AYUNO DEL 17 DE TAMUZ צוֹם שִבְעָה עָשָׂר בְּתַמּוּז‎ (Martes, 25 de Junio de 2013)

17tamuzESTE AÑO, EL  AYUNO DEL 17 DE TAMUZ צוֹם שִבְעָה עָשָׂר בְּתַמּוּז‎  CAE EL  MARTES 25 DE JUNIO DE 2013.LES RECORDAMOS QUE SE PUEDE COMER HASTA ANTES DE AMANECER, SIEMPRE Y CUANDO SE PUSO CAVANA (INTENCION) DE HACERLO ASI.
COMO YA HEMOS PUBLICADO MUCHAS ENTRADAS REFERENTES AL TEMA, LES INDICAMOS A CONTINUACIÓN CUALES SON. GRACIAS Y BUEN AYUNO (TZOM KAL)

AYUNO DEL 17 DE TAMUZ צוֹם שִבְעָה עָשָׂר בְּתַמּוּז‎ (Domingo 8 de Julio de 2012)

ESTE AÑO, EL  AYUNO DEL 17 DE TAMUZ צוֹם שִבְעָה עָשָׂר בְּתַמּוּז‎  CAE EL SHABAT 7 DE JULIO DE 2012 Y POR TAL MOTIVO SE PASA AL DOMINGO 8 DE JULIO.

COMO YA HEMOS PUBLICADO MUCHAS ENTRADAS REFERENTES AL TEMA, LES INDICAMOS A CONTINUACIÓN CUALES SON. GRACIAS Y BUEN AYUNO (TZOM KAL)

http://keterdeisrael.blogspot.com.es/2011/07/ayuno-del-17-de-tamuz-martes-19-de.html

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AYUNO DEL 17 DE TAMUZ צוֹם שִבְעָה עָשָׂר בְּתַמּוּז‎ (Martes 19 de Julio de 2011)

Shiva Asar beTamuz – 17 de Tamuz. Inicio de las tres semenas de duelo

El génesis del sufrimiento… , una herida que aún sigue abierta…

¿QUE OCURRIO EL 17 DE TAMUZ?

Los sabios enseñan que a nuestros antepasados les ocurrieron cinco tragedias el 17 de Tamuz y otras cinco en Tisha B’Av.
El 17 de Tamuz (Shivá asar be Tamuz), fueron rotas las primeras tablas de la Ley. La Tora fue entregada el 6 de Siván y el 7 de Siván, Moisés ascendió por orden del Eterno para recibir las tablas. Permaneció allí durante cuarenta días, hasta el 17 de Tamuz Entonces Moisés descendió, y cuando vio que los israelitas habían hecho el Becerro de Oro, rompió las tablas.
Ese fue un día de gran catástrofe. Se alzó el Océano Atlántico, como si fuera a tragar al mundo entero. Inmediatamente Moisés tomó el Becerro de Oro, lo quemó y lo hizo polvo. Luego Moisés preguntó al mar: “¿Por qué quieres inundar el mundo?”

“El mundo existe solamente por mérito de la Tora”, respondió el mar, “y los israelitas se han rebelado contra ella.”
Moisés replicó: “Te daré lo que ellos hicieron”. Y tomó las cenizas del Becerro de Oro y las esparció sobre la superficie del agua.
En ese momento murieron miles de israelitas, pero el mar no aplacó su furia. Entonces Moisés tomó un poco de ese agua mezclada con las cenizas del Becerro de Oro y se la dio de beber a los israelitas. Recién entonces el mar se calmó.

También se decretó que los israelitas fueran subyugados a otras naciones y que murieran. Si las tablas no se hubieran roto, ninguna nación jamás hubiera podido dominarlos. Además, los israelitas hubieran sido inmortales.
Hay una referencia a esto en la Tora cuando dice: “Y las tablas habían sido hechas por Di-s, de Quien era también la escritura grabada (jarut) en ellas” (Éxodo 32:16). Nuestros sabios enseñan: “No leas “jarut”, sino “jerut”, que denota libertad” (Es como si la Tora, en el libro del Éxodo, hubiera dicho: “Y las tablas habían sido hechas por Di-s, había libertad en ellas”) Esto indica que si las tablas no hubieran sido rotas, los israelitas hubieran sido liberados del yugo del gobierno y también del Ángel de la Muerte.

También ocurrieron otras catástrofes el 17 de Tamuz Ese día los israelitas tuvieron que dejar de llevar el sacrificio diario denominado “tamid”. Todos los días los israelitas sacrificaban dos ovejas, una a la mañana y otra al caer la tarde (Números 28:3-4). Una era para expiar los pecados cometidos durante la noche y la otra para expiar los pecados cometidos durante el día. Así los israelitas podían dormir libres de pecados.

Cuando el enemigo puso sitio a Jerusalén, los israelitas continuaron llevando sacrificios, con los animales que había en la ciudad. Sin embargo, el 17 de Tamuz tuvieron que dejar de llevar el “tamid” porque ya no quedaban más animales en Jerusalén que pudieran elevarse en sacrificios, y era imposible salir afuera de los límites de la ciudad a buscar más.

Cuando se dejó de ofrecer el “tamid”, el enemigo se hizo más fuerte y logró destruir Jerusalén. Lo que acabamos de contar ocurrió durante la destrucción del Primer Templo. Algo parecido ocurrió en la época del Segundo Templo.
Habían dos hermanos, Hircano y Aristóbulo, que eran príncipes reales. Antes de que su padre, el rey, muriera, ordenó que su mujer ocupara su puesto en el trono y que Hircano fuera el Gran Sacerdote. De hecho, su mujer reinó en su lugar y designó a su hijo Hircano como Gran Sacerdote.

¿POR QUE EL AYUNO?

Los días de ayuno fijados por nuestros Sabios en memoria de acontecimientos trágicos con consecuencias desastrosas, tienen por objetivo despertar en nuestro corazón el deseo de cumplir con las normas de la Torá y facilitar así la vía hacia la Teshuvá (Retorno al judaísmo auténtico). El recuerdo de nuestro trágico pasado, fruto del desvío del pueblo, nos impone un examen de conciencia y nos inculca la convicción que nuestro futuro depende de nuestra conducta.

UN FUTURO MEJOR…

Estamos fortalecidos por las profecías garantizando el retorno de los exiliados a la tierra de Israel y anticipando que “el ayuno del cuarto mes (17 de Tamuz), el ayuno del quinto mes (9 de Av), el ayuno del séptimo mes (Tsom Guedalia* y el ayuno del décimo mes (10 de Tebet) serán convertidos para la casa de Israel en días de alegría, de regocijo y de fiesta” (Zejariá 8, 19). Y el profeta concluye: “Pero amad la verdad y la paz”, pues como condición para tiempos más dichosos, hemos de atarnos a la verdad de la Torá y hacer reinar la paz entre nosotros.

ALGUNAS LEYES DEL AYUNO

1. El ayuno es obligatorio para todo mayor de Bar/Bat Mitzvá. Se ayuna durante el día, y no desde la noche.

2. Una persona enferma, aun no gravemente, esta exenta del ayuno. Al igual que una mujer embarazada o que amamanta. Estas personas solo consumirán el alimento estrictamente necesario.

3. El ayuno del 10 de Tebet no se posterga ni se atrasa, ya que dice el profeta “Beetzem hayom haze” ( “la fecha exacta de este día”). Por eso si cae viernes se ayuna hasta después de Arvit de Shabat, es decir, hasta la cena sabática.

4. Se puede comer hasta el alba del 10 de Tebet solo si se tenia esa intensión, y no si por casualidad uno se levantó a esa hora.

5. En las Amida de Shajarit y Minja se intercala el párrafo “Anenu”, relativo a los ayunos públicos.

6. Si se reúnen en el Bet Hakneset (Sinagoga) por o menos diez personas que ayunan, se saca el Sefer Tora para leer la Parashá Vijal Moshé (Shemot, Ki Tisa, 32, 12-13 y 34, 1-10). Como es una lectura en ocasión del ayuno, no se hace subir a una persona que no este en ayuno, pero, de todas, formas, si alguien que no esta ayunando es invitado a subir al Sefer Torá para su lectura, por respeto, no rechazará la invitación.

http://www.shabuatov.com/

¡¡ ATENCIÓN !! MAÑANA Jueves 9 de Julio de 2009 es el AYUNO DEL 17 DE TAMUZ צוֹם שִבְעָה עָשָׂר בְּתַמּוּז‎

17_de_TamuzEs importante recordar que en esta fecha ocurrieron cinco desgracias al pueblo de Israel:

1.Moisés rompió las Tablas de la Ley cuando bajó del Monte Sinaí y encontró al pueblo adorando al becerro de oro.

El 6 de Siván, día de Shavuot, luego de la entrega de la Torá, volvió Moisés y subió al Monte Sinaí para estudiar la Torá de la boca de D-s (Ley oral), advirtiendo al pueblo que estaría allí 40 días y 40 noches (del 6 de Siván hasta el 17 de Tamuz). El día anterior a su regreso, el Satán consiguió confundir al pueblo en la cuenta de los días y fue así que, convencidos que Moisés había muerto, buscaron en la idolatría el sustituto como ´´medio´´ delante de D-s para que los retornara a Egipto.

2. Se suprimieron los sacrificios en el Primer Templo, por falta de animales.

En la época del Primer Templo, el 9 de Tamuz, cayeron las murallas de Jerusalem ante Nabucodonosor, pero el enemigo no logró llegar al Templo hasta el 7 de Av. A partir del 13 de Tamuz, se acabaron los últimos corderos para sacrificios y, a pesar de esto, por medio de soborno a los soldados, se consiguieron más animales hasta el 17 de Tamuz. (Talmud Yerushalmi).

3. El ejército romano, encabezado por Tito, consiguió abrir una brecha en las murallas de Jerusalem en la época del Segundo Templo.

4. Apóstemus quemó en público un Séfer Torá.

El gran historiador Josefus Flavius relata: ´´Luego de las desgracias ocurridas, en las que fallecieron aproximadamente 10.000 judíos, bandidos de los alrededores de Bet-Horón (cerca de Lod), atacaron a uno de los siervos del César y, en represalia, Apóstemus tomó ante los ojos de los habitantes de la zona un Séfer Torá, lo desquebrajó y lo tiró al fuego´´.

5. Fué colocado en el Kodesh HaKodashim (Sancto Sanctórum) del Segundo Templo una imagen idólatra, en lugar del Arca.

**El significado de Ayunar

Los ayunos constituyen un medio de expresión, una formulación física de la intención de reconstruír la vida sobre valores espirituales auténticos.

El hecho automático de dejar de comer y continuar la jornada diaria como cualquier otro día, sin ninguna reflexión o valoración, no tiene ningún significado, como lo expresa el Profeta Isaías:

´´¿Para qué ayunamos, si Tú nos ves? Pues en el día de vuestro ayuno continuáis vuestros negocios y trabajos… He aquí que ayunáis para reñir y discutir, y hacer la maldad. No ayunéis, si queréis que vuestra voz sea oída en lo alto. No es éste el ayuno que Yo he escogido para liberaros de la maldad, sino para compartir tu pan con el hambriento, y para que traigas a los pobres que rechazaste de tu casa, y vistas al desnudo. Entonces brillará tu luz como la mañana y brotará rápidamente el remedio a tu mal, y se apartará tu injusticia delante de tí y la gloria del Eterno será tu retaguardia. Y te guiará el Eterno continuamente y satisfará tu alma en tiempos de sequía… Y tus descendientes reedificarán los lugares antigüos que fueron desolados´´. (Yeshayáhu 58:3-12).

Este es el objetivo del ayuno: Llevar a la persona a la conducta ética, elevada, de acuerdo a la Torá, y a su función como ser creado a imagen y semejanza de Di-s.

