HISTORIAS PARA CONTAR EN SHABAT (XXIX): Tres Muchachas, Tres Tumbas, Una Torah

seferEl domingo pasado por la noche, que ahora parece como hace cien años, junto con los otros doce padres de alumnos de la escuela ,Tali, mi hija y yo fuimos invitados a un “Hachnasat Sefer Torah,” al (Recibimiento de un Sefer Torah a la sinagoga) No hay nada particularmente inusual sobre un “Hachnasat Sefer Torah” en Jerusalén, o en Israel, cosa que sucede con bastante frecuencia. Pero éste era muy singular

Hace unos años, alrededor de 1990, un grupo de jóvenes estudiantes de Pelech – secundaria del grado de Tali – fueron en el viaje anual de la escuela, a Polonia. Un día, estando en la ciudad de Cracovia, notaron a un hombre joven vendiendo muñecas. Eran “muñecas con características judías,” hecho para judíos tradicionales. Algo extraño en Polonia, quizás, pero no particularmente significativo, hasta que algunas de las muchachas notaron que los libros que estas muñecas cargaban parecían notablemente auténticos. Se acercaron, y se convencieron que estos “libros” habían sido cortados de un Sefer Torá.

Preguntaron al vendedor dónde consiguió el pergamino, y él les dijo que su tío tiene un libro con pergaminos escritos de la misma manera en un lugar llamado Luminosa y le preguntaron donde lo obtuvo, y este les dijo que durante la guerra, había estado en la casa de un judío, y su tío lo había tomado después de que desapareciera el judío. ¿Podríamos ver? – desearon saber – Él acordó traerlo al día siguiente.

Cumpliendo su palabra, trajo el libro. Vieron que lo quedaba del Sefer era, Breshit (Génesis), Shmot (Exodo) y Vaikra (Levitico). Los dos otros libros, Bamidbar (números) y Debarim (Palabras) habían sido cortados para la fabricación de las muñecas. Las jóvenes sabían lo que tenían que hacer. Reunieron su dinero relativamente limitado, y compraron la Torá del hombre para salvarla y tal vez poder repararla.

Llevaron la Torá, destruida e inutilizable con ellas, para el resto de su viaje. Al acercarse el momento de abandonar Polonia, no sabían que hacer. De acuerdo al régimen comunista de Polonia, todo patrimonio judío pertenecía ahora al estado. Así, el fabricante de las muñecas no tenía ningún derecho de venderlo, y las jóvenes ciertamente no tenían ningún derecho de sacarlos del país.

Hablaron entre ellas, y después de un rato, recordaron lo que les enseñó su profesor esa semana, “ha-lev gavar ha-sechel” — “el corazón triunfa sobre la razón.” Decidieron pasar de contrabando la Torá y traerla al hogar a Jerusalén.

En el aeropuerto, sin embargo, a cada una de ellas le fue requerido poner todos sus bolsos sobre la máquina de rayos X. La primera muchacha que se paró en la línea, le dijeron que colocara los bolsos en la correa, y ella pasó el bolso que tenía la Torá a la muchacha siguiente en la línea y así sucesivamente. En los siguientes minutos, la Torá pasó silenciosamente de mano en mano, hasta que se encontró sobre la correa.

De repente la correa se rompió y la máquina se detuvo. Las autoridades polacas, estaban tan ocupadas arreglando la correa que dejaron de examinar los bolsos y valijas, y en un momento el bolso con el libro de la Torá se encontraba ya fuera de la aduana, camino a Jerusalén. Llevaron la Torá a un lugar en Jerusalén en donde eran reparadas, pero el trabajo era excesivamente costoso, y como no tenían bastante dinero para solventar el costo de la reparación decidieron dejarlo así hasta que se lograra reunir el dinero necesario.

La vida seguía su curso. Las jóvenes fueron unas al ejército otras al servicio nacional, y otras a la universidad, mientras tanto la Torá seguía sin ser reparada.

Catorce años más tarde, otro grupo de jóvenes viajaron a Polonia. Talía era parte de este grupo. Las muchachas tenían una experiencia extraordinaria de gran alcance, y durante su viaje, oyeron la historia del Sefer Torá que sus antecesoras, ahora en sus 30 años, habían pasado de contrabando fuera de Europa. El actual grupo resolvió reunir el dinero para reparar el Sefer Torá, Al volver a Israel, reunieron el dinero, y la Torá fue reparada, lo que tardo muchos meses, y justamente este domingo pasado, fue colocado en su nuevo hogar en la sinagoga, donde, en vez de ser dividido para las muñecas, será utilizado regularmente, durante la semana, los días de Shabat y en las festividades. Fue un momento muy especial, las oraciones, los discursos, la gente especial que participó en esta gran mitzvá, la de redimir un Sefer Torá, que sirvió a la comunidad de Luminova. Entre otros se menciono que las redentoras del Sefer Torá, eran ya la tercera generación de sobrevivientes del holocausto.- Fue un gesto maravilloso, digno de elogio, las jóvenes sintieron que debían salvar al sagrado libro porque era un remanente de una comunidad judía destruida por los criminales nazis, con su gesto a viva voz se pudo demostrar que el pueblo judío vive y existe. Am Israel Jai.

http://www.torahenfamilia.com

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