” no puede significar otra cosa que un rey, de acuerdo con la explicación tradicional de las palabras de Ieshaiahu e Irmiahu, dado que en ambos lugares se utiliza el mismo término. Así, Jerusalén (el Líbano) caerá solo ante un rey (“con gran fuerza”); por lo tanto, Vespasiano, el conquistador de Jerusalén, será rey. Las palabras de Rabí Iojanán revelan cómo nuestros sabios de bendita memoria profundizaron las Escrituras con la ayuda de la tradición oral.

En el tratado talmúdico Ketuvot LXXVII hay un relato acerca de Rabí Iehoshúa Ben Leví, quien deambulaba entre gente que sufría de graves enfermedades contagiosas sin importarle su propia salud porque entendía que el versículo: “como cierva amada y graciosa corza” (Mishlé V, 19)signíficaba que la Torá protege a sus estudiosos.

Estos dos ejemplos fueron tomados de entre muchos casos mencionados en el Talmud, en los que los sabios aplican sus estudios a asuntos prácticos. Resulta claro que esos amoraím y tanaim no tenían la menor duda acerca de la veracidad de interpretaciones de la Torá debido a que su experiencia se basaba incuestionablemente, en ellas.

Nuestros sabios de bendita memoria también registraron discusiones científicas que mantuvieron con los estudiosos de que eran por aquellos días reputados como los más sabios en ciencias. Las explicaciones de nuestros sabios respecto de los fenómenos de la naturaleza se basaban, a menudo, en interpretaciones de versículos de la Biblia. Nunca dejaron de sorprender a los sabios griegos. El profesor Alvin Radkowski, el renombrado físico atómico, ha dicho que “no hay mejor ejercitación para un científico que el estudio del Talmud. El razonamiento de los sabios del Talmud es muy científico. Utilizan los principios científicos para reflexionar sobre los problemas y resolverlos. Creo que ante todo un hombre de ciencia debe saber cómo formular, las preguntas correctas y desde este punto de vista no hay nada como el Talmud, que está lleno interrogantes y problemas difíciles” (Maariv, 1 de octubre de 1972).

El Talmud es una fuente insondable de información, el único libro de historia que es estudiado a diario, tanto en días hábiles corno festivos, por numerosa gente de profesiones diferentes. Tal devoción solo puede ser explicada por la enorme validez y continuidad de la original interpretación de la Torá que fuera transmitida de sabio a sabio hasta nuestros días.

http://www.tora.org.ar/

GUENIZÁ

Las letras hebreas בס”ד pueden ser puestos incuestionablemente en la basura (por lo que es el modo preferible de señalar que se invoca la Asistencia Di-vina en la actividad que se está realizando sin crear una necesidad posterior de depositar los cuadernos u hojas en la Guenizá).

Por favor lea todo este articulo, dado que todos puntos de este articulo son importantes.

(texto adaptado de Rav Moshé Heinemann shlit”a)

De acuerdo a la Torá, está prohibido desechar objetos sagrados descartándolos en la basura. Los objetos que han sido utilizados para una Mitzvá, aunque no tengan Kedushá (santidad) propia, tampoco pueden ser tirados a la basura tal como están.

Sin embargo, uno los puede quemar o envolverlos en plástico y colocarlos en la basura. Incluidos en esta categoría están la Sucá, los Tzitzit, los Etroguim, los Lulavim, los Hadasim, las Aravot, y una coracha de Talit.

Atención: Los objetos que tienen Kedushá deben ser envueltos en el plástico y enterrados. Incluidos en esta categoría están los Tefilín, corachas de Tefilín, Mezuzot, estuches de Mezuzá, y Sefarim (Sidurim, Jumashim, etc.) escritos a mano, impresos, o fotocopiados.

Los objetos sagrados comprenden:

1. Un papel en el cual está escrita o impresa una Halajá o fue escrita con la intención de transmitir un comentario del TaNa”J, Mishná, Guemará, Rishonim y/o Ajaronim, un Midrash de los Sabios pensado para explicar un Pasuk, para enseñarnos cómo realizarnos en el Musar (ética) o Hashkafá (cosmovisión judía) o una Halajá.

2. Un papel en el cuál han sido escritos en una misma línea tres palabras consecutivas de un Pasuk de TaNa”J con la intención de citar el TaNa”J (en contraste de una referencia simbólica – melitzá – que no requiere Guenizá). Las invitaciones de organizaciones e individuos que contienen partes de Pesukim requieren Guenizá. Sin embargo, la frase “Od Ishamá”, como frecuentemente se incluye en las invitaciones de boda, es una referencia simbólica, y no está pensada para explicar el Pasuk (es, pues, importante tener en cuenta este punto al mandar imprimir participaciones a eventos varios a fin de evitar el exceso de material que se lleva a la Guenizá).
3. Cualquier papel o material en los que están escritos uno de los Nombres de HaShem. Las letras hebreas אי”ה, בע”ה, y ב”ה pueden ser desechadas según la Halajá y costumbre judía. Sin embargo, es un acto de mayor observancia (Jumrá) de cortarlos y colocarlos en Guenizá.
Las letras hebreas בס”ד pueden ser puestos incuestionablemente en la basura (por lo que es el modo preferible de señalar que se invoca la Asistencia Di-vina en la actividad que se está realizando sin crear una necesidad posterior de depositar los cuadernos u hojas en la Guenizá).

En los casos anteriores, los Shemot (menciones sagradas) o Divrei Torá, pueden ser cortados del papel y ser enterrados, si así se desea.

Sin embargo, las hojas que se cayeron de un Sefer, aun si no hay escritura ni impresión en ellos, son consideradas Shemot.
Cartas o impresos en idioma hebreo no son Shemot si no conforman con una de estas especificaciones anteriores.
Las cartas o impresos en inglés, o cualquier otro idioma no-hebreo, son Shemot si están incluidos en los casos estipulados (o sea, que traten de temas sagrados).

Los periódicos y las revistas que contienen información secular no deben ser puestos en la Guenizá. Estos deshonran a los verdaderos Shemot que se entierren juntamente con ellos, especialmente si los anuncios y las imágenes no concuerdan con el espíritu de la Torá.

Las páginas que contienen palabras de Torá pueden ser quitadas y colocadas dentro de la Guenizá, o se puede colocar el periódico completo envuelto en papel y luego colocado en un envoltorio plástico, “kli betoj kli” (utensilio dentro de otro utensilio), y colocado en la basura.

Si un Sefer fue forrado con una funda, se deberá colocar también esa protección en la Guenizá. Los deberes para el hogar y exámenes de Limudei Kodesh pueden ser Shemot dependiendo si ellos entran en las categorías anteriores.

Se puede desechar una Kipá en la basura.

Kipá: Una Bendición Sobre tu Cabeza

Es tal vez la marca más rápidamente identificable de un judío.

En el mundo occidental, es habitual sacarse el sombrero cuando nos encontramos con una persona importante. En cambio en el judaísmo, cubrirse la cabeza es señal de respeto.

La singularidad del cubrirse la cabeza en un judío esta insinuada en la bendición que decimos cada mañana, agradeciendo a D-os por “coronar a Israel con esplendor” (Talmud – Brajot 60b)

El Talmud dice que el propósito del uso de la kipá es recordarnos de D-os, que es la Autoridad Suprema “por encima de nosotros” (Kidushin 31a). Las acciones externas crean nuestra conciencia interna; usando un simbólico y tangible “algo por encima de nosotros” reforzamos esa idea de que Dios siempre está observando. La kipá es un medio para exteriorizar nuestro sentimiento interno de respeto por D-os.

Es fácil recordar a D-os en la sinagoga o en torno a la mesa de Shabat. Pero la conciencia judía está destinada a impregnar todos los aspectos de nuestras vidas: cómo tratamos a los demás, cómo nos conducimos en los negocios, y la forma en que vemos al mundo.

Adecuadamente, la palabra en idish para la cobertura de la cabeza, “yarmulke”, viene del arameo, yira malka, que significa “temor del Rey”.

En hebreo, el cobertor de la cabeza se llama “kipá” – literalmente “cúpula”.