Si el ayuno no produce un cambio interior en los valores y en la conducta del hombre, y no lo hace reflexionar sobre su comportamiento, el ayuno no tiene significado alguno; ya que éste es un medio de reflexión para el retorno a Di-s y a sus valores espirituales y éticos. El ayuno no es un fin en sí, sino un medio.

** Algunas leyes para el día del Ayuno

• Tanto los hombres como las mujeres están obligados a ayunar en estos días. Por su parte, los niños a partir de los once años y las niñas a partir de los diez, deben comenzar a acostumbrarse a ayunar si esto no les daña su salud; antes de esa edad no deberán ayunar pues puede dañar su crecimiento. El niño a los trece años de edad, y la niña a los doce, se consideran mayores y deben de ayunar, excepto en caso de enfermedad.

• En estos ayunos está prohibido comer o beber desde el amanecer (que es mucho antes de la salida del sol) hasta la salida de las estrellas, no comienza el ayuno desde la noche precedente.

• Sin embargo, una vez que se acostó y se durmió, si se despierta luego antes del alba ya no puede comer por la noche. Sólo se permite beber, pero todo el tiempo que se queda despierto puede seguir comiendo hasta el alba. Si antes de dormirse, tenla la intención de comer al despertarse antes del alba, esta permitido.

• Las mujeres embarazadas y las que amamantan están exentas de ayunar, no obstante, si no les afecta pueden ayunar.

• Toda persona que por razones de salud está eximida de ayunar, solo tomará la comida estrictamente necesaria y se abstendrá de platos sabrosos y superfluos

• Para cualquier duda que pueda tener respecto al ayuno, consulte a su Rabino

Quiera HKBH que no sea necesario realizar mañana este ayuno y estemos todos festejando la llegada del Mashiaj. Amen.

AYUNO DEL 17 DE TAMUZ צוֹם שִבְעָה עָשָׂר בְּתַמּוּז‎ (Jueves 9 de Julio de 2009)(Recordatorio y leyes)

´´Los ayunos se convertirán, para la casa de Yehudá, en los días de gozo y felicidad´´. (Zejaría – Zacarías – 8:19)

Recuerda y nunca olvides

La historia de nuestro pueblo, expuesta en su primera etapa en la Biblia y más tarde por nuestros Sabios e historiadores, nos demuestra siempre un ciclo continuo de desgracias y pequeñas épocas de tranquilidad, con tal exactitud, que a veces parece ser una mera repetición de hechos.

Este fenómeno ha provocado siempre el esfuerzo de la lógica humana que a veces se niega a aceptar el porqué de estas persecuciones, de los pogroms, de las inquisiciones, del Genocidio, y de todos los acontecimientos siniestros que le acontecieron a un pequeño pueblo que tiene la curiosa particularidad de que cuanto más intenta ser como el resto de los pueblos, más lo persiguen y lo castigan.

´´Y será, si no escuchares la voz de Di-s… te vendrán todas las desgracias… te llevará Di-s al pueblo que no conociste ni tú, ni tus padres, y servirás a otros dioses de madera y de piedra, y serás señalado, puesto por ejemplo y odiado entre los pueblos´´.

´´Y será, si escuchares la voz de Di-s, tu Di-s, para guardar y cumplir todos los preceptos que te encomiendo hoy, te dará, Di-s, tu Di-s, supremacía sobre todos los pueblos de la Tierra, y se cumplirán todas estas bendiciones…´´. (Devarim 28).

En nuestras manos está fijar la próximas páginas de nuestra historia; no existe destino ni casualidad sino la elección, como está escrito: ´´La vida y la muerte puse detante de tí, la bendición y la maldición, y elegirás la vida´´. (Devarim 30).

Los ayunos fueron fijados por nuestros Sabios por las desgracias que ocurrieron a nuestros antepasados; para despertar los corazones y encauzar los sentimientos hacia el arrepentimiento, y sean estos días de rememoración de nuestras malas acciones y de los hechos de nuestros padres, que fueron como los nuestros, causantes de estas desgracias, como está expresado (Yoná 3:10): ´´Y se arrepintieron de los pecados de sus padres…´´.

Por lo tanto, todo judío está obligado, en especial en estos días, de comprobar sus acciones y remediarlas, pues no es el ayuno lo principal sino el arrepentimiento, como está escrito: ´´Vió Di-s sus actos´´ (Yoná 3:10) y explicaron nuestros Sabios: ´´Sus actos, y no sus ayunos´´. De aquí aprendemos que el ayuno constituye solamente un preparativo para el arrepentimiento.

Por eso, al cumplir con los ayunos en forma cabal y sincera, abrigamos la esperanza del cumplimiento de la profecía que nos garantiza que ´´Se convertirán estos días de luto y tristeza en días de alegría´´ y como está escrito, ´´Todo el que se apena por la destrucción del Templo, verá con alegría su construcción´´.

Significado del Ayuno

Los ayunos constituyen un medio de expresión, una formulación física de la intención de reconstruír la vida sobre valores espirituales auténticos.

El hecho automático de dejar de comer y continuar la jornada diaria como cualquier otro día, sin ninguna reflexión o valoración, no tiene ningún significado, como lo expresa el Profeta Isaías:

´´¿Para qué ayunamos, si Tú nos ves? Pues en el día de vuestro ayuno continuáis vuestros negocios y trabajos… He aquí que ayunáis para reñir y discutir, y hacer la maldad. No ayunéis, si queréis que vuestra voz sea oída en lo alto. No es éste el ayuno que Yo he escogido para liberaros de la maldad, sino para compartir tu pan con el hambriento, y para que traigas a los pobres que rechazaste de tu casa, y vistas al desnudo. Entonces brillará tu luz como la mañana y brotará rápidamente el remedio a tu mal, y se apartará tu injusticia delante de tí y la gloria del Eterno será tu retaguardia. Y te guiará el Eterno continuamente y satisfará tu alma en tiempos de sequía… Y tus descendientes reedificarán los lugares antigüos que fueron desolados´´. (Yeshayáhu 58:3-12).

Este es el objetivo del ayuno: Llevar a la persona a la conducta ética, elevada, de acuerdo a la Torá, y a su función como ser creado a imagen y semejanza de Di-s.

Si el ayuno no produce un cambio interior en los valores y en la conducta del hombre, y no lo hace reflexionar sobre su comportamiento, el ayuno no tiene significado alguno; ya que éste es un medio de reflexión para el retorno a Di-s y a sus valores espirituales y éticos. El ayuno no es un fin en sí, sino un medio.

El ayuno cumple con tres propósitos diferentes:

Arrepentimiento y expiación: Para tomar conciencia de nuestra función en este mundo, y expiar las transgresiones en la relación con Di-s, como el ayuno de Yom Kipur.

Súplica: El Profeta Yoel, tras la devastación de la Tierra de Israel por la langosta, pide al pueblo: ´´Proclamad ayuno, convocad asamblea, congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa del Señor y recen a Di-s´´. (Yoel 1:14).

Duelos: Nuestros Sabios establecieron los días de ayuno por causa de las desgracias ocurridas en nuestra propia vida o en la vida de nuestro pueblo, con el fin de aprender del pasado y no volver a cometer los mismos errores.

La vida contemporánea sigue un ritmo enloquecedor; no hay tiempo para la reflexión.

El ayuno permite un balance, un salir de sí para volver en sí, para volver a nuestro origen y preguntarnos: ´´¿Quién soy?´´ y ´´¿Cómo podría ser?´´.

Y si, para preguntarse, el hombre necesita coraje, más aún lo necesita para responderse auténticamente y sin evasivas, y mucho más para retornar, corregir el rumbo trazado y dar una nueva forma a los contenidos de la vida, y ponerlos acorde a los valores espirituales del Creador.

Cuando se arma de este coraje, entonces el hombre asume su propia imagen y semejanza de Di-s, y se recupera de toda alienación y de toda falsedad.

El gran Rambam (Maimónides), expresó: ´´En las épocas de persecuciones y opresiones, recen e imploren, y sepan que nuestras malas acciones produjeron estos malos sucesos. Pero si lo consideran casualidad, aumentarán las desgracias´´. (Hiljot Taanit Cap. 1).

El ayuno no ha de entenderse como un ´´sacrificio´´ gracias al cual se conquistará el cielo si detrás de los actos exteriores no hay auténtico vuelco del alma hacia el bien.

Leyes de los Ayunos

Cuatro son los ayunos que fijaron nuestros Sabios en recuerdo de las desgracias: 3 de Tishré, 10 de Tevet, 17 de Tamuz, 13 de Adar.

• Tanto los hombres como las mujeres están obligados a ayunar en estos días. Por su parte, los niños a partir de los once años y las niñas a partir de los diez, deben comenzar a acostumbrarse a ayunar si esto no les daña su salud; antes de esa edad no deberán ayunar pues puede dañar su crecimiento. El niño a los trece años de edad, y la niña a los doce, se consideran mayores y deben de ayunar, excepto en caso de enfermedad.

• En estos ayunos está prohibido comer o beber desde el amanecer hasta la salida de las estrellas.

• Las mujeres embarazadas y las que amamantan, si no les afecta pueden ayunar.

• En la mañana: El ayuno comienza con el amanecer (que es mucho antes de la salida del sol) En la repetición de la Amidá , el jazán dice (עננו) después de (גואל ישראל) con su propia bendición (La cual tiene varias versiones, de acuerdo con la costumbre local, especificada en el Sidur) Algunos dicen Selijot en la Amidá. Después de la Amidá se recita (אבינו מלכנו) y (תחנון) (Ashkenazíes y Jasidim) u otras plegarías especiales (sefardíes) que se encuentran en el Sidur. En el caso de que en la congregación se encuentren por lo menos seis hombres (la mayoría absoluta dentro de un minián) ayunando, se continúa con la lectura de la Torá correspondiente a días de ayuno: El primero (cohen) lee Éxodo 32;11 (ויחל משה) hasta el versículo 14 (לעשות לעמו) el rollo de la Torá se desenrolla; el segundo (Levi) lee 34:1 (פסל-לך – ויאמר) hasta el versículo 3 (ההר ההוא) ; el tercero lee del versículo 4 (ויפסול) hasta el versículo 10 (עמך)

Se dice medio Kadish. Quien no este ayunando no debe ser convocado a la lectura de la Torá , y en principio, tampoco debe leer la Torá en este día.

• Servicio de la tarde: Ashrei. Luego, medio Kadish. Si hay en la congregación seis o más personas que estén ayunando, se lee la Torá la misma lectura que en la mañana, con las mismas condiciones, pero no se dice medio Kadish. En este servicio, se acostumbra (Ashkenaziés y Jasidim) que la tercera persona convocada a la lectura de la Torá , lea la Haftará (Isaías 55:6-56:8… (דרשו) , diciendo las tres bendiciones (la cuarta de los sábados en la mañana, no se menciona) Los sefardíes no leen la Haftará en los días de ayuno (exceptuando Yom Kipur y Tishá Beav) Después de devolver la Torá al Arca, el Jazán dice medio Kadish. Se dice (עננו) en la Amidá individual en silencio dentro de la bendición (שומע ת פילה) sin una bendición propia, pero cuando el Jazán repite la Amidá él lo dice después de la bendición de (גואל ישראל) con la bendición apropiada después de la Amidá : (אבינו מלכנו) y (תחנון)

Los sefardíes dicen Viduy, (תחנון), y el Salmo 102

(… תפלה לעני) Se concluye el servicio de la manera habitual.

Si el ayuno coincide con el Shabat, se pospone el ayuno hasta el domingo, excepto el ayuno de Esther que se adelanta al jueves. (Shulján Aruj, Cap. 503).

17 de Tamuz צוֹם שִבְעָה עָשָׂר בְּתַמּוּז‎

Un poco de historia

En esa fecha ocurrieron cinco desgracias al pueblo de Israel:

1. Moisés rompió las Tablas de la Ley cuando bajó del Monte Sinaí y encontró al pueblo adorando al becerro de oro.

El 6 de Siván, día de Shavuot, luego de la entrega de la Torá, volvió Moisés y subió al Monte Sinaí para estudiar la Torá de la boca de D-s (Ley oral), advirtiendo al pueblo que estaría allí 40 días y 40 noches (del 6 de Siván hasta el 17 de Tamuz). El día anterior a su regreso, el Satán consiguió confundir al pueblo en la cuenta de los días y fue así que, convencidos que Moisés había muerto, buscaron en la idolatría el sustituto como ´´medio´´ delante de D-s para que los retornara a Egipto.

2. Se suprimieron los sacrificios en el Primer Templo, por falta de animales.

En la época del Primer Templo, el 9 de Tamuz, cayeron las murallas de Jerusalem ante Nabucodonosor, pero el enemigo no logró llegar al Templo hasta el 7 de Av. A partir del 13 de Tamuz, se acabaron los últimos corderos para sacrificios y, a pesar de esto, por medio de soborno a los soldados, se consiguieron más animales hasta el 17 de Tamuz. (Talmud Yerushalmi).

3. El ejército romano, encabezado por Tito, consiguió abrir una brecha en las murallas de Jerusalem en la época del Segundo Templo.

4. Apóstemus quemó en público un Séfer Torá.

El gran historiador Josefus Flavius relata: ´´Luego de las desgracias ocurridas, en las que fallecieron aproximadamente 10.000 judíos, bandidos de los alrededores de Bet-Horón (cerca de Lod), atacaron a uno de los siervos del César y, en represalia, Apóstemus tomó ante los ojos de los habitantes de la zona un Séfer Torá, lo desquebrajó y lo tiró al fuego´´.

5. Fué colocado en el Kodesh HaKodashim (Sancto Sanctórum) del Segundo Templo una imagen idólatra, en lugar del Arca.

http://www.mesilot.org, http://www.torahenfamilia.com

AYUNO DEL 17 DE TAMUZ צוֹם שִבְעָה עָשָׂר בְּתַמּוּז‎ (Jueves 9 de Julio de 2009)(VI)

Comentarios y Reflexiones

La lección que el pueblo aprendió
(selección extraída del libro “Fechas y conmemoraciones” por Shelomo Sued, © Shelomo Sued)


Este ayuno es llamado en el léxico de nuestros sabios: “El ayuno cuarto”. Dicho apelativo, lo tomaron del versículo en Zacarías (8-19) que reza: “Así dijo el D-os de los Ejércitos: El ayuno del mes cuarto (17 de Tamuz); el ayuno del mes quinto (9 de Ab); el ayuno del mes séptimo (ayuno de Guedaliá) y el ayuno del mes décimo (10 de Tebet); se convertirán para la casa de Yehudd en días de gozo y regocijo…”.

¿Cuál es la razón de este ayuno?.

Nos explican nuestros eruditos en el Talmud, tratado de Taanit (26-1):
“Cinco desgracias acaecieron en este desdichado día, (en distintas épocas) al pueblo de Israel:
Primera: Moshé, nuestro insigne maestro, rompió las Tablas de la Ley al pie del monte cuando advirtió que Israel adoraba al becerro de oro.
Segunda: Se suspendió el sacrificio diario que se ofrendaba sobre el altar en la época del Primer Templo, por falta de ganado.
Tercera: Fue sitiada la ciudad de Jerusalém en la era del Segundo Templo.
Cuarta: Apostomós (Emperador de Roma) quemó la Torá.
Quinta: Fue colocado un ídolo en el arca sagrada”.

La cita mencionada requiere un detenido análisis. Centrémonos en la primera de las desgracias ocurridas en este infausto día. Moshé recibió las Tablas de la Ley directamente de las manos de D-os para que se las entregara al pueblo de Israel. Cuando bajó del cielo se encontró con que, el pueblo (en su mayoría conversos Egipcios que se unieron a Israel en la salida de Egipto), estaba danzando alrededor del becerro de oro. Ante esa vergonzosa acción, Moshé tiró las Tablas de sus manos y las rompió.

Cabe preguntar: Si bien es aceptable la determinación de Moshé de no entregarle la Torá a los hijos de Israel, puesto que habían renegado de la fe en la unidad. de D-os; y por consiguiente quedaban descalificados para consagrarse como “El pueblo privilegiado”, es incomprensible su actitud consiguiente de romper las tablas, pues de hecho no eran suyas. En su caso, debía devolverlas a D-os para que El decidiera que hacer con ellas. ¿Cómo se atrevió a romperlas?.
Y aún más: Estando Moshé en el cielo, sabía ya que Israel había hecho el becerro de oro. Claramente se lo dijo D-os: “Entonces, el Señor habló a Moshé diciendo: ¡¡Baja en seguida, porque se ha corrompido tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto!!”. “Se ha apartado rápidamente del camino que le prescribí, hizo un becerro de fundición, se ha postrado ante él, le ha ofrecido sacrificios y ha dicho: Estos son tus dioses oh Israel, que te ha hecho subir de la tierra de Egipto” (Shemot 32-7/8).

Siendo así, ¿para que bajó las Tablas?. Ante ese vergonzoso panorama, las hubiese dejado en el cielo hasta que el pueblo se retractara de la falta en que incurrió, y solo después de recibir la clemencia Divina, se las hubiese entregado!.

Varias respuestas fueron vertidas en torno a este escabroso tema, producto de la pluma de nuestros grandes exégetas. Mencionaremos solo dos de ellas, dejando para el final un pensamiento que, con la ayuda de D-os, además de responder la interrogante, aclarará y acallará la gran polémica que se presenta frecuentemente.

* El exegeta Abarbanel, en su comentario sobre la Torá responde: “Con toda intención rompió Moshé las Tablas, pues quiso que el pueblo viera con sus ojos y percibiera con sus sentidos el gran daño que ocasionó. De haberlas devuelto al cielo intactas, jamás hubiese conocido Israel la gravedad del pecado, pues, mientras el ojo no ve con plenitud las consecuencias del acto, el corazón no siente ni comprende la dimensión del error. Con la ruptura de las Tablas, el pueblo comprendió inmediatamente su falta. De pronto se le cayó la máscara que cubría sus ojos. Su corazón se angustió, su espíritu decayó y casi desfalleció ante la cruda realidad que le acusaba y descalificaba. Esa sensación de culpabilidad, fue la que le otorgó a Moshé el valor para pedir perdón ante D-os, y éste a su vez, le otorgara el indulto”.

* El exegeta Sefomo, basándose en ojo argumento, responde al interrogante de manera genial: “D-os es complaciente con el ser humano cuando éste peca y se rebela contra El. Bien sabe que el hombre está compuesto de cuerpo y alma, de materia y espíritu, por lo que está propenso a caer constantemente, en la tentación y la rebeldía. La función del instinto del mal en este mundo es, incitar al hombre a la insubordinación, a la indisciplina, a fin de conducirlo finalmente hacia el pecado. El hombre, siendo el centro de batalla, logra en algunas ocasiones apaciguar sus pasiones, no obstante, en muchos otras, es dominado por ellas y transgrede. Ante esta etapa de rebeldía, todavía el rigor de la justicia Divina no actúa, no castiga, pues la misericordia celestial detiene y aplaca a los ángeles del mal, quienes se disponen castigar al transgresor. D-os espera al hombre con paciencia y consideración. Le brinda grandes oportunidades, le abre varios caminos para que despierte de su letargo y regrese contrito al camino correcto. No obstante, esta tolerancia se acaba en la etapa posterior al pecado. D-os es muy escrupuloso ante la reacción del pecador, pues ahí es precisamente cuando demuestra su verdadera personalidad; cuando sale a relucir su sentimiento interno. Básicamente hay dos formas de reacción:

Primera: “La vergüenza”. El hombre se apena con D-os y consigo mismo por haber sucumbido ante el hechizo del instinto del mal, quien solo le ofrecía un placer pasajero, vano, carente de todo valor y él lo aceptó, haciendo a un lado la orden Divina que es la única que le otorga sosiego en este mundo y la que lo llevará a gozar plenamente del mundo venidero.

Segunda: “El descaro”. El hombre no solo peca a ciencia cierta con alevosía y convicción, sino que también se enorgullece del pecado, goza de él y lo presume entre sus amistades.

La primera reacción es fácil de perdonar. La vergüenza pues, es una reacción espontánea que demuestra el remordimiento del infractor, y ella es, la que le abre la puerta a la complacencia de D-os. En cambio, el descaro es un defecto odiado, difícil de eximir, pues provoca que la ira Divina se encienda y como consecuencia, la clemencia tarde en llegar. En el suceso del becerro de oro, el pueblo no solo renegó de la fe en la unidad de D-os; no solo olvidó de pronto los grandes milagros que presenció en Egipto, en el mar y en el desierto, sino que también danzó descaradamente frente a él.

Con ese acto (la danza), Moshé ya se sentía desalentado, veía perdida la oportunidad de que Israel regresara al mismo nivel de espiritualidad en que se encontraba antes del pecado y pudiera recibir esas mismas tablas. Por esa razón las bajó y las rompió con firmeza y determinación.

* Los preceptos de la Torá están divididos básicamente en dos partes: Las obligaciones del hombre para con D-os, y las obligaciones para con la sociedad. Numerosos son los preceptos que D-os nos ordena en su Torá, no obstante, en esencia, están divididos en estos dos grupos. Respecto a la polémica citada anteriormente, muchos son los que piensan equivocadamente y determinan que, es suficiente con cumplir uno de estos grupos. “Basta con cumplir a la perfección la parte de las obligaciones para con la sociedad y ya no es necesario cumplir con las de D-os”, opinan. “Aunque no guarde el Shabat ni respete las leyes de Kashrut, cumplo cabalmente con la sociedad, no robo ni engaño, y eso para mi, es lo principal”, suelen decir.

Varias son las respuestas que refutan por completo y ponen en ridículo este falso y equivocado argumento. Sin embargo, nos conformaremos con aportar el siguiente pensamiento, que se relaciona -precisamente- con el tema del “Rompimiento de las Tablas”.

Moshé también pensó -podríamos decir- de igual manera. Bien sabía, cuando estaba en el cielo, que el pueblo se había corrompido y había hecho el becerro de oro, y aún así, decidió bajar las tablas. Su cálculo se basaba precisamente en esta controversia. “Cierto! dijo Moshé, el pueblo pecó, pero solo incurrió en la parte de las obligaciones para con D-os; mas la segunda parte, la que trata sobre el respeto y el derecho al prójimo aún la cumple cabalmente. Entre ellos, reina todavía la hermandad y la unidad”.
“Vale la pena entonces, entregarle la Torá, pues por medio de su luz sagrada, logrará elevarse espiritualmente, y de ese modo corregirá la parte averiada”. Mas cuando bajó del monte y advirtió que el pueblo mató a “Jur” (hijo de Miriám) por haberle aconsejado que no cayera en la precipitación y no hiciera el becerro de oro (Midrash Raba, Perashat Ki Tisá 41-7), comprendió (Moshé) que las dos partes están entrelazadas, y una sin la otra, no produce el efecto requerido en el carácter del individuo para elevarlo y perfeccionarlo. Por esa razón rompió las tablas, para enseñarle al pueblo y a las generaciones futuras la siguiente lección:

“Quien no cumple con la parte de sus obligaciones para con D-os, Finalmente llegaría a incumplir con las de la sociedad”.

Las dos partes provienen del mismo origen -de D-os- por lo que no se da lugar a divisiones ni concesiones. Ambas otorgan, influencia santa en el corazón del hombre, dotándolo de sutileza espiritual, nobleza y dignidad. El incumplimiento de una de ellas, deja al hombre vulnerable frente a las tentaciones que lo acosan constantemente y lo alejan de D-os. Solo aceptando los preceptos de la Torá en todo lugar, a cada momento y en cada acto, tanto si se relaciona con D-os o con la sociedad, podremos aspirar a llegar, si no a la perfección, al menos a lo más cercano a ella.