Hacer una Declaración

Llevar puesta una kipá es proclamar “estoy orgulloso de ser judío”. Un fenómeno fascinante es que muchos judíos no-observantes al visitar Israel usan una kipá durante su estadía. Esto puede ser por el hecho de que toda la tierra de Israel es santa como una sinagoga o puede ser la eliminación de cualquier tipo de vergüenza que a menudo puede acompañar la expresión pública del judaísmo en la diáspora.

De hecho, el uso de una kipá es una gran declaración, y obliga al que la lleva a estar a la altura de un cierto nivel de conducta. Una persona tiene que pensar dos veces antes de colarse en la fila del banco, o al reprender a un camarero incompetente. El uso de una kipá lo convierte a uno en un embajador de la Torá y en él se reflejan todos los judíos. Las acciones de alguien que lleva una kipá pueden llevar al Kidush Hashem (santificación del nombre de Di-s) o por el contrario al Jilul Hashem (profanación de su nombre).

Por supuesto, ponerse una kipá no confiere automáticamente un estatus “modelo”. A veces, lamentablemente, escuchamos de alguna persona religiosa atrapada en alguna indiscreción. Recuerdo una vez en Los Ángeles, observe que un hombre borracho y desalineado iba caminando por la calle –- usando una kipá! Él no era judío, pero encontró una vieja kipá y pensó que le ayudaría a encajar en el ambiente del vecindario. En mi, quedo la idea de que no es justo “juzgar al judaísmo” basándonos en alguien que solo muestra la cara externa de la observancia.

¿Cuándo Usar una Kipá?

Desde un punto de vista bíblico, solo los Cohanim sirviendo en el templo tenían que cubrirse la cabeza (véase Éxodo 28:4). Sin embargo por muchos siglos, la costumbre de llevar una kipá todo el tiempo ha sido obligatoria para todos los hombres judíos, como dice el código de leyes judías, “esta prohibido caminar cuatro codos con la cabeza descubierta”.

¿Tenemos que usar kipá mientras hacemos deporte? Este tema paso a primer plano recientemente con la publicidad en torno a Tamir Goodman, un gran jugador de baloncesto quien es un judío observante.

La respuesta es que es preferible llevar incluso una kipá pequeña, sujetada al cabello (¡El velcro funciona muy bien!). Si es imposible, debido a las condiciones o normas de juego, se puede jugar sin kipá.

Cuando nos bañamos o nadamos, no nos ponemos kipá.

Ciertamente, una cobertura es obligatoria cuando rezamos o nos ocupamos del estudio de Torá.

¿Qué tipo de cobertura califica? Básicamente cualquiera – incluyendo una gorra de béisbol o un pañuelo atado alrededor de la cabeza. Por supuesto, en la sinagoga, es más respetuoso usar una kipá regular.

¿Cuán grande debe ser una kipá? El Rab Moshé Feinstein establece que como mínimo debe ser reconocible como un “cobertor de cabeza”. El Rab Ovadiah Yosef dice que la kipá debe ser lo suficientemente grande como para ser vista desde todos los ángulos.

El estilo de kipá usado puede reflejar un interesante fenómeno sociológico, a menudo indica el grupo de afiliación de la persona. Por ejemplo, los judíos estilo-yeshiva usan una kipá negra de terciopelo. Judíos ortodoxos modernos suelen llevar una kipá de color tejida. Muchos judíos jasídicos llevan puesto un sombrero de piel (shtreimel) en Shabat y días festivos.

Además, muchos también usan un sombrero cuando rezan para aumentar la conciencia del Todopoderoso como si se pararan ante Él. (Mishná Brurá 183:11)

PREGUNTAS COMERCIALES

¿Qué pasa en los casos en el que el uso de la kipá crea conflicto en los negocios e intereses profesionales?

El Rab Moshé Feinstein escribe que en ciertos casos, hay lugar para ser flexibles. Por ejemplo, un abogado puede no servir propiamente a su cliente si el jurado se va a distraer con su kipá. El senador de EE.UU. Joe Liberman puede utilizar una línea de razonamiento similar.

Por supuesto que esto puede cortar ambos sentidos. Un destacado hombre de negocios me dijo una vez que por cada cliente “perdido” a causa de su kipá, había dos clientes adquiridos, quienes respetaban su muestra de integridad y valentía en usar una kipá.

Para muchos que buscan expresar su identidad judía el dilema esta en “¿kipá o no kipá?” – esa es la cuestión.

¿Qué es? (IV)

PENSAMIENTO JUDIO

El Tanaj, la Mishná y el Talmud (la Torá She Bijtav y la Torá She Beal Pe) abundan en referencias a la esencia del mundo y a la concepción del hombre, pero carecen de una exposición clara de su línea de pensamiento y contienen básicamente aforismos y máximas.

Para conocer este aspecto de dichos libros nos aproximaremos al cuarto anaquel, dedicado al Pensamiento Judío. Sus comienzos se remontan a la Edad Media, en el seno de las comunidades que vivían en la órbita de la cultura árabe (Babilonia, Espana y Africa del Norte). El primer y más destacado pensador fue Rav Seadia Gaón, que vivió en el siglo X, nació en Egipto, se trasladó a Eretz Israel y posteriormente a Babilonia y escribió en árabe. Su libro Emunot Vedeot, que aborda los principios teóricos del judaísmo, integra las concepciones del filósofo griego Aristotéles sobre D’s y su lejanía del mundo creado con las concepciones del judaísmo sobre el bien y el mal, el castigo y la recompensa, y dedica una parte considerable a la redención de Israel.

Un siglo más tarde se dio a conocer el libro Jovot Halevavot, de Bajia Ibn Pakuda de Espana, el primer y más famoso libro judío sobre ética, también escrito en árabe y traducido al hebreo, que consiste básicamente en la definición de las cualidades que el individuo debe desarrollar y en el senalamiento de las diferencias entre los deberes que recaen sobre el corazón y los que recaen sobre los demás órganos (es decir, aquellos preceptos que el individuo cumple con su cuerpo).

En el siglo XII se publicaron los dos libros más famosos sobre “pensamiento judío”: en primer término Hacuzarí de Rabí Yehuda Haleví de Espana, y pocos anos después Moré Nevujim de Rambam. Rabí Yehuda Haleví senala que su libro “está destinado a brindar réplicas a los argumentos de quienes disienten con nuestra religión”. El libro, escrito en árabe y traducido al hebreo, está redactado en forma de relato en torno de un elemento verídico: en el siglo VIII el rey cúzaro, que regía un imperio de grandes dimensiones junto al Mar Caspio, se convirtió al judaísmo con todos sus súbditos. Este rey -el “cuzarí”- busca la religión de la verdad y discute con quienes profesan otras creencias y con un filósofo que reniega de las religiones basadas en la revelación, hasta que se encuentra con el “amigo”, un estudioso judío. El libro consiste fundamentalmente en un diálogo imaginario entre el cuzarí y el “amigo”. El subtítulo da cuenta del objetivo principal: “Libro de la prueba y demostración de la victoria de la religión humillada”.

El libro de pensamiento judío más importante y destacado es Moré Nevujim de Rambam, que analiza los principios teóricos del judaísmo. También escrito en árabe, fue traducido al hebreo aún en vida de su autor. Su origen radica en la pregunta formulada por Rav Yosef Vaaknin, discípulo de Rambam, a su maestro: ?Cómo se compadecen las afirmaciones de Aristóteles y sus discípulos, los filósofos griegos del siglo IV a.e.c., con las expresiones de la Torá y los principios del judaísmo? Rambam sabía que no solamente su discípulo, sino muchos se planteaban ese interrogante, y por eso redactó una respuesta amplia, este libro destinado no sólo a su discípulo “perplejo” sino a todos los que se sentían como él. Lo que quiso hacer fue demostrar que el judaísmo es la religión del intelecto prístino, idéntica en algunos de sus principios a la filosofía de Aristóteles, y a fin de demostrarlo supuso que la Torá habla con alusiones y en términos figurados, cuyo significado debemos comprender. Muchos discrepaban con él y hubo quienes vetaron sus libros con el argumento de que podían debilitar la fe en el judaísmo. Este libro suscitó grandes polémicas y hubo quienes consideraron que su contenido implicaba el peligro de la apostasía; pero con el paso del tiempo, el libro se sobrepuso a sus opositores.

La evolución del pensamiento judío no se detuvo en la Edad Media. Los pensadores de la modernidad, especialmente en Europa (Spinoza, Krochmal y Mendelssohn) recibieron grandes influencias de las teorías filosóficas que estaban en boga en sus respectivos países.

Baruj Spinoza (siglo XVII), un filósofo y teólogo que se ganaba la vida puliendo lentes y cristales, escribió sus libros en latín. Los más conocidos son: “Etica” y “Tratado de teología política” (que se publicó al principio en forma anónima), que critica violentamente al pueblo judío y su comportamiento desde la destrucción del Segundo Templo.

Cien anos después de Spinoza vivió en Alemania Mosses Mendelssohn (siglo XVIII), conocido como el precursor del movimiento iluminista judío. Según su concepción, el judío puede adaptarse y vivir en cualquier estado europeo moderno. Su libro más conocido es “Jerusalem”, y también tradujo el Tanaj al alemán con el objeto de acercar al público lector alemán al Libro de los Libros. Su traducción despertó agudas discusiones en Alemania.

Pocos anos después se dio a conocer el nombre de Ranak (Rav Najman Krochmal) (1840-1875), fundador de la filosofía de la historia hebrea y uno de los precursores de Jojmat Israel. Su libro más trascendente, Moré Nevujei Hazman, de edición póstuma, expone los principios básicos de su concepción: la religión judía es la concreción del espíritu del pueblo judío. Ranak sostenía que todos los pueblos tienen un espíritu nacional peculiar que deja su impronta sobre la cultura de los mismos.

Entre los pensadores de la Edad Contemporánea cabe mencionar al Rabino Abraham Ytzjak Hacohen Kuk, uno de los más grandes intelectuales y estudiosos de la Torá de las últimas generaciones, que fuera el primer Gran Rabino de Eretz Israel desde 1921 hasta su fallecimiento en 1935. Según su concepción, difundida en los numerosos volúmenes de Igrot Ha-Rayah, en Haorot y otros, la Torá de Israel constituye “la fuente de todas las renovaciones habidas y por haber para el bien de la humanidad”.

Si observamos los extremos del anaquel de pensamiento judío, veremos también el Zóhar, el libro básico de la Cabala, que ejerciera gran influencia principalmente entre los anos 1500 y 1750. Los cabalistas consideraban que el Jumash era la fuente de las normas de vida judías, y el Zóhar la fuente básica de su concepción de mundo, destinada a explicar e interpretar las alusiones manifiestas y ocultas de la Mikrá. La cabala se basa en el intento de descubrir las vías de revelación de D’s y el desarrollo de la Sefirot. En opinión de los cabalistas, el origen del alma humana proviene de los mundos superiores, y la finalidad del ser humano es aspirar toda su vida a elevarse a un nivel superior, a fin de acercarse al origen divino. Junto al Zóhar veremos Tania, el libro básico de la vertiente jasísica de Jabad, redactado por Rav Shneur Zalman de Liady. Ciertamente, se trata de un anaquel pleno de pensamientos profundos de diversas generaciones para muchas otras.

Entre los pensadores contemporáneos cabe destacar al Rabino Y.D. Soloveitchik, cuyos libros y artículos, entre ellos Kol Dodí Dofek e Ish Hahalajá, suscitaron gran interés. Entre los pensadores del siglo XX mencionaremos a A.Y. Heschel, E. Levinas e Yeshayahu Leibowitz, cada uno de los cuales efectuara un aporte considerable al pensamiento judío.

LA SABIDURIA JUDIA Y LAS CIENCIAS JUDAICAS

En otro anaquel veremos una larga hilera de libros pertenecientes al área de la “sabiduría judía”, la vertiente del judaísmo que enfatizó la postura de que las enmiendas a la religión judía y al estilo de vida judío deben basarse en la investigación de su pasado y su cultura.

La “sabiduría judía”, que se focaliza en la investigación de la cultura judía, se inició a fines del siglo XVIIII y comienzos del siglo XIX en Alemania, aunque también tuvo representantes en otros países, como S.D. Luzzatto en Italia, S.Y. Rapoport en Bohemia y otros. Su precursor fue Yom Tov Lipman Zunz (1794-1866), que fundó la Asociación de Cultura y Sabiduría Judías. El movimiento recibió gran impulso a partir de los intentos de introducir enmiendas (reformas) a la religión, destinadas a lograr una conciliación entre los preceptos religiosos y las necesidades vitales.

La Sabiduría Judía adquirió gran significado en tiempos de la Emancipación (igualdad de derechos). Se desarrolló en tiempos de la Haskalá (Iluminismo) y muchos de sus seguidores no cumplían los preceptos de la Torá; sus concepciones suscitaron discusiones que no cesan hasta hoy en día. Los esfuerzos de los judíos por lograr la igualdad de derechos tropezaron más de una vez con actitudes de burla y desprecio por parte de los no judíos. Los precursores del movimiento creían que la revelación de la “veracidad” interna del judaísmo y la exposición de sus influencias sobre la cultura occidental y cristiana contribuirían a modificar la actitud hacia los judíos. En gran medida, surgió a partir de una necesidad externa y con el paso del tiempo se transformó en una de las piedras fundamentales del conocimiento del judaísmo.

A partir de la creación de la Universidad Hebrea de Jerusalem en 1925, la “Sabiduría Judía” se convirtió en “Ciencias Judaicas” y las investigaciones al respecto son básicamente académicas. Entre sus representantes más destacados en las últimas generaciones mencionaremos a Franz Rosenzweig y Martin Buber. El libro de Franz Rosenzweig (1886-1929), “La estrella de la redención” sintetiza los fundamentos de su concepción de la historia humana como un sistema divino y del judaísmo como la estrella de la verdad eterna fija en el cielo.

Martin Buber (1878-1965), investigador del jasidismo y la filosofía, fue durante muchos anos profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalem. Su doctrina filosófica distinguía entre dos clases de diálogo: el diálogo moral entre “yo” y “tú” y el diálogo agresivo entre “yo” y “él”. Ambos pensadores colaboraron en la traducción del Tanaj al alemán.

El método crítico-histórico de estudio de Jojmat Israel despertó la opsición de la mayor parte de los rabinos europeos, y la polémica suscitada no se ha acallado hasta hoy en día.

EXTENSION CULTURAL

La “Biblioteca Judía” guarda muchos tesoros. En ella podemos encontrar libros dedicados a la historia del pueblo judío, entre los que se destacan los “Anales del pueblo judío” de Yosef Ben Matitiahu (Flavio Josefo), que viviera 1.900 anos atrás y describiera la historia del pueblo desde la creación del mundo hasta la gran rebelión, y “La guerra de los judíos contra los romanos”, que describe la gran rebelión (anos 66-70 e.c.) hasta la destrucción del Segundo Templo.

Junto al anaquel de los libros de historia se encuentra la literatura; en él conoceremos a Jaim Najman Bialik, el gran poeta nacional que acompanó el resurgimiento del pueblo judío, al gran poeta Shaúl Tchernijovsky y a Shmuel Yosef Agnon, el gran escritor nacional que obtuviera reconocimiento internacional al recibir el Premio Nobel (véase el material editado anteriormente, pág. 139-141). Junto a ellos se encuentran en muchos hogares los libros del poeta Yehuda Amijai y de los prosistas Amos Oz y A.B. Yehoshua.

ENCICLOPEDIAS Y LEXICOS

La etimología de la palabra “enciclopedia”, que significa cículo de conocimiento, es griega. Se trata de un texto científico práctico que incluye información sobre numerosas áreas del saber. Los datos están organizados por “entradas” en orden alfabético. La ampliación y extensión del saber judío llevaron ya en la Edad Media a la redacción de enciclopedias sobre judaísmo; entre ellas podemos mencionar Shvilei Emuná, Measef lejol Hamajanot, Sefer Habrit, Ahavat David, Otzar Jojmá y muchas otras que no alcanzaremos a ver.