Duelo para todos
(selección extraída del libro “Fechas y conmemoraciones” por Shelomo Sued, © Shelomo Sued)

Nuestros santos sabios dictaminaron que estos veintiún días, que comienzan a partir del ayuno del diecisiete de Tamuz hasta el ayuno del nueve de Ab, sean de duelo y lamentaciones.
En este período la suerte del pueblo de Israel no es fructífera. Las numerosas desgracias, que ocurrieron en estas fechas, tales como: La destrucción de los dos Templos Sagrados, las inquisiciones, holocaustos y demás pogroms, han manchado el calendario Judío por el resto de las generaciones.

No obstante, este duelo no nos baja la moral ni mucho menos nos acompleja, pues, ciertamente no es eterno. Solo debemos guardarlo y respetarlo, hasta que D-os se apiade de nosotros y con su gran misericordia nos conceda la redención final.

El tema requiere un detenido análisis.
Los distintos estatutos que nuestros grandes sabios dictaminaron a través de los siglos, han guardado por siempre, un equilibrio equitativo y un lineamiento fundamental, los cuales, conservan hasta la fecha, una estrecha vinculación con los problemas actuales. Cuando nuestros eruditos se disponían a decretar una ley o formalizar una tradición, buscaban que éstas (las leyes y las tradiciones), solucionaran la cuestión que les aquejaba en ese momento, y a la vez, sirvieran como instructivo para las generaciones futuras.

Tratándose del duelo mencionado anteriormente, varias son las interrogantes que afloran de manera espontánea. ¿Con qué finalidad decretaron nuestros santos sabios estos días de aflicción?. ¿Acaso con este duelo parcial que guardamos año tras año, repararíamos las faltas que originaron el grave destierro?. Además, ¿cómo se relacionan con la problemática de este siglo XX?. Y por último: Bien es conocida la sentencia de nuestros eruditos, que con sus sacrosantas palabras afirmaron: “El Mesías no se presentará para redimirnos, sino hasta que toda la generación sea merecedora o culpable” (Talmud, tratado de San-hedrín 98-1).¿Acaso puede el hombre cambiar a todo el mundo para que sea merecedor?. ¿Qué pretenden de nosotros?.

Podríamos explicarlo de la siguiente manera.
Para lograr comprender el profundo significado que se encierra en éste decreto (el luto de Ben Hametzarím), debemos dilucidar primeramente el origen y las razones del concepto de duelo.
¿Con qué propósito los Jajamím (sabios) establecieron su rito?, ¿hasta donde llega su trascendencia?, ¿cuales son sus objetivos?.

En verdad, muchos son los beneficios (directos e indirectos) que se obtienen a través del mecanismo del duelo. Enumerarlos todos sería imposible, y menos aún cuando el suscrito desconoce el fondo de la cuestión. Sin embargo, nos limitaremos en mencionar solo tres de sus resultados inmediatos (en forma breve y esencial), dejando para el final un pensamiento aleccionador.

Primero: El duelo encierra una profunda consideración de respeto y honor hacia el difunto (o hacia la desgracia ocurrida). Sería inmoral e ingrato olvidar de pronto los nexos emocionales y sentimentales que se guardaban con el ser desaparecido, y borrar de raíz su recuerdo. El rito del duelo, ayuda a esta causa y la soluciona.

Segundo: El duelo mitiga el dolor. Durante los siete días de luto, el deudo vierte y desahoga la amargura que acumuló en los días que sucedía la desgracia. Narra los pormenores de la misma, describe las cualidades y las anécdotas del difunto, y ello le aliviana el dolor y lo hace sentir menos deprimido.

Tercero: El duelo ayuda psicológicamente al deudo a sentir que está haciendo, lo que está en su alcance por hacer. En el momento de los hechos, cuando la desgracia ocurría, el deudo no pudo hacer nada para detener el deceso de su ser querido, o en su caso, para evitar el desastre que se avenía. Ello por consiguiente lo hizo sentir mal, psicológicamente se sintió inútil, disminuido, y en algunos casos, hasta culpable. El acto del duelo lo ayuda a liberarse de esa presión. El sentarse los siete días reglamentarios en el suelo; el decir el Kadísh (Rezo luctuoso), lo hace sentir que está haciendo “Algo” por su ser querido, y ello lo tranquiliza y consuela.

En relación con el duelo de “Ben Hametzarím”, podríamos decir que, nuestros sabios tejieron una nueva idea en torno al tema del duelo; un nuevo enfoque que se ajusta precisamente, al equilibrio y lineamiento mencionado anteriormente. Al hombre, no se le pide que cambie al mundo, como tampoco se espera que con su semi-duelo se acaben ya todas las adversidades para el pueblo de Israel, pues, esta disposición, en realidad, escapa al alcance del humano. Lo que se le exige es: “Que se una plenamente al dolor de su pueblo”.

Que no permanezca indiferente a la pena de sus hermanos; que participe activamente en la desgracia de la sociedad y de los suyos. Que sienta en una ínfima parte, el dolor que padece D-os por el destierro de sus hijos. Cómo puede el hombre ser apático al clamor de D-os, quien diariamente desde las alturas pía como la paloma y dice: “¡Ay de mis hijos, que por sus pecados destruí mi casa (Templo), quemé mi arca sagrada y los desterré a las naciones del mundo!!” (Talmud, tratado de Berajot 3-1).

Si el hombre de hecho no puede aportar una solución concreta al grave destierro, al menos que lamente lo sucedido, que llore por la destrucción de los Templos sagrados y que reze a D-os para que se apiade de nosotros y ponga fin a nuestras desgracias. La Torá ve con ojos muy severos la apatía del hombre hacia los problemas y reveses de la sociedad. La indiferencia endurece las fibras más íntimas del sentimiento, y ello por consiguiente, convierte al hombre en insensible e irresponsable.

A continuación, solo unos ejemplos de las sentencias de nuestros sabios, las cuales nos ilustrarán la desventura que le llega a aquél que se desentiende de las penas de su prójimo, y por el contrario, la dicha que alcanza a aquél que se une y participa en las desdichas de la sociedad.

* Yaacob, nuestro patriarca, trabajó siete largos años con Labán, su suegro, a fin de casarse con Rajel, su hija menor. Su trabajo fue arduo y penoso, de día lo consumía el calor y de noche la helada. Jamás le presentó a su patrón una oveja devorada por las fieras, como tampoco cabras sin cría. No obstante, no logró su cometido. Labán lo engañó y puso bajo la Jupá (palio nupcial) a Leá, su hija mayor. Después de otros siete años, similares a los primeros, Yaacob alcanzó su propósito y se casó también con Rajel. La historia relata que, Lea engendraba y paría hijos de manera regular, y Rajel, que originalmente tenia que ser la esposa de Yaacob, no embarazaba. Desesperada ante la terrible situación que la oprimía, llegó con Yaacob y le dijo: ” … engéndrame hijos, pues, de lo contrario, prefiero la muerte”. Yaacob le respondió molesto e irritado: ” … ¿acaso estoy yo en lugar de D-os, que privó de ti fruto de vientre?” (Bereshit 30-1/2). Sobre esta respuesta comenta el Midrash Rábá (Perashat Vayetsé 71-10): D-os le reclamó a Yaacob diciéndole: “¡¿Así se les responde a las angustiadas?!!”, “Juro que finalmente tus hijos reverenciarán a los suyos!” (Las tribus se pararían ante Yosef pidiéndole misericordia). Hasta aquí la cita.

Analicemos: ¿Por qué le llegó este castigo a Yaacob?; ¿acaso no tenía lógica la respuesta que le dio a Rajel?; ¿qué podía hacer él si D-os no la agraviaba con hijos?.

La respuesta a esta interrogante confirma lo aseverado anteriormente. No podía darle hijos, pero sí podía unirse a su dolor. Como esposo y en calidad de Patriarca, debía oírla; dejarla que se desahogara, calmarla, consolarla y finalmente, rezar por ella; y puesto que quedó indiferente a su dolor, fue castigado.

* En contraste, Moshé nuestro insigne maestro, tuvo el mérito de ser el guía de Israel, gracias a su interés y preocupación por los sufrimientos que sus hermanos padecían en Egipto. El, en calidad de hijo adoptivo de Batiá, la hija del Faraón, podía desentenderse, si era su deseo, de los problemas de su pueblo, al fin y al cabo, vivía en el palacio real como un verdadero príncipe. Todo lo tenía, de todos los privilegios gozaba, y sin embargo, su conciencia no estaba tranquila. ¡Cómo podía estarlo mientras veía a sus hermanos sufriendo, siendo castigados y despojados de toda libertad!!. Por ellos sacrificó su comodidad, su honor y hasta su vida. Así lo narra el Midrash Tanjumá (Perashat Shemot 9): “Cuando Moshé veía sus pesados trabajos, lloraba y decía: ¡Daría mi vida por ustedes!”. “Ponía su hombro y ayudaba a cada uno de los esclavos, para aligerarle el duro trabajo” “Cuando advirtió que el Egipcio le pegaba al Hebreo, pronunció el nombre sagrado de D-os, y con ello mató y sepultó al Egipcio”. No le interesó el grave riesgo que conllevaba aquél acto, pues, de haberse enterado la justicia Egipcia, le hubiesen decretado la pena de muerte (como en realidad finalmente, así ocurrió). Defendió lo que creía suyo hasta su último aliento. Participó plena y activamente con la desgracia de sus hermanos. Dejó a un lado la apatía, el egoísmo y la comodidad, por eso llegó a ser quién fue.

* El Talmud en el tratado de Babá Metziá (85-1) narra una conmovedora anécdota que le sucedió a “Rabí Hakadósh” (Título Honorífico que se le otorgó exclusivamente a su persona por su alta santidad y consagración). Cierta vez, Rabí iba caminando por la calle y observó como un Shojet (degollador ritual) se disponía a degollar a un pequeño borreguito. El borreguito, que por instinto natural, sintió que le llegaba su hora, escapó desesperado de las manos del Shojet y se cobijó tras la túnica de Rabí, como pidiéndole protección. Rabí, en un acto sorprendente, sacó al borreguito de entre su túnica y le dijo: “¡Ve al degüello, pues para eso fuiste creado!”. Narra el Talmud que, a raíz de esa actitud, D-os le decretó a Rabí, grandes sufrimientos para que lo torturaran por muchos años. La medida de la justicia fue muy rigurosa con él. No se le perdonaba el castigo, hasta que remediara su conducta.

Cierta vez, la criada de su casa se encontraba realizando el quehacer doméstico, de pronto encontró a unos ratones escondidos y los barrió con violencia hacia afuera. La reprochó Rabí y le dijo: “¡Ten misericordia de las criaturas de D-os!, si quieres sacarlos, sacalos, pero con paciencia y piedad!. A partir de entonces, Rabí se curó y no sufrió más” (Hasta aqui la cita).

Analicemos: ¿Acaso Rabí no tenía razón con respecto al borreguito?; al fin y al cabo, el destino del animal es el degüello. Así lo dispuso D-os y así lo escribió textualmente en su Tora: “Todo reptil que vive, a vosotros serviré para comer, como la verdura de hierba (que permití comer a Adám), os di todo a vosotros” (Bereshit 9-3); ¿por qué entonces fue castigado?. Es que aún teniendo la razón, debía apiadarse del animal que le pedía protección. El permaneció indiferente a su llanto, buscó solo lo correcto; buscó solo la finalidad, y por lo mismo, endureció sus finos sentidos y estropeó su nobleza, factores vitales en el servicio a D-os, por eso fue castigado. Mas cuando se apiadó dé los ratones, volvió a recobrar esa delicada sensibilidad que había perdido. Entonces comprendió que aún actuando correctamente, no se debe ser apático al clamor de los animales, ni mucho menos al de los seres humanos. El unirse a la pena del compañero, hace del hombre, hombre. Le ayuda a avivar sus sentimientos, a refinar su aparato sensorial; mas como factor principal, lo induce a imitar a uno de los grandes atributos de D-os, el que indica: “Así como El es piadoso, tú también se piadoso” (Talmud, tratado de Shabat 133-2).

Las tablas Rotas: una puerta al arrepentimiento

Extraído de Nosotros y el tiempo. Escrito por el Rab Eliahu Kitov

El 7 de Siván, luego de que fuera entregada la Torá, Moshé volvió a ascender al Monte Sinaí para aprender del Todopoderoso los principios generales, los detalles e inferencias de la Torá, y para recibir las Tablas de Testimonio.

Antes de ascender a los Cielos, Moshé dijo al pueblo: “Luego de que hayan transcurrido cuarenta días, en el comienzo de la sexta hora, regresaré y os traeré la Torá”. El pueblo supuso que el día mismo del ascenso debía ser considerado como el primero de los cuarenta días -siendo cada uno un día completo de veinticuatro horas-. Sin embargo, la intención de Moshé era que cada día debía ser completo, es decir, debía incluir la noche anterior [pues según el calendario judío el día comienza desde la noche que le precede], y por cuanto él subió de día, la cuenta debía comenzar a partir del día siguiente [que ya incluía la noche]. Así, según su cuenta, el plazo culminaba el 17 de Tamuz.

El 16 de Tamuz vino el Satán y trajo con él oscuridad y confusión, lobreguez y desorden. Les preguntó [a los Hijos de Israel]: “¿Dónde está Moshé, vuestro maestro?”

Ellos respondieron: “Ha ascendido al Cielo”.

Les dijo: “La sexta [hora] ha llegado [es decir, él ya debería haber regresado]”, pero no le prestaron atención.

“¡Está muerto!”, [dijo el Satán,] pero no le prestaron atención. Entonces, les mostró la imagen de su lecho de muerte [de Moshé] (Talmud, Shabat 89a).

La fe que el pueblo había depositado en Moshé y en cada una de sus palabras era incluso mucho más grande que la que un hombre tiene en algo que ve o conoce por sí mismo. Así, en el momento en que una sola cosa que Moshé les había dicho no se cumplió, sintieron como si el cielo y la tierra hubieran colapsado y perdieron el control de sus sentidos. La intensidad de su apego a Moshé, el hombre de Di-s, era tan grande, que ya no podían continuar ni una hora sin él. Fue entonces que se acercaron a Aharón -confundidos y como enloquecidos- y le pidieron: ¡Haznos un dios! (Éxodo 32:1)

¿Cómo era posible que una nación que había presenciado la visión de Di-s y Lo había escuchado hablar, pudiera volcarse a la idolatría con tanta rapidez?

¿Cómo era posible que toda la nación se viera movida unánimemente hacia una transgresión sin dividirse en grupos diferentes con distintas ideas? ¿Y cómo fue que ningún miembro de la tribu de Leví se sintió atraído a venerar al
falso dios?

¿Dónde estaban Najshón ben Aminadav y sus compañeros? ¿Dónde estaban los setenta Ancianos a quienes Di-s más tarde hizo depositarios del Espíritu Divino? ¿Dónde se encontraban Calev, Urí, Betzalel y todas las otras personas absolutamente justas? ¿Fueron todas víctimas de este pecado?

El tema puede comprenderse de la siguiente manera: Como preparación para el recibimiento de la Torá, Di-s purificó las almas de todos los judíos, y fue así que aceptaron la Torá como si fueran un “solo hombre, con un único corazón”. Pero cuando construyeron el Becerro de Oro no todos estaban unidos en este acto -Di-s libre-; de hecho, se habían dividido en muchos grupos diferentes.

Cuando se acercaron a Aharón y le dijeron Haznos un dios, casi todos lo dijeron en nombre del Cielo, con intenciones puras. Aunque nadie sabía lo que Aharón haría, todos querían tener una participación absoluta para que a través de sus acciones surgiera un poder equivalente al de Moshé, quien iría delante de ellos (Exodo 32:1).

Luego de que surgió el becerro como resultado de la brujería de aquellos que practicaban y se encontraban sumidos en la idolatría, las diferencias de posturas se revelaron. Estaban aquellos, unos pocos, que al ver semejante imagen idólatra retomaron de inmediato sus antiguas prácticas paganas. Fueron advertidos, pero no se intimidaron.

Otros, más numerosos que los del primer grupo, que mantenían apenas un vestigio de su inclinación anterior [de idolatría] por cuanto el deseo de practiar cultos paganos no había sido totalmente erradicado de sus corazones sino sólo aplacado momentáneamente por el imponente efecto de la revelación en el Monte Sinaí y las maravillas que habían presenciado previamente, sintieron en aquel momento un despertar de su [mala] inclinación anterior que los movió a enaltecer a aquellos que veneraban al ídolo, mientras observaban y se regocijaban.

Sin embargo, otros -un tercer grupo- quedaron atónitos por la terrible escena que estaban presenciando y comenzaron a burlarse tanto de aquellos que veneraban al becerro como de aquellos que se mostraban inquebrantables en su fe. Vieron que ambas facciones se estaban maldiciendo entre sí y dijeron: “Ambas posturas son igualmente erróneas”, y denigraron a ambas.

Por último, estaban los justos del pueblo, que, al ver la terrible y decadente situación de sus hermanos, se desanimaron y perdieron toda esperanza de que estos se arrepintieran. Y aunque lo hicieran, no creían que el arrepentimiento de aquellos pudiera ser aceptado por Di-s ni que a partir de ellos se formara “una nación de kohaním y un pueblo santo”. Fue así que se dirigieron a sus hermanos y les dijeron: “Vosotros no sois más nuestros hermanos; no seréis contados en la congregación de Di-s”.

Aunque los grupos se dividían en cuanto a su actitud hacia el Becerro de Oro -y las diferencias entre ellos eran tan opuestas como el este y el oeste-, Di-s describió sus acciones a Moshé como si todos fueran culpables de idolatría. Incluso aquellos cuya intención era defender a Di-s de quienes suscitaban Su ira, de no haber atribuido algo de verdad al culto idólatra, jamás habrían perdido las esperanzas por sus hermanos. Por el contrario, habrían considerado su díscolo comportamiento como una travesura de jóvenes estudiantes cuyo maestro no se encuentra con ellos. ¿Acaso existe algo substancialmente real en la idolatría que pueda extirpar la santidad del Pueblo de Di-s para siempre?

Moshé debía regresar al día siguiente. Aquellos que habían pecado serían castigados y el resto de la nación regresaría a sus patrones normales de comportamiento. Además, su vergüenza por haber pecado los llevaría a aferrarse a Di-s con más fuerza aún, mucha más que antes de haber pecado. ¿Por qué, entonces, estaban tan indignados los justos? ¿Por qué decían que ya no había esperanza para quienes habían venerado al ídolo? ¡Sólo podía ser porque ellos mismos también atribuyeron al ídolo cierto grado de poder! En verdad, la nación toda, de alguna manera, se había corrompido.

De hecho, cuando Moshé descendió de la montaña al día siguiente y proclamó (Exodo 32:26): Quien esté del lado de Di-s que se una a mí, sólo se presentó la tribu de Leví. Los miembros de esta tribu se diferenciaban de los justos de las otras sólo en el hecho de que obedecían a Moshé por completo y estaban dispuestos a seguirlo aunque dijera que “la derecha era izquierda, y la izquierda derecha”. Eran como un ejército disciplinado que sólo aguarda la orden de su comandante. Por el contrario, los otros justos y piadosos de la nación dijeron: “¿A quiénes llamas? ¿A aquellos que pecaron, o aquellos que no protestaron? ¿Crees posible devolver al pueblo a su condición anterior por su intermedio? Ni por ellos ni por nosotros será construida la Casa de Di-s”.

Su duda en cuanto a Moshé equivalía a dudar acerca de Di-s mismo. Esta no era una actitud propia de una nación que había estado al pie del Monte Sinaí, de un pueblo ante el que cielos y firmamentos se habían abierto mostrando como no hay nadie fuera de El (Deuteronomio 4:35). Era indecoroso de su parte creer que un mero ídolo tenía la capacidad de corromper y profanar una nación santa de forma tal que nunca podría llegar a rectificarse.

La rotura de las tablas

Cuando Di-s entregó las Tablas a Moshé, ellas soportaban su propio peso. Pero cuando Moshé descendió del Monte Sinaí y se aproximó al campamento hebreo, viendo el becerro que el pueblo había construido, las letras se separaron de las Tablas, salieron volando, y éstas se tornaron muy pesadas en sus manos. De inmediato, Moshé se enojó y las arrojó de sus manos (Éxodo 32:19) (Midrash Tanjumá, Ki Tisá).

¿Cómo fueron rotas las Tablas? Cuando Moshé subió al Monte a recibirlas y descendió, estaba muy feliz y contento. Pero al notar que los judíos habían pecado, dijo: “Si les entrego las Tablas ahora los obligaré al cumplimiento de mitzvot muy importantes y, por su condición actual, serían pasibles de la pena de muerte, por cuanto está escrito: No tendréis [otros dioses]” (Exodo 20:3). Entonces regresó. Los Ancianos lo vieron y corrieron tras él hasta alcanzarlo. Moshé se aferró a las Tablas y ellos también, pero la fuerza de Moshé era mucho mayor que la de los setenta Ancianos juntos, como declara el versículo: Y ante toda la mano poderosa (Deuteronomio 34:12). Moshé miró las Tablas y vio que las letras se elevaban hacia el cielo. En ese momento las Tablas se hicieron muy pesadas, cayeron de sus manos, y se rompieron. Otros Sabios opinan que Moshé no rompió las Tablas sino hasta que Di-s le dijo, aprobando su proceder, que tú has quebrado (Exodo 34:1); o sea, que “seas fortalecido” -iyasher kojajá, expresión que denota “felicitación”- por haberlas quebrado (Ialkut Shimoní, 393).

¿Con qué puede compararse ello? Con un rey que desposó a una mujer a quien escribió una ketubá -contrato matrimonial donde se especifican los deberes del hombre hacia su mujer- que dejó en manos de un miembro del séquito real. Más tarde, se divulgaron informes difamatorios acerca de su fidelidad. ¿Qué hizo el funcionario del séquito real? Rompió inmediatamente la ketubá. Dijo: “Es preferible que su esposa sea juzgada como una mujer soltera y no como una mujer casada”. Eso mismo hizo Moshé. Dijo: “Si no rompo las Tablas, el pueblo de Israel no tendrá existencia, como expresa el versículo (Exodo 22:19): El que hiciere una ofrenda a dioses falsos será exterminado”. ¿Qué hizo entonces? Las rompió y dijo a Di-s: “Ellos [los Hijos de Israel] no sabían lo que estaba escrito en ellas” (Shemot Rabá, 46:1).

Una oportunidad para quienes buscan arrepentirse

En ninguna generación hubo menos probabilidades de que se cometiera tamaña transgresión que en aquella, por cuantera la más ilustre de todas las épocas, llena del conocimiento de Di-s. Ello es cierto también respecto de todos los demás pecados que cometieron -como ser el envío de los espías a la Tierra Prometida, las quejas contra Di-s, y la disputa de Kóraj y su facción-. ¿Por qué entonces, Di-s, quien prevé el futuro y divisa todas las generaciones, hizo que esta “generación ilustre” fuera culpable de transgresiones tan graves?

La finalidad de ello fue enseñar a las masas el camino hacia el arrepentimiento. Los Hijos de Israel acababan de convertirse en nación. Desde un principio la Shejiná (Presencia Divina) moró en medio de ellos, comían pan proveniente del Cielo y bebían agua de un manantial que fluía milagrosamente. Acampaban según sus estandartes, siempre circundados por las nubes de gloria, y con Moshé y Aharón sirviendo como sus dirigentes.