En la segunda mitad del siglo XIX comenzó a difundirse una nueva y significativa ola de enciclopedias y léxicos para el conocimiento y saber judaicos. Cabe mencionar entre ellas a Otzar Israel, diez tomos escritos en hebreo por Israel Aizenstein, que la definió como “un libro práctico para quien quiera saber cualquier cosa vinculada con los judíos o con el judaísmo”. La Enciclopedia Hebrea es la fuente más abarcativa de conocimientos sobre numerosos temas vinculados con el judaísmo. Hacia 1970 se publicó en Israel, en inglés, la Enciclopedia Judaica, el tesoro de saber más actualizado sobre el judaísmo y el mundo judío, que cada dos anos edita un tomo de actualizaciones. Otro libro que cabe mencionar, publicado en hebro e inglés, es la Enciclopedia de Judaísmo editada por el Prof. Geoffrey Wigoder, que goza de gran difusión e incluye cientos de entradas, relativamente largas, sobre religión, fe y comunidades judías. Otros libros auxiliares son la Enciclopedia Bíblica y la Enciclopedia Talmúdica (aún no terminada), dos colecciones escritas por investigadores de renombre que sirven de primera fuente para el conocimiento de sus respectivos temas. También se han publicado los léxicos Min Hamasad; Moadei Israel, Enciclopedia del Shabat y las festividades y la Enciclopedia israelí sobre el Tanaj.

Rif: Rabí Ytzjak Alfasi (1013-1103). Fundador de la yeshivá de Fez, Marruecos, autor de un libro de halajot ordenado según el Talmud. Dictaminó en todas las cuestiones de halajá que habían quedado sin respuesta en el Talmud de Babilonia. Su libro sirve para dictaminar en cuestiones de halajá hasta nuestros días.

Rambam: Rabí Moshé Ben Maimón (1135-1204), nació en Córdoba, Espana. Por las persecuciones de musulmanes fanáticos, su familia huyó y se estableció en Fez, Marruecos. Estudió Torá, adquirió una vasta cultura general y se especializó en ciencias y medicina. Durante un breve período residió en Eretz Israel y posteriormente se trasladó a Egipto, donde fue líder de la comunidad judía y médico de la corte. De él se dijo: “Desde Moshé (Rabenu) hasta Moshé (Ben Maimón) no hubo otro como Moshé”. Su libro Mishné Torá es considerado como el fundamento de los dictámenes sobre halajá hasta nuestros días.

Rosh: Rabenu Asher Ben Yejiel (1250-1327), uno de los más grandes Poskim, autor de más de mil Teshuvot sobre cuestiones de Halajá. Su obra principal es Piskei Ha-Rash para el Talmud.

Maharal: Rabí Yehudá Loew Ben Betzalel (1525-1609), uno de los más grandes rabinos de Europa en el siglo XVI, renombrado rabino de la ciudad de Praga. Escribió muchos libros sobre pensamiento judío y fue considerado líder del judaísmo europeo y activo combatiente contra los enemigos de Israel. Una leyenda popular lo vincula con el Golem que creara para que lo ayudara en sus combates.

Ralbag: Rabí Leví Ben Gershon de Provenza (1288-1344). Comentarista que siguió el sistema filósofico basado en el principio de que en primer término se debe interpretar la intención del versículo.

Rashi: Rabenu Shlomo Ytzjaki (1040-1125), el más grande exégeta de la Mikrá. Sus interpretaciones a la Mikrá y el Talmud forman parte inseparable del estudio de dichos libros. Las letras con las que se imprimen los comentarios de Rashí y otras interpretaciones se conocen con el nombre de “alfabeto de Rashi”.

Rashbam: Rabenu Shlomo Ben Meir (1080-1160), intérprete de la Mishná y el Talmud, uno de los más grandes Baalei Hatosafot. Era nieto de Rashi, y su interpretación de la Torá se caracteriza por su búsqueda del Pshat.

Rabí Abraham Ibn Ezra (1092-1164), uno de los más destacados estudiosos y poetas judíos de Espana. Fue el primer autor de una gramática de la lengua hebrea escrita en hebreo y no en árabe. Se dedicó a la exégesis de la Mikrá y a la filosofía, la matemática y la medicina, y se hizo famoso como autor de poemas litúrgicos de elevado estilo y hondo sentimiento religioso.

Rabí Yehuda Hanasí (135-220), dirigente de la comunidad judía de Eretz Israel a fines del siglo II y comienzos del siglo III. Compilador de la Mishná, conocido con los apelativos de “Rabí” o “Rabenu Hakadosh”. Se dedicó activamente a reconstruir y fortalecer la comunidad judía después de la rebelión de Bar Kojva.

Mejilta de Rabí Ishmael: Midrash al Libro de Shmot, que incluye textos de halajá y de agadá. Aclara cómo surgieron y consolidaron las normas incluidas en la Mishna y el Talmud.

Mejilta de Rabi Shimon Bar Iojai: Midrash muy similar al anterior, pero de dimensiones más reducidas.

Safra: En arameo significa “libro”, es el Midrash halaja del Libro de Vaikrá, también llamado Sefer Hacohanim. Se basa en las drashot de la casa de estudios de Rabi Akiva.

Sifri: En arameo significa “libros”, es el Midrash halaja de los Libros de Bamidbar y Dvarim. Según la tradición, fue escrito en el siglo II por Rabí Shimon Bar Iojai. Se basa en los midrashei halaja del bet hamidrash de Rabi Akiva.

Pirkei Avot: Una maséjet de la Mishná que contiene seis capítulos que versan sobre la moral, las buenas costumbres y el respeto.

Jaiei Adam: El libro de Abraham Danzig (1748-1820) que reproduce, explica y fundamenta las halajot del Shulján Aruj.

Kitzur Shulján Aruj: El libro normativo más popular entre los judíos askenazíes, escrito por Rabi Shlomo Ganzfried (1800-1886) en hebreo sencillo. Incluye todas las normas vinculadas con el estilo de vida de un judío que vive en la diáspora. Se basa en el Shulján Aruj de Rabí Yosef Caro.

Hanodá Bi-Yehudá: Apodo de Rabí Yejezkel Landau (1713-1793), uno de los más grandes poskei halajá del siglo XVIII, que durante muchos anos fuera Gran Rabino de la comunidad de Praga y del judaísmo de Bohemia. Se dio a conocer con su libro de Teshuvot Hanodá Bi-Yehudá y por su lucha contra la Haskalá (el Iluminismo), contra el sabataísmo y contra el movimiento frankista.

Oraj Jaim: Incluye todas las normas referidas al comportamiento de un judío durante el día, desde que se levanta hasta que pronuncia Kriat Shma antes de irse a dormir, así como también halajot vinculadas con el Shabat y las festividades.

Joshen Mishpat: Las halajot que comprometen a los dayanim (los jueces de los tribunales rabínicos) y las normas vinculadas con testimonios y con el derecho patrimonial.

Yoré Deá: Aquellas normas que requieren la ensenanza de un sabio, vinculadas con lo prohibido y lo permitido, como hiljot shejitá, alimentos prohibidos, pidión habén, sepelio, duelo.

Even Haézer: Las halajot vinculadas con la mujer: compromiso, matrimonio, ketuvá, divorcio, yebum.

Rabí Yehudá Haleví (1080-1140), uno de los más grandes poetas hebreos de la Edad Media y uno de los filósofos judíos más importantes, representa la grandeza de la cultura judía en Espana. Se dedicó a la medicina y el comercio, y se dio a conocer con su libro Hacuzarí.

Zohar: Libro básico de la Cabala, compilado básicamente como un midrash de los cinco Jumshei Torá y las Meguilot de Shir Hashirim, Rut y Eijá. Contiene largas drashot, narraciones y textos breves. En su mayor parte está escrito en arameo, lengua traída desde Persia y hablada por los judíos en tiempos del Segundo Templo y del Talmud, y en épocas posteriores en diversos países, especialmente Babilonia. Durante muchas generaciones fue considerado como la fuente básica de la concepción de mundo que complementa y explica las alusiones de la Mikrá.

Rabí Shneur Zalman de Liady (1745-1813), fundador de la vertiente jasídica de Jabad (acrónimo de Jojmá, Biná, Daat). Por orden del fundador del jasidismo, Ha-Baal Shem Tov, escribió el Shulján Aruj Ha-Rav, destinado a ser actualizado y redactado en hebreo, pero no alcanzó a concluirlo. Su libro Tania o Likutei Amarim es el el libro básico de la vertiente jasísica de Jabad, redactado por Rav Shneur Zalman de Liady. Ciertamente, se trata de un anaquel pleno de pensamientos profundos de diversas generaciones para muchas otras.

Entre los pensadores contemporáneos cabe destacar al Rabino Y.D. Soloveitchik, cuyos libros y artículos, entre ellos Kol Dodí Dofek e Ish Hahalajá, suscitaron gran interés. Entre los pensadores del siglo XX mencionaremos a A.Y. Heschel, E. Levinas e Yeshayahu Leibowitz, cada uno de los cuales efectuara un aporte considerable al pensamiento judío.

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¿Qué es? (III)

Shulján Aruj

La estructura de “Hatur” fue la base del Shulján Aruj, el libro de halajá escrito por Rabí Yosef Caro, descendiente de una familia expulsada de Espana que se estableció en Tzfat (Safed) en el siglo XVI. Es una recopilación de piskei halajá originarios de los judíos sefardíes breve, concisa y clara y en términos generales se basa en Ha-Rif, Rambam y Ha-Rosh.

En la introducción, Rabí Yosef Caro senala que su libro está destinado a los estudiosos que quieren dictaminar en cuestiones de halajá, a aquellas personas que quieren repasar lo que ya habían estudiado y a los alumnos, para que aprendan halajá lemaasé. El Shulján Aruj aborda todos los detalles de la vida judía, desde el nacimiento hasta la muerte. A fin de adaptarlo a los usos y costumbres de las comunidades askenazíes, Rabí Moshe Isserles de Cracovia (Polonia), siglo XVII, le anadió notas y comentarios acordes con los poskim de Askenaz.

En las ediciones más usuales, las Hagaot Ha-Rama se incluyen en el mismo texto, con una tipografía diferente (el alfabeto de Rashi) con la aclaración “nota”. Sus observaciones abrieron la senda a una vasta literatura de Nosei Kelim (“escuderos”, interpretaciones) al Shulján Aruj. El más conocido en el siglo XX es Mishná Brurá de Rabí Israel Kohen de Radun, conocido con el apodo de Jafetz Jaim. Mishná Brura es la interpretación de Oraj Jaim del Shuljáan Aruj, y consta de tres partes:

Mishná Brurá: la explicación de la halajot de Shulján Aruj.

Shaarei Tzion: las fuentes de la interpretación de Mishná Brura.

Beur Halajá: una ampliación de la interpretación del Shulján Aruj.

Ben Ish Jai

El libro Ben Ish Jai es una fuente importante para conocer el mundo de la halajá de las comunidades orientales. Su autor, Rabenu Yosef Jaim, vivió en Bagdad, Irak, en el siglo XIX. A pesar de que no ejerció ninguna función oficial como rabino, dejó su impronta sobre las costumbres y halajot de los judíos de las comunidades orientales. En su libro Ben Ish Jai, que en los últimos anos goza de gran popularidad, recopiló sus drashot y colecciones de normas, ordenadas según parshiot hashavúa. El libro está estructurado para ser estudiado semanalmente durante dos anos -la primera parte se llama “Primer ano” y la segunda, “Segundo ano”- y es una especie de Shulján Aruj para todas las comunidades orientales, que suelen estudiarlo en grupos desde su comienzo hasta su final. No está ordenado de acuerdo con los preceptos de las parashot de la Torá sino con las drashot que pronunciara, según la costumbre de los sabios judíos “que no dictaminan solamente sobre agadá, midrashim y sentencias, sino que también comentan halajot a fin de informar las leyes de D’s, su imperativo de conocer la senda por la que se debe marchar y las acciones que se debe realizar” (de la introducción del autor).

En este anaquel tampoco faltan los libros de consulta y estudio, como Sefer Hajinuj que senala los 613 preceptos según su orden de aparición en la Torá.

DE LA TEORIA A LA ACCION

El Sidur

A continuación pasaremos al siguiente anaquel, el de los sidurim y majzorim que acompanan al judío en la vida cotidiana. En el mundo judío no existe otro libro más difundido que el Sidur, cuyo nombre proviene de la palabra “seder”, el orden fijo de la vida y las plegarias. Desde la aparición del primero, Seder Bar Amram Ha-Gaon, un manuscrito de hace 1.200 anos, se han publicado miles de ediciones diferentes.

El sidur es una recopilación -u orden- de plegarias para todos los días de la semana, los sábados y las festividades, pero no sólo eso: es el libro que acompana al judío desde su nacimiento (brit milá) hasta el día de su muerte (halvaiá) y contiene plegarias, bendiciones, súplicas, cánticos y agradecimientos, y también capítulos de Tehilim (Salmos), el texto de Pirkei Avot y explicaciones a diversas normas y costumbres. Su estructura es una sola, pero las versiones difieren de acuerdo con las costumbres de las comunidades en los diversos países. Las principales diferencias se dan entre Núsaj Ashkenaz y lo que hoy en día se denomina Núsaj Edot Hamizraj.

El orden de las plegarias es el siguiente:

Shajarit: la plegaria matutina.

Minjá: se dice después del mediodia.

Arvit: se pronuncia por la tarde, después de la salida de tres estrellas.

El sidur incluye también las plegarias del sábado (por ejemplo, Musaf) y el principio de mes, la lectura de la Torá y las plegarias de las festividades. Entre las plegarias se intercalan bendiciones: Birkat Hamazón, Birkat Nisuín, Brit Milá, etc.

El contenido y las versiones de las plegarias judías se fueron desarrollando con el paso del tiempo; también en nuestros días se producen cambios e incorporan nuevas plegarias al sidur que, lógicamente, generan discusiones y discrepancias. El Rabino Adin Steinzaltz senala: “El sidur es el Libro de la Vida del judaísmo. Todos recurren a él, todos se ocupan de él, todos se remiten a él… El sidur es el libro que unifica al pueblo todo”.

Libros de festividades y costumbres

El calendario judío está sembrado de festividades y conmemoraciones: Rosh Hashaná, Yom Hakipurim, Sucot, Janucá, Tu BiShvat, Purim, Pésaj, Lag Ba-Omer y Shavuot. En los tiempos modernos se han agregado dos festividades nacionales: el Día de la Independencia del Estado de Israel y el Día de Jerusalem. Asimismo, en el calendario judío abundan los días de duelo y recordación: el 3 de Tishrei es Tzom Guedaliahu; el 10 de Tevet conmemora el asedio de Nabucodonosor a Jerusalem; el 7 de Adar es el día del fallecimiento de Moshe Rabenu, cuyo lugar de sepultura desconocemos, y el Día de Recordación de los soldados de Tzahal caídos en combate, cuyo lugar de sepultura se desconoce; el 13 de Adar es Taanit Ester; el 27 de Nisan, Yom Hazicarón la-Shoá vela-Gvurá (el Día de Recordación del Holocausto y el Heroísmo); el 4 de Yiar, el Día de Recordación general de los caídos en combate en todas las guerras de Israel; el 17 de Tamuz se conmemora la apertura de una brecha en las murallas de Jerusalem y el 9 de Av, la destrucción del Primero y el Segundo Templos. Recientemente se ha anadido el 12 de Jeshvan, el Día de Recordación del Primer Ministro Ytzjak Rabin.

El Majzor

Hemos mencionado las plegarias de las festividades, que forman parte del sidur. Con el paso del tiempo se les fueron agregando diversos piutim (poemas litúrgicos) y se les preparó un sidur especial que recibió el nombre de Majzor, que significa “ciclo” y proviene de los Majzorim Gdolim (por ejemplo, el Majzor de Vitry del siglo XII), que incluían el ciclo anual, es decir, las plegarias para todos los días del ano. A medida que las plegarias de las festividades se fueron volviendo más largas y más festivas, se estableció para ellas un majzor que incluye las plegarias largas con gran cantidad de poemas y cánticos especiales para las respectivas ocasiones. En nuestro recorrido veremos diferentes tomos de majzorim: para las plegarias de Rosh Hashaná, para las de Yom Kipur y para las de Shalosh Regalim (Sucot, Pésaj y Shavuot).

La Hagadá de Pésaj

A continuación veremos la Hagadá de Pésaj y recordaremos la matzá y el afikomán, el Ma Nishtaná y a Eliahu Hanaví, y el particular acontecimiento familiar de la noche de Pésaj. La lectura de la Hagadá es la actividad central (además de la cena, por supuesto) en el Seder de Pésaj, cuando toda la familia se reúne para leer y relatar el Exodo de Egipto. La Hagadá es muy antigua, sus comienzos datan del Talmud e incluye el Ma Nishtaná y Arbaá Banim. El Seder de la noche de Pésaj es el acontecimiento principal del hogar judío, y por eso siempre se necesitó una Hagadá, cuyo origen se remonta al versículo “y narrarás a tus hijos”.