Pero el camino que se abría ante ellos era sumamente largo, uno que podía extenderse por miles de años antes de alcanzar el fin de los tiempos. Asimismo, también era extremadamente peligroso, plagado de pruebas de pobreza y riqueza, de esclavitud y libertad. Muchas trampas estaban tendidas a su paso con las que Israel podía tropezar, cayendo en el pecado, rebelándose y actuando erróneamente. Para no tener lugar a decir: “Hemos caído en el pecado y el camino al arrepentimiento está cerrado a nosotros; estamos perdidos para siempre”, Di-s les enseñó, a ellos y a todas las generaciones futuras, el camino de retorno hacia El. Aunque se encontraran dispersos en los rincones más remotos de la Tierra, Di-s los traería de vuelta y los retornaría hacia El (Nejemías 1:9). Ninguna generación pudo cometer un pecado más grave que aquella en el desierto; sin embargo, Di-s la hizo regresar a Sí y la convirtió en Su herencia preciada.

El Talmud (Avodá Zará 4b) señala:

Rabí Iehoshúa ben Leví dijo: El pueblo de Israel hizo el Becerro sólo para dar una oportunidad a aquellos que buscan arrepentirse, como expresa el versículo (Deuteronomio 5:26): ¡Ojalá estos sentimientos perduren en ellos, para que Me teman y observen todos Mis preceptos para siempre! Rashi explica que los judíos de aquella generación eran fuertes y valerosos en su temor a Di-s, y poseían un dominio absoluto sobre su “mal instinto” (iétzer hará). Sin embargo, era la voluntad de Di-s, un decreto del Rey, que éste [el iétzer hará] se impusiera a ellos [haciéndolos pecar] para brindar una oportunidad a aquellos que buscan arrepentirse, y que estos aprecien que los portones del arrepentimiento nunca se cierran. Si un pecador dice: “No me arrepentiré ya que [Di-s] no me aceptará”, se le responde: “Ve y aprende del episodio del becerro, cuando [los judíos] negaron a Di-s, mas cuando se arrepintieron fueron aceptados por El”.

También el Profeta (Isaías 1:18) dijo: Venid y aclararemos juntos… si vuestros pecados son como el carmín, se tornarán blancos como la nieve. Esta es la forma en que actúa el iétzer hará: Primero seduce al hombre a pecar. Luego, cuando éste se ve envuelto en el pecado y busca arrepentirse, le dice: “¿Qué sentido tiene tu arrepentimiento? No será aceptado”. Por ello, el Profeta declara al pueblo [en contra de este argumento]: Si vuestros pecados son como el carmín, [al arrepentiros] se tornarán blancos como la nieve.

http://www.tora.org.ar/

AYUNO DEL 17 DE TAMUZ צוֹם שִבְעָה עָשָׂר בְּתַמּוּז‎ (Jueves 9 de Julio de 2009)(V)

PROFECIAS (II): Los acontecimientos no fueron predecibles

Los Acontecimientos que causaron la Primera Destrucción y su Galut Fueron Imposibles de Predecir

Hoy, a dos mil años de nuestra expulsión de la tierra, el galut (dispersión) se nos aparece como parte integrante de la vida judía, un componente más de la conciencia nacional, hasta el grado en que lo vemos como algo inevitable, consecuencia natural de la situación prevaleciente. Pero si examinamos la situación reinante en el momento en que por primera vez se pronunciaron estas profecías, veremos que el curso de los acontecimientos no fue de ningún modo directo o natural, y por cierto que no fue inevitable.

En el momento en que se predijo el exilio, todos los factores parecían indicar que, según el curso natural de los acontecimientos, el Pueblo Judío continuaría viviendo en su tierra indefinidamente, y jamás tendría por qué ser exiliado de allí. Hubo muchas otras naciones que sufrieron también períodos de decadencia, en que fueron conquistadas y subyugadas por potencias extranjeras, pero muy pocas debieron ser exiliadas de sus tierras. Existen muchos pueblos antiguos que siguen viviendo hasta el día de hoy en sus tierras nativas.

Además, en el momento en que Moshé escribió las profecías, la experiencia histórica no abarcaba el exilio de naciones enteras tras la derrota. ¿Quién pudo haber sabido que los judíos serían exiliados de su tierra? ¿Quién pudo haber predicho que Nevujadnetzar, rey de Babilonia, tomaría la decisión de exiliar a las naciones que habría de conquistar, incluyendo a los judíos? (Las otras naciones conquistadoras, tales como Persia, Grecia y Roma no lo hicieron). Y, cuando casi mil años más tarde el rey de Babilonia luchó con Judea y Jerusalén, capturándolas, esa victoria no tuvo por qué necesariamente conducir a la destrucción del Beit ha-Mikdash y al exilio del Pueblo Judío. Al principio, lo único que hizo Nevujadnetzar fue exigir un tributo de Israel, dictaminando que el rey de Judea debía dar un voto de alianza con él, tal como está escrito: “En sus días subió Nevujadnetzar, rey de Babilonia, y Yehoyakim fue siervo suyo durante tres años” (Melajim II 24:1).

Ni siquiera cuando Yehoyakim se rebeló contra el rey de Babilonia, y Nevujadnetzar montó un segundo ataque contra Jerusalén y la capturó, ni siquiera entonces expulsó al pueblo de su tierra, sino tan sólo al rey, sus ministros y líderes militares. La vasta mayoría del pueblo pudo permanecer en sus hogares, según leemos:

… Por entonces subieron a Jerusalén los siervos de Nevujadnetzar, rey de Babilonia, y la ciudad fue sitiada… Y se llevó a todo Jerusalén, y a todos los príncipes, y a todos los hombres valientes, diez mil cautivos en total, y a todos los artesanos y los herreros. Nadie quedó, salvo los más pobres del pueblo de la tierra… Y el rey de Babilonia hizo a Mataniahu, hermano de su padre, rey del lugar y cambió su nombre por el de Tzidkiahu. (Melajim 11 24:10-17)

Fue solo después de que Tzidkiahu, que a su vez también se rebeló contra Babilonia, y Nevujadnetzar había capturado la ciudad por tercera vez, que fue arrasada Jerusalén e incendiado el Beit ha-Mikdash. Recién entonces Nevujadnetzar exilió a toda la nación hacia Babilonia. ¿Quién podía haber anticipado esta cadena de acontecimientos que causó el exilio predicho por la Torá con tanta certeza y tanta claridad? Si tan sólo uno de los eslabones de la cadena no hubiera encajado como corresponde, el curso de la historia podría haber sido completamente diferente. De hecho, había suficientes factores naturales como para alterar la historia en forma radical.

Yirmiyahu le advirtió a Tzidkiahu, en el nombre de D-os, que se sometiera al mandato del rey de Babilonia: “Y yo le hablé a Tzidkiahu, rey de Judea, conforme a todas esas palabras, diciendo: “Inclinad vuestra cerviz bajo el yugo del rey de Babilonia, y servidle a él y a su pueblo, y vivid” (Yirmiyahu 27:12). Si Tzidkiahu hubiera escuchado al profeta, cuya voz era también la voz de la lógica y del sentido común, y no hubiera incitado a la rebelión contra Nevuiadnetzar -rebelión que estaba destinada al fracaso- entonces el Beit ha-Mikdash no se hubiera destruido y el pueblo no habría sido exiliado de su tierra.
El reino de Nevujadnetzar no duró mucho, ni tampoco Babilonia disfrutó del poder indefinidamente. El imperio cayó ante Ciro, rey de Persia, quien apoyaba a los judíos, a los que les permitió inclusive retomar a su tierra y reconstruir el Beit ha-Mikdash. Si el rey Tzidkiahu hubiera durado un poco más en el poder, todo el exilio con sus amargas consecuencias no habría tenido lugar.
Pero esto no debía suceder puesto que, tal como lo explica el Tanaj, se había dictado un decreto Celestial por el cual, si los judíos no se arrepentían, judea y Jerusalén serían destruidas “a causa del pecado de Menashe” (ver Yirmiyahu 15:4).

Fue así como ocurrió lo inesperado y lo imprevisto, y Tzidkiahu, rey de judea, se rebeló, según está escrito: “Debido a la ira del Eterno sucedió eso en Jerusalén y judea, hasta que la arrojó de Su presencia. Y rebelóse Tzidkiahu contra el rey de Babilonia” (Melajim 11 24:20). Y Rashi explica el versículo del modo siguiente: “D-os implantó en su corazón la idea de rebelarse, para que fuera exiliado”.

El Mismo que describió en la Torá el advenimiento del galut también se aseguró luego de que tuviera lugar. Pues “El corazón del rey está en manos del Eterno” (Mishlei 21:1) y El hace inclinar sus decisiones en la dirección que El desee, a fin de que se cumplan Sus palabras.

Tras la destrucción del primer Beit ha-Mikdash, quedaba una última esperanza de que se mantuviera una imagen de normalidad y alguna medida de autonomía. El rey de Babilonia dejó un resto de nativos judíos paupérrimos para que trabajaran los viñedos y los campos, y designó a Gedalia ben Ajikam para que los supervisara. Había todavía una posibilidad de que la tierra pudiera recuperarse de las heridas de la batalla. Tal vez, con el tiempo hasta podrían haber regresado los exiliados. Pero se había dictado un decreto Celestial de que Eretz Israel debía quedar desolada. Gedalia ben Ajikam fue asesinado a manos de traidores, y el resto de gente que quedaba se dispersó en todas direcciones, y fue así como finalmente la Tierra Santa quedó totalmente abandonada.

Este fue el último eslabón de la cadena de acontecimientos que condujo al cumplimiento de las palabras de D-os. ¿Quién podía haber predicho tal fin en el curso natural y lógico de la historia?

La Influencia de D-os se Reveló Sobre la Historia en la Epoca del Segundo Exilio

Con la destrucción del segundo Beit ha-Mikdash y la expulsión del Pueblo judío a manos de los romanos, podemos ver con claridad cómo la Mano de la Providencia determinó el cumplimiento de las profecías de la Torá de que habría galut (exilio) y destrucción.

Los romanos, que arrasaron el segundo Beit ha-Mikdash, eran un imperio mundial. Habían conquistado muchos pueblos, imponiendo su mandato sobre muchas culturas y muchas lenguas, subyugaron a todas las naciones, mas desterraron a una sola: el Pueblo de Israel, la misma nación que mil años antes había sido advertida que sería desterrada de su tierra si no cumplía con la palabra de D-os. Esta nación fue la única en ser exiliada, así como su tierra fue la única en quedar desolada. ¿Quién, en el momento en que fue escrita la Torá, podía haber predicho que los romanos tomarían Eretz Israel? ¿Quién Podía haber sabido que este conquistador decidiría exiliar al Pueblo judío de su tierra? Cuando los romanos tomaron por primera vez Eretz Israel, no tenían la menor intención de tratar a los judíos en forma diferente de las demás naciones conquistadas.

En efecto, al principio instituyeron un gobierno ocupacional, similar al que impusieron en las demás naciones que subyugaron. No pensaron siquiera en arrasar la tierra o deportar a sus ciudadanos. Pero debido a los pecados de Israel, el decreto Celestial ya se había firmado y sellado. Como resultado, los acontecimientos fueron dirigidos de manera tal que “por coincidencia” los unos se encadenaron con los otros, culminando (unos 140 años después de que Pompeyo marchara a Palestina tras la invitación del rey judío hasmoneo) en una insurrección que fue escalando hasta convertirse en una guerra de gran envergadura. Josefo se refirió a esta guerra como la más terrible y sangrienta que el mundo había conocido (hasta ese entonces). La revuelta y la guerra subsiguiente fueron la causa directa de la destrucción del segundo Beit ha-Mikdash y de la desolación de Eretz Israel, y antesala del segundo Exilio.