El núcleo de la Hagadá se halla en la Mishná, en Maséjet Pesajim. Con el paso del tiempo se fueron incorporando fragmentos de la Mikrá, la Mishná y el Midrash, piutim, plegarias y bendiciones. La cristalización de esos textos en una sola obra que relata la historia del Exodo de Egipto se produjo, aparentemente, a fines del período del Segundo Templo y después de él. Con el transcurso del tiempo se escribieron e imprimieron más de 10.000 Hagadot de Pesaj básicamente iguales, pero con variaciones según las distintas comunidades: el Norte de Africa, Askenaz, Bujara, Bnei Israel de la India, Yemen, Bagdad, Espana, Rusia y otras comunidades judías dispersas hasta hoy en día. Como la Hagadá se lee en circunstancias festivas, se la solía disenar de manera especialmente estética, y por eso contamos con cientos de maravillosas Hagadot ilustradas e iluminadas que cautivan la vista de sus lectores.

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¿Qué es? (II)

La Tosefta

Las mishnaiot externas (Beraitot), que Rabí Yehuda Hanasí no incluyera en la Mishná en momentos de su versión definitiva y que posteriormente fueran recopiladas e incluidas en un libro aparte, reciben el nombre genérico de Tosefta.

La Tosefta está organizada con la misma estructura que la Mishná, y las Beraitot incluidas en ella contienen paralelismos, complementos y versiones diferentes de la Mishná.

El Talmud

La Mishná es la primera (pero no la última) recopilación de halajot transmitidas oralmente. Con la conclusión de la versión definitiva de la Mishná se inició el Talmud (la Guemará), que es una suerte de protocolo de los debates mantenidos por los sabios acerca de las normas y halajot de la Mishná. El Talmud es una resena de la Torá She Beal Pe creada por los sabios de Eretz Israel y de Babilonia desde los tiempos del Segundo Templo hasta el siglo VI. La base del Talmud consiste en elementos de la Mishná, que son un resumen suscinto de las nomas que complementan la Torá. El Talmud consta básicamente de debates minuciosos acerca de diversas normas. En apariencia está estructurado como un explicación e interpretación de la Mishná, pero en realidad su contenido es mucho más vasto; los debates en torno de temas halájicos abordan todos los ámbitos de la vida y de ellos surge el tesoro de la sabiduría judía: halajá, agadá, filosofía, historia, ciencia, leyendas y humor.

El Talmud, que es la obra de más trascendencia producida por el judaísmo después del Tanaj, se ha convertido en el texto fundamental del pueblo judío y en la base de la tradición normativa vigente hasta la actualidad.

Sus fuentes hunden sus raíces en Eretz Israel y en Babilonia; por ello existe un Talmud de Jerusalem, escrito y organizado en Eretz Israel y redactado en Tveria (Tiberíades), en la principal yeshivá de Eretz Israel, y un Talmud de Babilonia, redactado fundamentalmente en Sura y Pumbedita, en las dos yeshivot más importantes del judaísmo de Babilonia.

El midrash y la agadá

En tiempos del Segundo Templo, muchos judíos eran agricultores y artesanos, y sólo unos pocos se dedicaban al estudio. A fin de acercar a la mayor parte del pueblo al conocimiento de la Torá, se desarrolló el midrash (prédica) que el sabio pronunciaba ante su comunidad, en especial después de la lectura de la Torá el sábado. El mismo tenía un estilo narrativo y consistía en una interpretación no literal de la Torá, ya fuere para exponer pruebas y alusiones sobre las normas de la Torá (Midrashei Halajá) o para extraer ideas y sugerir a los oyentes cómo comportarse (Midrashei Agadá).

En su introducción al Sefer Ha-Agadá, Bialik y Rawnitzki escribieron lo siguiente: “Quien desee conocer a la nación judía, debe dirigirse a la Agadá… A través de ella puede uno ingresar a la sede de la vida plena de la nación judía y contemplarla desde adentro”.

La lectura de la agadot nos conduce hacia otro anaquel de la biblioteca que estamos recorriendo. Ahora nos apartaremos un poco de la seriedad de la halajá para leer una literatura judía sonriente y luminosa, plena de humor y experiencia de vida. La Agadá o el Midrash Agadá es el nombre genérico de aquella parte de la Torá She Beal Pe que no se ocupa de la halajá sino de diversos aspectos de la vida: el Creador y la Creación, el mundo y el hombre, Israel y los otros pueblos, las creencias y opiniones, la moral y el respeto y un poco de folclore. Está destinada a captar la atención del lector para educarlo y orientarlo por la senda de la vida. En muchos casos se basa en historias, reales o imaginarias, narradas en la sinagoga o en la casa de estudio, como el siguiente ejemplo: se cuenta que Rami Ben Iejezkel llegó a Bnei Brak y vio algunas cabras que comían debajo de una higuera. La miel que fluía de los higos y la leche que fluía de las cabras se mezclaban, y él dijo: así manan la leche y la miel.

A diferencia del Midrash Agadá, el Midrash Halajá es más serio y severo, porque interpreta las halajot y normas a partir de determinados versículos. Por ejemplo: en la plegaria de Kriat Shma decimos “y las ensenaréis a vuestros hijos hablando de ellas”. De aquí concluyeron nuestros sabios que “cuando un nino comienza a hablar, su padre le habla en lengua de santidad (hebreo) y le ensena Torá”. ?Por qué? Porque a continuación dice “para que se prolonguen vuestros días y los de vuestros hijos”, es decir, a partir de ese versículo se desprende la halajá de que se debe hablar hebreo.

Los Midrashei Halajá fueron incluidos en diversas recopilaciones, como Mejilta de Rabí Ishmael y Mejilta de Rabí Shimon Bar Yojai (sobre el Libro de Shmot); Safra (sobre el Libro de Vaikra) Sifri (sobre los Libros de Bamidbar y Dvarim).

Con el transcurso del tiempo, las agadot de la Mishná, el Talmud y los midrashim fueron recogidas en diferentes recopilaciones, como Yalkut Shimoni del siglo XIII y Hamisdrash Hagadol, que incluye midrashim sobre la Torá escritos por Rabí David Adeni en el Yemen, en el siglo XVI. El más famoso es Sefer Ha-Agadá compilado por J.N. Bialik y Y.J. Rawnitzki, que incluye una selección de agadot del Talmud y los midrashim; otras recopilaciones famosas son Ein Yaacov y Tzena Ureena.

SIFRUT HA-HALAJA

Hasta el momento, nuestro paseo por la biblioteca ha transcurrido junto a dos anaqueles: el Tanaj (la Torá She Bijtav) y a su derecha la Torá She Beal Pe (la Mishná, el Talmud y los Midrashim). Ahora nos dirigiremos hacia la izquierda, en dirección a Sifrut Ha-Halajá, que es aquella parte de nuestra Torá que se ocupa de las normas entre el individuo y D’s y entre el individuo y su prójimo. El origen de la halajá radica en la Torá She Beal Pe. En el principio de Pirkei Avot dice: “Moshe recibió la Torá en Sinaí y la entregó a Yehoshúa, Yehoshúa a los ancianos, los ancianos a los profetas y los profetas la entregaron a los miembros de Kneset Hagdolá” (Avot 1, 1). Los miembros de Kneset Hagdolá “circunscribieron la Torá”, es decir, estipularon nuevas normas, sentencias, enmiendas y halajot destinadas a preservar mejor sus preceptos. Todo lo que nuestros sabios decretaron, enmendaron y estipularon se basaba en el estudio de la Torá She Bijtav y se convirtió en la Torá She Beal Pe, que posteriormente fue escrita, tal como ya hemos visto con respecto a la Mishná y el Talmud. A diferencia de la Mishná, el Talmud no incluye Halajá Psuká (dictámenes sobre la halajá), por lo que los sabios de las sucesivas generaciones debieron decidir con respecto a cuestiones que los debates talmúdicos habían dejado sin respuestas.

Sifrut Ha-Poskim

La necesidad de dictaminar con respecto a diversos interrogantes y nuevos problemas que habían surgido por las diferentes circunstancias de tiempo y lugar llevó a un enorme desarrollo de la literatura halájica, que sigue produciéndose hasta nuestros días. Su evolución se inició en el período de los Gueonim (directores de las grandes yeshivot entre los anos 600 y 1040) de Babilonia, el centro de la vida judía en aquel entonces, y recibió el nombre genérico de Sheelot Uteshuvot (preguntas y respuestas), o en su sigla, Shut. Quienes respondían a estas preguntas eran conocidos con el nombre de Poskim (dictaminadores). Las respuestas emitidas condujeron a la creación de una serie de recopilaciones de halajot que se inició en tiempos de los Gueonim; las más conocidas son Mishné Torá de Rambam y Shulján Aruj de Rabí Yosef Caro.

Esta literatura comenzó a escribirse en tiempos de los Gueonim. Mencionaremos a continuación tres libros de esa época: Halajot Gdolot, Halajot Psukot y Halajot Ktzuvot. La tarea de los Poskim no concluyó con el paso del tiempo; además de los ya mencionados Rambam y Rabí Yosef Caro, cabe recordar a Rif (Rabí Ytzjak Alfasi), Ha-Rosh (Rabenu Asher) y en un período posterior Jaiei Adam de Rabí Abraham Danzig), Kitzur Shulján Aruj de Rabí Shlomo Ganzfried, Shulján Aruj Ha-Admor de Rabí Shneur Zalman de Liady, autor de Tania y Hanodá BiYehudá de Rabí Yejezkel Landau. También en nuestros días se escriben libros de halajá, como Mishná Brurá de Jafetz Jaim (Rabí Israel Meir Kohen de Radun, Polonia, fallecido en 1933) y Mekor Jaim de Rabí J.D. Halevy, el Rabino Sefardí de Tel-Aviv fallecido en 5758.

Sheelot Uteshuvot

Esta literatura se inició con las cartas enviadas por individuos y comunidades a los Gueonim de Babilonia, cuyo contenido consistía en en preguntas vinculadas con la halajá: cómo comportarse, qué estaba permitido y qué estaba prohibido. Las respuestas eran enviadas a quienes habían formulado las preguntas, que en muchos casos vivían en otros países; de esa manera, los Gueonim ampliaron su área de influencia mucho más allá de las comunidades judías de Babilonia. Ayudaron en gran medida a preservar la unidad de la nación, porque las respuestas eran instrucciones sobre cómo conducirse impartidas a Babilonia, Espana, Eretz Israel, Egipto y las demás poblaciones judías.

Las respuestas eran Piskei Halajá emitidos por los Poskim. A lo largo de 1.400 anos se recopilaron más de tres mil libros de Preguntas y Respuestas, que incluyen cerca de medio millón de respuestas. Algunos libros llevan los nombres de sus autores (completos o sus iniciales) o tienen títulos específicos, como Tshuvot Ha-Rambam y Shut Ha-Ramá (Rabí Moshe Isserles); el libro de Rabí Yejezkel Landau de Praga se llama Hanodá Bi-Yehuda. En nuestros tiempos se han publicado decenas de libros de Sheelot Uteshuvot, como Mishpatei Uziel (cuatro tomos de respuestas del Rabino Ben-Zion Uziel, que fuera Rishon Le-Zion (Primado de Sion), el Gran Rabino sefardí de Eretz Israel y que dictaminara que las mujeres tienen derecho al voto.

Las insólitas dimensiones de esta literatura impidieron a estudiosos y Poskim conocer todo el material escrito. El “Proyecto Shut”, emprendido por iniciativa de la Universidad de Bar-Ilan, almacenó en computadora el contenido de cientos de libros de Sheelot Uteshuvot, y por medio de un programa especial, hoy en día se puede acceder fácilmente a él y detectar las fuentes de casi todos los temas abordados en ellos.

Mishné Torá

Cualquier persona que sepa manejar una computadora puede ser posek halajá (dictaminar en cuestiones de Halajá)? ?El posek halajá debe saber manejar una computadora? La respuesta a ambas preguntas es ciertamente negativa: Rambam no sabía qué era una computadora, pero fue uno de los poskim más descollantes. El “Proyecto Shut” es un gran medio auxiliar, pero no sustituye al conocimiento y comprensión de la halajá.

Rambam, uno de los más grandes sabios judíos de todos los tiempos, vivió en el siglo XII. Quiso resumir todos los preceptos, tal como figuran en la Torá, la Mishná y el Talmud, y para ello escribió Mishné Torá, el libro de dictámenes halájicos destinado a las personas que tienen dificultades para comprender las halajot y las respuestas de los Gueonim, “un texto que incluya toda la Torá She Beal Pe desde los tiempos de Moshe Rabenu hasta fines del período de los Gueonim”. ?Por qué se llama “Mishné Torá”? Porque “una persona lee primero la Torá She Bijtav y después lee este libro y aprende en él toda la Torá She Beal Pe, sin necesidad de leer otro libro entre uno y otro”.

Este libro se destaca por cuatro características peculiares:

1. Incluye los 613 preceptos con todos sus detalles. Cabe recordar que algunos preceptos sólo tenían vigencia en tiempos del Templo; también ellos fueron incluidos por Rambam junto con otros de moral, fe, filosofía, astronomía, medicina y otras ciencias.

2. Se divide en 14 libros clasificados por temas, de aquí su nombre Hayad Hajazaka (el valor numérico de la palabra “yad” es 14), divididos en 83 secciones denominadas “halajot” y en unos 1.000 capítulos que contienen 15.000 párrafos.

3. Sólo senala el psak halajá, sin extenderse sobre sus fuentes, el autor que lo inspirara y los fundamentos sobre los que se basa.

4. Fue redactado en hebreo mishnaico, en un estillo bello y claro.

Desde el siglo XIV y hasta nuestros días se han escrito cientos de interpretaciones a Mishné Torá o Hayad Hajazaka; las más conocidos son Maguid Mishná y Lejem Mishná.

Ha-Rosh

Ha-Rav Rabenu Asher Ben Yejiel vivió en los siglos XIII y XIV, al principio en Alemania y posteriormente en Espana (Castilla). Fue el sabio más experto en halajá de su tiempo, y todos los judíos de Europa, tanto askenazíes como sefardíes, lo consideraban una autoridadad distinguida y Posek supremo. Escribió más de mil respuestas sobre temas de halajá e interpretación, y su principal obra es Piskei Ha-Rosh o Hiljot Ha-Rosh laTalmud. Otro posek conocido fue su hijo Rabí Yaacov Ben Ha-Rosh, en cuyo libro Arbaá Turim siguió las huellas de su padre. El libro, conocido como “Ha-Tur”, cumplió una importante función en el dictamen final sobre normas y halajot. Está dividido en cuatro partes (“turim”): Oraj Jaim, Joshen Mishpat, Yoré Deá y Even Ezer.

¿Qué es? (I)

La Torá

Comenzamos sus primeras palabras, “Bereshit bará” (“En el principio creó”). La Torá se compone de cinco libros llamados jumashim: Bereshit (Génesis), Shmot (Exodo), Vaikrá (Levítico), Bamidbar (Números), Dvarim (Deuteronomio). Hay un nombre genérico para los cinco libros y un nombre propio para cada uno de ellos, pero no sabemos el nombre del autor. Según la tradición, la Torá fue entregada al pueblo judío en el Monte Sinaí y contiene los preceptos y leyes impartidos a Israel, la descripción de la creación del mundo y el comienzo de la humanidad, la historia de los patriarcas de la nación judía y los comienzos del pueblo hasta la muerte de Moshe. ?Por qué la hemos ubicado en el centro? Por una razón muy sencilla: según la concepción judía, en la Torá se halla toda la cultura judía y todo el estilo de vida judío, como individuos y como pueblo. Todo se halla escrito de manera directa (Pshat, “sencillo”) o indirecta (Drash, “exégesis”; Remez, “alusión” y Sod, “secreto”). La Torá entregada en Sinaí es la Torá She Bijtav (escrita), a diferencia de los textos de halajá y agadá de nuestros sabios en tiempos del Segundo Templo y en los siglos posteriores, genéricamente denominados Torá She Beal Pe (oral).