Los acontecimientos que causaron esta guerra, donde los judíos sufrirían tan devastadora derrota, son muy conocidos y demasiado numerosos como para detallarlos aquí. Pero todo el que analice el curso de los acontecimientos en profundidad admitirá que no hubo factores determinantes que dictaran trágica derrota que constituyó su clímax. La más leve desviación del desarrollo de la historia podría haber alterado el resultado final en forma drástica. La revuelta y la guerra ni fueron históricamente inevitables; por el contrario, la serie de eventos que finalmente produjo la destrucción del Beit ha-Mikdash no fue predecible ni natural. Estos eventos sólo pueden explicarse como algo extraordinario, ilógico predeterminado desde el Cielo. Una Mano invisible cegó los judíos, para que no pudieran ver en qué dirección se dirigían, y así no pudieran buscar su propio beneficio ni actual según sus propios intereses.

Inclusive cuando la guerra ya había estallado, no era imposible evitar la destrucción total y el exilio. A lo largo del Imperio Romano hubo muchas escaramuzas y revueltas, que fueron aplacadas sin necesidad de arrasar con los territorios (excepto Cartago, a quien Roma consideraba su principal competidora por el control del Mediterráneo, y que fue arrasada hasta sus mismísimos cimientos). La rebelión de Eretz Israel también podría haberse reprimido desde el comienzo, sin destruir ciudades ni dejar a la tierra desolada. Pero por algún motivo los romanos no pudieron sofocar la rebelión judía en su inicio, y lo que en un principio fue una simple revuelta muy pronto se convirtió en una guerra de singulares proporciones.

De todos modos, la guerra podría haber tenido otro fin. La victoria romana no fue fácil. En muchas oportunidades durante el curso de la guerra los romanos se mostraron dispuestos a hacer las paces. Mas el decreto Divino ya había sido sellado, y cuando parecía que había más posibilidades de alcanzar la paz, “D-os implantó en sus corazones la idea obstinada de perseguir tenazmente el camino que conduce al daño y la calamidad, y así escogieron un destino mucho peor que el exilio y la exterminación” (Josefo, Las guerras de los judíos IV, 9:11).
Al tiempo que reinaba la lucha entre los extremistas y los moderados por el control de Jerusalén, fueron esos mismos moderados, que estaban a favor de la paz, los que llevaron a la ciudad a la violenta facción de Shimon bar Giora y sus seguidores. Estas brigadas (los birionim, como los llamaron los Sabios), que hasta entonces no eran más que una banda de ladrones y asesinos, alienados de la sociedad, se transformaron en los nuevos gobernantes de la ciudad. La vida dentro de Jerusalén se convirtió en un verdadero infierno. Y como resultado de esto, todos los esfuerzos de Rabí Yoianan ben Zakai y sus colegas por llegar a la paz y poner fin a la guerra fueron fútiles y en vano.

Inclusive cuando la guerra ya llegaba a su término, después de que los romanos penetraron en las murallas de la ciudad y la derrota era previsible, incluso entonces los brigadas de bar Giora se negaron a rendirse y así librar al Beit ha-Mikdash de una segura destrucción. Fue así como el Templo estalló en llamas a causa de una locura disparatada, obstinada e irracional.
Alusiones de la Torá a ambos exilios

En la Torá, y especialmente en los versículos de las Advertencias, hallamos referencias a los dos exilios que ha sufrido nuestro pueblo.

El Ramban, en su comentario a la Torá (Vaikra 26:16) explica los versículos de la Tojajá, y demuestra que la Torá hace alusión a ambos exilios:

Debemos saber y comprender que estas promesas que hallamos en Vaikra aluden al primer exilio, pues todo lo que dice acerca del pacto, del galut y de la redención se aplican al primer Beit haMikdash… y el pacto de Devarim 28 alude al exilio actual (el segundo), y a la redención que aún aguardarnos…

Luego el Ramban demuestra cómo la Tojajá (advertencia) de Vaikra se refiere necesariamente al primer exilio, mientras que la de Devarim se refiere al segundo. Estos son sus argumentos principales: en la Tojajá de Vaikra, la Torá advierte precisamente contra los mismos pecados por los cuales se destruyó el primer Beit ha-Mikdash, mientras que en la de Devarim, habla de los pecados por los cuales tuvo lugar el segundo jurbán (destrucción).

En Vaikra 26:15 dice: “os burlarais de Mis preceptos y vuestra alma aborreciera Mis juicios” y “haciendo que Mi pacto quede nulo”. El Ramban señala que en Vaikra la Torá menciona en forma explícita los altares idolátricos (bamot), las columnas de sol y otras tantas abominaciones similares, pues la gente servía a dioses foráneos y cometía muchos males… Pero en Devarim 28:15 no se menciona en absoluto que adoraran columnas de sol o dioses falsos. Lo único que dice es que “Y sucederá que si no obedecieras la voz del Eterno tu D-os observando todos Sus mandamientos y estatutos que hoy te prescribo… recaerán sobre ti todas estas maldiciones”. En otras palabras, Israel sería castigado por transgredir ciertos mandamientos. Y, efectivamente, fue eso lo que ocurrió en la época del segundo Beit ha-Mikdash. Tal como dijeron los Sabios: “¿Por qué se destruyó el primer Beit ha-Mikdash? Por la idolatría, el adulterio y el derramamiento de sangre. ¿,Por qué se destruyó el segundo Beit haMikdash, considerando que mientras estuvo en pie los judíos estudiaron Torá y realizaron actos de bondad? Debido a que los judíos se odiaban los unos a los otros sin ninguna causa (sinat jinam)”.

La Torá predijo que habría una diferencia entre los Acontecimientos que Precedieron a Ambas Destrucciones

Los castigos mencionados en Vaikra son: la espada, las bestias salvajes, la pestilencia, el hambre y, finalmente, el exilio. Y todo esto efectivamente ocurrió, tal como dice en forma explícita en Yirmiyahu 37-39. Por otro lado, en la Tojajá de Devarim 28:32-41 dice: “Tus hijos y tus hijas serán dados a otro pueblo ante tus ojos… Podrás engendrar hijos e hijas, pero no serán para ti, porque irán al cautiverio”. No sería un galut en el que padres e hijos serían enviados al exilio conjuntamente. En Devarim, solamente los hijos serían tomados cautivos, mientras que los padres permanecerían en Eretz Israel. No hay mención de esto en las primeras Advertencias de Vaikra, porque en la época del primer exilio se exiliaban familias enteras. Recién en el segundo grupo de Advertencias que aparece en Devarim se habla de que los padres no irán al cautiverio junto con los hijos, pues cuando los romanos ocuparon la tierra tomaron a los jóvenes sin ningún tipo de restricciones. Además está escrito:

“Servirás a tus enemigos, a quienes el Eterno mandará contra ti, hambriento, desnudo y desprovisto de todo” (Devarim 28:48). Se trata precisamente de los trabajos forzados que tuvieron que hacer nuestros antepasados para los romanos en Eretz Israel, pues los romanos impusieron un yugo muy duro sobre sus habitantes, haciéndose dueños de sus cuerpos y de su dinero, y confiscando todos sus bienes.

El grado que alcanzó la tiranía de los romanos puede apreciarse a partir de las descripciones de Josefo. En relación a Floro, el último comisionado romano, dice lo siguiente:

No les eran ajenos el robo, el asesinato ni tantas otras fecharías. Fue un déspota cruel y malvado, que no conocía la vergüenza en lo que a pecados se refiere. Explotó a ciudades enteras y destruyó muchísimas comunidades. Impuso sanciones a prácticamente todos los habitantes de la tierra para poder quedarse con sus bienes. En su avaricia, destruyó distritos enteros.

En su comentario de las Advertencias, el Ramban agrega lo siguiente:

… Más tarde, Agripas II volvió a ingresar a la tierra con el emisario del emperador de Roma y capturó ciudades de la tierra de judea. Entonces se cumplió lo que dijo Moshe Rabenu: “Servirás a tus enemigos, a quienes el Eterno mandará contra ti, hambriento, desnudo y desprovisto de todo” (Devarim 28:48). Luego la Torá dice: “El Eterno hará que venga contra ti un pueblo de muy lejos… Te asediará por todos tus portales hasta que los muros más altos y fortificados se desplomen, no obstante la confianza que tenías depositada en ellos… Y llegarás a comer el fruto de tu propia carne, la carne de los hijos y las hijas que el Eterno te dio…” (Devarim 28:49-53). Vespasiano y su hijo, Tito, llegaron con un enorme ejército y capturaron todas las ciudades fortificadas de judea, oprimiendo con crueldad a los judíos. Se sabe que después de que derribaron las murallas de Jerusalén y el Beit ha-Mikdash, sólo quedó en pie el muro del Templo y los sitiados se comieron la carne de sus hijos e hijas. Y cuando por fin cayó el santuario, se cumplió el versículo 63 de este capítulo: “Y seréis arrancados de la tierra”. (Comentario del Ramban sobre Devarim 28)

Rabí Itzjak Abarbanel, en su comentario de la Torá (Devarim 28:49), señala que en las Advertencias de Devarim la Torá menciona el ataque gentil a Eretz Israel en tres oportunidades. Esto, comenta, alude a las tres ocasiones en que los romanos se alzaron contra Jerusalén antes de lograr su conquista, en que destruyeron la ciudad y exiliaron a su pueblo. Además agrega que hay muchas alusiones más de la Tojajá que corresponden con precisión a los acontecimientos históricos que tuvieron lugar en el curso del jurbán.

El Cese de los Sacrificios y la Destrucción del Beit Ha-mikdash

En su comentario de Vaikra 26:31, el Ramban afirma:

“Y haré de vuestros santuarios una desolación y no aspiraré más los olores de vuestros sacrificios”: aquí D-os amenaza con destruir el primer Beit ha-Mikdash y con anular los sacrificios que hasta entonces El había aceptado en ese Beit ha-Mikdash. Por el contrario, en las Advertencias de Devarim, no hay mención del Mikdash o de la agradable fragancia de las ofrendas, ya que en el segundo Beit haMikdash no descendía más fuego del Cielo para consumir los sacrificios, como había ocurrido en el primero (ver Yoma 21b).

La Torá Predijo Como Sería el Invasor

El Ramban comenta sobre Devarim 28:4:
“El Eterno hará que venga contra ti un pueblo de muy lejos, desde el extremo de la tierra, rápido como el águila”: esto hace alusión a la llegada de los romanos, que venían de muy lejos. Y luego dice: “un pueblo que no conoces; un pueblo cuya lengua no comprenderás” (28:36-49): como los romanos vivían tan lejos, no comprendíamos su idioma. En Vaikra no se hace mención de esta dificultad, porque la Tojajá se refiere al exilio a Babilonia y Asiria, que están cerca de Eretz Israel, y cuyas lenguas les resultaban familiares al Pueblo Judío.

El Ramban podría haber mencionado otro detalle de la profecía, “rápido como el águila”, que resulta especialmente apropiado para describir la invasión romana, pues los que portaban los estandartes de los ejércitos invasores llevaban el símbolo del águila romana en sus banderas. Josefo describe así la apariencia de las legiones romanas: “Y entonces aparecieron las banderas blasonadas con el águila. Y como el águila es el rey de todos los pájaros, y el más osado de todos ellos, para ellos es el símbolo del Imperio Romano” (Las guerras de los judíos 3:6)

La Torá Predijo la Duración del Exilio Babilónico

El Ramban comenta sobre Vaikra 26:34,35:

“Entonces gozará la tierra sus Shabat… por todo el tiempo que dure la desolación ha de descansar, por todos los Shabat que no respetasteis mientras morabas en ella”: es decir, que la cantidad de años que duró el exilio babilónico es la misma cantidad de años que la gente no había cuidado las leyes del año sabático. Además la Biblia afirma (Divrei ha Iamim 11 36:21), en relación a aquel exilio, que fue “para cumplir la palabra de D-os por boca de Yirmiyahu, hasta que la tierra sea recompensada por todos sus Shabat; porque todo el tiempo que permaneció desolada, pudo descansar, en total setenta años”. Así es advirtió D-os, y así fue como ocurrió. Pero las Advertencias de Devarim, que tratan de la segunda Destrucción y el segundo exilio, no hacen ninguna alusión ni a la iniciación ni a la duración del exilio. Ni tampoco promete D-os la redención, sino que la hace depender de nuestro arrepentimiento.