El Tanaj

Los textos sagrados del pueblo judío y los fundamentos de su cultura nacional fueron recopilados en un solo libro integrado por tres: TaNaj, Torá, Neviím y Ketuvim. En el Tanaj hay 24 libros.

Torá:

– Bereshit, Shmot, Vaikra, Bamidbar, Dvarim.

Neviim:

– Neviím Rishonim (Profetas anteriores): Yehoshua (Josué), Shoftim (Jueces), Shmuel (Samuel) I y II, Melajim (Reyes) I y II.

– Neviím Ajaronim (posteriores): Yeshaiahu (Isaías), Irmiahu (Jeremías), Yejezkel (Ezequiel), Trei Asar (profetas menores).

Ketuvim:

Tehilim (Salmos), Mishlei (Proverbios), Iov (Job), Jamesh Meguilot (Shir Hashirim (Cantar de los Canatres), Rut, Eija (Lamentaciones), Kohelet (Eclesiastés), Ester), Daniel, Ezra u-Nejemia (Esdras y Nehemías), Divrei Haiamim (Crónicas).

Los libros que integran el Tanaj se denominan Sagradas Escrituras para diferenciarlos de los Sfarim Jitzoniím (Libros Externos o Apócrifos), que no fueron incluidos en el Tanaj por los miembros de la Kneset Hagdolá, en tiempos del Segundo Templo. También se los llama Mikrá porque eran textos escritos y posteriormente leídos, a diferencia de la Mishná y los midrashim, que eran reproducidos oralmente.

Como ya hemos dicho, la Torá es la primera parte del Tanaj; sobre ella se creó posteriormente la Mishná y más adelante el Talmud. De todos los libros del Tanaj se tomó el material que sirvió de fuente de inspiración para la literatura del midrash: la agadá y la halajá. Cuando el pueblo judío partió al exilio, forzada o voluntariamente, se redujo su dominio de la lengua hebrea y surgió la necesidad de traducir el Tanaj. Una versión muy famosa fue la “Traducción de los Setenta” (Septuagynta) al griego, realizada en tiempos del Segundo Templo. Entre las traducciones al arameo las más conocidas son: Targum Onkelos y Targum Yonatan.

El Tanaj es el libro más veces impreso en el mundo; ha sido traducido a casi todos los idiomas y es considerado patrimonio cultural de todo el mundo occidental.

Las Mikraot Guedolot

Con el paso del tiempo, surgieron numerosos comentarios del Tanaj. En realidad, la interpretación de la Mikra no concluyó nunca y se prolonga hasta nuestros días. Los comentaristas más destacados son: en primer lugar Rashi (Rabí Shlomo Ytzjaki), el más grande intérprete del Tanaj y el Talmud, que vivió en Francia en el siglo XI. Sus comentarios descuellan por su brevedad, claridad y precisión, así como también por sus increíbles conocimientos y extraordinaria capacidad de explicación. Junto a él cabe mencionar otros tres exégetas: Rashbam (Rabenu Shmuel Ben Meir), nieto de Rashi, que vivió en Francia en los siglos XI y XII, cuyos comentarios se destacan por su aspiración al pshat; Rabí Abraham Ibn Ezra, que vivió en el siglo XII y fue uno de los estudiosos y poetas más renombrados de Espana, redactó sus interpretaciones con el afán de “explicar todos los textos según sus normas, precisiones y sencillez”; Rambán (Rabenu Moshe Ben Najmán), vivió en el siglo XIII y fue uno de los más grandes expertos en halajá. Completó su interpretación de la Torá en Eretz Israel, y en su concepción senaló que “en la Torá todo se escribe como interpretaciones o alusiones”. En 1517, hace unos cinco siglos, se publicó en Venecia la primera edición de Mikraot Guedolot, que incluye el texto bíblico, interpretaciones (Rashi, Rashbam, Ibn Ezra, Rambán, Sforno) y traducciones. En las ediciones posteriores se incluye también Toldot Aharón, un índice de citas de versículos en el Talmud. A la Torá se adjuntan las traducciones de Onkelos e Yonatan; a los Neviím, el comentario de Radak (Rabi David Kimji), Metzudat David y Metzudat Tzion.

La Torá She-Beal Pe

En apariencia, el concepto de “Torá She Beal Pe” significa que los contenidos no se conservan por escrito, sino que eran -y son- reproducidos oralmente. La Torá She Bijtav (el Tanaj) fue siempre un texto escrito, mientras que la “Torá She Beal Pe” fue evolucionando oralmente entre quienes transmitían la Torá de boca en boca. Cabe recordar que en la antigüedad había quienes se oponían a la escritura de la Torá She Beal Pe, pero la gran cantidad de material acumulado la impuso.

Qué era lo que se transmitía oralmente? Las interpretaciones y explicaciones de la Torá She Bijtav, normas, enmiendas y restricciones destinadas a reforzar la posición de la Torá. Es decir que la Torá She Beal Pe está directamente vinculada con la Torá She Bijtav, y sin ella carecería de contenido.

Por ejemplo: la Torá nos ordena permanecer en la sucá siete días, pero, qué es la sucá? La Torá She Beal Pe nos brinda una respuesta que se desprende de las normas establecidas por los sabios.

La Mishná

Al final de Libro Dvarim dice: “Ensenan tus normas a Yaacov y tu Torá a Israel”. Los sabios se preguntaron: ?Por qué son necesarias tus normas y tu Torá, si basta con una de ellas? Si a pesar de ello la Torá menciona a ambas, es porque hay una razón: “Dos versiones de la Torá fueron entregadas a Israel: una oral y la otra escrita” (Sifri, Vezot Habrajá). La primera recopilación de normas que complementan y explican la Torá She Beal Pe se llama Mishná, nombre que deriva de la raíz “Sh.N.H.”, estudiar.

Por qué escribieron estas interpretaciones y no las dejaron en su forma oral? Porque se había acumulado una gran cantidad de normas y resultaba muy difícil recordarlas. Al escribirlas, facilitaron su memorización e impidieron su olvido. La Mishná, que se basa en elementos orales, fue recopilada por Rabí Yehudá Hanasí, un gran dirigente de la población judía en Eretz Israel aproximadamente en el ano 200 a.e.c. (hace 1.800 anos). Al recopilar todo el material, Rabí Yehudá Hanasí determinó qué incluir en la Mishná y qué quedaría afuera. La Mishná consta de seis Sedarim (partes): Zraim: las normas vinculadas fundamentalmente con la agricultura; Moed: las normas relativas a las festividades; Nashim: las normas referidas a la vida íntima; Nezikín: las normas vinculadas con el patrimonio y las cuestiones entre dos personas; Korbanot: las normas referidas a los sacrificios en el Templo; Tohorot: las relativas a la pureza del cuerpo, el hogar y los enseres. La sigla formada por las iniciales de los seis Sedarim es: Zman Nakat.

Los Sfarim Jitzoniím

Los Sfarim Jitzoniím fueron escritos en tiempos en que los judíos estudiaban la Torá y los sabios la interpretaban y explicaban. Se trata de libros escritos por judíos en tiempos del Segundo Templo y en la etapa inmediatamente posterior (350 a.e.c. – 150 e.c.), cuyo sentido se asemeja al de los textos bíblicos pero que no fueron consagrados junto con los 24 libros de la Mikrá, cuyo proceso de cristalización en un solo tomo consagrado -el Tanaj- tuvo lugar en aquella misma época. Parte de ellos se ha perdido, y algunos han sido redescubiertos recientemente.

Entre los Sfarim Jitzoniím más importantes cabe mencionar a los Libros de los Macabeos (I y II), gracias a los cuales sabemos de la rebelión de los Macabeos; los libros atribuidos a Janoj, que incluyen mucho material referido a las creencias de los judíos en tiempos del Segundo Templo; el Sefer Hayovlot, que describe los acontecimientos más importantes desde la creación del mundo hasta el Exodo de Egipto; el Libro de Judith, que despliega la tradición de heroísmo de las mujeres judías; el Libro de Ben-Sirá (que lleva el nombre de su autor), destinado a ensenar sabiduría y principios morales al pueblo judío, y a educarlos en la reverencia a D’s en el espíritu de la Torá; la Epístola de Aristíades, atribuida a un autor griego, que contiene la traducción de la Biblia al griego a pedido del emperador egipcio Ptolomeo.

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