En su Carta a Yemen, el Rambam escribe que los Profetas advierten que el segundo exilio habrá de prolongarse. En Yeshayahu 24:22, dice: “Y al final de muchos días serán recordados”, mientras que Javakuk 2:3 profetiza: “Por cuanto todavía no se cumplió el plazo señalado para la visión… aunque tarde en llegar, espérala”.

La redención tras los dos exilios

La Torá Describe la Redención Tras los Dos Exilios

El Ramban prosigue:

Si se analiza más en profundidad la promesa de redención del primer Exilio Babilónico, se verá que D-os sólo le asegura a Israel que El recordará el pacto de los padres y de la tierra. No hay mención de que vaya a perdonar sus iniquidades y que los vuelva a amar como antes, o que vaya a reunir a todos los que se dispersaron. Y fue así exactamente como ocurrió. Pues cuando los judíos retomaron de Babilonia, solamente regresaron las tribus de Yehuda y de Biniamin, junto con una pequeña fracción de otras tribus. Además, regresaron pobres y como servidores de los reyes de Persia. Tampoco afirma D-os que ellos han de regresar a El con total arrepentimiento, sino solamente que “confesarán su iniquidad y la iniquidades de sus padres”, que fue exactamente lo que ocurrió cuando regresaron del exilio. Por el contrario, la promesa de redención mencionada en Devarim, en la segunda Tojajá, será una redención completa, superior a cualquiera precedente. Así prometió Moshé: “Y será benévolo contigo y hará que te multipliques más que tus padres” (Devarim 30:5). Moisés nos prometió que D-os diezmaría y destruiría a quienes nos exiliaron, tal como está escrito: “Entonces el Eterno tu D-os volverá aquellas maldiciones contra tus enemigos y contra los que te aborrecen y contra los que te persiguieron…” (Devarim 30:7). Las dos expresiones de “tus enemigos” y “los que te aborrecen” hacen referencia a las dos religiones (los cristianos y los musulmanes), que continúan persiguiéndonos. (Ramban, Vaikra 26:16)

La Torá Predijo Acerca del Rey de Israel y su Destino

(En la Tojajá de Devarim, que se refiere a la destrucción del segundo Beit ha-Mikdash, dice la Torá:) “El Eterno te llevará, junto con el rey que hayas puesto sobre ti, al seno de un pueblo que no conociste ni tú ni tus padres” (Devarim 28:36)

El Ramban comenta sobre este versículo:

El rey Agripas fue a Roma hacia el final del período del segundo Beit ha-Mikdash, y mientras se encontraba allí, le dijo al Emperador Nerón que había habido un levantamiento judío en Eretz Israel. Como resultado, Nerón envió un ejército contra los judíos, y se destruyó el segundo Beit ha-Mikdash. Debemos notar que la Torá no dice “el rey que reinará sobre ti”, sino “el rey que hayas puesto sobre ti”. La Torá hace alusión a un rey que no sería elegible para reinar, pues la Ley Judía prohibía un rey como Agripas, que era descendiente de Herodes, hijo de Antipater, el edomita, pues la Torá dice: “No un varón extraño que no sea tu hermano” (Devarim 17:15). No obstante ellos “pusieron” a Agripas como rey suyo, en contra de lo que establece la ley (ver Sotá 41b).

En su comentario de la Tojajá de Devarim, el Ramban agrega:
También es posible que Moisés hubiera aludido a un rey que precedió a Agripas, llamado Aristóbulo hijo de Alejandro Yanai, a quien el general romano Pompeyo capturó y condujo hacia Roma junto con sus compañeros, engrillado. Los cautivos pasaron a estar en boca de todas las naciones, que no cabían en su asombro ante el hecho de que a pesar del enorme poderío de este rey, le hubiera ocurrido semejante calamidad. Se dice que estos pueblos decían: “¡Cómo caen los poderosos, y perecen las armas de guerra!”

El Ascenso del esclavo Edomita y otros forasteros

Rabí Y.A.Halevi comenta también el siguiente versículo de la Tojajá:

El forastero que estuviere contigo se elevará sobre ti muy alto, en tanto que tú descenderás muy bajo…El será cabez y tú serás cola (Devarim 28:43)

También esta profecía se cumplió al final de la era del segundo Beit ha-Mikdash. Herodes, que era un esclavo edomita, escaló posiciones, hasta convertirse en Rey de Israel. Este rey malvado y déspota oprimió a sus súbditos con gran crueldad, asesinándoles, saqueándolos, robándoles y dejándolos en la más absoluta pobreza. Pero en cuanto a los gentiles que habitaban la tierra, a ellos los ascendió de cargo y les mandó construir edificios magníficos y ciudades imponentes, llenándolos de la abundancia que había tomado de los judíos (Dorot ha Rishonim, ídem).

Josefo cita las palabras de judíos eminentes que se presentaron ante el emperador romano tras la muerte de Herodes, quejándose:

A decir verdad, todos los aspectos de su reinado fueron de una enorme crueldad, con el solo propósito de destruir y saquear a los judíos.Construyó todas las ciudades de nuestros vecinos, las ciudades gentiles, y las realzó con estructuras enormes y espléndidas, a fin de que, por comparación, empequeñecieran las ciudades de judea, y lo logró. Los habitantes de judea cuya situación económica era favorable al comienzo de su reinado, fueron pisoteados una y otra vez, hasta convertirse en simples mendigos.

Así se cumplió en su totalidad la amarga profecía del forastero que “se elevará sobre ti muy alto, en tanto que tú descenderás muy bajo”.

La Maldición de la Mujer Comprometida que es Sometida por Otro Hombre

Y lo mismo ocurre con la profecía de Devarim 28:30:
Te comprometerás con una mujer, mas otro hombre se acostará con ella.

Esta maldición se cumplió cuando los griegos y los romanos reinaron en la tierra, tal como lo describe el Talmud (Ketubot 3b): “Durante el período de persecución, se firmó un decreto por el cual todas las vírgenes, al momento de casarse, debían acostarse primero con el gobernador”. Este decreto malvado, el jus prima noctis, se mantuvo en efecto contra los judíos durante un lapso muy prolongado, en diferentes territorios, según lo demuestran los registros históricos.

Las Profecías de la Torá se Cumplen hasta en el Mas Mínimo Detalle

La Torá no se limitó a predecir el futuro en términos generales y vagos, sino que describió en detalle los acontecimientos que traerían la Destrucción y el Exilio. El cumplimiento de estas profecías, hasta en sus más mínimos detalles, es otro testimonio de la omnipotencia del Creador y de Su permanente control del curso de la historia. Obviamente, en la época en que fueron escritas estas profecías era humanamente imposible predecir los acontecimientos históricos del futuro. Solamente un Ser Supremo y Omnisciente podía adelantarse a lo que ocurriría más tarde. Fue El Quien dispuso que estos hechos ocurrieran del modo que ocurrieron, a fin de que Sus palabras se cumplieran al pie de la letra.

Por ejemplo, tomemos la profecía de Devarim 28:49: “El Eterno hará que venga contra ti un pueblo de muy lejos, desde el extremo de la tierra”. La Biblia afirma en forma específica que la nación que enviaría a Israel al exilio vendría “de muy lejos, desde el extremo de la tierra”. A primera vista, este dato no nos parece de tanta relevancia. Después de todo, dada la amarga agonía del galut, el origen geográfico del enemigo invasor no tendría por qué importarnos. ¿Para qué mencionarlo, entonces? ¿Acaso un país vecino no podría haber logrado lo mismo? Por cierto que Antioquías, el tirano helenista ubicado en la vecina Siria, había demostrado ser un tirano poderoso e inflexible con total dominio sobre sus súbditos. ¿Por qué no fue él quien habría de exiliar a Israel de su tierra?

Según nuestra perspectiva humana, no le faltaba poder ni control. Pero no era él el destinado a hacerlo. Varios siglos antes, D-os había advertido que vendría una nación “desde el extremo de la tierra”.

Así es como Antioquías estaba destinado a ser expulsado de Eretz Israel, y las legiones de Roma estaban destinadas a cruzar los mares, destruir el segundo Beit ha-Mikdash y exiliar al Pueblo Judío, todo el tiempo con el estandarte del águila romana en alto, tal como había sido predicho hacía tanto tiempo: ” … rápido como el águila…” (Devarim 28:49)
Si analizamos las profecías de las Advertencias que describen el período que precedió al exilio del segundo Beit ha-Mikdash, vemos que la Torá describe ese período en detalle:

Tu buey será degollado ante tus ojos… tu asno te será quitado delante de tu rostro… tus hijos y tus hijas serán dados a otro pueblo… servirás a tus enemigos… Y él pondrá un yugo de hierro en tu cuello hasta exterminarle…(Devarim 28:31-48)

Estas advertencias proféticas de castigo Divino se cumplieron durante el período de esclavitud y de opresión que precedió al segundo Exilio. ¿Quién, sino un profeta de D-os, pudo haber predicho con mil años de anticipación que ocurrirían semejantes hechos? ¿Acaso los romanos no podrían haber exiliado a los judíos en forma inmediata, igual que los asirios y los babilonios, sin necesidad de empobrecerlos y esclavizarles antes? ¿Cómo fue posible predecir con tanta anticipación las tácticas que emplearían los romanos? Pero como la Torá advirtió a los judíos que si no cumplían con la palabra de D-os serían castigados con la esclavitud y la opresión, El dispuso que estos hechos precedieran al galut, según lo predicho.

Hay muchos otros detalles, tales como el exilio del rey, el envío de cautivos a Egipto y el enfrentamiento de los extranjeros contra los judíos en su propio país, así como muchas otras profecías que cita el Ramban, que se cumplieron tal como habían sido previstas. ¿Acaso estos hechos eran inevitables? ¿Hubo algún factor que los obligara a seguir el modelo predicho por la Torá? ¡Por cierto que no!
El cumplimiento de las profecías en torno al galut, cada una con sus detalles específicos, sirve para fortalecer nuestra fe y nuestra confianza. Porque así como se cumplieron todas estas profecías de sufrimientos, también habrán de cumplirse las de consuelo y reunión de los exiliados. Que muy pronto en nuestros días merezcamos el cumplimiento de las palabras que se han escrito:

He aquí que vendrán días, dice el Eterno, … y haré tomar el cautiverio de Mi pueblo Israel y reconstruirán las ciudades asoladas, y las habitarán. Y plantarán viñedos… y comerán sus frutos. Y Yo plantaré en su propio suelo y no serán más arrancados de la tierra que les di, dice el Eterno su D-os. (Amos 9:13)

Entonces todo el mundo sabrá que fue D-os y solamente D-os Quien exilió a Su pueblo de su tierra, y que es El Quien los hará retomar a su país, tal como está escrito:

Por tanto así dice D-os el Eterno: “Ahora tomaré la cautividad de Jacob… Y sabrán que Yo soy el Eterno su D-os que les hice ir en cautiverio entre las naciones. Los reuniré a su propia tierra, y no dejaré más a ninguno de ellos”. (Yejezkel 39:25-28)

(selección extraída del libro “Profecía y Providencia” por R. Meir Sokolovski, © Kest-lebovits)

R. Meir Sokolovski

http://www.tora.org.ar/